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sábado, 29 de noviembre de 2014

Don Andrés Bello, el humanista deAmérica

EumenesFuguetBorregales



El 29 de noviembre de 1781, nace en Caracas, Andrés de Jesús María y José Bello López, poeta, escritor, maestro, filólogo, sociólogo, filósofo, periodista, jurista, legislador, astrónomo, experto lingüístico, autodidacta y humanista. Egregio paisano de una vida ejemplar al servicio de la América, que forja permanentemente su destino. Al lado de Miranda y Bolívar, representa,  la trilogía de nuestros grandes embajadores ante el mundo y la historia; todos ellos, fallecidos fuera del suelo que los vio nacer.  Hijo de Don Bartolomé Bello, conocido abogado y músico de la Colonia y Doña Ana Antonia López, hija del conocido pintor Juan Pedro López. Desde niño mostró su pasión por el estudio y el aprendizaje de idiomas. A los quince años hablaba y traducía el latín.  A pesar de llevarle apenas dos años de edad al niño Simón Bolívar, Bello, su compañero de infancia, le impartió clases de geografía. Egresa bachiller de Artes en junio de 1800, de la Real y Pontificia Universidad de Caracas. Los conocimientos de inglés y francés, le permitieron, ocupar cargos públicos, y con la llegada  de la imprenta en 1808, procedente de Trinidad,  es designado redactor de la Gaceta de Caracas. En 1810, la Junta Suprema, nacida el 19 de abril, lo designa en la Secretaría de Relaciones Exteriores y junto a Luís López Méndez y el coronel Simón Bolívar, se dirigen comisionados a Londres ante las autoridades inglesas, para exponer lo relacionado con el nuevo gobierno caraqueño, surgido con el derrocamiento del capitán general Vicente Emparan;  aprovechan para saludar y lograr el regreso de Francisco “libertad” Miranda, nuestro “Siempre Precursor”. Bello permaneció en Londres diecinueve años, con pocos recursos económicos. A pesar de sus penurias, pero gracias a sus vastos conocimientos, pudo dedicarse a la docencia y a la superación académica y lingüística; aprovechó la fabulosa biblioteca de Miranda, de las más completas en Europa.  En 1814 contrae matrimonio con María Boyland, con quien procrea tres hijos. Al quedar viudo en 1821, contrae nuevas nupcias en  febrero de 1824, con Isabel Dunn, doce vástagos adornarán el nuevo hogar.  En su estada londinense escribió en 1823, sus conocidas obras: “Silva a la Alocución de la Poesía”, donde le dedica un fragmento a Miranda, y “Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida” en 1826. Sus “Silvas” o cantos, le recuerdan los majestuosos ríos, las selvas y el calor tropical. Escribe el Resumen de Historia, un verdadero culto a la epopeya emancipadora y un elogio a los próceres civiles y militares, que describe con diáfana emoción, y por el afecto a Venezuela. Las autoridades de la Gran Colombia, le asignan cargo diplomático en Londres. Junto a su familia se dirige a Chile en 1829, donde es  designado Oficial Mayor del Ministerio de Hacienda, luego Académico del Instituto Nacional y fundador del Colegio de Santiago. Bello, desarrolla importantes obras en el campo del derecho y las humanidades. El Congreso Nacional de Chile, le otorgó la nacionalidad por gracia el 15 de octubre de 1832. Presenta ese año el proyecto de la Constitución de Chile, promulgada al siguiente año. Su prolífica obra le mereció los cognomentos de: “El primer Humanista de Venezuela con proyección universal” y de “Patriarca de las letras hispanoamericanas”. Emite la “Cláusula Bello”, basada en la justicia y en la unidad de los pueblos., escribe el Principio del Derecho de Gentes, de un alto contenido humanista, muy adelantado para la época. Entre 1837 y 1864, es Senador por Santiago. En 1841 redacta el Código Civil de Chile, referencia en diez países entre ellos Venezuela. Su gran legado, la Gramática de la Lengua Castellana al Uso de los Americanos, lo promueve como el precursor en preservar el idioma. En 1843, es el promotor, fundador y Primer Rector de la Universidad de Chile hasta sus últimos días, la cual lleva su preclaro nombre. En 1851 es designado Miembro Honorario de la Real Academia Española y en 1852, Miembro Correspondiente. Fallece en Santiago de Chile el 15 de octubre de 1865. El 25 de mayo de 1825, el Libertador lo denominó “Nuestro famoso Bello”. En 1927, Chile instituyó en su fecha natal, el “Día del Libro”; Los escritores venezolanos  lo honran conmemorando el “Día del Escritor”.
I.O.R.F.A.N. El Instituto de Oficiales Retirados de la Fuerza Armada Nacional, ha llegado el 20 de noviembre a cincuenta y seis años de su creación, cumpliendo una excelente labor social en beneficio de los oficiales en la honrosa situación de retiro, las viudas y sobrevivientes,  enhorabuena y los votos por la continuación de los esperados éxitos.
Churuguarero777@gmail.com                                                                                        @eumenesfuguet




Historia y Tradición

domingo, 8 de diciembre de 2013

JOSÉ ANTONIO RAMOS SUCRE

Eumenes Fuguet Borregales (*)


En Cumaná la “primogénita”, nace el 9 de junio de 1890, José Antonio Ramos Sucre, destacado políglota, diplomático, poeta y escritor de fina pluma, digno hijo de la tierra del Gran Mariscal de Ayacucho. Nacido del matrimonio de Don Jerónimo Ramos Martínez y Rita Sucre. Realiza los estudios primarios  en la escuela de Don Jacinto Alarcón. Es llevado a Carúpano en 1.900 a la residencia de su tío José Antonio Ramos Martínez, párroco de la iglesia Santa Rosa de Lima, de quien comienza a recibir clases de latín y griego. Debido al fallecimiento de su padre en 1.902 y en 1903 de su tío, se ve obligado a regresar a Cumaná, para ayudar al sustento familiar. Se gradúa de bachiller en Filosofía en el colegio Nacional de  esa ciudad en 1910, colateralmente estudia francés, inglés, italiano y alemán. Por sus conocimientos en idiomas se desempeña como ayudante del Rector José Silverio González en las clases de latín. En 1911  presenta su primer texto en la revista Ritmo de Ideas de Cumaná; ese año se traslada a Caracas, dando clases en el Colegio Sucre. En la Universidad Central de Venezuela inicia los estudios de Derecho y Literatura. El 1º de octubre de 1912, el Ministerio de Instrucción Pública, por orden del gobierno de Juan Vicente Gómez, anunció el cierre de la Universidad Central de Venezuela, debido a las  protestas estudiantiles. Ramos Sucre sin perder tiempo trabajó en la Cancillería en 1914 como traductor e interprete. Concluye sus estudios universitarios con altas calificaciones en 1917. Empieza a escribir en diferentes medios impresos tales como: El Tiempo, El Nuevo Diario, El Universal entre otros; escribió más de cien poemas en prosa, todos publicados en la prensa capitalina. Ejerció como Juez Accidental de Primera Instancia en lo Civil. Se esmeró en aprender nuevos idiomas tales como: sueco, holandés, portugués, alemán, sueco y sanscrito. También dictó clases de latín en el instituto San Pablo y de griego y latín en el liceo Andrés Bello. Sus conocimientos lingüísticos le facilitan cumplir labores de traductor e interprete, en el Ministerio de Relaciones Exteriores a partir de 1.920. Trizas de Papel será su primer libro editado en 1921. Publica el ensayo Sobre las huellas de Humboldt en 1923. Obtiene el doctorado en Ciencias Políticas en 1925, igualmente es reconocido oficialmente como Traductor e Interprete. No ejerce el Derecho, ya que se sentía en un mejor ambiente dictando clases en los liceos Andrés Bello y Caracas, dictando las asignaturas de Historia, Geografía e idiomas. Ramos Sucre se dedicó en forma permanente en la preparación de sus obras, entre ellas La Torre de Timón publicada en 1925. Designado Cónsul General de Venezuela en Ginebra en 1929. Ese mismo año son editados: El cielo de esmalte y Las formas del fuego. El 27 de diciembre  llega a Hamburgo, donde es tratado contra la amibiasis en el Instituto Tropical. Las crisis de insomnio que venía sufriendo desde varios años antes se hacen más severas. Los médicos le diagnostican desórdenes nerviosos que le afectan grandemente su desempeño profesional e intelectual. Pasa una temporada en el sanatorio Stephanie en la ciudad italiana de Merano. En marzo de ese año se encarga del consulado en Ginebra. El 09 de junio de 1930 cumple cuarenta años, y debido a su estado depresivo ingiere una sobredosis que le causaría la muerte el 13 de junio. Sus restos al ser repatriados, son recibidos en el suelo natal el 21 de julio; ante una sentida manifestación de duelo es enterrado en el panteón familiar en Cumaná el 25 de julio. Sus cartas y otros escritos son publicados después de su muerte en un volumen titulado Los aires del presagio. Su obra completa fue editada por José Ramón Medina en 1980; luego publicada por la Universidad Central de Venezuela, la Biblioteca Ayacucho de Venezuela, el Fondo de Cultura Económica de México, Ediciones Siruela S.A en Madrid  y las Ediciones UNESCO  en Francia y España. Instituciones educativas y culturales se honran llevar su nombre. PESAR. Lamentando la sentida desaparición física del eximio Dr. Guillermo Mujica Sevilla, “Maestro de Maestros”, consocio de la Ilustre Academia de Historia del estado Carabobo, cuya extensa producción de la musa inspiradora literaria, constituyen su legado y monumento. Q.E.P.D
 (*) Gral. de Bgda.                                                                  churuguarero77@gmail.com
@eumenesfuguet




Historia y Tradición

domingo, 17 de noviembre de 2013

Don Pedro Grases y Don Vicente Lecuna

David R. Chacón Rodríguez / Carlos Maldonado-Bourgoin
 Fundación Pedro Grases.
 

El presente texto es un extracto del texto que escribimos para la 
Fundación Venezuela Positiva para el libro 
Las peñas y las tertulias: puente de saber, cultura y cordialidad.

Escribir del Maestro Pedro Grases, sobre las tertulias efectuadas y
 llevadas a cabo por él en su casa de La Florida y, por sobre todo, en la 
quinta Vilafranca de La Castellana, es hablar de lo “afirmativo venezolano”.
 El Municipio Chacao puso nombre calle Don Pedro Grases para signar la 
importancia de la casa, una de las primeras de la urbanización, donde el
 humanista catalán–venezolano desarrolló el hábito positivo de saber 
conversar, donde estuvo la sede de la Secretaría de la Comisión de las
 Obras Completas de Andrés Bello, que fue centro de investigación
 documental y bibliográfica, y donde además estuvo albergada la 
importante biblioteca temática, donada a Venezuela y a la Universidad
 Metropolitana por Grases.

El Dr. Pedro Grases llega a Venezuela en agosto de 1937, escapó
 milagrosamente de la muerte al inicio de la guerra civil española. El arte de
 tertuliar lo manejaba el joven abogado y humanista en su villa natal,
Vilafranca del Penedés, en Barcelona y en Madrid. Algunas fotografías
 permiten un viaje por la época de las vanguardias: Pedro Grases junto a 
Ramón Gómez de la Serna en tertulia de café en 1934, recuerda el cuadro 
de José Gutiérrez Solana La tertulia del Café Pombo; en dicha pintura está 
representado Pedro Emilio Coll en compañía de figuras de las letras y de
 las artes españolas.

Durante su permanencia en la Universidad de Harvard como Profesor Invitado, Pedro Grases en tertulias con figuras de las letras como Amado Alonso y Jorge Guillén fue afinando uno de sus grandes proyectos de vida, el estudio de la grandiosa obra del humanista de América, Don Andrés Bello.

La tertulia sabatina de Pedro Grases era indiscutible e inobjetable referencia cultural. Don Pedro fue un devoto de la amistad, cuando en 1980, fue entrevistado por el internacionalmente conocido periodista español Joaquín Soler Serrano para la serie A Fondo pregunta al Maestro Grases sobre la actividad. Él la define como “un sitio donde se reunían una pluralidad de gentes de diferentes ramas y profesiones, para estar informados, hacer culto a la amistad y tratar entre otros, la situación política del país y del mundo, temas históricos, estéticos y literarios, a cambio de amistad, café y libros” – A las doce del día del sábado todo el mundo está afuera para dedicarme a la familia y al fútbol”–.

Las tertulias de Vicente Lecuna
En el momento que el Dr. Pedro Grases organizó la Primera Exposición del Libro Venezolano desde 1808 hasta 1830, con la colaboración del Ateneo de Caracas, don Manuel Segundo Sánchez le sugirió que para mejorar la colección pidiera al Dr. Vicente Lecuna el préstamo de los impresos que poseía relativos al período en cuestión.

Siguiendo el consejo, don Pedro lo visitó en su oficina en la Presidencia del Banco de Venezuela. Al ser recibido, el Dr. Lecuna escuchó pacientemente su petición y lo despachó de sopetón y sin ninguna explicación le dijo: no tengo tiempo, joven. Acongojado por el fracaso, le confesó esta falta de atención a don Manuel, expresándole que no volvería a ver a este hombre tan brusco y malhumorado, finalmente, con el tiempo, don Pedro olvidó el desagradable percance y ante las continuas insistencias de don Manuel acordó acudir a la tertulia que reunía al Dr. Lecuna en su casa de habitación situada en la esquina de Reducto, los domingos en la mañana. A ella asistían “un grupo selecto de hombres de letras, de historiadores, y de hombres de acción ciudadana, con los cuales compartía inquietudes, alegrías y pesares. He aquí algunos nombres: Manuel Segundo Sánchez, Luis Alberto Sucre, Nicolás Eugenio Navarro, Carlos Borges, Luis Correa, Román Cárdenas, Alberto Adriani, Julio Planchart, Eduardo Carreño, Gumersindo Torres, Tito Salas, Guillermo Tell Villegas Pulido, Esteban Gil Borges, Rufino Blanco Fombona, Cristóbal L. Mendoza. Sorprende el trato y afinidad del Dr. Lecuna con personas tan dispares, por ejemplo, como la exquisita Teresa de la Parra y el ceñudo Rufino Blanco Fombona, seres unidos a Lecuna por la misma comunión: el amor a Bolívar".

Durante una de las discusiones que generalmente se suscitaban, Pedro Grases intervino y al despedirse el Dr. Lecuna, le dijo: Usted vendrá cada domingo, pues hay asuntos que conoce mejor que nosotros.

De esta manera las asperezas se limaron, transformándose su relación en cordialidad, admiración y sincera amistad.

El Maestro Pedro Grases comprometido con su tiempo, fue un hombre de diálogo, que vivió su época, que opinó y que pensó siempre a la vista del repertorio de problemas que su circunstancia le propuso. Fue un hombre situado a la altura del momento y desde ese nivel juzgaba y escribía a su modo, desechando toda tendencia arbitraria y dogmática, demostrando así, una lección de honradez de pensamiento y fidelidad a su propia vocación que ejercitaba “sin prisa, sin pausa, pero con constancia”. He ahí su grandeza.


domingo, 1 de septiembre de 2013

Palabreo de Andrés Eloy.



Raúl Sanz Machado*

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     
Agosto pasado marcó el 116º aniversario  del feliz día en  que vio la luz en tierra cumanesa, un venezolano de postín, orador político metido a humorista, llamado Andrés Eloy Blanco, curtido en cárceles y exilios, aunque inmune a odios y resentimientos, como consta en su inspirada pluma poética, de honda y afortunada sensibilidad.  Mediando la cincuentena, presidió la Asamblea Nacional Constituyente de julio del 1947 y en tal virtud firmó la Ley Constitucional, promulgada el 5 de julio por la Junta Revolucionaria presidida por Rómulo Betancourt y refrendada por sus ministros, entre quienes figuraban, Raul Leoni, Carlos Morales, Juan Pablo Pérez Alfonzo,  Carlos Delgado Chalbaud, Manuel Pérez Guerrero, Luis Beltrán Prieto y Eduardo Mendoza Goiticoa, gente de buen hacer y proceder.
A la habilidad política del Diputado Blanco, se unió desde la tribuna parlamentaria un fino matiz humorístico que para algunos se tradujo en sonrisas y para otros en dolor de cabeza, como  ocurrió con una dama parlamentaria de oposición, quien en cierta ocasión pidió la palabra con aires de trifulca.  Andrés Eloy, solícito, se la concedió: “Tiene la palabra, Señorita…” La respuesta aireada, no tardó: “Señorita no, Presidente…  Diputada…! A lo que el agudo parlamentario se excusó con elegante intención: “Dispense Diputada, yo creí que usted era señorita…!
En otra ocasión, el novel parlamentario copeyano Edecio La Riva Araujo usó y abusó  de su derecho de palabra, para hacer objeciones al proyecto constitucional que se debatía. Andrés Eloy, con disimulada impaciencia trataba de abreviar el debate advirtiéndole: “Hay una comisión de estilo, Diputado…” Inutil. Edecio insistía en sus protestas en el caldeado ambiente con  mayoría adeca, hasta que Andrés Eloy, tocó la campanilla y se acabó el debate. Ante las insistentes protestas de Edecio,  el Presidente lo interrumpió: “No hay cosas que hagan más ruido que un Ford viejo y un diputado nuevo”. El futuro Senador y líder verde no le quedó más remedio que reír y se sentó en su curul sin más interrupciones.
Refiere el acucioso historiador y recopilador de la obra de Andrés Eloy Blanco, José Rivas Rivas, que  en  los ardores parlamentarios entre adecos y copeyanos,  en la Asamblea de 1946, extrañaba la presencia de un fogoso orador de la tolda verde, mas “café que leche”; de nuevo se puso de manifiesto, el ingenio humorístico del poeta parlamentario en una ocurrente coplilla que circuló en la cámara, que decía:  Cosas que no son de ley / siempre resultan un fiasco / mujer orinando en frasco / y negro inscrito en Copei”
Y así era este insigne cumanés que supo entretejer el sentimiento y el Ser nacional con las altas investiduras con las que sirvió a la República. Su partida en mala hora, dejó un hondo vacío en los cálidos testimonios profesados por amigos. Ya, antes, el sentimiento materno se había hecho palabra: “Madre, si me matan, / ábreme la herida, ciérrame los ojos /  y tráeme un pobre hombre de algún pobre pueblo  / y esa pobre mano por la que me matan, /  pónmela en la herida por la que me muero”.  En el acto del traslado de sus restos al Panteón Nacional, quedaron las palabras vibrantes de su fraternal Miguel Otero Silva: “Así no hubieras escrito tus versos, tiene tu esqueleto el derecho a ser sembrado en este bosque de significativos mármoles”.  Ya el poeta había expresado alguna vez: “No hay que llorar la muerte del viajero, hay que llorar la muerte de un camino”.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Andrés Eloy Blanco, el poeta del pueblo




Eumenes Fuguet Borregales (*)
En la primogénita Cumaná ve la luz primera el 6 de agosto de 1897 Andrés Eloy Blanco Meaño, destacado hombre de letras, abogado, político, legislador, brillante poeta, escritor de fina pluma, humorista, orador con verbo encendido inconfundible, sin rencor ante los sufrimientos de las cárceles y destierro, de gran sensibilidad humana que lo estimulaban a describir las difíciles situaciones de la dictadura reinante en Venezuela, humorista y humanista, de amplia sensibilidad social, y ante todo apegado y defensor de las ideas y sentimientos de sus paisanos, por las cuales sufrió prisiones, torturas y confinamiento. Hijo del médico Luís Felipe Blanco y Doña Dolores Meaño.
Realizados los estudios elementales en Cumaná y Margarita. En 1912 con apenas quince años el diario El Universal publica sus poesías En 1914 recibe su bautizo político al ser detenido por la policía al apoyar como estudiante a sus compañeros. En 1916 obtiene el premio de poesía en Ciudad Bolívar con su obra "Canto a la espiga y al arado". En Caracas se gradúa en 1918 de abogado; Publicó en 1921 su primer libro: "Tierras que me oyeron".
Es acreedor en 1923 al importante premio internacional otorgado por la Real Academia de la Lengua Española con su obra "Canto a España", donde conjuga al modernismo, con el nativismo, el romanticismo y el clasicismo. En 1928 participa activamente en apoyo a los estudiantes de la conocida "generación del 28"; la dictadura de Gómez lo encarcela desde 1928 hasta 1933 en La Rotunda y en el castillo San Felipe de Puerto Cabello, al enfermarse de tuberculosis y ante la presión de la comunidad internacional, fue enviado confinado en 1935 a Valera. A pesar de los grillos colocados, las torturas y penurias del encarcelamiento, su moral y dignidad se acrecentaba.
Andrés Eloy aprovechaba cualquier oportunidad para escribir en la prisión en papeles de envolver, narrando los sufrimientos y penurias de los humildes paisanos. Los escritos eran sacados en forma discreta por sus hermanas cuando podían visitarlo, entre los cuales figuran "Poda", "Barco de Piedra", "Baedeker 2000", "Malvina Recobrada" y la "Juambimbada" "La Loca Luz Caraballo", "Píntame Angelitos Negros" y "El Palabreo de la Recluta".  El 1ro. de febrero de 1936 se lanzan al mar frente al castillo de Pto. Cabello cientos de  grillos con que se inmovilizaba a los presos políticos, en esa ocasión expresó: “Hemos echado al mar los grillos de los pies. Ahora vayamos a las escuelas a quitarle a nuestro pueblo los grillos de la cabeza, porque la ignorancia es el camino de la tiranía. Y maldito el hombre que intente fabricarlos de nuevo y poner una argolla en la carne de un hijo de Venezuela”.
A la caída del régimen gomecista, ocupó diversos cargos en la administración pública, entre ellos Concejal por la parroquia San Juan de Caracas en 1937. Diputado ante el Congreso Nacional en 1939; se  incorpora en las filas del naciente partido Acción Democrática en 1941; sus escritos son publicados en los principales diarios del país; su chispa humorística se refleja en el semanario "El Morrocoy Azul".
Escribió una excelente biografía del Dr. José María Vargas. Andrés Eloy no aceptó cargos en el exterior al preferir estar en contacto permanente con su gente. Diputado por el Distrito Federal, es designado  en 1946 Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente. El Presidente Rómulo Gallegos lo designa ministro de Relaciones Exteriores en 1946, correspondiéndole realizar importantes reuniones y gestiones en beneficio del país. A la caída del gobierno de Gallegos el 24 de noviembre de 1948, Andrés Eloy que se encontraba en Francia, sale al destierro, primero se dirige a Cuba y luego a México; en esta última ciudad escribe en 1955 "Giraluna". Fallece atropellado el 22 de mayo de 1955, cerca del monumento erigido en honor a los "Niños Héroes Mexicanos", inmolados defendiendo la Patria. Los restos del "Poeta del Pueblo", paradigma de dignidad y autoestima, ingresan el 2 de julio de 1981 al Panteón Nacional.
Innumerables son los brillantes y elocuentes discursos históricos y políticos ofrecidos en Venezuela y fuera del país, todos con su especial dosis de venezolanidad. El primer discurso político lo pronunció en Puerto Cabello en febrero de 1936 durante la ceremonia de lanzar al mar los grillos utilizados en los presos políticos. En el Congreso Nacional, con motivo del aniversario de la Batalla de Carabobo el 24 de junio de 1939 exteriorizó: "Si se pudiera concebir un hombre que le escribiera una carta al Ejército venezolano, se vería en apuros el remitente, porque no sabría a donde dirigirla: lo mismo podría dirigirla a Ayacucho que a Junín, lo mismo a Boyacá, lo mismo a los helechos y a las piedras por donde se va al desaguadero. Pero estando Carabobo ubicado en Venezuela, y siendo la función carabobeña totalmente venezolana, es por eso que es la sabana de Carabobo, el domicilio histórico del Ejército venezolano".
(*) Gral. de Bgda.                                                                          churuguarero77@gmail.com         

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