domingo, 23 de noviembre de 2014

“Un paladín en contra de la malaria” Arnoldo Gabaldón y el paludismo

Daniel Sánchez Silva*


Es una lástima que en la Venezuela del siglo XXI se haya recrudecido la malaria, luego de haber sido erradicada. El ministerio de sanidad abandono los programas exitosos de Gabaldon y ahora estamos pagando las consecuencias
     

Daniel Sánchez Silva El paludismo o malaria es una enfermedad parasitaria cuyo agente causal es el “plasmodium”, un protozoario que ataca el glóbulo rojo alojándose en él y posteriormente destruyéndolo. El vector o agente que porta al parásito es un zancudo denominado “anopheles”. La sintomatología por lo general es de una fiebre alta, seguida de escalofríos, nauseas, vómitos, dolor de cabeza y hemorragias que por lo general conducen a la muerte.
En Venezuela el paludismo se encontraba entre las principales causas de muerte en el país, tenemos citas interesantes desde la colonia hasta el siglo XIX. Para el año 1936, era la tercera causa de muerte del país superada solamente por la tuberculosis y la gastroenteritis. Ese año se reportaron 2224 muertes por esta enfermedad, tomando en cuenta que la población del país era de 3.463.000 habitantes, la cifra era alarmante.
Sin embargo, un joven médico venezolano graduado en la UCV, sería becado para especializarse en los Estados Unidos en todo lo referente a al paludismo, enfermedad que desangraba a su nación. Uno de los grandes inconvenientes para el progreso del país hacia el sur y hacia las zonas montañosas era esta terrible enfermedad que diezmaba a los trabajadores y ocasionaba el éxodo hacia la capital. El mismo Miguel Otero Silva en su novela “Fiebre” hace que el protagonista muera de fiebre palúdica construyendo las carreteras de la época gomecista.
gabaldon_arnoldo_4El Dr. Gabaldon rápidamente se incorpora al Ministerio de Sanidad al frente de la lucha antimalárica. Se entrenan cuadrillas para combatir el mosquito, se da educación a la población, se trata de sanear el medio rural proponiendo que no se construyan casas de bahareque con techos de paja pues propiciaban el crecimiento del anopheles. Estas medidas habían logrado disminuir las muertes por paludismo, pero aún seguía siendo la tercera causa de muerte llegando a una cifra de 1458 muertos para el año de 1944.
Para el año 1945, Gabaldón, quien estaba muy vinculado con la lucha antimalárica a nivel mundial, logra traer el insecticida DDT a Venezuela, y de esta manera se da comienzo a la etapa más gloriosa de la lucha contra el paludismo. Par este año el Ministro de Sanidad era el Dr. Félix Lairet (h) quien le dio carta blanca a Gabaldon para emprendiera su cruzada. El Dr. Enrique Tejera, quien era el presidente del estado Carabobo, propuso que se fuera este el primero en ser rociado con DDT.
Se organizaron las cuadrillas para rociar el DDT en todo el país, se educó a la población sobre los hábitos higiénicos. Del exterior llegaron diferentes delegaciones para estudiar el éxito de Gabaldón sobre el paludismo, y se entrenó a diferentes sanitaristas extranjeros para replicar la experiencia de Venezuela en sus países, esto último en la escuela de Malariología creada por el mismo Gabaldón.
El éxito de la campaña fue tal que entre los años 1945 al 1958 se redujo la mortalidad por paludismo de 1094 en 1945 a solo 3 muertes para 1958. Para el período 1958-1963 Gabaldón fue ministro de Sanidad y mantuvo siempre los programas de la lucha antimalárica. En los dos últimos años de su gestión como ministro no hubo ningún caso de muerte reportada por paludismo, y la enfermedad salió de las estadísticas de las causas muertes de los venezolanos.
Realmente, Arnoldo Gabaldón fue un paladín de la lucha antipalúdica venezolana. Si habría que rendirle un homenaje a un verdadero héroe civil, no dudaría en pensar en él. Gracias a su equipo, Venezuela pudo avanzar hacia el progreso. Se logró la conquista del sur, se construyeron las ciudades industriales, ya los mineros y obreros no morirían de paludismo. Un verdadero héroe cuyas armas fueron la inteligencia, un buen equipo de trabajo, la capacidad de gerenciar y el DDT.
Es una lástima que en la Venezuela del siglo XXI se haya recrudecido la malaria, luego de haber sido erradicada. El ministerio de sanidad abandono los programas exitosos de Gabaldón y ahora estamos pagando las consecuencias. Quizás haga falta el talento de hombres probos, especializados y capacitados para dirigir un programa de salud. Hombres a los cuales les importe más la salud de la población que los compromisos políticos para conservar el poder.
NOTA: las cifras citadas en este artículo fueron tomadas de los anuarios epidemiológicos y de estadística vital del Ministerio de Sanidad.

*Medico – Cirujano UCV. Especialista en Anestesiología, Medicina Crítica CMC, Gerencia de servicios de Salud UCAB. Maestría de Historia de Venezuela UCAB. Anestesiólogo del Hospital Vargas de Caracas. Profesor de Historia de la Medicina Facultad de Medicina UCV. Individuo de numero sillón 1 de la sociedad Venezolana de Historia de la Medicina
Tomado de:@CodigoVenezuela
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PARA UN GLOSARIO DEL HABLA TACHIRENSE



Guiomar Caminos


 Publicado por la Fundación Fondo Editorial NuevoTiempo. San Cristóbal, noviembre de 2005.


Para Paula, mi nieta, y
Antonio Ruiz Sánchez

El lugar y la posición en el espacio geográfico le otorgan al Táchira características especiales. Es aquí donde los Andes sudamericanos alcanzan su menor altitud, lo que permite que sea paso obligado de los movimientos migratorios y de bienes en el sistema de relaciones que se establecen particularmente entre Venezuela y Colombia. Es por ello que esta parte de la frontera entre los dos países, la del Táchira y el Norte de Santander, sea calificada como una de las más activas del continente.

Relieves de pendientes suaves y alturas medias -“la tierra de  las vegas risueñas” de Domingo Alberto Rangel - conforman el  ambiente propicio para el cultivo del cafeto. Así, en la segunda  mitad del siglo XIX, gracias a la exportación del café realizada fundamentalmente por empresas alemanas, el Táchira entra al  sistema capitalista, convirtiéndose en una de las entidades de mayor  importancia en el país. Si en los comienzos de la actividad la  explotación del café se basó en la pequeña propiedad familiar, con la  participación de casi todos sus miembros en las distintas etapas de la evolución del cultivo, a medida que la demanda europea crecía y surgían las medianas y grandes propiedades, también aumentaba la  demanda de mano de obra. Fue la proveniente de Colombia la fuerza  de trabajo que, periódica y particularmente para la “cogida” del  grano maduro, la que atravesó la frontera en un movimiento pendular que permitía al obrero colombiano aprovechar los ciclos del cultivo en ambos lados de la frontera. Estos, que podían durar  varias semanas, permitieron que muchos de ellos se establecieran  definitivamente en esta orilla, fortaleciendo el intercambio de experiencias culturales. Así, la música, la política, la cocina, la literatura, la sangre - por aquello de que los tachirenses la tienen  repartida entre Venezuela y Colombia, según el intelectual tovareño - entre otras manifestaciones, quedaron marcadas desde ese siglo por la impronta de la inmigración colombiana.

Debido a los cambios que ha experimentado la economía nacional y, en especial, la regional a lo largo del siglo XX, cuando el petróleo desplazó al café como principal producto de exportación, el Táchira, primer productor del grano, ha sido tierra expulsora de población hacia las zonas que más se han beneficiado con los ingresos provenientes de la explotación del petróleo. Al mismo tiempo, se convirtió en receptor de flujos migratorios provenientes de Colombia, las entidades vecinas y, en menor grado, de otros países. A pesar de ello, los saldos migratorios siempre han sido negativos para el estado; sin embargo, los intercambios de todo tipo han sido favorables.

De todos esos intercambios que se han establecido en el territorio, ninguno más importante que lo que ha sucedido con el habla. A la influencia y aportes lingüísticos de las naciones indígenas, los colonizadores españoles y la de los inmigrantes colombianos y de otras regiones del país, debe agregarse los cambios que introdujo la radio, el cine y, en especial, la televisión.

Puede afirmarse categóricamente que, en los últimos treinta años, la influencia de la televisión en el habla ha sido de una trascendencia tal que si los abuelos hablasen como lo hacían en los años cincuenta del pasado siglo, es decir, utilizando las palabras y expresiones de esa época, sus nietos casi no los entenderían.

A pesar del carácter regional y muchas veces local de esas palabras y expresiones utilizadas por los tachirenses, existe una deuda que debe ser saldada por los estudiosos, porque ellas son parte del patrimonio cultural del Táchira; de la memoria colectiva.

Sin el rigor que la investigación científica exige; sin los necesarios trabajos de campo; sin la obligatoria confrontación y comprobación, se presenta este pequeño trabajo a quienes están interesados en profundizar en el estudio de la lingüística regional y, sobre todo, a quienes han olvidado, por desuso, esas palabras y a las generaciones recientes quienes no las conocen.

Este aporte para un glosario del habla tachirense se basa casi exclusivamente en la memoria personal, en los recuerdos. Por ello, está preñado de errores de interpretación; de los sesgos que introduce el olvido; de haber pecado por defecto, porque se evitó, en la medida de lo posible, el uso de diccionarios, otros trabajos ya publicados sobre el tema, la consulta con contemporáneos que hubiesen aclarado dudas, confusiones. Se intentó poner ejemplos de palabras y expresiones que el autor utilizó y utiliza. De lo que se está seguro es que, cuando alguien lo lea, recordará otras palabras, otras expresiones y su significado. Con el concurso de muchos se podrá llegar al glosario del habla tachirense. ¿Verdad, ala?

 Guiomar Caminos

 San Cristóbal, junio de 2005.


GLOSARIO TACHIRENSE

A


Abanado. Dícese del tote (véase) que no explota. Aplícase también a las personas que han perdido energía o facultades mentales: “Celedonio está abanado”.

Adentro, la de. Muchacha, casi siempre “colocada” (véase), que realizaba las labores domésticas más difíciles: lavar, cocinar, planchar. Se decía “de adentro” pues en las viviendas cocina, lavadero, etc., quedaban en el fondo de aquellas.

Aguamiel. Bebida caliente producto de la cocción de la panela en agua. De alto valor energético y sin los efectos negativos del azúcar refinado, acompañó las comidas en la mesa tachirense. El café colado se hacía con aguamiel y, para los niños, una vez destetados, fue la base de sus teteros. Disuelta la panela en agua fría y mezclada con abundante jugo de limón, llámase aguapanela, el refresco de los pobres.

Ala. Voz de origen colombiano. Uno de los aportes lingüísticos de mayor significación en el habla popular tachirense. Aun cuando ha entrado en desuso, particularmente en los jóvenes urbanos, todavía una buena parte de la población se dirige a un familiar o amigo
iniciando la conversación con ese ala que hicimos nuestro: “Ala, contame qué fue lo que pasó en la esquina”, “Ala, juguemos a la pido”, “Ala, ¿hicites el mercado?” y ese inolvidable y sabroso “¡Quiubo, ala!”.

Aliado. Manjar de delicado sabor elaborado a base de la gelatina producida por larga cocción de la pata de res en agua. Una vez fría, se mezcla con melado grueso de panela y se somete a un proceso de estiramiento hasta que alcance el punto, es decir, que tenga la consistencia y color deseados. Se corta en pedazos rectangulares y se espolvorea abundantemente con leche en polvo o harina de trigo.

En el Táchira se le denomina también “templón”. De allí surge la expresión “Le doy un templón por la cuca”.

Este manjar es de origen colombiano, donde recibe diferentes nombres: “gelatina” en el Valle del Cauca o “arrastrado” en el Norte de Santander.

Ambilado. Un pobre diablo. Persona carente de recursos económicos, sin dinero. Dícese de alguien que no tiene oportunidades en la vida.

Apatusquero. Dícese de la persona que finge o exagera sentimientos o gestos. Así, por ejemplo, al saberse la noticia de la muerte de alguien importante en la comunidad, un “pesado” (véase), nunca falta un individuo que va a exclamar: “¡Ay! ¡Cómo va a ser!
¡Tan buena gente que era!”, a lo que otro responderá “Ala, no seas tan apatusquero, que vos ni lo conocites”.

Hacer “el apatusque” o “apatuste” de algo significa que lo que se va a realizar está previamente viciado, que el resultado es conocido. El apatuste sirve para engañar pendejos y a los que no lo son. Se usa también apatusquería: “Dejá la apatusquería”.

Apuntalar. Comer a media tarde. Reforzar mediante la ingesta las condiciones del cuerpo para evitar desmayos, vahídos, “escoyuntos” (véase).

 En el “puntal” se sirve, generalmente, pan blanco, acema o “cucas” (véase) con cuajada o queso, acompañados de aguamiel negra o café con leche. Los ingredientes varían de acuerdo al poder adquisitivo.

 Ya casi no se apuntala, en especial en el medio urbano, debido a la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, al acceso de los menores al sistema educativo y, sobre todo, al deterioro de las condiciones socio-económicas de la familia.

Aquel, aquella. El uso de estos pronombres demostrativos es muy particular en el estado. Cuando dos amigos se encuentran y uno de ellos le dice al otro “Aquella amaneció brava. Se me pone que se dio cuenta”, se está refiriendo exclusivamente a su esposa y supone que ella sospecha de algo quizás indebido que él está haciendo. La mujer, a una amiga le diría: “Aquel me cree pendeja, anoche llegó hediondo a pachulí”.

Arrinche. “Moza”, “querida” (véanse), amante. Tener arrinche significa poseer medios económicos por encima del promedio. “Fernando le puso casa al arrinche”.

Arrojar. Vomitar. “Francisco arrojó todo”, “El chofer del libre se piso muy bravo porque Teresa se arrojó en la butaca”.


B

Bastimento. Cosepán (Véase). Yuca, plátano o “chocheco” cocidos que acompañan la sopa y el seco.

Batatas. Las pantorrillas. Dícese que las sancristobalenses tienen muy buenas batatas de tanto subir cuestas.

Bebido. Borracho. Ver “pintón”, “tomado”. “Arcadio anda bebido, no le hagás caso”

Bizcocha. La parte exterior de los genitales femeninos. Ver “cuca”, “paloma”. Exagérase al hablarse de bizcochón o bizcochononón.

Bolera. Vaina, cualquier cosa. “Qué es esa bolera”. Dejar la bolera es dejar de molestar; dejar la molestadera, la joda, la “juña” (véase).

Ante un niño que estaba cansón con la molestadera, era común que la madre dijera: “Lucidio, dejá la bolera. Andá a ver si el gallo puso”.

Bombiado. Desmayado por efecto de un golpe, “totazo” o “tochazo” (Véanse). Aplícase también a quien está profundamente dormido. “Nona, Reinaldo no se quiere parar. Está como bombiao”.

Su uso proviene de la pesca con bomba, pues los peces quedaban, después de la explosión, en un estado tal que les impedía el movimiento y, así, permitir su fácil captura.

Buche. Porción de café negro, “miche” (véase) u otro licor que no se bebe de un solo golpe. Debe primero enjuagarse la boca con el líquido para que quede el sabor por largo tiempo. Acompáñase del sonido que produce “chasquear” la punta de la lengua con el paladar.

En cuestiones de medicina, indícanse buches de algún líquido para contrarrestar infecciones y otros malestares bucales. Así, el dentista recomienda al paciente al que le ha sacado una muela: “Alexis, echate unos buches de aguasal”.



C


Cacha. Cabeza. Ver “coca”, “porra”.

Cachicamo. Aguardiente de caña. Llámase cachicamero a quien lo produce y también al campesino, creyendo que estos son pingos.

Cachimbo. “Miche”, aguardiente de caña elaborado en alambiques clandestinos. “Vivas, conseguime un buen cachimbo pa’un calentao”.

En femenino, úsase para exagerar un golpe. “Cachimba de coñazo le dieron a Heliodoro”.

Cagajón. Excremento de equino. Por extensión, aplícase a personas despreciables. “Timoteo es un cagajón. No le pare”. Dícese también de los carros viejos, destartalados.

Cajuche (miedo). Miedo exagerado a algo o alguien. Cuando un muchacho era invitado a darse unos coñazos con otro y eludía el enfrentamiento, se decía que había tenido miedo cajuche.

Cangrejera. Facultad que tienen algunas mujeres como resultado de un poco común desarrollo de los músculos de la vagina, lo que les permite contraerlos a voluntad. Dícese que provoca grande placer a los hombres. La referencia al crustáceo tiene que ver con el fuerte agarre de sus pinzas.

En ciertos medios donde se paga el sexo, aquella que tenga la fama de poseer esa facultad se asegura ingresos extraordinarios.

Cantaleta. Regaño, reclamación de larguísima duración hecha generalmente por las mujeres a sus maridos pecadores, a veces mascullando; otras, elevando la voz para ser oídas. Comienza casi siempre desde muy temprano y puede durar hasta más allá del mediodía, dándole oportunidad al marido para salir de la casa, trabajar y volver. “¿Todavía con la cantaleta?”. Llámase también letanía.

Cantar. Defecar. Verbo utilizado en lugar del correcto. Éste ha sido considerado como vulgar. “¿Pa’ dónde va Ramón? Voy a cantar”.

Capino. Albino, persona muy catira. Ver “rucio”. “El Capino se fue a jugar billar”.

Chacarita. Monedero usado por los hombres. Elaborado en cuero, su nombre quizás proviene del popular barrio bonaerense, famoso por su marroquinería.

Chapa. Burla intensa. Ponerle la chapa a alguien expresa la mamadera de gallo a que lo someten si comete algún error.

Chicuca. Excremento humano. “No hablés tanta chicuca, Federico”.

Chiflar. Silbar. “Metele un chiflido pa’que salga”.

Chigüizas. Testículos. Ver “turmas”. Tener las chigüizas bien puestas significa tener valor, ser hombre de empuje.

Chocheco. Musácea que suele comerse cocida cuando verde o, al natural, ya madura. De consistencia fibrosa y sabor exquisito, es de las más utilizadas como “bastimento” o “cosepán” (véanse) en la cocina tachirense.

A mediados de la década de los años cincuenta del pasado siglo, se utilizó la expresión “Me lo tiene chocheco” para indicar que alguien se lo tenía a uno dedicado, molesto con un tema recurrente y, por lo tanto, cansón, odioso. Véase “Me lo tiene velado”.

Coca. La cabeza. Echarle coca a un asunto es estar pensando en él. Tener dolor de coca. Ver “cacha”, “molla”, “porra”.

Juguete compuesto de dos elementos unidos por una cuerda. Uno de ellos, de forma ovalada con un orificio en su parte más ancha; el otro, un palo que debe entrar en el orificio luego de movimientos pendulares que hace el jugador.

Colocada, colocado. Las familias pobres, generalmente las del campo, acostumbraban solicitar a las pudientes que les permitieran que una hija o hijo de corta edad viviese en ese hogar. Allí ayudarían en las labores domésticas a cambio de cama, comida y educación.

Catre, tenían; comida, las sobras; educación, para qué. Las matronas siempre afirmaron: Tengo una colocada a quien quiero como a una hija. Excepciones las hubo.

Coñazo. Golpe. De su raíz, de origen español y de amplio uso en el país ibérico y en el área del Caribe, derívase en el Táchira el exagerado superlativo “coñazononón”, que expresa que el golpe dado es de gran intensidad. “A Ramón Alí le dieron un coñazononón que lo dejó bombiado”, “Me le dieron un coñazononón al carrito”.

Corchado. Sucio, mugroso. Dícese de las partes del cuerpo y de la ropa que no están limpias.

Cosepán. Dados los altos costos que siempre ha tenido la harina de trigo –cereal no cultivado en el país-, para los pobres es casi imposible acompañar las comidas con pan. En su lugar, se come plátano, yuca o chocheco cocidos. Cosa de pan, significa sustituto del pan. Ver “bastimento”.

Cuadril. Caderas. Estar “descuadrilado” significa que esa parte del cuerpo, por efecto de un golpe o dolencia, se encuentra adolorida, con los huesos desencajados.

Cuca. Llámase así a la paledonia, torta de harina mezclada con panela y especies. Tiene forma generalmente redondeada.

Recipiente hecho de cacho de res que sirve para guardar el chimó.

Por cuestiones aún no explicadas por la lingüística, denomínase así a la vulva. Los tachirenses, exagerados como pocos en el uso de los superlativos, se refieren a ella con “cuconón” y “cuconononón”, imaginándose tamaños no existentes en la especie humana. Véase “bizcocha”, “paloma”, “mica”, “cuchumina”.

Cuchumina. Vulva. Ver palabra anterior.

Cunche. Pequeña cantidad de licor en las botellas o vasos. Dícese que es la de mejor sabor. Cuando no se quiere tomar grandes cantidades de licor se pide “un cunchito”.

Curas. Aguacates. Voz en desuso quizás porque los tachirenses ya no comen curas.

Curricán. Cuerda elaborada con hilos de algodón utilizada para hacer bailar un trompo y amarrar las cajas de cartón y maletas que acompañaban a los tachirenses en sus viajes a Caracas.

Cursos (tener). Tener diarrea. “Gregorio no puede ir a la escuela porque tiene cursos”. Tener “cursera”.


D


Descartuchar. Romper el himen mediante penetración, desflorar. Hacer perder la virginidad. “A Antonia le rompieron el cartucho”, “Ala, ¿vos nunca has descartuchado una mujer?”.


E


École. Así es, eso es, bien. De las expresiones de origen italiano, aparte de nono y nona, es esta de las más utilizadas. Su uso se remonta a principios del siglo pasado. Proviene de “eccole qua” (Helas acá, acá están).

Cuando se está realizando un trabajo cualquiera y se obtiene un buen resultado se exclama “école”.

Endenantes. Hace un rato. “Susana, ¿no has visto a Rebeca? Sí, endenantes vino”.

Enguayabado. Triste, melancólico. Tener guayabo significa sentimiento por pérdidas, abandonos. “Alfonso se fue con la otra. Estoy muy enguayabada”.

Ensopado. Mojado. “Miguelito llegó ensopadito. Es que ha llovido mucho y no llevó caucho”.

Entelerido. Con mucho frío. “Probecito Julito, está entelerido”.

Entrecasa, ropa de. Ropa vieja que se usa en la casa. “Quitate la camisa del domingo, ponete la de entrecasa”.

Errado. Que tiene mala suerte. A mediados del siglo pasado, vivió en San Cristóbal un francés de apellido Monroi, dueño de una hermosa perra. Se decía: “Mas errada que la perra de Monroi que quedó preñada de un perro capado”. Tener erradera es tener mala suerte.

Escacharse. Equivocarse, no dar pié con bola. En billar, no golpear correctamente la bola con el taco por falta de tiza.

Escoyunto (ecoyunto). Descoyunto. Estado físico o mental que indica flojedad, pereza extrema. “Tengo un escoyunto que no me hallo”.

Espitado (salir). Salir corriendo. “Salir mandado”, véase. “El caco salió espitao. A ese no lo alcanza nadie”.

Esta, este. Al igual de lo que sucede con los pronombres aquella y aquel, el uso de esta y este en el Táchira es muy particular. Es común que alguien se dirija a otra persona diciéndole “Mire, este”, “Oiga, esta”. Si se le agrega la palabra niña o niño da por resultado ese desagradable “Mire, esta niña” “Este niño, ¿pa’donde va usted?”. A nuestras mujeres les enfurece particularmente ese tratamiento y nos increpan: “¡A mi no me diga esta, que yo tengo nombre!”


F


Frasco (estar). Contento. Estar orgulloso de algo o alguien sin caer en la exageración. “Antonio está frasco: Su muchacho se ganó una beca”.


G


Galleta. Lío, embrollo. Llámase “galletero” al individuo que enturbia cualquier situación. “A Iván no lo dejaron jugar por galletero”. “Engalletado” se dice de alguien que no encuentra solución a un problema.

Gallinazos. Frijol de pequeño a mediano tamaño, redondo y de color blanco marfil. Se cultiva en ambientes de baja temperatura.

Puede afirmarse que la sopa de gallinazos es un plato típico de la cocina tachirense. Por razones no conocidas, hoy es difícil conseguir este sabroso grano en los mercados.

Garlar. Hablar. Garladera es hablar demasiado, casi sin interrupción. “Ala, dejá la garladera”.

Garosa. Dícese de la persona glotona o de aquella que espera demasiado de una cosa. “No sea garoso, carajo. Dejale arroz a Vicente”.

Garretes. Los talones. “Andá a lavate los garretes que los tenés corchados”.

Gorra. Prepucio. “A Nicomedes ya le bajaron la gorra”.

Guate. Llamábanse así a los nativos de Colombia. Ver “reinoso”.

Güino. Niño, pequeño. Aplícase también al perro sin raza definida.

I

Imbombo. Tonto, bobo, pendejo. “El imbombo del Gilberto perdió la chacarita”.

Imperioso. Prepotente, soberbio, petulante. Dícese de las personas que se creen superiores a las demás. Puede afirmarse que todo aquel que detenta algún tipo de poder es imperioso. “Me miró como a carne‘e cachete, el imperioso ese”.

Ir al fondo. Antes de la construcción de la red de cloacas, las letrinas estaban situadas en el solar, si lo había, o en la parte posterior de las viviendas. La expresión indica que se iba allí a hacer las necesidades fisiológicas.


J


Jícara. Recipiente hecho del fruto del totumo, generalmente de pequeño tamaño y que se emplea para tomar café negro. Una jicarada de café significa una buena cantidad de aquel.

Jueputa. Eso. Este aféresis debe pronunciarse dándole gran fuerza a la jota. Sirve para muchas situaciones, desde el tratamiento que se le da a una persona canalla, malvada, así como a la exclamación que se da después de golpearse con un martillo.

Juñir. Eufemismo por joder. Juñir es molestar, dañar una cosa. La juña se aplica a ciertos estados mentales: “Tengo una juña que no me hallo (jallo)”. Dícese también joña: “Deje la joña”. “Ahora sí nos juñimos, llegó la recluta”. “El radio no prende, está juñido”.





L


Lo mandaron o vino solo. Expresión que se le dice a los entrometidos, “sopones” (véase); a quienes interrumpen una conversación con comentarios fuera de tono o lugar. También a aquellos que apenas te ven, aún sin saludarte, emiten una opinión, siempre desfavorable e inoportuna, sobre algo que está pasando.

Hoy es muy común ese tipo de comportamiento entre rivales políticos, por lo que debe responderse con esa expresión, sobre todo si usted está reflexionando sobre la extinción del mono tití que vio en Animal Planet.

Lora. Llaga de gran tamaño, purulenta, producida por infección bacteriana que se localiza generalmente en la parte inferior de la pierna. Exhibir la lora en las puertas del Mercado Cubierto, permitía a ciertas personas solicitar limosna.


M


Machiro. Desconfiado, cauteloso. “¿Le entregates la plata al hombre?. No, está muy machiro”.

Malparido. Una de las groserías de mayor uso en el Táchira.

Mandado (salir). Salir corriendo a gran velocidad. Ver “espitado”.

Marranomiando. Hacerse el pendejo, el que no sabe la cosa. “Alberto pasó haciéndose el marranomiando. Ese está buscando algo”.

Masato. Bebida hecha a base de arroz, panela y especies. Debe tomarse antes de que fermente. También a mediados de los años cincuenta se utilizó la expresión “Me lo llenó de masato”. Se desconoce el porqué de su uso.

Mechas. Cabello. Estar “mechudo” es tener el cabello largo.

Mica. Vulva. Véase “bizcocha”, “cuca”, “paloma”. También se usan aumentativos tales como “miconón” y “micononón”.

Miche. Aguardiente de caña elaborado clandestinamente. Tomarse unos michitos. Se mezcla con plantas medicinales o aromáticas. Así, el consumidor no pide un miche con eneldo sino que solicita “un eneldo”, “con hinojos”, etc.

Micos. De los plátanos cocidos que sobraban del día anterior, una vez molidos, se obtiene una masa a la que se agrega queso y se le da una forma redondeada. Se asaban sobre el anafe (hablábase de anafre). Sustituían a la arepa o al maduro asado en el desayuno.

Miquingo. Miedoso, poca cosa, sin grandes aspiraciones. “No seas miquingo, decláratele a la Rosa”.

Molla. La cabeza. También se llama así un recipiente de gran tamaño elaborado con arcilla cocida y utilizado para fermentar guarapo o chicha.

Moza. Amante, barragana, “querida” (véase). La otra, casi siempre más joven que la esposa. “Leoncio tiene la moza en La Concordia”.

Muda. Ropa de recambio. “Arturo se llevó una muda”, “Pobrecito Luís, no tiene muda”.

Mute. Mondongo. Sopa elaborado a base de tripa de res, callo, libro, garbanzos, maíz pilado y abundantes verduras. De sabor exquisito, acostúmbrase tomarla los fines de semana.


N


Nacido. Hinchón, absceso. “Esta niña tiene un nacido en el sobaco”.

No arriscar. No lograr algo, no alcanzarlo, fallar. “Luis no arriscó a llegar”.

Nona, nono. Abuela, abuelo. Uno de los aportes lingüísticos más importantes que introdujo la inmigración italiana a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Por influencia de la televisión, pocas personas continúan llamando así a los padres de sus padres.

Novelero. Curioso, entrometido, fisgón. Dícese de aquellas personas que sienten un impulso irrefrenable por ser espectadoras de acontecimientos. “Doromilda, ¿dónde estaba? En la iglesia, ala, de novelera”. “Por estar de novelero, le dieron unos pescozones a Raúl”.


O


Ora. Exclamación que precede frases o expresiones. No tiene el significado de ahora. “Ala Tomás, ¿me terminates la silleta? ¡Ora carajo!, ni que tuviera cuatro manos”.

Otra vuelta. Otra vez. “¿Jugamos runche otra vuelta?”. A los cansones , cuando insisten en la molestadera, se les dice: “¿Otra vuelta?


P


Paloma. Contrariamente a lo que sucede en otros pueblos que asocian los pájaros con el pene, en el Táchira llámase así a la vulva. Sus aumentativos palomón y, especial, palomononón, son exageraciones de la gran imaginación masculina.

Pasito (hablar). Hablar en voz baja. “Hable pasito que ahí viene su mamá”. “Hablá pasito, que el sapo del José nos está oyendo”.

Pernicia. Jodedera, molestadera impertinente y con mala fe. Situación desagradable en la que uno o varios individuos, con ruidos, risas o comentarios fuera de lugar, interrumpen una conversación, concierto, discurso o película, lo que provoca rabia y rechazo. Llámase pernicioso a ese tipo de personas, recordándonos su mala crianza. Algunos, ya en la tercera o cuarta edad, persisten en el hecho.

Pesado. Rico, poderoso. No tiene nada que ver con personas con sobrepeso.

Pescozón. Golpe, “coñazo”, “totazo”, “tochazo” (véase).

Pingo. Tonto, bobo, pendejo. Voz que proviene de los santanderes colombianos. “Mijo sí es pingo, le cambió el trompo por tres metras al hijo del pesero”. Úsase también “pingadas” por tonterías, boberías. “Este sí tiene pingadas”, “No hablés tantas pingadas”.

Pintón (estar). Estar a medio palo, en estado angelical. Cuando se ingiere licor, es el momento de euforia y alegría que precede a la borrachera. “Tené cuidado con Gustavo que está pintón”.

Pira. Sopa espesa elaborada a base de arvejas (tiernas o no) o frijoles previamente ablandados por cocción, a las que se les agrega abundante papa, auyama, repollo, cebolla, chayota, etc., todo cortado en trozos pequeños, acompañada de huesos de res. Al final se añade un sofrito de cebolla junca, cilantro y ajo. Dícese que levanta el ánimo del más dormido.

Pisca. Caldo preparado a base de papa, cebolla junca, cilantro y huevos. Se toma en el desayuno acompañado de arepa. Es el alimento ideal para sacar un buen ratón.

Hembra del pavo. A las personas muy pecosas se les llamaba “huevo de pisca”. Pisco: pavo.

Pita. Pabilo. Sirve para amarrar hallacas y para el runche.

Porra. Cabeza. Ver “cacha”, “coca”, “molla”.

Puntal. Comida de la media tarde. Ver “apuntalar”.


Q


Querida. La amante. Ver “moza”.





R


Reinoso. Nativo de Colombia. Debido a que el territorio que hoy ocupa la República de Colombia fue, antes de su independencia, el espacio del Virreinato de la Nueva Granada, los oriundos de ese país fueron llamados así. Voz en desuso.

Repelente. Dícese de las personas antipáticas, cansonas, entrometidas, que provocan rechazo por su conversación, risas, gestos. Aplícase también a las manifestaciones humanas como la música. Así, el hard rock, el regatón y canciones como aquella que dice “la mesa que más aplauda...” son en extremo repelentes.

Úsase asimismo la voz “repelencia”. “Ahí viene aquel con la repelencia”.

Rucio. Llámase así a los catires. Díceles “catirrucios”.

Runche, runcho. Juguete elaborado con botones de gran tamaño o tapas de cerveza o refrescos. Estas se martillan hasta quedar completamente planas y se les abre dos agujeros por donde pasa una cuerda. Con movimientos circulares de las manos se logra enrollarla y, a continuación, estirando y encogiendo la cuerda hace que elemento principal gire. Los muchachos muérganos le sacan filo a la lata y, así, cortan la cuerda del adversario.


S


Sapa, sapo. Persona de baja estatura, robusta. “Rosaura tiene muy bonita cara, pero es muy sapa”. Llámase a esas personas “saporretas, saporretos”.

Dícese también de los delatores, acusetas, los correveidiles. Sapiar es, entonces, delatar. “Higinio fue el que nos sapió”.

Se me pone que. Supongo que, pienso que, sospecho que. Esta expresión es de uso común en el habla popular. “Se me pone que Julia se va a ir”, “Se me pone que Diógenes sabe algo”.

Seca, seco. Persona muy delgada. “La seca de la Juana cree que le quedan muy bonitas las naguas”.

Soco. Tonto, pendejo, idiota. “Belarmino es bien soco, lo juñeron con lo del paquete chileno”.

Sopón. Entrometido, indiscreto. Persona que se mete en los asuntos de otra; que da opinión de algo sin habérsele consultado.

“Soponería”. “Dejá la soponería”, “Hacete la pendeja, que llegó Leonardo y ese es muy sopón”. Úsase la palabra “sopas” con el mismo sentido. “Marlene no sea sopas”.

Surrucuco. Búho, lechuza. Esta hermosa palabra ha desaparecido del habla tachirense, quizás porque poco se ve a esta ave nocturna.


T


Tariolas. Bobo, tonto, pendejo. “El tariolas del Rigoberto todavía cree en la llorona”.

Toche. Voz proveniente de Colombia. En la costa atlántica llámase así al ave que en Venezuela denominamos arrendajo. Los versos del bullarengue del folklor tradicional costeño “Josefa Matía”, dicen:

“De los pájaros del monte, yo quisiera ser un toche para yo cantar contigo, en las horas de la noche”.

Tanto en Santander como en Norte de Santander, en Colombia, así como en el Táchira, por extraña analogía llámase así al pene. Como los pájaros, los hay de todos los colores y tamaños. De allí, “tochecito” y “tochononón”.

 Toche también se le dice al tonto, al bobo, al pendejo. “¿Usted me cree tan toche?”, “No sea toche”, “Parecés toche”, “Edecio es bien toche”.

 Dícese “tochazo” a un golpe y se emplea “tochito” para increpar a alguien que viene a molestar. “¿Sí, tochito?”.

Del gran aporte colombiano al habla tachirense, debe considerarse a toche como uno de los vocablos que ha perdurado por más tiempo y uno de los más utilizados por personas de todas las edades y, hoy, de los dos sexos.

Tomado. Que ha consumido licor. Ver “bebido”.

Tote. Pequeña bola elaborada con elementos químicos que explota al contacto con superficies duras. “Totazo”, golpe. “Daniel se dio un totazo”. También designa el ruido de una explosión.

Turmas. Testículos. Ver “chigüizas”.

Tusarse las mechas. Cortarse el cabello. “Andá a tusate que estás mechudo”, “Dominguito, decile a don Antonio Lozada que lo tuse. Yo después le pago”.


U


Unto. Manteca de cochino derretida, achotada -embijada-, salada, que en muchas ocasiones constituyó la única fuente de proteína de origen animal en la alimentación de los peones agrícolas tachirenses. Se acompañaba de abundante chocheco, el que era “untado” en esa preparación.


V


Velada (me la tiene). Expresión que se dice de una persona que se dedica a molestar a otra de manera recurrente. Es de origen colombiano. “Casimiro me la tiene velada porque me vio donde la Pava Cecilia”.

Velar a alguien. Utilizada por los niños cuando uno de ellos, que está comiendo algo, es observado por otro que codicia un pedazo o prueba de ese alimento o golosina. “Mamá, José María me está velando el maduro”, “Dejá de velar a tu hermano”.

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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