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jueves, 29 de enero de 2015

BATALLA DE LAS MUCURITAS

       Dr. Rafael Arteaga Romero (*,**)



                           
                                                                                              

Tal día como hoy, un 28 de Enero del año 1817 en Las Mucuritas, lugar situado en el actual estado Apure, el ejército patriota se cubrió una vez más de gloria, en esta oportunidad bajo el mando del General José Antonio Páez, venciendo a dos grandes estrategas españoles: los Generales Sebastián de la Calzada y Miguel de la Torre, éste último con tres mil infantes y mil setecientos jinetes mandados por su jefe de caballería, el coronel Remigio Ramos, famoso desde los tiempos de Boves.
Para Páez era cuestión de vida o muerte ganar a los realistas para obligarlos a limitar su radio de acción al sur del territorio apureño, o sea, a San Fernando de Achaguas y San Juan de Payara. Para ello formó sus batallones en 3 líneas, lideradas por los comandantes Ramón Nonato Pérez y Antonio Rangel, la primera de ellas ,Rafael Rosales y Doroteo Hurtado la segunda; Cruz Carrillo al frente de la tercera, mantenida ésta como reserva, en total 1.100 hombres.-
Gran conocedor del llano y su clima como lo era Páez, tomó la decisión de atacar por donde el viento no produjera que el polvo y el humo de la pólvora, obstaculizase su avance
Observando que el español La Torre, envió adelante un pelotón de Húsares con funciones de reconocimiento, el caudillo llanero escogió a ocho soldados de probado valor personal para atacar a aquellos; relata la tradición oral la exclamación del jefe patriota:… “si no vuelven a filas  con las lanzas teñidas en sangre enemiga  correrán con la pena de muerte”
La Torre contra ataca y la primera línea de combate patriota carga vigorosamente contra él; la segunda línea hace lo mismo en contra de la caballería enemiga. Ante la manifiesta superioridad numérica española Páez toma la que fue su gran decisión: conocedor como dije antes del ir y venir del viento de la sabana, envió 50 hombres a prender fuego al pajonal seco de la misma. En minutos las llamas  rodean al ejército español, muriendo así muchos soldados víctimas del incendio. Los demás  en completa derrota optan por la retirada  a través del único sitio disponible, una laguneta y un quebrado riachuelo.
Con respecto a la batalla de Las Mucuritas o Mucuritas solo, como también se le conoce, el Mariscal de Campo y supremo Jefe ibérico Pablo Morillo, escribió así al Rey de España: “Catorce cargas consecutivas sobre mis cansados batallones me hicieron ver que aquellos hombres no eran una gavilla de cobardes poco numerosa, como me habían informado, sino tropas organizadas que podían competir con las mejores de Su Majestad el Rey”
Este gran triunfo de J.A.Páez y su valiente tropa dio gran fuerza moral a la causa independentista pues fue la primera derrota que sufrió el ejército de Morillo, luego de su llegada al país.
                        
 *.-Miembro correspondiente Soc.Ven.Historia de la Medicina.
**.-Tataranieto del Procer

sábado, 18 de febrero de 2012

REFRANES LLANEROS EN LA OBRA DE ANTONIO JOSÉ TORREALBA DIARIO DE UN LLANERO*

Prof Oldman Botello**
Introducción

Se trata en este trabajo de estudiar y presentar una serie de refranes escritos por don Antonio José Torrealba, el cunavichero que fue personaje fundamental en la atención a don Rómulo Gallegos durante los días que permaneció en la semana santa del año 1927, en el hato La Candelaria, en Apure, oportunidad en la cual el escritor caraqueño tomó información para la redacción de sus libros claves, Doña Bárbara y Cantaclaro, las obras de su bibliografía dedicadas al llano venezolano. Los refranes han sido tomados del examen del volumen quinto de los seis que conforman el Diario de un llanero, obra de Torrealba, con edición y estudio del profesor apureño Edgar Colmenares del Valle y que por suscripción entre un grupo de 401 personas de diversos lugares del país, empeñosos en la divulgación del trabajo inédito de Torrealba, se publicó con los auspicios de la Universidad Central de Venezuela y la Gobernación del estado Apure en 1987. Hemos extraído de ese volumen 28 refranes llaneros del total de dichos y expresiones, obviando algunos clásicos o muy trajinados. Esta muestra de refranes exclusivamente llaneros es la que nos pareció más oportuna, curiosa y atractiva dentro del universo de 473 páginas que contiene dicho quinto volumen.

La personalidad de Antonio José Torrealba

Antonio José Torrealba Osto nació en Cunaviche, municipio Pedro Camejo del estado Apure, el 3 de septiembre de 1883, hijo de don Antonio José Torrealba y Josefa Vinicia Osto, india otomaca que murió muy joven dejando dos hijos, Evaristo y Antonio José de seis meses de edad. (Colmenares, 1987: xxiv) Murió a los 66 años, en la misma población bajoapureña, el 14 de julio de 1949, de diabetes, después de haber estado tres días en el monte comiendo miel de aricas. Su vida fue la de un llanero cabal. Desde pequeño participó en las rudas faenas del campo. Adulto fue dueño del fundo Santa Rita de Hurtaleño que según es fama le fue despojado en 1922 por interpuesta persona, por el ex-presidente de Apure, general Vincencio Pérez Soto. En el tiempo que le permitía el trabajo de llano, Antonio José Torrealba adquirió libros de diversa índole, los leyó, asimiló el contenido y se fue formando a trancas y barrancas, atesorando un bagaje cultural que le permitiría escribir en unos libretones sus narraciones a las que llamó Diario de un llanero, textos que sus familiares entregaron para su estudio al maestro Ángel Rosenblat en 1949, seis meses después del fallecimiento de Torrealba, permaneciendo inéditos en el Instituto de Filología “Andrés Bello” hasta 1987, gracias al esfuerzo del profesor Edgar Colmenares del Valle, apureño, profesor de la UCV y hoy académico de la lengua. También fue publicado Azabache, una narración dedicada a su caballo de igual nombre.

El Diario de un llanero

Es un libro en seis volúmenes integrados a partir de los llamados libretones que dejó escritos Torrealba y que obraban en poder de su familia en Apure hasta cuando se los llevó a Caracas el profesor Rosenblat. En una tarea paciente, Edgar Colmenares del Valle los tomó, leyó, reconstruyó lo que había que reconstruir incluyendo un material que no estaba en estos libretones y que obtuvo aparte; acomodó el idioma donde pareció que debía hacerlo y estudió en profundidad lo que allí se decía, de la vida real o de la ficción. Como él mismo lo afirma:

[...] es expresión de una configuración narrativa episódica contaminada, en cierta forma, de épica, de crónica,de leyenda, de historia regional y hasta del sentido de una estructura novelesca abierta”. (Colmenares,ibídem: xlvi)

En efecto, allí hemos conseguido historia regional y crónica, además de la ficción, de la integración de versos clásicos y coplas populares y las de elaboración propia, como también historia regional y crónica, como nos resalta patéticamente en la narración de los sucesos acaecidos en el fundo Los Cañitos, dentro de la gran posesión La Candelaria, la noche del 29 de junio de 1931, cuando el hato era propiedad del general Juan Vicente Gómez y administrador del mismo el titulado coronel Miguel Poveda (su hijo del mismo nombre nos refirió que su padre, tachirense, nunca peleó en la guerra, pero le decían coronel) y en la cual fue muerto a tiros y cuchilladas el teniente también tachirense Anastasio Cárdenas Zurita, por clases y soldados encabezados por el sargento Sabino Natera que desconocieron su autoridad y luego huyeron vía al hato Merecure, asaltándolo, para encontrar la muerte más adelante. Fue Torrealba protagonista de los sucesos que narra, de la manera más curiosa, por teléfono desde San Fernando de Apure a La Candelaria. También en el mismo volumen que comentamos, el número 5, encontramos referencias a las acciones del coronel Alejandro Avendaño, el general Manotano, el general Lino Esqueda; general don Nieves Maica y Genaro Maica y don Bonifacio Velásquez, asesinado por un antiguo peón suyo, soldado en las tropas al mando del doctor Roberto Vargas y de Emilio Arévalo Cedeño, entre otros que fueron a pelear al médano de La Ceniza.

En el libro también hay importantes menciones de la vida de un hato, las faenas llaneras, costumbres y tradiciones, la flora, la fauna. La importancia del caballo para el hombre de la sabana y a quien considera casi un familiar; la caza del caimán, las yerbas medicinales y las que matan, los manatíes, los caribes, culebras de agua, los tembladores y su ecología. Personajes que existirán en Doña Bárbara, quiénes eran en la vida real -comenzando por el mismo Torrealba-; los múltiples refranes que nos dan un consejo, un alerta, presentan un estado de ánimo, una humorada, a veces una gruesa forma de decir las cosas. Expresiones del habla común llanera, rústicas unas, filosóficas y hondas otras.

Los refranes y los dichos

Dice el autor español Gregorio Doval en una importante obra suya:

[...] El ser humano no sólo habla; fundamentalmente lo que hace es expresarse; expresa sus emociones, sus sentimientos, sus deseos, sus necesidades o sus ignorancias, y para ello se sirve del lenguaje que a veces son corsés demasiado poco flexibles para matizar convenientemente la complejidad de nuestros mensajes [...] El habla popular no se recata y vive a su propio aire”. (Doval, 1995: x)

El Diccionario de la Real Academia Española tiene como acepción de la palabra refrán: “Dicho agudo y sentencioso de uso común”. (DRAE, 2002 (9): 1307) En sus Catilinarias, don Juan Montalvo escribió acerca de los refranes: “Los refranes son advertencias preñadas en sabiduría: el vulgo es el príncipe de los filósofos (Montalvo, 2007: 89) Ha sido muy utilizado el refrán como fórmula de conversación en todos los tiempos de la humanidad. Cervantes en su Quijote aporta buena porción de ellos, de todos los tipos, usos y colores. En Venezuela ha habido Jefes del Estado que lo usan para hacer más gráficas sus palabras. Guzmán Blanco dijo de Venezuela que era “como un cuero seco, que lo pisaban por un lado y se levantaba por el otro”. Del general Crespo se recuerda que en una carta para el general Guzmán Blanco le dice que le enviaba a un llanero, el general Juan Carlos Loreto, para jefe de su guardia personal, pero como no conoce nada de Caracas ni a los caraqueños, le recomienda: “condúzcalo por la falsa rienda hasta que coja los golpes caraqueños”. (Botello, 1997: 5) Del general Gómez es fama que le soltó en su despacho de Miraflores al general Román Delgado Chalbaud: “Qué culpa tiene la estaca si el sapo brinca y se ensarta”. Son conocidos también los refranes que utilizó el fallecido presidente Luís Herrera Campins (1926-2007) y utiliza el actual Hugo Chávez Frías, llaneros ambos, uno de Portuguesa y el otro barinés. Y son innumerables las cartas y telegramas del general Vincencio Pérez Soto, presidente del estado Apure entre 1915 y 1918, al general Gómez, su superior inmediato, en las que deja colar los refranes usuales en su conversación. Como cuando para significar la mala conducción en la persecución de guerrilleros antigomecistas, cierto general “está fallando como motor maluco”; y este otro, cuando le informa al general Gómez que esperaba a Arévalo Cedeño para combatirlo y “aquí le tengo el pan para la mantequilla”. O el general Pedro Zaraza, que en vísperas del combate contra el coronel Boves en Urica, dicen que dijo: “¡O se rompe la zaraza o se acaba la bovera!” y se acabó Boves el 7 de diciembre de 1814, porque Zaraza le metió la lanza en el pecho, cuchareado a la manera de los lanceros del llano, afincando el cabo de la lanza en el estribo para asegurar el bote de la muerte.

Del registro que hemos hecho, observamos que Torrealba aplica los refranes de manera contundente para sentenciar, prevenir, aconsejar, advertir. Como aquel equivalente al quien la hace la paga, diciendo “Él la ha hecho flaca y la va a pagar gorda”. Previniendo, como “en donde hay tigre no se ronca” o expresiones de más alto calibre: “Cuando el culo quiere látigo, se sienta en el mandador”. O frases históricas insólitas como la de “Vas a tener la de Páez en Los Araguatos”, que alude a la batalla que en este mismo llano apureño perdió el caudillo llanero con su amigo, compadre y ex-subalterno José Cornelio Muñoz en 1848. Cada refrán tiene su destino preciso a lo largo de los seis volúmenes que comportan la obra.

Conclusión

Podemos concluir en que el Diario de un llanero, de Antonio José Torrealba, es un prontuario de llaneridad, obviando lo superfluo, la ficción y las referencias a obras de la literatura universal o de la mitología antigua. Si extraemos en una labor de filigrana lo mejor de los seis volúmenes, podríamos obtener uno solo, donde estaría representado el Apure, el contexto llanero, la recia personalidad del hombre de la sabana con sus tragedias, amores, pasiones y el paisaje. La flora y la fauna como escenografía apropiada para el enriquecimiento del espíritu.

Fuentes:

TORREALBA, Antonio José. 1987. Diario de un llanero. Caracas: UCV-Gobernación de Apure.

BOTELLO, Oldman. 1979. Personajes de Doña Bárbara en la vida real y apuntes para la
genealogía de Rómulo Gallegos. Maracay: Meltypos. 1997.
Guzmán Blanco y Crespo en el Guárico. Campaña de 1871.Villa de Cura: Editorial Miranda. 2005.
Historia documentada de Maisanta. Caracas: Editorial El Centauro, José A. Catalá Editor
COLMENARES DEL VALLE, Edgar. 1987. “Presencia de Antonio José Torrealba en Doña Bárbara y Cantaclaro”, estudio introductorio al Diario de un llanero.
Diccionario de la Lengua Española. 2002. Barcelona: Real Academia Española-Espasa Calpe. Vol.
DOVAL, Gregorio. 1995. Del hecho al dicho. Madrid: Ediciones del Prado.
HERNÁNDEZ, Pedro Elías. 1977. Cunaviche doscientos años. Cagua: Fundación Rómulo Gallegos y Junta Bicentenaria de Cunaviche.
MONTALVO, Juan (2007) Las Catilinarias. Quito: Libresa.

ANEXO

Refranes llaneros

1) Él la ha hecho flaca y la va a pagar gorda (página 58)

2) Pare o pone; o deja el nido o bota la cluequera (p. 59)

3) Al que madruga se le duerme atrás de la puerta (69)

4) El día que se desenredó la marrana (69)

5) Le caerá la troja encima (77)

6) Aprendí a darles por donde es que se mueren (80)

7) Peló los dientes como burro cuando huele orín (183)

8) Cuando el culo quiere látigo, se sienta en el mandador (185)

9) Si Dios no me estaca el cuero (203)

10) Antes que el diablo lo sepa (212)

11) Dios en la silla y el diablo en el anca (223)

12) No valía medio de cagajones (272)

13) A parranda de gato no va ratón (273)

14) Donde hay tigre no se ronca (274)

15) Jurúnguelos para que sepa dónde cagó el tigre (279)

16) Qué puede traer que no lleve (279)

17) Vas a tener la de Páez y Muñoz en Los Araguatos (289)

18) Buenas palabras son resguardo de muelas cordales (290)

19) Usted no es el que me brama de cerca (290)

20) El palo es nacido y se cae (324)

21) Más vale agarrar a Jesucristo por el guayuco (327)

22) Más maluco que aguardiente con quinina (362)

23) Lo que se ha de ver no se porfía (368)

24) Hemos tenido más suerte que un quebrado (369)

25) Más revolcado que zorro matado de perro (374)

26) No me latas que me encuevo (378)

27) No valemos un pingo (379)

28) Es un burro cargado de bajero (422)


* XI CONGRESO DE HISTORIA REGIONAL Y LOCAL

San Juan de los Morros, 19-21 de Octubre de 2011

** Cronista de Maracay

oldmanbotello@hotmail.com

Concejo del Municipio Girardot

Estado Aragua

domingo, 24 de julio de 2011

Pedro Camejo, "El Negro Primero"

Eumenes Fuguet Borregales (*)
.

Fiel, noble y digno soldado representante de la raza negra, caracterizado por su humildad, valor y patriotismo; nació en un hato propiedad del rico hacendado español Vicente Alonso, en la población apureña de San Juan de Payara, posiblemente el año 1790. Era descendiente de esclavos llegados de la isla de Guadalupe; su patrón lo alistó en las filas realistas a las órdenes del cruel José Yánez. Camejo se destacó como excelente lancero y diestro con la cabalgadura, igualmente perteneció al ejército del terrible asturiano José Tomás Boves y su "legión infernal", cuyos integrantes, bajo los efectos del alcohol, violaban, robaban, asesinaban y realizaban todo tipo de actos vandálicos. Después de la derrota sufrida por los realistas el 5 de diciembre de 1813 en Araure, Camejo desertó y se escondió en Apure, donde se unió, en 1816, a la caballería del comandante republicano Francisco Aramendi del ejército del "Centauro de los Llanos". El 8 de octubre de 1816, después de la batalla del Yagual, el "Negro" se le presentó a Páez; a partir de ese momento se inició una estrecha relación de lealtad y subordinación incondicional. Pedro Camejo y el sacerdote Trinidad Travieso intercedieron ante Páez para que no fusilara al joven teniente de 16 años, el neogranadino José María Córdoba, futuro general más joven de la independencia americana y héroe de Ayacucho, juzgado por un Consejo de Guerra por deserción. El arrojo mostrado por Camejo en los combates librados a las órdenes del ejército de Páez, le permitió el cognomento de "El Primero", ya que era quien iniciaba los combates utilizando la lanza con destreza o antecedía a caballo el avance del grueso de las tropas. Su forma sencilla, ingenua, maliciosa y espontánea de expresarse le granjeó el aprecio de sus compañeros de lucha. Cuando el Libertador conoció a Páez en el hato Cañafístola, cerca de San Juan de Payara, el 30 de enero de 1818, al serle presentado el "Negro", le preguntó por qué había luchado a favor de los realistas, Camejo contestó en forma llana: "Señor, por codicia", ya que los soldados semidesnudos y sin pesetas, regresaban con uniforme y dinero producto de sus fechorías. "Páez me enseñó lo que es la patria". A Bolívar lo denominaba "Mi tío". "El Negro Primero" es uno de los 150 héroes de la magistral acción de las "Queseras del Medio", ejecutada el 2 de abril de 1819, hazaña presenciada por Bolívar, quien los condecoró con la Orden de Los Libertadores. Pedro Camejo casose con Juana Solórzano, una hermosa zamba llanera. Con el grado de teniente participó como integrante del Estado Mayor del Comando de la Primera División de Páez, el 24 de junio de 1821 en la Batalla de Carabobo, denominada por Camejo como "la cisiva". El destino le tenía previsto morir entre los "primeros" -como su apodo-, al recibir los disparos iniciales de las fuerzas realistas. La historia relata el episodio donde gravemente herido se le presenta a su taita Páez, éste le recrimina su inacción. El "Negro Primero" suelta la lanza, rompe con ambas manos su dormán, exclamando balbuciente: "Mi general... vengo a decirle adiós... porque estoy muerto", cayendo sin vida jinete y caballo en la gloriosa sabana. Páez, lleno de tristeza, le dirige una mirada llena de amargura a su fiel amigo y se lanza con furia en persecución de las fuerzas enemigas. El Libertador, al conocer la infausta noticia, comentó que fue una desgracia la muerte de este valeroso oficial. En la inmortal sabana se encuentra un monolito donde cayó muerto este prócer apureño; en la parte posterior de un torreón del Arco de Carabobo, se encuentra un relieve donde aparecen Páez y su leal lugarteniente. En la Avenida de los Héroes, antes del Arco de Carabobo, se encuentran bustos de los paladines de la gran batalla, donde figura nuestro biografiado. Sus restos mortales se encuentran en la iglesia de Tocuyito, al lado de otros compañeros muertos por la Independencia. La ubicación exacta se dificulta por cuanto, al cambiarle al piso la losa por granito, no se previó identificar la localización exacta. Su viuda cobró montepío a partir de 1847. En su memoria, se denominó Pedro Camejo a un municipio en el estado Apure, capital San Juan de Payara; la planta eléctrica de Los Guayos, como también lo llevan la Escuela de Equitación del Ejército, urbanizaciones, barrios, calles, avenidas, instituciones educativas e instalaciones públicas y privadas. Su personalidad ha trascendido hacia los ritos paganos incorporándolo a la "Corte Negra".

Pedro Camejo, modesto y sencillo, le ha dado a su raza un grandioso brillo.

* General de brigada (Ej.)

Historia y Tradición

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