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viernes, 5 de octubre de 2012

Las primeras elecciones en Venezuela

Eumenes Fuguet Borregales (*)
La historia colonial debemos entenderla como la de formación de nuestra  nacionalidad; cual barro en manos de un experto alfarero, dándole forma a una  obra de arte, sin prisa pero sin pausa, hasta lograr las ansiadas e inexistente  libertad y República. El cordón umbilical que nos ataba a la metrópolis empieza  a separarse con el histórico "NO" rotundo, solicitado el 19 de Abril de 1810 por el sacerdote chileno José de Madariaga desde el balcón del ayuntamiento, repetido por la multitud congregada ese Jueves Santo en la Plaza Mayor de  Caracas, dio como resultado la renuncia del capitán general en Venezuela,  Vicente de Emparan y Orbe, la expulsión de su equipo gubernamental y un gran viraje en la historia venezolana.
Los blancos criollos descendientes de los blancos peninsulares, ocupaban el poder por primera vez después de más de trescientos años de permanencia española. El cabildo con la inclusión de representantes de "los pardos", "del pueblo" y "del clero", se convierte a partir del 19 de abril, en la Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII, presidida conjuntamente por José de las Llamozas y Martín Tovar Ponte; este nuevo gobierno en uso de sus atribuciones tomó algunas decisiones tales como: designación de cuatro secretarías o ministerios, eliminar el Tributo (impuesto) de Alcabala, prohibir la introducción de negros, creación de la Academia de Matemáticas, raíz de la Academia Militar, creación de la Junta Patriótica de Agricultura y Economía, el envío de comisiones al exterior con agentes diplomáticos, para informar la nueva situación política, buscar solidaridad y apoyo en: Norteamérica, Nueva Granada, Inglaterra y Curazao; el envío de comisiones a Coro, Maracaibo y Guayana, provincias que no se adhirieron al ejemplo que Caracas dio; suprimió las funciones de la Real Audiencia de Caracas, creada en febrero de 1787, convirtiéndose en Tribunal de Apelaciones.
Una de las más decisiones más importantes, fue la de convocar en junio año a elecciones, designando una Comisión Electoral presidida por el doctor y “Diputado del Pueblo" Juan Germán Roscio (1763-1821). El Proyecto del Reglamento Electoral presentado por Roscio, fue aprobado por la Junta Suprema ese mes, oficializándolo en la Gaceta de Caracas con la denominación de Reglamento Electoral, "fuente del derecho electoral venezolano", cuyos representantes elegidos formarían la "Junta General de Diputación de las Provincias de Venezuela", nombre inicial de lo que sería el "Congreso". El primigenio documento concedía el derecho al voto a los hombres mayores de veinticinco años, propietario de bienes raíces por un monto superior a los dos mil pesos; no votaban: los esclavos, las mujeres, los dementes, los vagos, los presos, los deudores del erario, los sordomudos, los extranjeros, ni transeúntes, Notamos que este gran primer paso en la selección de los representantes de las siete provincias, era excluyente para la mayoría de la población, estaba supeditado a la clase blanca criolla dominante en el momento. El proceso electoral se llevó a cabo a partir de octubre hasta enero de 1811. El Reglamento Electoral estableció dos etapas o fases para su ejecución, la primera para designar mediante boletas firmadas por los votantes a los representantes parroquiales, estos electores reunidos en Asamblea, designaban en una segunda votación de los "electores parroquiales" a los diputados, a razón de uno por cada veinte mil habitantes. Las votaciones se realizaron en las iglesias, precedido del repicar de las campanas invitando al sufragio y la misa. Finalizada la actividad el representante parroquial, en presencia del cura párroco y cinco vecinos respetables como testigos realiza el escrutinio, procediendo luego a colocar el recuento en la puerta de la iglesia.
El resultado final para elegir a los representantes de las siete Provincias Unidas fue: Caracas 24, Barinas 9, Cumaná 4, Barcelona 3, Mérida 2, Trujillo 1, Margarita 1, para un total de 44 diputados; en ese grupo se encontraban notables letrados, sacerdotes, abogados, militares, hacendados y comerciantes; de ellos, treinta asistieron a la solemne instalación el 2 de marzo de 1811 en la casa del conde de San Javier -hoy esquina del Conde, con asistencia de los integrantes de la Junta Suprema Conservadora, ente provisional que cesaba sus funciones ese día. Es el soberano Congreso que el 5 de julio de 1811 a las tres de la tarde, proclamó de hecho y de derecho la independencia; por la iglesia fueron elegidos nueve sacerdotes, entre los cuales se encontraba el prelado Luis José Cazorla, los políticos Fernando Peñalver y Juan Rodríguez del Toro, elegidos por Valencia.
 Historia y Tradición
(*) Gral. de Bgda.                                                                  churuguarero77@gmail.com
                                                                                                                 @eumenesfuguet

LAS PRIMERAS ELECCIONES LIBRES DE VENEZUELA

Alberto Rodríguez Barrera  


 
De la Junta Revolucionaria de Gobierno -1945-comenzaron a salir las nuevas normas de derecho público, concretadas en decretos-leyes, creando una nueva juricidad con premura. Entre los más significativos de carácter político estuvo el que determinaba que “sus miembros quedaban incapacitados para postular sus nombres como candidatos a la Presidencia de la República y para ejercer ese alto cargo cuando en fecha próxima elija el pueblo venezolano su Primer Magistrado”.

     Sucesivos decretos disolvieron los cuerpos deliberantes que habían surgido de elecciones viciadas, y al Supremo Consejo Electoral, integrado por abrumadora mayoría oficialista. A un mes de iniciado el Gobierno, fue designada una comisión encargada de redactar el nuevo estatuto electoral y un proyecto de Constitución, comisión que estuvo presidida por Andrés Eloy Blanco, alta figura de la intelectualidad nacional y de la responsabilidad ciudadana. Los otros eran profesionales del Derecho sin vinculaciones partidistas y algunos de militancia en partidos de oposición (Lorenzo Fernández de Copei, Luis Hernández Solís de URD, Jesús Enrique Lossada, Nicomedes Zuloaga, entre otros). Para el 15 de marzo de 1946 se tradujo en acto legislativo el proyecto para regular el proceso eleccionario. 



    

    Ese estatuto electoral es considerado como el más democrático que para entonces se promulgara en América, concediéndosele “a todos los venezolanos mayores de 18 años, sin distinción de sexo y sin más  excepciones que los entredichos y los que cumplen condena penal por sentencia firme que lleve consigo la inhabilitación política”. La ingerencia del Poder Ejecutivo en el proceso comicial quedaba reducido a la entrega de los fondos fiscales requeridos para el eficaz funcionamiento del organismo rector de las elecciones. La representación de las minorías electoras quedó garantizada en forma extraordinariamente liberal (cuando un partido no alcanzaba a elegir diputados o senadores en ningún Estado, se sumaban sus votos en todo el país y se le asignaban representantes parlamentarios dividiendo esos votos totalizados por cociente electoral nacional).
 
     Después de esos decretos se desató una campaña electoral de una intensidad sin precedentes en la historia del país. En escasos meses, fueron legalizados 13 partidos políticos, los cuales tronaron los aires con las voces de sus oradores en millares de asambleas públicas, cubrieron de consignas todo pedazo de muro utilizable y fatigaron los tipos de la prensa, en disfrute de una libertad total jamás vista para popularizar sus programas y exaltar sus candidaturas. De esos partidos, tres tomaron la vanguardia en la violenta ofensiva contra el régimen popular y democrático: Copei, URD y el Partido Comunista.

     Copei se articuló alrededor de un grupo católico militante, que en los años 36 y subsiguientes colaboró políticamente con el lopecismo. No tuvo actividad visible durante Medina Angarita, y su líder, Rafael Caldera, abandonó una curul en la Cámara de Diputados, después de una fugaz labor, para dedicarse a sus actividades profesionales y a profesar la cátedra de Sociología en la UCV. Fue Procurador General de la Nación en los meses iniciales del Gobierno Revolucionario. Salió de allí para encabezar núcleos políticos más beligerantes, sin interés alguno por los procesos eleccionarios y aliándose con elementos militares descontentos y detener el proceso democrático iniciado.

    Unión Republicana Democrática (URD), organizado por Jóvito Villalba, fue integrado por restos del medinismo. Se organizó a toda prisa después del movimiento de octubre. Cabe recordar que fuera de Acción Democrática y el binomio Partido Democrático Venezolano-Partido Comunista en el campo gubernamental, no existían otros partidos  en el momento de formarse la Junta Revolucionaria de Gobierno. Años después, Villalba reconocería: “Reconozco que Acción Democrática contaba con una mayoría que le daban sus antecedentes meritorios y dignos en la lucha por la democracia en este país y era el Partido mejor organizado del país. Nadie hubiera podido disputar el triunfo a Acción Democrática”. (Gaceta del Congreso.) Al igual que en Copei, en URD acamparon, junto con gente realmente interesada en la evolución superadora de la vida política nacional, complotistas reaccionarios, implacables enemigos de la fórmula del sufragio libre y nostalgiosos de los sistemas autocráticos de Gobierno.
 
     El Partido Comunista estaba escindido en dos fracciones, coincidentes sólo en atacar al Gobierno. Marchaban contra la democratización de la economía y del Estado, la única posible dentro de las condiciones históricas prevalecientes en Venezuela y en América Latina. Esa obra adolecía a sus ojos de dos defectos capitales: carecer de la apostólica bendición del sanhedrín staliniano y estar conducida por una fuerza política venezolana y americana, reacia a condicionar su conducta a la consigna de importación.

     Acción Democrática se enfrentó en la calle, animada de su vieja mística combatiente, a sus adversarios ideológicos de siempre y a los recién incorporados a la liza política. No se burocratizó, sino que sus mejores dirigentes y militantes –con la excepción de quienes desempeñaban varios Ministerios y Gobernaciones de Estado- se quedaron en los rangos de la organización, saludable ejemplo que dieron los dirigentes obreros. Y por no haberse lanzado la militancia de AD sobre el presupuesto como si fuera botín de guerra, a un año de la Revolución podían afirmar que de los 7 mil empleados públicos del Distrito Federal, apenas 300 portaban carnet del partido.
     Millón y medio de venezolanos votaron con cívico fervor, fervor filiable con las místicas religiosas. Jamás había votado en Venezuela más de un 5 por ciento de la población y esta vez votó el 36 por ciento. De cada 100 ciudadanos inscritos en los registros, 92 concurrieron a las urnas, y no hubo en el vasto territorio nacional ni un solo hecho de sangre, ni una sola violencia física ejercida contra nadie, para impedirle votar o para torcer su libre determinación.
     El volumen de votos que correspondió a cada partido fue el siguiente: AD: 1 millón 100 mil votos (137 diputados bancas); Copei: 180 mil (19 bancas); URD: 54 mil (2 bancas); Partido Comunista: 51 mil (2 bancas)
     De los diputados de AD a la Asamblea Constituyente, de los diputados y senadores electos posteriormente, un número apreciable eran dirigentes obreros y mujeres. El Parlamento dejó de ser un reducto exclusivo de profesionales con títulos universitarios y de políticos varones siempre. La opinión nacional y extranjera coincidió en reconocer la limpieza absoluta de las elecciones.
 
     Y cuando voces aisladas objetaron el resultado de los comicios y los derrocados de octubre trataron de llevar agitación al Ejército en nombre de supuestos fraudes, reaccionaron enérgicamente los propios Jefes de las Fuerzas Armadas. Ellos eran testigos calificados, porque un Decreto de la Junta había colocado la supervisión del acto electoral en manos del ejército. Era esa una práctica establecida en Chile, país de tradiciones democráticas; y al acogerla en Venezuela, se quería subrayar el carácter de las Fuerzas Armadas como organismo apolítico y colocado al margen de la discordia interpartidista.
 
      Y por lo mismo que los militares fueron testigos del acto comicial redactaron un documento dirigido a la Asamblea Nacional Constituyente, firmado por la totalidad de los oficiales en servicio activo y para presentarlo, se llegaron hasta el Capitolio, en uniforme de gran parada, los entonces tenientes coroneles Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez, quienes apenas dos años después iban a usurpar y desconocer esa voluntad popular, expresada en los comicios. En ese documento se afirmó, con el énfasis más rotundo que pueda ser usado por colectividad alguna: “La Asamblea Nacional Constituyente es representativa de la voluntad popular, elegida libremente el 27 de octubre de 1946, en comicios que estuvieron bajo nuestra vigilancia y por ello nos consta que fueron llevados a cabo con la mayor pureza.”
 
   Dijo la revista Newsweek (20 de diciembre, 1947): “Por primera vez en su historia el pueblo de Venezuela, hombres y mujeres, ricos y pobres, letrados e iletrados, sin distinción de credos o de color, estaban escogiendo su propio Presidente, sus senadores, sus diputados…todo esto demuestra lo lejos que ha llegado Venezuela, desde que la Junta Revolucionaria asumió el poder. Estas fueron algo más que las más honradas y las más ordenadas elecciones que Venezuela nunca haya tenido. Podrían servir como modelo para cualquier país en el Hemisferio Occidental, sin excluir muchas partes de los Estados Unidos.”
     Dijo el Washington Post (17 de diciembre, 1947): “Es particularmente significativo que el más reciente florecimiento de la democracia tenga lugar en Venezuela, cuna de Bolívar, sobre todo si se tiene en cuenta que el férreo control de Gómez y otros dictadores impidió por largo tiempo a ese país realizar la libertad por la que luchó Bolívar. El cambio se debe, en su mayor parte, a la política seguida por el Gobierno de Betancourt desde que la Junta Revolucionaria advino al poder en 1945. Algunos han visto en las simpatías del régimen de Betancourt en pro de los trabajadores una indicación de que estaba inspirado en el comunismo. La mejor respuesta son las realizaciones cumplidas. Con los recursos de la renta petrolera promovió muchas de las reformas internas tendientes a levantar el nivel de vida y a vencer el analfabetismo, medidas que en sí mismas son un antídoto contra el comunismo. La culminación de ese proceso fue extender a las masas, hasta entonces privadas del voto, el derecho del sufragio.”

    Dijo el New York Times (20 de diciembre, 1947): “Las elecciones, tal como las conocemos nosotros, eran desconocidas en Venezuela…Ahora todo ha sido barrido, con plenitud dramática y sobrecogedora.”
    Dijo El Día de Montevideo (20 de diciembre, 1947): “Los venezolanos ganaron una primera batalla para América al recuperar su libertad política y reafirmar el imperio de la: Ley.”

Una larga historia


GERARDO BLYDE

Todo está listo para que escribamos las próximas páginas de nuestra historia. ¡Llegó la hora de votar!

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Resulta harto interesante revisar nuestra historia electoral, justo a las puertas del proceso de elección presidencial más importante que viviremos los venezolanos de esta época. Las implicaciones que tendrá para el futuro de nuestra Venezuela son gigantescas y sin duda cruciales.

En la primera elección de este período democrático, en 1958, los resultados dieron ganador a Betancourt con el 49.18% de los votos, Larrazábal obtuvo el 34,61% y Caldera 16,21%. Si los dos últimos se hubieran unido, le habrían ganado a Betancourt por menos de 1%. Asombra el porcentaje de abstención: apenas 10,40% de los electores. Nacía la democracia y había en el pueblo ganas de votar, de decidir su futuro.

En 1963, Leoni ganó con el 32,81% de los votos, Caldera obtuvo 20,19%, Jóvito Villalba 18,89%, Arturo Uslar 16,08% y Larrazábal 9,43%. Casi el 70% de los electores se expresó por opciones distintas al ganador, empero, al no existir segunda vuelta en nuestro sistema electoral, todos aceptaron los resultados. Seguía el fervor por participar y la abstención disminuyó a sólo un 7,79%.

En 1968, todas las encuestadoras daban por ganador indiscutible a Gonzalo Barrios. Los resultados dieron la victoria a Rafael Caldera con apenas el 29,13%. Barrios obtuvo 28,29%. Burelli Rivas 22,22% y el maestro Prieto Figueroa 19,34%. La diferencia entre el primero y el segundo fue de apenas un 0,89%. Todos reconocieron el resultado. La abstención fue de un increíble 3,27%.

Llegó 1973. Carlos Andrés Pérez alcanzó un sólido 48,76%, venciendo a Lorenzo Fernández, quien obtuvo un 36,70% de apoyo. Hubo una verdadera polarización arrastrando a los demás candidatos a cifras de un solo dígito: Paz Galarraga 5,07%, José Vicente Rangel 4,26% y Jóvito Villalba 3,07%. La abstención registrada fue de 3,48%.

En 1978, Herrera Campins venció a Luis Piñerúa 46,64% a 43,31%. La diferencia fue de solo 3,33%. Las encuestas de la época daban mayoritariamente ganador a Piñerúa, sólo unas pocas predijeron que Herrera podría ganar. Los adecos reconocieron su derrota. José Vicente Rangel obtuvo 5,18% de los votos. La abstención creció a 12,45%.

Jaime Lusinchi significó el regreso de Acción Democrática al poder, ganando la contienda de 1983 con el 56,72% de los votos. Fue la primera vez que el candidato ganador superaba la barrera del 50%. Caldera, que aspiraba su reelección, obtuvo el 34,54%. La izquierda, que fue dividida, obtuvo con Teodoro Petkoff 4,17% y con José Vicente Rangel 3,34%. La abstención fue de 12,25%.

En 1988, Carlos Andrés Pérez aspiró a ser reelecto y lo consiguió con el 56,72% de los votos. Eduardo Fernández lo secundó con 40,40% y Petkoff sólo obtuvo el 2,71%. La abstención creció a 18,08%.

La elección de 1993 fue muy significativa. Los resultados señalaron lo que estaba ocurriendo en el pueblo venezolano. Caldera obtuvo su reelección con apenas el 30,46% de los votos. La abstención fue de 39,84%. Otros 3 candidatos llegaron casi juntos a los siguientes lugares: Claudio Fermín 23,60%, Álvarez Paz 22,73% y Andrés Velásquez 21,95%. El verdadero ganador de la contienda fue la abstención.

En 1998 todos los estudios de opinión en un inicio daban ganadora a Irene Sáez. Durante la campaña los números y los apoyos fueron variando. Chávez se convirtió en el ganador con un 56,20% de los votos, Salas Römer obtuvo un 43,80% y la abstención se mantuvo muy alta en un 36,50%.
En las elecciones del año 2000, la oposición cometió el inmenso error de apoyar la candidatura de Arias Cárdenas, quien obtuvo apenas un 37,52% para una cómoda victoria de Chávez con 59,76%. Sin embargo la abstención creció a 43,60%, cifra histórica. Quienes no votaron decidieron la suerte del país.

Rosales asumió la necesaria vuelta al ruedo electoral en 2006
, obteniendo un 36.91% de los votos, en una campaña muy corta pues lograr la unidad opositora tardó. Chávez ganó con 62,85% y la abstención bajó a 25,31%. Veníamos de otro error: el retiro de las elecciones parlamentarias. El esfuerzo de Rosales nos repuso en el camino correcto, que llevó al éxito electoral en las parlamentarias del 2010.

Esta es nuestra historia en elecciones presidenciales. Lo que ocurrirá este domingo depende de cada uno de nosotros. Cuando alguien a futuro haga el resumen de lo que sucedió el 7 de octubre de 2012, cada venezolano que vote habrá sido parte de ello. También quedará para la historia -y nos marcará- el comportamiento de los candidatos enfrentados aceptando con entereza y dignidad lo que el pueblo ordene. Ya todo está listo para que escribamos las próximas páginas de nuestra propia historia. ¡Llegó la hora de votar!

gblyde@gmail.com / @GerardoBlyde
  EL UNIVERSAL
viernes 5 de octubre de 2012  

sábado, 11 de julio de 2009

Juan Germán Roscio, pionero del sistema electoral

Eumenes Fuguet Borregales

Destacado jurisconsulto, ciudadano virtuoso, patriota ilustrado y servidor público a tiempo completo, quien nació el 27 de mayo de 1763 en la población de San Francisco de Tiznados, Guárico, hijo del milanés José Roscio, inmigrante italiano, y doña Paula Nieves, natural de La Victoria; sus estudios superiores los realizó en la Universidad de Caracas, de donde egresó en 1794 como Doctor en Cánones y Leyes, y en 1800 en Derecho Romano; durante la colonia ejerció la docencia y realizó importantes actividades públicas.

En el movimiento revolucionario del 19 de abril de 1810 tuvo destacada participación; en el cabildo reunido ese glorioso día se autonombró, junto a José Félix Sosa, diputado del pueblo; igualmente, recomendó la urgente y necesaria búsqueda del sacerdote chileno José Cortés de Madariaga (verdadero protagonista), quien, desde el balcón del ayuntamiento con su "No" rotundo, cambió la historia de Venezuela, cuando el capitán general, Vicente de Emparán y Orbe, renunció para que los criollos, después de 318 años de permanencia española, se dieran un gobierno propio, con la formación de una Junta Suprema Conservadora de los Derechos del Rey Fernando VII. Roscio redactó la histórica acta del 19 de abril; esta Junta, en uso de sus atribuciones, tomó algunas decisiones, tales como: designar cuatro secretarías o ministerios (a Roscio le asignaron Relaciones Exteriores), prohibición del comercio de negros esclavos, creación de la Academia de Matemáticas, núcleo de la futura Academia Militar; creación de la Sociedad Patriótica para el Desarrollo de la Economía y la Agricultura, el envío al exterior (a petición de Roscio) de comisiones para ofrecer amistad y lograr apoyo a la nueva Junta, y la designación, a partir del 10 de junio de 1810, de una comisión presidida por Roscio para organizar las primeras elecciones generales en Venezuela, con el objeto de designar a los diputados representantes de las siete provincias. Roscio visionariamente dijo: "El movimiento del 19 de abril será el principio para consolidar la independencia y la libertad de la América española".

Las elecciones se realizaron en los meses de octubre y noviembre en las iglesias parroquiales; Roscio elaboró el primer reglamento electoral de Venezuela, entre otros aspectos: exceptuaba a las mujeres, los hombres menores de 25 años no podían votar, a menos que estuvieran casados; no podían votar los dementes, los sordomudos, los deudores ni los esclavos. Este reglamento es la fuente del derecho electoral venezolano. El proceso se inició con una misa; durante el sufragio, las campanas de las iglesias tañían, convocando a la población al voto; finalizados los comicios, el comisionado parroquial realizaba el escrutinio en presencia del párroco y cinco vecinos respetables. El resultado se publicó en las puertas de las iglesias, el cual fue el siguiente: Caracas, 24 diputados; Barinas, 9; Cumaná, 4; Barcelona, 3; Mérida, 2, y Trujillo y Margarita con 1 diputado, para un total de 44 diputados, de los cuales 30 se instalaron solemnemente el 2 de marzo de 1811; Roscio resultó diputado por Calabozo. Ese Congreso proclamó, a las tres de la tarde del glorioso 5 de julio de 1811, de hecho y de derecho, la Independencia de Venezuela, acta redactada y firmada por este esclarecido e insigne paisano, de sabiduría asombrosa; igualmente, fue designado junto a Francisco Javier Ustáriz y Martín Tovar Ponte para redactar el proyecto de Constitución Federal, la cual fue sancionada el 21 de diciembre de 1811, siendo la primera Constitución de Hispanoamérica.

En 1812, en Valencia, ciudad asiento del gobierno, Roscio fue integrante del Poder Ejecutivo Federal. Después de la capitulación de Miranda, en 1812, fue apresado y enviado a Cádiz y luego a Ceuta, al norte de Africa; de allí logró escapar en 1814. En 1817 escribió en Filadelfia su famosa obra El triunfo de la libertad sobre el despotismo, inspirado en la Sagrada Biblia y en su vivencia en la cárcel, libro de cabecera del ilustre mexicano Benito Juárez. En el año 1818 era redactor del Correo del Orinoco, el 15 de febrero fue diputado por Caracas. El 17 de diciembre de 1819 fue designado por Bolívar Vicepresidente del Departamento de Venezuela. Ejerciendo ese cargo, murió a los 52 años en Cúcuta, el 13 de marzo de 1821; dejó para la historia su reflexión escrita el 10 de julio de 1820: "Nada me espanta, cuando no soy criminal y cuando estoy cumpliendo con las obligaciones que me impuso el juramento otorgado".

Diario El Carabobeño
Historia y Tradición

(*) General de Brigada

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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