viernes, 1 de junio de 2012

APUNTES SOBRE LOS TREINTA PUEBLOS DE LAS MISIONES JESUÍTICAS


 VICENTE GUERRERO*
   Es menester revisar nuestra Historia Americana, rebuscar en nuestra memoria y no dejarnos influir por la nefasta división entre CIVILIZACION y BARBARIE que tanto mal nos ha hecho... 
   

De vez en cuando hay que hacer una pausa
contemplarse a sí mismo
sin la fricción cotidiana
examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa
y no llorarse las mentiras
sino contarse las verdades.
                    Mario Benedetti

Se fiel hasta la muerte
                    Apocalipsis 2.10



Al  analizar los hechos históricos  para imbricarlos en los procesos económicos, políticos sociales y culturales  de nuestro tiempo, debemos  ser lo más justo posible con la verdad. Es una realidad la falta de una Historia Americana sin la deformación de quienes la  escribieron desde el pasado, que al estar aún involucrados en los mismos hechos relatados, manipularon, tergiversaron, deformaron o simplemente ignoraron muchos sucesos y sus actores.
Uno de los casos más evidentes de esta  afirmación lo realizó la llamada generación del 80 (1880) en la Republica Argentina. Esta generación  para imponer un proyecto diseñado en todos sus aspectos  (económico, político, cultural, poblacional, etc.) utilizaron todos los medios a su alcance, desde el genocidio hasta la deformación del pasado histórico en todo aquello que convenía al modelo que debían imponer.
Bartolomé Mitre fue uno de los responsables de esta historia fabricada que sirvió de base a la llamada Historia oficial. Una de sus tantas víctimas fue la historia del PARGUAY, LOS TREINTA PUEBLOS  DE LAS MISIONES JESUITICAS y el  PUEBLO TUPI GUARANI.
Poco es lo que se conoce del pasado del PARAGUAY, existe sí una profusa justificación del genocidio llevado a cabo en la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870). Un manto de olvido cubre la Historia de Las Misiones  y la gigantesca obra que los sacerdotes JESUITAS realizaron con el pueblo Tupi-guarani.

La Historia

Subyacía en la memoria de los Tupi-guarani lo que el pueblo incaico le transmitiera al iniciar su colonización. Los incas dominaron a los pueblos de su imperio por su capacidad para organizar y administrar más que por la fuerza de las armas.
Cuando los españoles arriban al Paraguay, se encuentran con una comunidad que no los recibe hostilmente,  poseían una cierta organización, con una concepción religiosa evidentemente monoteísta, creían en un  Dios que regía el mundo, un Dios que era bueno porque entendían que la maldad  estaba en el hombre. Los tupi-guarani vivían en comunidades, cultivaban la tierra y las dividían en parcelas para su explotación individual.
Los principios morales de esta comunidad eran claros y aplicables: “no seas ladrón, no seas perezoso,  no seas mentiroso “ ( los Incas decían  “ ¡Ama sua, ama lulla, ama quella!)
La obra misionera de los JESUITAS  se inicia para 1608 con la llegada de SIMMONE MAZETA  y GIUSEPPE CATALDINO quienes observan el desastre de las comunidades por la aplicación en la práctica de la “encomienda”, en abierta violación a las Leyes de Indias yal principio cristiano,  con todas las formas de un sistema francamente de explotación utilizando  mano de obra esclava.
La inteligencia de los misioneros jesuítas fue haber comprendido el valor de la cultura subyacente  de ese pueblo e iniciar la conquista de sus almas desde otra perspectiva, para ello se insertaron en la comunidad para  rescatar sus valores, ya que sus objetivos eran la transmisión del  Evangelio y no la conversión  de los tupi-guarani al modelo de vida europeo ni tampoco la explotación del individuo para ser utilizado por los intereses económicos de la época, entre ello, fundamentalmente   el de los colonizadores.
La tarea fue servir de reorganizadores y administradores de la comunidad indígena, continuando con la labor inconclusa de los Incas. El principio monoteísta se ajustaba perfectamente a la idea del DIOS de la religión Judeo-Mosaica, solo quedaba en sus manos inculcar la imagen de JESUS como SALVADOR y  hacer comprender el poder maléfico de SATANAS que los indígenas no cntendían. Tal es así que el primer opúsculo editado en las imprentas de la comunidad jesuítica fue precisamente sobre el poder de Satanás.
La organización económica respetó la milenaria estructura de la tenencia y distribución de la tierra y su explotación en lo colectivo e individual.
La producción se dividía en tres partes: La Familia, La Comunidad y la Iglesia, esta última atendía el sustento de  inválidos, huérfanos, ancianos y viudas, en definitiva respetaron la estructura milenaria de las civilizaciones andinas.
Es posible que la imagen de los sacerdotes jesuitas haya hecho aflorar el recuerdo de las denominaciones dadas al Inca: Sapay Inca (hijo único), Inti Kori (hijo del Sol) y Huaka Koya (amigo de los pobres).
La organización política se estructuraba con un sistema de participación integral, regida por un sacerdote (Pa’i), como poder religioso, mientras el gobierno civil se constituía en   el Cabildo compuesto por los tupi-guarani  más ancianos y  los caciques.
Los grupos indígenas fueron divididos en treinta colonias principales donde construyeron ciudadelas que entre otros fines les servían de defensa de las incursiones de los esclavistas, encomenderos y portugueses. Estos últimos iniciaron su expansión desde la líneas de demarcación que les legó el tratado de Tordesillas en 1494, hasta donde pudieran llegar sus “banderas” llevadas por sus aventureros, los “BANDEIRANTES”.
No hubo otra alternativa para la defensa de las comunidades que la organización militar y desde el fondo de los recuerdos los jesuitas apelaron a  SAN IGNACIO DE LOYOLA, que como buen militar los inspiro y con el mazo dando y a  DIOS rogando, con arcabuz, espada, lanzas y flechas pusieron fin a la incursiones de esclavistas, bandeirantes y encomenderos.
Es en este punto de la historia cuando las Misiones Jesuíticas se tornan molestas a sus vecinos de aquí como a los del otro lado de la mar océano.
En el proyecto jesuita  no figuraba el constituir una nación, imperio o reino, fueron fieles defensores de la colonia española y bastan solo los hechos para confirmar estas aseveraciones. En 1717 intervinieron defendiendo la resolución de la Corona  Española y del Virreynato en la revuelta de ANTEQUERA; se sublevaron en 1750 por la entrega de los territorios orientales a Portugal y pese a ser derrotados en la batalla de CAPIBATE (1756) logran que en 1761 el Virrey Ceballos anule el tratado.
La Corona Española y el Virreynato del Río de la Plata recibieron no pocas quejas de la acción y la labor de las comunidades, algunas ciertas, otras injustas, pero también muchas mentiras. Por ejemplo, una de las observaciones fue la fabricación de pólvora y armas ( esta experiencia fue utilizada por  Francisco Solano López en el Paraguay independiente), otra fue la vertida por el Gobernador Lazaro Ribera en el informe al Virrey  “…hemos llegado al extremo de que la lengua del pueblo conquistado sea la que domine..”. La lengua oficial de las misiones era el Guarany y en sus imprentas se editaron obras, diccionarios y gramática en este idioma.

Epílogo

La expulsión de la orden fue un hecho complejo, pero en definitiva fue el freno impuesto a la expansión del Imperio Portugués  y a las pretensiones Inglesas. La coalición contra la Compañía de Jesús unió a la masonería (que recién se iniciaba), libertinos y prelados de la Santa Sede, a los Jansenistas (seguidores de Cornelio Janse, Obispo de Ipres, 1585-1638), a las órdenes rivales (franciscanos, dominicos) y a los defensores del orden monárquico  absolutista, etc. Le cupo al Marqués de Pombal, amigo de Voltaire, poner en ejecución  la expulsión de la Orden y en España, Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda y gran maestre de la Logia , encarga a Francisco de Paula Bucarelli y Ursua en 1761, en ese entonces Teniente General de los ejércitos reales y  Comendador de Almedrejo en la orden de Santiago,  también miembro de la Logia del Conde de Aranda, para hacer cumplir esta disposición. Los testimonios de las atrocidades cometidas en los Treinta Pueblos de las Misiones Jesuíticas han quedado en el recuerdo gracias a las acusaciones formuladas ante las Cortes Españolas donde quedaron registradas.
La historia no termina aquí, las comunidades siguieron luchando, no desaparecieron, el concepto de sociedad comunal aflora en el Paraguay de Gaspar L. de Francia cuando en 1810 sienta las bases de la República iniciando una concepción de real independencia política y económica.
El espíritu de los TREINTA PUEBLOS DE LAS MISIONES está presente en los hombres que acompañaron a ANDRESITO GUIQUIRARO (Artiguinhas)  ahijado de JOSE GERVASIO ARTIGAS. La lucha de Andresito y sus consejeros sacerdotes en una gesta que la historia oficial apenas cita, llevaron a cabo una lucha por la libertad y la independencia  que los condujo a las mazmorras brasileñas donde murieron.
El concepto de comunidad  LIBRE  e INDEPENDIENTE  acompañaron a FRANCISCO SOLANO LOPEZ   hasta Cerro Corá, donde sus restos reposaron hasta no hace mucho tiempo junto al Capitán de 14 años que dirigió la última carga de caballería contra los tres ejércitos de la Alianza(ARGENTINA, BRASIL Y URUGUAY). SOLANO LOPEZ  fue  sepultado en la selva, en una tumba sin nombre y sin cruces junto al Capitán de 14 años (su hijo)  como queriendo los vencedores, con este acto, enterrar el espíritu de un pueblo por parte de los vencedores..

 Al no comprender las bases sobre las cuales se asientan los TREINTA PUEBLOS DE LAS MISIONES JESUITICAS no se llegría a entender el Paraguay de GASDPARA L DE FRANCIA, SOLANO LOPEZ y la gesta de CABALLERO, que continuó la resistencia desde la selva Paraguaya. La Guerra de la  Triple Alianza (1865-1870) fue un esfuerzo colosal de tres naciones con  apoyo Ingles,  para evitar   la constitución de una nación económica y políticamente independiente en el corazón de América del Sur. En esta guerra se perpetro uno de los mayores genocidios en América, genocidio ignorado o apenas citado en las obras de historia.  La población Paraguaya de l.300.000 habitantes se reduce a 200.000 la mayor parte niños, mujeres y  ancianos en   un país destruido.
Es menester revisar nuestra Historia Americana, rebuscar en nuestra memoria y no dejarnos influir por la nefasta división entre CIVILIZACION y BARBARIE que tanto mal nos ha hecho.    


Dr. VICENTE GUERRERO
EDITOR REVISTA MEDICA RAZETTI
CLINICA RAZETTI DE BARQUISIMETO
vgbernabey@gmail.com










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