domingo, 20 de mayo de 2012

ELOY TARAZONA .

Oldman Botello
El pueblo venezolano crea leyendas. Les da pábulo y el tiempo las va transformando y re-creando. Así ocurre con el coronel Eloy Tarazona, fiel edecán del general Juan Vicente Gómez, sobre el cual hay diversidad de leyendas: era colombiano, era indio, probaba los bocados del general antes de tomarlos, andaba con él como perro faldero, sabía acerca de un supuesto tesoro enterrado por el caudillo tachirense “en morocotas” y cuyos enterradores fueron ultimados para silenciarlos. Nada de esto es cierto.

   El coronel Eloy Tarazona Cáceres era venezolano, nacido en 1881 en la hacienda Bramón, jurisdiccion de Rubio, estado Táchira y desde hace más de sesenta años sede de un Instituto Pedagógico Rural. Sus padres fueron gente humilde, agricultores cafetaleros de la misma zona, don Joaquín Tarazona y doña Francisca Cáceres, seguramente alguno de ellos de origen colombiano. En la frontera no se sabe cuándo se es de aquí o de alla. Lo cierto es que Eloy, muy joven entró a trabajar al servicio del general Eustoquio Gómez en sus comercios y haciendas en San Antonio del Táchira. Así los sorprendió en mayo de 1899 la llamada Revolución Liberal Restauradora y Eloy anduvo en combates hasta alcanzar el grado de coronel. En 1902, durante el sitio de La Victoria por las tropas de la titulada Reviolución Libertadora, auspiciada por compañías transnacionales en apátrida comunión con el banquero carabobeño Manuel Antonio Matos y los caudillos regionales del país, Eloy Tarazona pasó al servicio del general Juan Vicente Gómez con quien anduvo desde entonces. Vistió uniforme porque era militar.

   Su tarea como edecán del caudillo era no solo acompañarlo discretamente situado a sus espaldas junto con el jefe de ellos, el general Julio Anselmo Santander, sino que le quitaba y ponía las altas botas, especialmente cuando ya la vejez hacía mella en el organismo del general Gómez. Nada de probar la comida, mucho menos dormir a la puerta para vigilar quién osara interrumnpir el sueño del hombre fuerte. Hace cuarenta años nos comentaba don Ramón Martínez Ruíz, yerno del general Gómez, que él se reía cuando veía publicadas tantas mentiras y sandeces. “Eloy lo que deseaba era que terminara su guardia como edecán para salir para su parcela en Turmero o al aserradero El Pájaro (calle Boyacá con Vargas en Maracay) donde tenía participación. Su residencia particular estaba situada en la calle Bolívar, casi frente a la actual Catedral, a menos de cincuenta metros de la casa de su Jefe. Allí lo hicieron prisionero el 16 de diciembre de 1935 en la madrugada por orden de López Contreras, porque estaba conspirando junto con don Eustoquio Gómez. (¿un supuesto indio lerdo, ignaro, iba a formar parte de conspiraciones?), le decomisaron armas y dinero en efectivo y condujeron preso al cuartel Páez, donde lo vio el coronel Tomás Pérez Tenreiro, que fue académico de la historia y amigo nuestro; lo escribió en su libro Relatos de mi andar viajero.

   El 6 de febrero de 1936, muerto ya el general Gómez, Tarazona contrajo matrimonio civil con la joven trujillana de 18 años (él de 54) Rosa Oldmedillo. Al ser detenido nuevamente Tarazona y expulsado del país a poco, la Olmedillo se unió con el jefe de la policía de Maracay, Pedro Estrada, más adelante terrible director de la tenebrosa Seguridad Nacional, cuerpo policial de la dictadura perezjimenista. Con ella, Estrada tuvo a Rosita, Pedro, Nelson y Guillermo Estrada Olmedillo, residentes en Caracas. Tarazona dejó hijos naturales, se estiman unos veinte en Maracay y Caracas: Josefa Inés Tarazona Santana, casada en Maracay en 1928 con el cucuteño Agustino Casadiego y doña Olga de Olivares, que vivió muchos años en Palmarito, al este de El Castaño, en Maracay.

  El coronel Eloy Tarazona, fiel al general Gómez hasta su muerte, murió preso en la cárcel de El Obispo, en Caracas, en 1952, casi enajenado pidiendo más espaguettis, como nos lo recordaba el fallecido cronista de Puerto Cabello, don Miguel Elías Dao, preso político y Tarazona por mentir al general Pérez Jiménez que también andaba detrás del supuesto tesoro. El tesoro de Gómez en Maracay fueron las 500 casas que dejó y de las cuales disfruta varias el municipio, el estado y la nación; así como los terrenos del hospital militar, Casa de la Moneda, facultades de Agronomía y Veterinaria, El Limón, Caña de Azúcar y un largo etcétera.
 

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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