viernes, 31 de octubre de 2014

Templanza y valor indiscutibles de la heroína venezolana parte (I) y (II).



Eumenes Fuguet Borregales (*)

Parte(I)
Mujer hecha Patria
                                                                          
En cada espacio del tiempo histórico venezolano, iniciado con el descubrimiento de nuestra patria, en 1498, y en diferentes épocas, la mujer venezolana se ha caracterizado por su activa, abnegada y valerosa participación, coadyuvando con su solidaridad lograr los nobles objetivos de la emancipación. En momentos de plena dificultad, numerosas paisanas brindaron guarda y cobija a los combatientes de luchas e ideas, que, por ser fieles a causas justas, eran perseguidos sin tregua; otras sirvieron de mensajeras, transitando sitios inhóspitos y vigilados por fuerzas enemigas; unas atendían a los heridos en pleno campo de batalla. Quienes conocían de manualidades, contribuían con la costura de ropas y uniformes, otras preparaban comida. Quienes demostraban guáramo, tomaban un arma y peleaban en primera fila, hombro a hombro con los soldados, regando con su sangre no perdida los Caminos de la Redención; muchas avanzaban como troperas en la retaguardia, para realizar funciones logísticas. La Historia y Tradición, recoge la información de tantas compatriotas de todas las clases sociales y de todas las regiones, quienes, como madres, esposas o amantes, dejaron honda huella de sacrificio y pasión por la Libertad, con sentido de Patria en sus nobles corazones. La Princesa Judibana, primera heroína venezolana. Hija del Cacique Manaure y vivía en Paraguaná, casada con  Hurehurebo; ellos, defendiendo sus tierras, fueron atacados y heridos salvajemente, por los conquistadores. Judibana perdió una pierna y ambos fueron trasladados en calidad de esclavos hasta la isla de Santo Domingo; la efectiva y bondadosa acción de Juan de Ampíes permitió la liberación y regreso al terruño de estos aborígenes, donde fueron bautizados y casados por la Iglesia, con los nombres de, Fernán y Juana; este sería uno de los primeros matrimonios realizados en Venezuela. 

                                    
Josefa Joaquina Sánchez, esposa del protomártir José María España, quien junto a Manuel Gual, ayudó en su afán emancipador junto a Manuel Gual. Doña Josefa, conocida como "La Bordadora", confeccionó, la Bandera emancipadora de Gual y España. Al ser develado el movimiento, Josefa, fue encarcelada durante ocho años, los cuales pasó con dignidad. Sus hijos, los cadetes José María y Prudencio, enarbolaron en la Plaza Mayor de Caracas el 14 de julio de 1811, la Bandera tricolor recién diseñada por el precursor Francisco Miranda, sitio por cierto, donde fue ajusticiado su padre once años atrás, no sin antes decir: “No pasará mucho tiempo sin que mis cenizas sean honradas”. María Isabel Gómez, curazoleña, madre del general Manuel Piar, trabajaba en La Guaira como comadrona, muy amiga de doña Josefa Joaquina, participó, en el movimiento de Gual y España en 1799. Ella los alertó sobre la orden de detención; por tal motivo, fue encarcelada en La Guaira y desterrada hacia Curazao. Gual y España se alojaron en su casa en Curazao. Su hijo, el general en jefe Manuel Piar, fue el Libertador de Guayana, en 1817. María del Carmen Ramírez de Briceño. Digna tachirense, vivía entre San Cristóbal y Cúcuta; su esposo, tenía varias propiedades, que fueron confiscadas. María es de las primeras en informar a los vecinos de ambas ciudades, el movimiento del 19 de abril de 1810. En 1819, es detenida como prisionera y enviada a Bailadores; el Libertador, al conocer la noticia, movilizó un batallón para rescatarla. Las residencias de doña María, sirvieron de alojamiento a Bolívar, y  la  de Cúcuta, sirvió de hospedaje, en donde murió en 1821 el distinguido doctor Juan Germán Roscio; en otra  de ellas, realizaron reuniones del Soberano Congreso, reunido en esa ciudad fronteriza por órdenes del Libertador. Batallón de Mujeres de San Carlos, el 25 de abril de 1812, lucharon las mujeres de todas las clases sociales de San Carlos utilizando palos, machetes, sables y algunas armas, al mando del comandante Miguel Carabaño, contra las huestes de Domingo Monteverde; los republicanos perdieron por la deserción de un escuadrón de caballería, cuando Monteverde se retiraba. El Libertador desde su cuartel general de Trujillo, el 22 de junio de 1813, exalta la valentía de estas heroicas  mujeres  de San Carlos, quienes lucharon con valor y sacrificio.
AGRADECIMIENTO. Al publicar este artículo número 500, en el prestigioso diario El Carabobeño, quiero dar testimonio de profundo agradecimiento, a sus directivos y a los consecuentes lectores, quienes, con sus generosos conceptos, convertidos en estímulos, me han permitido llevar a cabo la labor investigativa y divulgadora; es un compromiso en aras de internalizar nuestra identidad nacional.


                                   Parte (II)
                      Mujer hecha Patria

Ana María Campos. Nacida en los Puertos de Altagracia, en todo momento participaba en beneficio de la emancipación; asistía en Maracaibo a las reuniones secretas para organizar la defensa contra el general realista Francisco Tomás Morales, quien, después de la Batalla de Carabobo, se trasladó a Puerto Cabello y luego a Maracaibo. Es famosa su frase de: "Si Morales no capitula, monda" (muere). Al ser capturada, la castigaron públicamente, paseándola por Maracaibo montada semidesnuda en un burro, llevando latigazos como escarmiento, para que retirara lo dicho; Ana María soportó estoicamente el castigo, sin doblegarse. Luisa Cáceres de Arismendi. Abnegada caraqueña, que sintió a principios de 1814 el dolor por la muerte de su padre y hermano por órdenes del sanguinario Francisco Rosette, en Ocumare del Tuy. Ella salió con su familia en julio de 1814 en la Emigración de Oriente, en cuyo trayecto, cual verdadero calvario, perecieron cuatro tías; de Cumaná pasa con su madre y un hermano a Margarita, donde contrae matrimonio con el ilustre prócer Juan Bautista Arismendi; las fuerzas del general Pablo Morillo la capturan y trasladan al Castillo de Santa Rosa, donde pierde la Criatura que esperaba al nacer. Cada vez que la interrogaban, contestaba: "Jamás lograréis de mí que le aconseje (a su esposo) faltar a sus deberes". Sin disminuir su moral y temple. Pasó por las cárceles de Caracas, de La Guaira y de Cádiz, allí contestaría: "No renuncio jamás a mis deberes". Los restos de esta digna heroína, se encuentran en el Panteón Nacional. Es la primera paisana en ingresar al Augusto Recinto y único matrimonio, que allí se encuentra, allí también  reposan, los venerados restos de la famosa escritora, Teresa de la Parra, de la excelsa pianista Teresa Carreño y simbólicamente,  los de la  heroína Josefa Camejo. Micaela Longa. Joven aristocrática caraqueña, en 1816, fue detenida por las autoridades españolas, acusada de rebelde y colaboradora de los republicanos, sufrió las penurias de un año de cárcel, por el delito, de "brindar por Bolívar, una botella de licor". Teresa Heredia. Representante de la juventud de Ospino, mujer de gran perseverancia y lealtad, huérfana desde niña. En una ocasión, fue encarcelada, por seis meses, sufriendo torturas físicas y morales. En otra oportunidad, es denunciada por subversiva, y condenada al destierro en Norteamérica. 
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Josefa Camejo. Paraguanera, sobrina del ilustre sacerdote monseñor Mariano Talavera y Garcés, denominado por Bolívar "El mejor Orador de América". Desde 1810, Josefa, se incorpora al movimiento revolucionario, participó en 1820 y 1821 como mensajera entre Maracaibo y Coro, a las órdenes del general Rafael Urdaneta. En ocasiones se vestía de pordiosera para despistar a los realistas. Con la valerosa toma de Paraguaná el 3 de mayo de 1821, inicia la liberación de Coro, concluida por Urdaneta, el 11 de mayo, de ese memorable año. Las Costureras de Guanare. La primera vez, que el Ejército Libertador usó uniforme, fue en la gloriosa Batalla de Carabobo, gracias a la actividad desplegada por las insomnes mujeres de Guanare, que enhebraban los hilos de la libertad, para coser mil uniformes, con telas color azul, la chaqueta,  y blanco el pantalón, el cual lucirían orgullosos, en la formación de parada el 23 de junio, en la sabana de Tinaquillo, Bolívar los arengó, con sus proféticas palabras: ¡Mañana seréis invictos en Carabobo! Campaña de Carabobo. Durante la concentración estratégica hacia San Carlos, previa, a la batalla decisiva de Carabobo, las unidades de combate llevaban mujeres, que realizaban funciones logísticas, y atención a los heridos. En San Carlos, acudieron doscientas mujeres, de diferentes estratos sociales y de todas las regiones, compenetradas en un solo objetivo, la independencia. Estas  heroínas, se conocen  en Venezuela, se conocen como "Troperas", en Colombia, como "Las Juanas" y en México como "Las Adelitas". Las heroínas de Carabobo. En la memorable sabana, de Carabobo, designada por el Poeta del Pueblo, Andrés Eloy Blanco "domicilio histórico del Ejército venezolano", después de la batalla se ordenó a los tenientes Rafael Mendoza y Vicente Piedrahita, que recogieran los cadáveres para su entierro o quema. Al realizar su ingrata labor, encontraron a dos mujeres con uniforme puesto y cabello recogido; eran dos heroínas desconocidas, de las veinticinco, que pelearon en la magna batalla.
Gral. de Bgda.                                                                            Churuguarero777@gmail.com
@eumenesfuguet


 


(*) Gral de Bgda.                                                                                       

Historia y Tradición

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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