sábado, 5 de mayo de 2012

José Antonio Páez y la cultura. Por Carlos Maldonado-Bourgoin


 “Páez, quien con Bolívar y Carlos III forman el triunvirato esencial de la creación de esta Patria, sin Páez no nos llamaríamos venezolanos, sino de cualquier modo; el rey Borbón fijó nuestros límites geográficos (1777), y Simoncito ya sabemos qué hizo”. LUIS BELTRÁN GUERRERO. Candideces / Undécima Serie.

El General en Jefe José Antonio Páez, Prócer de la Independencia de Sur América, fue paradigma de superación y debe ser motivo permanente de admiración y de respeto por los venezolanos. Estuvo en estado de crecimiento y superación positiva. Tenía inteligencia natural, autenticidad, visión crítica y autoestima.
Los laureles de la fama y del poder no lo embriagaron y en los malos momentos no tuvo autocompasión. Páez, según la literatura masónica, talló y pulió la piedra bruta de espíritu, alcanzando la dorada edad.
El joven que se hará héroe tenía la capacidad de adaptación a las más variadas y disímiles
circunstancias en las que tuviera que vivir y actuar. (Manuel Caballero: Páez al Natural, en La Libertad del Viento).
Su biógrafo magnífico Tomás Polanco Alcántara dice: “Poco hemos aprovechado a Páez como ejemplo de superación personal. Aquel rústico, ignorante y no educado, llegó por propios esfuerzos a dominar idiomas extranjeros, de asiduo lector y distinguirse como buen conocedor de la música asumió la tarea de escribir una obra importante que supone talento natural y que no deja de mostrar su cierta erudición y aquel sujeto, que en un tiempo fue ignorante del uso de los cubiertos en la mesa, supo portarse con dignidad en Cortes Imperiales y en salones distinguidos de Europa y Norte América. Todo sin perder su autenticidad”. (Prólogo de la Autobiografía de José Antonio Páez, 2da. Edición, PDVSA).
Entre 1850 y 1859 Páez viajó conociendo lugares y personajes en la isla de Saint Thomas y en los EE.UU. visita Filadelfia, Nueva York, Nueva Jersey, Baltimore y Washington; luego va al México de López de Santa Anna; y durante el viaje a Europa, en Francia fue recibido en el salón de los soberanos por el emperador Napoleón III y en Münich por el rey de Baviera.
En medio de aquella agitada vida política Páez se interesó en cultivarse y fomentar la cultura. Su amante Barbarita Nieves, lo estimula a apropiarse de la “polis”, la que asimila sin dejar de ser él mismo.
El General se pulió y se movió en un medio culto. “Un excelente amigo de Venezuela” calificó caudillo al artista, escritor y diplomático británico Sir Robert Ker Porter. Dejó escrita su vivencia venezolana como testigo de excepción, hombre viajado y culto además de gran sensibilidad.
Sir Robert pintó y regaló a Páez su primer retrato. Se conserva en la Fundación John Boulton. Es un dibujo a la acuarela pequeño que será litografiada por Damirón, en la versión que conocemos.
Otro diplomático recuerda a Páez, John G. A. Williamson, primer representante de los EE.UU., con afecto y admiración destaca su carácter genuino y personalidad. Mr. John era recibido donde estaba el Jefe del País: careando gallos, en una caballeriza o en el propio despacho.
Páez fue “amateur” de la música y la declamación. Las organizaciones musicales de la época eran efímeras y circunstanciales. Páez fue el primero en apoyar las  actividades culturales de la nueva Sociedad Filarmónica, auspiciada por los Amigos del País, de clara orientación liberal masónica.
Las veladas musicales eran habituales en distintas casas de Caracas, asiduo era el general Páez y en ellas tocaba el violoncello de Carlos Werner. El embajador de Inglaterra, R.T.C. Middleton, se enteró de la faceta musical del centauro y le trajo un fino instrumento del famoso fabricante Jacobo Stainer. El centauro dio un recital en el Metropolitan de Nueva York. Un cenáculo personal y político debió asistir, pero no deja de ser una curiosidad. Muchos responsables de la nueva música venezolana han tocado con orgullo en el citado instrumento de Páez.
Exaltado en la Argentina por el presidente Domingo Faustino Sarmiento, quedan de la estancia sureña de Páez algunos recuerdos. Cuenta Adolfo Carranza que el héroe cantaba, bailaba, narraba sus hazañas épicas, componía versos y música. Entre los tantos documentos está un “Cuaderno de Música de José Antonio Páez”. El arreglista y transcriptor Charles Lambra dio forma a las ideas musicales que Páez titula: La flor del retiro”, “El Pescador”, “Escucha ¡Bella María!” y “Sanctissina”, entre otros. Nuestra Orquesta Sinfónica Venezuela, Patrimonio Cultural de la Nación, montó las citadas obras bajo la batuta del Maestro Alfredo Rugeles y como solista el tenor venezolano Víctor López. Acaba de salir una producción discográfica con obras de José Ángel Montero, Federico Villena y José Antonio Páez. Como narrador del singular concierto estuvo el periodista Oscar Yanes.
El hombre convertido en leyenda era creyente de las Ánimas Benditas y sentía profunda devoción por la Virgen del Carmen, lo que la determinará como Patrona del Ejército Venezolano.
En 1867 el ya ilustre prócer de la Independencia de Hispanoamérica presenta su obra Autobiografía en el Registro de propiedad intelectual de Nueva York. Dos años más tarde la publica “Hellet y Breen”, Páez contaba 79 años de edad. Fue el hombre que amó a su país, la dedicatoria de su Autobiografía lo dice: “Con el cariño del más amante de sus hijos”.
Dos aspectos destaco de Páez: Uno, su inteligencia natural; dos, su sentida gratitud a una entidad Superior.
El destino que tomó la vida del niño que iba a la escuela de la maestra Gregoria Díaz en el pueblo de Guama, “los primeros rudimentos de una enseñanza demasiado circunscrita”. Cuenta con sinceridad el héroe “la fuerza de acontecimientos inesperados me sacó de la humilde esfera en que nací, para darme parte en la gloriosa lucha que en América emprendieron los principios de la civilización moderna, con las doctrinas transmitidas por los siglos de oscurantismo y de barbarie. Favorecido siempre de la suerte, y una serie de acontecimientos en que se advierte palpablemente la intervención de una potencia superior…” (Conclusión de la Autobiografía del General José Antonio Páez).
Los valores cívicos y políticos de Páez están en la que fue su última carta, escrita a su hijo Manuel Antonio Páez: “…me informan del progreso que hace el país como consecuencia de la paz, y estas noticias me tienen bastante complacido, y aún más deseoso de que se prolongue ese estado que indudablemente levantará a Venezuela del decaimiento de tantos años”. (¿La última carta de Páez? Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas, 1973).
Como colofón escribe el propio Páez en su Autobiografía lo que sigue: Después de haber repasado los hechos de mi vida, me queda la satisfacción de que puedan presentar como prueba de la verdad que encierran estas palabras: Nihil Mortalibus Arduum. nada es imposible al hombre

Caracas, 10 de marzo del 2012.
 

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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