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miércoles, 6 de marzo de 2013

Los Triunviratos en Venezuela-Poder Ejecutivo



Eumenes Fuguet Borregales (*)



Un triunvirato es una designación de tres personas encargadas del Poder Ejecutivo; En la antigua Roma durante la época de la República, a veces surgían alianzas para controlar el escenario político. Los integrantes del primer triunvirato romano fueron: Cayo Julio César (100 A.C-44 A.C), Cneo Pompeyo Magno (106 A.C-48 A.C) y Marco Licinio Craso (115 A.C-53 A.C). En Venezuela el Poder Ejecutivo estuvo en dos ocasiones regido por triunviratos, caracterizados por cortos períodos en su ejercicio. 

PRIMER TRIUNVIRATO. 
El 19 de abril de 1810 el Cabildo caraqueño  discutió sobre la realidad política de España a raíz de la invasión francesa en mayo de 1808; el protagonista del movimiento criollo fue sin duda el presbítero chileno José Cortes de Madariaga; el ideólogo fue el Dr. Juan Germán Roscio, destacado jurisconsulto, ciudadano virtuoso, patriota ilustrado y servidor público. Depuesto y desterrado el capitán general Vicente de Emparan y Orbe con su equipo de gobierno hacia Filadelfia, se organizó el 25 de abril la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII, para defender al monarca apresado en Valencey- Francia. Los integrantes de la Junta Suprema, con derecho de palabra y voto fueron: José de las Llamozas, Martín Tovar Ponte, Feliciano Palacios y Blanco; Nicolás de Castro, Juan Pablo Ayala, José Cortés de Madariaga, José Hilario Mora, Isidoro Antonio López Méndez, Francisco José Ribas, Rafael González, Valentín de Ribas, José Félix Sosa, Juan Germán Roscio, Juan de Ascanio Pablo Nicolás González, Francisco Javier de Ustáriz, Silvestre Tovar Liendo, Nicolás Anzola, José Félix Ribas, Fernando Key Muñoz; Lino de Clemente, José María Blanco y Dionisio Palacios. Como secretarios de la Junta son nombrados José Tomás Santana y Casiano Bezares.
La Junta Suprema convocó a elecciones en las siete provincias durante los meses de octubre y noviembre de 1810, son electos cuarenta y cuatro diputados. El Congreso se instala el  sábado 2 de marzo de 1811 en la casa del Conde de San Javier, hoy esquina El Conde; nombra el 5 de marzo un triunvirato para ejercer el Poder Ejecutivo, recayendo la alta responsabilidad en el Dr. Cristóbal Hurtado de Mendoza, don Juan Escalona y Baltazar Padrón (canario), y para suplir las ausencias se nombraron a Manuel Moreno de Mendoza, Mauricio Ayala y Andrés Narvarte. La designación quedó registrada en la “Gaceta de Caracas” el 30 de abril. Se acordó que cada uno de  los principales, ejercería la presidencia cada semana. Por encontrarse en Barinas el Dr. Cristóbal Mendoza, fue suplido por Manuel Moreno de Mendoza, quien ocupó el cargo el 7 de marzo, el 17 de abril, el 9 de octubre, el 19 y 22 de diciembre de 1811 y el 7 de enero de 1812. El Dr. Cristóbal de Mendoza ejerció la Primera Magistratura el 22 y 29 de mayo y el primero de junio del año 11; es considerado como el primer Presidente de Venezuela. 

SEGUNDO TRIUNVIRATO. Valencia es declarada por el Congreso “Ciudad Federal” el 1ro. de marzo de 1812, reanuda sus sesiones desde el 16 de marzo hasta el 6 de abril. El 21 de marzo el Congreso designa por elección a: Fernando Rodríguez del Toro, Francisco Javier Ustáriz y Francisco Espejo; como suplentes: Francisco Javier Mayz, Juan Germán Roscio y Cristóbal Mendoza. De los tres nombrados, sólo se juramentó  Francisco Espejo, pues Fernando Rodríguez del Toro, permanecía en Caracas convaleciendo de las heridas recibidas en agosto de 1811, durante las acciones militares de Miranda contra Valencia; Ustáriz se hallaba en la Nueva Granada cumpliendo una misión del Congreso. El juramento se le tomó a Espejo, junto con el de  Francisco Javier Mayz, suplente de Toro el 3 de abril de 1812. Posteriormente se incorporó Juan Germán Roscio como suplente de Francisco Javier Ustáriz. Ante la inminente presencia del jefe realista Domingo Monteverde proveniente de Coro, el Congreso le otorgó poderes especiales al Poder Ejecutivo el 4 de abril; por la urgencia del caso, éste le otorga a Miranda  plenos poderes el 23 de abril de 1812, para salvar la patria. El 17 de mayo el presidente Espejo envía a Maracay a Juan Germán Roscio para coordinar con Miranda las acciones de emergencia por realizar. Este segundo triunvirato cesó en sus funciones el 25 de julio de 1812 a causa de la capitulación de nuestro “siempre Precursor” ante Monteverde.
(*) Gral. de Bgda.                                                                         churuguarero77@gmail.com
@eumenesfuguet

 Historia y Tradición

miércoles, 9 de septiembre de 2009

“REGRESO DE LOS RESTOS DEL LIBERTADOR A VENEZUELA”

Eumenes Fuguet Borregales (*)

La voluntad de Bolívar, plasmada en su “Testamento”, elaborado el 10 de diciembre de 1830 en San Pedro Alejandrino, pedía que sus restos sean enterrados en Caracas, tuvo que esperar doce años para que se cumpliera. En 1839 el general Carlos Soublette, encargado de la presidencia, inició tímidamente un movimiento para la repatriación. El Presidente Páez, en su segundo mandato, y debido a un clamor popular, solicitó al Congreso repatriar los restos del Padre de la Patria. Al ser aprobada la solicitud, decretó el 30 de abril de 1842, la traída de los restos con los honores fúnebres, y la disposición de que sean depositados en la Catedral de Caracas. El 12 de mayo, invitó al Poder Ejecutivo Nacional y al de la Nueva Granada y Ecuador a concurrir a la exhumación de los restos en Santa Marta. Páez designó al eminente Dr. José María Vargas jefe de la comisión, junto a los generales Francisco Rodríguez del Toro (el marques), Mariano Ustáriz, José María Carreño y al sacerdote Manuel Cipriano Sánchez como Gran Capellán y fijó el 17 de diciembre la fecha de regreso a la capital. El general Daniel Florencio Oleary, fue comisionado para que el conocido escultor italiano Pietro Tenerani, realizara un monumento en la catedral de Caracas, (ese monumento inaugurado en 1842, fue trasladado al Panteón Nacional en 1876, cuando ingresaron allí los restos). El 13 de noviembre salió de La Guaira la comisión a bordo de la goleta Constitución debidamente acondicionada al mando del capitán de Navío Sebastián Boguier, acompañado del bergantín Caracas y de la fragata francesa Circe. Llegaron a Santa Marta el día 16. El 20 a las cinco de la tarde exhumaron los restos que se encontraban en el panteón de la familia Díaz Granados en la Catedral de Santa Marta; reconocidos por los médicos encargados de tan noble comisión entre ellos, el preclaro Dr. Alejandro Próspero Reverend (quien atendió a Bolívar desde su llegada a Santa Marta, le realizó la autopsia y lo vistió) y el ilustre Dr. Vargas. Las calles y casas de Santa Marta estaban enlutadas; la comisión venezolana agradeció las atenciones de las autoridades neogranadinas. Los restos fueron embarcados el día 21 en la goleta Constitución, con una gran ceremonia fúnebre. Durante el viaje 15 cadetes comandados por el teniente Nicomedes Zuloaga, montaron guardia de honor; el navío encalló en Los Roques. El 13 de diciembre estaban frente a La Guaira, esperando varias embarcaciones nacionales y extranjeras con sus banderas a media asta, para agregarse al gran cortejo naval. El día 15 fue bajado a tierra. El general de brigada Juan Uslar, llegó de VALENCIA con lágrimas en los ojos, portando el uniforme con el cual combatió al lado de Bolívar, los restos pernoctaron en la iglesia de ese puerto; el día 16 lo subieron a Caracas en una extraordinaria procesión, pernoctando en la iglesia de la Santísima Trinidad, hoy Panteón Nacional; por coincidencia, la Santísima Trinidad es la devoción de la familia Bolívar, de allí el nombre de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad, así se llama el panteón familiar en la Catedral de Caracas. En Caracas se designaron comisiones para montar guardias de honor; el 17 de diciembre fecha de su muerte, sus restos fueron trasladados hacia la iglesia de San Francisco cumpliendo un estricto protocolo. El pueblo de Caracas acompañó a su eximio hijo detrás del gran carruaje construido en Paris según instrucciones del coronel Agustín Codazzi; todas las calles, casas y ciudadanos mostraban riguroso luto; la gran parada militar, la comandó el siempre leal general en jefe Rafael Urdaneta Faria, con su uniforme de gala y el sable que le regaló Bolívar. El ilustre Concejo Municipal de VALENCIA comisionó a Bernardo Escorihuela, Felipe Sojo y Jaime Alcázar. José Alberto Espinosa, Canónigo de la Catedral y Rector de la Universidad de Caracas, leyó a la una su brillante Oración, recorriendo la vida del más grande de los americanos. El 23 de diciembre se realizó una ceremonia similar para el traslado de los venerados restos en hombro de sus edecanes y oficiales que lo acompañaron en la emancipación hasta la Catedral de Caracas; sus restos estuvieron al lado de sus padres y esposa, hasta que fueron trasladados al Panteón Nacional el 28 de octubre de 1876, día de San Simón. Así concluyó la voluntad de nuestro Padre Libertador. Sus cenizas permanecerán a través de los siglos, acompañadas por el esplendor de su gloria y el calor de los pueblos libres… que así sea.

(*)GeneraldeBrigada eumenes7@gmail.com

viernes, 5 de diciembre de 2008

Elías Pino Iturrieta // Veinticuatro horas de república




En el énfasis de unas agallas ha tomado cuerpo un proyecto de coronación
Hacia finales del siglo XIX, cuando el país experimentaba lo que parecía un derrumbe definitivo de sus ideales en medio de una ordalía de hombres de presa, el presidente Ignacio Andrade resumió la situación en una frase susceptible de mostrar la descomposición de toda una época: "Hemos vivido minutos de república".

Es una lástima que las palabras del atormentado mandatario no se hubieran limitado a la caracterización del tiempo de sus calamidades. Pese al agua que desde entonces ha circulado bajo los puentes y a los progresos del sistema político, ocurre ahora un fenómeno de retrogradación que nos conduce a episodios indicativos de una áspera pendiente que parecía superada por el avance de la convivencia civilizada. La convivencia civilizada cobró vida hasta expresarse en vicisitudes proverbiales durante el día electoral del pasado 23, cuando la ciudadanía acudió en orden a manifestar su voluntad. En la apacible jornada se condensaba una pericia en el manejo de los usos de la democracia, capaz de enorgullecer a cualquier colectividad del planeta.

Un episodio semejante se patentizó durante el siguiente día, cuando una parte del pueblo celebró sin alardes su victoria mientras otra soportaba la derrota sin estridencias. Lo parejo de los resultados no invitaba a la exaltación, como tampoco a derramar lágrimas de sangre, para que predominara un talante de contención a través del cual se sentía la satisfacción de las cosas bien hechas, el corolario de la madurez, el equilibrio de unos hombres capaces de acceder después de muchos sacrificios hacia una cumbre.

Aquello fue lo más parecido a las vivencias de "calma y cordura" aconsejadas en trances de incertidumbre por el presidente López Contreras, pero el gozo se fue al foso en un desgraciado santiamén. Chávez hizo una primera referencia ajustada a lo que había sucedido. No contuvo el verbo ante los eventos de la víspera, pero se limitó a comentarios relativamente prudentes que perderían la mesura al día siguiente. Modificó entonces en términos absolutos su apreciación de las elecciones, hasta extremos capaces de generar justificada alarma. Ahora no apreció filas organizadas de votantes, sino huestes dispuestas a ganar o a perder la batalla de Curamichate. En lugar de una masa de ciudadanos deseosa de exhibir las prendas de su civismo, topó con las tropas que marcharon a jugarse la vida por un caudillo en La Mata Carmelera.

Los electores dejaron de existir en su patético entendimiento de los hechos, para transfigurarse en lo más parecido a los realengos de Guanarito que estrenaron el plomo de la Guerra Federal. Un colosal trastocamiento cambió la concordia por la pugnacidad, la coherencia por las chamusquinas, los sufragios por sables afilados y amenazantes.

Dejó así de existir un capítulo de normalidad en la evolución de las instituciones, para que se inaugurase un clima de tensiones sin vínculos con lo que ocurrió de veras. Porque no se trató de un palabrerío vano, sino de un mensaje capaz de encontrar seguidores y de generar situaciones de ilegalidad y rapiña como las que sugería su discurso.

El traslado apresurado e irresponsable hacia la obediencia del poder central de dependencias adscritas a la administración estadal, la purga de archivos que los funcionarios salientes deben respetar escrupulosamente y aún el saqueo de las oficinas que deben ocupar los triunfadores que no gozan de su simpatía, se han repetido después de las arengas del Presidente. "Vamos con todo", fue la consigna de su partido durante la campaña electoral, pero ahora, luego de los partes de guerra, como que la han cambiado por otra más consonante con lo que viene pasando: "Nos vamos con todo", es decir, con escritorios, sillas, archivadores, escaparates, lámparas, piezas de ornato y hasta inodoros, si se ofrece la oportunidad.

Escenas propias de la revuelta Legalista, jugarretas parecidas a las de El Taita Crespo contra El Brujo Guerra, tropelías como las de El Agachado, cuando está a punto de terminar el 2008 mientras conjugan con deleite en Miraflores el verbo retroceder.

Sólo en las horas de oscurana que lamentaba Ignacio Andrade pudieron producirse situaciones semejantes de arbitrariedad y expoliación, de burla de las reglas mínimas del republicanismo y de la simple decencia. Ha sido como saltar, apenas en un par de jornadas, del imperio de los códigos al dominio de los gamonales, de la cohabitación moderna a una hacienda a cargo de un rudimentario caporal en cuyas agallas se discierne el destino de la sociedad.

En el énfasis de esas agallas ha tomado cuerpo un proyecto de coronación, pero carecerá de sustento si los venezolanos están satisfechos de no ser en la actualidad lo que fueron en sus peores épocas.


Ignacio Andrade

36º Presidente de Venezuela
Mandato 28 de febrero de 1898 – 20 de octubre de 1899
Precedido por
Joaquín Crespo
Sucedido por
Cipriano Castro
Nacimiento
31 de julio de 1839Mérida, Mérida, ‎ República de Venezuela
Fallecimiento
17 de febrero de 1925, Macuto, Estado Vargas.
Partido político
Partido Liberal
Cónyuge
Maria Isabel Sosa Saa
Profesión
Militar y político
Firma

Ignacio Andrade (Mérida, Estado Mérida, 31 de julio de 1839 - Macuto, Estado Vargas, 17 de febrero de 1925), fue un militar, político y Presidente constitucional de los Estados Unidos de Venezuela durante el periodo 1898-1899.
Pese a su extensa carrera política y su impecable educación, nunca llegó a obtener el liderazgo y preeminencia política de personajes como Joaquín Crespo y José Manuel Hernández, hecho éste que se evidenció en la cantidad de conjuras y movimientos insurreccionales que tuvo que afrontar en su rol de Presidente de la República (1898-1899). Fue su padre el general José Escolástico Andrade Pirela, zuliano de Los Puertos de Altagracia, miembro del Ejército Libertador presente en las batallas de Carabobo, Junín y Ayacucho; su madre, Juana Troconis, era merideña. El lugar y fecha de su nacimiento no se han podido precisar porque su fe de bautismo no ha sido localizada. Por tal motivo, en el fragor del proceso electoral de 1897 (en el que se buscaba el sucesor presidencial de Joaquín Crespo), se comentó con insistencia que Andrade había nacido en el Estado Zulia e incluso la Cancillería venezolana publicó una biografía suya en una revista española de 1897, afirmando que: «...nació en Maracaibo el 31 de julio de 1839...». Asimismo, sectores opositores a la candidatura de Ignacio Andrade llegaron a comentar que éste no podía aspirar a la presidencia de la República, por haber nacido en Colombia. Sin embargo, su partida de defunción, localizada en el Registro Principal de Caracas, señala que: «... según informaciones aportadas por su hijo José Andrade, de 35 años de edad, el general Andrade era natural de Mérida[. ..] y había fallecido a los 85 años de edad...»
Presidente del estado Falcón (1883-1885), contrajo matrimonio con María Isabel Sosa Saa (14.2.1885). Senador por el estado Falcón, que comprendía entonces los territorios actuales de Falcón y Zulia (1886), ejerció los cargos de gobernador del Distrito Federal (octubre 1892), ministro de Instrucción Pública (marzo 1893), diputado por el Gran Estado Miranda (abril 1893), ministro de Obras Públicas (junio 1893) y presidente del Gran Estado Miranda (1894-1897). Desempeñándose en este último cargo, fue propuesto como el candidato oficial del gobierno de Joaquín Crespo para las elecciones a realizarse el 1 de septiembre de 1897. De acuerdo con la Constitución de 1893 la votación fue directa y secreta. Andrade obtuvo 406.610 votos contra el favorito de la oposición, el general José Manuel Hernández, conocido como «el Mocho», quien sólo consiguió 2.203 en unos comicios tildados de fraudulentos. En consecuencia, el triunfo electoral de Andrade se produjo dentro de un clima político de crispación, el cual desembocó en el movimiento insurreccional liderado por el Mocho Hernández, conocido como La Revolución de Queipa. Durante el desarrollo de las acciones bélicas que comenzaron el 23 de febrero de 1898 y se extendieron hasta el 12 de junio del mismo año, se produjo un suceso inesperado que afectó de manera negativa a la correlación de fuerzas que rodeaban a Andrade, la muerte de Joaquín Crespo. En efecto, como consecuencia de la desaparición del escenario político de Crespo tras su deceso en la Mata Carmelera, el 16 de abril de 1898, una gran cantidad de caudillos vieron despejado el camino hacia el poder, incluyendo al propio general Ramón Guerra, quien en su cargo de Ministro de Guerra había capturado al Mocho Hernández, y luego se alzó en contra del gobierno de Ignacio Andrade. Aparte de los movimientos insurreccionales que tuvo que afrontar Andrade, durante su gestión administrativa se experimentaron dificultades económicas, la desconfianza de ciertos círculos políticos y una epidemia de viruela. Finalmente, Andrade fue derrocado el 19 de octubre de 1899 por Cipriano Castro y la Revolución Liberal Restauradora, la cual triunfó sin que las fuerzas gubernamentales hicieran un mayor esfuerzo por detenerlas. Una vez fuera del poder, Ignacio Andrade salió exiliado hacia Puerto Rico, donde escribió unas líneas acerca del movimiento que lo derrocó, tituladas ¿Porqué triunfó la Revolución Restauradora?, publicadas 30 años después de su muerte (1955).
Luego de ser amnistiado (19.11.1903), sirvió al régimen de Juan Vicente Gómez, quien paradójicamente había formado parte del movimiento revolucionario que lo expulsó del poder; desempeñándose como ministro de Relaciones Exteriores (1916-1917) y de Relaciones Interiores (1917-1922), en los gabinetes ejecutivos de Victorino Márquez Bustillos.

Cargos políticos [editar]
Presidente del estado Falcón (1883-1885)
Senador por el estado Falcón (1886)
Gobernador del Distrito Federal (1892)
Ministro de Instrucción Pública (1893)
Diputado por el Estado Miranda (1893)
Ministro de Obras Públicas (1893)
Presidente del Estado Miranda (1894-1897)
Ministro de Relaciones Exteriores (1916-1917)
Ministro de Relaciones Interiores (1917-1922).

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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