Mostrando entradas con la etiqueta El siglo XX. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El siglo XX. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de febrero de 2009

El general y las leyes de la dialéctica



Simón Alberto Consalvi

La esposa del general estaba perdiendo la paciencia porque su marido se había puesto de un humor de perros. Con tal de que lo dejaran solo, resolvió que sus hijos se fueran al cine todas las noches y que su mujer gastara lo que quisiera en el casino.

El general andaba con un cuaderno para arriba y para abajo, escribía una y otra vez aquellos textos que copiaba con obstinación y trataba, finalmente, de memorizar para ver si de esa manera abría el túnel del entendimiento. ¡Nada! Se iba la luna, llegaba el sol, llovía y escampaba, y él dándole vueltas de adelante para atrás y de atrás para adelante a las páginas de aquel cuaderno ya sudado y maltrecho, cuya lectura lo confinaba a los asedios de la impaciencia.

La esposa del general hizo esfuerzos por entender la crisis de su marido. No le gustaba el juego, le molestaban las mujeres sin oficio que pululaban en el casino, pero era una manera de no estar en la casa y dejar solo al general. Trataba de persuadir a sus hijos y de persuadirse ella de que él tenía entre manos un complejo plan de defensa (o de ataque) estratégico, y comprendía que aquello debía ser de tal calibre que requería largas meditaciones y endemoniados cálculos.

La señora pensó que a su marido le asistía la razón. Nadie podría sospechar que estuviera descifrando crucigramas o consultando horóscopos, algo que hacía los domingos, pero sin misterio alguno y más bien en tono jocoso. No abría los periódicos para otra cosa, la verdad sea dicha, sabemos que abunda gente muy seria que se guía por los astros. Tampoco es un secreto que los militares frecuenten a los quirománticos o a esas señoras extrañas de turbante y colilla de cigarrillo en los labios que, con una simple lectura de las líneas de la mano, les predicen sus ascensos.

La prolongación de aquellos obstinados silencios, la creciente nerviosidad del general, el endemoniado humor que lo iba alejando de casi todo el mundo, hicieron que una tarde que se demoró en el ministerio la señora no resistiera la tentación y se atreviera a abrir el misterioso cuaderno. ¡Cuál no sería su sorpresa! Sorpresa y alegría al mismo tiempo; alegría porque quedaba descartada la sospecha de que (sin previo aviso) el marido partiera para esa "guerra asimétrica" de que ella tanto oía hablar sin entender un pito. La fiel señora no disimuló su sorpresa ni se cuidó de reír tan bulliciosamente que alarmó a los hijos y se vio en aprietos para ocultarles la razón del estrépito.
Vuelta la disimulada calma, discretamente se llevó el cuaderno a la alcoba y leyó: "Tratado de materialismo dialéctico para principiantes". Mucho le llamó la atención que el general copiara varias veces el mismo texto, como si quisiera aprendérselo de memoria, sin perder palabra. Leyó: "El materialismo dialéctico, cuya formulación se debe a Marx y Engels, se considera como la refutación filosófica al idealismo de Hegel, es decir, la crítica del idealismo y, como tal, referencia conceptual del materialismo histórico, que sería la expresión propiamente científica del pensamiento de Marx y Engels".
La señora reconoció que su marido tenía razón en andar tan de malas pulgas. Hasta la gramática era complicada. Pensó: ¡Cómo es posible que mi marido se quiebre la cabeza con estas extrañas filosofías! Dio vuelta a la página y leyó en la letra firme del marido: "Tengo que leer el Anti-Dühring". Aquello parecía una sentencia más que el registro de un deber. ¿Qué cosa era esa? Vio otra nota que decía: "Sábado, 5:00 pm. Cita con Marta". Aquí se alteró. ¡Carajo, una mujer! Avanzó en su curiosidad conyugal. En las páginas siguientes leyó: "Las leyes de la dialéctica.

1­Ley de la unidad y lucha de contrarios.

2­Ley de transición de la cantidad a la cualidad.

3­Ley de negación de la negación". -

-Imagino que esto no es un juego, pero si las cosas siguen por donde van, me voy a quedar sin marido y mi marido sin juicio. Tomó la resolución de confesarle que (sin ánimo malsano) había abierto el cuaderno y caído en la tentación de leer aquello que lo tenía de tan mal humor. Se armó de valor y le dijo: --Con que esas tenemos, hay por ahí una Marta. ¿De dónde has sacado meterte en este berenjenal dialéctico, tú que nunca abriste un libro y ahora quieres ser filósofo? El general se desconcertó. No supo cómo explicar el laberinto en que estaba, y apenas balbuceó: "Ella es mi profesora". Confuso, prometió: --Mejor pido la baja. Me pueden romper la cabeza, pero eso de "negación de la negación", me suena a mamadera de gallo.

¡Qué hago yo con tantos soles si no entiendo estas reglas de la dialéctica! --Leyes, no reglas ­corrigió la señora, encantada de rescatar al marido de los graves peligros a que lo había condenado el jefe de la revolución.

jueves, 5 de febrero de 2009

La Alborada y el dictador como tabú



Simón Alberto Consalvi

Ido Cipriano Castro para Europa y consumado el golpe de Estado que lo despojó del poder, hubo un paréntesis de suspensos que hizo creer a los venezolanos que, en efecto, había caído una dictadura pendenciera y que se iniciaría una era de buen gobierno. Entre quienes así pensaron estuvieron cinco escritores muy jóvenes que decidieron editar una revista digna del amanecer de los tiempos, y como si quisieran retratar el momento la llamaron La Alborada.
El 31 de enero de 1909, a 65 días apenas del viaje de Castro y 41 del golpe de Estado, Julio Planchart, Henrique Soublette, Julio Horacio Rosales, Salustio González Rincones y Rómulo Gallegos se lanzaron a la gran aventura. Un siglo después, vale la pena dar una mirada a aquel momento de falsas, muy falsas expectativas porque a Castro lo había sustituido un hombre sombrío que llegó para gobernar hasta cuando la muerte puso fin a su absolutismo.
El primer ejemplar trae dos notas editoriales. Una es "Nuestra intención" y la otra se titula, quizás con algún escándalo, "Castro no es el mal".
La infección ha sido general, dicen. No es fácil imaginar que un hombre acostumbrado a medrar a costa de todo se decida a pensar que no se trata de él sino del país, y que no se ha reaccionado (contra Castro) para enriquecerlo a él. Lo que haya que hacerse, o se hace ahora, o no se hará nunca, coinciden los jóvenes con una consigna puesta en boga.
En "Castro no es el mal" se ahonda en el diagnóstico.
Castro, dicen, nos conturba el ánimo y nos obsesiona su recuerdo. "En la prensa con sus epigramas y caricaturas, en los corrillos públicos, en lo más íntimo de las conversaciones familiares, siempre flota con la sutilidad de un íncubo en una mala pesadilla ese recuerdo de pasado bochornoso". Pero con todo, Castro no es sino un accidente en la vida de la nación venezolana. Lo expresan con claridad y advierten los riesgos: "Los hombres no son sino accidentes, el mal está en otra parte, hay que ahondar, excavar con la piqueta del estudio hasta encontrarlo; hallarlo sería el bien supremo; una vez hallado podría aplicársele remedio conveniente. Castro no es el mal en sí, sino la consecuencia.

Fue ineludible, fatal; alguien diría providencial. Mas bien sabemos que ya la Providencia no se mezcla en los destinos de un pueblo. La ley anda arreglándolo todo sin conciencia, ciegamente, pero de manera imprescindible.
(...) ¿Para qué maldecir tanto a un hombre? ¿Para qué maldecir el pasado, si el porvenir, hay que decirlo con toda sinceridad, es oscuro?".
Los escritores de La Alborada no sucumben ante los espejismos; en el horizonte vislumbran nubes que perturban el paisaje y consideran prudente pintarlas con sus propios colores. De que "Castro no es el mal" se encargará de confirmarlo Juan Vicente Gómez cuando termine la luna de miel de 1909-1913 y se afiance en el poder, y ya no habrá más "alboradas" hasta el 17 de diciembre de 1935.
Cuando La Alborada sale a la calle, un mes y tantos días después de la caída de Castro, los barcos de guerra que Gómez había pedido a Estados Unidos todavía están anclados en aguas venezolanas. Fue Gallegos quien tuvo la percepción de lo que significaban y de lo que perseguían aquellos barcos. El delirio anticastrista y también el temor frenético al desterrado quizás contribuyeron a que la mayoría silenciara el episodio. Gallegos escribió: "Harto se ha ponderado el peligro que para las jóvenes nacionalidades suramericanas representa en el Norte el afán conquistador del yanqui, siempre en acecho, atisbando la oportunidad para adueñarse de nuestro territorio en nombre de una protección que no necesitamos, mientras el patriotismo aconseje la muerte como remedio extremo y mucho se ha hablado también de la unión suramericana como único remedio capaz de conjurar el peligro común".
El año de luna de miel de Juan Vicente Gómez, 1909, pronto desnudó la realidad.
La Alborada apenas sobrevivió del 31 de enero al 28 de marzo, cuando fue clausurada por orden superior. Si no estoy errado, fue el debut de la larga censura que predominó en Venezuela hasta 1935. La clausura suscita interrogantes.

En los textos de los jóvenes escritores predominaba lo teórico, no pertenecían al mundo político que jugaba en el ajedrez de la transición, no abogaban por un puesto en el banquete, ¿por qué fue clausurada La Alborada, y clausurada con tanto apremio? ¿Acaso porque uno de ellos acariciara la idea de fundar un partido político, o porque se atrevieron temerariamente a afirmar que "Castro no era el mal? Ninguno de los cinco tenía vínculos con el caudillo derrocado, la revista lo condenaba, al tiempo que advertía, sí, los riegos de que la dictadura o el dictador apenas cambiaran de nombre. Eso fue exactamente lo que sucedió.

viernes, 24 de octubre de 2008

"El 23-N el régimen militar chocará con el legado de Betancourt"

Entrevista a Germán Carrera Damas realizada por Gloria M. Bastidas
Al cumplirse 63 años de la Revolución de Octubre, el historiador hace un balance de la gesta del fundador de AD y advierte que el gran obstáculo que se le presenta a este gobierno para su propósito de "concentración absoluta del poder" no es, propiamente, el ejercicio de la democracia, sino algo que es consustancial con la República: la soberanía popular .
Germán Carrera Damas coloca frutas a los pájaros que revolotean en la terraza de su apartamento y luego clava la mirada en los animales con la curiosidad de un zoólogo. "Mire, están comiendo", dice, mientras se apresta a sumergirse en el reino de la historia. Su reino.
La Fundación Rómulo Betancourt acaba de publicarle una joya titulada La primera república liberal democrática (1945-1948). Nada más la portada del libro conmueve. Se muestra allí una foto de El País (diario de AD editado en los años cuarenta)en la que aparece una mujer, con su pequeña hija en brazos, depositando su voto en una urna que tiene un aspecto artesanal. Es una imagen en sepia, lo que ya inspira una cierta melancolía. Pero lo otro que toca las fibras íntimas de quien la observa es que esa gráfica recoge un momento estelar de la historia de Venezuela. Fue tomada el 27 de octubre de 1946, es decir, cuando se celebraron las elecciones para designar a los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente, y las mujeres ˆtambién los analfabetos y los jóvenesˆ se estrenaban en el acto de consignar una papeleta para decidir el destino del país. De todo esto ˆy másˆ habla el autor de El culto a Bolí var, y miembro del Movimiento 2D, en esta entrevista.
ˆ ¿Por qué sostiene con tanta convicción que el 18 de Octubre no fue un mero golpe de Estado sino que produjo una revolución?.
ˆLa aparición de la primera república liberal democrática fue el resultado de una confabulación de fuerzas militares y civiles para derrocar a un gobierno que estaba establecido en función de una determinada constitucionalidad o legalidad. No podemos disminuir la significación de ese hecho. Pero lo que llega a ser definitivo es el saldo histórico. Nunca he dejado de admitir que aquello fue una conspiración. Sin embargo, los actos iniciales de aquella conspiración ya revelaban un propósito que la diferenciaba de todo lo anterior. Uno de los primeros decretos de la Junta Revolucionaria de Gobierno establecía que ninguno de sus miembros podía postularse para las elecciones presidenciales que habrían de celebrarse posteriormente. Betancourt era un joven político que se venía preparando desde hacía muchos años para llegar al poder. ¿Cómo es posible que este hombre, que de pronto se encuentra en la condición de presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno, tuviera conciencia de que su condición era de facto? Es sólo después de que se reúne la Asamblea Nacional Constituyente cuando se le designa presidente provisional. Pero, apenas se instala el Congreso, depone el mando ante él. No intenta perpetuarse en el poder.
ˆ¿Qué otra cosa rescataría del trienio?
ˆAquel movimiento comienza por replantear en sus raíces el proceso de formación del poder. El poder deja de ser una atribución de un pequeño grupo social y pasa a manos de la totalidad social. Lo esencial de lo actuado entre 1945 y 1948 es que se rescata la soberanía popular, que estaba secuestrada desde que Bolívar estableció la dictadura comisoria en 1828 y que había sido sustituida por un aparato legal, constitucional, es cierto, pero que la limitaba a un reducido club electoral. Ahora votan las mujeres, los analfabetos y los menores de 21 años, es decir, aquel 90% de la sociedad venezolana que estaba al margen de las decisiones. Y ese paso indica que lo que había de tradicional en la forma de acceso al poder es un hecho anecdótico porque lo fundamental es lo que se está sembrando. Ninguno de los cambios introducidos por la primera república liberal democrática ha podido ser derogado hasta el día de hoy. Falseado, adulterado, violado sí. Pero no derogado.
ˆLa primera república liberal democrática, sin embargo, sufre un eclipse desde 1948 hasta 1958, cuando nace lo que usted llama la segunda república liberal democrática…
ˆPlanteo lo de la segunda república liberal democrática por una conveniencia de periodificación histórica. Pero hay una continuidad notable entre ellas. La primera república liberal democrática no desapareció: estaba en la cárcel, estaba en el exilio, la mataron en San Agustín, pero estaba presente. La primera república liberal democrática no sólo no había muerto: rebrota el 23 de Enero. ¿Pero cómo lo hace? En medio de un movimiento militar continuista. La idea era un gobierno militar sin Pérez Jiménez, sin Pedro Estrada, pero con una junta militar. Es la irrupción sorpresiva de la sociedad, donde estaba sembrado el principio de la democracia, lo que altera aquello. Alguna gente dice que el Pacto de Puntofijo tuvo un efecto negativo. No, el Pacto de Puntofijo tenía dos caras. Por un lado, impedir el retorno de la dictadura militar y, por el otro, fortalecer el frente de la democracia ante los movimientos que de alguna manera buscaban subvertirla. La democracia es una forma sociopolítica recién nacida, que encierra dos peligros.
ˆ¿Cuáles son esos peligros?
ˆUno es la demagogia. Por eso la democracia, para sobrevivir, necesita de dirigentes muy lúcidos, muy firmes. El segundo riesgo es que la democracia estimula el surgimiento y la expansión de demandas sociales. La demanda social generada por el ejercicio de la democracia conspira contra su consolidación. Porque esa demanda social, al expresarse libremente, y al estar en la base de la formación del poder, puede influir o determinar el curso mismo de la democracia. Después de tres décadas de ejercicio de la democracia plena en Venezuela, vimos agigantarse la demanda social. Entonces entró a operar allí ese atavismo que tenemos escondido en nuestro ser íntimo, que es aquello que heredamos de tres siglos de monarquía: la idea de que es la voluntad de un hombre la que puede hacer frente a las necesidades de la sociedad. Y surge la figura de un líder, de un redentor, es decir, Fernando VIII. Una sociedad agobiada por sus necesidades, que han sido exacerbadas por el mismo desarrollo democrático, tiende a pensar en una solución salvacionista.
ˆLa que vivimos...
ˆEsa tendencia salvacionista llega al poder después de un intento de recurrir al procedimiento tradicional del golpe, ése sí militar, porque el continuismo militarista no ha cesado todavía. Y no sólo es la concentración del poder en los militares, sino que es la apropiación de la administración pública por los militares. Por eso digo que éste es un gobierno militar militarista. Este régimen ha descubierto que el gran obstáculo para su propósito de concentración absoluta y autoritaria del poder no es, propiamente, el ejercicio de la democracia, sino su más absoluta fundamentación: la soberanía popular. Pero la soberanía popular es consustancial con la República. La monarquía emanaba de la voluntad divina; la República emana de la soberanía nacional. De manera que si no se suprime la soberanía popular no se puede llegar a una concentración absoluta del poder. Lo que nosotros vamos a vivir el 23 de noviembre es un intento de demolición de la República, no ya de la democracia. Para tú abolir la soberanía popular ya no basta con que combatas la democracia. Tienes que combatir la estructura institucional dentro de la cual la soberanía popular es determinante: la República.
ˆ¿Y cómo se puede hacer eso?
ˆTú no puedes decir: voy a restaurar la monarquía, pero sí puedes montar un aparato de control, como el que se ha montado ahora con las regiones militares, que permita colocar al poder civil en una posición subordinada. Ese futuro Estado secuestraría la soberanía popular y la sustituiría por una nueva ficción. Esa ficción ˆlo de nueva es relativoˆ es que se interpreta la voluntad del pueblo. ¿Quién la interpreta? Aquella persona que está ungida por no sé sabe qué poder para ser el intérprete de la voluntad del pueblo. Esto no es nuevo. Esto fue Hitler. Esto fue Mussolini. Esto fue Franco. Esto fue Stalin. Esto es Fidel Castro. ¿Elecciones para qué? Yo interpreto la voluntad del pueblo. ¿Por qué la interpreto? Porque yo soy el pueblo. Nosotros somos todavía, en un gran sector de la sociedad, ciudadanos en formación, históricamente en formación. Tenemos el súbdito allí. ¿Cuándo se reconoce la Independencia de Venezuela? En 1845. Y justamente un siglo después se inaugura la primera república liberal democrática. Es decir que, en definitiva, no estamos nada lejos de nuestro pasado monárquico.
ˆ¿Y quién va a triunfar en la Venezuela que viene a partir del 23-N: la sombra de Fernando VIII, la conciencia monárquica o el legado de Rómulo Betancourt, la democracia?.
ˆEl gobierno militar militarista no sólo no ha logrado incorporar a nuevos sectores sociales, sino que ni siquiera ha logrado amedrentar a aquellos que desde el primer momento le han dicho No. El 2 de diciembre eso quedó bien claro. En este caso, la situación se plantea en mejores condiciones que nunca.
Lo que está en liza es el poder descentralizado. Y hasta en el aparato autocrático hay gente contaminada de democracia. De tal manera que el fracaso de este régimen en crear ese partido monolítico, que daba por seguro, lo que nos está diciendo es que ese virus democrático está mucho más expandido de lo que habíamos pensado. Hemos visto la rebeldía interna. Quieren obedecer, pero no tanto. Todo intento de ir contra la conciencia democrática arraigada en la sociedad venezolana está condenado al fracaso. ¿Que puede ser costoso y doloroso? Eso es possible.Pero el desenlace, para mí, ya está dado. El 23 de noviembre próximo el régimen militar militarista chocará contra el legado histórico democrático de Rómulo Betancourt,
Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”.
2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”.
3º Mensaje histórico: “Recordar la democracia”.
4º Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”.
5º Mensaje histórico: “El ‘punto de quiebre’ ”.
6º Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”.
7º Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”.
8º Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes? O ¿hacia dónde llevan a Bolivia?
9º Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro.
10º Mensaje histórico: ¿La historia ha caído en manos de gente limitada e imaginativa?
11º Mensaje histórico: Las falsas salidas del temor.
12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela?
13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia.
14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia.
15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender.
16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera Damas.
17º Mensaje histórico: República liberal democrática vs República liberal autocrática.
18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos históricos y doctrinarios del militarismo venezolano.
19º Mensaje histórico: El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano.
20º Mensaje histórico: Demoler la República.
21º Mensaje histórico: La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas.
22º Mensaje histórico: Lo que no se puede dar ni quitar.
23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones para decir
No. 24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar la historia.
25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela.
26º Mensaje histórico: La presencia activa de Rómulo Betancourt.
27º Mensaje histórico: Librarnos del Siglo XIX.
28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico.
29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”.
30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”.
31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”.
32º Mensaje histórico: "Las migraciones no controlables". Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala de Cuervo, 2006.
Escuela de Historia.
Universidad Central de Venezuela

Publicada en Venezuela Analítica

domingo, 12 de octubre de 2008

El frustrado golpe antimedinista y la presidencia de Escalante


Luis Barragan

Entre los papeles descubiertos en el año 3146, pertenecientes al “neógeno medio” o la “segunda ola”, encontraron los borradores iniciales de “Noche de Camp David” (1965), la afamada novela de Knebel Fletcher en torno a la trágica psicopatía de un presidente estadounidense. Stanislaw Lem tampoco supo, al reexaminar “Memorias encontradas en una bañera” (1961), testimonio tan decisivo de la lejana época, que los bocetos desechados originalmente aludían a un mandatario latinoamericano llamado Diógenes Escalante, cuya crisis demencial fraguó un período de prolongada estabilidad política inédito en su país.
De todo el legajo documental, sobre sale “Orígenes de la presidencia marcada” (New Cork – Caracas, 1957), e, incluídos unos apuntes fílmicos, una fotografía oficial el personaje con lentes de carey y una ancha banda de colores primarios. El desempolillador utilizado, perteneciente a un prestigioso laboratorio deportivo, permitió saldar una deuda contraida en las profundidades del hacer político y científico, so pretexto de una inquietud meramente histórico-literaria.
- I -
En 1945, estuvo planteado el problema de la sucesión presidencial venezolana, provocando la aparición de cuatro distintas agrupaciones labradas en el rumor conspirativo. Venezuela producía petróleo en grandes cantidades, aceitando la maquinaria bélica de los aliados en una guerra de proporciones mundiales ya en sus postrimerías: por cierto, la papirántica más reciente no logra precisar las características de las pequeñas bombas arrojadas sobre suelo nipón que clausuraron el conflicto.
A tenor del texto descubierto, el gobierno de Isaías Medina Angarita vivía un extraordinario conflicto interno entre los modernizadores y los que – no sabemos por qué – tildaron de abruptos. Hubo quienes le aconsejaron al mandatario un auto-golpe de Estado, algo francamente abrupto.
Un musicólogo alertó sobre los extraños volantes lanzados en el casco central de Caracas que advertían del propósito del gobernante PDV de nacionalizar la industria petrolera y establecer la educación laica y hasta marxista [1].

Algo que animó a los denominados lopecistas a reunirse más frecuentemente en un rascacielos ubicado entre las esquinas de Veroes e Ibarra, todavía no inaugurado [2], para afinar las tácticas frente a otros sectores: el militarista o pre-nasserista, conformado por recelosos oficiales (redundantemente) armados; y el de Acción Democrática, donde la tendencia conciliadora, encabezada por Rómulo Gallegos, no sabía de los planes de la tendencia estratégica, capitaneada por Rómulo Betancourt, de fácil concertación con la tendencia radical tan verbalizada por el mozo largo-caballerista de nombre Domingo Rangel.
Hay que tomar nota del viaje de Arturo Uslar Pietri a Washington con el propósito de convencer al embajador Diógenes Escalante para que viniese a negociar entre las contrastantes corrientes, pues, José Giacopini Zárraga, quien debía hacerlo, fue detenido en el camino a Antemano, al divisarse La Paz, por pretender dar él mismo un golpe.

Y de esto se supo por la delación de un capitán de fragata de apellido Larrazábal de tan inoportunos boletines de prensa [3], desembocando en el fracaso absoluto de la conspiración el día 21 de octubre de 1945.
El día 18 de octubre, el presidente Medina hizo traer de su locker del Country un ejemplar rigurosamente subrayado por uno de sus asistentes del discurso pronunciado el día anterior por Betancourt, en el mismo instante en el que se resistió a asistir a un te de la Cruz Roja de la avenida Carabobo de El Paraíso, donde las ancianas delirarían por la voz de Lorenzo Herrera. No prestó atención a la difusión radial del acto opositor, superando el disgusto con su esposa, distrayéndose con el recuerdo de María Antonieta Pons, vista a hurtadillas en el cine Avila y que poco debía envidiarle a Anne Baxter de “Zarina” que se exhibía en el cine Apolo de La Candelaria.
Después de pasar la rabieta, se dirige al Copacabana Club del hotel Majestic y, afilando la madrugada, adopta la decisión de resistirse a todo levantamiento opositor. Se dirige presuroso al cuartel Ambrosio Plaza y, a sabiendas que los mejores aparatos telefónicos y de radiotransmisión están en su casa de habitación en Las Barrancas, retoma el camino al hogar artillado.
Sabe que el capitán Losher Blanco controla La Planta y el mayor Ochoa Briceño el centro de la ciudad capital, por lo que gira instrucciones para cercar la Planicie de Cajigal con otras fuerzas: la Guardia Nacional y los cadetes de Villa Zoila toman prisioneros al capitán Mario Vargas y al mayor Marcos Pérez Jiménez. Sin embargo, interrumpido el regocijo consigo mismo, se resigna a atender la llamada del presidente del Centro Cultural y Deportivo, Germán Borregales, tan quejoso de los destrozos ocasionados a los bloques de El Silencio por los morteros, afectado el traje de casimir de ciento cincuenta bolívares que compró el esposo de Angela Calixto, vipresidente del Centro [4].
La inminente caída del cuartel San Carlos ataja las risas: el médico Francisco Verde, desde los balcones del puesto de Socorro de Salas, con su larga cola de cable telefónico, informa que los monomotores se ensañan en picada contra el incomunicado cuartel, provocando muchos muertos y heridos que llegan al centro hospitalario con sus piernas inflamadas como “si les hubieran inyectado violentamente aire” [5]. Al mediodía, Medina Angarita controla el San Carlos e intenta cambiar jabones Barry por las sillas de montar y otros implementos conquistados en el saqueo de la tarde sabatina.
Desenlace victorioso para don Isaías al abstenerse el buque Urdaneta de bombardear la carretera Caracas-La Guaira, desde la bahía de Maiquetía, facilitando el traslado de refuerzos que se unirían a los provenientes de Maracay en solemne acto, algo improvisado, bajo el Arco de la Federación. Mensaje radial a todo el país, sin que proyectil alguno se oiga.
luisbarragan@cantv.net

domingo, 27 de julio de 2008

Qué significan las palabras política, libertad y democracia


Manuel Caballero // La verdadera historia de la democracia
Sobre el tema que sirve de título a estas notas, fuimos invitados a disertar Germán Carrera Damas y yo por tres importantes instituciones zulianas: la Universidad Católica "Cecilio Acosta", el diario La Verdad y el Centro de Formación Política.

Si expongo aquí de manera sintética la parte introductoria de mi intervención, es porque considero necesario precisar los significados del tema; que contienen términos y formulaciones utilizados con suma frecuencia y que por estar muy imbricados, se tiende a confundir algunos, a considerarlos sinónimos.
Lo de "verdadero" alude al mayor reto que los historiadores venezolanos enfrentamos hoy. No significa que nos oponemos a una falsificación simple de los hechos históricos, y en todo caso, no debemos caer en la trampa de plantearlo así. Porque eso podría llevarnos al diálogo de sordos, tan del gusto de todos los fundamentalismos.El mito y la leyenda
Y porque la falsificación es solo una parte del problema. El verdadero peligro reside en la tentativa de abolir la historia, para sustituirla por el mito, por la leyenda y a la vez, para echar a la multitud de la historia. Abolir la historia no es sólo expulsar de ella los hechos que no se inscriban en esa óptica y en esa perspectiva, sino también borrar de su escritura todo atisbo de crítica, para sustituirla por un amasijo de lugares comunes, más cercano de las tiras cómicas (donde la sociedad se reparte entre "los buenos" que son los nuestros y "los malos" que son los otros) que de una historia digna de tal nombre. Porque lo que se busca con la obsesiva repetición de mitos y leyendas guerreros es imponer la conclusión de que la nuestra es una historia sólo militar y para nada civil. Lo que revela la verdadera esencia de lo propuesto: la justificación del autoritarismo militar.
En cuanto a lo de "historia", no pretendemos juzgar los acontecimientos históricos para repartir culpas y perdones. Dicho en otros términos, que no concebimos la labor histórica en términos morales ni tribunalicios. Ni asexuado ni imparcial
Esto no quiere decir que no los consideremos muy importantes, sino que lo hacemos en la medida en que tengan una significación histórica. Tampoco quiere decir que el historiador deba ser asexuado, que se abstenga de emitir opinión y sobre todo, que rehuya su responsabilidad social. De lo que se trata es, en primer lugar, de comprender la acción del colectivo y de los individuos situándolos en su época y en su contexto preciso.
En cuanto a lo de democracia, lo primero es examinar la relación entre la libertad y la democracia. En el lenguaje corriente, se suele confundirlas. En verdad, son términos independientes y, en el caso de la libertad, ella puede existir y de hecho lo ha sido, antes de la aparición de la democracia moderna.

Partimos de la base de que la libertad no ha existido nunca y de que a Dios gracias, no existirá jamás en este mundo. Lo que queremos decir con esto es que históricamente no existe una libertad abstracta sino libertades concretas. En tales condiciones, tenemos de la libertad una idea dinámica, no estática. Es decir, que en lugar de "libertad", hablaremos de "liberación".Un ámbito mayor
Para comenzar, se impone delimitar el espacio que ocupan y la relación entre política y democracia. La política es un ámbito mayor que la democracia. Esta última puede a veces no ser más que la dictadura de la mayoría. La política parte del reconocimiento de la existencia del adversario, que deja de ser considerado enemigo; y, en consecuencia, el abandono de las soluciones de fuerza, de las armas, por la palabra, la persuasión, el diálogo. Hace cinco siglos, Maquiavelo planteó eso como la oposición entre la potestà assoluta y el vivere politico.
En cuanto al término mismo de la democracia, no lo concebimos sólo como la sucesión de gobiernos democráticos; ni sólo como la existencia de las libertades civiles y los derechos individuales.

Para nosotros, la democracia existe incluso cuando aquellos elementos faltan o escasean. La democracia significa sobre todo la conciencia popular de su propia fuerza; lo cual es el prerrequisito para entrar en el reino de lo político. Sin mucho sentido
Partiendo de esa base, pierden mucho si no todo su sentido algunas discusiones sobre si la democracia venezolana comienza con López Contreras o con un Medina Angarita que se adelantó a Betancourt ampliando el padrón electoral; sobre si Betancourt es el Padre de la Democracia, o si la democracia venezolana nació el 23 de enero.
No. La democracia, aquí o en Tokio nace sólo en un lugar, tiene un solo padre: la calle. Signifique eso una manifestación, una insurrección popular o una marejada de votos. El nacimiento de la venezolana como sociedad democrática no proviene de la buena entraña del general López Contreras, sino de la manifestación popular del 14 de febrero. La ampliación del voto popular no proviene de Medina, sino de las masas que acogieron en forma torrentosa el Estatuto Electoral promulgado después del 18 de octubre; no nació en 1958 de las Fuerzas Armadas que le sacaron la silla de abajo a la dictadura, sino de las "tres gloriosas" jornadas de calle del 21, 22 y 23 de enero.
Tampoco idealizamos la democracia: conocer su fuerza puede llevar al pueblo por caminos equivocados. Así los fascismos europeos se hicieron del poder usando los mecanismos de la democracia. La idea de que el pueblo nunca se equivoca parte de la consideración del pueblo sólo como clientela: proviene directamente de la frase favorita de todos los comerciantes: "el cliente siempre tiene la razón".
hemeze@cantv.net

Bandera venezolana

Bandera venezolana

Automóviles de los 40

Automóviles de los 40