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martes, 9 de febrero de 2016

La leyenda del conquistador Martin Tinajero


Eumenes Fuguet Borregales 
"Creo... en las abejas que labraron su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero...".
Aquiles Nazoa

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Con la finalidad de saldar deudas  contraídas por el gobierno español con los Welser, banqueros alemanes, el rey Carlos V dispone una capitulación suscrita en Madrid el 27 de marzo de 1528; aceptada por Enrique Ehinger y Gerónimo Sailer. La Capitulación   los autoriza: “descubrir, conquistar y poblar la vasta región que comprendía la provincia de Venezuela; los obliga fundar dos ciudades y tres  fortalezas; movilizar cincuenta técnicos para las minas a conseguir todo en un  plazo de dos años”. Dos gobernadores alemanes tuvo Venezuela, con el afán de conseguir las supuestas riquezas de “El Dorado”, llegarían hasta las cercanías de Bogotá: Ambrosio Alfinger Primer Gobernador y Capitán General de Venezuela, fundador de   Maracaibo y Jorge Spira.  Un funcionario de los Welser fue Nicolás Federmann (1505- 1542), al llegar a Coro a comienzos de mayo de 1535, es designado por Spira teniente gobernador, con la misión de  expedicionar los primeros meses de 1536 hacia el occidente, para llegar hasta el Cabo de la Vela en la Guajira. En el grupo  de Federmann  se encontraba un joven conquistador español conocido como Martín Tinajero, nacido en la población de Écija,  provincia de Sevilla de la comunidad autónoma de Andalucía, cuya patrona por cierto es la virgen del Valle, celebrada el 8 de septiembre.

 Martín hijo de labriegos, dedicados también a la preparación de la  arcilla para elaborar tinajas, de allí la denominación de tinajero.

De excelente comportamiento, colaborador en los oficios de la casa y bondadoso con sus compañeros de vecindad. La leyenda escrita por Fray Pedro de Aguado  sobre Martín Tinajero informa que de adolescente en la iglesia del pueblo, escuchó: “Tu corazón está destinado a una gran leyenda”, Martín pensaba que sería un llamado al sacerdocio.

 Entusiasmado por los amigos dispuestos a buscar aventuras en el Nuevo Mundo y  motivados por la Leyenda de El Dorado”, embarcaron hacia Coro.  Martín iba en la expedición de Federmann como cocinero; el capellán era el  Padre Vicente Requejada, nacido en Zaragoza. Primer Agustino en llegar a Hispano América. La expedición se dirigió en dirección Rio Hacha; el grupo sufrió las inclemencias de las lluvias, transitaron en áreas boscosas y desérticas, colmadas de  plagas; en ocasiones no conseguían agua o comida; el joven Martín no soportó la travesía, falleciendo en septiembre de 1536, supuestamente en la región cercana a Bobures. Federmann continuó su periplo; luego de varios días decide regresar a Coro por la misma ruta;  durante su avance notan una aroma  extraña y agradable a cierta distancia donde habían  dejado semi enterrado a Martín; al aproximarse notaron el aumento de la fragancia; en el espacio del pecho se encontraba una colmena de abejas; sus compañeros admirados comentaban que: “el corazón de Martín siempre era de miel”. En su pueblo se le consideraba un “soldado santo”.

  La muerte de este joven conquistador dio lugar a varias leyendas registradas por los cronistas de la época Fray Pedro de Aguado y Fray Pedro Simón, reseñada igualmente por el historiador José de Oviedo y Baños (1671-1738), natural de Bogotá y en tres ocasiones Alcalde de Caracas; nos dejó su importante obra “Historia de la conquista y población de la provincia venezolana”.

 El ilustre valenciano José Bernardo Núñez (1895-1964), primer Cronista Oficial de Caracas, ensayista y escritor de fina pluma, nos ofrece igualmente su relato de este personaje del siglo XVI. El escritor uruguayo-venezolano, reconocido cuentista Armando Quintero Laplume (1944- ), en su obra: “el corazón de Martín Tinajero, origen de una leyenda”, nos recrea de manera amplia sobre este joven personaje. Aquiles Nazoa, conocido escritor caraqueño, humorista, poeta (1920-1976), nos relata en su Credo
: …  Creo en el perro de Ulises y en el gato risueño de Alicia en el País de las Maravillas, en el loro de Robinson Crusoe, en los ratoncitos que tiran del carro de la Cenicienta; en Reralfiro el caballo de Rolando y en las abejas que labraron su colmena en el corazón de Martín Tinajero

jueves, 30 de mayo de 2013

MARACAPANA


Por Carlos Alarico Gómez

El primer mandatario nacional aseveró en días pasados que la batalla de Maracapana se había efectuado donde hoy está el parque del Oeste en Catia, lo cual ha originado múltiples preguntas en la comunidad nacional, especialmente entre el alumnado universitario.
Como todos sabemos, Maracapana queda en el oriente del país y se menciona por primera vez en la Real Cédula de Carlos I emitida el 27 de marzo de 1528 cuando declaró constituida la Provincia de Venezuela en el territorio que se encuentra entre "...el Cabo de La Vela o del fin de los límites y términos de la dicha Gobernación de Santa Marta hasta Maracapana, leste oeste norte y sur de la una mar a  la otra, con todas las islas que están la dicha costa, ecebtadas las que están encomendadas y tiene a su cargo el factor Juan de Ampíes". Sobre ese aspecto se pronunció el Hermano Nectario María en su obra “Historia de la conquista y fundación de Caracas” (Edit. FPCU, 2004, p. 76), quien al referirse a la ordenación territorial de la Provincia recordó el meticuloso trabajo elaborado por Diego de Henares que incluye buena parte de la toponímia de la costa venezolana desde Tucacas hasta el Morro de Maracapana en el  oriente del país, tal como lo indicaba la referida Real Cédula de 1528.
La confusión del primer magistrado posiblemente se debe al gran parecido que existe con un sitio ubicado en las cercanías de Caracas llamado Sabana de Maracapaná donde se produjo el encuentro que puso fin al problema surgido entre caribes y españoles desde que Diego de Losada llegó al valle de Caracas a mediados del año 1567 y procedió a refundar por tercera vez la ciudad, lo que efectuó muy probablemente el 25 de julio de ese mismo año dándole el nombre de Santiago de León de Caracas para diferenciarla del Hato de San Francisco (Francisco Fajardo, 1560) y Villa de San Francisco (Juan Rodríguez Suárez, 1561).
Sin embargo, los nativos no dejaron en paz al neofundador, que pronto se enteró de que su principal adversario era un cacique de nombre Gua-caipuro, que desplegaba una gran actividad en su contra al frente de unos 2.000 guerreros caribes procedentes de las etnias teques y tarmas que se declararon en pie de guerra y crearon una coalición de tribus que se prepararon para atacar a Diego de Losada en la Sabana de Maracapaná. Entre las tribus del Valle que se coaligaron estaban los Toromaymas (Paramaconi, Chacao, Tiuna y Baruta), Mariches (Aricabacuto y Aramaipuro), Tarmas (Urimaure, Prepocunate y Parmanacay) y Teques (Gua-caipuro), a las que se sumaron las del litoral central (Mamacuri, Naiguatá, Guaicamacuare y Guanauguta). La decisión de que Gua-caipuro los comandara fue tomada por unanimidad. El sitio de Maracapaná lo escogieron por ser el centro de un amplio territorio controlado por los caribes.
Losada se enteró de los planes de Gua-caipuro y marchó  hacia la zona con una desventaja numérica, pero con la superioridad que le daba poseer caballos, perros, arcabuces y petos, además de tener a su servicio aborígenes arawacos que conocían bien la zona y al pueblo Caribe, a los que odiaban por haberlos tenido esclavizados durante muchos años. Hubo un aspecto adicional e inesperado que vino en ayuda del jefe español. Ocurrió que mientras Gua-caipuro se desplazaba hacia el sitio del combate se encontró con las tropas de Pedro Alonso de Galeas quien había ido a buscar alimentos en el camino por donde venían los guerreros de las tribus Tarmas y Teques, que se vieron sorprendidos por la presencia del jefe español, quien los interceptó para obligarlos a regresar a sus linderos en lo que fue ayudado por un fuerte vendaval que se presentó en la zona.
Cuando los caciques reunidos en Maracapaná vieron que el tiempo pasaba y que Gra-caipuro no llegaba pensaron que algo grave había pasado y algunos decidieron volver a sus aldeas, aunque un gran número de guerreros escogieron a Tiuna como líder y se enfrentaron a Losada luchando con extremado valor, pero nada pudieron contra la hábil estrategia del capitán español que logró vencerlos y ponerlos en retirada después de un sangriento combate, que se convirtió en una derrota funesta para la causa caribe. Tiuna fue uno de los últimos en caer. Un oficial llamado Francisco Maldonado arremetió contra él, pero el cacique le atravesó un muslo y lo derribó del caballo. Cuando se preparaba para ultimarlo fue atacado por tres soldados castellanos. Tiuna hirió de muerte a dos de ellos y cuando se disponía a atacar al tercero fue atravesado por una flecha que le disparó por la espalda uno de los arawacos que estaba al servicio de los españoles.
La derrota marcó el fin de la confederación Caribe, que perdieron su fuerza y rango de acción sin poder levantarse de nuevo bajo un mando unificado, aunque algunos caciques continuaron su resistencia. Gua-caipuro murió poco después sorprendido en su cuartel general de Paracotos durante una operación comando dirigida por el alcalde Francisco de Infante, tatarabuelo materno del Libertador, quien con una tropa integrada por ochenta hombres llegó al lugar gracias a la ayuda de indios arawacos que conocían bien la zona.
A partir de ese momento se intensificó la integración de la raza americana tal como la definió Bolívar en en varios de sus escritos, entre ellos la “Carta de Jamaica”, generando la formación de un pueblo amplio, generoso y optimista producto del mestizaje del aborigen con el hombre blanco, más tarde reforzada con la incorporación del africano.






















miércoles, 29 de agosto de 2012

Diego de Losada, Fundador de Santiago de León de Caracas, era Isleño.

Prof. Domingo Ruiz Guzmán*.
        



455 Aniversario de la Fundación de Santiago de León de Caracas, el 25 de Julio de 1567, por el Isleño Diego de Losada,  Baquiano, sinónimo de Isleño y Canario.
El  pasado miércoles 25 de Julio se cumplieron  445 años de la  Fundación de nuestra querida Ciudad “Santiago de León de Caracas”, en 1567, por el Isleño Diego de Losada, a quien se ha tenido generalmente como español peninsular.
Manuel Alvar, Catedrático de la Lengua Española de la  Universidad de Madrid, prologuista del libro “La Herencia Lingüística de Canarias en Puerto Rico”, (San Juan de Puerto Rico, 1972), cuyo autor es Manuel Álvarez Nazario, Catedrático  de Español de la Facultad de Artes y Ciencias de la  Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, nos señala en  relación con dicha Obra (Pág. 23), citando a Bernal Díaz y a Fray Pedro de Aguado, lo siguiente:
Que el término Isleño se aplicó en el Nuevo Mundo Hispano casi en exclusividad a los naturales de las Islas Canarias (primero a los Tinerfeños, y luego a todos los Canarios).  Los Isleños eran llamados desde el siglo XVI Guanches, Canarios,  Blancos Pobres, Blancos de Orilla y Baquianos. (Vid. Amerikanistisches Worterbuch, Hamburg, 1960, G. Friederici).
Baquiano es una voz que procede del árabe Baqiya, que quiere  decir  “lo que queda de algo”, en referencia a que de los  integrantes de las Expediciones Españolas al Nuevo Mundo, eran los Canarios los que se  quedaban, pues traían a su familia, fundaban su hogar y se arraigaban, además de ser valientes, esforzados y emprendedores, y eran los más experimentados, y por ello pioneros para internarse en lugares desconocidos y peligrosos. “Estevan Martín era hombre vaquiano en las Indias, que es lo mesmo que ysleño, y de  esperiença suficiente” (ibídem).
Nos cita (ibidem) muy especialmente que en 1546, el Gobernador de Puerto Rico, Juan Pérez de Tolosa, (quien en el mismo año pasó a ser el primer Gobernador de la  Provincia de Venezuela), escribe al Emperador Carlos I de España y V de Alemania (Gante 24/02/1500 – Monasterio de  Yuste, Extremadura, 02/09/1558. Reinó 1516 – 1556), y le dice: “… . Diego de Losada… que es  un caballero de cerca de  Benavente, muy esforzado Isleño, antiguo y diestro en la  guerra…”
Con esto queda demostrado en forma fehaciente, con  respaldo de documentación histórica precisa, que Diego de Losada, Fundador de Caracas, era Isleño.

 * Etimólogo y Poeta, Certificado de Locutor Nº. 1442
          (domingoruizguzman    hotmail.com).   Telf. 212.483.55.42
         
www.hitosculturales.com

domingo, 1 de julio de 2012

SACERDOTE “TATA” VASCO, PROMOTOR DE LA EDUCACIÓN INDÍGENA EN AMÉRICA


Eumenes Fuguet Borregales (*)
 El sacerdote Vasco de Quiroga, llamado por los indígenas mejicanos  el “Tata Vasco”,  Nació  en Madrigal de las Altas Torres provincia de Ávila- España el 3 de febrero 1470; Hijo de  Vasco Vázquez de Quiroga y  Doña María  Alonso de la Cárcel. Realizó estudios de humanidades y leyes en Valladolid. Avalado por  su excelente preparación intelectual, por disposición del rey Carlos I de España, a la vez Carlos V de Alemania, con la finalidad de resolver problemas dejados por la Primera Audiencia,  lo envía  a la  Nueva España (México)  en 1531, con el cargo de Oidor de la Segunda Audiencia de México; función que cumple  desde 1531 hasta 1535. Con la colaboración de sacerdotes agustinos  funda  en 1533 la ciudad y el hospital de Santa Fe de la Laguna, cercano a  la capital mexicana. Igualmente se desempeña por unos años como  visitador de Michoacán. El 24 de junio de 1535  firma en México su famosa Información jurídica, impugnando la Real Cédula de 1534, que volvía a permitir la esclavitud de los indios  El rey lo designa obispo de la Diócesis de Michoacán en 1537,  responsabilidad ejercida después de recibir su preparación sacerdotal con los  agustinos. Vasco se dedicó a construir con su peculio la Catedral de la naciente ciudad. Realizó una benemérita labor en esa diócesis; dedicado a la fundación de pueblos, hospitales y colegios, como el de San Nicolás de Bari, un preseminario y centro de Estudios Superiores, convertida luego en universidad donde asistían los aborígenes y mestizos. El padre Vasco de Quiroga  se caracterizó por ser un gran defensor de los derechos de los aborígenes, opuesto a la esclavitud y a los métodos de explotación que se aplicaban. Su mensaje lo recoge la universidad que lleva su nombre desde 1979 con el lema: educar con la verdad  y su misión. Su ensayo de pueblos con escuelas y hospitales, denominados “Reducciones”; entendiéndose por reducción a una especie de misión en un pueblo o pueblos de indígenas convertidos al cristianismo. Esta iniciativa la  aplicaron los sacerdotes franciscanos y los jesuitas en Paraguay. Vasco de Quiroga  puso en práctica las Ordenanzas dadas por Isabel la Católica en 1503, junto con otras normas establecidas en 1509, 1511 y las Leyes Nuevas de 1542. En su opinión los aborígenes de México y de las Indias, no podían ser sometidos a la esclavitud, porque eran seres libres y súbditos de los Reyes de España; sostenía que era injusto permitir a los españoles comprar esclavos. Una de sus mayores aportaciones aparte de la creación de escuelas-hospitales, fue la de liberar a los indios de las cadenas  de la ignorancia y la miseria. Al lado de  la Catedral  de Michoacán fundó el colegio de San Nicolás de Bari; igualmente  activó  un colegio-seminario para hijos de caciques e indios en Quito en 1594. Continuando la noble y fructífera labor del “Tata Vasco”, la orden de los agustinos en México funda  escuelas y hospitales donde inclusive se enseñaba artes en Tzintzuntzan, Pátzcuaro, Uruapan, Acámbaro y Cuitzeo entre otras. Con la finalidad de fundar instituciones similares en Venezuela a finales del siglo XVI y comienzos del XVII, se prepararon  doctrineros en el convento de San Agustín de Quito; encargados de  crear la misión y reducción de Aricagua y Tabay;  los sacerdotes domínicos lo hicieron  en Mucuchíes - Mérida. El obispo Vasco Quiroga regresó a España, a fin de coordinar las importantes actividades relacionadas con sus afanes religiosos y educacionales desde 1546 hasta 1554, entre ellos la de  apoyar la fundación de la universidad de México. Seguía la doctrina del llamado “agustinismo político”; nunca aceptaba la denominación de “ilustrísimo señor”, sino que prefería con humildad, respeto y cariño la denominación de “Tata Vasco”, era muy devoto de la Eucaristía y de la Santísima Virgen. Por su iniciativa se estableció la obligación para cada iglesia de tener un hospital o dispensario para atender gratuitamente a la comunidad cercana. Mientras realizaba una visita pastoral a Uruapan, fallece el 14 de marzo de 1565, contaba 95  años. Dentro de la Basílica de Nuestra Señora de la Salud de Pátzcuaro,  y en la ciudad natal se encuentran  monumentos del “Tata  Vasco”;  el Colegio Mayor Sacerdotal de Madrid con su nombre eterniza su obra piadosa. El reverendo padre agustino Dr. Fernando Campo del Pozo, historiador, escritor de fina pluma, catedrático, perteneciente a diferentes corporaciones históricas y excelente amigo, nos brinda excelente información  del “Tata Vasco”.
(*) Gral. de Bgda.                                                                                               eumenes7@gmail.com
 Historia y Tradición

miércoles, 28 de septiembre de 2011


EL NOMBRE DE VENEZUELA  Y LA VENEZOLANIDAD

Profesor Carlos Alarico Gómez

Carlos Alarico Gómez (Historiador y periodista. Efectuó sus estudios en Venezuela, Italia y Estados Unidos. Su doctorado lo obtuvo en la UCAB de Caracas (2004). Ha publicado más de veinte títulos sobre temas históricos. En la actualidad se desempeña como profesor de las cátedras “Venezuela Contemporánea” e “Historia de la Cultura” en la Universidad Alejandro de Humboldt.).


 Se ha repetido mucho que el nombre de nuestro país se debe al parecido que Alonso de Ojeda, Juan de La Cosa y Américo Vespucio le encontraron a los palafitos de Sinamaica con las viviendas de la ciudad de Venecia, aunque la sola idea es absurda de por sí. La única similitud entre ambos poblados es que algunas casas venecianas están construidas sobre el agua, aun cuando sus arquitecturas son absolutamente disímiles. La verdad hay que encontrarla en la Suma de Geographía, original de Martín Fernández de Enciso, que fue el primer libro impreso en el que se habla del Nuevo Mundo y que recibió el privilegio del Rey Carlos I el 5 de septiembre de 1518, siendo editado en Sevilla un año después. Fernández de Enciso conoció a Juan de La Cosa y Alonso de Ojeda en 1502 y viajó con ellos hasta 1510, recorriendo el Lago de Maracaibo de punta a punta. En su obra refiere que "...cerca de la tierra está una peña grande que es llana encima della. Y encima della está un lugar o casas de indios que se llama Veneci-uela… en Veneciuela es la gente bien dispuesta y hay más gentiles que no en otras partes de las de aquella tierra"[1].

             Lo que encontraron los primeros visitantes españoles del Lago de Maracaibo fue dibujado por Juan de la Cosa en el mapa que elaboró en Sinamaica en 1499 y completado en España en 1500. En él se aprecia una referencia del autor que dice: “Juan de la Cosa la fizo en el puerto de Santa María en el año de 1500”[2]. La autenticidad del mapa fue establecida en 1987 por el “Gabinete de Documentación Técnica del Museo del Prado” y en la actualidad se puede admirar en el Museo Naval de Madrid. Es por tanto el documento más antiguo del Nuevo Mundo y en él se menciona el nombre de un caserío llamado Veneciuela, que es el más probable antecedente del nombre de nuestro país.

Juan de la Cosa[] nació en 1450 (c.) en Cantabria y murió cerca de la actual Cartagena en 1510, en un enfrentamiento contra los indios guajiros. Tuvo un papel destacado como financista y maestre de la nao Santa María, que condujo a Colón y sus hombres al Nuevo Mundo en 1492. Un año después participó en el segundo viaje y en 1499 se asoció con Alonso de Ojeda para efectuar una expedición hacia las tierras descubiertas, a la que se unió Américo Vespucio. Llegaron al territorio de Sinamaica el 24 de agosto de 1499, causando una lógica intranquilidad en los paraujanos, pues los recién llegados eran gente extraña, de piel blanca y ojos claros, que hablaban en un lenguaje incomprensible[3].

Ojeda era un experimentado navegante y hombre de empresa, que probó su valor, don de gentes y generosidad en el tiempo en que le tocó actuar en el territorio del nuevo Mundo. Él y sus hombres se integraron rápidamente a las costumbres de los paraujanos y mostraron admiración por sus elementos culturales, especialmente por sus acogedores palafitos y la contagiosa música que interpretaban con sus flautas y maracas, mientras bailaban una danza a la que llamaban “areito”, vestidos con guayucos y adornados con plumas multicolores que colocaban en sus lacias cabelleras.

             Vespucio era nativo de Florencia, Italia, pero se encontraba en España atraído por la hazaña de Colón, deseoso de incorporarse al descubrimiento. Al llegar al nuevo territorio comenzó a averiguar el nombre de los lugares por donde pasaban y así fue determinando la toponimia, la cual fue adaptada a la fonética castellana por Juan de La Cosa: Maare-kaye, Coqui-vacoa, Veneci-uela. El primero le dio el nombre al lago y a la ciudad de Maracaibo, el segundo sigue conservándose en Colombia y el tercero es el nombre que se le daría al país, el cual se derivó del que tenía un pequeño caserío ubicado en una isla frente al lago (posiblemente la isla de Toa).

             El nombre Veneci-uela aparece impreso por primera vez en el Mapamundi de Juan de La Cosa (1500) y fue escrito de acuerdo a su fonética. A este aspecto se refirió el padre Giovanni Bottero (1598) en su obra Relaciones Universales del Mundo y en 1629 el padre Antonio Vázquez de Espinosa publicó su libro Compendio y Descripción de las Indias Occidentales, en la cual coincide en señalar que la palabra tiene un origen añú. El vocablo Venezziola resulta extraño en lengua italiana. Una expresión más común sería la de Piccola Venezia cuya traducción es “pequeña Venecia” y nunca Venezuela. Por lo tanto, toda la documentación conduce a la conclusión de que el nombre de nuestro país se origina en la lengua de los paraujanos (familia arawac) y quiere decir agua-grande.

             Sobre este aspecto es necesario destacar que la costumbre de los conquistadores era usar los nombres que los locales le daban a los lugares que habitaban, a los que adaptaban fonéticamente de acuerdo a las normas del idioma castellano. Ejemplo de ello se puede constatar en los nombres que le dieron a Barquisimeto (Variciquimeto), Caracas (Caraca), Mar Caribe (Caribe), Teques (Teque), La Guaira (Uaira), Maracay, Mucuchíes, Capacho, Lobatera y tantos otros. Sólo usaban nombre hispánicos cuando fundaban un poblado (Mérida, San Cristóbal, Angostura).

La integración cultural

            Lo más importante de este suceso es sin duda la integración cultural, que se inició en el territorio de lo que hoy es Venezuela desde el momento en que Colón llegó a Macuro el 3 de agosto de 1498, de lo que dejó constancia en la carta-informe que le envió a la reina Isabel, en la que le decía que encontró “las tierras más fermosas del mundo...Llegué allí una mañana, antes del mediodía, y por ver este verdor y esta fermosura acordé fondear y ver los pobladores, de los cuales algunos vinieron en canoa a rogarme, de parte de su rey, que descendiera a tierra...”[4].  El Almirante encontró todo placentero, le agradó la gente y le gustó tanto el paisaje que llegó a pensar que se encontraba en el paraíso: ...Al lago que hallé, tan grande que más se le puede llamar mar que lago, porque lago es lugar de agua y en siendo grande se le llama mar, por lo que se llama de esta manera el de Galilea y el Mar Muerto. Y digo que si esto no procede del Paraíso Terrenal, viene y procede de tierra infinita...más yo muy asentado tengo en mi ánima que allí en donde dije tierra de gracia se halla el Paraíso Terrenal...”[5].

El proceso de transculturación que se vivió en este territorio dio origen a nuestro mestizaje, al que se refiere ampliamente Bolívar en su Carta de Jamaica (1815)[6]. La tradición mestiza de la región zuliana es sin duda las más antigua que existe en el país, en la que se observan elementos arawacos, ibéricos y africanos. La música con que bailaban el “areito” se convirtió en gaita, mientras que en la región de Bobures surgió un estilo musical para animar el “Baile de San Benito”. En el Zulia están los orígenes más profundos de nuestro mestizaje. Es el corazón mismo de la venezolanidad.   

            Muy cerca está Paraguaná, península de gran hermosura, visitada por Alonso de Ojeda en agosto de 1499, donde se encontró con los amistosos caquetíos, que se ocupaban de comerciar con las vecinas islas del Caribe. Ojeda se quedó tan prendado de esa tierra, así como de sus costumbres, que allí conoció a la india Guariyá, de la que se enamoró y con la que más tarde se casó, una vez que ella aceptó recibir el bautismo y cambiar su nombre por el de Isabel. De esa unión nacieron tres hijos, que Ojeda llevó a España junto con su esposa para darlos a conocer a sus familiares y a la Corte. Fue sin duda un gran amor. Se quisieron tanto que Isabel no quiso vivir más cuando se produjo el fallecimiento de Ojeda en Santo Domingo y, sin  que sus hijos lo supieran, se fue a la Catedral y se acostó sobre la loza de su tumba, donde fue hallada muerta. Allí reposan los restos de esos dos grandes amantes, que dieron inicio a la integración étnica que hoy predomina en nuestro país[7].

Poco tiempo después de la muerte de Alonso de Ojeda y de su amada Isabel, el rey Carlos I emitió una real cédula el 27 de marzo de 1528, mediante la cual declaraba constituida la Provincia de Venezuela en el territorio que se encuentra entre "...el Cabo de La Vela o del fin de los límites y términos de la dicha Gobernación de Santa Marta hasta Maracapana, leste oeste norte y sur de la una mar a  la otra, con todas las islas que están la dicha costa, ecebtadas las que están encomendadas y tiene a su cargo el factor Juan de Ampíes". Es decir, dio el nombre de Venezuela a la nueva provincia española, inspirado por Fernández de Enciso, quien le explicó en 1518 la existencia del caserío Veneci-uela, cuyo nombre aparece en el mapa de Juan de La Cosa. Coro, la tierra del cacique Manaure,  sirvió de capital a la Provincia de Venezuela, dando origen a la venezolanidad.

Conclusiones

            Giovanni Bottero viajó por el lago de Maracaibo y la costa caribeña en la segunda década del siglo XVI. Su experiencia le permitió escribir su libro Relaciones Universales del Mundo (1629) donde dice que “En el golfo de Venezuela hay una población de indios con ese nombre edificada en un peñasco essempto y relevado que se muestra sobre las aguas"[8]. Fernández de Enciso había escrito un siglo antes que"...cerca de la tierra está una peña grande que es llana encima della. Y encima della está en un lugar o casas de indios que se llama Veneci-uela"[9]. En ambos casos los cronistas dicen que existe un poblado indígena llamado Veneçiuela.

              Finalmente, en un enunciado muy valioso, que reafirma la autoctonía del vocablo, Antonio Vázquez de Espinosa, sacerdote español que viajó por casi todo el continente en el último tercio del “Cinquecento”, escribió en su Compendio y descripción de las Indias Occidentales, fechado en 1575, que: "Venezuela en la lengua natural de aquella tierra quiere decir agua grande, por la gran laguna de Maracaibo que tiene en su distrito, como quien dice, la Provincia de la grande laguna..."[10].

Fernández de Enciso tuvo la oportunidad de visitar el Zulia (nombre de la planta palometa en idioma Chibcha) en 1502 y de trabajar al lado de Ojeda, que fue su socio. Juan de la Cosa le mostró su mapa y le explicó los detalles del viaje de 1499 cuando asistió al descubrimiento del Lago de Maracaibo acompañando a Ojeda y Vespucio. Con esos datos -y el conocimiento que obtuvo durante los años que vivió en el Caribe-  pudo escribir su libro Suma Geographica, publicado en 1519 con autorización escrita del rey Carlos I en la que dice: “El cual dicho libro fué traído al mi Consejo y visto y examinado por ellos, y porque parece ser útil y provechoso túvelo por bien; y por la presente vos doy licencia y facultad para que vos, o quien vuestro poder hobiere, podáis imprimir el dicho libro y esfera y lo vender” [11].

La lectura del libro de Fernández de Enciso debe haber influido en la Real Cédula que decretó la creación de la Provincia de Venezuela en 1528. Adicionalmente, el autor era el único que estaba vivo y cerca del rey en ese trascendental momento. Los otros protagonistas habían culminado sus días: de la Cosa en 1510 cerca de la costa de Cartagena, asesinado por los indios guajiros (yucpas); Vespucio murió en Sevilla en 1512 y Ojeda en Santo Domingo en 1515. Fue seguramente él quien influyó en el nombre que el monarca le dio a la nueva provincia: Venezuela.

Esta versión es históricamente demostrable, además de consistente con la política que al respecto seguían los conquistadores para bautizar los lugares descubiertos o fundados. Lo de pequeña Venecia, en cambio, es una tesis peregrina, surgida de comentarios intrascendentes que Vespucio le escribió a su protector Lorenzo de Medicis, en una carta fechada en Sevilla el 18 de julio de 1500. Por lo tanto, se debe concluir que el topónimo Venezuela es autóctono y sobre eso no debería haber ninguna duda.
diplarca43@gmail.com

Autorizada su publicación en el blog por el autor: Profesor Carlos Alarico Gómez

[1] Fernández de Enciso, Suma de Geographia (1519). Madrid: Museo Naval, p. 221
[2], Ibidem. p. 65
[3] Descubrimiento del Lago de Maracaibo (1949),  por Hno. Nectario María. Caracas: Tip. Vargas, p. 3
[4] Colón, Cristóbal (1498). Carta a la reina Isabel I. Academia de la Historia, Madrid. Consultada por el autor en 2008.
[5] Ibidem.
[6] Bolívar, Simón (1815). Obras Completas. México, Edit. Cumbre (1976). Tomo III, p. 184-188.
[7] Hno. Nectario María, op. cit., p. 32
[8] Bottero, Giovanni. Relazioni Universali (1629).
[9] Vázquez de Espinosa, Antonio (1629). Compendio y descripción de las Indias Occidentales.
 Washington (1948): Smithsonian Institute, p.93
[10] Fernández de Enciso, op. cit., p. 221
[11] Ibidem, p. 65

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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