Mostrando entradas con la etiqueta Estado Sucre: Sucesos y personajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estado Sucre: Sucesos y personajes. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de junio de 2015

El discurso de Cariaco. Discurso histórico real de la ignorancia, repetido en el siglo XXI.






Muchas personas han oído en oportunidades acerca del famoso “discurso de Cariaco” pronunciado hace 65 años en nuestra población, que para la época no contaba con ningún servicio como agua, electricidad; las calles de tierra y las constantes inundaciones del río Carinicuao que arrasaba con todo lo que encontraba a su paso, amén de el único medio de transporte eran los burros.


El diario El Nacional publicó hace 27 años el discurso en sus páginas y recoge lo que a través de la oralidad llegó a manos del redactor de la época y lo publico tal como salió en su momento.


El año de 1947 se recuerda como un año en que la lucha política adquirió signos de violencia en muchas regiones de Venezuela. Los partidos AD, Copei, URD y PCV se disputaban las elecciones presidenciales. Asunción Guzmán, militante fundador de Acción Democrática, fue escogido para que hablara en un mitin en Cariaco, donde debía asistir el candidato presidencial Rómulo Gallegos.


Asunción Guzmán acudió a su amigo Andrés Barrios, urredista, encargándole que le hiciera “un buen discurso político” para leerlo el día del acto en la plaza de Cariaco. Barrios, bajo los influjos de las copas en una bodega de Carúpano, diseñó y confeccionó el discurso, pero con el agravante, o atenuante de que muchas frases y palabras, giros y gracejos fueron añadidos por otras personas que compartían la jarana alcohólica en ese caluroso mediodía carupanero.


La tradición oral ha conservado el texto del discurso. Asunción Guzmán, frente al público y de espaldas a un descomunal jabillo, expresó lo siguiente:

“Compañeros deportivos: hétenos aquí solemnemente instalados, serena la mirada, seguro el porvenir; aquí en Cariaco, con sus ríos caudalosos, sinuosos, brumosos y hermosos; aquí en Cariaco, con sus techos rojos, su blanca torre, sus azules lomas y sus bandas de tímidas palomas que hacen nublar de lágrimas mis ojos: porque Cariaco no es Casanay, ni Casanay es El Pilar, ni El Pilar es Tunapuy, ni Tunapuy es Pantoño, ni Pantoño es Cariaco, y yo estoy hablando precisamente en Cariaco” (grandes ovaciones).


“Por aquí pasó un tal Jóvito Villalba (silbidos y rechiflas) y se fue, pero no importa, porque como dijo nuestra querida compañera Juana de Arco, en un mitin de Acción Democrática en Tucupita, un amor se va ¡cuantos se han ido! Otro amor volverá más duradero y menos doloroso que el ya ido”.


“Aquí está con nosotros el compañero Severo Cortés, que no es severo ni cortés, pero es valiente. El compañero Severo, antes de la revolución de octubre, no sabía leer ni escribir y hoy pesan sobre sus espaldas cartapacios de libros y plumarios, y es de Correspondencias, Actas y Secretario, 192 de la Independencia y 85 de la Federación del año que sigue y cursa”. (Prolongados aplausos)


“Estamos satisfechos compañeros, por la obra creada desde el poder. En los años que tiene el compañero Betancourt al frente de la Junta Revolucionaria de Gobierno, hemos construido nada menos que la Cordillera de los Andes, la Cordillera de la Costa, el Cabo de Tres Puntas, San Francisco, Malapascua, Punta Cardón, Punta Arena y la Península de Araya. Y si no hemos hecho el acueducto de Margarita, a los adecos nos cabe la honra de haber hecho la isla que no es lo mismo”.


Acuérdense compañeros, del compañero José Francisco Bermúdez, que montado en lo alto de este jabillo y mirando hacia el poniente dijo: “cariaqueños, de lo alto de este jabillo, cien siglos os contemplan”; acuérdense del compañero Simón Bolívar, cuando paseaba en las góndolas llenas de belleza, allá en Venecia, con su prima Fanny; y acuérdense también del compañero Jesucristo, cuando con cinco panes y cinco sardinas le dio de comer a cinco mil personas y eso que no había Junta Reguladora de Abastecimiento”.


“Compañeros, fíjense hasta donde llega el sectarismo de los urredistas, el sectarismo marrón, que una obra como Romeo y Julieta, los urredistas dicen que la escribió un tal “Cheskespiare”, claro, porque el “Cheskespiare” es urredista, pero todos sabemos en el partido que esa obra salió de la pluma vigorosa del compañero Domingo Alberto Rangel”.


“Compañeros…yo lo único que les pido es que voten por Rómulo Gallegos para la presidencia de la república. Gallegos es grande en el pensamiento y en la acción; Gallegos es tan grande, compañeros, que es capaz de echarse encima, él solo, la América del Norte, la del Centro, la del sur, Monagas, Anzoátegui, Nueva Esparta y Trinidad. Y abajo la banca, la industria y el comercio”.


Estruendosos los aplausos, los gritos, silbidos y rechiflas…No se entendieron las últimas palabras.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Luis Daniel Beauperthuy reconocido como descubridor del vector de la fiebre amarilla

RECOPILADO POR LILIA CRUZ  *,**.
Mostrando Placa Beauperthuy 2.JPG

Beauperthuy publicó en mayo de 1854 en la Gaceta Oficial de Cumaná, los resultados de  observaciones realizadas durante la epidemia de fiebre amarilla ocurrida en 1853 en Cumaná  según las cuales concluía enfáticamente que dicha fiebre era provocada por "un virus vegeto-animal procedente de las materias en putrefacción, el cual era introducido en los cuerpos de la víctimas humanas, mediante los mosquitos o tipularios".
En 1856 escribió una misiva a su antiguo maestro Flourens donde le solicitaba que presentara ante la Academia de Ciencias de Paris la memoria que había realizado con sus observaciones acerca de la etiología, transmisión y terapéutica de la fiebre amarilla y del cólera. Esta memoria fue sometida a la consideración de una comisión de la Academia y reproducida en los Comptes Rengues y un resumen de la misma en L`Abeille Médicale. Sin embargo los miembros de la Academia no advirtieron que el novedoso acercamiento al problema de las fiebres mediante un origen de transmisión insectil, hasta el momento si precedentes, se trataba de un descubrimiento que solamente años más tarde sería reconocido cómo válido.
La idea de transmisión insectil de la fiebre amarilla propuesta en 1854 por Beauperthuy, solo llegó a ser una verdad científica cuando en 1900 la U.S. Yellow Fever Comisión en Cuba demostró experimentalmente que la fiebre amarilla es transmitida por el Aedes Aegypti y que el agente etiológico era un virus filterable.
En 1881 Carlos Finlay llegó a la conclusión de que la fiebre amarilla se transmitía de unas personas a otras mediante un zancudo, esto lo hizo son hacer referencia a la obras de Beauperthuy. En 1884 Luis Perna, médico cirujano del Centro Médico de Cienfuegos llevó a la comunidad médica de Cuba el planteamiento sobre la original idea al respecto que había propuesto Beauperthuy hacía treinta años y volvió al mismo comentario en 1896.
En 1907, Arístides Agramonte, un reconocido miembro de la comunidad médica de Estados Unidos e integrante de la U.S. Yellow Fever Comisión, le correspondió establecer el pionero aporte de Beauperthuy a la idea de la transmisión insectil de la enfermedad reclamando “el título de ‘abuelo’ de la teoría del mosquito en la fiebre amarilla”. En un informe publicado posteriormente en el Boston Medical Surgical Journal, Agramante indicó “tan lejos como en 1853 definitivamente vio el papel de los mosquitos en la propagación de la malaria y de la fiebre amarilla”. Igualmente el autor aclaró que “desde los artículos de Beauperthuy 1854-1870 ninguna mención se encuentra en la literatura médica, de la intervención de los insectos en la propagación de las enfermedades”.
En 1908 un editorial de The British Medical Journal explicaba porqué Beauperthuy no fue reconocido en su momento. Posteriormente, otras publicaciones francesas se hicieron eco del reconocimiento. En fechas recientes, compendios de la historia de medicina reconocen el original aporte de Beauperthuy.
 *
En el N° 8 de la rue des Francs Burgeois, en Paris, vivió Louis Daniel Beauperthuy en 1837, según la placa que está colocada en la planta alta de la edificación. Les anexo fotografías que tomé en septiembre de este año por sugerencia del Dr. Miguel Gonzalez Guerra.

Allí se le reconoce como el descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla en 1854.
1837 fue el año de su graduación de medico en la Universidad de Paris.
Beauperthuy vivió durante 29 años en Venezuela y su obra forma parte de la historia de la medicina en nuestro pais

Este mensaje surge con motivo de planteamientos realizados en la reunion del 3/12/2014 de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina a raíz de que el día internacional del medico que se celebra en los paises de habla hispana conmemora  la fecha de nacimiento de Carlos Finlay. Allí se planteó que en su lugar debería conmemorarse la fecha de nacimiento de Beauperthuy  (26 de agosto de 1807, en la Isla de Guadalupe).
 
**Información tomada de Wikipedia sobre el descubrimiento
 de Beauperthuy y los pasos que llevaron a su actual 
reconocimiento.

domingo, 15 de junio de 2014

La azarosa vida del doctor Juan Buscat en Venezuela

David R. Chacón Rodríguez*
 


Haciendo un breve recuento de la historia de la humanidad, observamos que hay una infinidad de personajes anónimos que han sacrificada su vida y sus acciones en provecho de los demás y sin embargo, no han tenido el beneficio  de perpetuar sus hazañas como un acto de entrega y generosa heroicidad. De ellos casi no se habla, no salen en los libros, ni en la prensa, ni en la televisión, ni existe un monumento que perpetúe su memoria. Unos de estos personajes es el francés Juan Buscat, un doctor graduado en in utroque iure, es decir, en ambos derechos civil y canónico en la Universidad de Tolosa, en 1789, y cursante en las facultades de medicina y  teólogía de la mencionada Universidad, pero privado de dichos grados por causas inherentes a la Revolución
Después de sus andanzas en la revolución francesa, en 1791,  se trasladó a las Antillas, donde vivió varios años dedicado al comercio y a la agricultura de caña de azúcar en las islas de Guadalupe y Martinica. Allí permaneció hasta 1796, en que con el grado y sueldo de capitán del Real Cuerpo de Artillería inglés, participó en la expedición contra Santa Lucía, San Vicente y Granada. Después, en 1799, pasó por San Tómas y se estableció en Cumaná. Venía con un buque de su propiedad, con bandera dinamarquesa, repleto de mercancías, pero su inconstante fortuna lo volvió a abandonar. Un corsario inglés, anclado en Punta Araya, lo despojó impunemente de sus intereses.  Una vez privado de sus bienes de fortuna, vaciló de la ejecucióin de su proyecto de residenciarse en Cumaná,  pero el encuentro con el naturalista alemán, el Barón Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander Freiherr von Humboldt y el francés, Aimé Jacques Alexandre Goujaud, cuyo apodo era  Bonpland (Bon-Plant= Buena Planta, dado por su  abuelo a su padre, al enterarse aquél de su nacimiento, en sus viñedos de Saint-Maurice, en las afueras de La Rochela y que al cabo de una generación, reemplazó definitivamente su verdadero apellido). Ellos eran los ángeles tutelares de la sanidad de la ciudad y al ver su extraordinaria pericia, fue nombrado médico práctico. Su reputación creció cuando pudo curar a varios pacientes, reputados incurables, como es el caso  de don  Vicente de Empáran, quien  sufría de una indisposición hemorroidal maligna. En diciembre de 1800 fue llamado a Barcelona a consultar los males de un amigo francés, apasionado de los americanos. Al saber de su presencia, el Ilustre Ayuntamiento de esa ciudad le pidió colaboración para prevenir y extinguir las epidemias pútridas asolaban la ciudad, a lo cual accedió por haber falta de facultativos y conmiseración ante las deplorables escenas y los lamentables estragos causados por las epidemias, lo que lo llevó a estudiar sus posibles causas. El resultado de su investigación la tituló Prospecto de mejora para la ciudad. Las dio a conocer el 30 de diciembre de 1811 y las dedicó al Presidente de la Sociedad Patriótica.
Igualmente se distinguió como animador de la causa revolucionaria, ganándose la amistad del Precursor Francisco de  Miranda, de Francisco Espejo, y de Antonio Nicolás Briceño.
El diez de noviembre de mil ochocientos once, cuando se quemaron en la Plaza pública los bustos de los Reyes anteriores, que con el presente se hallaban en la Sala Capitular, don Juan Buscat, que se hallaba presente, con el estoque del bastón que traía rompió el retrato del Rey Fernando Séptimo, antes que lo llevasen a la hoguera donde lo incendiaron, por eso lo acusaron de ser uno de los patriotas enemigos de la causa del Rey.
Al ser allanada su casa en 1813, las autoridades realistas encontraron varios libros prohibidos: la Historia de Bonaparte, la Revolución de 1789 y la Constitución Francesa, igualmente poseía varios impresos hechos en Caracas, como el Patriota de Venezuela, Desengaño de Godos y la Refutación de Antonio Nicolás Briceño. Tanto fue su fervor republicano que en 1811 ocupó la presidencia de la Sociedad Patriótica, en la ciudad de Barcelona, hoy capital del Estado Anzoátegui.
Por sus ideas y por su figuración en el régimen republicano, Buscat fue enviado como prisionero a las bóvedas de La Guaira. Se ignora la suerte corrida por este eficiente médico y patriota francés, amigo de Venezuela y de Cumaná y Barcelona.
De esta manera rendimos homenaje a uno estos héroes anónimos, que con su vida y su testimonio benefició a la humanidad, nos demostrándonos que el mundo puede ser mejor.

* Historiador. Presidente de la Fundación Hno Nectario María.Miembro del Club Médico Caracas.





























jueves, 1 de mayo de 2014

General Antonio José Francisco Sucre Alcalá

David R. Chacón Rodríguez*




Pocas veces se ha dado en los anales de la historia, un hombre  con las virtudes de Sucre. Es uno de esos raros personajes que se distinguen fundamentalmente por la nobleza de su carácter, la lealtad y la rectitud de sus principios. Razón por la cual constituye hoy día el paradigma del desprendimiento y del sacrificio desinteresado. Siempre expresó sin falsos pundonores sus sentimientos y emociones, fue franco y directo en sus críticas y desacuerdos, incapaz de rencores, adulaciones, ni falsías, condiciones éstas que ni los avatares de la contienda, pudieron menoscabar, decaer, ni opacar. Para él es el Libertador quien encuentra el adjetivo que sintetiza la nobilísima dimensión humana de su personalidad y la proyección continental de su obra: El inmaculado Sucre.

En su corta vida, llama la atención que a los treinta y cinco años, hubiera alcanzado y culminado todas las excelencias del deber, recibido los máximos honores y desempeñado las más altas responsabilidades en las distintas ramas del servicio patriótico. Su vivir fue una constante angustia y un reto sostenido por su perenne actitud vigilante por la probidad y la disciplina, su fidelidad a la patria y su gran sentido del honor. Casi no tuvo adolescencia, mocedad, ni vida privada; su existencia pasó prácticamente de la infancia a la adultez, manteniendo un absoluto desinterés por el poder. Su entrega y amor por el país le impiden realizar una vida en familia. Cuando comienza se encuentra ya en el final de su existencia Bien expresivas son estas palabras, cuando de sí mismo dijo:

Empiezo a tener hijo a los treinta y cuatro años y mi salud está muy gastada para que alcance ni a los cincuenta, si es que me toca muerte natural[1].

Para mostrar esos extraordinarios matices, citaremos algunos casos de los incontables que desfilan por la breve y fructífera vida de tan insigne ciudadano.

Analizando brevemente estos rasgos En el orden cultural tenemos que consecuente con su criterio acerca del valor social de la escuela, y de la prensa, en 1822, funda El Monitor, el  primer periódico republicano del Ecuador y propicia la fundación de la universidad de La Paz, en Bolivia, el año 1826.

En el arte de la diplomacia, se inicia a los veinticinco años, cuando fue comisionado para concertar el Armisticio y Tratado de Regularización de la Guerra, firmado entre España y Venezuela, en 1820; igualmente fue Plenipotenciario extraordinario en Quito, en 1821 y dos años más tarde le otorgan facultades diplomáticas y de fuerza en el Perú, y se le expide credencial amplia para tratar con los gobiernos de Chile y Buenos Aires. Otra prueba fehaciente de su magnanimidad, fue la capitulación de la Batalla de Ayacucho, cuando contrariamente a lo dispuesto en la política tradicional, Sucre, le ofrece al Virrey La Serna la oportunidad de incorporarse al orden en contra del cual había luchado catorce años, realizando de esta manera, una consustanciada diplomacia sin precedente en los anales históricos, demostrando así, que siempre estuvo presto al servicio de los más sanos principios de la convivencia internacional, dentro del concepto de la Justa Causa para buscar la unidad del Continente americano.

En el aspecto judicial, creó e instaló la Corte Suprema de Justicia en Cuenca, el 20 de marzo de 1822 y la Corte Superior de Justicia Boliviana, en 1826.

En cuanto al poder legislativo se desempeñó como Diputado al Congreso de Angostura (elegido con menos de la edad requerida) en 1819, Senador por el departamento del Alto Orinoco, en 1822, y Presidente del Congreso Admirable en 1830.

En el orden militar sus servicios van desde cadete en 1808, Jefe del Estado Mayor de la División de las provincias de Cumaná, el 17 de octubre de 1817, Comandante del Cuerpo de Ingenieros de la provincia de Margarita, en 1811, hasta General en Jefe (de Colombia, el 12 de febrero de 1825), Comandante General y Gran Mariscal de Ayacucho (en Perú) el 27 de diciembre de 1824, incluyendo su paso como Ministro de Guerra interino en 1820, logrando así los máximos empleos en la escala castrense.

Desde el punto de vista político-administrativo su carrera comienza como Gobernador de la plaza antigua de Guayana y Comandante General del bajo Orinoco el 19 de septiembre de 1817, hasta Presidente fundador de la República de Bolívar, llamada posteriormente Bolivia, en 1826, pasando por el de Intendente del Departamento de Quito, el 18 de junio de 1822.

Como se puede observar en este mosaico revelador de su fulgurante personalidad y vocación de servicio, el resultado de su vida se consumió por una constante acción sin descanso, debido al afán desmedido y superexigente de su personalidad, que nunca le dió tregua, pues las circunstancias del destino lo reclamaban a plenitud.

Después de una vertiginosa carrera triunfal, Sucre sabía perfectamente que se encontraba con una deteriorada salud, él mismo se autobiografiaba utilizando expresivas metáforas como esta:

Yo soy un hombre enfermizo y creo que para siempre. Antes me veía tan escribidor y ahora muy rara vez tomo la pluma por causa de mi enfermedad del pecho. Pocos meses ha que también me sentí de una ingle, de manera que ha decirte verdad, valgo tanto como una vieja maraca[2].

Igualmente en otra ocasión expresó:

Yo me he restablecido de mi ataque disentérico; pero estoy resentido del pecho que después de dos años no me dolía. Voy a darme baños tíbios que es mi remedio eficaz...Esta vida es un martirio. Las enfermedades propias, de la familia y de los amigos; las pesadumbres, en fin, todo es un infierno en que algunas veces se dulcifican las penas con ráfagas de alegría. A mi me ha tocado de todo, pero como a todos, mucha mayor suma de pesares y de disgustos[3].

Después del llamado motín de Chuquisaca, ocurrido el 18 de abril de 1828, Sucre hastiado del poder y de la actividad pública, toma la firme decisión de renunciar a la presidencia de Bolivia con la intención de retirarse a la vida familiar y fijar su residencia en Quito. Así lo manifiesta al Libertador cuando le expresa:
Nadie me hará emplear en el servicio público. Llevo la señal de la ingratitud de los hombres en un brazo roto, cuando hasta en la guerra de la independencia pude salir sano[4].  

Por tal motivo, envía con su edecán, el Coronel Pedro de Alarcón su archivo personal a  su hogar en Quito. Este archivo va a sufrir una trágica desmembración. Una parte se conservó en una pieza, depósito de herramientas en la hacienda de Chisinche, propiedad de su esposa. Como se depositaron en cajones destapados, los administradores de la hacienda, se proveían de papel para algunos menesteres.

Se dio el caso de que la envoltura de una libra de mantequilla era una carta de Bolívar a Sucre[5].

Otra parte quedó en el cuarto de trastes que, en todas las casas de Quito se conoce como La Leonera,   existente en la casa de su consorte en Quito, ubicada en la intersección de las carreras Sucre y Venezuela, mansión conocida posteriormente, con el nombre de la casa azul. Después de la muerte de Don Felipe Barriga y de su hijo, este archivo fue heredado por su esposa, Doña Josefina Flores Jijón de Barriga, quien lo hizo trasladar a una  pieza del piso alto de la mencionada casa y allí un empleado infiel y codicioso vendió parte de aquellos papeles al distinguido facultativo Alejandro Melo. Después de la muerte de la señora Flores, pasó  a manos de su sobrino Alfredo Flores Caamaño, y actualmente forma el archivo Jijón y Caamaño, en Quito. Cuando en  1906, el senador y profesor norteamericano, Hiram Binham realizó un viaje por Sur América adquirió en Quito, Lima[6] y Caracas[7]  una gran cantidad de documentos y los depositó en la Universidad de Yale, en Connecticut. Al enterarse el Doctor Vicente Lecuna el 13 de julio de 1935  inicia las gestiones para lograr la compra de los valiosos documentos. Tres años más tarde, Hiram Bingham cede los documentos mediante previo abono de la misma suma que había pagado por ellos cuando los adquirió. Luego se procedió a su incorporación al archivo del Libertador, custodiado actualmente en la parte alta del edificio sede de la Sociedad Bolivariana. Posteriormente, las nietas del General Juan José Flores vendieron parte del archivo del citado militar, en el cual figuran varias cartas originales dirigidas por el Libertador a Sucre. Esto documentos fueron remitidos a la Academia Nacional de la Historia en 1942 e inmediatamente fueron incorporados al Archivo de Sucre.

Hasta en su testamento se experimenta a plenitud la permanencia de sus intachables principios humanitarios,  éticos y morales,  dejando allí palpable su sentido de justicia y equidad, así como, el amor por su familia. Por considerar que este desconocido legado tiene un gran valor, lo reproducimos íntegramente a continuación:


Disposiciones testamentarias del Jeneral Antonio José de Sucre[8]
         1.- Mi mujer lejítima es Mariana Solanda[9]; y tenemos una sola hija Tereza[10] (que ha cumplido hoy cuatro meses de edad) por que mi mujer no está embarazada.
         2.- Si yo muero estando viva mi hija, ella es mi sola y unica heredera. Si mi hija muere antes que yo, entonces, mi mujer es mi heredera, con excepción del tercio y quinto de mis bienes.
         3.- En el caso que mi mujer sea la heredera, el quinto de mis bienes lo tomará mi ayudante el Coronel Pedro José Alarcón, y lo distribuirá en los términos que le prevengo en una memoria separada que le dejo, y que observará puntualmente.- El tercio de mis bienes se repartirá igualmente entre mis ocho hermanos legítimos, José María, Jerónimo, Margarita, Manuela, José Manuel, Magdalena y Rosario. La distribución por parte exactamente iguales, la encargo a mi hermano Gerónimo que la cumplirá con fidelidad.
         4.- Las muy pocas mandas que prevengo las cumplirá Alarcón con mi quinto. De mis bienes se separará la espada que me regaló el Congreso de Colombia como premio por la batalla de Ayacucho, y que se entregará al General Bolívar, en señal de mi gratitud, por los servicios que ha hecho a mi patria.
         5.- Mi hija ó mi mujer, elegirán de entre mis bienes lo que ellas gusten por su herencia; y puesto que a la primera nada reservo, comprende este articulo á la segunda.
         6.- Mis bienes consisten, en mi casa[11] (que antes fue del Marques de Villarocha) y que con lo que dejo para su conclusión me cuesta veinte y cuatro mil pesos, de que cinco mil trescientos veinte son á censo, y pertenecen por una capellanía lega a mi mujer, á cuyo nombre se compró la casa estando yo en Bolivia = Diez y ocho mil cuatrocientos pesos que me reconoce á censo, la Hacienda de Santiago, perteneciente a los Señores Zaldumbides = Seiscientos pesos de unos negros de mi propiedad que están en Esmeraldas = Mil pesos que vale mi cantina de plata = Doce mil pesos en plata que tengo en poder de Don Lucas de La Cotera residente en Bolivia, y cuya obligación se halla entre mis papeles = Doce o quince mil pesos que valen mi espada de brillantes que me regaló la municipalidad de Lima, y mi medalla de brillantes que me regaló el Congreso de Bolivia. = Seis mil pesos que me debe el Señor Cristóbal de Armero por los arriendos de la Hacienda de la Huaca en los años de 27 y 28 y de que rebajado algunos picos que dice él que tiene que cargarme, que darán a lo menos á mi favor cinco mil trescientos. = y doscientos seis mil y pico de pesos en que está tasada mi Hacienda de la Huaca, cita en el Valle de Chancay del Departamento de Lima, siendo este su valor el año de mil ochocientos veinticinco, y sin comprender las mejoras que haya tenido hasta ahora.
         7.- Mi herencia paterna y materna, y unos veinte mil pesos que había prestado al gobierno de Colombia, por medio de mi apoderado en Guayaquil, no se cuentan en mis bienes, por que los he cedido desde años pasados á mis hermanos, que deben estar ya en poseción.[12]
         8.- Mi cantina de plata, y las prendas de oro y plata que haya en mi equipaje, las tomará mi ayudante Alarcón; y también tomará lo que guste de mi equipaje, repartiendo el resto entre mis criados. Mi buena papelera, pertenece á Carlos Aguirre, á quien se le entregará.
         9.- No debo cantidad alguna á nadie. Tenia una cuenta pendiente con mi Ayudante el Coronel Alarcón, y le he dado una libransa para que mi apoderado en Lima se la cubra de toda preferencia, con los productos de la Huaca en este año o en él que viene.
         10.- Nombro por mis Albaceas á los Señores General Vicente Aguirre, y Coronel Pedro Alarcón, mientras se haga la distribución de mis bienes. Si mi hija vive, será mi mujer su tutora, mientras no se case; y si mi mujer se casa, será el tutor de mi hija mi Ayudante el Coronel Alarcón.
         Los diez artículos que anteceden escritos de mi puño y letra, son validos como un testamento en forma, si yo falleciere sin haber echo otro con fecha posterior al presente.
         Quito a diez de Noviembre de mil ochocientos veintinueve el 19° de la independencia-Antonio José de Sucre-
         Y para que conste se pone por diligencia, que la firma el Señor Auditor de Guerra por ante mí el presente Escribano de que doy fe.
         Ante (firma y rúbrica)              Ante mi Castrillon (firma y rúbrica)
         Sello- República de Colombia, &
         Luego el espresado Señor Auditor de Guerra, hallándose en la Casa Mortuoria asociado de mí el presente Escribano, mandó se procediese a la Facción de Imbentarios y tasaciones de todos los bienes que pertenescan al Gran Mariscal de Ayacucho, según lo había solicitado su Albacea el Señor Jeneral Vicente Aguirre, y habiendolos manifestado se practicó en la manera siguiente.
         (Siguen los Inventarios y Tasaciones)
         Como parece, asciende el valor de las casas, Alahajas, y mas especies Imbentariadas a la cantidad de veinte y nueve mil, setecientos nobenta y dos pesos dos reales (S.I) la cual tasación expresaron los peritos nombrados haberla practicado en toda legalidad y no habiendo mas bienes que Imbentariar, ni Tasar, que los que van referidos y descriptos en el presente, como de la propiedad de Su Excelencia el Gran Mariscal de Ayacucho, entraron a poder de su viuda la Excelentísima Señora Mariana Carcelen y Larrea que es la tutora de su hija menor instituida por su Testamento, para conservarlo en los terminos que previene el Derecho A su cumplimiento y cualesquiera sus bienes en forma legal, y en testimonio de lo dicho asi lo otorga y firma con el espresado Señor Auditor de Guerra, los Señores Albaceas y los Peritos nombrados con intervención de mi el presente Escribano de que doy fé.
         Ante (firma y rúbrica) Vicente Aguirre (firma y rúbrica)- Manuel Antonio García Parreño (firma y rúbrica)- Mariana Carcelen (firma y rúbrica) Platero Andrés Solano (firma y rúbrica)- Ante mi Juan Bautista Castrillon (firma y rúbrica)- Escribano Público de Hacienda y Guerra.
         Visto en esta Consulado de la República de Ecuador en Mónaco con residencia en Niza.
         El Cónsul certifica que esta copia de cuatro fojas es textualmente conforme al original.
         Niza á treinta de mayo de mil novecientos diez y siete.
        
(Hay un sello:)
Consulado de la República de Ecuador en Mónaco.

         El Cónsul del Ecuador
         J. Messiah
 (firma y rúbrica).

Como puede apreciarse, en su testamento sus bienes no estaban al nivel de un ciudadano consagrado al servicio de la patria desde los quince años. Aunque en su vida manejó muchos millones, no dejó mayores bienes de fortuna, y lo poco que pudo acumular lo regalo todo: su herencia, sus haberes militares, su sueldo y sus condecoraciones.

Sucre, salió jubiloso de su encuentro con la historia, porque supo interpretar la más elevada cátedra del patriótico quehacer y la entrega sin mezquindad, constituyéndose así, en un permanente ejemplo de una constancia firme como su lealtad, férrea disciplina y extraordinario espíritu de trabajo, siempre opulento en ideas y acciones de grandeza, representando a plenitud los verdaderos valores de la libertad, la justicia y la verdad.

La pluma de muchos historiadores afirman -sin que hasta el momento hallan aparecido documentos fidedignos que confirmen o desmientan estos hechos, nosotros sin embargo, fieles a la tradición creemos nuestro deber darlos a conocer- que el General Isidoro Barriga, segundo esposo de la Marquesa de Solanda, intencionadamente dejó caer desde lo alto de uno de los balcones de la casa azul a la hija del General Sucre por la avaricia de apoderarse de todos los bienes patrimoniales, ya que teresita era su única heredera. Es más, la muerte del Mariscal está llena de indicios que prueban que el General Barriga fue uno de los miembros de la conspiración que cegó su vida física, ya que tenía un interés personal en el asesinato del esposo de su amante, pues de esta manera se convertiría en el heredero universal de su víctima.


 





Bibliografía recomendada:

.- Archivo de Sucre. Caracas. Fundación Vicente Lecuna-Banco Central de Venezuela-Presidencia de las República. 1973-1996. 14 vols.

.- BOLÍVAR, Simón: Resumen sucinto de la vida del General Sucre. Caracas: Concejo Municipal del Distrito Sucre. 1973.

.- GRISANTI, Ángel: Vida ejemplar de l Gran Mariscal de Ayacucho. Comandancia General de la Marina. 1969.

.- Nectario María, Hermano: La tragedia de Berruecos: relación histórica del asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho. Barquisimeto:  Tipografía de Teófilo Leal. 1930.

.- Pensamientos de Antonio José de Sucre. Caracas. Alfadil 1995.

.- SHERWELL, Guillermo Antonio: Antonio José de Sucre: Gran Mariscal de Ayacucho, héroe y mártir de la independencia americana. Bosquejo de su vida. Caracas: Banco Industrial. 1970.

.- VILLANUEVA, Laureano: Vida de Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho. Caracas. Ediciones de la Presidencia de la República- Banco Industrial de Venezuela. 1995.



[1] Carta que dirige a su hermano Jerónimo, Popayán, 13 de diciembre de 1829.El original de esta carta se encuentra en el archivo de Don Hernando Sanabria Boulton. Fue publicado en El Nacional del 5 de junio de 1980.
[2] Carta que dirige a Soublette el 12 de diciembre de 1825. Véase: Memorias del General O`Leary. Edición del Ministerio de la Defensa. Barcelona. España. 1981.  Tomo 1º, p. 591-592.
[3] Carta que dirige al General Bolívar desde Quito el 7 de septiembre de 1829. Véase: Memorias del General O`Leary. Edición del Ministerio de la Defensa. Barcelona. España. 1981.  Tomo 1º, p. 551.
[4] Carta que dirige al General Bolívar desde Chuquisaca el 27 de abril de 1828. Memorias del General O`Leary. Edición del Ministerio de la Defensa. Barcelona. España. 1981.  Tomo 1º, p. 497.
[5] C.F. De Guzmán, Rafael María.: El Archivo del Mariscal se conserva en la Universidad de Yale. En Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Caracas. Tomo XIII, Nº 50 de abril-junio de 1830. p. 203. Fue publicado anteriormente en El Comercio, de Quito, 25 y 26 de marzo de 1922.
[6] A Francisco Pérez de Velasco.
[7] A los descendientes de John Alderson.
[8] Ejemplar existente en el Archivo del Libertador que se encuentra en la sede de la Sociedad Bolivariana. En la transcripción del presente documento hemos respetado fielmente su ortografía original
[9] El verdadero nombre de la Marquesa de Solanada y Villarrocha era: Ana Marìa Francisca Felipa Carcelèn Larrea.
CF.: Partida de Bautismo en la capilla del Sagrario en Quito. Libro de Bautismos de Españoles desde el 23 de noviembre de 1796 a 29 de abril de 1819, Nº 36, serie A, fol 75.
[10] Fue bautizada el 11 de julio de 1829. CF.: Partida de Bautismo en la capilla del Sagrario en Quito. Libro de Bautismos de Españoles desde 1819 a 1831, tomo 7-1, serie B.
[11] Está ubicada en el centro de Quito, en la intersección de la calle Sucre y la antigua calle Correo, llamada hoy Venezuela, Nº 573.
[12] En esta cláusula se demuestra el dasapego que tenía Sucre por los bienes materiales

*
David R. Chacón Rodríguez

Historiador, bibliógrafo y documentalista. Egresado de la Universidad Central de Venezuela. Entre 1986 y 1992 se desempeñó como Agregado Cultural para Investigaciones Históricas de la Embajada de Venezuela en España. Actualmente es Presidente y Consejero General de la Fundación Hermano Nectario María para la investigación Histórico-Geográfica de Venezuela, desde 1986; Miembro Fundador y Tesorero de la Fundación Francisco de Miranda y Próceres de nuestra Independencia (2005-2007). Igualmente ha sido Tesorero (2002-2006) y Secretario de la  Fundación Pedro Grases (desde 2006 hasta el presente), Directivo (Director de Relaciones Públicas y Director de Investigaciones y publicaciones) de la Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela. Directivo de la Revista Venezuela Cultural. Presidente de la Sociedad Bolivariana de Sevilla, desde 1988-2000.
Trabajó como secretario privado  del Reverendo Hermano Nectario María y participó en las gestiones realizadas para la identificación definitiva de los restos del Generalísimo Francisco de Miranda. Colaborador en la prensa nacional e internacional y en revistas especializadas.

Bandera venezolana

Bandera venezolana

Automóviles de los 40

Automóviles de los 40