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viernes, 25 de julio de 2014

26 de julio de 1527, fundación de Coro, raíz de Venezuela


Eumenes Fuguet Borregales (*)

Procedente de la Real Audiencia de Santo Domingo, Juan de Ampies Ávila, hijo de Juan de Ampies Martínez, conocido como el “Factor” o “Moderador”, junto al cacique Manaure de los pobladores caquetios, el 26 de julio de 1527, día de Santa Ana, fundan Coro, llamada por “Curiana”; realizada sin violencia bajo el concepto de fraternidad y hermandad.
Ampies era apreciado por cuanto en 1525, intercedió ante las autoridades de Santo Domingo, para que devolvieran a Paraguaná, varios pobladores que habían sido apresados a la fuerza y llevados encadenados al mercado de esclavos de esa isla conocida también como “La Española”; algunos de ellos heridos; entre ellos se encontraba Judibana (viento en sitio alto), hija de Manaure, convertida en la primera heroína de Venezuela. En 1528, Juan de Ampies, padre, se traslada de Santo Domingo a Coro, siendo recibido por Manaure con muestras de alegría e intercambios de regalos; relación cordial que la historia refiere como el primer pacto diplomático en el nuevo continente.
Manaure considerado “Diao” es decir cacique de caciques, con su gente y Ampies, participan el 23 de noviembre de 1528, día de San Clemente, bajo la frondosa sombra de un cují, hoy cruz de San Clemente, en la “Primera Misa en el Continente”, oficiada por el sacerdote Antonio Merino, acompañado de otros clérigos, entre ellos fray Vicente de Requejada de la orden de San Agustín; inmediatamente surgen los primeros nombres cristianos en el Nuevo Mundo.  Manaure pasó a llamarse Martín Martínez; Judibana se llamaría Juana. En Coro sucede uno de los primeros mestizajes, al casarse Cuabana o Inés, hija de Manaure y Juan Antonio hijo de Juan de Ampies. Coro es “Cuna del catolicismo venezolano”.
Los Reyes de España, para cancelar deudas, le dan en 1528, a los alemanes Enrique Ehinger y Jerónimo Sailer, una “Capitulación”, especie de contrato, que les facultaba el ejercicio del poder político, militar y administrativo por un tiempo determinado, con posesión desde Cumaná al este, hasta la Guajira por el oeste, pudiendo designar a su criterio, gobernadores y alcaldes; a tal fin, designaron, Primer Gobernador de Venezuela a Ambrosio Alfinger, ocupándose del cargo en febrero de 1829, sus primeras disposiciones fueron; demarcar la ciudad, designar el “Primer Ayuntamiento”, cuyo cabildo designó a Sancho Briceño como primer Alcalde, Juan de Ampies M, reconoce la nueva autoridad, pero Alfinger, previendo alguna reacción, lo embarca a Santo Domingo, ordenándole no regresar; Manaure por su parte sale el año 1531 con su gente sin rumbo conocido; convirtiéndose en el primer desterrado del continente. El cabildo de Coro realizó en 1533 el primer reclamo territorial; convirtiéndose Coro, en la “Cuna del movimiento autonómico municipal venezolano”.
El Papa Clemente VII, mediante la “Bula” del 21 de julio de 1531, designa a Rodrigo Bastidas, hijo del conquistador del mismo nombre, Primer Obispo de Coro, sería la Primera Diócesis de la América Meridional, cuarta en tierra firme y octava en el mundo cristiano; obispado que pasa a Caracas en 1636.En 1533 se construye lo que es hoy la Catedral, Monumento Nacional.
Coro, fue punto de partida de expediciones, que no querían estar bajo la gobernación de los Welser, donde participaron soldados corianos, callados, sufridos y leales, fundadores de otras ciudades como El Tocuyo (1545), centro de acción económica de donde saldrían grupos colonizadores al centro y occidente de la jurisdicción, tales como: Barquisimeto en 1552, Trujillo en 1557 y Caracas en 1567, por mencionar algunas. Coro es la Primera Capital de la Provincia de Venezuela hasta 1578. En la Catedral de Coro es colocada el 4 de agosto de 1806, por el siempre precursor Francisco libertad Miranda, la bandera y la proclama dirigida al pueblo.   El general realista Pablo Morillo en 1818, la denomina “Coro muy noble y leal”. El general Rafael Urdaneta libera a Coro el 11 de mayo de 1821, a tal fin conto con el apoyo de la heroína Josefa Camejo quien había tomado Pueblo Nuevo el 3 de mayo y controlado la península. En 1830 se establece en Coro el “primer cementerio judío de América”, siendo la primera ingresada la niña Yohebe, hija de Don Joseph Curiel; el cementerio tiene la particularidad de algunas tumbas infantiles con figuras de ángeles. En Coro surge a las ocho de la noche  del 20 de febrero de 1859, el grito de federación, lanzado por el comandante Tirso Salaverría, que junto al futuro mariscal Falcón y el general Ezequiel Zamora; buscaban eliminar las diferencias sociales. Coro es “Raíz de Venezuela”, relacionada con sus médanos ondulantes, la urupagua, el cardenalito coriano, el cardón, la natilla, la arepa pelada, el cují y su zona colonial, Patrimonio de la Humanidad; sus canciones son esperanzas y destellos de federación.

Historia y Tradición

miércoles, 10 de julio de 2013

Los misterios de la boda de Simón Bolívar

Autor: José Antonio Puglisi

La historia cuenta que el Libertador Simón Bolívar contrajo matrimonio con María Teresa de Rodríguez del Toro en Madrid. La ceremonia, que se consagró el 26 de mayo de 1802, se llevó a cabo en la Iglesia Parroquial de San José. En la actualidad, sólo una placa recuerda el lugar donde se realizó el enlace nupcial que marcó la vida del prócer venezolano, pero hay misterios que no aparecen en los libros. El corresponsal en Madrid de Informe21, José A. Puglisi, ha indagado a profundidad qué historia se oculta tras este monumento.
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El matrimonio de Simón Bolívar cambió su vida por completo. Con apenas 17 años, el Libertador se enamoró de una joven tres años mayor que él, la recordada María Teresa de Rodríguez del Toro. Tras dos años de noviazgo, la pareja contrajo matrimonio en 1802 en Madrid y, sólo 20 días después, viajan a La Coruña. A mediados de año, parten a Venezuela, donde María Teresa contrae fiebre amarrilla y fallece en enero de 1803. Sin cumplir siquiera el primer aniversario. La trágica historia de amor cambió la vida de Bolívar, quien nunca volvió a contraer matrimonio. Sin embargo, ¿qué misterios hay detrás de la boda del Libertador?
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El primero es que la boda de Bolívar no se celebró en la Iglesia de San José que está ubicada en la calle Alcalá de Madrid. Si bien el templo tiene una placa conmemorativa que afirma haber sido el espacio donde se realizó el enlace nupcial, en realidad nunca fue así. “Son muchos los venezolanos que acuden a esta iglesia y posan al lado de la placa. Se toman fotos y les genera gran ilusión encontrar el lugar donde se casó Bolívar, pero lamentablemente este es un error histórico”, precisa un sacerdote de la comunidad.
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Según los registros oficiales, el matrimonio del Libertador se llevo a cabo en la antigua Iglesia Parroquial de San José, donde antes se levantaba el Teatrillo del Palacio del Duque de Frías. Sin embargo, esta locación ha sido modificada a través de los años y la evolución de la ciudad hasta convertirse en la actual calle Gravina, con esquina Luis de Góngora. Una vía donde no quedan pistas de la Iglesia y donde se levanta un antiguo edificio. Pero este inmueble tiene una particularidad que suele pasar por desapercibida en la mayoría de los ciudadanos: una pequeña placa entre dos ventanas que recuerda que sobre ese lugar se levantaba el templo que unió a Simón Bolívar y María Teresa de Rodríguez del Toro en 1802.
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¿Por qué si ya se ha revelado el lugar exacto donde se casó Bolívar sigue existiendo un monumento históricamente incorrecto? La solución es sencilla: por la insistencia de las autoridades diplomáticas de Venezuela. Según fuentes solventes en el caso, la Parroquia de San José es transferida en 1838 a la actual Iglesia de calle Alcalá, donde también se llevaron inicialmente los documentos (donde está incluida el acta de matrimonio de Simón Bolívar), pero nunca se realizó una mención al enlace nupcial en las instalaciones de la Iglesia. No, al menos, en los primeros 100 años desde el cambio.
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Para 1940, representantes de la embajada de Venezuela cometen el error histórico de regalar una placa conmemorativa del matrimonio de Simón Bolívar. A pesar de que la Iglesia advirtió sobre el error histórico, la insistencia oficial llevó a la instalación del monumento. Ubicado en una de las paredes traseras del templo, la placa permaneció en su lugar durante unos cinco años, hasta que se decidió retirarla.
Muy pocos conocen qué sucedió con esa primera placa entregada por la embajada de Venezuela, pero hay un sacerdote de la parroquia que lo recuerda con total claridad. “Cuando la separamos de la pared, no sabíamos qué hacer con ella. Era un gran trozo de mármol que no quisieron de vuelta y que no tenía ningún sentido seguir exponiendo. Un vendedor cercano de flores necesitaba una mesa para su trabajo y decidimos regalársela como un gesto de ayuda. El hombre estaba encantado, le dio vuelta y utilizaba el lado liso para preparar los ramos que luego vendería”, asegura.
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Durante más de diez años nadie pareció extrañar la placa de la Iglesia de San José, hasta que una nueva representación de la embajada venezolana tomó cartas en el asunto en 1960. “Un día, un diplomático nos preguntó por la placa conmemorativa que se había quitado. Se le explicó el error histórico, que existía el monumento en la calle Gravina y que no poseíamos la placa original”, asegura un sacerdote de la parroquia. Se trataba del Embajador venezolano Santiago Ochoa y Briceño, quien tenía una afición a las representaciones nacionales en España, ya que ese mismo año viajó hasta Canarias para inaugurar la Casa Venezuela, entre otras acciones.
A pesar de esto, los representantes oficialistas se enfrascarían en el deseo de reponer la placa. “El Embajador nos comentó que años atrás había venido a Madrid a estudiar y había dado con esa conmemoración, por lo que le hacía ilusión volverla a ver en la iglesia. Así que, a pesar de que no estábamos de acuerdo y tras grandes presiones con altas instancias de la Iglesia, cedimos a colocarla de nuevo”, lamenta el religioso, quien asegura que la petición oficial llegó hasta el propio Arzobispo emérito de Madrid, Vicente Enrique y Tarancón. Quien es recordado y querido en España por su papel conciliador durante la transición española como líder de la Conferencia Episcopal.
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Para evitar continuar con la polémica, la Iglesia de San José aceptó colocar la placa en 1960 con la condición de que se hiciera la aclaratoria de que la boda del Libertador se había celebrado en la Parroquia de San José y no en dicha Iglesia. A pesar de que se realizó esta mención, la mayoría de los visitantes siguen pensando que este es el lugar exacto del enlace nupcial.
Han pasado 211 años desde que Simón Bolívar y María Teresa de Rodríguez del Toro aceptaron casarse frente a la iglesia. A pesar de que su amor marchitó demasiado pronto por la crueldad del destino, su historia ha sido inmortal en los libros de historia y en las calles del centro de Madrid, donde miles de visitantes acuden cada año para conocer dónde el Libertador cambió el ritmo de su corazón. A fin de cuenta es una historia digna de ser recordada, ya que es histórica y cuenta con su propio estilo shakesperiano.
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miércoles, 24 de abril de 2013

LA PRIMERA OPERACIÓN EN EL NUEVO MUNDO


Dr. Roger Escalona*

Dra. Rebeca Dominguez**


El mayor hecho humano mundial llevado a cabo, históricamente, fue el conocido como el Descubrimiento de América, tal vez solo comparable con el viaje lunar realizad a mediados del siglo XX (1) De este primer evento solo conocemos determinadas situaciones que ventila la historia, sobre todo la oficial, que es la que los gobiernos de turno nos transmiten a su conveniencia. Es poco lo que se sabe sobre la cotidianidad de aquellos grupos que, con el objetivo de mejorar su forma de vida, se desarraigaron de su lar nativo para incursionar en áreas desconocidas. Dentro de esos aspectos, los de salud han sido poco considerados, a excepción de las planteadas por las sociedades de historia de la Medicina en el mundo. Se sabe que en los viajes de Colon estaba un médico de nombre Bernal, pero en cuanto a cirujanos, se cree que el primero arribó con Alonso de Ojeda(2).
Es de esperar que en todas las expediciones que se suscitaron en los nuevos territorios incluyeran, al menos, alguien con conocimientos rudimentarios que lograran resolver las situaciones de salud de los expedicionarios. Si bien es cierto que médicos y cirujanos se consideraban por separado, la necesidad, en ocasiones, obligaba a reunir los dos ámbitos, a lo que se sumaba los enfoques indígenas, con basamentos mágicos religiosos (1).
 No es que no se practicaran cirugías en la etapa prehispánica o precolombina, como se considera el segmento histórico hasta el descubrimiento. Nuestros habitantes primigenios practicaban una serie de procedimientos que se desenvolvían en el ámbito de lo mágico, pero que se podía considerar como actos quirúrgicos, como eran los masajes, soplos, succiones, botones de fuego sobre las lesiones que sufrían; actos llevados a cabo por el Piache. Distintas tribus realizaban distintos procedimientos, los sàlivas practicaban circuncisiones en ambos sexos; los guamos practicaban las sangrías en los niños para tratar sus enfermedades; se hacían perforaciones en la lengua para la cefaleas, heridas en la frente para tratar zonas dolorosas, drenajes de abscesos, tratamientos de los forúnculos con hojas de ají pajarito empapadas en sebo derretido, emponzoñamiento ofídico y arácnidos, y hasta amputaciones y reducciones de fracturas (3). Desde el punto de vista del registro histórico, Potenziani menciona los realizados por Colon al conseguir aborígenes circuncidados(4).
Tomando en cuenta este hecho, se podría decir que el título de este artículo sería, a todas luces, inadecuado, por lo que el enfoque debería orientarse hacia la primera operación registrada en el Nuevo Mundo, hecho que se dio en 1542, es decir, a cincuenta años de la llegada de los españoles, que bien visto, sería improbable que no hubiese alguien, en las huestes españoles, que realizará algún tipo de cirugía a los heridos en los enfrentamientos con los indígenas, desde el momento del arribo de los conquistadores. Este evento se llevó a cabo en el territorio de la Provincia de Venezuela, cedida a los Welser, casa comercial de Augsburgo, como concesión por el Emperador Carlos I de Alemania y V de España, contrato firmado el 27 de marzo de 1528, fecha registrada como la del nacimiento de la provincia, la cual abarcaba desde el Cabo de la Vela y el rio Yaro o de el hacha – hoy en la Guajira colombiana – hasta Maracapana, en el actual oriente venezolano, sin especificar los hitos geográficos hacia el interior de tierra firme(2,5). Ninguno de los términos del tratado fueron cumplidos por los Welser, puesto que todos sus representantes se dedicaron a la búsqueda de El Dorado, siendo Felipe de Hutten, el último Capitán General y Gobernador de los alemanes, quien había llegado a Santa Ana de Coro el 06 de febrero de 1535, acompañando a Jorge Spira (6,7). Fue el que recorrió mayor extensión y cuya expedición fue la más prolongada, 5.000 kms en 5 años (5).
Es en el marco de esta empresa que se efectúa el hecho a tratar, cuando Hutten y sus hombres llegan a los que describen como El Dorado, en el llamado Reino de los Omaguas u omeguas, lugar situado por los distintos autores en la zona del Caquetá y el Caguán.(7-9. ) Al hacer los cálculos con el astrolabio, regístrose como ubicado en el ecuador, a decir de Oviedo y Baños. Esta ubicación se considera que es parte de la provincia de Venezuela por la imprecisión de los límites tierra adentro, como ya se mencionó. En su cabalgadura, y al intentar tomar algunos indígenas como prisioneros para interrogarlos, uno de ellos lo hiere con una lanza en la región axilar derecha, siendo recogido por dos de sus hombres y trasladado a un caserío cercano en una hamaca, lo que tomó un día de camino (7,9) Al llegar es atendido por un soldado madrileño que – a decir de Oviedo y Baños - no tenía conocimientos sobre cirugía (9). Su nombre, Diego Montes de Oca, conocido como El Venerable, de gran consideración y de quien Herrera Luque lo cataloga como el más grande cirujano de la zona, lo que hace pensar que habría varios(6,9). Luego de restañar la herida con agua hirviendo, hace vestir a un indio esclavo con la saya de Hutten y, colocándolo en la cabalgadura del Capitán General, recrea la herida y procede a explorar las lesiones en el indio para comprender las lesiones y actuar en consecuencia (8,9). La víctima falleció, no así Hutten, quien se recuperó y continuo su expedición hasta regresar y enfrentar su sino con Juan de Carvajal, quien lo ejecuta.(3)
Como se ve, no solo se trataría de la primera operación registrada en la historia americana, también sería el inicio americano de la cirugía torácica y podríamos elucubrar sobre considerar este hecho histórico como los inicios de la Cirugía Experimental americana, puesto que El Venerable utilizó un modelo para la comprensión del trauma sufrido por Hutten que, para ellos, era animal.
Una vez más, podemos evidenciar como la historia y la medicina coincide en un mismo momento.

*Dr. Roger Escalona
Jefe del Departamento y Director del curso de postgrado en Cirugía General del Hospital General del Oeste “Dr. José Gregorio Hernández”, Caracas, e Individuo de Número de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina en el sillón XVI

 **Dra. Rebeca Dominguez
Residente del postgrado de Cirugía General. HGO



Referencias
1) Escalona, R: La atención hospitalaria en la Caracas colonial. Rev Ven Cir
61(3) 2008  139-143.
2) Donis, M.A: Formación territorial del occidente venezolano Boletín de la
Academia Nacional de la Historia 2011 376(94) 9-110
3) Escalona R: Cirugía en la época de la Independencia. Conferencia dictada n el Hospital Domingo Luciano, 2010
4) Potenziani, J Historia de la circuncisión y su trascendencia en las diferentes culturas En Temas actuales en Urología 2006 Moore de Venezuela 299-285
5) Morón, G: Ciudades venezolanas fundadas para 1627 En: Historia de
Venezuela sexta edición Italgràfica 1974 103-106
6) Herrera L, F: Los vecinos de Coro En: La luna de Fausto Capítulo III
 Pomaire 1983 Caracas 126-145
7) Morón G: Los Belzares en Venezuela En: Historia de Venezuela 1974
sexta edición Italgràfica 1974 10-78
8) Herrera L, F: Los polvos de Oro En: La luna de Fausto Capítulo VI  Pomaire 1983 Caracas 268-279
9) Oviedo y Baños, J: Entra Felipe de Utre en Macatoa y con el favor de su
cacique descubre los omeguas. Queda herido en el primer encuentro y con
un modo extraño lo cura Diego de Montes. Historia de la conquista y
población de la provincia de Venezuela Libro tercero Capítulo I Biblioteca
Ayacucho Caracas 1992 pag 93 – 98


martes, 5 de marzo de 2013

Sociedad Patriótica, primer partido político de Venezuela


Eumenes Fuguet Borregales (*)
Antes de entrar en detalles, es importante aclarar que la organización que motivó la declaración de independencia el 5 de julio de 1811, fue la Sociedad Patriótica fundada por Miranda y no la Sociedad Patriótica de Agricultura y Economía activada el 14 de agosto de 1810 por el gobierno surgido el 19 de abril de 1810 con la denominación de Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII, esta sociedad que no llegó a funcionar, estuvo presidida por el profesor  español Juan Bautista Picornell, quien junto a Sebastián Andrés, José Lax y Manuel Cortés Campomanes, participantes de la conspiración de San Blas - Madrid en 1795, remitidos a los calabozos de La Guaira a cumplir pena perpetua; inspiraron el movimiento de Gual y España debelado en julio de 1797. Nuestro siempre precursor Francisco “libertad” Miranda, en su residencia londinense había fundado en 1798 una organización denominada “Gran Reunión Americana”. Al ser visitado en agosto de 1810 por el coronel Simón Bolívar acompañado de Andrés Bello y el Dr. Luís López Méndez, sobrino político del “más universal de los venezolanos, le vino la idea de fundar en Caracas con jóvenes de avanzada un club o centro político similar al de Londres; esto explica que el francés  Pedro Antonio Leleaux, enviado por Miranda haya venido a Venezuela días antes, para adelantar los detalles de la creación de la Sociedad Patriótica. Miranda desembarcó  en La Guaira el 10 de diciembre de 1810; entre finales de diciembre y enero de 1811 se fue fraguando la organización que llegó a tener más de doscientos afiliados en Caracas, inclusive mujeres, además se activó en: Barcelona, Barinas, Valencia y Puerto Cabello. Para las reuniones se llevaba un diario de debates. Editaron el periódico “El Patriota de Venezuela” redactado por Vicente Salias y Antonio Muñoz Tébar, publicado en siete oportunidades. La Sociedad Patriótica se estableció en la esquina de Sociedad, llamada así por una antigua Sociedad de Fomento creada por órdenes de Carlos III. Tuvo varios presidentes entre ellos: Miranda, Antonio Muñoz Tébar y Francisco Espejo; entre sus miembros mencionamos a: Antonio Muñoz Tébar, Vicente Salias, Francisco Espejo, Pedro Pellín, Casiano de Medranda, Miguel Peña, Lorenzo Buroz, Francisco Antonio Paúl (Coto Paúl), Pedro Pablo Díaz, José Antonio Pelgrón, Pedro Salias, Rafael Castillo, Carlos Núñez, José María Núñez, Carlos Soublette y  Ramón García Cádiz entre otros. Las sesiones se llevaban a cabo a partir de las 6 de la tarde, a veces se extendían hasta la madrugada. El 19 de abril de 1811, al celebrarse el primer aniversario del movimiento los miembros, conmemoraron la fecha levantando un "Árbol de la Libertad", exponiendo en la fachada de su sede, retratos de Manuel Gual y José María España, identificándose con sus ideas emancipadoras. Llegó a tener tanta reputación que se pensaba que habían dos congresos: el instalado el 2 de marzo de 1811 y la Sociedad Patriótica. Cuando aún no se habían iniciado en el Congreso Constituyente de 1811 los debates relativos a la declaración de la Independencia de Venezuela, ya el tema había sido ampliamente discutido en la Sociedad Patriótica, Un hecho trascendental  ocurrido en el seno de la Sociedad, fue el encendido discurso político del Simón Bolívar  la noche del 3 de julio, cuando  rechazaba la tesis de los dos congresos y reafirmaba el respeto de la Sociedad patriótica hacia el Poder Legislativo, (extractos): "No es que hay dos Congresos. ¿Cómo fomentarán el cisma los que conocen más la necesidad de la unión? Lo que queremos es que esa unión sea efectiva y para animarnos a la gloriosa empresa de nuestra libertad; unirnos para reposar, para dormir en los brazos de la apatía, ayer fue una mengua, hoy es una traición. Se discute en el Congreso Nacional lo que debiera estar decidido! Trescientos años de calma ¿no basta?  La Junta Patriótica respeta, como debe, al Congreso de la nación, pero el Congreso debe oír a la Junta Patriótica, centro de luces y de todos los intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos”.  El 25 de agosto de 1811 es fundada en Valencia una Sociedad Patriótica, Casiano de Medranda, pronunció el discurso de instalación. Sus primeros presidente y vicepresidente, fueron los presbíteros Francisco j. Narvarte y José Félix Blanco. En Puerto Cabello el 26 de septiembre de 1811, su presidente fue el coronel Manuel Ruiz. En Barcelona se activó el 10 de octubre, el discurso lo ofreció Francisco Espejo; los sacerdotes Manuel Antonio Pérez y Ramón Godoy, desempeñaron la presidencia y la vicepresidencia. La última fue la de Barinas; la Sociedad cesó sus actividades luego de la capitulación de Miranda a finales de julio de 1812.
*General de Bgda
                                                                                   churuguarero77@gmail.com
@eumenesfuguet

 Nota:El capitán Pedro Pellín intentó salvar los archivos de la organización, llevándolos a una hacienda de Cacao que poseía Francisco Espejo en Barlovento; desconociéndose en el presente el paradero de dichos documentos

 Historia y Tradición


miércoles, 28 de septiembre de 2011


EL NOMBRE DE VENEZUELA  Y LA VENEZOLANIDAD

Profesor Carlos Alarico Gómez

Carlos Alarico Gómez (Historiador y periodista. Efectuó sus estudios en Venezuela, Italia y Estados Unidos. Su doctorado lo obtuvo en la UCAB de Caracas (2004). Ha publicado más de veinte títulos sobre temas históricos. En la actualidad se desempeña como profesor de las cátedras “Venezuela Contemporánea” e “Historia de la Cultura” en la Universidad Alejandro de Humboldt.).


 Se ha repetido mucho que el nombre de nuestro país se debe al parecido que Alonso de Ojeda, Juan de La Cosa y Américo Vespucio le encontraron a los palafitos de Sinamaica con las viviendas de la ciudad de Venecia, aunque la sola idea es absurda de por sí. La única similitud entre ambos poblados es que algunas casas venecianas están construidas sobre el agua, aun cuando sus arquitecturas son absolutamente disímiles. La verdad hay que encontrarla en la Suma de Geographía, original de Martín Fernández de Enciso, que fue el primer libro impreso en el que se habla del Nuevo Mundo y que recibió el privilegio del Rey Carlos I el 5 de septiembre de 1518, siendo editado en Sevilla un año después. Fernández de Enciso conoció a Juan de La Cosa y Alonso de Ojeda en 1502 y viajó con ellos hasta 1510, recorriendo el Lago de Maracaibo de punta a punta. En su obra refiere que "...cerca de la tierra está una peña grande que es llana encima della. Y encima della está un lugar o casas de indios que se llama Veneci-uela… en Veneciuela es la gente bien dispuesta y hay más gentiles que no en otras partes de las de aquella tierra"[1].

             Lo que encontraron los primeros visitantes españoles del Lago de Maracaibo fue dibujado por Juan de la Cosa en el mapa que elaboró en Sinamaica en 1499 y completado en España en 1500. En él se aprecia una referencia del autor que dice: “Juan de la Cosa la fizo en el puerto de Santa María en el año de 1500”[2]. La autenticidad del mapa fue establecida en 1987 por el “Gabinete de Documentación Técnica del Museo del Prado” y en la actualidad se puede admirar en el Museo Naval de Madrid. Es por tanto el documento más antiguo del Nuevo Mundo y en él se menciona el nombre de un caserío llamado Veneciuela, que es el más probable antecedente del nombre de nuestro país.

Juan de la Cosa[] nació en 1450 (c.) en Cantabria y murió cerca de la actual Cartagena en 1510, en un enfrentamiento contra los indios guajiros. Tuvo un papel destacado como financista y maestre de la nao Santa María, que condujo a Colón y sus hombres al Nuevo Mundo en 1492. Un año después participó en el segundo viaje y en 1499 se asoció con Alonso de Ojeda para efectuar una expedición hacia las tierras descubiertas, a la que se unió Américo Vespucio. Llegaron al territorio de Sinamaica el 24 de agosto de 1499, causando una lógica intranquilidad en los paraujanos, pues los recién llegados eran gente extraña, de piel blanca y ojos claros, que hablaban en un lenguaje incomprensible[3].

Ojeda era un experimentado navegante y hombre de empresa, que probó su valor, don de gentes y generosidad en el tiempo en que le tocó actuar en el territorio del nuevo Mundo. Él y sus hombres se integraron rápidamente a las costumbres de los paraujanos y mostraron admiración por sus elementos culturales, especialmente por sus acogedores palafitos y la contagiosa música que interpretaban con sus flautas y maracas, mientras bailaban una danza a la que llamaban “areito”, vestidos con guayucos y adornados con plumas multicolores que colocaban en sus lacias cabelleras.

             Vespucio era nativo de Florencia, Italia, pero se encontraba en España atraído por la hazaña de Colón, deseoso de incorporarse al descubrimiento. Al llegar al nuevo territorio comenzó a averiguar el nombre de los lugares por donde pasaban y así fue determinando la toponimia, la cual fue adaptada a la fonética castellana por Juan de La Cosa: Maare-kaye, Coqui-vacoa, Veneci-uela. El primero le dio el nombre al lago y a la ciudad de Maracaibo, el segundo sigue conservándose en Colombia y el tercero es el nombre que se le daría al país, el cual se derivó del que tenía un pequeño caserío ubicado en una isla frente al lago (posiblemente la isla de Toa).

             El nombre Veneci-uela aparece impreso por primera vez en el Mapamundi de Juan de La Cosa (1500) y fue escrito de acuerdo a su fonética. A este aspecto se refirió el padre Giovanni Bottero (1598) en su obra Relaciones Universales del Mundo y en 1629 el padre Antonio Vázquez de Espinosa publicó su libro Compendio y Descripción de las Indias Occidentales, en la cual coincide en señalar que la palabra tiene un origen añú. El vocablo Venezziola resulta extraño en lengua italiana. Una expresión más común sería la de Piccola Venezia cuya traducción es “pequeña Venecia” y nunca Venezuela. Por lo tanto, toda la documentación conduce a la conclusión de que el nombre de nuestro país se origina en la lengua de los paraujanos (familia arawac) y quiere decir agua-grande.

             Sobre este aspecto es necesario destacar que la costumbre de los conquistadores era usar los nombres que los locales le daban a los lugares que habitaban, a los que adaptaban fonéticamente de acuerdo a las normas del idioma castellano. Ejemplo de ello se puede constatar en los nombres que le dieron a Barquisimeto (Variciquimeto), Caracas (Caraca), Mar Caribe (Caribe), Teques (Teque), La Guaira (Uaira), Maracay, Mucuchíes, Capacho, Lobatera y tantos otros. Sólo usaban nombre hispánicos cuando fundaban un poblado (Mérida, San Cristóbal, Angostura).

La integración cultural

            Lo más importante de este suceso es sin duda la integración cultural, que se inició en el territorio de lo que hoy es Venezuela desde el momento en que Colón llegó a Macuro el 3 de agosto de 1498, de lo que dejó constancia en la carta-informe que le envió a la reina Isabel, en la que le decía que encontró “las tierras más fermosas del mundo...Llegué allí una mañana, antes del mediodía, y por ver este verdor y esta fermosura acordé fondear y ver los pobladores, de los cuales algunos vinieron en canoa a rogarme, de parte de su rey, que descendiera a tierra...”[4].  El Almirante encontró todo placentero, le agradó la gente y le gustó tanto el paisaje que llegó a pensar que se encontraba en el paraíso: ...Al lago que hallé, tan grande que más se le puede llamar mar que lago, porque lago es lugar de agua y en siendo grande se le llama mar, por lo que se llama de esta manera el de Galilea y el Mar Muerto. Y digo que si esto no procede del Paraíso Terrenal, viene y procede de tierra infinita...más yo muy asentado tengo en mi ánima que allí en donde dije tierra de gracia se halla el Paraíso Terrenal...”[5].

El proceso de transculturación que se vivió en este territorio dio origen a nuestro mestizaje, al que se refiere ampliamente Bolívar en su Carta de Jamaica (1815)[6]. La tradición mestiza de la región zuliana es sin duda las más antigua que existe en el país, en la que se observan elementos arawacos, ibéricos y africanos. La música con que bailaban el “areito” se convirtió en gaita, mientras que en la región de Bobures surgió un estilo musical para animar el “Baile de San Benito”. En el Zulia están los orígenes más profundos de nuestro mestizaje. Es el corazón mismo de la venezolanidad.   

            Muy cerca está Paraguaná, península de gran hermosura, visitada por Alonso de Ojeda en agosto de 1499, donde se encontró con los amistosos caquetíos, que se ocupaban de comerciar con las vecinas islas del Caribe. Ojeda se quedó tan prendado de esa tierra, así como de sus costumbres, que allí conoció a la india Guariyá, de la que se enamoró y con la que más tarde se casó, una vez que ella aceptó recibir el bautismo y cambiar su nombre por el de Isabel. De esa unión nacieron tres hijos, que Ojeda llevó a España junto con su esposa para darlos a conocer a sus familiares y a la Corte. Fue sin duda un gran amor. Se quisieron tanto que Isabel no quiso vivir más cuando se produjo el fallecimiento de Ojeda en Santo Domingo y, sin  que sus hijos lo supieran, se fue a la Catedral y se acostó sobre la loza de su tumba, donde fue hallada muerta. Allí reposan los restos de esos dos grandes amantes, que dieron inicio a la integración étnica que hoy predomina en nuestro país[7].

Poco tiempo después de la muerte de Alonso de Ojeda y de su amada Isabel, el rey Carlos I emitió una real cédula el 27 de marzo de 1528, mediante la cual declaraba constituida la Provincia de Venezuela en el territorio que se encuentra entre "...el Cabo de La Vela o del fin de los límites y términos de la dicha Gobernación de Santa Marta hasta Maracapana, leste oeste norte y sur de la una mar a  la otra, con todas las islas que están la dicha costa, ecebtadas las que están encomendadas y tiene a su cargo el factor Juan de Ampíes". Es decir, dio el nombre de Venezuela a la nueva provincia española, inspirado por Fernández de Enciso, quien le explicó en 1518 la existencia del caserío Veneci-uela, cuyo nombre aparece en el mapa de Juan de La Cosa. Coro, la tierra del cacique Manaure,  sirvió de capital a la Provincia de Venezuela, dando origen a la venezolanidad.

Conclusiones

            Giovanni Bottero viajó por el lago de Maracaibo y la costa caribeña en la segunda década del siglo XVI. Su experiencia le permitió escribir su libro Relaciones Universales del Mundo (1629) donde dice que “En el golfo de Venezuela hay una población de indios con ese nombre edificada en un peñasco essempto y relevado que se muestra sobre las aguas"[8]. Fernández de Enciso había escrito un siglo antes que"...cerca de la tierra está una peña grande que es llana encima della. Y encima della está en un lugar o casas de indios que se llama Veneci-uela"[9]. En ambos casos los cronistas dicen que existe un poblado indígena llamado Veneçiuela.

              Finalmente, en un enunciado muy valioso, que reafirma la autoctonía del vocablo, Antonio Vázquez de Espinosa, sacerdote español que viajó por casi todo el continente en el último tercio del “Cinquecento”, escribió en su Compendio y descripción de las Indias Occidentales, fechado en 1575, que: "Venezuela en la lengua natural de aquella tierra quiere decir agua grande, por la gran laguna de Maracaibo que tiene en su distrito, como quien dice, la Provincia de la grande laguna..."[10].

Fernández de Enciso tuvo la oportunidad de visitar el Zulia (nombre de la planta palometa en idioma Chibcha) en 1502 y de trabajar al lado de Ojeda, que fue su socio. Juan de la Cosa le mostró su mapa y le explicó los detalles del viaje de 1499 cuando asistió al descubrimiento del Lago de Maracaibo acompañando a Ojeda y Vespucio. Con esos datos -y el conocimiento que obtuvo durante los años que vivió en el Caribe-  pudo escribir su libro Suma Geographica, publicado en 1519 con autorización escrita del rey Carlos I en la que dice: “El cual dicho libro fué traído al mi Consejo y visto y examinado por ellos, y porque parece ser útil y provechoso túvelo por bien; y por la presente vos doy licencia y facultad para que vos, o quien vuestro poder hobiere, podáis imprimir el dicho libro y esfera y lo vender [11].

La lectura del libro de Fernández de Enciso debe haber influido en la Real Cédula que decretó la creación de la Provincia de Venezuela en 1528. Adicionalmente, el autor era el único que estaba vivo y cerca del rey en ese trascendental momento. Los otros protagonistas habían culminado sus días: de la Cosa en 1510 cerca de la costa de Cartagena, asesinado por los indios guajiros (yucpas); Vespucio murió en Sevilla en 1512 y Ojeda en Santo Domingo en 1515. Fue seguramente él quien influyó en el nombre que el monarca le dio a la nueva provincia: Venezuela.

Esta versión es históricamente demostrable, además de consistente con la política que al respecto seguían los conquistadores para bautizar los lugares descubiertos o fundados. Lo de pequeña Venecia, en cambio, es una tesis peregrina, surgida de comentarios intrascendentes que Vespucio le escribió a su protector Lorenzo de Medicis, en una carta fechada en Sevilla el 18 de julio de 1500. Por lo tanto, se debe concluir que el topónimo Venezuela es autóctono y sobre eso no debería haber ninguna duda.
diplarca43@gmail.com

Autorizada su publicación en el blog por el autor: Profesor Carlos Alarico Gómez

[1] Fernández de Enciso, Suma de Geographia (1519). Madrid: Museo Naval, p. 221
[2], Ibidem. p. 65
[3] Descubrimiento del Lago de Maracaibo (1949),  por Hno. Nectario María. Caracas: Tip. Vargas, p. 3
[4] Colón, Cristóbal (1498). Carta a la reina Isabel I. Academia de la Historia, Madrid. Consultada por el autor en 2008.
[5] Ibidem.
[6] Bolívar, Simón (1815). Obras Completas. México, Edit. Cumbre (1976). Tomo III, p. 184-188.
[7] Hno. Nectario María, op. cit., p. 32
[8] Bottero, Giovanni. Relazioni Universali (1629).
[9] Vázquez de Espinosa, Antonio (1629). Compendio y descripción de las Indias Occidentales.
 Washington (1948): Smithsonian Institute, p.93
[10] Fernández de Enciso, op. cit., p. 221
[11] Ibidem, p. 65

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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