viernes, 24 de octubre de 2014

EL GENERAL PAULINO CAMERO. PERSONAJE POLÉMICO

Por Oldman Botello*
                                                                                                                 
       Rito Paulino Camero Redondo era su nombre. La cédula de extranjería obtenida en Cúcuta cuando el exilio en 1940 expresa que había nacido en San Antonio del Táchira el 22 de junio de 1872, que medía 1,54 de alto, trigueño, ojos castaño claro. Tres cosas lo metieron en la historia: su participación en la Revolución Liberal Restauradora en mayo de 1899 en los primeros contingentes anexados al cruzar la frontera colombo-venezolana; la dirección de la Penitenciaría General del Centro (léase castillo Libertador de Puerto Cabello) y el poema Pesadilla con tambor, escrito en ese recinto carcelario por Andrés Eloy Blanco y donde se cita a Camero junto con otros jerarcas del régimen, civiles y militares.
    Paulino Camero –como se le llamaba comúnmente- tal como se dijo formó parte de los primeros contingentes que se agregaron a las huestes del general Cipriano Castro cuando invadió al Táchira desde Colombia y se vino hasta Caracas entre mayo y octubre de 1899. Camero probó ser recio para el plomo y estuvo en la campaña hasta su término, a pesar de que cuando le ponían en 1931 en el castillo de Puerto Cabello los grillos setentones al general Juan Pablo Peñaloza, éste lo quiso descalificar ante los demás diciendo que era malo para la guerra y bueno para asaltar un corral. Pero Camero llegó a general. Fue hombre de confianza del régimen.
    Después del triunfo de la Restauradora Camero ocupó cargos públicos menores. En 1908 se desempeñaba como jefe civil de Choroní, lo cual quiere decir que el general Gómez quería tenerlo cerca. Lo distinguía. En 1924 tomó posesión de la presidencia del estado Portuguesa en reemplazo del general Gregorio Cedeño y en julio del año siguiente le entregó el despacho al general trujillano José Garbi Galli. Es muy poco lo que se puede hacer en algo más de un año al frente de la gestión administrativa y con magros recursos. Seguramente fue una hábil maniobra política del general Gómez con algún resultado. Sabía mover sus piezas Por allí andaba merodeando con ganas de alzarse el general José Rafael Gabaldón hasta que lo puso por obra en 1929 desde su hacienda Santocristo, en Biscucuy.
    Hacia 1928 o 29 se le designa director de la Penitenciaría General del Centro como se llamaba oficialmente al castillo de San Felipe Neri o Libertador, en Puerto Cabello. Allí le corresponderá la ingrata tarea de recibir a mucha gente importante, entre otros a Andrés Eloy Blanco, Jóvito Villalba, Alberto Ravell, los generales Juan Pablo Peñaloza y Rafael María Carabaño. Podemos decir en su descargo que no era de malos sentimientos. Tal vez le disgustaba colocar sesentones y setentones en los tobillos de tantos venezolanos, pero la orden de Maracay era inexorable, colocar los grillos a quien el gobierno conviniera. Andrés Eloy se quejó después en un artículo de prensa de la comida: “...aquella bazofia que Camero echaba de comer a los presos, aquellas arvejas, aquellos quinchonchos que llegaban en latas de gasolina, eran perdigonadas que daban en el blanco...”. En una carta de Jóvito Villalba a Joaquín Gabaldón Márquez entra en contradicción pues a pesar de que lo llama “siniestro General Camero” explica más adelante que la familia de Andrés Eloy Blanco había conseguido permiso con él para introducir una victrola al castillo, música clásica al lado de fox-trots, tangos y música popular, al igual que libros de toda naturaleza hasta tal punto que los universitarios, entre ellos Andrés Eloy, instalaron una escuela de enseñanza desde alfabetización hasta contabilidad, política y economía. Sobre él escribiría su poema el bardo cumanés, Pesadilla con tambor, en una de cuyas estrofas se lée: “Camero. Ranero. Cepo ballestero. Rodríguez Rivero”. Rodríguez Rivero era el Rector de la UCV, tío del fallecido presidente Caldera y quien era amigo del régimen. AEB lo grabaría en un disco con su clásica voz cascada durante el exilio en México. A la muerte del general Gómez, Camero se exilió voluntariamente en Trinidad ayudado por su hijo Reyes Camero Pico, que era edecán del general López Contreras. Aprendió inglés perfectamente. Luego se radicó en Cúcuta hasta 1941 cuando regresó al país ayudado por el general Isaías Medina Angarita que lo pasó a retiro y le asignó una pensión. Camero se radicó en Guayabita, cerca de Turmero, donde ejercía la agricultura  y su familia lo visitaba con frecuencia. Fueron sus hijos radicados en Aragua, en Maracay, los habidos de su unión con la coriana Rita del Carmen Lugo, nacidos en Barrera y Tocuyito: Bertha Olimpia, Juana Josefa, Belén María y Ana Gertrudis, que fue esposa de don Chuchú Rausseo Pereney. Afectado por la diabetes murió en  la Clínica Maracay el 21 de diciembre de 1943 a los 75 años. El general Medina Angarita vino a su entierro. Se recuerda que cuando regresó al país nadie osó molestarlo. No las debía, a pesar de haber sido carcelero de tantos que ocupaban cargos en el gobierno o estaban cerca de él, o en la gruesa oposición contra López.
                                        oldmanbotello@hotmail.com
*Cronista del municipio Girardot

domingo, 19 de octubre de 2014

GINECOCRACIA

JESUS ALFARO GARANTÓN

 1527-circa 75 Governor-in-absentia Aldonza de Villalobos Manrique, Isla de Margarita (Venezuela/Spanish Possession) 

Curucuteando en libros de historia sobre la importancia de Margarita en la conformación del territorio nacional, me encontré con la preminencia de la mujer en llevar las riendas de decisiones cruciales que conformaron la Venezuela actual. La primera señal del poderío femenino está representada por la Cacica Isabel, dueña y señora del pueblo guaiquerí y madre del primer héroe mestizo Francisco Fajardo, quien en el devenir histórico se constituyó en el fundador del hato San Francisco, la primera población de conquistadores en el valle del Guaire, adelantándose por varios años a Diego de Lozada. La primera gobernación de Margarita fue asignada a Marcelo de Villalobos y  por su repentina muerte dejó como heredera a su hija Aldonza Manrique y ella fue única  gobernadora nombrada durante el imperio español y manejó con mano de hierro todo el territorio insular por casi 100 años, se distinguió por su decidido apoyo a la mujer margariteña.

No es de extrañar que la familia margariteña de hoy gire alrededor del fogón de las “maítas” y sean ellas, entre empanadas y pescado frito las ductoras de la vida familiar. El matriarcado margariteño siempre ha sido intenso y no hay indicios de cambios inmediatos.

Los párrafos anteriores pueden definir el matriarcado, pero esta crónica se titula Ginecocracia y ya veremos el por qué. Matriarcado se define como el gobierno maternal y Ginecocracia correspondería al ejercicio del poder basado en el encanto femenino.

En la misma historia de Margarita hay un capítulo llamado “las Rojas” y no es en referencia a un color sino a la importancia de un apellido que llevaban unas margariteñas que se distinguieron por su belleza e inteligencia y que dieron pie a la ginecocracia nacional.

Ana Rojas, fue el pilar fundamental de esta zaga, vivió en Margarita en los tiempos de las bellaquerías del tirano Aguirre y se distinguía por tener “el más dulce y bello rostro de mujer alguna”, según crónicas de la época y otro piropo fue “la hembra más grañida y hermosa que pariera La Margarita”. Estaba casada con un viejo VALETUDINARIO, así aparece escrito en todos los documentos, para mi suena como oxidado, lagañoso y hediondo a formol. Ana Rojas, fue muerta junto con su esposo por Lope de Aguirre al descubrirse que trataba de envenenarlo en medio de lisonjas. La sobrevivieron tres hijas, herederas de la belleza y encanto de su madre. A tanto llegó la importancia de su belleza que un vate enloquecido por el amor y por demás monje llamado Juan de Castellanos, escribió: “Ana, portento de gracia y donaire, Francisca, como una Diana: resplandor y lumbre clara, Beatriz, tenía cuanto bueno se junte”

Estas niñas no se quedaron exhibiendo sus adornos, sino como premonitorias Miss Venezuela, decidieron sacar provecho de sus atributos y se casaron con la flor y nata de la naciente Caracas. Ana casó con Alonso Diaz Moreno, uno de los hombres más rico de la provincia, Beatriz con Francisco Infante futuro alcalde de la ciudad y Beatriz con Garci Gonzales de Silva, jefe militar y el verdadero conquistador de Caracas. Las bellas Rojas, le pusieron así la mano al coroto, manejaban la banca, la política y el ejército, el sueño de cualquier gobernante. Hicieron sentir su poder y todo pasaba por sus manos antes de la toma de cualquier decisión. La prole de la Rojas fue extensa y poderosa, dieron pie a los llamados por Herrera Luque “veinte somos los Amos del Valle” y en referente genealógico en linea directa y séptima generación, después de muchos años nació un caraqueño bautizado con el nombre de Simón Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. Según estudios genealógicos esta prole de las Rojas a través de los tiempos sigue teniendo preminencia en la banca, la política y el poder en la Venezuela de hoy. Esta es la REAL GINECOCRACIA, la verdadera influencia del encanto femenino en el ejercicio del poder.

La historia universal está llena de ejemplos del poder de mujeres y se han perdido hasta imperios por la fuerza del amor. En nuestra historia republicana  son conocidas algunas cuitas de alcobas presidenciales. Al precursor Don Francisco de Miranda se le ha achacado la posesión de un pequeño cofre donde guardaba algunos pelos como recuerdos de un amor ausente. José Antonio Páez, exhibió a su amante en saraos oficiales y esta Barbarita Nieves, no dejó pasar la oportunidad de hacer sentir su poder en las erogaciones monetarias del momento. Guzmán Blanco, quien otorgó a su mujer Doña Ana Teresa Ibarra, el manejo de la economía y ella en retribución, ni corta ni perezosa lo convirtió en poco tiempo en uno de los hombres más ricos del mundo, haciéndole tener más de 300 casas de su propiedad. Joaquín Crespo, siguió el ejemplo de su predecesor y delegó la economía en Doña Jacinta Parejo, su esposa, quien sin ningún escrúpulo lo convirtió en multimillonario, como sería la cosa que cuentan que el  mismo Guzmán sorprendido ante el nuevo riquismo de Crespo exclamó: “carajo compadre, yo le dije que podía hacer unos cuantos realitos, pero no tantos”. Otra presidencia donde se ejerció la ginecocracia fue en el periodo de Raimundo Andueza Palacios quien intentó aumentar su periodo presidencial a requerimientos de su esposa Isabel González, la cual deseaba terminar su casita familiar con ayuda de la economía nacional, esta mansión es la sede actual del colegio San José de Tárbes en El Paraiso. Cipriano Castro, un maníaco sexual que llevó al país al colapso económico. Juan Vicente Gómez, quien se salvó de estas tragedias por su convicción de no amanecer con ninguna mujer porque a su buen decir y entender “oler las ventosidades mañaneras de las mujeres es lo que debilita a los hombres”.

En la historia contemporánea los casos de Blanca Ibañez y Cecilia Matos son de conocimiento público y hasta uniformes del ejército sirvieron de vestimenta para el fraude. De la Venezuela del desastre es difícil opinar por aquello que hasta lo que escribes en twitter te incrimina, pero basta recordar que alguien por estar más ocupado en la destrucción de un país, se le olvidaron las mujeres  y la compañera de su sucesor dejó impresa en la memoria de la Asamblea Nacional que el apellido Flores era el más común en la nómina de empleados.

La vieja conseja dice “más hala un vello pubiano que una yunta de bueyes” y este gallito inquisidor así lo ratifica. ¡¡Que viva la Ginecocracia, caracha!

viernes, 17 de octubre de 2014

Doctor Víctor Raúl Soto y la Bilharzia

Eumenes Fuguet Borregales (*)

Miraca



Poco se conoce o se ha divulgado sobre los aportes científicos del distinguido galeno paraguanero Víctor Raúl Soto, nacido en Miraca el 10 de marzo de 1882, hijo de Nicolás Soto y Edelmira Delgado. Inicia estudios en Baraived y Pueblo Nuevo; a los diez años, es enviado a Curazao, donde aprende: inglés, francés y el papiamento holandés.
Culmina el 17 de julio de 1900, el bachillerato en filosofía con sobresalientes calificaciones en el conocido Colegio Federal de Coro dirigido por el conocido profesor Luís Espelozín.
Soto estudia medicina en la Ilustre Universidad Central de Venezuela; durante el quinto año, logra por concurso, el internado en el Hospital Vargas, tutelado por el Dr. barquisimetano Pablo Acosta Ortiz, (1864-1914), “el príncipe del bisturí”, considerado el mejor cirujano de la  época; es de acotar que un busto de Ortiz se encuentra en el Salón de la Fama del Colegio Internacional de Cirujanos de Chicago. 
El director del laboratorio recién instalado, era el trujillano Rafael Rangel. Al bachiller Soto le correspondió investigar sobre las diarreas y disenterías que llegaban a ese centro hospitalario, Rangel era su orientador.
Agosto de 1905, significó el comienzo de su proyección en la ciencia médica nacional, al descubrir el parásito Shistosoma Manzoni, agente productor de la Bilharzia, desarrollada principalmente en los estados Aragua, Miranda, Carabobo, Vargas y norte de Guárico. Investigación denominada “Naturaleza de la Disentería en Caracas”, dedicada a su maestro  el Dr. Ortiz, que le sirvió para recibir el título de Doctor en Ciencias Médicas el 16 de noviembre de 1906, de manos del Dr. Jesús Muñoz Tébar, trabajo que mereció su publicación por sus valiosos aportes científicos.
A finales de año se traslada al pueblo natal acompañado del Rafael Rangel, allí se dedican  a investigar sobre una enfermedad que diezmaba a la población caprina, conocida como “el grito del chivo”. Continuaron a Maracaibo y los andes. Soto ejerció en Betijoque, sitio de nacimiento de Rangel. Se traslada en 1907 a estudiar bacteriología y cirugía en el afamado Instituto Luís Pasteur, preparación continuada en Nueva York. Regresa en 1908, dedicado a su profesión en Paraguaná y Coro hasta 1914.
No atendió las invitaciones de ejercer en Caracas con el Dr. Ortiz, por estar pendiente de la salud de su padre. Trabajó en el Servicio de Cirugía en el hospital de Coro, en forma paralela atendió un laboratorio  de su propiedad de los primeros en la región caquetia. Atendía con esmero y sin cobrar a los de pocos recursos.  Realizó docencia  de Biología, Zoología y  Francés en el Colegio Federal.
Motivaba a sus alumnos a realizar excursiones en la búsqueda de especies animales y vegetales, que una vez estudiadas y clasificadas, las donaban al museo del instituto. Soto fue Vice Rector y luego Rector del mencionado centro educativo. Era miembro de la Academia Nacional de Medicina; gracias a sus investigaciones edita: “Apuntes para la Geografía Médica del estado Falcón”, “Notas sobre la disentería en Coro”, “Fauna Médica del estado Falcón”. Poseía una extraordinaria habilidad para realizar actos quirúrgicos con  ambas manos. Muy solicitado como obstetra; catalogado por compañeros y amigos como: “modesto y virtuoso hombre de ciencias”.
Los problemas renales le mermaban la salud y su operatividad profesional. Fallece nuestro ilustre biografiado en Coro el 3 de marzo de 1935, contaba cincuenta y tres años de edad; estaba residenciado en la calle Zamora frente a la colonial Casa de la Ventanas de Hierro. Un busto en Miraca y una Unidad Educativa en Punto Fijo, eternizan la memoria de este paisano benefactor, dedicado a las ciencias, investigación, docencia y divulgación.
(*) Gral. De Bgda.                                                         Churuguarero777@gmail.com
@eumenesfuguet

Historia y Tradición

miércoles, 15 de octubre de 2014

EL ESTRENO DE ALMA LLANERA

        Por Oldman Botello*
   
                               
fotos del archivo personal del cronista Oldman Botello                                                                                                 

 El repentino y pasajero ataque de enajenación -o enfermedad de los nervios- de Pedro Manuel Quero, esposo de Dolores Catalina Bolívar Coronado permitió felizmente que Rafaelito Bolívar Coronado, periodista, escritor y poeta, hermano de aquélla, subiera hasta la sierra del sur de Villa de Cura (entonces era parte de su territorio y hasta 1917; hoy es de Carabobo), hasta la hacienda Bella Vista, en Santa Rosa, propiedad de don Adolfo Díaz, un hacendado canario amigo de la familia, donde Quero pasaba unos días buscando la mejoría de su salud. Corría la semana santa de 1914 cuando Bolívar Coronado llegó a la montaña villacurana y montó en cólera cuando vio a su hermana en estado -tal vez de Rafael Alejandro, el séptimo de sus nueve hijos- y debió sortear el penoso viaje a Santa Rosa, camino de recuas que serpeaba por la falda de la serranía, a lomo de mula y con muy peligrosos pasos. "¡Pedro Manuel está loco, pero más loca estás tú!", le reprochó airado a su hermana.
    Superado el arranque de ira que conmovió aquel viernes santo a la comunidad por las insolencias y maldiciones que expresaba aquella boca del mayor de los hijos de Rafael Bolívar y Emilia Coronado de Bolívar, todo volvió a la tranquilidad. En la tarde de ese viernes santo de 1914, por marzo, Rafaelito Bolívar comenzó a escribir allá arriba una pieza, una zarzuela a la que tituló Alma Llanera, una obra de género chico español ambientada en el campo venezolano y que incluía varias coplas y un joropo, letra suya. Cuando cayó la noche, debió solicitar los servicio de la niña Fulgencia izaguirre Quero, sobrina de Pedro Manuel, quien los acompañaba. Tenía 13 años y a élla debemos el relato de lo ocurrido ese día. Fulgencia ayudó a aquel "parto" y coincidencialmente fue partera toda su vida en Villa de Cura. Tomó una lamparita de carburo y se mantuvo a petición de Rafaelito -así lo llamaban familiarmente- a su lado mientras escribía. En cierto momento, ya entrada la noche, exclamó: "¡Ya lo tengo catira; terminé Alma llanera!". Catira porque Fulgencia era blanca y de ojos verdes, como todos los Quero (¿no le han gviosto los ojos a la profesora Mercedes Quero de Dezzio?). Concluida su pasantía en la sierra de Santa Rosa, donde obtuvo información ambiental y cultural, volvió a Caracas y estableció contacto con el compositor y director de la Banda Marcial, Pedro Elías Gutiérrez, le mostró la letra y quedó convenido en componer la música del joropo.
     Si la música no tenía el aire natural de un joropo, no había duda que sonaba sabroso y el rítmo era muy pegajoso. Poco a poco se fue hilvanando la presentación. Se programó el sábado 19 de septiembre de 1914, aprovechando la presencia en Venezuela de la compañía española de zarzuela de  Manolo Puértolas, donde descollaban las cantantes Matilde Rueda y la cómica Lola Arellano; al elenco europeo se incorporarían Jesús Izquierdo y Rafael Guinán, grandes humoristas venezolanos de grata recordación. Pero faltaba alguien que bailara muy bien el joropo y así recordó Rafael Bolívar Coronado al negrito Mamerto, sirviente en la casa de la familia villacurana Rojas-Tejada y fue "la guinda del pastel". Era un negrito faramallero, bebedor de aguardiente y con mucha chispa, a quien hubo de convencer primero para trasladarlo a Caracas, de alpargatas y liquiliqui.     El sábado, como estaba previsto se montó la obra en el viejo teatro Caracas, inaugurado en 1854, destruido por un incendio en 1919. Rafael Bolívar Coronado, en mitad del espectáculo, se escabulló del teatro pensando que sería un fracaso. Calculó mal. Fue un clamoroso triunfo. Pero cuando el público pidió su presencia, Rafaelito estaba lejos, en algún botiquín del centro de la capital, esperando los cuentos de los espectadores y sus amigos los periodistas. El joropo fue el gran triunfador, en letra y música y Matilde Rueda "se botó" cantando. Tuvo que hacer un bis de la pieza. A élla dedicó Bolívar Coronado Alma Llanera cuando se publicó la pieza en libro.
    El crítico del diario El Universal dijo: "es de lo bueno que se ha escrito en el género, con pequeñas salvedades, muy disculpables en un debut de autor". La obra se repitió en el teatro Municipal el 28 de diciembre siguiente y luego en Valencia, Puerto Cabello y Barquisimeto. El jueves 31 de diciembre de 1914 fue la primera ejecución pública del joropo en la plaza Bolívar de Caracas y así siguió en triunfo hasta hoy cuando cumple 90 años de su composición literaria y musical. Pedro Elías Gutiérrez comenzó a cobrar sus derechos de autor al grabarse la pieza a fines de los treinta; los familiares de Bolívar Coronado sólo en 1967 cuando hubo un llamado público de la AVAC, a través de su presidenta María Luisa Escobar, para que se presentaran. Rafael Bolívar Coronado había muerto en Barcelona, sin descendencia aparentemente, en Barcelona de España, en el hospital de la Santa Cruz (hoy sede de la Biblioteca Provincial de Cataluña), el 31 de enero de 1924, a los 39 años de edad. Sus restos, al no ser reclamados, se perdieron al finalizar el tiempo específico en la Ciudad Condal. Orgullo de Villa de Cura y de Aragua.              
                             
  * Cronista del Municipio Girardot   


El 19 de septiembre el Alma llanera cumplió su primer centenario

David R. Chacón Rodríguez
 
 

Portada de la primera edición del libreto de Alma llanera, que escribió Rafael Bolívar Coronado.
Hace 100 años, el sábado 19 de septiembre de 1914, el compositor venezolano Pedro Elías Gutiérrez Hart, estrenaba en el Teatro Caracas, hermoso recinto caraqueño, conocido como el “Coliseo de Veroes”,  una obra de teatro titulada "Alma llanera: Zarzuela[1] en un acto", escrita para un “acto” y tres “cuadros”. En ese momento, la pieza fue interpretada por músicos de la Compañía española de Matilde Rueda[2] y la Compañía de Opereta de Manolo Puertolas. La letra fue escrita por el compositor y periodista venezolano Rafael Bolívar Coronado con música del maestro Pedro Elías Gutiérrez.
El Alma Llanera se escribió en la Semana Santa de 1913 en la hacienda Santa Rosa del Sur, o Bella Vista, al sur de Villa de Cura, cuando Bolívar Coronado fue a visitar a un cuñado enfermo de los nervios que buscaba la salud en esa zona.
Para el estreno, Bolívar Coronado solicitó a su amigo Pedro Elías Gutiérrez, director de la Banda Marcial de Caracas  que compusiera la música de la zarzuela y especialmente del joropo que daba nombre a la pieza. Para zapatear ese día el joropo, el autor hizo traer desde Villa de Cura, al negrito Mamerto, un sirviente de la familia Rojas-Tejada.
La protagonista de la zarzuela era una hermosa llanera llamada Rita cuyo amor se disputan dos galanes, Miguel y Cubito, que dilucidan a puñaladas la controversia, la cual termina con la muerte de Miguel, mientras la dama en disputa voceaba con todas sus fuerzas “soy hermana de la espuma” y aquello de “...con claveles de pasión para orlar las rubias crines del potro de mi amador”…
A pesar de ser la zarzuela un éxito, no sobrevivió, sólo quedó para la historia el joropo que es calificado  como el “segundo himno nacional”.
Debemos destacar que a mitad de la obra, Bolívar Coronado, que en el fondo era tímido e inseguro,  se salió del teatro porque pensaba que su zarzuela sería un fracaso. De allí los tantos seudónimos que utilizó en vida.
A la presentación asistió el Presidente de Venezuela General Juan Vicente Gómez, quien visiblemente sorprendido por la obra decidió premiar al periodista adjudicándole una beca de estudios a España. Nunca se imaginó el Primer mandatario, que una vez radicado en Europa, Bolívar Coronado, se dedicaría a criticar a su gobierno por medio de artículos de prensa que firmaba con diferentes seudónimos. En una ocasión, al preguntarle por qué razón hacía eso, si él era un talentoso escritor, respondió que su nombre “no tenía cabida en la república de las letras”.
Al día siguiente de la presentación, un comentarista del diario El Universal reseñó: “Alma Llanera es escena de la vida en las sabanas venezolanas a las riberas del Arauca y sobre su delicadeza de asunto y abundancia de chistes se hacen halagadores comentarios”.
La letra original de la canción “Alma Llanera”, tal y como aparece en la zarzuela, es como sigue:
“Yo nací en esta ribera,
Del Arauca vibrador,
Soy hermana de la espuma,
De las garzas, de las rosas
Y del Sol, y del Sol!.

Me arrulló la viva diana
De la brisa en el palmar,
Y por eso tengo el alma
Como el alma primorosa
Del cristal, del cristal!.

Amo, lloro, canto, sueño
Con claveles de pasión,
Para ornar las rubias crines
Al potro de mi amador!.

Yo nací en esta ribera
Del Arauca vibrador,
Soy hermana de la espuma,
De las garzas, de las rosas
Y del Sol, y del Sol!.

Para componer su obra  que describe el paisaje llanero se inspira en El Yagual, uno de los siete municipios que integran el Estado Apure.
A pesar de su rotundo éxito inaugural, no volvió a ser interpretada hasta el 28 de diciembre de ese mismo año, en el Teatro Municipal de Caracas, en un homenaje al actor venezolano Teófilo Leal; luego pasó a Valencia, Puerto Cabello y Barquisimeto.
En la retreta de despedida de ese fin de  año, el músico Pedro Elías Gutiérrez Hart, de común acuerdo con el autor de la letra, decidió independizar la pieza musical, montándola en la Banda Marcial de Caracas bajo su dirección, estrenándola ese día en la Plaza Bolívar de la capital.
Desde entonces pasó a formar parte del repertorio musical de la mencionada Banda Marcial, con la cual se despiden los actos y fiestas en nuestra nación.
En 1915, Bolívar Coronado publicó en la Imprenta Americana de don Pepe Valery, la primera edición de Alma Llanera, en 28 páginas, con una dedicatoria del autor a Matilde Rueda: “…la genial artista que de tan humilde opúsculo ha hecho una llamarada de exaltación y de ensueño”. Desde ese momento, comenzó a ser considerada como el segundo Himno Nacional de Venezuela.
La última representación de la zarzuela se hizo el día 1º de junio de 1930, ya fallecido su autor, en el Teatro Olimpia de Caracas, montada por Rafael Guinand y su grupo.
Después de la  muerte de Bolívar Coronado, la obra es presentada como una pieza de teatro en el Teatro Olimpia de Caracas, bajo el arreglo de Rafael Guinand.
Por su mala costumbre de firmar sus escritos con seudónimos, nunca cobró las regalías por derecho de autor. La única obra suya que lleva su nombre es Alma Llanera, y por ella jamás percibió ningún emolumento como autor.
El 1° de abril de 1942, Pedro Elías Gutiérrez, vendió los derechos del Alma Llanera, a la Peer International Corporation por un dólar más porcentaje por regalías, garántizándole que la pieza era de su exclusiva propiedad, despojando de esta manera a Rafael Bolívar Coronado de su derecho como legítimo autor de la letra que fue especialmente escrita para ser cantada por una mujer.
De modo que los derechos de autor se le cancelaban en su totalidad a Pedro Elías Gutiérrez Hart y sus herederos; es sólo a partir de 1967, que la antigua Asociación Venezolana de Autores y Compositores (AVAC) que dirigían María Luisa Escobar y José Nucete Sardi, entre otros, contactó a Zoila Victoria Bolívar Coronado de García, hermana del autor,  y para hacer justicia comenzó a cancelarle el 50% de los derechos que le correspondían.

Una reseña de la revista Venezuela Gráfica (15 de marzo de 1970), dio a conocer que la canción había generado, desde su estreno hasta esa fecha, más de un millón de dólares por derechos de autor, que Bolívar Coronado no percibió nunca y murió en la más completa  miseria, en compañía de su mujer María Noguera.
A lo largo de sus cien años el "Alma llanera" ha sido popularizada por grandes artistas como: 
Aldemaro Romero. 1999. CD2; Alfredo Sadel. 1996. CD.; Alma Llanera Película Completa (Antonio Aguilar); Álvaro Clemente; Ángel Chirinos y Egberto Chirinos. 1964.; Antonio Aguilar; Atahualpa Poalasin; Chelique Saravia; Egberto Chirinos y Henry Rubio. 1989; Estudiantina Komaba; Gilberto Santarosa. 1998; Gustavo Dudamel, Orquesta Juvenil Simón Bolívar de Venezuela; Hexacorde Grupo Vocal y Armonías de Venezuela; Hugo Liscano,  1993. CD; Isaac Washington Aragón Villamarin (Alma Llanera en Arpa); José Luis Pineda; José Luis Rodríguez; Juan Diego Flórez. 2006. CD; Juan Vicente Torrealba; Julio Iglesias. 1976; Libertad Lamarque; Lorenzo Herrera; Los Alfonso. 2006. CD; Los Panchos; Mariachi Vargas; National Philarmonic Orchestra of London. 1984 (LP) 1991 (CD).  Orquesta sinfónica de Venezuela; Orquesta Sinfónica Juvenil de Venezuela; Óscar de León; Pedrito Fernández; Pedro Infante; Plácido Domingo. 1994; Rafa Galindo y la orquesta Billo's Caracas Boys; Rafael “el Pollo” Brito; Reynaldo Armas; Simón Díaz. 1999; Trío Los Panchos; Vicente Fernández y otros, motivo por el cual ha sido elevado a la categoría de segundo himno de Venezuela.
En homenaje a los 100 años de la composición y presentación de este tema, la Comisión Permanente de Cultura y Recreación de la Asamblea Nacional (AN) acordó presentar un proyecto de acuerdo para exhortar al Ejecutivo Nacional a declarar la obra como el segundo himno del país.





[1] Pequeña obra de teatro.
[2] En ella actuaron los tiples Matilde Rueda y Lola Arellano, Emilia Montes, una señora Argüelles, el mismo Puertolas, Rafael Guinán, Jesús Izquierdo y un negrito villacurano “joropeador” llamado Mamerto, que le dio un toque criollo especial a la pieza.

miércoles, 8 de octubre de 2014

TEATRO CARACAS O COLISEO DE VEROES


GERÓNIMO ALBERTO YERENA CABRERA

                                                                                 
 




Introducción

El Teatro Caracas, conocido también como Coliseo de Veroes, ubicado entre las esquinas de Veroes e Ibarra, en la acera norte, fue una construcción emblemática  en la Caracas de mediados del siglo XIX y principio del XX. Allí se presentaron una variedad de espectáculos los cuales distrajeron a los caraqueños, ayudo a conservar el interés cultural que traíamos desde la colonia, lo cual tanta falta nos hacía y aún lo necesitamos.
En este ensayo, además de tratar, en forma amplia, sobre el Teatro Caracas, nos sirve para recordar, de manera somera, los otros teatros que existieron en ese período, dos de ellos le dieron posteriormente el nombre a las esquinas; como fue el caso del Teatro Coliseo, segundo con ese nombre, construido con anterioridad al Teatro Caracas, el cual le dio nombre a la esquina homónima; luego, once años después de haberse incendiado el original, en el año 1930, fue construido un teatro que le dio nombre de Teatro Caracas a la actual esquina, el cual no guarda ninguna relación con el primitivo Coliseo de Veroes.

Teatro Coliseo o Patio de Comedias.
Esquinas de Conde a Carmelitas.
Teatro Coliseo.
Esquina de Coliseo.

El sobrenombre de Coliseo de Veroes, se debe en recuerdo al antiguo Teatro Coliseo o Patio de Comedias que existió en nuestra ciudad desde 1784 hasta 1812, ubicado entre las actuales esquinas de  El Conde y Carmelitas; construido en el solar del Conde de La Granja, don Fernando Ascanio (1).
Luego que concluyó las presentaciones en el antiguo teatro, en octubre de 1818,  José Inés Blanco le propone al Ayuntamiento el arrendamiento del mismo, pero los trabajos de reconstrucción exigían gastos muy crecidos. El Ayuntamiento quiso adquirir un solar perteneciente al Real Consulado para edificar un teatro casi en el mismo sitio donde treinta  y cuatro años después iba a levantarse el de Caracas pero el Real Consulado- estaba situado entre las esquinas de Veroes a Santa Capilla, en la acera norte a igual que el Teatro Caracas- se negó a ceder el solar.
En vista de esto, José Inés Blanco, consiguió el solar de la Gallera en la antigua esquina de doña Margarita Sanavria, para instalar un teatro provisional, mientras se le permitía reconstruir el antiguo; se instala allí el Teatro Coliseo, alrededor de 1820 (2).
 El nombre del teatro, reemplazara más adelante al nombre de la esquina, la cual desde 1784 se denominaba esquina de Las Sanavrias, aunque en los planos de Caracas hasta 1856 se denominaba aún así, por voz popular desde varios años antes el pueblo la llamaba esquina de Coliseo. Fue en 1875 cuando en  los planos figura el nombre de Coliseo (3).
Los caraqueños acostumbrados a crear refranes, relacionado con estas esquinas inventó el viejo dicho cuando alguien tenía disentería, y lo quería expresar de una manera jocosa: estas de chorro a coliseo…

El Teatro Caracas o Coliseo de Veroes
Esquinas de Veroes a Ibarra
La crónica de la época describe al Teatro Caracas como un edificio “modesto y vistoso”, con capacidad para mil doscientos espectadores.
Abrió sus puertas al público, el día 22 de octubre de 1854 a las siete de la noche para presentar su primera función de gala con que se iniciaba su vida en el mundo del arte: la ópera Hernani, del maestro Verdi. Desde ese momento fue el teatro preferido por los caraqueños (4). Narra  Enrique Bernardo Nuñez, que  los laureles de esa noche fueron para la soprano Cecilia Seaman, mujer de gracia leve, a quien Juan Vicente González pedía una rosa de sus triunfos para su sepulcro (5).
Don Lucas Manzano relata que el teatro lució la primera iluminación a gas conocida por los caraqueños, el día de su inauguración, a la cual asistió el presidente, general José Tadeo Monagas (6).
Luego al teatro  fue reformado en su totalidad y abrió de nuevo sus puertas el 14 de marzo de 1886, y así se conservó hasta su trágico fin.
En su segunda etapa, el año 1886,  fue reinaugurado  con la presentación de la zarzuela “jugar con fuego”. Surgió gracias al entusiasmo del grupo integrado por Juan Esteban Linares, Manuel Rivero Escudero y doctores Antonio Ramella y José Tomas Márquez, fue sitio especial y único para todo lo que representara un anhelo de cultura, para todas las palpitaciones del vivir ciudadano. Allí se presentaron operas y operetas, las primeras compañías que vinieron al país y las que le siguieron; compañías liricas y dramáticas, venezolanas o extranjeras. Se ofrecieron conciertos y recitales; se celebraron reuniones políticas, literarias y satíricas; se dieron funciones de títeres y variedades. Hasta bailes de carnaval y sorteos de la Lotería de Caracas se efectuaron en ese teatro, por cuyo escenario desfilaron grandes figuras hasta mamarrachos; fue el predilecto de la ciudad. Su ídolo. Irremplazable. Espejo de un tiempo ya pasado.
La presentación de la Compañía Infantil de Zarzuela Española, en mil ochocientos ochenta y seis, en el teatro, fue un acontecimiento y constituyo un ejemplo seguido por el empresario y autor teatral venezolano Carlos Ruiz Chapellín, quien formó su Compañía Infantil Venezolana, la cual debutó en abril de ese mismo año con el drama “O parricida o perjuro” y su sainete criollo “Un gallego como pocos”, con música de Pedro Elías Gutiérrez.
En Caracas y con la Compañía de Dramas y Zarzuelas del empresario criollo Miguel I. Leicibabaza, se estableció la modalidad de las funciones por tandas, precursora de la vespertina, intermediara y noche de hoy (7).
El tres de agosto del año 1896 se exhibió en Caracas, por primera vez, cinematografía. Las cuatro cintas proyectadas, cada una de las cuales no superaba el minuto de duración, se insertaban como una gran novedad y sorpresa, al final de una deslucidas tandas de zarzuelas, las cuales tenían una semana en cartelera. Lo presentado fue con la técnica del Vitascope- las vistas con movimientos, produciéndose un efecto sorprendente en el tamaño natural de las personas-, último invento de Edison. El dueño del Vitascopio fue Luis Manuel Méndez; quien continuó exhibiendo películas hasta 1903 (8).
Hubo dos famosos cronistas de Caracas que tuvieron la dicha de conocerlo: Lucas Manzano y José García de la Concha; éste último relata lo siguiente, sic: “Ya jovencitos nos dirigíamos todos los domingos a las tandas del Teatro Caracas de Veroes a Ibarra. El Puñao de Rosas, La Verbena de la Paloma, La Marcha de Cádiz, y tantas otras. Después fueron las zarzuelas: La Gatita Blanca, Las Bribonas; y las operetas: Marina, La Viuda Alegre, El Conde de Luxemburgo, La Casta Susana, etc.” (9).
En el teatro se estrenó el 19 de septiembre de 2014, nuestro segundo Himno Nacional, bajo el nombre de Alma Llanera, zarzuela en un acto, por la compañía española de Matilde Rueda; con música del contrabajista Pedro Elías Gutiérrez, nativo del puerto de La Guaira, y letra del escritor y periodista de Villa de Cura, estado Aragua, Rafael Bolívar Coronado (10).
En abril de mil novecientos dieciocho la firma Boccardo & Co., para entonces propietaria del teatro, celebró un convenio con el empresario Francisco Granados Díaz; mediante éste, el local estaría destinado única y exclusivamente a la exhibición de películas cinematográficas. Finalizaba así la vasta etapa durante la cual el Teatro Caracas fuera impulso para el teatro venezolano y para la presentación de espectáculos diversos que matizaban el vivir de la quieta ciudad de esos tiempos (11). En Caracas los dos sitios conocidos donde se pasaban películas en esa época eran el Circo Metropolitano, situado de la esquina de Miranda a Puerto Escondido, conocido luego como Teatro Metropolitano, y, el teatro Princesa, situado entre las esquina de Monja a Principal, conocido luego  como cine Rialto.

El incendió del Teatro Caracas.
En la época del siniestro el señor Boccardo tenía asegurado el Teatro por 300.000 bolívares (12).
Narra Cortina, lo siguiente, sic: “La tarde del 1° de abril de 1919, a las siete menos cuarto, se fue la luz de improviso en todos los alrededores de la Plaza Bolívar. Las personas que estaban viendo una película en el teatro Princesa, salieron a la calle ayudados por linternas, yesqueros y fósforos y lo mismo fue en la Gobernación, oficinas y comercio. Sobre los árboles de la plaza Bolívar, y sobre la torre de la Catedral, se levantaban llamaradas hasta cincuenta metros de Altura y a causa de la cantidad de chispa que volaban en todas direcciones, varios conatos de incendios se registraron en lugares adyacentes. El cielo tomó un color rojizo y las campanas de los templos tocaron a rebato. Se proyectaba la película Romeo y Julieta y de pronto, aun se desconocen las causas, comenzó el voraz incendio. El público asistente pudo salir a la calle sin registrar víctima alguna en aquél desastre. Pocas horas bastaron para lo que fue nuestro teatro predilecto, quedara reducido a un montón de escombros humeantes, pues toda su construcción era en su mayor parte de madera” (13).
Para esa noche estaba anunciada la proyección de la película “La Fiera” de Jorge Wals, una de las primeras películas con temas del oeste norteamericano y que tuvo un sonado éxito. Esa noche era la proyección número cincuenta.
El Teatro Caracas no volvió a ser reconstruido en su lugar de origen. Se fue olvidando su gran tradición, los momentos felices que se disfrutaban en él, el lugar más concurrido por los caraqueños el siglo XIX y XX.

El Teatro Caracas (1930). Esquina Teatro Caracas
En 1930, fue edificado en esa esquina un pequeño teatro de planta circular, palco y balcones a la manera de “Teatro Municipal” por el cual se le puso el nombre a esa esquina (14).
 Algunos caraqueños o compatriotas venidos del interior en esa época, los cuales conocieron este último teatro, lo confunden a veces con el anterior Teatro Caracas o Coliseo de Veroes.
Como diría Oscar Yánez(Q.E.P.D): Así son las cosas…

Bibliografía
1.-Nuñez, Enrique Bernardo: La ciudad de los techos rojos. Monte Ávila Editores.1988. p.197.
2.- Nuñez, Enrique Bernardo: La ciudad de los techos rojos. Monte Ávila Editores.1988. p. 210.  
3.-Valery S, Rafael: La Nomenclatura Caraqueña. Ernesto Armitano Editor. Caracas 1978. p. 157.
4.- Cortina, Alfredo: La ciudad que se nos fue. Fundarte Alcaldía de Caracas.1994.p. 291.
5.-Nuñez, Enrique Bernardo: La ciudad de los techos rojos. Monte Ávila Editores.1988. p.227.
6.-Manzano, Lucas: Aquel Caracas. Concejo Municipal del Distrito Federal. Caracas.1974. P. 163.
7.- Schael Martínez, Graciela: Estampas caraqueñas. Concejo Municipal del Distrito Federal Caracas. 1975. P.265.
8.- Sueiro Villanueva, Yolanda: Inicios de la exhibición cinematográfica en Caracas 1896-1905. Fondo Editorial Humanidades y Educación, 2007. Departamento de Publicaciones de la Universidad Central de Venezuela.p.51-53.
9.- García de la Concha, José: Reminiscencias, Vida y costumbres de la vieja Caracas. Historia de la adolescencia. Ernesto Armitano, Editor. p.72.
10.-  Bendahan, Daniel: Siete músicos venezolanos. Cuadernos Lagoven, SA. Caracas Venezuela. 1990. p. 10.
11.-Schael Martínez, Graciela: Estampas caraqueñas. Concejo Municipal del Distrito Federal Caracas. 1975. P.266.
12.- Veloso Saad, José: La Caracas de aquellos tiempos. 1976 .p. 62.
13.-Cortina,  Alfredo: La ciudad que se nos fue. Fundarte Alcaldía de Caracas.1994.p. 291.
15.-Valery S, Rafael: La Nomenclatura Caraqueña. Ernesto Armitano Editor. Caracas 1978. p. 327.























Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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