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martes, 10 de noviembre de 2015

Para que te acuerdes de tus andanzas por Caracas







RAFAEL ENRIQUE LUNA alias “WALLY MOON”*
Hoy quiero recordar cosas que en algún momento de mi vida fueron importantes para mí. Divertidas algunas y hasta puedo decir que marcaron una pauta en mi estatus, en mi forma de ser,  y posiblemente en el estilo de vida de mi futuro inmediato.


Muchos recordaran conmigo, y reconocerán cuando lean esta página, los nombres de algunos sitios, y de algunas personas que por más que lo he querido, me he negado a olvidar, no las añoro, porque ya no tienen la importancia que les di en el pasado, por la simple razón que interpreto ese refrán español que dice: El Agua que ya pasó no puede mover el molino.

Screen Shot 2015-08-02 at 12.28.22 PMVoy a comenzar por recordar a un señor de modales muy toscos, para el medio donde se movía en ese entonces, pero llevaba juntos de la mano siempre la elegancia y la chabacanería muy mezclados y campantes, se llamó Henri Charrière apodado Monsieur Papillon porque tenía una mariposa tatuada en su hombro izquierdo para taparse una Flor de Lis y el número de presidario, la marca de los presidiarios de La Isla del Diablo en Cayena, Guayana Francesa, de donde escapó un día. A Henri Charriere, me unió una camaradería por varios años, antes de hacerse un famoso escritor, contando la aventura de su escapada de la Isla del Diablo, y luego se hizo millonario al comenzar a vender su libro que se convirtió muy rápido en un Best Seller. Después de eso, solamente lo vi en dos ocasiones; una en Paris en el año 1966 cuando me prometió autografiar su libro, promesa que nunca cumplió, y la otra en el Gran café de Sabana Grande, donde tuve oportunidad de saludarlo. Luego en un día cualquiera de los años 70 leí en la prensa su muerte por cáncer, en el Paris que lo execró, y por una gracia especial del Presidente George Pompidou, le permitió vivir sus últimos meses en Francia. Aunque era ciudadano venezolano, nunca le permitieron estar más de 2 semanas en suelo francés.

Pero en medio de su rudeza y su ordinariez era una persona gentil y esplendida, y fue dueño de aquel Restaurant que quedaba a la orilla derecha de la carretera de Baruta cerca del caserío de Las Minas, casi a la entrada del pueblo de Baruta que se llamó Gambrinus.

También recordaran conmigo a aquel señor amigable y de fácil conversación que se llamaba Jacques Del Sol (Jack Delsol) anfitrión de aquel lugar original, encantador, y romántico que fue el favorito de mi post-adolescencia cuando comencé a salir con mis amigas en la noche, se llamaba Mi Vaca y Yo, quedaba también al lado derecho de la misma carretera de Baruta pero mucho antes que el Gambrinus.

Ahora vienen a mi memoria sitios no tan vetustos como yo, pero si algo añosos para algunos, mucho más jóvenes como mis hijos y otros no tan jóvenes como ellos. Recuerdo el aristocrático Screen Shot 2015-08-02 at 10.18.32 AMAventino de Dino Riocci,  El Faro en la carretera del Junquito de Ventura Vernal quien fue dueño de varios sitios en la ciudad de Caracas, como La Morocota, y el elegante y regio Restaurant Nogorov (conjuntamente con Aldemaro Romero), donde una noche debutó Julio Iglesias como profesional, después de haber figurado en los primeros puestos de ese año en el Festival de Benidorm 68 y solamente había como una docena de personas, entre los cuales estaba yo. Ventura Vernal magnifica persona, primero funda el Restaurant Plaza en la Av La Paz del Paraíso, y luego el Screen Shot 2015-08-02 at 12.49.06 PMRestaurant Pasapoga en la Av Urdaneta, luego el Skippy en la Av La Paz, este sitio era muy peculiar  porque ademas de Cabaret, y Restaurant, tenía una pista de patinaje.

Pero quien yo creo que era el más versátil de todos estos industriales de la diversión de la noche y del buen comer, fue el inquieto y simpatico Tony Grandy. Instala primero el Restaurant La Cava de Tony ó El Tony La Cava, como le decían, en el edificio de la Gran Avenida de la Plaza Venezuela, donde hoy día está el SENIAT. Más tarde abrió el Barnuns en el mismo sitio. A su vez tenia, el Tony 65 en la Av Fco de Miranda al lado del Cine Lido, donde quedaba el sellado de 5 y 6 del Playboy (Humberto Lofrano) y luego entre Sabana Grande y la Av Casanova, en el sótano del edificio del Banco Mercantil & Agrícola, abrió el modernísimo Tony de La Llave, donde los socios y amigos de Tony tenían una llave de la puerta del club para entrar.

Como olvidar a Héctor obsequiando una rosa roja a toda dama acompañada o solitaria que entrara a su Héctor’s Restaurant, luego, con los brazos cruzados recitaba el menú en francés, porque en su restaurante no había carta de menú; el Héctor’s quedaba en toda la esquina de la 2a transversal de las Delicias con la Av Casanova, creo que donde hoy día queda una casa de trofeos.

Estoy recordando también Mimo Tombión quien por lo menos tuvo 10 restaurantes en Caracas entre ellos estaban Mimo’s y Mimo’s Pub. A quienes también recuerdo es a Tito Abadie dueño del Biarritz Restaurant, en la calle El Colegio de Sabana Grande , a Pierre Huguet y Lionel Tarazón dueños del Henry IV Restaurant que quedaba en la esquina los Jabillos con Ave. Andrés Bello, diagonal a la Basílica de la Chiquinquirá en La Florida, a Pietro Di Renzo dueño del Nicol’s Margarita y Nicol’s 70, a Luis Aragort dueño del L’insolité Restaurant, a Erasmo de Santiago, heredero de los productos Toddy y  Yukery y dueño del Screen Shot 2015-08-02 at 1.00.40 PMGazzebo en Las Mercedes.

Viene a mi memoria también, Francoise La Cler creador del Night Club de variedades Todo Paris que quedaba en la Gran Avenida de Sabana Grande , Franca Da Piani, siempre en la Barra del Da Franca Ristorante en Los Palos Grandes, a Amadeo Mazzucato fundador del Amadeo Restaurant y del Screen Shot 2015-08-02 at 1.04.03 PMMarcopolo, a Mario Damatti, creador del Il Padrino Ristorante. Al Ristorante Franco o La Bocca de la Veritta. Al cariñosamente apodado “El Gringo” Lee Hamilton, creador del Corazón de Lechuga con queso Roquefort en su restaurante de La Castellana Screen Shot 2015-08-02 at 1.05.51 PMLee Hamilton Steak House; a Rafael Beltrán empresario fundador del El Club Duende y de Zarabanda Restaurant, que tenía un esqueleto bailando para evitar cualquier problema a la entrada del club. Recuerdo los carnavales en La Cueva del Oso en el Edificio Polar de la Plaza Venezuela, y las tardes de toros al salir del Nuevo Circo a seguir la farra en el Screen Shot 2015-08-02 at 1.07.31 PMRestaurant La Haya, en la Plaza La Estrella de San Bernardino ó en El Campo en la Av Francisco de Miranda frente al Coney Island en los Palos Grandes, o en el Río Chama en Bello Monte entre Sears y Las Mercedes, con el siempre presente caricaturista Jose Caraballo, con “Picasso”- Campeon de Billar, de paso.!! y el gran pianista Pat O’Brian.

Voy a mencionar algunos nombres de restaurantes famosos, que hicieron historia en la Caracas de los años 50, 60 y 70, comenzaré por un Mon Seigneur que quedaba en el Edificio Capri en la plaza sur de Altamira frente al Teatro Altamira, lo inhabilitó el terremoto de julio de 1967, donde esta hoy día la Torre Británica. Screen Shot 2015-08-02 at 10.19.59 AMTarzilandia, un restaurant alemán que está allí desde 1948, que todavía existe al pie del Ávila en el norte de Altamira. Un restaurant argentino que debe tener cerca de cincuenta y pico de años: La Estancia, Screen Shot 2015-08-02 at 12.44.26 PMen Av Principal de La Castellana, 1954, y El Mesón del Botijo en la Castellana.

Montmartre donde tocaba el órgano aquel famoso e inigualable organista Kurt Lowenthal en la calle Bolívar de Baruta, era Jack DelSol. Screen Shot 2015-08-02 at 12.23.48 PMLa Belle Epoque en la Av. Miguel Ángel, La Cigogne en la calle Garcilazo, Il Forchettone, todos estos en Bello Monte. El famoso “Diplome Astronomique” por la “degustation et  a l´appreciation le Caneton a la Presse” en el Aventino, ya nombrado. Altamar en Altamira y El Barquero en la Castellana. Da Guido (primero Da Emore) que nos acompaña desde 1961. El UrrutiaScreen Shot 2015-08-02 at 10.19.21 AM, en la Ave. Solano, Le Coq d’or, y Il Ruggantino del Hotel Tampa en las Delicias de Sabana Grande. Il Caminetto, Montanara, Romanissima, La Strega, Mamma Mia, todos ellos en Las Mercedes.

El Nelos, Lasserre desde 1973Screen Shot 2015-08-02 at 12.54.35 PM, Petronio, Quasimodo, Mimos, Patrick, La Potinière (Club La Chismosa, después The Flower, en la plaza de La Castellana).  La Lechuga en el CC Los Cedros. El Bogavante en El Rosal, El Carrizo, Casa Vecchia, en La Castellana, El Álamo y Screen Shot 2015-08-02 at 12.57.06 PMEl Alazán en Boleita, El San Felipe, en La Castellana, El Refugio Alpino y El Tejano en la carretera a San Diego de Los Altos.  El Silver Bowl, Hipopótamo,  La Morocota, La Jungla, Víctor, La Insolité, El Gorila, Blow Up, Club La Lechuga. Eva, Le Club en el sótano del C.C.Chacaíto. Guernica, El Pozo Canario, y La Cita entre las esquinas de  Urapal y Alcabala de La Candelaria. También, La Botella en Prados del Este. Maitena en el Paraíso. El Hipocampo, del maravilloso Renato Salami, en el sótano del teatro Altamira, luego mudado a otro sótano del C.C. Chacaíto. El Maute Grill en Las Mercedes, El Rincón de Baviera, el Screen Shot 2015-08-02 at 10.17.38 AMAnatole y el Pájaro Gordo en San Bernardino, Screen Shot 2015-08-02 at 1.23.56 PMJuan Sebastián Bar y El Portón en El Rosal, El Carrizo en la Castellana, El Rancho Tranquilino desde 1956, en Bello Monte, el Aranjuez, Hereford Grill, y La Petite Suisse en la Calle Madrid de Las Mercedes,  Il Foro Romano en Bello Campo, México Típico, en Av Libertador , Mr Chow Ave. Río de Janeiro, Il Romanaccio, C.C. Paseo Las Mercedes, Cavalleria Rusticana, en Altamira sur, Screen Shot 2015-08-02 at 10.19.02 AMAl Vecchio Molino en la Av Solano, Barba Roja, en Av Tamanaco El Rosal, El Hostal de La Castellana, el primer Ávila Tei en la calle Guaicaipuro del Rosal, el Dena Ona también en el Rosal, El Tejar en (Pza. España de Av. Urdaneta) la Av Nueva Granada, Casa Juancho en Altamira, El Greco en Macaracuay, La Pieza,  E’Rita, (The Rita’s Cozy Nuck) en Bello Campo.

Entre los Restaurantes especializados en comida China en Caracas a comienzos de los años 50, el primero fue el Salón Cantón donde el maître, mesoneras, anfitrionas y cocineros, era toda la familia, quedaba dentro de una fuente de soda que tenia varios salones con restaurantes como el Salón Cantón y Le Gran Derby dentro de su local, se llamaba Vert Galant, ahí se reunían los propietarios de caballos de carreras y los preparadores, quedaba donde hoy día está el edificio de Seguros La Previsora en Sabana Grande, otro de los más antiguos fue El Palmar, creo que data de 1955, está situado en la plaza Abraham Lincoln de Bello Monte. También de finales de los años 50 fue el Dragón Verde, en la parte alta del Teatro París, hoy en día teatro La Campiña, El famoso Ling Nam de Ricardo Hung, en Los Chaguaramos,  el discreto Mandarín de la familia Chong, en la calle Los Mangos de La Florida de los años 50 también, y el Gran China de 1970 en la esquina Av Orinoco de Las Mercedes.

Había también Sitios y Bares famosos, como Le Garage en el sótano del edificio La Cortina, su dueño era un francés, llamado Roland Rialot y le decían “Tribilin” y  enfrente quedaba Le Mazzot, en la Plaza Chacaito,  Windsor en la Ave. Vollmer de San Bernardino, El Chicote de los señores José Sabaco y Luis Elguezabal, en Los Caobos, Embassy, Picadilly.  La Carabela de Colón y El Galeón de Jacobo  Sanchez en la calle Negrín donde está el Mac Donald’s, llegando a Sabana Grande. Un restaurant argentino que quedaba en La Castellana, El Gran Charolais, El Tinajero, en la Ave. Rio de Janeiro y  La Castañuela, en Las Mercedes. Shorthorn Grill (originalmente el Tic-Tac en Chacao) en La Ave. Libertador , el Carusso, el inolvidable Bagatelle que quedaba en la parte de atrás del Edf. Veracruz en Las Mercedes, Zebra Bar, al lado del Bowling del Este, y el  Mon Petit Chat, en el Centro Comercial Altamira Sur que hoy no existe, donde tocaban los hermanos Planchart.

La Posada del Corregidor, en la calle La Puñalada de Sabana Grande y  La Hostería del Príncipe al lado de Piccolo Café. La Cervecería Alemana en un sótano de la calle Real de Sabana Grande al lado del Cine Rio, frente al Banco Venezuela, Trattoria Dopo Laboro en la Carlota desde 1955,  Las Cancelas, en Sba. Grande y otra en la 1a transv. Las Delicias, El Travertino.  Da Pippo Ristorante en la Castellana, Cien Sillas, en El Rosal, Cervecería Río Chico en la Av Francisco Miranda en Chacao, todavía está allí, Cervecería Maracaibo en Altamira Sur, Le Petit Bistrot de Jacques en las Mercedes, La Peña Tanguera en Bello Monte, Don Luis, y Fuente de Soda Quick, ambos en la plaza Chacaito al lado de la Tienda La Cortina, Fuente de Soda La Florida Esquina las Acacias, frente al cine Las Acacias también diagonal al Vert Galant. Screen Shot 2015-08-02 at 1.09.29 PMLa Cota 880 en el Penthouse del Hotel Caracas Hilton, Le Gourmet en el Hotel Intercontinental Tamanaco, Baby Scotch Bar, la Pizzería más antigua de Venezuela Da Peppino, todavía está en la Floresta, cerca de Altamira, desde comienzos de los años 50. Screen Shot 2015-08-02 at 12.52.11 PMEl Trolly que vino dentro de un vagón de ferrocarril, desde el año 1954 dando tumbos desde Bello Monte, hasta el terreno donde está el  Edificio El Torreón en Las Mercedes, y finalmente llegó hasta donde se encuentra ahora, desde hace 30 años, en la calle la Guairita de Las Mercedes. El Coche de Isidoro, Paprika, y al lado El Tic Tac en Los Caobos atendido por su dueña una señora de 1,90m de alto y como 100Kg de peso, de origen belga llamada Susan Van den Braden a quien el famoso liquor drinker Clodomiro  Sanchez cada vez que se rascaba la llamaba Moby Dick.

Habían tantos restaurantes en Caracas, que sería muy difícil tratar de listarlos a todos en este tipo de recuerdos.

¡¡¡Caracas era una ciudad más cosmopolita que lo que muchos creen y en donde había de todo para todos los GUSTOS…!!!

PERDON, ESTOY OLVIDANDO AL FAMOSO CAMPANERO

* tomado de:http://www.pedromogna.com/rafael-enrique-luna-alias-wally-moon-para-que-te-acuerdes-de-tus-andanzas-por-caracas/

lunes, 2 de noviembre de 2015

“BOTIQUIN, BAR, NIGHT CLUB, BOITE”*

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Nosotros, como cualquier venezolano de más de 50 años, le decíamos “Botiquín” a todo cuanto antro estuviera dispuesto para poderse tomar una cerveza, un ron, un anís, un whisky, en ciertos casos, no necesariamente acompañado con música. A veces incluía comida, ligera, no propia de lo que se hace con una gran y buena preparación, simplemente aquel alimento que sirviera para paliar la necesidad de comer, lo que convertía al sitio también en un restaurantes de emergencia, que era otra forma de lucrarse del dueño o los dueños del sitio
Toda esta disertación surge como consecuencia de que alguien preguntó que si existe alguna diferencia entre los nombres que le sirven de título a esta página, todos dedicados principalmente al expendio de licores, de bebidas alcohólicas, de bebidas espirituosas. De la connotación que se desprendía de esa simple pregunta se nos ocurrió tratar de conceptualizar los términos o nombres de esos sitios en un buscado orden similar al cronológico, pero ubicándolos de abajo hacia arriba, del peor al mejor, de acuerdo con las experiencias propiamente venezolanas, y es así que logramos obtener empíricamente que:
BOTIQUIN: Creemos que en Colombia se le dice igual, en México Cantina, es el sitio que por excelencia era utilizado por el proletariado, por la clase de menos recursos económicos, dado que los precios de las bebidas estaban al alcance de todo cuanto ser pudiera contar con trabajo o aquel que se ganara un dinerito en la realización de cualquier faena momentánea que le surgiera. De esta clase de sitios, mal llamados de esparcimiento, han surgidos millones de comentarios y anécdotas. Siempre se especulaba que cuando entraras en uno de ellos tus sentidos tenían que multiplicarse y estar “ojo avizor” por si surgía cualquier discusión, riña o pelea, donde te pudieras involucrar sin tener arte ni parte en su origen o en la reyerta que se hubiese formado.
Generalmente en aquellos tiempos las peleas, riñas o reyertas siempre se realizaban a golpes, a puño limpio, sin que faltara una que otra vez un botellazo o un golpe con un palo o algo parecido. No había nacido todavía el ensañamiento, la alevosía, la traición y el agavillamiento, ya que los pleitos se dirimían como hombres, de frente y sólo utilizando como armas las manos, los puños o los pies, cuando más. Todavía nos podíamos considerar personas de sanos sentimientos, de rectos procederes y de sostener la palabra como que si se tratara de un documento, respetando siempre la integridad física del contrincante y, por sobre todas las cosas, su vida, que era sagrada para todo el mundo. El ensañamiento, el odio, la falta de escrúpulos y la carencia total de lo que caracterizaba al buen samaritano, no había surgido todavía. No es como desde hace como diez años. que la criminalidad, el odio, la venganza y la falta de todo sentimiento y escrúpulos han venido surgiendo con el macabro acompañamiento de la utilización a diestra y siniestra de las armas de fuego, o cuando menos de armas blancas, por lo que la asistencia a un sitio de estas características, sobre todo en los barrios, está total y definitivamente prohibida, a menos que se viva en el mismo lugar de su ubicación y que todos sean conocidos, lo que no es ninguna garantía, pero por lo menos la tranquilidad es un poco más llevadera.
Estos eran sitios típicos de los barrios venezolanos, sobre todo de los caraqueños, donde se expendían bebidas alcohólicas a partir de las 2:30 de la tarde. Podías escuchar música de tu preferencia proveniente de rockolas, pero asombrosamente se notaba que el volumen era exagerado en extremo, por lo que las conversaciones había que sostenerlas a gritos, que era la única manera en que se podía hablar para hacerse entender.
Generalmente la asistencia era de puros hombres, ya que se consideraba un lugar para simplemente beber, oír música y hablar de cualquier cosa, de cualquier tema, cuando se podía. Caracterizado por tener mesas de billar (no Pool) y mesas de Dominó que constituían la otra parte de la diversión en tales establecimientos, sitio obligado de reunión luego de que se terminaran las faenas semanales los días sábados. Generalmente el sitio estaba dotado de una gran barra que era la preferida de los consumidores para entablar sus amenas tertulias ya que por la cercanía entre consumidores las conversaciones podían fluir de una manera más normas y no a gritos.
También se estilaba oír en las emisoras de radio las carreras de caballo, los juegos de pelotas o las carreras de carro (que caraqueño de aquellos años no se acuerda de “Coche a la vista”, frase típica de la narración de una carrera de carros). Luego vino la televisión, donde los programas preferidos en estos sitios eran, por supuesto, los deportivos, incluyendo en ellos las carreras de caballos, ya que las carreras de carros habían desaparecido de Venezuela. Siempre se hizo referencia al boquitín de una forma despectiva, sobre todo si el comentario provenía de las madres, de las esposas, de las arrejuntadas, de las del segundo frente, de las amantes o de las novias, pues se le consideraba como una especie de antro donde supuestamente el hombre se corrompía, se hacía adicto a la bebida (todavía no se conocía la droga), o al menos “cogía malas mañas” de aquellos compañeros que no eran muy bien vistos. Entre esta clase de establecimientos públicos recordamos, si la memoria no nos falla:
El Morena Clara (La Pastora) frecuentado por el cantante de los Melódicos de la época, Víctor Piñero (Arepa) que también frecuentaba El Guaratarazo (en El Guarataro), de donde, se dice, provenía. El Charnequero (La Charneca). Frecuentado, por el gran Cheo Feliciano y Alí Primera, ya que éste tenía su residencia en la barriada conocida como La Charneca.
BAR: Un establecimiento dotado un poco mejor que el anterior, con más comodidad, atendido por mesoneros, casi con las mismas características, pero ya se podía ir acompañado de damas, a las que se respetaba cuando la bebida no se subía más de la cuenta y cegaba a su consumidor. No tenía mesas de juego. Contaba también con rockola, un poco más lujosa, colorida y con mejores formas, con un mejor sonido musical, pero se respetaba que el volumen de la música escogida fuera un poco más moderado para que las conversaciones pudieran entablarse de forma normal y no a gritos, ya que era y es el sitio de reunión por tradición cuando con su música se le quiere amenizar con las bebidas preferidas. La música es la misma que el caso anterior, pues siempre prevalecían las composiciones de moda o aquéllas que perduraban en el gusto de los clientes, a quienes siempre se trataba de complacer, pues la mayoría eran asiduos visitantes del establecimiento. El Bar fue tomando tales características propias que lo identificaron plenamente, independientemente de que el establecimiento tuviera tal denominación, ya que se consideraba un sitio de sano esparcimiento, con una relativa seguridad y a donde generalmente asistían personas a las que la bebida no las convertía en pendencieros o “busca pleito”. Hay una diferencia notoria entre Bar y Botiquín.
En los botiquines entraba cualquier cristiano, simplemente lo que se necesitaba era tener dinero para pagar sus consumos; en cambio en los bares se estilaba reservarse el derecho de admisión, precisamente para evitar la entrada de aquellas personas que gozaban de mala reputación, tanto hombres como mujeres, porque su apariencia no indicaba nada bueno, pues no se hacía distinción para honrar la condición de quienes verdaderamente asistían a disfrutar un rato placentero, ameno y sin molestias o disturbios de ninguna especie. El Bar Don Luis (Chacao), con sillas numeradas pertenecientes a cada uno de los asiduos asistentes, es uno de los más emblemáticos del Este de Caracas y ha perdurado por varias generaciones, ganándose una muy solida reputación por las personas que lo visitan o visitaban diariamente. Mi Vaca y Yo (carretera vieja de Baruta, del reconocido escritor Papillon), otro de los recordados sitios para pasar un grato momento, disfrutando de las amenas charlas del famoso Papillon, cuando era su dueño, o de una buena música como fondo infaltable, pero a un volumen sumamente moderado. Luego fue atendido por su esposa, una exuberante mujer de gran personalidad y un trato súperameno, que hacía que las veladas valieran la pena. De igual forma se escogía este sitio, además, para disfrutar del frescor del lugar y de la vista de las montañas que lo rodeaban.
Don Pepe (carretera vieja de Baruta), sitio también de gratos recuerdos, donde además de los tarros o Jarras de cerveza, se disfrutaba del famoso pepito, que no era otra cosa que un gran sándwich en pan francés, relleno de un pedazo de carne, generalmente solomo, con ruedas de tomate y untado de mantequilla, al gusto; se dice que allí fue que se invento este tipo de alimento. Bar la Pelota (Av. Casanova), se caracterizó por emplear grandes pantallas como reflejo de la televisión para exhibir los deportes favoritos de la época (boxeo, béisbol criollo y de Grandes Ligas, fútbol, etc.), donde también se bailaba con música en vivo. Bar Canta Rana (Alto Hatillo), donde, entre otras cosas, se recuerdan los famosos vermuts (después de las 4 de la tarde) amenizados por la Billo’s Caracas Boy los sábados y domingos; sitio por demás agradable, fresco y con una maravillosa vista de casi media Caracas. Era un lugar casi obligado para la juventud de los años 60, cuya diversión generalmente se caracterizó por lo sano y por lo alegre, aunque tuvo sus lunares como el surgimiento de las grandes pandillas o los nunca bien recordados patoteros.
Bar Caracas City (El Silencio), uno de los sitios más populares del centro de Caracas, con una particularidad que lo hizo famoso, en la planta baja se encontraba propiamente el Bar, asistido por mesoneras, muchas de las cuales eran estudiantes o madres solteras, y en la parte superior existía un salón de billar, donde también se servían bebidas.
 BOITE: Es una sitio parecido al nightclub, pero incluye presentaciones de mujeres (y de otras que no eran mujeres propiamente dicho) haciendo striptease, y entre cada presentación se podía bailar, si así era permitido. De los más recordados se tiene a la Boite La Estrella (Av. Urdaneta), Boite El Castillo (Av. Urdaneta) la Boite Plaza (El Paraíso). 

NIGHTCLUB O CABARET: Estos son salones, con mejor decoración, mejor atención, incluían porteros, capitán de mesoneros. A diferencia de los bares y los botiquines que empezaban en la tarde, éstos comenzaban en la noche, casi siempre a partir de las 9:00. Eran única y exclusivamente para ver shows, artistas de moda, y como constabas de pista para ello, también se podía bailar en los descansos entre presentaciones, además de libar su bebida preferida, por supuesto. El más famoso y recordado, (del que se ha escrito en infinidad de oportunidades, e incluso de la pluma del conocido Oscar Yánez salió un libro que se llama Del Pasapoga al Trocadero, como especie de referencia a los sitios de moda de aquella época romántica), tenemos El Pasapoga (Av. Urdaneta), donde se dice que llegó a actuar una famosa, no como cantante, sino como Presidenta de un país del Cono Sur; Sonja Henie (El Paraíso), The Cats (Altamira), Le Garage (Chacaito), sitio obligado a visitar en los carnavales de la época que añoramos, por su muy particulares características, por su tipo de música y porque prácticamente era el preferido por famosas “negritas”; La Cigogne (Bello Monte), Montmartre (Baruta), uno de los sitios más ameno que existía ¿Quién no recuerda los acordes musicales de su singular pianista? ¿Cómo olvidar las amistades que surgieron de ese sitio, al que se asistía no obstante lo incomodo que resultaba estacionar los automóviles?
Como se podrán dar cuenta la cantidad de nombres da una idea de los locales frecuentados, teniendo cada uno una historia muy particular, pero narrarlas nos llevaría mucho espacio. Existen muchos más, pero la memoria nos traiciona y no los recordamos, así que cualquier ayuda al respecto será bienvenida.



* (Texto tomado de “El Blog del Bolero” 24-08-07)
https://elblogdelbolero.wordpress.com/2007/08/24/botiquin-bar-night-club-boite/

sábado, 29 de agosto de 2015

EL PRIMER AUTOCINE de Sur-America fue en Caracas-Venezuela, el año 1949.


Fachada


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¿SABÍAS QUE EL PRIMER AUTOCINE QUE EXISTIÓ EN SURAMERICA (CARACAS) FUE EL AUTOCINE LOS CHAGUARAMOS Y QUE SE CONSTRUYÓ EN 1949?
Ciertamente, en 1949 se construyó en la Avenida de La Colina de la Urbanización Los Chaguaramos, Caracas, el primer autocine de Suramérica, el Autocine Los Chaguaramos, lo cual causó sensación entre los jóvenes de aquella tranquila ciudad de entonces, porque el hecho de ver una película dentro de un automóvil, vestir deportivamente o como uno quisiera, conversar, comentar o estar en la intimidad, sin molestar al vecino o no ser molestado por nadie, fue una novedad muy agradable que se convirtió en moda. La nueva moda atrapó también a los adultos y de pronto la informalidad resultó muy confortable y ofrecía una alternativa al rigor social de tener que vestirse formalmente para ir al cine.
Ese primer autocine de la capital venezolana tenía una capacidad para 250 vehículos y una fuente de soda llamada El Cristal Room, que durante una década se convirtió en el sitio de moda de “La Sultana del Ávila.
En su tiempo, los autocines cumplieron su misión de entretenimiento y diversión para la que fueron creados, pues le ofrecían la oportunidad al ciudadano de pasar un rato agradable disfrutando o no de una película o, en otro caso, la posibilidad de airearse, disfrutar la noche y compartir, con la novia, la amante o con la esposa y los hijos un rato diferente; porque si bien es cierto que alojaron a parejas de enamorados, quienes los utilizaron como refugio de amor, también brindaron la comodidad para salir de casa en piyamas y ver una película cómodamente, disfrutando de una cerveza, fumando un cigarrillo o tal vez degustando algún aperitivo o de una sabrosa hamburguesa o un apetitoso perro caliente.
Tras desaparecer con el paso del tiempo debido a que las ciudades fueron creciendo, los terrenos escaseando y por ende, haciéndose cada día más costosos, el elevado precio de los terrenos los arrastró hasta su desaparición, pues la mayoría de esos terrenos donde funcionaban, eran alquilados.

Hoy, como sucedió en el país que los vio nacer, Estados Unidos, los autocines sólo son un grato recuerdo para la gente que los conoció y disfrutó, sobre todo, aquellos jóvenes que entraban escondidos en tantas maletas de autos que lograban traspasar la puerta y burlar al taquillero, para luego abandonar los carros y celebrar cada travesura. Igualmente, los padres desesperados que acudían a ellos para liberarse de la rutina, cargados con hijos que dormían cuidados y vigilados en el asiento posterior del automóvil. Y ni hablar de aquellos que disfrutaron de momentos tan románticos en sus autos que estacionaban en zonas alejadas, cuyas ventanas subían apenas llegaban al autocine para disfrutar con la complicidad de la noche ardientes momentos de pasión, tan ardientes que esos enamorados salían del autocine sin saber siquiera que película se había proyectado.
Como dato complementario vale la pena señalar que el primer autocine (drive-in theater) que funcionó en los Estados Unidos se construyó el 6 de junio de 1933 en Nueva Jersey.
Para la inauguración del Autocine Los Chaguaramos, la empresa Cines Unidos publicó en un aviso en la prensa venezolana que motivaba a la gente a disfrutar un espectáculo desde su propio carro, en un espacio para 250 autos, con altoparlante individual, rampla con mesas y cómodas sillas para 600 personas y una fuente soda de gran lujo, disponible aun con lluvia, aire puro y un gran ambiente de distinción. El aviso destacaba la novedad con la frase “por primera vez en Suramérica”, anunciando la proyección de estrenos de películas seleccionadas entre las mejores de la industria.

Año 1949. Aviso de prensa anunciando la inauguración del Autocine Los 

  Chaguaramos
 Foto de Humberto Zárraga.

jueves, 16 de julio de 2015

Una laguna entre bares y cantinas

FRANCISCO AGUANA MARTÍNEZ*, **
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EN 1940 COMENZÓ EN CATIA UNA HISTORIA ESCRITA CON CAÑA, CON TINTA CAÑA DEL CORAZÓN. LAS CARICIAS, LA MERCANCÍA Y ALCOHOL SE DIERON LA MANO. ENTÉRESE AQUÍ DE LOS DETALLES
Cuando se inaugura la avenida Sucre, en 1922, el trayecto serpenteado de la estrecha vía comenzó a ser transitado por las damas de la noche, mujeres de la vida alegre o mujeres de la mala vida, que eran tres de los apelativos con que se designaban a las féminas que se dedicaban a la prostitución. Sus figuras espectrales le hacían compañía a los fantasmas y aparecidos, paridos por la imaginación de una población aún en penumbras por las deficiencias del alumbrado público. Así, envueltas entre las sombras, las chicas ofrecían su cárnica mercancía con su menú de tres platos y su típico ¡psss¡, ¡psss¡ para atraer clientes. Ya para 1931 dos bares marcan el principio y el fin de la vía: el bar Florido en Pagüita y el Tres Lunas, cerca de la plaza Juancho Gómez (hoy, plaza Sucre), donde se encontraban Los Cosacos y el Bar de Amigos. Hacia arriba, por la incipiente urbanización Nueva Caracas, estaba El Tabarán con su extraña promoción de cenas, jazz y boxeo. Cerca se hallaban los bares La Laguna y el Pulmonía. Estos son los de la primera época, o bares de ambiente familiar, de los que se hacía mención hasta en los avisos de la entrada de cada uno. Estos negocios eran complementados por lugares de recreación familiar esparcidos por la ciudad y que constituían una moda para la época: los clubes sociales. En Catia hubo tres de estos: el Altavista, La Rochela (en la carretera vieja a La Guaira) y El Moro (entre calles Bolívar y Washington).
A este bar de tipo familiar van agregándose otras ofertas de diversión nocturna como los night clubs, cabarés y dancings dispersos por toda la ciudad de Caracas; y bares de borrachitos o tugurios a los que llamaban despectivamente botiquines y a sus usuarios los descalificaban como botiquineros. En los años 40 se inauguran los cabarés Tropicalia y el Charlemos. Los dancings eran sitios para presentar artistas en vivo y tenían pistas de baile. En Catia se inauguran El Gran Botellón en 1951 (Av. Sucre) y El Canario en 1952 (La Cortada).
EL INVENTARIO DEL NEGOCIO
Cuando llega la década de los 40, Catia es una zona industrial y comercial de relevancia, donde circula mucho dinero pero en la que, en contraste, hay bastante pobreza. La población aumenta enormemente con la llegada de gente venida de todo el país, y parte de su componente femenino se dedica al ejercicio de la prostitución utilizando sus gentilicios como nombres de batalla (La Maracucha, La Llanera, etcétera). Le hacen compañía un contingente de damas europeas llegadas, aventadas por la tragedia de la guerra y sus consecuencias. Más adelante se incorporan al negocio cubanas y dominicanas camufladas como bailarinas exóticas del teatro burlesque, o mamboletes cuando se pone de moda el cine de rumberas y el país se prende en la fiebre del mambo. De Colombia nos llega una gran cantidad de mujeres que van a asumir como suyo el oficio de mesoneras. En 1941 se inauguran en Catia el principal cuartel de la ciudad (el Urdaneta) y la principal cárcel (la Modelo); se impone como una necesidad darle a los muchachos su complemento alimentario, así como proporcionar consuelo a los presos. Para completar este inventario hay que agregar a las muchachas provenientes de los 24 burdeles derribados en El Silencio.
Laguna de Catia.
EL ARCHIPIÉLAGO DE LA PUTERÍA
Con criterios estrictamente capitalistas, había que darle acomodo a quienes ejercían el oficio de la prostitución. Es así como va creciendo exponencialmente la cantidad de bares, burdeles y botiquines, quedando inaugurada la etapa del bar-burdel: mampara del negocio de las caricias, el alcohol y el novedoso vicio del consumo y tráfico de drogas que comienza a registrarse en esa cuarta década. Este tipo de bar, además de servir de refugio a los despechados y solitarios que buscaban compañía y consuelo en la semioscuridad maloliente, envueltos en el humo de esos establecimientos estéticamente uniformados con cortinas de pepitas, puertecitas de “película vaquera” y rocolas con su ración de guarachas, porros y boleros —alegría y tristeza, concupiscencia y dolor a ocho canciones por un “bolivita”—; servían también de centro de recepción y distribución de los clientes que traían de la calle las caminadoras para “fichar”, para luego distribuirlos en los numerosos burdeles que llegaron a crearse en Catia de manera legal o clandestina (disfrazados de pensiones y casas de vecindad). Cuando el lenocinio funcionaba en el mismo bar, las habitaciones para el connubio se situaban, generalmente, al fondo: “Allá, detrás de las cajas de cerveza”. La Cueva del Humo, El Mantecón, El Mundial, El 17, El Canario, Villa Lourdes, La Mata de Plátano, El Caricari, El Puente, Costa Azul y La Casa de la Gata (burdel al que Salvador Garmendia en su cuento “El Inquieto Anacobero” llama Tibiritábara, y ubica como amo y señor al mismo a Daniel Santos) son unos pocos nombres de los numerosos burdeles regados por toda la parroquia.
Fue tal el impacto social de los bares y el negocio de la prostitución que, para 1941, las autoridades reconocen que había en la ciudad de Caracas más de 2.000 prostitutas: 90% infectadas y 45% menores de edad. Cifra que aumenta a 10.000 en 1966. Era de tal persistencia el negocio de los bares que las mismas autoridades se vieron en la obligación de crear una polícia especial, en 1952, para protegerlo de los borrachitos. Para 1956 ya existían más de 80 bares (legales) en la parroquia que, de acuerdo a una decisión de la Prefectura, debían pagar un servicio de vigilancia especial. La parroquia quedaba dividida en varias zonas de tolerancia: calles México, Perú, Bolivia; La Cortada, la urbanización Colón y La Laguna.
THE GUARRAPITAU IS MADE IN CATIA
A finales de los 50, enmascarado bajo el pseudónimo de un popular luchador (El Médico Asesino), emerge desde Catia el alquimista de la pea nacional: Ricardo Carvajal. Su elixir, sin pago de patente alguna ni registro de derecho de autor, va a ser incorporado a la curda del país entero: la Guarapita que, junto a un coctel del mismo autor (el Zamurito), preparaba en el bar Canaima. Guarapita es diminutivo de guarapo, pero no eran diminutas, para nada, las peas, rascas o curdas que provocaba su consumo. Sobre todo el primero, el del bautizo, que quedó asociado a ritos iniciáticos que marcaban el paso de la niñez a la adolescencia, que difería de épocas anteriores, cuando para dar el mismo salto había que “echarse los largos” —alargarse los pantalones. En esta ocasión se trataba de “echarse los palos”. Ambas bebidas se sumaron al aporte que hacían los catienses, con su laboriosidad, al paladar de los venezolanos, puesto que en sus predios se producían varios productos para la degustación: las mejores marcas de café, el chocolate más popular
—La India—, los helados EFE, los caramelos Fruna y la leche Silsa. Porque no crea, lector, que todo era caña y mujeres.
“TE VAS PORQUE YO QUIERO QUE TE VAYAS”
Lentamente se fue extinguiendo el negocio de los bares. Los descendientes de los portugueses —que monopolizaban ese tipo de comercio— montaron bebederos de caña al aire libre que dieron en llamar licorerías. La “pulitura de hebillas” y el rascabuche sexual, al son de la guaracha y el porro, se mudaron para otros lugares: cervecerías en el Centro Comercial Propatria; tascas como La Caneca, en la avenida Sucre; fuentes de soda, discotecas, etc. El dolor y la desesperanza de los despechados quedaron para la casa, porque quien prodigaba consuelo a los que padecían el mal de amores, la rocola, dejó de sonar y ha sido sustituida por el DJ y aparatos más, mucho más ruidosos. Ya ni el nombre de bar se usa. Son como cinco los locales que aún utilizan en Catia esa denominación. Las prostitutas ya no salen de las sombras: en su lugar están los malandros que, pistola en mano, salen para atracar a sus víctimas, no para ofrecerles placer. Además, ya no necesitan —las prostitutas— de la clandestinidad: pueden anunciarse en las páginas de cualquier periódico. Burdeles quedan alredecor de dos. A nadie le aplican la Ley de Vagos y Maleantes por andar con zoquetes —ahora les dicen transformistas. Desde los años 80 comenzó el desmantelamiento del vil negocio que reportó grandes ganancias a sus manejadores y nada para las mujeres que lo ejercían. Junto con el bar y el burdel se fueron los chulos, cabrones, vividores, mesoneras, madamas, policías y jefes civiles matraqueros, borrachitos, prostitutas y el señor cura a su misa. Definitivamente las cosas cambiaron: ahora se sigue bebiendo caña. ¡Saaalud¡, ¡jip¡
* Tomado de:
http://www.entornointeligente.com/articulo/6010574/VENEZUELA-MIRADAS-Una-laguna-entre-bares-y-cantinas-24052015
** Con autorización del autor.
Francisco Aguana <fcoaguana@gmail.com>  

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