miércoles, 1 de octubre de 2014

Miranda y los Consejos de Lavater.




 David R. Chacón Rodríguez





   [1]

Johann Caspar Lavater (1741-1801).


Meses antes de  dejar el servicio en el ejército español, el miércoles 16 de abril de 1783, Miranda expone a su antiguo jefe y protector, Juan Manuel de Cajigal sus sentimientos e intenciones. En la carta que lleva la mención confidencial, expresa:

Sin embargo, para que Usted proceda con todo aquel conocimiento que es indispensable en los asuntos, a fin de que salgan conformes con la idea del interesado; le diré, que la mía en dirigirme a los Estados Unidos de América, no sólo fue por substraerme a la tropelía que conmigo se intentó, sino para dar al mismo tiempo principio a mis viajes en países extranjeros, que sabe usted, fue siempre mi intención concluida la guerra. Con este propio designio he cultivado de antemano con esmero los principales idiomas de la Europa que fueron la profesión en que desde mis tiernos años me colocó la suerte, y mi nacimiento. Todos estos principios (que aún no son otra cosa); toda esta simiente, que no con pequeño afán, y gastos se han estado sembrando en mi entendimiento por espacio de 30 años que tengo de edad, quedaría desde luego sin fruto, ni provecho por falta de cultura a tiempo: La experiencia, y conocimiento que el hombre adquiere, visitando y examinando personalmente con inteligencia prolija en el gran libro del Universo. Las sociedades más sabias y virtuosas que lo componen: sus leyes, gobierno, agricultura, policía, comercio, arte militar, navegación, ciencias, artes &… es lo que únicamente puede sazonar el fruto, y completar en algún modo la obra magna, de formar un hombre sólido, y de provecho!.
Así he de merecer a Usted, que si pudiese por si solo transigir mis asuntos, respecto a tener en su poder documentos suficientes para pasar por cuatro años a Inglaterra, Holanda, Francia, Alemania, Italia & a viajar, y perfeccionar mi incompleta educación…[2]
        
Consecuente con este orden de ideas, decide recorrer el mundo buscando el espíritu de las leyes sabias que le permitieran implantar el mejor modelo de gobierno a los países hispanoamericanos.

En esta etapa de su vida, que durará seis años, había viajado por los países más civilizados del mundo: Estados Unidos, Inglaterra, Prusia, Italia, Grecia, Turquía, Rusia, los países nórdicos, ciudades hanseáticas, Holanda, Bélgica, Alemania, etc., y conocerá a la gente más importante de su tiempo: artistas, científicos, filósofos y políticos, tal y como ha dejado constancia en su diario de Viajes.

En Europa, esa era la época del Grand Tour, donde las personas cultas viajaban para instruirse y cultivar el espíritu, y de esa manera completar su formación. Era necesario conocer otras costumbres, compararlas y guardar lo positivo de las nuevas observaciones, lo que significaba largos años de trabajo e investigación y así evitar la instrucción sin un fin determinado.

Para poder efectuar estos viajes con éxito, había que prepararse, adquiriendo de antemano sólidos conocimientos de las ciencias y de las artes para adecuar al espíritu a la reflexión, pues era necesario viajar sin perjuicios para saber distinguir lo esencial de lo innecesario.

Cuando llega a Zürich, el jueves 4 de septiembre de 1788 se aloja en la posada de La Espada sobre el Quai Brucke. En la mañana subsecuente, por recomendación del Señor Spach visita al sabio filósofo y teólogo suizo Juan Gaspar Lavater[3].

Después de una larga y amena conversación, Lavater quedó tan gratamente impresionado, que le pidió permiso para tomar su retrato, cosa que no pudo negarle y le solicitó la hora en que podía ir el pintor.

Al día siguiente,  (sábado, 6), Miranda escribió en su Diario:
Tal y como él había propuesto, vino a las 7 a.m. en punto, el pintor de Lavater, y en menos de una hora y media, casi concluido el retrato, (en una especie de pastel) de un pie de grande, y bastante parecido…[4].

Sobre la autoría del cuadro ha corrido mucha tinta, pero es Johann Wolfgang Goethe quien confirma el nombre de Juan Enrique Lips Von Kloten (1758-1817)[5], como el pintor y grabador al servicio de Lavater.

Goethe quien cultivó con él estrechas relaciones y hasta tuvo el encargo de revisar los originales de su Arte Fisiognómica (Physiognomische Fragmente zur Beförderung der Menschenkentniss und Menschenliebe, en cuatro tomos, editada en Leipzig y Wintertheer, 1775-1778)  que califica de genialmente empírica, nos refiere en su libro autobiográfico Poesía y Verdad algunos datos sobre el físico de Lavater:

Tenía ojos claros y francos, a la sombra de anchísimas cejas…, en tanto los huesos de la frente aparecían encuadrados en las más suaves matas de pelo oscuro[6]. Más adelante expresa: El espíritu de Lavater era de todo punto imponente; cerca de él no podíais sustraeros a un decidido influjo[7]

En el interior del sobre que conserva la pintura se encuentra escrita (en el reverso de la imagen) de puño y letra de Lavater su descripción fisiognómica con estas palabras que diagnostica su fabulosa personalidad:

Miranda, Americaner.
Allgewaltiger Mann!
Du lebst in Gefülhe der Kraft! Horchst Minder, als Du blickst die Verbergenheiten der Brust aus!
Wer chut sojede Schwache der Schwachern?
Wer jedes Gewaltigen Krat so?.
Welche Festigkeit gab, und welche Kraft und Gewandtheit,
Welchen verachttenden Stolz, und welchen Muth die Natur Dir!
(jueves, 29 de agosto de  1793[8]).

Este texto puede traducirse así:
Miranda el Americano.
¡Hombre todopoderoso, vives con el sentimiento de la fuerza!
¡Los secretos del corazón, más que escucharlos los ves!
¿Quién puede penetrar la realidad como tú,
Tú, a quien tan pocas cosas se le escapan?
¿Quién pues, comprende como tú las debilidades de los débiles?
¿Quién comprende como tú el poderío de los fuertes?
¡Cuánta resolución, Cuánta energía, y Cuánta habilidad (destreza),
Cuánto orgullo despreciativo, y Cuánto valor te ha dado la naturaleza!

Al reverso se lee: Comentario manuscrito de Johan Gaspar Lavater al retrato del General francés Francisco Miranda.




Retrato de Miranda a creyón, pintado por Heinrich Lips Von Kloten[9]


El original de esta representación fue localizado en 1923,  por el Dr. Caracciolo Parra Pérez[10] en la Colección Juan Gaspar Lavater de la Biblioteca Nacional de Viena, en Austria[11] y fue publicado en 1925 en su obra Miranda et la Révolution Française[12].

Durante los tres días que Miranda permaneció en Zurich Lavater tuvo que luchar con los viajeros inoportunos, y en nota que le envía a Miranda el día lunes 8 de septiembre le dice: ¿En que momento podría yo ver a mi amigo Mairat (seudónimo de Miranda), que me compensa de tanto extranjero fastidioso e incapaz de dar y recibir ideas?…[13], porque no le dejaban un momento libre para hablar con Miranda.

Como una fiel demostración de su sincera amistad, ese mismo día Lavater le obsequió un libro de máximas morales en alemán y un manuscrito de su puño y letra titulado Recuerdo para viajeros queridos[14], cuyo contenido es el siguiente:


1787
Tengo más de un motivo importante para desear, rogar y exigir que no exista nunca copia de este manuscrito, ni sea tomada, dada o permitida sin mi consentimiento; menos aún que este Recuerdo se publique sin mi expreso permiso, bajo cualquier pretexto que sea.

1

He aquí mi querido Mairat,
Una mezcla de pensamientos para viajeros, que contiene más verdades que novedades.
Quienquiera que viaje aprende que no hay nada absolutamente viejo ni nada nuevo bajo el sol.

2

El que nos da motivo de reflexión, nos es apreciado así como todo lo que da un impulso imperceptible a nuestras facultades, nos es agradable.

3

Despertar en nosotros fácilmente el recuerdo secreto de nuestros goces pasados; para poner una huella a pensamientos indeterminados y dar solidez, totalidad a semi-sentimientos; llenar las lagunas de nuestro conocimiento; traernos una piedra, una silla, una escalera sobre las cuales podamos subirnos para ver más lejos de lo que era posible quedándonos sobre el suelo, todo esto lo llamamos un beneficio. El objetivo de toda lectura, viaje, sociedad, visita... e incluso de este pequeñísimo libro… es algo parecido.


4

Quienquiera haya recibido algo, le complace dar, al menos que sea un hombre malo. Lo poco que yo pueda devolver, estoy seguro que el buen corazón que me lo dio recibirá con gusto lo que le ofrezca mi corazón agradecido

5

¡Buen Viaje! Es lo que decimos generalmente al que se separa de nosotros. Duo cum faciunt idem, non est idem.

Cuando uno se extiende en deseos hacia alguien, es raro que el corazón tenga algo que ver. Se conoce al sensato y al loco por sus deseos; y al bueno y al malo por la intención de sus deseos.

6

Un buen viaje... es lo que desearía al viajero interesante que se separe de mí. Qué quiere decir esto? Algo más, si no, yo le desearía: buen tiempo, caminos que no hayan sido estropeados por las lluvias, maestros de postas tratables, postillones con buen humor, anfitriones amables y justos, lacayos que no sean bribones y banqueros que sean gente honrada.

7

¡Buen viaje!... ¿Que quiere decir esto? Algo más de lo que quiere decir.
Que ningún indiscreto se acerque a ti; que ningún judío te persiga para venderte su mercancía; que ningún charlatán te obligue a escucharlo; que ningún ser malicioso te espíe; que ningún falso espíritu se encuentre en tu camino; que ningún fatuo se plante frente a ti y que el que quiera saberlo todo no se ponga a tu lado. Que el hombre con pretensiones nunca te frunza el ceño, y que el orgulloso no te excite a mostrarle tu desprecio; que el semiaficionado nunca te apuñalée con sus decisiones y sentencias, y que el enamorado no te cuente la historia de su pasión. Que el pedante nunca te mantenga entre cuatro paredes; que ningún mendigo de calidad penetre en tu gabinete; que el pícaro no se ría de tu bondad, y que el santurrón no suspire sobre tu alegría inocente; que el jugador... pero, ¿qué tendrá que ver un jugador con el que se lleve este recuerdo?... que el anticuario te ahorre la genealogía de sus curiosidades y el médico la narración de sus curas; que ningún autor te haga la disección de sus obras y que el poeta no te fulmine con la lectura de sus versos; que ningún charlatán te produzca jamás malestar; que ningún loco célebre exija tu homenaje y que el loco que no sea célebre te obligue a conocerlo.

8

¡Que tu viaje sea feliz! ¿Qué habría que decir además? Vete a ver todo lo que merezca ser visto con un ojo sano y abierto; y que tu ojo abierto y sano encuentre muchas cosas dignas de ser vistas; y que no juzgues dignas de serlo sino las que nunca sentirás haber visto.


9

Vete con un oído libre, abierto, fino, atento y que capte todo.
¡Ojalá puedas escuchar muchas cosas que merezcan ser oídas! Pero ¿cuáles son estas cosas? Todo lo que excite en ti pensamientos útiles; lo que vivifique y dé armonía a sentimientos dulces y agradables, y libertad a fuerzas hasta ahora encadenadas o adormecidas, empleándolas para acercarte más a un fin provechoso, en una palabra, todo lo que nunca sentirás haber escuchado.

10

Que tu viaje sea feliz! Ojalá puedas buscar el bien y encontrarlo! Adquirir nuevas verdades sin perder las antiguas! Guárdate de trocar algo útil por lo que no pueda servir para nada; algo que esté estropeado por algo que no lo esté.

11

Pon a prueba tu nuevo amigo y no olvides al antiguo por el amor de este.

12

Ojalá puedas ser cada día más viviente, más susceptible a los placeres y más capaz de dar. Más activo, más paciente, más firme en tu fe.
Pueda cada día añadir algo a tu caridad y a tu esperanza.
Perdona o no perdones. ¡El predicador no ha podido desmentirse! ¡Buen Viaje!

13

Te hablo con tanta confianza como si fueses mí hermano.
Si fueras indigno de ello, peor para tí; pero nada es menos posible. La confianza es el alma de la vida. El abuso de esta confianza, de este abandono total, de este olvido de toda precaución, es el crimen del alma de la vida. Que sea cometido por veinte hipócritas y cien atolondrados, magnífico, nunca será cometido por tí.
Que ningún temor, ninguna sospecha me alcance, me haga flaquear o  envenene el más humano de todos mis placeres, esa dulce confianza que olvida todo peligro, se entrega a discreción y no teme a nada.
Me gusta tratar la gente semi-honrada como si lo fuera del todo, con el fin de volverla honrada, si fuera posible, por mi manera de actuar.

¡Eh! ¿Es que hay que tratar al que es del todo hombre honrado (es decir, tanto como puede serlo un hijo de Adán, hecho de tierra, agua, sal y aceite) como al que lo es a medias?

14

No se vive sino en el momento de esta confianza total que olvida todo y no teme a nada. Un hombre de mundo que leyese ésto, diría con una sonrisa de piedad: «Pobre hombre! es un entusiasta. ¡No se corregirá  jamás; ninguna experiencia lo hará más prudente». Pero, ¿qué tengo yo que ver aquí con el espíritu mundano? Prefiero pensar en el viajero querido a quien destino este recuerdo de amistad, este testimonio de mi confianza.

15

No se ha escrito nada aún sobre el arte de viajar, ni sacado al público una lógica para los viajeros, adaptada a las necesidades del tiempo presente. Estoy a mil leguas de querer escribir una y de poder hacerlo, pero de todo mi corazón contribuiré en ésto, indicando y recordando varias cosas que el hombre que tuviese más cultura podría a veces correr el riesgo de olvidar con las distracciones del viaje.

16

Viajar para disfrutar todos los días más de nuestros semejantes, por el amor de los hombres sabios, buenos y superiores que se nos presenten.
Viajar para gozar mejor de la naturaleza, esta diosa y soberana de todo lo que es bello y de todo lo que es bueno.
Viajar para disfrutar cada día más de sí mismo, como el soberano de esta soberana.
Viajar para reunir materiales que sirvan a alimentar y alegrar nuestra existencia.
Viajar para encontrar nuevos puntos de comparación a todo lo que hemos visto y veremos en el futuro; lo que hemos escuchado y escucharemos; lo que hemos gozado y gozaremos.
Viajar para saber lo que tenemos y lo que no tenemos; lo que podemos tener y lo que no podemos adquirir; lo que debemos saber y lo que hay que ignorar; lo que debemos aprender y lo que sería mejor olvidar; de lo que podemos deleitarnos con sabiduría y de lo que con más sabiduría pudiéramos privarnos. Esto es, pienso yo, y supongo que tú lo pensarás también, viajar con sensatez; tener un plan, un objetivo viajando. Así viajarás, tú, a quien doy este recuerdo.

17

Los viajes de la mayoría de los hombres son peregrinaciones de un egoísta hacia otro egoísta.

18

El egoísta no posee el talento de disfrutar ni el de dejar disfrutar de él. Es en razón de como tú sepas disfrutar que los demás disfrutarán de tí. El egoísta disfruta de su ego y no de su ser.


19
El que quiere disfrutar de este ego ofende cualquier otro egoísta e incluso al que no es egoísta.

20
Así como no hay nada más despreciable y ridículo que un viajero egoísta, que en todas partes se hace anunciar rico en pretensiones -tú no eres seguramente uno de ellos, tú que recibes de mí mano este recuerdo de amistad, este testimonio de confianza- tampoco, muy seguramente, hay nada más respetable y además generalmente respetado, que un hombre modesto que viaje sin pretensiones, que no es egoísta y busca disfrutar por él mismo.

21
El arte o don de la naturaleza para ver, es raro en aquel que posee el arte o don de la naturaleza de querer mostrarse mejor. El que busca hacerse ver perderá infaliblemente el don de ver. Quien no quiere sino que le escuchen, perderá necesariamente el talento, o por mejor decir, la gracia de oír.

22

El que no quiere sino que le oigan, es intolerable hacia el que habla.

23
El olvido de sí mismo es el principal modo de disfrutar de sí mismo.

24
Cuando el egoísmo aumenta, el goce de sí mismo disminuye. Cuando el egoísmo disminuye, el goce de sí mismo aumenta.

25

Cuánta sabiduría hay en esta palabra del Sócrates judío... el que renuncia a su vida, la encontrará... pero, solo pocos tienen la posibilidad de comprender el sentido de esta palabra.

26
El verdadero observador se olvida de sí mismo; olvida su propia persona en el momento de una observación verdadera. El que se olvida de sí mismo, que olvida al observador durante la observación, es el que puede observar únicamente con sabiduría.

27
Asimismo, éste solo, es un hombre verdaderamente bueno, que se confunde con los demás, que olvida sus penas con las penas del prójimo y su placer con el placer de sus semejantes.

28

Quienquiera se olvide al punto de que su propia persona sea igualmente olvidada de quienes le ven y le escuchan, y quienquiera sepa hacer olvidar su propia persona a quienes le ven y le escuchan; quienquiera que posea el arte de hacer disfrutar de él al punto de que el que disfruta olvide durante el goce al que se lo procuró, como olvida su propia persona mientras disfruta, éste es más que un hombre sabio y bueno, más que un descendiente de Adán, nacido de la mujer.

29

Mucha gente sabia y superiormente sabia no conoce nada del arte de viajar así. Su sabiduría es puramente local. Proviene de su gabinete, de su escritorio, de su vestimenta. Al quitarse su bata de casa se despojan de su sabiduría; cerrando su escritorio encierran en él su talento; saliendo de su gabinete dejan en él su espíritu.

30

El que sabe viajar con sabiduría es superiormente sabio.

31

El que en todas partes es siempre el mismo, es verdaderamente grande

32

El que en sus viajes se ha vuelto más verdadero, más consecuente, más permanente y que ha tratado de que todos con los que intercambiaba ideas y sentimientos, sean iguales a él, es casi un santo viajero.

33

Aprende a ser cada día más decidido!

34

El hombre indeciso está siempre embarazado: el que está sobre el fin, así como el que lo está sobre los medios. Toda decisión nace de la fuerza y la produce.


35

La luz viene de la luz y la energía de la energía.

36

Si no se está bien decidido, no se tiene energía.

37

Un viajero que no se ha decidido sobre la finalidad de su objetivo, se pone en dificultad él mismo y a todos los que tienen un carácter determinado.

38

La necesidad de decidirse y de ver decisión en los demás, demuestra la energía del alma que encuentra recompensa en la nueva energía de la ejecución.

39

Todo en la naturaleza es libre y determinado; todo tiene su finalidad.

40

Todo lo que sea entorpecido, indeterminado, sin finalidad, es un pecado contra la naturaleza universalmente libre, determinada y rica en finalidades de toda especie.

41

El sabio busca la libertad y la decisión en los caracteres y en las producciones del arte y del espíritu; las busca también en las entrevistas, los gestos e incluso en el acento.
El que busca a la vez la decisión y la libertad, será rara vez injusto en sus juicios y jamás juzgará mal.

42

Yo te hablaba, mi querido viajero, de decisión en tu meta, añádele toda la libertad posible en los medios y no actuarás del todo sin sabiduría, ni viajarás del todo sin utilidad.

43

Más la finalidad de tu viaje e incluso de cada período, cada segmento de tu viaje -si puedo expresarme así- será determinada, más lo sean tus visitas, tus entrevistas, las cosas que irás a ver, tanto mayor, más decidido y permanente será el placer y la utilidad que saques de él.

44

Ver justo, libremente y recto ante sí, es la cosa más fácil y la más difícil. Para el que lo puede hacer, no tiene arte, es su instinto. Es recto, ve recto y no sabría ver de otra manera. Ver torcido sería un arte para él. Pero para todo hombre torcido ver recto es cosa imposible. Hay que evitarlo, huír de él, no escucharlo.

45

Entre mil personas que ven, hay apenas un solo clarividente. Entre mil que oyen, hay apenas una sola que escucha.

46

Entre mil viajeros, apenas cien saben con precisión por qué viajan y lo que quieren.

47

El que no sabe lo que quiere, no quiere de todo corazón, y el que no quiere de todo corazón, no sabe lo que quiere.

48

Entre mil viajeros, apenas hay uno que cuente la verdad exacta.

49

El que sabe contar la exacta verdad de lo que ha visto y oído, de forma que el co-testigo más invisible no pueda añadir ni disminuir nada, es un hombre sensato, bueno y lleno de energía.

50

La mentira existe en todas partes donde hay hombres. La verdad es tan rara como la aparición de los ángeles.

51

Un hombre enteramente verdadero es un verdadero Dios.

52

Aquel que en sus labios no se encuentre el fraude, es el verdadero Dios y la vida eterna.

53

Más el hombre es verdadero, más es majestuoso, inviolable y divino.
Quien lo ofenda o lo calumnie, afecta al ojo de Dios. Quien le haya podido llamar mentiroso, ha herido su conciencia de una manera incurable.

54

Busca, como se busca un tesoro en los campos y como si buscaras una perla preciosa, la verdad y la caridad reunidas en una sola.

55

El que no vea la verdad pura y clara, es un hombre perdido. Un hombre sin gusto por la verdad, no es un hombre.

56

Como tu gusto por la verdad, así es tu derecho a llamarte hombre.

57

En la medida en que oigas la verdad, serás un hombre verdadero.
Escuchando se adquiere el espíritu, la razón y la fe. El amor puede insinuarse por la vista.



58

Todo hombre que sabe escuchar se forma para poder después enseñar con sabiduría.

59
Los ojos más agudos no son siempre los que observan más. Los oídos más finos no son siempre los que escuchan mejor.
El interés, la necesidad, el presentimiento, son las tres cosas que hacen ver y escuchar con más atención. Excitan un deseo, un afán intenso, y de ahí solamente nace la voluntad que se confunde tan a menudo con el simple deseo.

60

Los caracteres que desean más no son siempre los que saben querer con más energía. Un grano de voluntad tiene más fuerza que un quintal de deseo.

61

Hay pocos hombres que conocen el arte de todas las artes; el arte de querer.

62

El viajero aprende cada día que los hombres son tan diferentes que sería imposible lo fuesen más.

63

El aprende todos los días que los hombres se parecen al punto de que sería imposible -debido a su diferencia necesaria- se pareciesen más.

64

Como es el hombre, así son las opiniones, los prejuicios, las acciones, las virtudes y los vicios de los hombres. Así es todo lo que se llama fe, superstición e incredulidad. Todo ello no es otra cosa que el hombre mismo.

65

El hombre siempre nuevo, es sin embargo constantemente el mismo.

66

Buscar, ver, designar lo nuevo y lo viejo, o más bien lo nuevo en lo viejo y lo viejo en lo nuevo, separarlos exactamente, después saberlos reunir íntimamente en un todo y simplificar ese todo; ejercitarse en el conocimiento de lo que es universal y dé lo que es particular, y adquirir la facilidad de separar y extraer rápidamente los dos., tal es la finalidad del sabio viajero, cuyo acercamiento lo hace cada vez más susceptible al placer y capaz de dar.

67

El verdadero sabio disfruta siempre y se disfruta siempre de él. Recoge sin cesar y da igualmente. Tiene mientras dá, y dá mientras recibe.

68

Recibe con tranquilidad, dá con tranquilidad, disfruta con tranquilidad y se somete a las privaciones con tranquilidad. Tranquilo se encierra en sí mismo; tranquilo comunica con los demás. Sabe expandirse con facilidad, pero solo hasta que su objetivo lo permita; y con la misma facilidad, sabe recogerse, pero solo hasta lo que merezca el objeto de sus observaciones.

69

Sabe, cuando se está a tiempo, olvidar todo por un solo fin, y cuando es necesario, no olvidar un fin entre todos los demás. Sabe sacrificar días en beneficio de ciertos momentos, y ahorrar momentos como si fuesen años.

70

Sabe fijar lo que es más volátil que la exhalación de las flores, y poner una huella a lo que cede como la atmósfera.

71

Sabe someterse siendo libre, y reinar por el sacrificio voluntario de su voluntad, sin tener intención de reinar.

72

Conoce el secreto de prepararse a reminiscencias agradables.


73

Su alegría nunca es alocada; su liberalidad no es pródiga; su firmeza no es testarudez; su espíritu no son falsas apariencias.

74

Esta es la imagen que siempre me hago para formarme según ella, y tú también, mi amigo y hermano, debes dignarte mirarla algunas veces. Ojalá podamos, cuando nos encontremos, apercibirnos que ambos la hemos mirado a menudo.

75

El que no vea ciertas cosas en el primer momento, no las verá mejor aunque se las muestren cien veces de la manera más clara.

76

El que pueda permitirse ciertas cosas, nunca podrá convencerse que no debiera haberlas hecho.

77

Existe una testarudez en la naturaleza humana que desafía todo. Donde encuentres esta testarudez indócil, apresúrate en guardar todo lo que se llame piedra preciosa y a esconder con cuidado todo lo que pueda llamarse sagrado.

78

Los pequeños rasgos traicionan a menudo muchas cosas. Por muy hábil que uno sea, una camisa corta o rota no puede cubrir la desnudez.

79

Estar a falta de muchas pequeñas cosas supone una gran pobreza. Pequeñas negligencias a menudo demuestran incontestablemente un espíritu de desorden universal. El viajero sabio no pasa por alto las nimiedades, cuando éstas son decisivas.

80

Quien no perciba lo hermoso, lo excelente que se halla ante sus ojos, y con preferencia, escoja, admire y exalte lo que haya de mediocre al lado, ha decidido en contra suya de una manera muy decisiva.

81

Si encuentras a alguien que pueda dejar bruscamente una cosa excelente o un asunto digno de una gran atención, o que pueda distraerte de ello para llevar tu atención sobre algo que sea de segunda o tercera categoría, cuídate de trabar amistad con él.

82

El que en presencia de un sabio habla mucho y no escucha, sin sacar ningún partido del sabio e impidiendo a los demás sacar provecho de él, es un hombre difícil de corregir, pesado en todas partes y que está siempre de más.

83

El que conversa con un sabio de cosas triviales, de las cuales pudiera muy bien hablar con su lacayo, es... no sé muy bien qué... un hombre de los tantos.

84

El que saca de su bolsillo una carta sucia, tiene muy poca inteligencia y delicadeza.

85

Cuando se le da a alguien una carta de recomendación, y en vez de guardarla en su cartera, le da vueltas entre sus manos o la deja sobre las mesas hasta que esté arrugada, se puede creer que este hombre no es ni sensato, ni delicado, ni discreto.

86

Un hombre que no tiene cuidado en escribir su nombre claramente y de forma que no se pueda uno equivocar, no es mi amigo, pues no conoce la exactitud que contribuye a la felicidad del prójimo, no parece dispuesto a proponerse una finalidad en lo que hace y no acostumbra a ponerse en el lugar de los demás. Esta regla, sin embargo, tiene una excepción cuando sucede una primera vez o cuando es un Príncipe el que escribe. Los Príncipes tienen el privilegio de ser conocidos por su nombre aunque no sepan escribirlo claramente.

87

El que deliberadamente cita un mote, una anécdota escandalosa o un falso juicio en presencia de alguien que pueda adjudicárselo -lo que se dice comúnmente, mentar la soga en casa del ahorcado- y sobre todo con intención de molestar a un ser bueno y digno de consideración, este hombre es culpable de falta de caridad, lo que en la escuela Galilea está considerado al igual que el homicidio.

88

Toda cuestión que antes y después de haberla pensado, se prevée pondrá en aprieto a un hombre bueno y modesto, es una cuestión de maldad.

89

Quienquiera se permita una maldad premeditada es decididamente un hombre malo.

90

La maldad no puede mejorarse con nada.

91

La maldad es al alma lo que la marca del hierro candente es en la frente del malhechor: ¡Vergüenza para la humanidad! No existe en la naturaleza un remedio que pueda borrarla.

92

El que aparenta saber exactamente y con certeza lo que sabe exactamente y con certeza que no lo sabe exactamente y con certeza, es un hombre de muy poco valor que muestra a quien lo conoce una desnudez que nada puede cubrir.

93

El que pide con insistencia algo que es tan difícil negar como conceder, ha dado pruebas decisivas de que ha actuado como un loco o como un malo. Como un loco si no ha reflexionado y como un malo si tuvo una idea clara de la dificultad del consentimiento y de la molestia de la negativa. No hay que olvidar sin embargo que hay casos en que el que solicita una cosa; no puede preveer la dificultad que él causa, y cree incluso agradar al que pide.

94

No te fíes de la sensatez y la integridad del que cree al sensato sin locura y al mejor de los hombres sin defectos -o más bien que esté persuadido que cree- pues en el fondo, no se puede creer verdaderamente sino en la verdad, así como no se puede querer verdaderamente sino lo que es bueno.

95

Odia como si fuese lo más aborrecible este espíritu- que no encuentra nada bueno- en el hombre más malo.

96

Cuando encuentres un hombre que tenga la desgracia de ver solo el lado malo del malvado y de no ver lo bueno en los buenos, y que podrá hablarte una tarde entera o quizás un día entero de los defectos, debilidades y locuras de los demás; un hombre que se sienta mal cuando se le cuente algo loable de un malvado y bostece de aburrimiento cuando le cuenten una buena acción de un hombre de bien; un hombre que tiene siempre un «pero indestructible» en sus labios, que al igual que un dragón busca devorar en el acto cada elogio o la más ligera aprobación... cuídate en confiarte a este ser envidioso; no permitas a tu buen corazón confiarle jamás otra cosa que lo que confiarías a una piedra.



[1] Lavater, pintura al óleo de un artista desconocido. Se encuentra en el museo nacional suizo,  en Zürich

[2] Archivo del General Miranda. Tomo VII. Viajes. Cartas de Miranda. 1782-1801; Miscelánea: 1781-1805; Impresos y grabados: 1771 a 1805. Caracas: Editorial Sur América. Parra León Hermanos. 1930. p. 9-10. (Tomado del Archivo Original del General Miranda, Tomo VII, fol. 189).
[3] Nació en Zürich el 11 de noviembre de 1741. Falleció en la misma ciudad, el 2 de enero de 1801. Este célebre escritor, filósofo, moralista, poeta, teólogo y pastor protestante fue conocido por sus estudios sobre de la fisiognomía o arte de descubrir el carácter de los hombres según los rasgos característicos de su cara, explicada por una línea facial que él llamó la perpendicular. Sirvió como pastor de la iglesia de St. Peter, en su ciudad natal. Por sus protestas contra la violencia del directorio francés, en 1798, lo deportaron a Basilea. Luego, en 1799, durante la toma de Zurcí por los franceses, recibe un tiro que le ocasionó la muerte después de un largo sufrimiento.
[4] Véase: Archivo del General Miranda. Tomo IV. Viajes. Diarios. Documentos. 1788 a 1800. –1771 a 1781. Parra León Hermanos. Caracas: Editorial Sur- América. 1930. (Viaje por Suiza). p. 7-8.
[5] Véase: Obras Literarias. Traducción, recopilación y prólogo de R. Cansinos Assens. Madrid: M. Aguilar- Editor. 1945. Vol. 2. p.  Cuarta parte, libro décimoctavo. p. 1.428.
[6] Op. Cit. p. 1.370.
[7] Op. Cit. p. 1.438.
[8] El texto en francés dice así:
Homme tout puissant, tu vis dans le sentiment de la force!
Les secrets du cœur tu les vois mieux que tu ne les  écoutes!
Qui peut pénétrer la réalité comme toi, toi à qui échappent si peu de choses?
Qui done comprend commo toi toutes les faiblesses des faibles?
Qui comprend comme toi la puissance des forts?
Quelle résolution, quelle énergie et quelle adresse,
Quel orgueil méprisant, et quel courage la nature t’ a donnés!
Véase: Chez Lavater (Chapitre XII). En: Miranda et Madame de Custine. París, Francia: Bernard Grasset Editeur.- 1950.  p. 223.
[9] Nacido en Kloten, Villa del cantón de Zürich, en 1758.
[10] Abogado, diplomático, historiador y político. Nació en Mérida, Estado Mérida, el 19 de marzo de 1888. Falleció en  París, el 19 de septiembre de 1964. Fue encargado de negocios en Suiza de 1919 a 1926, y representante de Venezuela en la Sociedad de las Naciones de 1920 a 1921. Entre 1937 y 1938, se desempeñó como ministro de Venezuela en Suiza. En 1939, fue trasladado a España. Luego fue canciller de 1941al 17 de febrero de 1945. Fue Presidente encargado de la República en 2 oportunidades: del 17 de julio al 24 de agosto de 1943 y del 15 de enero al 2 de febrero de 1944.
A él le cupo la suerte de haber encontrado y salvado para Venezuela, en 1926, el Archivo del Precursor que se encontraba en Inglaterra. Sus principales obras fueron:
Parra Pérez, Caracciolo. Bolívar: contribución al estudio de sus ideas políticas. 3ª ed. Mérida: Universidad de Los Andes, 1983;
__. Conceptos sobre la historia: discurso de incorporación a la Academia Nacional de la Historia. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1960;
__, comp. Delphine de Custine: belle amie de Miranda: lettres inédites publiées avec une introd. et des notes par C. Parra-Pérez. París: Editions Excelsior, 1927. 96 p.
__. Discursos. Madrid: Altamira, 1961;
__. El juicio de divorcio. Mérida: Universidad de Los Andes, 1909. 2 v.;
__. Etudes sur l'histoire de l'indépendence de l'Amérique Latine. París: Nouvelles Editions Latines, 1954;
__. Historia de la primera República de Venezuela. [3ª ed.]. Caracas: Biblioteca Ayacucho, c. 1992;
__. Mariño y la independencia de Venezuela. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica,  1954-1957. 5 v.;
__. Mariño y las guerras civiles. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica,  1958-1960. 3 v.;
__. Miranda, Bolívar. Limoges, Francia: Imprimerie A. Bontemps, 1948;
__. Miranda et Delphine. Loos, Francia: P.F. del Danel, 1951;
__. Miranda et Madame de Custine/ C. Parra-Perez. París: Bernard Grasset éditeur, [1950]. 365 p.: port.; 21 cm. Hay una reedición en 1966. 2 v.;
__. Miranda y la Revolución Francesa. Caracas: Banco del Caribe, 1966. 2 v.;
__. La monarquía en la Gran Colombia. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica,  1957;
__. Neerwinden. Caracas: Ministerio de Educación, 1954;
__. Páginas  de historia y polémica. Caracas: Litografía del Comercio, 1943;
__. Paz americana. Mérida: Universidad de Los Andes, ¿1910?;
__. La política internacional de Miranda y Bolívar en la tribuna de Caracas. Caracas: Litografía y Tipografía Vargas, 1952;
__. Quelques pages sur Bolívar. París: Imprimerie Coueslant, 1918;
__. El régimen español en Venezuela. 2ª ed. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica,  1964;
__. Réplica al señor Clavery. Caracas: Editorial de El Universal, 1929;
__. Trazos de la historia venezolana. Caracas: Ministerio de Educación, 1957;
__. Una misión diplomática  venezolana ante Napoleón en 1813. Caracas: Publicaciones de la Secretaría General de la Décima Conferencia Interamericana, 1953.
Sobre su biografía véase: Polanco Alcántara,  Tomás,  Con la pluma y con el frac: rasgos biográficos  del doctor Caracciolo Parra Pérez, Caracas: Banco de Venezuela, 1982.
[11] Parra-Pérez, Caracciolo (1888-1963).: Miranda et Madame de Custine.- París.: Bernard Grasset Editeur.  [1950]. 366 p., 1 h. Véase: p. 222.
[12] París: Librairie Pierre Roger. 1925. 474 p. (al inicio del capítulo primero).
[13] Colombeia - Segunda sección. El viajero ilustrado. 1788.- Caracas, Venezuela: Ediciones de la Presidencia de la República. Tomo VII. 1986.  p. 469.
[14] Este manuscrito, dedicado a Miranda, está escrito de puño y letra de Lavater, fue entregado personalmente a éste por su autor el 8 de septiembre de 1788 en Zurich. Estos textos fueron traducidos del francés y son tomados de Colombeia - Segunda sección. El viajero ilustrado. 1788.- Caracas, Venezuela: Ediciones de la Presidencia de la República. 1986. Tomo VII. Escritos de Lavater en Zurich. Documento 1037.  p. 517-555. Proceden del Archivo original del General Miranda. T. XV. F. 67. Viajes.


97

Si encuentras un hombre que pudiera negar y no niega fácilmente, hazle más caso que el que Marcial le hacía al que podía hacer buenos versos y no los hacía.

98

Ninguno de los santos que hayan sido canonizados es más santo que el modesto conocedor que evita con cuidado aparentarlo; que pudiera que decidir y no decide; que pudiera cortar por lo sano y no lo hace; que pudiera por así decirlo, aniquilarlo todo a su alrededor y que, sin embargo, busca animar y dar un valor a todo.
Un hombre así es canonizado por su propio corazón -y sin esta canonización, la de la Santa Sede es inútil-      y esta canonización del corazón está firmada por el Papa de todos los Papas, el maestro único de todos los maestros, el único servidor entre todos los servidores.

99

Negarle todo valor a una cosa antes de haberla examinado por todas partes, da un aire de conocedor ante las personas de cortos alcances, pero a los ojos del sabio es el sello de la ignorancia y la fatuidad.

100

Se decidirá en su turno, de todos los hombres, quien decide.

101

Aquellos cuyos nombres se han hecho célebres, creen tener el privilegio exclusivo de opinar sobre todo y de acompañar con una sentencia todo lo que cae bajo su mano. Cada una de sus palabras es un puñal y un golpe de gracia para quienquiera tenga una opinión diferente.
Confieso que por lo que a mí respecta, no podría impedirme el negar el honor de un monopolio que me obligase a ser un necio y un hombre duro, que me convirtiese en el verdugo moral de todas las gentes honradas y me familiarizase con la espada y la rueda.

102

Aquel que en presencia tuya sea el verdugo de otro, será tu verdugo en cuanto te alejes de él.

103

Huye al preguntón, no es sino un parlanchín.

104

Ponte siempre en el lugar de los que reciben tu visita cuando la haces; en el lugar de la gente ocupada cuando no tienes nada que hacer; en el lugar de los que sufren cuando estas alegre; en el lugar y punto de vista del que se queda cuando tú te vas; solo así serás indulgente y generoso.

105

Cuando se ven muchos viajeros, se distingue cada día con más facilidad lo que es prestado de lo que es propio, lo que es facticio de lo que es natural.

106

Lo natural solo se recomienda al verdadero conocedor de los hombres. Cuantas más cosas tuyas tengas, más rico y digno de consideración aparecerás a sus ojos.

107

Es bastante singular, pero entre cien personas, hay quizás noventa que prefieren su interés ante todo, y uno solo apenas que busca adquirir una propiedad verdadera.

108

Mil quieren aparentar y tener y uno solo entre mil quiere poseer verdaderamente. Diré más aún, entre mil uno solo -para no ser muy difícil- desea únicamente poseer sin preocuparse aparentar tener.

109

Una palabra sobre la prudencia y la política. La prudencia es el arte de lograr sus fines.

110

La suma de todos los fines es la satisfacción y la libertad, el tranquilo, apacible e intrépido placer de sí mismo, que la seguridad acompaña, y del cual uno no se arrepiente.

111

Todo lo que produce arrepentimiento, encadena la libertad, impide la satisfacción, crea la vergüenza, acarrea la molestia y la confusión, es contrario a la finalidad del sabio; es extravagancia y locura.

112

Todo fin, sea el que sea, puede quedar oculto durante un tiempo, por culpa de los hombres débiles que pudieran no comprenderlo o no soportarlo. Pero el fin que jamás se pueda desvelar ante los ojos de los buenos, ni someterse al examen del sabio, no es un fin loable. El no tener buen fin es incluso ir contra la prudencia, pues infaliblemente desvelado un día, cubrirá de vergüenza al que se lo había propuesto, y querer sembrar y recoger la vergüenza no puede conciliarse con la sabiduría.

113

La prudencia que no alcanza su fin, se asemeja a la locura, cuya naturaleza y propiedad es la de no alcanzar su fin o la de no tenerlo.

114

La honradez más pura es la más fina política. Es lo que nos han dicho cien veces. Pero, ¿hemos reflexionado bien a esta máxima? ¿La hemos sentido? ¿Hemos estado bien convencidos de ella? y sobre todo, ¿hemos demostrado nuestra convicción de manera que esta máxima se haya convertido para nosotros en una segunda naturaleza?

115

Sin una entera honradez no hay una sabiduría completa.

116

Toda aleación con el oro más fino, se descubre por el arte y el tiempo.

117

Todo artificio en la sabiduría es el cobre en el oro que el arte y el tiempo nunca tardan en descubrir.
Esta verdad es una de las que han sido más repetidas, más olvidadas, y que sin embargo merecen, las que más, ser el objeto de nuestras meditaciones; es por ello que la gente honrada gusta recordarla.

118

Donde se eleva un fin, que incluso hasta el final no puede confesarse, la honradez se desvía y se aleja de él.

119

La probidad tiene buenos fines, enteramente buenos y nada más que buenos. Puede siempre confesárselos al hombre íntegro que por su lado no tiene sino fines loables; al menos, nada le obliga a esconder sus designios cuando están cumplidos, o que su cumplimiento no puede ya impedirse.

120

No hay insulto mayor al sentido recto, verdadero y sencillo del hombre, que esta eterna recomendación de prudencia cuando no se entiende por ello sino el arte sistemático y egoísta, el arte de fingir cuando se quiere facilitar con ello la disimulación de cualquier motivo despreciable; cuando se quiere establecer bajo esa máscara el charlatanismo del corazón, la falsa modestia, el juego de la adulación. Y ¿qué otra idea se entiende generalmente bajo la palabra prudencia? Pero me doy cuenta que, sin pensarlo, caigo en trivialidades.

121

Finalizaré este artículo con una sola observación: nada es más sorprendente, más fácil de remarcar, más escandaloso, más injurioso, más humillante incluso, que los elogios de la falsa prudencia, que esa adulación con la que se busca -por así decirlo- halagar a un hombre, listo a caer en la infancia. Vil halagador, quisieras insinuarte y eres repugnante; quisieras cosechar los elogios que sembraste y no recoges sino el desprecio; quisieras aparentar ser un sabio y se siente, hasta el fondo del alma, que no eres sino un loco.

122

El sabio sonríe a menudo y ríe rara vez.

123

Donde se halla la fuerza, se encuentra el descanso y la paciencia hacia el débil.

124

Quienquiera esté encolerizado, debe incluirse en la categoría de los dragones.

125

El que no sepa hacer uso de la vida no sabría vivificar nada.

126

El modo de andar de un hombre da idea de su caminar, y el sonido de su voz indica a veces el tono de su corazón.

127

Hay una categoría de seres que hacen mucha sensación en el mundo, y que sin embargo no se mantienen sino de puntillas, nunca llegan a una posición firme, menos aún a sentarse, y a menudo tampoco dejan hacerlo a los demás.
No soís seres de esta especie, los que leéis esto, al contrario, lo sentís desde lejos; sabéis apartarlos de vuestro camino sin ofenderlos, y cuando no os es posible evitarlos, les presentáis como a las moscas, un plato con azúcar para deshaceros de ellos.

128

Abre los ojos para ver el hombre positivo y su lado positivo.

129

Los hombres negativos son muy numerosos. Sin embargo, por muy negativo que sea un hombre, siempre tiene un lado positivo. Este es el que tienes que buscar y atraerlo hacia ese lado con tu fuerza positiva.

130

Me gusta observar el hombre cuando estoy seguro de que no se siente observado.

131

Que el nombre del que, en el momento en que no se siente observado, actúa de manera a hacerse respetable del que lo observa en secreto, sea inscrito en letras de oro en ese diario privado que no escribirás sino para tí.

132

Cada exposición afectada de nuestra apariencia es una exposición pública de nuestra locura interior.

133

Más tiene un hombre puntos de contacto, más podrá hacerte disfrutar de él.


134

Garantízate el poder mágico del que ha sabido encontrar el punto sensible de tu ser, que mil otros no han sabido encontrar.


135

No olvides nada cuyo olvido te atormentaría.

136

¡Recoge para tener!

137

¡Aprende para saber!

138

Carece de algo para que disfrutes después!

139

¡Recibe para dar!

140

¡Viajeros, perdonad! Os hablo como sí estuviéseis hechos para aprender; vosotros, de los que he aprendido más que lo que piensa vuestra modestia; pero el sabio se complace en escuchar repetir las máximas que practica.

141

¡Ojalá tu buen ángel no te deje jamás! Y para que no te deje nunca no lo ofendas jamás; y para no ofenderlo, obedece al instante a sus advertencias más imperceptibles. Están siempre bastante marcadas para la inocencia; bastante fáciles de comprender para el candor; bastante fáciles de seguir para un corazón recto y honrado.

142

No te adelantes jamás a tu buen ángel, pero síguelo con prontitud.

143

No busques con demasiada diligencia lo que tiene más celebridad. Lo que es más célebre es rara vez lo más digno de ser buscado.

144

Busca más bien con cuidado lo más loable, lo que es apenas conocido, y algo que es aún más excelente, que no se sabe ni conocerlo, ni admirarlo, ni Ponderarlo.

145

Es muy raro ver la verdadera humanidad -llamo así las cualidades que constituyen el hombre, tal como debe y puede serio- en el teatro de la celebridad.

146

Cuando encuentres un escritor, examina con atención si el libro está en el autor; si lo que has visto de él es el fruto del árbol que está ante tus ojos, o un fruto prestado fijado en él. Examina si el que hace el oficio de escribir, no ha perdido nada de su humanidad; si el autor no ha devorado al hombre y si su celebridad no ha roído su corazón.

147

El que engaña menos a los demás y a sí mismo, es el más sabio y el mejor de los hombres.

148

El que sin motivo abriga una esperanza, es un loco que se engaña a sí mismo.

149

El que da esperanzas estando seguro de no poder realizarlas, es un bribón que engaña a los demás.

150

El hombre estimable busca siempre ser más que aparentar, y mas a dar que a infundir esperanzas.

151

Viajar enseña a aminorar la espera. ¿Cuál es el viajero que con este motivo no se haya visto obligado a perder un punto cada día? ¡Viajeros, reconózcanlo! casi todo lo que habéis encontrado era distinto a lo que os habían descrito. Pero ya tenéis en vuestro poder una bella lección, si os habíais desacostumbrado a mucho esperar en esta tierra. Incluso este pequeño libro no llenará vuestra espera. Pero que al menos añada algo a la costumbre de no renunciar cada vez más a vuestras esperanzas.

152

Me doy cuenta que escribiendo, la mayor parte del tiempo, soy otro del que yo me esperaba cuando cogí la pluma. A menudo valgo menos, a veces valgo más. Se dice y se hace rara vez con exactitud, lo que se quiere o al menos lo que se creía querer.

153

Pagamos a veces buen dinero por malos caminos. bastante satisfechos de cada trecho que parece solamente valer más o menos lo que nos ha costado. Así es como el viajero se acostumbra a la indulgencia. El perdona con buena voluntad defectos que no tienen demasiadas consecuencias. Permite que se le recuerden las cosas más conocidas cuando pueden ser fácilmente olvidadas.

154

No es frecuente encontrar un hombre que sepa economizar bien su tiempo. Hay mucha gente que prodiga su dinero, pero es poca en comparación con la gente que prodiga su tiempo.

155

Mi querido  viajero, ahorra tus luises e incluso tus escudos; haces bien en no dar uno solo sin utilidad, pero ahorra con más cuidado todavía tu tiempo, no solo tus días, tus horas, sino incluso tus minutos. Digo más aún, pierde, si quieres, alguna vez un día, pero, te suplico, cuida tus minutos.

156

Que tu reloj sea para ti una especie de genio bueno y que incluso tu compañero de viaje se encargue de recordarte a ti mismo ¡plus ultra avances! pero mira tranquilamente lo que observas.

157

Quien quiere disfrutar de todo no disfruta de nada. Para aprender a disfrutar hay que aprender a renunciar.

158

Quienquiera haya visto bien una sola cosa, ha visto mucho, y el que ha podido disfrutar tranquilamente de una sola cosa ha disfrutado mucho.
¡Viajero! has aprendido mucho si aprendiste a ver y disfrutar a la vez de una sola cosa.

159

Aprende a sacar partido de cada hombre, según su utilidad individual, de manera que no te arrepientas jamás de haber sacado provecho de él de esta manera y de ninguna otra; que por su lado él sienta siempre placer en pensar que es precisamente así como ha podido serte útil. El homenaje más perfecto que tu puedas rendir al hombre bueno y sensato, es el de sacar provecho de él de una manera que te sea particular, y que no podrás utilizar con otro que no sea él.

160

Así podrás eternizar los días rápidos de tu peregrinación, y un día eternizado vale más que diez años desaparecidos.

161

Un solo hombre tan perfectamente bueno como lo que un hombre puede serlo, es más amable, más apto para hacernos disfrutar y nos dá más beneficio que cien hombres juntos que fuesen buenos a medias.

162

Un solo carácter firme y consecuente, pesa más que cien esclavos del prejuicio; y un millón de tontos no valen lo que vale un solo sensato.

163

Hay que buscar la diversidad en un solo ser. Aprende a sacrificar lo mediocre por lo bueno y lo bueno por lo mejor.

164

Busca en lo mejor de los hombres lo que hay de bueno.

165

Aquel del que todo el mundo habla bien, inclusive los malos, no debe parecerte tan importante como aquel del que los mejores hombres hablan bien y los más malos, mal.

166

Es por sus preguntas que se reconoce al hombre, aún más que por sus respuestas; y por la manera en que escucha y comprende las respuestas aún más que por sus preguntas.

167

Muy pocas personas conocen el arte de preguntar útilmente; hay menos todavía que sepan escuchar y comprender.

168

La segunda pregunta descubre ordinariamente más que la primera, y la tercera más que la segunda.

169

El que sepa preguntar bien hasta el final será reconocido como sabio y honrado como tal, lo consienta él o no.

170

El que interroga continuamente es rara vez amigo de la verdad, al menos que la necesidad del alma origine sus preguntas.

171

Los que preguntan despiadadamente no saben escuchar ni responder.

172

Sienten rara vez la necesidad de instruirse; apenas sienten curiosidad. Aparentan únicamente el deseo de aprender y no tienen sino el de oír contar.

173

Pregunta dictada por las necesidades del alma, respetable pregunta. ¡Quienquiera haya podido hacértela lleva sobre su frente el sello de Dios!

174

No preguntes jamás lo que no te importa saber, y no pidas nada de lo que no te preocupa obtener.

175

Existe una pregunta del corazón que va derecho al corazón, y que se queda rara vez sin ninguna respuesta.

176

Quienquiera que comprenda el arte de preguntar, comprende el de recibir, poseer y disfrutar.

177

Una pregunta es un ruego.
Se le dará al que pida sinceramente.
Se le contestará con sabiduría al que pregunte sabiamente.

178

El que es rico en necesidades es rico en poder.

179

Hablo de las necesidades del alma.
El poder de disfrutar es siempre igual a la necesidad.

180

Pero existe igual cantidad de hipócritas, que aparentan necesidades, como los que aparentan el poder de disfrutar y el, placer mismo.

181

Una palabra más sobre las preguntas.
Las que están bien determinadas y que tienen un fin honrado y sabio, se encuentran siempre sobre los labios del sabio viajero.

182

Tú que recibes este Recuerdo de mi mano, no te rebajarás nunca hasta la categoría de los preguntones que no persiguen ningún fin. No pondrás nunca en el aprieto con una sola pregunta medio indiscreta. No ofenderás nunca a nadie con tu imprudencia, publicando lo que solo se creía haberte dicho a ti. No olvidarás jamás cómo puede una respuesta, dada entre un círculo de personas que se creen seguras, ser mal interpretada, causar animosidad durante toda la vida, cuando se le saca del contexto y se le separa de lo que dio lugar a ella, aunque se haga con la más escrupulosa exactitud.


183

Toda confianza y todo abandono terminarán sí los sabios viajeros y buenos escritores de sus viajes no ponen límites a la inhumanidad de nuestro siglo, para el cual no hay nada sagrado.

184

Más es honrado el hombre que vamos a ver, más es franco y abierto. ¡Ay del informador profano! del intérprete malicioso de un momento de confianza cuya ocasión era bella y la expresión confiada! Que el hombre que tiene un corazón y una lengua, se decida a ir en sus viajes contra esta barbarie que, desgraciadamente, se ha hecho frecuente.

185

El que no nos da nada y no nos pide nada, no puede sernos sino indiferente; y su presencia nos es pronto fastidiosa e inoportuna.

186

El que nos da sin pedirnos, puede ser rico, estimable y grande. Pero, no hay sino el que nos da todo tan fácilmente y con igual placer como él recibe de nosotros lo que le damos fácilmente y con placer, que pueda ser nuestro amigo.

187

La mayor felicidad es el flujo y el reflujo de dar y recibir.

188

Desiderium sui relinquere.
Dejar después de sí el deseo de sí mismo, es la propiedad de todo lo que es verdaderamente verdadero, bueno y bello.

189

Dejar cuando marchamos un deseo de sí en los que se quedan, no debe ser sin embargo la finalidad del viajero. Cuanto más reconozcas en ti esta finalidad, menos la lograrás.

190

Pero no habrás sido completamente inútil en todas partes donde hayas dejado un deseo detrás de ti.

191

El verdadero sabio no tiene sino una lógica en todo lo que atañe al hombre y una escala para medirlo todo.

192

Los hombres, las diferentes escenas de la humanidad, las producciones del hombre, las obras de arte, los países, los lugares, las conversaciones, las diversiones, las colecciones y los gabinetes, las visitas, los viajes... Todo. Y esta escala, esta piedra de toque es: Ad desiderium sui reliquant.

193

El que desea algo endeble es endeble. Más lo que tú deseas es grande, más grande serás tú, y más aún, todo lo que sea mediocre, te dejará en la indiferencia.

194

El viajero sabio se eleva más con cada nueva grandeza que ve; con ella adquiere un grado de habilidad mas para disfrutar de lo que está más elevado, y es más incapaz para disfrutar de las minucias indeterminadas.

195

Quien hace el bien -nos dice un apóstol- es de Dios. Ser bueno y ser divino, es pues la misma cosa. Hacer feliz y ser feliz es igualmente sinónimo con respecto a Dios y a todo hombre bueno, es decir a todo hombre divino.

196

Según el grado de tu alegría, viendo la alegría de tus semejantes, y el de tu tristeza en sus sufrimientos, podrás medir el grado de tu bondad.

197

Sé bueno y sabrás lo que es Dios.

198

Dios es la bondad; conocer la verdad es inmortalidad.

199

¡Es suficiente por ahora!
Si encuentras, mi querido viajero, en esta pequeña obra, muchas cosas conocidas y repetidas, hazlas nuevas para ti aplicándotelas y dale importancia, por el uso que hagas de ella, a lo que por sí mismo es poco importante.

200

Nos volveremos a ver, sí continuamos siendo buenos y si somos mejores cada día.


                   En Zurich

Lunes, 9 de julio de 1787

J. G. Lavater

Lunes, 8 de septiembre de 1788[1]

Aunque en lejanía, Miranda siempre recuerda a su amigo Lavater con la misma admiración, prueba de ello es que estando en Inglaterra, el 19 de junio de 1790, comenta en su diario: He visto hoy este famoso Museo Anatómico (John Hunter’s Museum), que realmente creo el mejor de Europa –todo clasificado con el mejor orden y aseo- él mismo lo demuestra dando una nota explicativa, que vale más que nada. Hay un Camileopardo hermosísimo, y que no me acuerdo haber visto en otro alguno. La vena por donde se comunica el semen de un elefante, me decía, que si se extendiese acaso llegaría hasta Windsor- y en la configuración de animales sigue la misma idea de Camper y Lavater… El negro le parece el más imperfecto de los hombres y el europeo el más perfecto  en la historia del hombre, cree que el negro, es el de donde han resultado los demás… como monstruos, o desviaciones etc., Enseñó la bulbilla que cruza en el coño de la mujer, que es lo que llamamos el virgo, y que sólo la yegua, la burra y poquísimos otros animales la tienen. Magnífica colección para un particular[2].


Lo mismo hace Lavater cuando en  agosto de 1795 al saber que Madame Melanie Louise Eleonore Custine Sabrán[3] le traía desde Francia una carta del General Miranda, exclamó:

Me habéis traído una carta de Miranda, lo cual me halaga. Es un hombre que encierra en sí mismo un mundo de hombres[4].

La personalidad de Miranda era tan avasallante que en una carta que el célebre naturalista y filósofo ginebrino Marcos Augusto Pictet[5] escribe desde Ginebra, el 30 de septiembre de 1788 al Señor Leonard Bordier, lo describe diciendo:

Es el hombre más extraordinario que he visto jamás, por la extensión de sus viajes en las cuatro partes del mundo, los conocimientos que ha adquirido a través de éstos, la riqueza de su conversación, su ciencia en la historia, la literatura, las bellas artes, en una palabra, por una universalidad de la que yo no tenía idea y de la que no he visto otros ejemplos[6].

         En otra carta que Lavater envía a Miranda desde Zürich, el 11 de noviembre de 1795, le dice:

Usted ha estado siempre muy presente en mi espíritu, hombre que jamás se puede olvidar -y luego añade- ¡Sea siempre el mismo y Usted será siempre grande e invariable!
Acabe de una vez la guerra con la superioridad del ingenio de Usted, y haga temblar a todos aquellos que no quieren sino hacer temblar[7].

y a continuación le anexa un impreso de cuatro páginas titulado Advertencia a mis amigos.  

 En el año 1805 Juan Gaspar Lavater publica un folleto titulado Última donacion de Lavater a sus amigos[8] donde en forma de carta dirigida a cierta  señora de F aporta una descripción de su personalidad en estos términos:
Lavater era un filósofo religioso, más un filósofo amable, persuadido de que la naturaleza nos conduce siempre a lo útil por medio de lo agradable, a lo verdadero por lo bello, y a lo sublime por las pasiones benévolas, recorría Europa predicando la moral Evangélica de la cual era ministro, pero también el amor a lo bello, los goces razonables Y los placeres decentes. Jesucristo dijo que Dios es la bondad universal y que la suma de los deberes que nos impone es amarlo y amarnos los unos a los otros. La iglesia cristiana ha adoptado en la traducción de los pasajes relativos a esta doctrina, la palabra caridad, pero parece que la significación de esta palabra haya quedado hoy totalmente restringida a las limosnas.
Las virtudes del verdadero filósofo, como las del verdadero cristiano, son menos restringidas. Sacrificándolo todo por el amor del bien v de lo verdadero, tratando de hacer constantemente -Y si es necesario con peligro de su vida y en medio de dolores y tormentos- todo lo que sea útil a sus semejantes, todo lo que es grande, todo lo que es bello, el uno y el otro honra a la Divinidad.
Lavater unía a este celo universal por la bella moral, la bondad más activa,- distribuía a los pobres todo lo que tenía; no buscaba adquirir sino para lograr los medios de hacer seres felices y proteger las artes Y las empresas útiles.
La más humilde sencillez, pero al mismo tiempo la más escrupulosa limpieza y el orden más constante, reinaban en su casa. Su apariencia era extremadamente ventajosa; el sonido de su voz era seductor, su noble entusiasmo atraía todo lo que se le acercaba. Tenía sobre todo una influencia singular sobre las mujeres; pero izo se servía de ella sino para inspirarles más gusto por las virtudes domésticas y el dulce goce de la maternidad y de la educación.
Señora, yo la he visto con niños bajo los árboles, la he visto en brillantes círculos: usted ha sido siempre, como dice Lavater, verdadera, tranquila, siempre la misma. Me atrevo a poner bajo su protección los pensamientos religiosos de este filósofo cristiano. Adorador entusiasta del gran hombre que Judea vio expirar entre tormentos, mientras Tiberio reinaba, habla un lenguaje poco común en nuestro siglo, pero sus principios son los de todos los corazones honrados. En los siglos poéticos todo era animado: el océano tendía sus brazos hacia el astro de la noche; las estrellas determinaban la suerte de los mortales; el sol era la casa de Dios; la naturaleza estaba llena de divinidades; el universo no era sino el velo de lo eterno. Hoy, que sabemos que el mundo comunica por medio de los rayos de luz, que suponemos hay habitantes en los planetas e incluso en el sol, que quizás no estemos lejos de ver llegar sobre la luna lo que llegó sobre la tierra, ciudades tomar el lugar de los volcanes; hoy que vemos estrellas nacer y desaparecer, juntarse quizás para engendrar nuevos mundos, y que los sabios han sacado de éstos fenómenos las conjeturas más sublimes sobre la formación de nuestro sistema planetario; hoy, rechazamos toda idea de divinidad y abandonamos a los salvajes y a los fanáticos la felicidad de adorar.
Un hombre que se atreviera a decir en el lenguaje poético de los antiguos, que una idea gobierna el universo, que si tíos atreviésemos a comparar el infinito a lo finito, y lo mortal a lo inmortal, se podría decir que los rayos de luz tío son sino los nervios de este gran cuerpo animado por Dios, que el fuego forma los músculos y que las moléculas atractivas son la osamenta, un tal hombre sería visto como un soñador por los sabios y como un impío por los religionarios. Es cierto, no obstante, que ésta hubiese sido la manera de ver de los más grandes hombres y de los siglos más preponderantes en la balanza del universo.
Las religiones vulgares, las opiniones subalternas eran para el pueblo. Se enseñaba en el misterio doctrinas que la tradición de los países antiguamente civilizados habían conservado a través de varios cataclismos; se enseñaba el dogma de un solo dios,« se contaba la historia de la civilización; se hacía ver que los dioses del pueblo tío eran, en su mayoría, sino hombres bienhechores de la humanidad o incluso plantas, animales útiles, alimentos agradables y sanos, algunas veces astros y planetas, otras veces seres puramente alegóricos. La elevación de las almas y el entusiasmo del bien, eran la finalidad y el espíritu de los cultos, las formas externas eran multiplicadas y a elección de cada uno.
Se debe permitir asumir a los pensadores de hoy -siguiendo el ejemplo de los de los grandes siglos de antaño- las verdades morales de todas las expresiones que pueden darles acceso a los corazones. El hombre de bien debe ser reconocido en al cristiano por el filósofo, como debe ser por el cristiano en el filósofo.
Pertenece sobre todo a la amabilidad y a los favores, junto con la razón y los sentimientos generosos, unir a todos aquellos que sepan apreciar estas cualidades, de las cuales Lavater era el más sincero admirador.

Luego concluye con una serie de pensamientos que él considera útiles y necesarios para el buen vivir, ellos son:

Sean siempre verdaderos,
siempre sinceros,
siempre serenos,
siempre firmes
y siempre los mismos.


1
Dios protege de las palabras inútiles a los que él quiere.

2
¡Aprende a estar donde estás, a hacer lo que haces, a disfrutar de lo que disfrutas! Sé lo que quieres ser, lo que puedes ser, lo que debes ser, según el momento y el lugar donde te encuentres.

3
En tus relaciones con los hombres, saca de cada uno el provecho que puedas sacar solo de él, que tú solo puedas sacar.

4
El que respeta la humanidad en el hombre no actuará jamás sin sabiduría, jamás sin bondad; todo lo que se llama pecado, se llama así únicamente porque la humanidad está envilecida. El que honra la humanidad en los demás y en sí mismo, se mejora continuamente y mejora a los demás. El que ha perdido el respeto por la humanidad, ha perdido muchas fuerzas sagradas y  bienhechoras. Desgraciadamente, no se atreverá a emprender algo grande; tendrá rara vez la fuerza para no conducirse con bajeza cuando sus pasiones lo arrastren.

5
El egoísmo es el enemigo mortal de la humanidad, el veneno de toda virtud, la peste de la amistad, la pérdida de todo lo que hay en nosotros de grande y hermoso, la tumba de toda religión. Toda perfección moral y religiosa consiste en el desinterés.

6
El que busca las alabanzas, hace huír la alabanza; los elogios de la razón y de la justicia se alejan de él. ¡Sé digno de elogio e indiferente para la gloria¡ El que la merece la obtiene siempre.

7
Qué hay de más respetable que un hombre sabio y bueno, que por virtud habla con valentía y se calla por humildad, cuando tendría el derecho y la fuerza de hablar, pero que sin embargo sus palabras podrían herir sin aliviar.

8
Aprende de los que dan más noblemente el difícil arte de dar con delicadeza, y de los que perdonan con la mayor generosidad, el arte, más difícil aún, de perdonar generosamente.

9
¿Cuál es la verdad que nunca será dicha lo suficiente? Que el tiempo te sea sagrado, si no nada será sagrado para tí. Todos somos pobres de tiempo, ávidos de tiempo y pródigos de tiempo. No tengo nada sino cuando, con una sabia parsimonia de tiempo, he inspirado a algunos amigos una mayor actividad, una mayor intensidad de la vida.

10
El que medita sobre sus progresos morales e intelectuales, está obligado a conocer una ley sabia que lo ha elevado para un fin premeditado. El que reconozca esta verdad reconocerá también que no cesa de estar bajo esta ley y que le hace constantemente hacer algún progreso. No puedo dudar jamás de una providencia que conduce todo hacia lo mejor.

11
¿Se puede ir donde un sabio sin el deseo de instruirse y de mejorar?

12
¿Puede ser de una bondad perfecta el que no quiere con todo su corazón a los que le han demostrado su bondad?

13
El que no olvida jamás las bondades que todos los hombres han tenido para con él, y que olvida siempre su propia generosidad para con los ingratos, merece el nombre de magnánimo, tanto más cuando él espera menos.

14
¡Sé un hombre eminente y no busques aparentarlo! Sé bueno y no preguntes jamás qué juicio se hace de tu bondad.

15
La imparcialidad más severa debe ser parcial para el que ama la verdad, respeta el derecho, sufre inocentemente, arriesga algo por el bien y es desconocido y perseguido por la envidia y las pasiones.

16
Una riqueza inagotable del espíritu, junto con una extremada sensibilidad del corazón, hacen al ser sublime.

17
¿Dónde está el sabio que no honra al sabio? ¿Dónde está el bueno que no quiere al que es mejor que él? ¿ Dónde está el noble héroe que no venera y admira a sus semejantes? Y ¿quién, siendo sabio, bueno y noble, no tendría veneración y admiración por el más sabio, el mejor y el más noble de todos los héroes? (Jesucristo).

18
El que trata la sabiduría de extravagancia, la humildad de orgullo, la caridad de dureza, no es ni bueno, ni humilde, ni sabio.

19
Un alma delicada nunca traiciona el secreto de un amigo pérfido. ¿Cómo podría traicionar el de un amigo fiel?

20
La ligereza engendra más vicios que la pasión. Pocos hombres son viciosos por pasión; la mayoría adopta, riéndose, un vicio del cual no puede librarse ni con numerosos llantos.

21
Dá con sabiduría, con sencillez, con serenidad, con dignidad, con amenidad, con una caridad desinteresada, con una íntima y profunda humildad, y olvida en el instante mismo que has dado.

22
¿Qué hay más encantador para un corazón generoso que el encontrar un corazón, al mismo tiempo más generoso y humilde que él mismo?

23
¿Quién es más santo? El que con una entera humildad quiere y respeta la divinidad hasta en el último de sus semejantes, y se olvida a sí mismo en todo momento, en favor de los demás, sin acordarse jamás de este olvido.


24
¿Se podría ser bueno y sabio y dejar escapar un solo día sin hacer algo bueno que ninguno otro podría hacer?

25
Querido amigo, querida amiga, envía ante ti acciones llenas de caridad, paciencia, abstinencia y bondad, en el mundo invisible; acciones cuyo autor no es conocido sino de Dios y de aquellos a los que Dios se lo ha revelado.

26
De la misma manera que el pudor acompaña la castidad, la modestia acompaña la virtud y la humildad los sentimientos religiosos.

27
Cuán respetable es el discurso de un sabio que reduce al silencio los tontos y regocija a los sabios, cuando un silencio prudente ha preparado este efecto.

28
La gestión oculta de una humilde caridad, que busca a alegrar invisiblemente y en nombre de la caridad celeste, golpea con sonidos armoniosos los oídos del que vive en el cielo, y llama a los genios bienhechores para que lo acompañen con sus bendiciones.

29
El que sabe alabar con placer las buenas cualidades de su enemigo mortal ¿podría, sin remordimiento, hablar mal de su amigo?

30
Procura dar la alegría que puedas, aflige lo menos posible. No alegres nunca de forma que la alegría pueda estar seguida de dolor. No aflijas nunca sin que resulte algún bien de la aflicción.

31
¿Quién es sabio, si no es el que sabe siempre distinguir con seguridad, la bondad de la debilidad, la ilusión de la creencia, el sentimiento de la afectación, la modestia de la timidez, la testarudez de la firmeza, el orgullo de una noble confianza en sí mismo?

32
La testarudez es la fuerza de los débiles. La firmeza, fundada sobre principios, la verdad y el derecho, el orden y la ley, el deber y la generosidad, es la testarudez de los sabios, de los hombres superiores y de los héroes.

33
Sé justo con los injustos, equitable con los que no lo son, fiel a los pérfidos, generoso con los cobardes, y acumularás en tí una gran fuerza para creer en la duración de tu alma, hacerte un Dios bondadoso y un cielo lleno de amenidad para confiar incluso donde no hay esperanza para las almas vulgares.

34
Piensa en lo que Dios olvida, cuando tu piensas en tus debilidades, con un humilde deseo de corregirte.

35
Olvida lo que Dios no olvida, si tu olvidas las bondades que has podido proporcionar.

36
El cuño con que marcas el presente, marca también tu porvenir.

37
Toda creencia que no hace más feliz, más libre, más cariñoso, mas activo, es, me temo, una creencia errónea y supersticiosa.

38
No he conocido hombre, que sin creer en la divinidad y en el porvenir, haya sido tan humilde y valeroso como lo fue con estas creencias.

39
¿Hay algo por encima de la virtud y del mérito de una mujer sensata, buena y recta, humilde y piadosa, activa y paciente, que sabe escuchar y obedecer, y rechazar la seducción?

40
Feliz aquel cuyas virtudes incontestables justifican todas las cualidades dudosas; cuyas acciones y abstinencias inspiran el suficiente respeto para que uno se aleje con piedad del que lo calumnia.

41
Feliz el corazón al que Dios dio bastante fuerza y valentía para bastarse a sí mismo, para encontrar su felicidad en la sencillez y en la felicidad de los demás.

42
¿Qué es la grandeza del alma? Un sentimiento vivo, delicado, seguro para todo lo que es bello, lo que es grande, una pronta resolución para hacer el mayor bien por los mejores medios. Una gran bondad unida a una gran fuerza y a una gran humildad.

43
¿Conoces algo menos frecuente que un hombre cuyo sentimiento religioso conduce a una bondad universal, y cuyo amor por sus semejantes conduce a la religión la más pura?

44
¿Qué le debo a mi siglo, a mi patria, a mis vecinos, a mis amigos? Estas son las preguntas que el hombre virtuoso se hace más frecuentemente.

45
Un verdadero amigo escucha en la puerta de su amigo, para no interrumpirlo en una buena acción, para no molestarlo con una sorpresa. ¿Existen hombres que escuchen detrás de las puertas para hacer el mal?

46
La verdadera filosofía es la que nos hace mejores a nosotros y a todos los que nos rodean, y a la vez más contentos, más pacientes, más serenos y aptos para todos los placeres puros y decentes.

47
Un hombre verdaderamente bueno es inagotable en buena voluntad y en bellos pensamientos para dar placer a los demás.

48
La amabilidad es el fruto de sentimientos benévolos; la consideración es una parte de la virtud; la religión resulta de la pureza del alma.

49
El que no busca hacer disfrutar a los demás, se priva de los mejores placeres; no conoce sino el placer de ver triunfar la perfidia.

50
No hay que despreciar ninguna religión que haga al sabio más sabio, al justo más justo, al virtuoso mejor, al hombre más humano.

51
Para mi, la mejor religión es la que presenta lo que hay de divino bajo la forma más humana, y lo que hay más sublime bajo la imagen más amena.

52
El que tiene buen corazón no se quejará nunca de las faltas sin malicia que puede cometer un hombre puro y que él mismo no juzga con severidad.

53
El genio se vela a veces a propósito como la divinidad, y se desvela involuntariamente como ella.

54
No existe justicia sin amor a la verdad; equidad sin justicia; bondad sin equidad. No existe generosidad sin humildad, ni humildad meritoria sin generosidad.

55
No hables a Dios sino de tus pecados más ocultos y de tus necesidades más sagradas.

56
¡Ah! Cuántos sufrimientos se ahorrarían a veces con una sola abstinencia, un solo no contestado con firmeza a la voz de la seducción.

57
Hay que poner a prueba los preceptos más sublimes de las diferentes religiones, como se ponen a prueba los diamantes, y reservarlos después como las piedras preciosas, para los días solemnes.

58
Una vida moral, espiritual, religiosa, excita también en los demás ideas morales, espirituales, religiosas.

59
Pueda yo ser bastante puro para no mentir jamás, ni con mis palabras, ni con mis acciones, ni con mis miradas, ni con mis gestos, ni incluso con mi silencio.

60
Busca poner en cada vaso lo que pueda contener según su naturaleza, pero cuídate en sobrecargarlo y romperlo.

61
El que sabe distinguir con precisión sus necesidades reales de sus necesidades facticias, y las necesidades reales de los demás de sus necesidades  facticias, está ya muy avanzado en el conocimiento de sí mismo y en el de los hombres.

62
El hombre que ama con todo su corazón la verdad, amará más aún al que sufre por la verdad.

63
Si la virtud no te parece amable en tu enemigo y el vicio aborrecible en tu amigo, ¿puedes decir o pensar que amas la virtud o que aborreces el vicio?

64
Que el que se examina todos los días y no se sorprende diariamente de su contradicción, eche sobre mí la primera piedra.

65
El hombre verdaderamente grande, sabe colocar en el corazón y en el espíritu de todos a los que se acerca, gérmenes de virtudes y de ideas, que cada uno desarrolla según sus facultades y que convergen todas al progreso del bien de la humanidad.

66
La veracidad es la cualidad más excepcional de los hombres de talento, los sabios y la gente culta. Es al mismo tiempo la cualidad más reverenciada, incluso por los que la poseen menos.

67
Un hombre a quien no le gusta ni el orden, ni la elegancia, ni la limpieza, no será ni un hombre amable ni un amigo seguro.

68
El que habla siempre y el que no habla nunca son igualmente inhábiles para con la amistad. Una hermosa proporción entre el talento de escuchar y el de hablar, es la base de las virtudes sociales.

69
El verdadero amigo de la verdad y del bien, los ama bajo todas las formas, pero los ama aún más bajo la forma más sencilla.

70
Un gran hombre es el que piensa y quiere el bien con el mayor ardor, y que es, al mismo tiempo, más humilde que todos los que no quieren el bien y no son capaces de ejecutarlo.

71
No hay maldad que no pueda ser contenida y enmudecida, al menos por un cierto tiempo, por una sabia magnanimidad.

72
¿Cuál es el hombre suficientemente imparcial para no juzgar nunca con parcialidad, sea un amigo íntimo, sea un enemigo mortal?

73
Cuando el cielo desea el bien a un hombre, le envía adversidades que miles de sus semejantes no soportarían; le dá amigos y enemigos, como no le daría a uno entre mil.

74
La religión es la virtud con respecto a lo invisible; la virtud es la religión con respecto a lo visible.

75
No escojas tus modelos por debajo de tí; pero no los escojas por encima de tí, sino para conservar siempre la esperanza de poder alcanzarlos.

76
Es incapaz de una acción verdaderamente buena quien no siente un íntimo placer contemplando las buenas acciones de los demás.

77
La vida de un hombre verdaderamente bueno consiste en el goce perpetuo del comercio de los buenos, en la búsqueda del bien y en la contemplación de la bondad.

78
Toda sabiduría, toda virtud, toda religión, reposa sobre el principio de que el bien debe dar paso a lo mejor, lo agradable a lo útil, lo bello a lo sublime.

79
Todo lo que no haga a tu espíritu y a tu corazón más fuertes, más activos, más ardientes para el bien, no merece la pena ser deseado con ardor ni por el corazón, ni por el espíritu.

80
Placeres que ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, que no han llegado al corazón de nadie, esperan al que ejerce virtudes y hace acciones que ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado y que no han llegado al corazón de nadie.

81
Las almas nobles aman el amigo futuro en el enemigo presente.

82
Reserva siempre los medios de regresar hacia los sentimientos afectuosos.

83
No odies a la persona que sepa amar y que ame, aunque ella no te ame todavía; su amor no te escapará si eres digno de él.

84
Cuando la divinidad tiene benevolencia por un hombre, se le aparece bajo los rasgos de un amigo fiel.

85
¿Cómo un hombre sensato y humano puede dejarse llevar por juicios duros y atrevidos sobre hombres sensatos y buenos?

¿Para qué sirven la sensatez y la bondad, si no es para ser empleadas en defensa de la sensatez y de la bondad cuando esta defensa es necesaria?

86
Se recuerda siempre con satisfacción lo que se ha hecho con serenidad. La serenidad del hombre vicioso no es sino indiferencia exterior que oculta vergonzosos remordimientos.

87
No podemos creer en las experiencias y proyectos de las almas grandes, sino cuando hemos tenido nosotros unos semejantes.

88
Es uno de mis pensamientos favoritos: que Dios se manifieste a los hombres en todos los hombres sensatos, buenos, humildes, generosos, grandes, magnánimos.

89
Encuentro en la posición de los malvados, razones para excusar su maldad.

90
Pregúntate a menudo si lo que tú no crees, no se basa sobre los mismos principios de lo que tú crees.

91
El hombre que cuando está solo y sin testigos es el mismo que cuando está en público, es seguramente un hombre honrado.

92
¿Quién no alaba o censura en los demás, a veces sin darse cuenta, sus propias cualidades?

93
No hay sonrisa más agradable que la de una madre y la de un niño; no la hay más hermosa que la de la generosidad que oculta sus favores.

94
No creas que un libro es bueno si leyéndolo no quedas más satisfecho de tu existencia, si no excita en tí sentimientos mas generosos.

95
No le quites a nadie opiniones que lo hacen feliz, si tu no le puedes dar otras mejores.

96
El hombre que no ve el bien en los demás no es perfectamente bueno él mismo.

97
¡Pudiera yo ser lo suficientemente veraz, para no mentir jamás ni a un amigo, ni a un enemigo, ni a Dios, ni a un niño, ni a mí mismo!

98
La virtud sin religión, cuán poco pura y constante es en las adversidades; la religión sin virtud, cuán poco alejada está de la hipocresía y del fanatismo.

99
La humildad sin fuerza, sin talento, sin mérito, tiene tan poco valor como la virtud sin combate, la magnanimidad sin enemigos, la fuerza sin resistencia y el valor sin peligro.

100
Dios preserva a los que quiere de las lecturas inútiles.

Lavater parece hacer considerado estas sentencias como los últimos resultados de sus meditaciones. No las hizo imprimir sino para distribuirlas entre sus amigos. Me las dio poco tiempo antes de su muerte. Las he traducido del alemán, conservando en lo posible los giros de frase del original.

J. G. S.

Pensamientos extraídos de otras obras de Lavater

Para hacer la felicidad de los hombres, hay que disimular a menudo este fin y aprovechar en su favor las cosas que parecen estar más opuestas. Pero que el hombre a quien a Providencia ha dotado de un carácter activo y generoso, se guarde bien de abusar de la espada de dos filos que ella ha puesto entre sus manos; que recuerde siempre que lo mejor es a menudo enemigo de lo bueno.

Se dice proverbialmente que donde Dios construye una iglesia el diablo construye una capilla al lado. El esfuerzo más hermoso del justo es el de construir una capilla a Dios en el recinto mismo de los dominios del diablo.

Buscad y encontraréis; tocad a la puerta y se os abrirá; dad y se os dará.

PARADOJAS

No hay que desear sino lo imposible; lo posible hay que hacerlo, o quizás haberlo hecho ya.

Se puede todo lo que se quiere si no se quiere sino lo que se puede.

La conciencia es más sabia que la ciencia.

CONCLUSIÓN

La Tierra se desplaza alrededor del Sol; el Sol se mueve, gira quizás alrededor de Sirio, Sirio alrededor de Hércules, Hércules alrededor de las Pléyades; el alma del justo es, después de Dios, el único punto estable del Universo[9].







[1] Traducido del francés. Archivo original del General Miranda. T. XV, f. 67 Viajes.
[2] Véase: Archivo del General Miranda. Tomo IV. Viajes. Diarios, documentos 1788 a 1800- 1771 a 1781. Caracas: Parra León Hermanos. 1930. p. 291-292 y Colombeia. Tomo VIII. 1988. p. 521.
[3] Nació el 18 de marzo 1770 en París y murió 13 de julio 1826 en Bex, Suiza. Está enterrada cerca de Fervaques (Calvados).
[4] El texto original dice: Vous m’avez apporté une lettre de  Miranda, j’en  suis flatté. C’est un homm qui enferme un monde d’hommes en soi.
En: Parra-Pérez, Caracciolo (1888-1963).: Miranda et Madame de Custine.- París.: Bernard Grasset Editeur.  [1950]. 366 p., 1 h. Véase: p. 227.
[5] (1752-1825). Profesor de la Universidad de Ginebra. Miembro del Instituto de Francia y de la Sociedad Real de Londres. Con su hermano Carlos Pictet de Rochemont, fundó la Biblioteca Universal de Ginebra.
[6] Véase: Carta de Lavater a Miranda. Zurich, 11 de noviembre de 1795. En: Colombeia - Tercera sección. Revolución Francesa. 1795-1797.- Caracas, Venezuela: Ediciones de la Presidencia de la República. Italgráfica, S.A. Tomo XVII. Documento 3838. p. 453-454.
[7] Véase: Carta de presentación de Pictet.
En: Colombeia - Segunda sección. El viajero ilustrado. 1788-1790.- Caracas, Venezuela: Ediciones de la Presidencia de la República. Litografía Melvin. 1988. Tomo VIII. Documento 1.044. p. 56-57.
[8] Folleto impreso en París en 1805. Estos textos fueron traducidos del francés y son tomados de Colombeia - Segunda sección. El viajero ilustrado. 1788.- Caracas, Venezuela: Ediciones de la Presidencia de la República. 1986. Tomo VII. Escritos de Lavater en Zürich. Documento 1038.  p. 556-576. Proceden del Archivo original del  General Miranda. T. XV. F. 66. Viajes.
[9] Traducido del francés. Tomado del Archivo Original del General Miranda. T. XV, f. 66 Viajes.

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