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miércoles, 27 de mayo de 2015

La noche de Barranquilla


Francisco Suniaga*

Al profe Humberto Rivas Casado
La noche de Barranquilla; por Francisco Suniaga 640
Fotografía del Archivo Fotografía Urbana
Hace un par de años Vasco Szinetar, uno de nuestros grandes fotógrafos y artistas, y curador del Archivo Fotografía Urbana, me envió varias fotos. La idea era que realizáramos juntos un libro que combinara gráficas del pasado reciente, de 1945 en adelante, con pequeños ensayos literarios, leyendas casi. La idea no arrancó por las dificultades que ha atravesado la industria editorial y, también, porque aquello de que una foto son mil palabras es más cierto de que se puede imaginar; y la literatura lucía innecesaria en las pruebas pilotos que hicimos.
Limpiando la abarrotada memoria de mi computadora, me tropecé con el archivo de aquellas fotos y no pude resistir la tentación de volver a mirarlas. La que encabeza esta nota, a pesar de haberla visto antes, me llamó de nuevo la atención. Supuse que nadie que la hubiera mirado en los días en que fue tomada se habría atrevido siquiera a pensar que la dictadura de Marcos Pérez Jiménez iba alguna vez a tener fin. Por un lado, ningún dato de la realidad perceptible por el ciudadano común, tanto en lo doméstico como en el plano internacional, conducía a concluir que así pudiera ser. Por el otro, lo que la foto trasmite por sí misma: la imagen de un hombre poderoso, con séquito –los antiguos romanos los llamaban lictores–, seguro en su gestualidad, trajeado de gala, pulquérrimo en su apariencia.
Es de un autor desconocido y carece de información escrita alguna que aporte datos más precisos sobre la ocasión y su fecha. Debió haber sido tomada a la entrada del Círculo Militar –en una de sus esquinas se ve una pérgola que pareciera ser de ese lugar emblemático de la dictadura de Pérez Jiménez– y habría sido en una fecha cualquiera entre 1955 y 1956. Esta última especulación se funda en que ese fue el período durante el cual Wolfgang Larrazabal –a la izquierda del tirano, y quien sería el jefe del levantamiento que lo derrocó el 23 de enero de 1958– ocupó la presidencia del club social de las Fuerzas Armadas, escenario de los bailes que celebraban la grandeza del régimen que expresaba el “nuevo ideal nacional”, como era su lema.
Al observar de nuevo la fotografía, recordé la anécdota de un viejo militante de Acción Democrática, cuyo nombre voy a mantener en el anonimato a solicitud suya. Baste decir que integró las legiones de jóvenes que formaron parte de la resistencia armada a la dictadura y que se jugó la vida en más de un lance. Lo conocí hace pocos años, en 2009, en una de las presentaciones de mi libro “El pasajero de Truman”. Hablamos de muchas cosas, es un gran conversador, entre ellas, como es lógico suponer, de Diógenes Escalante, y de cómo su infortunio pesó sobre los eventos que condujeron al 18 de octubre de 1945. Me regaló en esa ocasión una frase que he repetido y cuya gracia me ha servido para salir bien librado en algunos escenarios apáticos que he debido enfrentar. “Mire poeta –me dijo con picardía–, el problema de Venezuela es que quien nació para ser presidente se volvió loco y quien nació para loco se volvió presidente”.
En una de nuestras conversaciones últimas, quizás notó en mí cierto desaliento por el autoritarismo del presente y sus exhibiciones de fuerza, me aseguró que debajo de la aparente solidez de un régimen dictatorial hay una gran debilidad. Que esa debilidad se manifiesta de manera dramática en el momento menos esperado. Que la tarea era oponerse a él bajo un esquema eficiente, que aglutine a los demócratas y permita resistir pacíficamente hasta que en algún momento, por el incidente menos pensado, el mamotreto se desmorone, como inexorablemente lo hará. Para darme un ejemplo me contó entonces una historia que –me dijo– solía contarle a la gente que perdía la fe.
El 31 de diciembre de 1957, apenas veintitrés días antes del final de la dictadura, se encontraba en Barranquilla con otros dirigentes de la juventud de Acción Democrática, enconchado en la trastienda de la bodega de un venezolano amigo. Tenía veinticinco años pero ya era un curtido militante de la resistencia, tan curtido que sentía que estaba desafiando a las estadísticas. Sus estudios para graduarse de maestro en la escuela Miguel Antonio Caro habían quedado truncos porque se había enrolado en la lucha contra el régimen desde el primer día (después del golpe a Gallegos) y caído preso. Barranquilla era en aquel momento la última estación de un exilio errante de varios años, que lo había llevado a recorrer buena parte del sur del continente.
Había recibido, junto con otros compañeros tan jóvenes como él, la orden del liderazgo adeco de volver a Venezuela desde Colombia y llegar a Maracaibo, a formar parte de la dirección política del partido, proscrito por la dictadura desde 1948 y devastada por la Seguridad Nacional. El plan era que entraran al país por la zona de la Guajira, confiados en que, con las festividades de fin de año, las autoridades del régimen bajarían la guardia y sería más fácil burlar su vigilancia. “Éramos unos muchachos, pero no éramos ingenuos. Ya sabíamos lo que íbamos a enfrentar porque todos teníamos experiencia en la guerra contra la dictadura, habíamos estado presos y conocíamos también las durezas del exilio político”, puntualizó.
Le expresé mi admiración por su valentía y la de sus compañeros de generación y respondió con una reflexión sobre el miedo en situaciones como la que les tocó vivir. “Conocíamos bien el riesgo al que nos exponíamos, a una muerte probable, bastaba con mirar las notas de prensa para saberlo. Pero en esas situaciones, y a esa edad, uno tiene más miedo de tener miedo, y de que los demás se enteren, que a cualquier otra cosa”.
“El miedo no era lo peor aquella noche en Barranquilla”, expresó después de una larga cavilación. “Lo peor era esa sensación de impotencia que nos calaba el ánimo, esa frustración que nos amargaba, pues sabíamos que marchábamos a una lucha que, en la intimidad, creíamos estéril; aunque éramos soldados de la resistencia, o tal vez por esa misma razón, no estábamos de acuerdo con la lucha armada, pero esa es otra discusión. Igual íbamos a cargar a pecho abierto y con muy pocos recursos, aparte de nuestras convicciones democráticas, contra un enemigo que parecía de granito, que contaba con unas fuerzas armadas monolíticas –le juraban lealtad a diario– y contra una policía política desalmada y asesina”.
Nada más cierto. Apenas mes y medio antes, el 15 de noviembre de 1957, el régimen militar de Pérez Jiménez había reforzado el mito de su invencibilidad ganando, con ochenta y cinco de cada cien votos, un plebiscito que prorrogaba el mandato de todas sus autoridades por cinco años más. De nada valió que la oposición democrática de entonces argumentara que esa convocatoria violaba la constitución que el mismo autócrata había escrito. “Esa era la verdad, marchábamos a la muerte, y aunque nadie en el grupo lo decía, todos lo sabíamos, morir era para nosotros la opción más probable y esa vaina es muy duro sentirla a los veinticinco años”, dijo.
La precariedad de su situación; enconchados en la trastienda de una bodega en Barranquilla (en aquella época también había patriotas cooperantes –aunque entonces se les llamaba esbirros– que de buena gana habrían informado de su presencia); la conciencia que tenían de la inutilidad de su sacrificio y de la probabilidad de la muerte; y el hecho de que era la Noche Vieja, con su carga de nostalgias familiares aguzadas por los ecos de las celebraciones de los barranquilleros, terminó por sumirlos en la más profunda tristeza. “Si en ese momento hubiéramos escuchado el poema ‘Las uvas del tiempo’, recitado por el propio Andrés Eloy, creo que nos hubiéramos cortado las venas”, exclamó intentando ser jocoso.
Al caer la noche, con la intención de animarlos y por esa solidaridad criolla inagotable, el venezolano dueño de la bodega se presentó en el escondite con unas botellas de aguardiente, hallacas y un pedazo generoso de pernil de cochino. Les trajo además un regalo que los dejó boquiabiertos por lo extravagante: una piñata que tenía la forma de la cabeza de Pérez Jiménez, gorra militar incluida. Más que un obsequio, aquello parecía una burla cruel porque esa piñata, propia de los cumpleaños de la infancia no tenía el menor espacio en la situación anímica que estaban viviendo.
“Comimos, nos estábamos muriendo de hambre, y comenzamos a tomarnos aquel aguardiente colombiano que, aunque barato, sirvió para aflojarnos el nudo que teníamos en el alma. Poco a poco nos fuimos animando, contamos chistes y nos reímos a carcajadas mientras esperábamos las doce para desearnos un feliz año 1958. Sin darnos cuenta, aunque ese quizás era el propósito oculto de todos, nos fuimos emborrachando con aquel lavagallos. Con la intoxicación, el efecto eufórico de los primeros tragos se fue apagando y abrió paso a un estado de ánimo cenagoso. Un mar de fondo borrascoso que no tardó en mostrarse con los primeros comentarios tristes sobre las familias lejanas, algunos ya tenían mujeres e hijos. En cuestión de minutos empezaron a derramarse las primeras lágrimas y el silencio se apoderó del lugar..
Los comentarios tristes se transformaron luego en un resentimiento quejoso contra la indiferencia y el conformismo de los venezolanos ante las durezas de la tiranía. Venezuela que, en el mejor de los casos, nos parecía indolente y ajena al sacrificio de jóvenes como nosotros, no era el lugar donde querríamos ir a morir, ni el país ni la gente lo merecía. De esa idea pasamos entonces a atormentarnos con otra aún más dolorosa: la realidad era que los morituri que estábamos allí no teníamos patria un carajo y era una estupidez entregar la vida por ese país de mierda, que ya nos había arrebatado la juventud.
Estábamos entonces muy borrachos, y en eso vino lo peor de la noche, la piñata. Alguien la recordó y propuso que la tumbáramos para recuperar la alegría. Vainas de muchachos que en otra circunstancia quizás habría pasado por una jocosidad, pero es obvio que solo buscábamos un escape a nuestra desesperación, queríamos sacudirnos aquella atmósfera de sentimientos tan oscuros en la que nos habíamos sumergido. Colgamos la piñata de una viga del techo y, sin taparnos los ojos, con un palo de escoba que nos había dejado el paisano, nos turnamos para golpear aquella imitación burda de la cabeza del dictador. La golpeamos con todas nuestras fuerzas y con la rabia acumulada de años, pero fue imposible borrar siquiera la sonrisa de payaso del muñeco. La maldita piñata estaba hecha con un cartón demasiado grueso y el palo terminó por fracturarse en varios pedazos.
Fotografía del Archivo Fotografía Urbana
Fotografía del Archivo Fotografía Urbana
Uno de los muchachos saltó y tomó la piñata por lo que habría sido el cuello y la echo al suelo. Allí le dimos patadas y nos arremolinamos en torno a ella para rasgarla con uñas y dientes. Los caramelos del interior se regaron por el corredor donde estábamos, pero nadie estaba pendiente de ellos, todos estábamos obsesionados con la destrucción de la piñata devenida en ícono de la dictadura. Una vez desecha, cuando los pedazos eran ya muy pequeños, comenzamos a reír, con ese dejo artificial que tiene la risa de quien se sabe derrotado.
En eso estábamos cuando en Barranquilla estallaron los primeros cañonazos, sonaron las cornetas de los carros y los pitidos anunciando la llegada del nuevo año. Estallido de alegría popular que nos devolvió a nuestra triste realidad, y, como si se tratara de un grupo coral que sigue a un director invisible, dejamos de reír para ponernos a llorar al unísono. Nos abrazamos en la misma posición que teníamos en el piso, en cuclillas o arrodillados frente a los pedazos de la piñata, y así, llorando a mares la tristeza y la borrachera, nos quedamos hasta que los sonidos del jolgorio en las calles aledañas se disiparon, cualquier palabra habría sobrado. Estábamos convencidos entonces que, con todo y sus pesares, aquella había sido nuestra última celebración de año nuevo. Poco después, aún en silencio, cada uno se arrastró hasta el lugar donde había acomodado unos cartones y sacos de pita vacíos para terminar de pasar la noche.
Nos despertó un ruido muy fuerte en ese silencio profundo de los amaneceres del primero de enero. Serían como las ocho de la mañana y el brillo del sol irradiaba tanta luz, tanta vida, que pensé que se trataba de una ironía de Dios. Pero entre el trópico y el aguardiente barato no hay, como dicen ahora, un buen maridaje. Todo lo contrario, el dolor de cabeza de la resaca que deja el alcohol se agudiza con la luminosidad y con los ruidos tempraneros de nuestras ciudades, sobre todo en la costa. “El ruido que nos despertó no fue de la calle, fue el de un avión, grande, que pasó buscando el aeropuerto”, dijo uno de los compañeros desde su rincón.
El asunto no nos pareció extraño porque desde la tarde anterior, cuando llegamos allí, varios aviones habían sobrevolado el patio. Nos pusimos en movimiento, para estar listos al momento en que se presentara el contacto que iba a llevarnos a la frontera y de nuevo sentimos los motores de un avión aproximándose. Nos paramos en el patio a verlo pasar y nos mirábamos sorprendidos porque el ruido daba a entender que el avión volaba muy bajo. De pronto, con el ruido atronador de los cuatro motores, el avión pasó; le tomaría menos de un segundo cruzar la franja de cielo que se abría a nuestro patio. Cuando lo vi, sentí que el corazón me daba un brinco. No por lo cercano del avión ni por el peligro que representaba, sino porque alcancé a ver las siglas que lo identificaban escritas en letra azul. No completas, pasó muy rápido, solo las dos primeras letras sobre el fuselaje de aluminio, YV. “Coño, ese avión es venezolano”, grité a los otros.
“Discutíamos ya sobre la veracidad de lo que había dicho, los demás no se fijaron en detalle alguno, cuando llegó a nosotros el sonido de las sirenas de unos carros. Los bomberos o la policía, comentamos, el avión debe estar en una emergencia. Había también un fragor sordo de ruidos en la ciudad, gritos de la gente, bocinas de los carros, carreras. ‘Aquí pasó una vaina’, dijo alguno. Aquella era una conclusión que compartíamos y nos llenaba de incertidumbre, mas no había manera de enterarnos, y asomarse a la calle a preguntar no era para nosotros una opción. Decidimos terminar de alistarnos y estar preparados para lo que fuese.
En unos minutos, nuestro amigo abrió la puerta de la bodega y entró corriendo por el zaguán que llevaba al patio trasero con un radio en la mano. ‘Muchachos, se jodió la dictadura –gritó exaltado–, la Fuerza Aérea bombardeó Miraflores en la madrugada. El avión que vieron pasar es la Vaca Sagrada, el avión de Pérez Jiménez. El dictador huyó de Caracas y llegó aquí a Barranquilla’. Ni siquiera reaccionamos. Aquella vaina simplemente no la podíamos creer. Los reflejos desarrollados a lo largo de la clandestinidad pudieron más que la emoción de la buena nueva, nos miramos unos a otros y, con la sangre más ligera en las venas por la excitación de la noticia, le pedimos que enchufara el radio para escuchar las noticias.
En un par de horas, Radio Caracol se encargó de aclarar las cosas. En efecto, Miraflores había sido atacado por la Fuerza Aérea, aunque las bombas no habían dado en el blanco. El levantamiento había incluido unidades de blindados de Caracas y Maracay, pero el levantamiento había sido derrotado. El avión que vimos pasar era en efecto la Vaca Sagrada, pero no era Pérez Jiménez quien iba a bordo, sino los militares rebeldes, que lo habían usado para huir del país y evitar las tremendas represalias del régimen. El gobierno de Colombia les había concedido asilo político. Sin embargo, periodistas, políticos y expertos coincidían en una cosa: el mito del apoyo monolítico de las Fuerzas Armadas a Pérez Jiménez se había desmoronado.
Esa misma tarde, llegó un compañero con un mensaje de la dirección clandestina del partido en Maracaibo un mensaje escueto, que resumía todo: “Panorama cambió por completo. La victoria está muy cerca. Esperen en Barranquilla nuevas instrucciones”. La dictadura se desmoronaba ‘como si fuera un montón de piedras’, y el fragor de su caída llegaba nítido hasta nosotros. De la noche a la mañana todo había cambiado, atrás había quedado la noche, la noche triste de Barranquilla, la noche de la tiranía. Cuando entramos a Venezuela no fue a morir sino a celebrar la democracia y reunirnos con nuestros familiares”.

Tomado del Blog de Francisco Suniaga

http://prodavinci.com/blogs/la-noche-de-barranquilla-por-francisco-suniaga/


domingo, 20 de mayo de 2012

ELOY TARAZONA .

Oldman Botello
El pueblo venezolano crea leyendas. Les da pábulo y el tiempo las va transformando y re-creando. Así ocurre con el coronel Eloy Tarazona, fiel edecán del general Juan Vicente Gómez, sobre el cual hay diversidad de leyendas: era colombiano, era indio, probaba los bocados del general antes de tomarlos, andaba con él como perro faldero, sabía acerca de un supuesto tesoro enterrado por el caudillo tachirense “en morocotas” y cuyos enterradores fueron ultimados para silenciarlos. Nada de esto es cierto.

   El coronel Eloy Tarazona Cáceres era venezolano, nacido en 1881 en la hacienda Bramón, jurisdiccion de Rubio, estado Táchira y desde hace más de sesenta años sede de un Instituto Pedagógico Rural. Sus padres fueron gente humilde, agricultores cafetaleros de la misma zona, don Joaquín Tarazona y doña Francisca Cáceres, seguramente alguno de ellos de origen colombiano. En la frontera no se sabe cuándo se es de aquí o de alla. Lo cierto es que Eloy, muy joven entró a trabajar al servicio del general Eustoquio Gómez en sus comercios y haciendas en San Antonio del Táchira. Así los sorprendió en mayo de 1899 la llamada Revolución Liberal Restauradora y Eloy anduvo en combates hasta alcanzar el grado de coronel. En 1902, durante el sitio de La Victoria por las tropas de la titulada Reviolución Libertadora, auspiciada por compañías transnacionales en apátrida comunión con el banquero carabobeño Manuel Antonio Matos y los caudillos regionales del país, Eloy Tarazona pasó al servicio del general Juan Vicente Gómez con quien anduvo desde entonces. Vistió uniforme porque era militar.

   Su tarea como edecán del caudillo era no solo acompañarlo discretamente situado a sus espaldas junto con el jefe de ellos, el general Julio Anselmo Santander, sino que le quitaba y ponía las altas botas, especialmente cuando ya la vejez hacía mella en el organismo del general Gómez. Nada de probar la comida, mucho menos dormir a la puerta para vigilar quién osara interrumnpir el sueño del hombre fuerte. Hace cuarenta años nos comentaba don Ramón Martínez Ruíz, yerno del general Gómez, que él se reía cuando veía publicadas tantas mentiras y sandeces. “Eloy lo que deseaba era que terminara su guardia como edecán para salir para su parcela en Turmero o al aserradero El Pájaro (calle Boyacá con Vargas en Maracay) donde tenía participación. Su residencia particular estaba situada en la calle Bolívar, casi frente a la actual Catedral, a menos de cincuenta metros de la casa de su Jefe. Allí lo hicieron prisionero el 16 de diciembre de 1935 en la madrugada por orden de López Contreras, porque estaba conspirando junto con don Eustoquio Gómez. (¿un supuesto indio lerdo, ignaro, iba a formar parte de conspiraciones?), le decomisaron armas y dinero en efectivo y condujeron preso al cuartel Páez, donde lo vio el coronel Tomás Pérez Tenreiro, que fue académico de la historia y amigo nuestro; lo escribió en su libro Relatos de mi andar viajero.

   El 6 de febrero de 1936, muerto ya el general Gómez, Tarazona contrajo matrimonio civil con la joven trujillana de 18 años (él de 54) Rosa Oldmedillo. Al ser detenido nuevamente Tarazona y expulsado del país a poco, la Olmedillo se unió con el jefe de la policía de Maracay, Pedro Estrada, más adelante terrible director de la tenebrosa Seguridad Nacional, cuerpo policial de la dictadura perezjimenista. Con ella, Estrada tuvo a Rosita, Pedro, Nelson y Guillermo Estrada Olmedillo, residentes en Caracas. Tarazona dejó hijos naturales, se estiman unos veinte en Maracay y Caracas: Josefa Inés Tarazona Santana, casada en Maracay en 1928 con el cucuteño Agustino Casadiego y doña Olga de Olivares, que vivió muchos años en Palmarito, al este de El Castaño, en Maracay.

  El coronel Eloy Tarazona, fiel al general Gómez hasta su muerte, murió preso en la cárcel de El Obispo, en Caracas, en 1952, casi enajenado pidiendo más espaguettis, como nos lo recordaba el fallecido cronista de Puerto Cabello, don Miguel Elías Dao, preso político y Tarazona por mentir al general Pérez Jiménez que también andaba detrás del supuesto tesoro. El tesoro de Gómez en Maracay fueron las 500 casas que dejó y de las cuales disfruta varias el municipio, el estado y la nación; así como los terrenos del hospital militar, Casa de la Moneda, facultades de Agronomía y Veterinaria, El Limón, Caña de Azúcar y un largo etcétera.
 

domingo, 27 de diciembre de 2009

Los amores e hijos secretos del Libertador Simón Bolívar

La vida íntima, intensa, pasional y casi secreta del Libertador Simón Bolívar

Profesor E, Nuñez Soteldo


Hurgando un poco en nuestra Historia Patria, encontré un texto maravilloso del Dr. Ramón Urdaneta, Abogado, nacido el 30 de junio de 1932 en la ciudad de Trujillo, Venezuela, hijo de Don Héctor Urdaneta Braschi y Doña Beatriz Bocanegra, alternaba su profesión de Derecho, con un amplio BackGround en la Literatura y la investigación de hechos relacionados con la historia y la tradición.
El año de 1983, publica en la ciudad de Caracas, su libro de Historia y Tradición, en la cual relata los amores de Simón Bolívar y sus hijos secretos.
El relato acerca de Simón Bolívar y sus hijos secretos, es una apología del sentir del hombre venezolano y Simón Bolívar no podía ser menos, era en principio, un hombre de carne y hueso, inteligente, brillante, emotivo, impulsivo, amoroso y con una carga emocional superlativa: por una parte, la gloria de ser el guerrero por excelencia, vencedor de mil batallas y como todo héroe, tenía una multitud de admiradoras dispuestas a ceder al menor deseo de las fantasías del superhombre; por otra parte, la adoración que sintió por su esposa, Doña María Teresa Josefa Antonia Joaquina Rodríguez del Toro y Alayza -tal era el nombre real de su esposa-, la cual lamentablemente fallece exactamente a los 7 meses 26 días de su matrimonio, a raíz de una enfermedad que contrajo durante su visita al Ingenio de San Mateo, Estado Aragua, en la Casa donde se presume que verdaderamente nació Simón Bolívar, en cuyos patios y bajo la mirada tierna de la negra Hipólita dio comienzo la vida de la persona que mas tarde sería el Libertador de cinco naciones.
Al fallecer su esposa, con el dolor punzante de la pérdida irreparable, el jovencísimo Simón, jura ante el cuerpo inerte de María Teresa, no volver a casarse nunca, lo que le convierte en el viudo por excelencia mas codiciado por el género femenino de la época. En este punto, atormentado por el dolor, da su primer viaje a Europa, allí conoce a Fanny du Villars, prima lejana por parte de los Aristiguieta y se inicia una serie de romances y amoríos, compartido con las ideas libertarias que nunca le abandonaron, las cuales le llevaron a jurar en el Monte Sacro, la libertad de los pueblos.
Hoy vamos a referirnos a sus romances y a los supuestos hijos secretos que existieron y que por desconocimiento del tema en si, no podemos afirmar ni negar, claro está que como hombre joven, viudo, famoso, guerrero, viajero, conocedor de otras latitudes, no le quedaba otra que convertirse en promiscuo, (creatividad ignorante de los hombres) y todo en voz baja para no perjudicar el abolengo y el linaje de los Bolívar con la vida trashumante de Simón, sin embargo, hay cosas que por más ocultas que sean siempre la verdad sale a flote y en este caso, según lo expresa el Doctor Ramón Urdaneta - autor de Historias y Tradiciones -, que en fecha 18 de mayo de 1828, Simón, conversando con su edecán, amigo, confidente y mano derecha, Jean Louis Michel Perou de LaCroix, quien estuvo a su lado en Bucaramanga durante la Convención de Ocaña, a petición de Simón escribe el Diario de Bucaramanga y le confiesa que ante los ataques populares de que es estéril, dice: “que no se crea nadie que soy estéril o infecundo pues tengo pruebas fehacientes de lo contrario”.
Habida cuenta de lo antes dicho, procedo a extraer el nombre de algunas de las mujeres que dieron su vida por Simón - de las muchas que le amaron, según la historia - y las cuales de una manera u otra fueron conocidas, como lo afirman muchos historiadores de la época. Se dice que Simón procreó 23 hijos en 46 de sus mujeres pero nunca reconoció a ninguno por tratarse de que él, era una gran figura y no podía ir dejando hijos por ahí fruto de sus viajes y también por “dar el ejemplo”, esto según la historia referida por el genealógico Julio César García Vásquez.

Entre las mujeres que encabezaron este desfile de amores y pasiones desenfrenadas, destacamos a las primas lejanas de Simón, las hermanas Aristiguieta, las cuales intimaron con el joven en plena adolescencia; en adelante Juana Pastrano Salcedo, natural de Capacho, pasados los años, el la recordó y cuando la fue a buscar, la madre de ella la escondió en Piedra Gorda; en Salamina conoce a Anita Lenoit, una bella joven de 17 años que aunque la relación fue breve, ella le siguió siendo fiel durante 18 años ; Josefina Machado, fue la muchacha que al hacer Bolívar su entrada triunfal a Caracas, le regaló un ramo de flores, lo acompañó junto con su madre y hermana durante 6 años hasta que ella enfermó de tuberculosis y murió en Achaguas; Isabel Soublette, hermana del general Carlos Soublette; en Kinsgton, Jamaica conoce a Julia Corbier, allí él se entera de que lo van a matar y se cambia de hamaca, en su lugar muere Félix Amestoy; le siguen Teresa Laines, María Costas, Ana Rosa Mantilla, Ana e Isabel Segovia, Lucía León, Manuelita White, Joaquina Guaraicoa, Teresa Mancebo, Aurora Prado, Nicolasa y Bernardina Ibáñez, conocida con el mote de La Melindrosa, Marina, Benedicta Nadal, Asunción Jiménez, María Ignacia Rodríguez (la guera), Bárbara y María de Dios Lemus, Salustiana y María de Jesús Patiño, Inés Berbesí, María Josefina Cuero, Juana Eduarda de la Cruz, una niña muy linda de apellido Ortega, Jerónima Salinas, Pancha de Mosquera, Paula Vallejo Guerrero, una niña de apellido Jarrin, Antonia Fernández, una dama de apellido Ayacaba, María Magdalena Arrieta y Chatar, Trinidad Zambrano, Tomasa del Suero y Larrea, Jeanette Hart y el que se supone el gran amor de su vida Manuelita Sanz pero en el camino se atraviesa Manuelita Madroño, con quien sostuvo un gran romance. A la hora de su muerte, escribe una hermosa y última carta al primero de sus grandes amores: su prima Fanny…

Ahora bien: Algunos de los hijos secretos de nuestro Libertador Simón: José Antonio de la Trinidad Costas, hijo de María Costas (la Libertadora) ; Miguel Simón Camacho, hijo de Ana Rosa Mantilla y quien al ser educado por su tía María Antonia, lo asienta en la casa de su hija Valentina, casada a su vez con don Gabriel Camacho; Flora Tristán, hija de la francesa teresa Lesnais, Flora llegó a convertirse en una líder feminista a nivel mundial y fue abuela de un gran pintor francés: Gauguin; José Secundino Jácome, hijo de Lucía León, convertido en sacerdote, los franceses Simoncito, (como Bolívar) Froissart (Briffard), Eugenio Augusto Trobriand, de Socorro Bolívar; el hijo de Juana Eduarda de la Cruz, de la hija nacida en Túquerres, la hija procreada con Inés Berbesí,, la hija en María Josefina Cuero, el hijo de apellido Vernaza o de Angel Bolaños, una niña quiteña que se convirtió en noble matrona, sensible y buena de alma elevada pero no se dice el nombre; Aquilino Caicedo Arboleda, Ricardo Segovia, hijo de Ana Segovia, Engracia Salinas, hija de Jerónima Salinas, Rudecindo Caicedo y Mosquera, hijo de doña Pancha de Mosquera, un varón, hijo de Paula Vallejo Guerrero, un varón hijo de una niña de apellido Jarrín, un varón con retardo mental hijo de Joaquina Garaicoa, Manuel Ortega, hijo de la niña Ortega, Juan Antonio Fernández, hijo de la libertadora, un varón hijo de la otra Antonia Fernández, un varón hijo de la dama Ayacaba cuyos apellidos son Rodas Ayacaba, Maria, hija de la esposa de un militar quiteño, un varón hijo de Maria Magdalena Arrieta y Chatar, al año siguiente otro hijo de nombre José Manuel Perú Arrieta, una niña llamada Simona, ahijada de Alonso Vargas y Carmen Bravo, una niña de nombre Dolores Casimira, hija de Trinidad Zambrano y Natalia Bolívar.

Hasta aquí, la historia de los amores e hijos secretos del Libertador, según documentación del Dr. Ramón Urdaneta, Fernando Jurado Noboa y José Rosario Araujo.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Un Bolívar "humano"

Moisés G. Hernández

Hoy se cumplen 179 años del fallecimiento de Simón Bolívar
Comisión para investigar muerte del Libertador desapareció de la agenda del Gobierno
Hace dos años, el presidente Hugo Chávez anunció lo que para muchos venezolanos rayó en lo insólito: la conformación de una comisión especial para investigar la muerte de Simón Bolívar. Según el mandatario, el Libertador no había fallecido por tuberculosis, sino envenenado. Sin embargo, desde principios de 2008, cuando se oficializó la idea presidencial, el tema al parecer salió de la agenda de Miraflores.

La comisión presidencial fue creada "con carácter temporal" según el Decreto Nº 5.834, publicado en Gaceta Oficial Nº 38.860, del 29 de enero de 2008. Tendría por objeto la "planificación y activación del proceso de investigación científica e histórica sobre los acontecimientos relacionados con el fallecimiento del Libertador Simón Bolívar y el traslado a la nación de sus restos mortales".

Dicha comisión fue integrada por el Vicepresidente Ejecutivo, como su presidente; los titulares de los ministerios para Relaciones Interiores y Justicia, Relaciones Exteriores, Finanzas, Defensa, Educación Superior, Educación, Salud, Ciencia y Tecnología, y Cultura; la Fiscal General de la República y el presidente del Instituto del Patrimonio Cultural.

En un reportaje publicado por el diario El Nacional en julio de 2008, la periodista Milagros Socorro afirmó que las sospechas del presidente Chávez se basaron en la tesis del libro El parricidio de Santa Marta, escrito por Luis Salazar Martínez. El asesino habría sido Fernando Bolívar, sobrino del Libertador, y Mariano Montilla su cómplice.

Las causas de la muerte del Libertador fueron muy bien documentadas por el francés Alejandro Próspero Reverend, el médico de cabecera de Bolívar en sus últimos días.

De acuerdo con el decreto presidencial, la averiguación en torno al deceso del Libertador en Santa Marta, Colombia, el 17 de diciembre de 1830, era "de gran valor histórico y cultural para la nación", sobre todo cuando se produjo en medio de las intrigas tejidas alrededor de Bolívar, quien encontró oposición en su empeño de consolidar la Gran Colombia.
El historiador Eumenes Fuguet, miembro de la Academia de la Historia del Estado Carabobo, recordó que la mayoría de los investigadores han reconfirmado que Bolívar murió de tuberculosis.

Pero, más allá de las causas de su muerte, Fuguet expresó que el Libertador debe recordarse como "un paisano, como humano, un amigo que nos convoca al estudio, al trabajo, al desarrollo del país, a trabajar sin mezquindades y, más que todo, a la unidad".

Fuguet también resaltó la grandeza de Bolívar, quien poco antes de morir perdonó a quienes lo llevaron al sepulcro y, refutando las propias palabras del héroe venezolano, el historiador sentenció que "no aró en el mar, más bien abrió surcos de historia, de justicia y de moral".

Diario El Carabobeño

jueves, 17 de septiembre de 2009

CRISIS DE LA CATOLICIDAD EN LOS INICIOS DE LA REPUBLICA.

Recopilador histórico: Julián Viso

La ruptura del vínculo colonial supuso un replanteamiento de la organización de la naciente republica. En este escenario , el modelo de gobierno católico y monárquico entra en conflicto con las ideas de la modernidad, sustentadas en la autonomía de la conciencia moral individual, en el consentimiento del pacto social y en la libertad como modo de relación social y en la libertad como modo de relación social y política. La crisis del orden colonial genero, inevitablemente, una crisis de la catolicidad.

El 19 de abril de 1810 ha sido asumido por la historiografía venezolana como la referencia temporal que señala la clausura del ciclo histórico colonial en Venezuela y la apertura a un nuevo conjunto de posibilidades de organización social y política para la sociedad de aquellos tiempos. Una de las posibilidades que se presento en ese contexto fue el replanteamiento de su catolicidad, que no es lo mismo que catolicismo. Este es la religión católica manifestada en sus símbolos, en su teología, sus exigencias morales y su institucionalidad eclesiástica, mientras que catolicidad es un concepto más amplio, que expresa la constitución de una cultura cimentada sobre una determinada concepción de catolicismo. Catolicidad es un modelo global de relaciones sociales y políticas, que estructura el orden social hasta llegar a la cotidianidad de sus costumbres, su simbología, su moral y sus vínculos de legitimación a la autoridad.

NACIMIENTO Y DESARROLLO DE LA CATOLICIDAD.

La Iglesia de establece en America Latina desde sus orígenes bajo la figura del Patronato regio español y como proyección de la cristiandad hispana, provista de una intencionalidad conquistadora-colonizadora, en la que los limites del Estado y los de la Iglesia, los de la cultura hispana y los de la fe cristiana se cruzan y complementan.

Por el Patronato de Indias, la Corona española, que había recibido del papado la posesión de las tierras descubiertas (1493), asumía como responsabilidad directa la evangelización de los pueblos aborígenes y se comprometía a la concesión de “mercedes” a las iglesias locales establecidas, contando a cambio con la subordinación y nomina de los obispos y clero, y con el empleo de los misioneros como ejecutores de la obligación evangelizadora contraída (1501-1508).La Concordia de Burgos (1512) estableció los términos de la obligación de conciencia contraída por los reyes , así como los patrones de distribución de los diezmos, de la dotación de recursos a la Iglesia por parte de la Corona y del control de los bienes eclesiásticos.

La Cedula Magna de Felipe II (1574) organiza las concesiones papales dando inicio al centralismo regio frente a la Iglesia, cuya expresión legitimadora fue la teoría del Vicariato Regio, que un siglo después perneara el instrumental jurídico de las leyes de Indias (1681) y el Concordato de 1753 .

EL CONFLICTO.

El proceso histórico que se abre con el 19 de abril de 1810 introduce a aquella comarca de la Capitanía General de Venezuela en un intenso conflicto, caracterizado por la transición del viejo orden social católico y monárquico a uno nuevo, transido por las ideas de la modernidad contemporánea, en disposición para configurarse como una republica libre e independiente del lazo colonial, bajo la egida de los criollos emancipados. La crisis se manifestara de diversas formas: primero, a través de una guerra que se prolonga por más de diez años, manteniéndose hasta 1816 con un carácter eminentemente civil. Al mismo tiempo, se produce el enfrentamiento entre creencias y sentimientos compartidos frente a las novedades del momento. A todo ello hay que sumar las contradicciones entre dos modos de pensar la organización política de la sociedad: un sistema monárquico y piramidal, apoyado en la obediencia político religiosa, frente a un sistema que pudiéramos denominar de republicanismo cívico, sustentado en la autonomía de la conciencia moral individual, en el consentimiento del pacto social y en la libertad como modo de relación social y política.
En medio de esos múltiples conflictos se ubica la crisis específica de la catolicidad.

El primer nivel de esa crisis se manifestara en la división política del clero. Durante los años de la guerra de independencia (1810-1821), la Iglesia jerárquica no tomo partido unitariamente por ninguno de los bandos en contienda, dejando insatisfechas las expectativas de realistas y republicanos. Esta indefinición y la gran descentralización de la institución eclesiástica propiciaron la división del clero en razón de las opciones personales.
La guerra, por su parte, se encargo de diluir el cuerpo de la institución eclesiástica que se consolido en Venezuela desde finales del siglo VIII, y su primer efecto fue una inmediata disminución del clero tanto regular como secular.

Pero el conflicto más de fondo es entre la teología de la obediencia que entraña el régimen de catolicidad monárquica y la filosofía de la libertad que caracteriza las mas variadas ideas de republica que circularon durante los veinte años de nuestra contienda bélica Independentista y de nuestros procesos constituyentes republicanos.

Revista El Desafío de la Historia. Autor: José Virtuoso, S.J.

Año 2.Numero1. 2009

domingo, 19 de abril de 2009

19 de Abril de 1810... ni un solo tiro

Diario El Carabobeño

Historia y Tradición

Eumenes Fuguet Borregales (*)


Esta importante fecha patria, nos señala el gran paso de la ruptura del orden colonial y la autonomía en hispanoamérica, es el verdadero inicio de la talla de la piedra de la Independencia como una verdadera obra de arte que se venía labrando a través de los años con los movimientos emancipadores; el 19 de abril no se declaró la Independencia, ésta se efectuó a las tres de la tarde del glorioso cinco de julio de 1811, fue la semilla y el fruto.

El 19 de abril de 1810, fue un movimiento revolucionario originado por el espíritu separatista de los criollos, aprovechando que en el año 1808, Napoleón Bonaparte había invadido España y colocó en el poder a su hermano José, con el título de José I, conocido por la historia como "Pepe botella", el rey español Carlos IV, abdicó el 19 de marzo a favor de su hijo Fernando VII, quien salió desterrado hacia Francia; sus seguidores en España formaron Juntas de apoyo denominadas Supremas.

En Caracas los jóvenes se reunían en sociedades secretas, hermanados en los postulados franceses de: Libertad, Igualdad y Fraternidad, y en las ideas de nuestro siempre Precursor Francisco de Miranda, quien mantenía desde 1808 comunicación epistolar con Juan Vicente Bolívar, hermano de nuestro futuro Libertador.

Entre los jóvenes que realizaban estas reuniones podemos mencionar a los Bolívar, los Salías, los Ribas, los Ayala, los Montilla, los Ibarra, los Palacios, los Ustáriz y los Tovar entre otros. Las noticias que llegaban de la península a comienzos del año 1810, eran cada vez más alarmantes, lo que motivó a José de las Llamosas, vicepresidente del Ayuntamiento caraqueño a convocar una reunión con carácter de urgencia para el 19 de abril a las 7 de la mañana.

El Capitán General de Venezuela era Vicente de Emparán y Orbe, quien al percatarse en el Cabildo de la crítica situación planteada, prefirió diferir la reunión y trasladarse a la Catedral para asistir a los oficios religiosos de ese jueves Santo; antes de ingresar fue conminado por el caraqueño Francisco Salías, (hijo de la valenciana María Margarita Sanoja de Salías), para que regresara al Cabildo, donde se le exigió la renuncia, y desde el gran balcón al consultar con el pueblo que se encontraba en la Plaza Mayor, hoy Plaza Bolívar, si querían que los siguiese gobernando, un NO señalado por el sacerdote chileno José de Madariaga, verdadero protagonista de ese memorable día, y seguido desde abajo por el doctor Rafael Villarreal, motivó a que todos los presentes repitieran a coro "No lo queremos"; a Emparán no le quedó otra alternativa que renunciar y salir de Venezuela; en Caracas se formó la Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII, seguida por Barcelona, Barinas, Cumaná, Margarita, Trujillo y Mérida.

La Junta Suprema creó cuatro despachos: Marina y Guerra, Relaciones Exteriores, Gracia y Justicia y Hacienda, convocó a elecciones para el Congreso Constituyente de 1811, prohibió el tráfico de esclavos y ordenó la protección a los indios, creó la Academia Militar, designó comisiones al exterior para solicitar apoyo y fundó la Sociedad Patriótica de Agricultura y Economía.

El 19 en la tarde se conoció la buena nueva en El Hatillo y el 20 de julio en Bogotá.

Valencia, no estuvo ajena a lo acontecido, los hermanos Francisco (el marqués), y Fernando Rodríguez del Toro, coordinaron las acciones de apoyo del movimiento iniciado en Caracas, grito que como un eco llegó a los dos días; contó con la aprobación del comandante de milicias Francisco Ramón Páez y personas prominentes de la región valenciana, en la tarde del 21 de abril se supo la noticia en Puerto Cabello, quienes se sumaron al ejemplo que Caracas dio.

Lo ocurrido el 19 de abril, no fue un hecho fortuito, tenía raíces profundas con sentido de patria en sus ideales. Fue el primer gobierno de los criollos. Bolívar diría el 19 de abril de 1820 en San Cristóbal: "El 19 de abril de 1810 nació Colombia".

(*) General de brigada (Ej.)

jueves, 12 de febrero de 2009

La adoración perpetua



Luis Ugalde

Jueves, 12 de febrero de 2009“

En realidad lo que quiere es que la República se identifique con él de tal forma que nadie pueda diferenciarlos. El pasado no existe. El presente y el porvenir están en él”.( Ramón Díaz Sánchez, de Guzmán Blanco)
Guzmán Blanco era inteligente, pero el poder les hace perder el sentido del ridículo y sentirse salvadores, únicos e imprescindibles. Lo mismo ayer que hoy. Ridículo lo que desde París escribía el “Ilustre Americano” a un “general” venezolano: “Como General en Jefe no tengo rival en América, ni aquí mismo en Europa. Estos Mariscales no me dan por la cintura en calidad de Jefe de un ejército”. El entorno servil, sin pudor le celebraba sus humos alucinantes a Guzmán y el pueblo, siempre ingenioso y burlón, llamaba “Adoración Perpetua” a esa corte de adulantes agachados cantando en coro sin fin el “amén, amén, amén”, que los creyentes reservaban para el Santísimo.
Chávez se presentó como novedoso salvador de nuestras lacras del pasado, y ahora muchos seguidores están perplejos al verlo retratado con caudillos, Páez, Monagas, Guzmán, Castro, Gómez, entre otros, que se creyeron insustituibles salvadores de la patria y terminaron mal.
El deseo de perpetuarse no es nada original; los caudillos y dictadores, con sus acólitos, sienten que el poder bien vale una guerra de perpetuación. Cuentan que nuestros caudillos reunidos en su delirio retaron al paludismo sobre quién era capaz de producir más muertes y miserias en Venezuela. Todavía discuten los historiadores quién fue el ganador de esa apuesta.
Cuando los gobernantes se enamoran del poder y sus áulicos adoran sus loqueras, pierden toda sensatez. José Tadeo Monagas a los 84 años salió a ensillar su caballo y limpiar su lanza porque la Patria requería su perpetuación en la presidencia. Poco antes lo había hecho Páez, contra su propia grandeza y méritos anteriores. También Somoza, Franco, Kim Il Sung, Ceaucescu, Stalin, Hitler, Mao, Pinochet, Castro, Trujillo, Duvalier, Mugabe, Stroersner… sintieron que debían perpetuarse para salvar a su país. Algunos de ellos, en su segunda parte, destrozaron lo bueno que pudieron haber hecho en la primera. No importa su ideología, la obsesión de su poder perpetuo se convierte en absoluto y tiraniza.
La necesidad compulsiva y la adicción al mando no es una enfermedad tropical, sino que se da en cualquier latitud en las alturas del poder. En todas las culturas y tiempos los reyes absolutos, faraones, incas y emperadores se consideraban únicos, “hijos de Dios” y reyes “por la gracia de Dios”.
La revolución democrática moderna consistió en quitarles la soberanía para transferirla al conjunto de la sociedad, que elije gobernantes temporales a su servicio, y pone contrapesados y controles constitucionales al poder individual.
Con la reelección indefinida se consagra el derecho a abusar del poder, a jugar fútbol siempre en campo propio, con su público incondicional, con árbitro sumiso, dándole al balón con pies y manos, mientras que los rivales sólo lo pueden hacer con el pie. No se trata de un peligro, sino de la regla universal del abuso del poder político con todo el peso del Estado. ¿No hemos visto cómo nuestro Presidente en campaña abusa de todos los poderes, dineros y medios, recurriendo al chantaje y a la amenaza para ganar? Si la reelección es perpetua el abuso será sin fin.
Jesús de Nazareth conocía el corazón humano y la tendencia de los gobernantes a atribuirse el lugar de Dios: “Saben que entre los paganos los que son tenidos por gobernantes dominan las naciones como si fueran sus dueños y los poderosos imponen su autoridad” (Marcos 10,42) “Entre ustedes no sea así”- nos dice-, sino sean servidores unos de otros.
La historia demuestra (como muy bien nos recuerda Bolívar en Angostura) que los gobernantes que se perpetúan en el poder se vuelven tiranos y que sus “adoradores perpetuos” no tienen la libertad ni la entereza moral para librarlos de su ego y de su borrachera de poder.
Todo Presidente necesita de instituciones, de poderes públicos y de colaboradores libres y honestos que le pongan límites razonables. A falta de ello, la resistencia ciudadana del país, apoyada en la Constitución, con su “No” le ayudará a gobernar mejor en los cuatro años que le quedan y le librará de pasar a la historia como sepulturero de la democracia.
fernandamujica@gmail.com
Todo sobre el columnista: Luis Ugalde de Venezuela Analitica

jueves, 5 de febrero de 2009

El peligro de no saber leer la historia



Germán Carrera DamasMiércoles, Escuela de Historia

Facultad de Humanidades y Educación Uiversidad Central de Venezuela
Leer Historia no sólo es un ejercicio provechoso para quienes lo practican; es también recomendable para quienes no lo hacen. Abundan las recomendaciones a favor de uno y otro caso. No sé si son comparablemente abundantes en sentido adverso, a uno o a ambos casos. Pero leer la historia no es una operación del conocimiento que deje de generar riesgos, e incluso de sembrar acechanzas, todos nada desdeñables.

Por esto último no ha faltado algún espíritu, entre travieso y malévolo, que aconseje ignorar la Historia, se la haya leído o no, porque dicen que puede indigestar el entendimiento, y hasta ofuscar espíritus débiles o desprevenidos.
Entre los riesgos y acechanzas quizás sean los más temibles los que se agazapan tras el precepto- conseja de que la Historia es maestra de la vida. Y quizás esto se deba a que quienes solicitan las enseñanzas de tal maestra ponen sus expectativas más en lo que deben o desean hacer, que en lo que deberían y quizás podrían evitar. Pero hay otros riesgos, entre los cuales ocupan lugar destacado el paralelismo y el continuismo. Crudamente dicho, el primero se manifiesta como un acceso inflacionario de la autoestima, es decir de la más peligrosa demostración del erróneo conocimiento de sí mismo.

Pero, lo que es peor, el continuismo puede manifestarse como la delirante pretensión de proseguir, adelantar y hasta perfeccionar la obra del personaje considerado ejemplar. ¡Si sabremos de esto último los venezolanos, hartos como estamos de los remedos de Simón Bolívar!

Pero todo lo dicho no compensa el riesgo-acechanza mayor; tanto por su condición de ser éste un híbrido de males de suyo temibles, como por su radical efecto deletéreo. Consiste en no dedicársele un poco de reflexión a una característica de la Historia de la que he venido tratando en mis textos más recientes, y esto último ha sido así porque esa caracterización ha resultado de la circunstancia que he expresado, con sospechosa modestia, como “estoy comenzando a comprender la Historia”.

He sostenido que la razón de la Historia no siempre es la razón de la Razón, y que la razón de la Razón está más cerca que la razón de la Historia del poco democrático sentido común, cuya conducta tramposa suele asomar cuando se le saca de su ámbito natural y se le compromete a revelar el sentido y alcance de la Historia.
La razón de la Historia rechaza toda suerte de violencia ejercida con el propósito de forzarla a tomar caminos, no importa hacia donde se pretenda que conduzcan. Si se trata sólo de inducirla a ese efecto, puede ser displicentemente tolerante, para consuelo de los oradores de circunstancia que tienen la fortuna de desplegar su destreza en este momento histórico en que estamos reunidos.

Pero esa misma historia es implacable al hacer llover su furia sobre quienes, ensoberbecidos, desatienden su dictado; y nada le importa que lo hagan por ignorancia, imprudencia o mero desatino. Cualquiera de estas últimas circunstancias será siempre agravante, nunca atenuante, de la falta cometida. Por eso es recomendable LEER la historia, es decir hacerlo con apego y respeto de su razón; no incurriendo en el delito de lesa Historia que consiste en pretender someterla al imperio del acomodaticio sentido común.
Es cierto que las raíces del sentido común no son superficiales; como tampoco lo son las de la Historia. Pero no parece que sea descabellado pensar que las raíces del sentido común con más sensibles a lo personal inmediato que las de la Historia. Ésta se ocupa de esclarecer tal diferencia, comenzando por inducirnos a comprender que nada conduce más a la obnubilación del seso que el empacho de Poder.

Soberanamente benévola, la Historia brinda el elixir preventivo: “Puede afirmarse que la incapacidad para advertir las primeras señales de peligro y conjurar la crisis liquidadora del sistema político que presiden por parte de quienes han ejercido un largo mandato, radica fundamentalmente en la falta de perspectiva histórica [¿de razón histórica?], antes que en la carencia de valor o audacia para afrontar las dificultades. Creadores y usufructuarios del régimen que se ha estabilizado, no advierten como a lo largo del tiempo aparecen y van creciendo y fortaleciéndose nuevas fuerzas sociales y económicas que piden sitio de participación en el ejercicio del poder”…

(Ramón J. Velásquez, “Proyección histórica de la obra d Rómulo Betancourt”.

Betancourt en la historia de Venezuela del Siglo XX. Caracas, Ediciones Centauro, 1980, p. 42.) Mensajes precedentes:

Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”.

2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”.

3º Mensaje histórico: “Recordar la democracia”.

4º Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”.

5º Mensaje histórico: “El ‘punto de quiebre’ ”.

6º Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”.

7º Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”.

8º Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes? O ¿hacia dónde llevan a Bolivia? 9º Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro.

10º Mensaje histórico: ¿La historia ha caído en manos de gente limitada e imaginativa?

11º Mensaje histórico: Las falsas salidas del temor.

12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela?

13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia.

14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia.

15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender.

16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera Damas.

17º Mensaje histórico: República liberal democrática vs República liberal autocrática.

18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos históricos y doctrinarios del militarismo venezolano.

19º Mensaje histórico: El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano.

20º Mensaje histórico: Demoler la República.

21º Mensaje histórico: La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas.

22º Mensaje histórico: Lo que no se puede dar ni quitar.

23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones para decir No.

24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar la historia.

25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela.

26º Mensaje histórico: La presencia activa de Rómulo Betancourt.

27º Mensaje histórico: Librarnos del Siglo XIX.

28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico.

29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”.

30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”.

31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”.

32º Mensaje histórico: "Las migraciones no controlables".

33º Mensaje histórico: “El 23-N el régimen militar chocará con el legado de Betancourt”.

34º Mensaje histórico: La Democracia: un asunto de los pueblos.

35º Mensaje histórico: “Mi voz de alerta: !La República está amenazada!

36º Mensaje histórico: …”nada pudre más a una nación“…

37º Mensaje histórico: “El conflictive porvenir de la República”. Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala de Cuervo, 2006.
german.carrera.damas@gmail.com

martes, 30 de diciembre de 2008

La importancia de conocer el porqué El Valle de Caracas, se dividió en dos entidades políticas administrativas diferentes


Geronimo Alberto Yerena Cabrera

Evolución geopolítica del Valle de Caracas, y de los despojos a que fue sometido la Ciudad Capital.

Despojo de Chacao.
Despojo de Petare.
Recuperación de Chacao.
Anexión de Macarao.
Creación del Distrito Federal; pérdida nuevamente de Chacao y oficialización del despojo de Petare, hoy Distrito Sucre (sus cuatros municipios mirandinos actuales: Sucre, Baruta, El Hatillo y Chacao)Creación del Estado Vargas.
Creación del Distrito Capital.
Creación del Distrito Metropolitano de Caracas.


El Valle de Caracas fue asiento de la ciudad Capital desde que se creó la Capitanía General de Venezuela en el año de 1777, y La Provincia de Caracas fue una de las seis que la integraron. La Provincia de Caracas para esa época ocupaba una extensión de territorio de más del 50%, sin incluir a Guayana.
La idea central del trabajo es hablar específicamente qué pasó con la división del Valle de Caracas y su repercusión que aún existe sobre la Ciudad Capital, sin entrar en mayores detalles sobre la evolución de la Provincia de Caracas, que es motivo de otro tema.

Despojo de Chacao, de la ciudad Capital
Ya instalada la República, la Ordenanza Municipal de 1820, en el Artículo 3º, Capitulo 1 de la primera parte expresa claramente los límites de la ciudad:
“Se declara que sólo tenga el nombre de ciudad de Caracas la población que hay y en adelante hubiere en el terreno contenido entre el río Anauco, por el Oriente, la quebrada llamada de Lazarinos, por Occidente, y entre el río Guayre al Sur, y por el norte una curva tirada desde el nacimiento de dicha quebrada de Lazarino a la hermita del Calvario: de allí rectamente a la de la Pastora: desde esta a la calle y puente que guía y sale al cuartel de San Carlos, y desde éste, en dirección del -Lest-sueste- a terminar en el expresado río Anauco, frente a la estancia que llaman de los Solórzanos, cita del otro lado del mismo”.
Comenta Lila Mago de Chopite (1): “Esta ordenanza fija definitivamente los límites de la ciudad de Santiago de León de Caracas con todos los honores y privilegios que como cabeza y metrópolis de la Provincia de Venezuela le correspondía por derecho y soberanas resoluciones. El alcance social de esta medida está en la discriminación que se establece entre el sector urbano ubicado dentro de estos límites y las numerosas viviendas humilde que venía proliferando en los últimos años del período colonial y a raíz del terremoto de 1812, fuera de los límites señalados, negándosele según el contenido de esta disposición el derecho de pertenecer a la ciudad, pero que sin embargo quedaban sometido a su jurisdicción y según otra ordenanza de policía en cuanto al gobierno interior se pensó darle una organización aparte”.
Para a los que les parezca extraño el nombre de la quebrada de Lazarinos; en el año de 1747 indagando la ubicación de los enfermos de lepra, se encontró que tres de ellos tenían su morada junto a una quebrada, en la Sabana de Caroata, que desde entonces fue llamada, por algunos, quebrada de Lazarinos (2).
Agregando al comentario de la profesora Chopite, vemos como precisamente nosotros los venezolanos, ya en vía de plena independencia, en vez de consolidar geopolíticamente a El Valle de Caracas, asiento de nuestra amada ciudad - a excepción de Macarao-, lo que hacemos, como buenos políticos y sin visión de futuro, desde entonces, hasta ahora, es rendirle culto a la improvisación y la ineficiencia. Lo ocurrido en una de las primeras reuniones del Cabildo, fue dar el primer paso para la división de nuestro valle, así como iniciar la amputación de nuestra Caracas.

Despojo de Petare
Luego el Ayuntamiento de Caracas en 1822, como si fuera poco, ordenó que El Cantón de Petare fuera segregado de Caracas, “por ser demasiado vasto y difícil de atender el territorio que administraba". La recomendación expresada en acta del 16 de enero de 1822, fue aceptada, y la nueva división política entro en vigor poco tiempo después, siendo solemnemente instalada el 26 de octubre del mismo año (3). Las razones de la época: distancia, dispersión de la población, etc (si es que fueron razones) ya no tiene vigencia; como expresa Doña Irma de Sola en su libro Contribución al estudio de los planos de Caracas (4): “El Valle de Caracas es una unidad natural que no debió nunca fraccionarse y que hoy reclama su integración geopolítica”.Lamentablemente la publicación de su libro, coincidió con el terremoto de Caracas del 29 de julio de 1967, y el Gobierno Nacional en ese entonces no tomó las recomendaciones y providencia que planteo Doña Irma, principal defensora de la unidad de El Valle de Caracas.Con todo lo comentado hasta ahora, hemos cercenado a Caracas la parroquia de Chacao, que desde la colonia le pertenecía a Caracas, sólo que para la época era una aldea algo alejado del centro de la ciudad, pero de una importancia agropecuaria y cultural invalorable, y vivienda de notables y valiosos caraqueños, integrada en todo sentido a la Capital, incluso fue una de las primeras parroquias erigida en la colonia (1769).

Comenta Rafael Valery lo siguiente sobre Chacao (5):
“Chacao es uno de los sectores más extensos y llanos del gran valle de Caracas. Humboldt, intrigado, se preguntaba por qué razón la Ciudad no se había fundado en ese sitio. A raíz del terremoto del 21 de octubre de 1766 fue propuesto al Cabildo reconstruir la Ciudad en la llanura de Chacao, pero la idea no prosperó”; este comentario hace ser más insólito lo sucedido.
En esa oportunidad por el acontecimiento del terremoto,la población de la reciente fundada parroquia de Candelaria se mudo en gran parte para la llanura de Chacao, fundando el pueblo de San José de Chacao, que para el año de 1769 se convirtio en parroquia eclesiástica aparte de Candelaria. La parroquia de La Candelaria cuando fue fundada en 1750, en su límite oriental llegaba hasta la quebrada de Sebucan. Además el ayuntamiento apartó el Cantón de Petare, que pertenecía a la Provincia de Caracas y estaba localizado precisamente en su propio valle, aunque fuera un Cantón aparte, jamás debió separarlo de la Capital ,a la cual pertenecía geográficamente; se adelantaron a la nefasta Constitución Federal 44 años, que en vez de corregir tremendo erroe, lo que hicieron fue oficializarlo.

Al constituirse de nuevo la República, después de la disolución de la Gran Colombia, por mandato constitucional el Congreso dictó la Ley sobre el régimen y organización de las Provincias, acorde con la legislación relativa a la organización política contenida en la Constitución centro-federal que se dio la República en 1830, por cuyo efecto quedó la Nación divididas en Provincias, Cantones y Parroquias. En cada Provincia quedaron establecidas las Diputaciones provinciales, que equivale a las Asambleas Legislativas actuales, a las cuales se le asignaron, entre otras, dos de las atribuciones más importantes que garantizaban la autonomía municipal: la facultad de legislar con alcance local y la disponibilidad de recursos económicos propios. A la cabeza de cada Cantón estaba un Consejo Municipal, cuyas funciones quedaron notablemente reducidas, limitadas a funciones de inspección y cuido. En cada parroquia se destinaba un Juez de Paz. En 1831 por decreto legislativo del 25 de mayo se designó a Caracas, capital de la República (6).Con esta explicación de Lila Mago de Chopite, se recuerda que Caracas- Capital pertenecía como Cantón del mismo nombre a la Provincia de Caracas y formaba uno de los dieciséis Cantones para la época en el año de 1836, o sea era el centro del poder y no tenía que estar haciendo concesiones que perjudicara la conservación geopolítica del valle, donde se encontraba la Capital. Para esa época la parroquia de Chacao había sido integrada nuevamente al Cantón de Caracas (7).

Recuperación de Chacao
Pasamos a treinta y seis años de la Constitución de 1830, y encontramos lo siguiente:En el año de 1856, el congreso hizo uso de la Constitución de 1830, de atribuir al congreso la potestad de “elegir el lugar en que deba residir el gobierno y variarlo cuando lo estime conveniente” y dictó la Ley del 28 de abril de 1856 en la cual determinó que “la ciudad de Santiago de León de Caracas, cuna del Libertador Simón Bolívar, es la capital de la República de Venezuela”. Esa Ley dividió el territorio nacional en veintiuna Provincias, entre las cuales estaba la Provincia de Caracas, cuya capital sería la ciudad de Caracas, integrada por varios Cantones: uno de ellos también con el nombre de Caracas y estaría formado por las parroquias Catedral, San Pablo, Santa Rosalía, San Juan, Altagracia, Candelaria, Chacao, Valle, La Vega, Antímano y el Recreo. Como cabezera se designó la ciudad de Caracas (8).
Como podemos observar, se reafirma la ubicación de la Parroquia de Chacao a Caracas, tal como era en el principio de la República y en la colonia. Aquí se corrigió, por los Monagas, parte del error cometido hasta ahora. Luego de esta corrección parcial de los Monagas, que por lo menos tuvieron el merito de hacerla, vino la nefasta y desastrosa Guerra Federal, que aún no me explico como algunos “políticos” y gobernantes la halagan.

Anexión de Macarao
Es de hacer notar que, Macarao, aldea situada al occidente del valle de Caracas, bastante alejada del Casco Histórico de Caracas. Más distanciada aún que el pueblo de Petare, como lo podemos observar en cualquier plano de la ciudad, y que para la colonia no pertenecía al Cantón de Caracas, y su jurisdicción comprendía a San Pedro y los Teques; sucedió todo lo contrario que con el resto de los lugares que le fueron despojado al Valle de Caracas, por las autoridades de turno. Geográficamente pertenecía al Valle de Caracas, pero políticamente no. Se explica esto con la narración que al respecto hace Rafael Valery (9):“El pueblo de Macarao fue erigido en parroquia hacia 1740, y hasta 1810 su jurisdicción comprendía San Pedro y los Teques. El 28 de noviembre de ese año, varios hacendados solicitaron la desmembración de estos pueblos y el Tribunal de Policía de Caracas procedió entonces a fijar nuevos linderos”De no haber sucedido esto: el reclamo de los pobladores de Macarao, la parroquia del mismo nombre, una de las más extensas territorialmente del municipio Libertador, perteneciera hoy al Estado Miranda, y la amputación del valle de Caracas fuera aún mayor. Más hicieron y pudieron sus pobladores por defender su territorialidad en el Valle de Caracas, que todas las autoridades del Poder Ejecutivo y Municipal desde que se instaló la República hasta el presente.

Creación del Distrito Federal; pérdida nuevamente de Chacao y oficialización del despojo de Petare ( sus cuatros municipios mirandinos actuales: Sucre, Baruta, El Hatillo y Chacao)
Sobre esto, Tomas Polanco Alcantara (10). Comenta lo siguiente, sic:“Al triunfar la Revolución Federal y ser planteado el problema de la nueva organización del Estado, se presentó un dilema de aparente contenido teórico y de sentido político, que debía ser resuelto: si todos los estados que se “federan” se consideran mutuamente iguales “iguales en entidad política” no era admisible que ninguno de ellos fuere sede del poder federal porque se estaría creando una seria diferencia a favor de ese Estado y en perjuicio de los demás”.La cuestión estaba prevista en el proyecto de Constitución presentado a la consideración de la Asamblea Nacional Constituyente el día 18 de enero de 1864. La discusión finaliza por una resolución de la Asamblea, dictada el 29 de febrero de 1864, según la cual, ese cuerpo, persuadido “de la ingente necesidad de fijar el radio de acción exclusivo del gobierno central “resuelve que el territorio comprendido dentro de los departamentos de Caracas, Maiquetía y la Guaira, quedaban provisionalmente erigido en Distrito Federal”. El Cantón de la Guaira donde ya estaba incluido Maiquetía formaba parte de uno de los dieciséis cantones de la antigua Provincia de Caracas, que para esa época estaba reducida su territorio y llamada “Estado Caracas”.El poder ejecutivo fue encargado de darle una organización provisional y se dispuso que en todas las elecciones, que no fueran para senadores, “el Distrito tiene las mismas competencias de los Estados”. Ese día fue designado el general Antonio Bello como gobernador del distrito.Esa decisión inmediatamente provoca una fuerte reacción política; los generales José Rafael Pacheco y Luciano Mendoza, miembros del gobierno provisorio del Estado Caracas, protestan: la conducta del gobierno al designar el gobernador del distrito es precipitada y violenta, la Asamblea a transgredido sus atribuciones, dispuesto a su antojo de un Estado que es soberano y no podía arrebatar a un Estado un pedazo de su territorio ni someter a sus habitantes a un régimen excepcional. Concluyen: “se ha violado el pacto de la Revolución Federal. A los pocos día de ese suceso, el mariscal Presidente dicta un decreto organizando el Distrito Federal; como consecuencia de ese proceso el antiguo Estado “Caracas”-lo que quedaba de la antigua Provincia de Caracas- desaparece y se le da el nombre de Estado Bolívar (hoy Estado Miranda) y se le dio por capital a Petare.

Comenta Tomas Polanco Alcantara, que ese mismo año para complacer los deseos de quienes no querían desmembrar al antiguo Estado Caracas, nuevamente se creó provisionalmente la existencia de un Distrito Federal donde será edificada la capital de la Unión. Así se mantiene la situación de provisionalidad hasta que Guzmán Blanco, como presidente provisional de la República, dicta el 17 de junio de 1872, un decreto por el cual reduce el Distrito Federal a la ciudad de Caracas y a las poblaciones del llamado Distrito Libertador.Como resultado de esto la parroquia de Chacao queda separada de la ciudad Capital. Esto fue reafirmado por el propio Guzmán, el 20 de noviembre de 1880 y adjudicó los otros territorios al Estado Bolívar. De esta manera la parroquia de Chacao y toda la región oriental del Valle de Caracas pasó a pertenecer definitivamente al Estado Bolívar.

La "famosa Revolución Federal", con la creación del Estado Bolívar, el cual quedo separado del Distrito Federal-actualmente Estado Miranda-, con su capital en Petare, lo que hizo es oficializar hasta el presente la división del Valle de Caracas, despojando en forma definitiva a Petare de la Capital, y con ello a los actuales Municipios mirandinos; Sucre, Baruta, Chacao y el Hatillo. Ocurrió así una serie sucesiva de modificaciones, según el capricho de Guzmán Blanco, durante cada uno de sus tres períodos presidenciales, a igual como lo hizo Joaquín Crespo; a veces separaban a la Guaira del Distrito Federal, y en otras oportunidades la reincorporaban, hasta llegar al gobierno de Cipriano Castro, quien por decreto del 2 de julio de 1900 incorpora el Departamento Vargas definitivamente al Distrito Federal. En la Constitución de 1901, en cuyo artículo 6, numeral 7, queda conformado el Distrito Federal en forma definitiva en Departamento Libertador y Departamento Vargas, hasta 1986 (11). La nueva modificación ocurrió en el año 1986; Ley Orgánica del Distrito Federal del 30 de diciembre de 1986, cuando se divide en dos municipios en vez de departamentos: Municipio Libertador y Municipio Vargas (12).

Creación del Estado Vargas
El Municipio Vargas en marzo de 1998 fue elevado a la categoría de Estado (13).

Creación del Distrito Capital y el Distrito Metropolitano de Caracas
En el año de 1999 se crea el Distrito Capital, una entidad federal equivalente a los demás estados (pero con condiciones especiales por ser la sede del Gobierno Nacional), conformada en la actualidad únicamente por el Municipio Libertador y el cual sustituye al antiguo Distrito Federal.Luego surge el Distrito Metropolitano de Caracas, el cual esta conformado por los municipios Libertador, perteneciente al Distrito Capital; y por los municipios Baruta, Chacao, El Hatillo, y Sucre, perteneciente al Estado Miranda. La creación de esta unidad político territorial, administrada por la Alcadía Mayor, surge a partir de la aprobación de la Ley Especial sobre Régimen del Distrito Metropolitano de Caracas, sancionada por la Asamblea Nacional Constituyente y publicada en Gaceta Oficial Nº 36.906, de fecha 8 de marzo de 2000, conforme a lo dispuesto en elartículo 18 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1991 que señala: “Una ley especial establecerá la unidad político territorial de la ciudad de Caracas que integre en un sistema de gobierno municipal a dos niveles, Los municipios del Distrito Capital y los correspondiente al Estado Miranda. Dicha ley establecerá su organización, gobierno, administración, competencia y recursos, para alcanzar el desarrollo armónico e integral de la ciudad. En todo caso, la ley garantizará el carácter democrático y participativo de su gobierno (14).
Elaborado por Gerónimo Alberto Yerena para el Blog Venezuela de Antaño y Venezuela Libre.Correo:

yerena.geronimo@gmail.com

Bibliografía.
1.- Lila Mago de Chopite.Caracas y su crecimiento urbano. Publicación de la Unidad de Cultura y Publicaciones del Instituto Universitario Pedagógico de Caracas. 1986. p 98.
2.- Rafael Valery S. La Nomenclatura Caraqueña.Ernesto Armitano Editor. 1979. p 197.
3.- Ibidem. p 43.
4.- Sola Ricardo, Irma de. Contribución al estudio de los planos de Caracas. Ediciones del Cuatricentenario.1967.
5.- Rafael Valery S. La Nomenclatura Caraqueña.Ernesto Armitano Editor. 1979. p 37.
6.- Lila Mago de Chopite.Caracas y su crecimiento urbano. Publicación de la Unidad de Cultura y Publicaciones del Instituto Universitario Pedagógico de Caracas. 1986. p 107.
7.- Ibidem.Gráfico # 5.p 109.
8.- Tomas Polanco Alcántara. Historia de Caracas.El Distrito Federal hasta 1945. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. 1955. p 83.
9.- Rafael Valery S. La Nomenclatura Caraqueña.Ernesto Armitano Editor. 1979. Macarao.p 40.
10.-Tomas Polanco Alcántara. Historia de Caracas.El Distrito Federal hasta 1945. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. 1955. p 83.
11.- Ibidem.p 86.
12.- Atlas práctico de Venezuela. Nº 11. 1º edición. Publicación del diario El Nacional y Cartografía Nacional.
13.- Atlas práctico de Venezuela. 2º edición. Distrito Capital. Diario El Nacional. P 105.
14.- Ibidem. p 109.


correo: yerena.geronimo@gmail.com

lunes, 29 de diciembre de 2008

Bolívar le escribe a Santander:: "no acepto otra reelección"


Simón Bolívar

Simón Bolívar fue categórico contra "la permanencia de un mismo hombre en el poder por largo tiempo". Ya sabemos lo que dijo en el Congreso de Angostura, momento cumbre del Bolívar civil, liberal y demócrata. Pero no fue la única ocasión.
Ocho años después de Angostura, en Junio de 1826, el congreso de Colombia (la Gran Colombia) decide extender el mandato presidencial del Libertador para otro período. Francisco de Paula Santander, el héroe neogranadino, quien presidía aquel Congreso, le informa a Bolívar de tal decisión mediante una carta.
El 4 de Junio, Bolívar, desde La Magdalena donde se encontraba en campaña, le responde con otra carta a Santander:
"Me ha sido tan honrosa como satisfactoria la recepción del despacho de vuestra excelencia en que me participa que las elecciones para la Presidencia de la República habían recaído en mí… (…)Inútil sería expresar la emoción...por la bondad de Colombia... y hasta mis deseos,¿pero no me será lícito rechazar con reverente sumisión a la República, un decreto popular que viola de hecho la Ley Fundamental?
La Constitución no quiere que un ciudadano rija la nación por más de ocho años; ya la he mandado catorce en medio de la guerra y la revolución; entre las leyes y la dictadura".

Bolívar, en su carta respuesta a Santander, se permite, también, reflexionar sobre el militarismo y el civilismo, incluso para hacerse una profunda autocrítica:
"Mi horrible profesión militar me ha obligado a formarme una conciencia de soldado, un brazo fuerte que no puede manejar el Bastón sino la espada. El hábito de la guerra... me ha puesto fuera del mando civil. Lo digo con rubor, mas debo confesarlo".
Luego ofrece una lección de su postura ideológica; Bolívar es un liberal republicano (lo contrario del monárquico conservador para la época), es decir, un seguidor de las ideas políticas de la democracia representativa, el equilibrio e independencia de los poderes, la libertad política. Se confiesa, como tantas otras veces, inspirado por las ideas políticas de la Revolución Francesa y de la Revolución norteamericana. Y de hecho, en la carta, alaba el gesto de George Washington de renunciar a una tercera reelección (que por ese tiempo lo permitía la Constitución de los nacientes Estados Unidos cosa que muchos años mas tarde sería corregido) y usa ese argumento para objetar su propia reelección."Además... la honrosa lección que me ha dejadoel héroe ciudadano ( Washington), el padre de la gran República Americana,no debe ser inútil para nosotros. El pueblo quiso nombrarlo nuevamente para la Suprema Magistratura; generosamente mostró el peligro... de continuar indefinidamente el poder público en manos de un ciudadano... y tan sublime lección me dice lo que debo hacer..."Y finaliza con una clara y rotunda decisión de no aceptar lo que el Congreso de Colombia ya había aprobado."Yo no puedo mandar más, Excelentísimo Señor, la República Colombiana; mi gloria me lo prohíbe y la libertad de Colombia me lo ordena. Sírvase Vuestra Excelencia ser el órgano para trasmitir al Congreso de la Nación mi respetuosa negativa....De todos modos y en todos casos, Colombia debe contarme siempre en sus filas... para defender sus leyes...".

Zamora también grita:"No al continuismo. Viva la legalidad"El "árbol de las tres raíces", fue la justificación original para la irrupción de un grupo de militares en la política nacional. Bolívar, Zamora y Simón Rodríguez. De Bolívar, ya sabemos lo que pensaba sobre la concentración de poder en un solo individuo y sobre el reeleccionismo. Pero resulta que Ezequiel Zamora, el general de la Guerra Federal, muchas veces invocado por Chávez como "el general del Pueblo Soberano" que así lo llamaban sus seguidores en su tiempo, también es rotundamente contrario a las "ideas" políticas del reeleccionismo y el continuismo de un solo hombre en la Presidencia. Zamora también se oponía al afán centralista de los gobernantes de su tiempo.

De hecho, la Guerra Federal se llamó así porque era la defensa del federalismo, es decir, la descentralización contra el centralismo enfermizo.

Zamora y la revolución federal se alzaron contra la obsesión de controlar la vida del país desde el centralismo caraqueño."No al continuismo. Viva la legalidad",era la consigna de las huestes de Zamora para justificar su alzamiento.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Elías Pino Iturrieta // Veinticuatro horas de república




En el énfasis de unas agallas ha tomado cuerpo un proyecto de coronación
Hacia finales del siglo XIX, cuando el país experimentaba lo que parecía un derrumbe definitivo de sus ideales en medio de una ordalía de hombres de presa, el presidente Ignacio Andrade resumió la situación en una frase susceptible de mostrar la descomposición de toda una época: "Hemos vivido minutos de república".

Es una lástima que las palabras del atormentado mandatario no se hubieran limitado a la caracterización del tiempo de sus calamidades. Pese al agua que desde entonces ha circulado bajo los puentes y a los progresos del sistema político, ocurre ahora un fenómeno de retrogradación que nos conduce a episodios indicativos de una áspera pendiente que parecía superada por el avance de la convivencia civilizada. La convivencia civilizada cobró vida hasta expresarse en vicisitudes proverbiales durante el día electoral del pasado 23, cuando la ciudadanía acudió en orden a manifestar su voluntad. En la apacible jornada se condensaba una pericia en el manejo de los usos de la democracia, capaz de enorgullecer a cualquier colectividad del planeta.

Un episodio semejante se patentizó durante el siguiente día, cuando una parte del pueblo celebró sin alardes su victoria mientras otra soportaba la derrota sin estridencias. Lo parejo de los resultados no invitaba a la exaltación, como tampoco a derramar lágrimas de sangre, para que predominara un talante de contención a través del cual se sentía la satisfacción de las cosas bien hechas, el corolario de la madurez, el equilibrio de unos hombres capaces de acceder después de muchos sacrificios hacia una cumbre.

Aquello fue lo más parecido a las vivencias de "calma y cordura" aconsejadas en trances de incertidumbre por el presidente López Contreras, pero el gozo se fue al foso en un desgraciado santiamén. Chávez hizo una primera referencia ajustada a lo que había sucedido. No contuvo el verbo ante los eventos de la víspera, pero se limitó a comentarios relativamente prudentes que perderían la mesura al día siguiente. Modificó entonces en términos absolutos su apreciación de las elecciones, hasta extremos capaces de generar justificada alarma. Ahora no apreció filas organizadas de votantes, sino huestes dispuestas a ganar o a perder la batalla de Curamichate. En lugar de una masa de ciudadanos deseosa de exhibir las prendas de su civismo, topó con las tropas que marcharon a jugarse la vida por un caudillo en La Mata Carmelera.

Los electores dejaron de existir en su patético entendimiento de los hechos, para transfigurarse en lo más parecido a los realengos de Guanarito que estrenaron el plomo de la Guerra Federal. Un colosal trastocamiento cambió la concordia por la pugnacidad, la coherencia por las chamusquinas, los sufragios por sables afilados y amenazantes.

Dejó así de existir un capítulo de normalidad en la evolución de las instituciones, para que se inaugurase un clima de tensiones sin vínculos con lo que ocurrió de veras. Porque no se trató de un palabrerío vano, sino de un mensaje capaz de encontrar seguidores y de generar situaciones de ilegalidad y rapiña como las que sugería su discurso.

El traslado apresurado e irresponsable hacia la obediencia del poder central de dependencias adscritas a la administración estadal, la purga de archivos que los funcionarios salientes deben respetar escrupulosamente y aún el saqueo de las oficinas que deben ocupar los triunfadores que no gozan de su simpatía, se han repetido después de las arengas del Presidente. "Vamos con todo", fue la consigna de su partido durante la campaña electoral, pero ahora, luego de los partes de guerra, como que la han cambiado por otra más consonante con lo que viene pasando: "Nos vamos con todo", es decir, con escritorios, sillas, archivadores, escaparates, lámparas, piezas de ornato y hasta inodoros, si se ofrece la oportunidad.

Escenas propias de la revuelta Legalista, jugarretas parecidas a las de El Taita Crespo contra El Brujo Guerra, tropelías como las de El Agachado, cuando está a punto de terminar el 2008 mientras conjugan con deleite en Miraflores el verbo retroceder.

Sólo en las horas de oscurana que lamentaba Ignacio Andrade pudieron producirse situaciones semejantes de arbitrariedad y expoliación, de burla de las reglas mínimas del republicanismo y de la simple decencia. Ha sido como saltar, apenas en un par de jornadas, del imperio de los códigos al dominio de los gamonales, de la cohabitación moderna a una hacienda a cargo de un rudimentario caporal en cuyas agallas se discierne el destino de la sociedad.

En el énfasis de esas agallas ha tomado cuerpo un proyecto de coronación, pero carecerá de sustento si los venezolanos están satisfechos de no ser en la actualidad lo que fueron en sus peores épocas.


Ignacio Andrade

36º Presidente de Venezuela
Mandato 28 de febrero de 1898 – 20 de octubre de 1899
Precedido por
Joaquín Crespo
Sucedido por
Cipriano Castro
Nacimiento
31 de julio de 1839Mérida, Mérida, ‎ República de Venezuela
Fallecimiento
17 de febrero de 1925, Macuto, Estado Vargas.
Partido político
Partido Liberal
Cónyuge
Maria Isabel Sosa Saa
Profesión
Militar y político
Firma

Ignacio Andrade (Mérida, Estado Mérida, 31 de julio de 1839 - Macuto, Estado Vargas, 17 de febrero de 1925), fue un militar, político y Presidente constitucional de los Estados Unidos de Venezuela durante el periodo 1898-1899.
Pese a su extensa carrera política y su impecable educación, nunca llegó a obtener el liderazgo y preeminencia política de personajes como Joaquín Crespo y José Manuel Hernández, hecho éste que se evidenció en la cantidad de conjuras y movimientos insurreccionales que tuvo que afrontar en su rol de Presidente de la República (1898-1899). Fue su padre el general José Escolástico Andrade Pirela, zuliano de Los Puertos de Altagracia, miembro del Ejército Libertador presente en las batallas de Carabobo, Junín y Ayacucho; su madre, Juana Troconis, era merideña. El lugar y fecha de su nacimiento no se han podido precisar porque su fe de bautismo no ha sido localizada. Por tal motivo, en el fragor del proceso electoral de 1897 (en el que se buscaba el sucesor presidencial de Joaquín Crespo), se comentó con insistencia que Andrade había nacido en el Estado Zulia e incluso la Cancillería venezolana publicó una biografía suya en una revista española de 1897, afirmando que: «...nació en Maracaibo el 31 de julio de 1839...». Asimismo, sectores opositores a la candidatura de Ignacio Andrade llegaron a comentar que éste no podía aspirar a la presidencia de la República, por haber nacido en Colombia. Sin embargo, su partida de defunción, localizada en el Registro Principal de Caracas, señala que: «... según informaciones aportadas por su hijo José Andrade, de 35 años de edad, el general Andrade era natural de Mérida[. ..] y había fallecido a los 85 años de edad...»
Presidente del estado Falcón (1883-1885), contrajo matrimonio con María Isabel Sosa Saa (14.2.1885). Senador por el estado Falcón, que comprendía entonces los territorios actuales de Falcón y Zulia (1886), ejerció los cargos de gobernador del Distrito Federal (octubre 1892), ministro de Instrucción Pública (marzo 1893), diputado por el Gran Estado Miranda (abril 1893), ministro de Obras Públicas (junio 1893) y presidente del Gran Estado Miranda (1894-1897). Desempeñándose en este último cargo, fue propuesto como el candidato oficial del gobierno de Joaquín Crespo para las elecciones a realizarse el 1 de septiembre de 1897. De acuerdo con la Constitución de 1893 la votación fue directa y secreta. Andrade obtuvo 406.610 votos contra el favorito de la oposición, el general José Manuel Hernández, conocido como «el Mocho», quien sólo consiguió 2.203 en unos comicios tildados de fraudulentos. En consecuencia, el triunfo electoral de Andrade se produjo dentro de un clima político de crispación, el cual desembocó en el movimiento insurreccional liderado por el Mocho Hernández, conocido como La Revolución de Queipa. Durante el desarrollo de las acciones bélicas que comenzaron el 23 de febrero de 1898 y se extendieron hasta el 12 de junio del mismo año, se produjo un suceso inesperado que afectó de manera negativa a la correlación de fuerzas que rodeaban a Andrade, la muerte de Joaquín Crespo. En efecto, como consecuencia de la desaparición del escenario político de Crespo tras su deceso en la Mata Carmelera, el 16 de abril de 1898, una gran cantidad de caudillos vieron despejado el camino hacia el poder, incluyendo al propio general Ramón Guerra, quien en su cargo de Ministro de Guerra había capturado al Mocho Hernández, y luego se alzó en contra del gobierno de Ignacio Andrade. Aparte de los movimientos insurreccionales que tuvo que afrontar Andrade, durante su gestión administrativa se experimentaron dificultades económicas, la desconfianza de ciertos círculos políticos y una epidemia de viruela. Finalmente, Andrade fue derrocado el 19 de octubre de 1899 por Cipriano Castro y la Revolución Liberal Restauradora, la cual triunfó sin que las fuerzas gubernamentales hicieran un mayor esfuerzo por detenerlas. Una vez fuera del poder, Ignacio Andrade salió exiliado hacia Puerto Rico, donde escribió unas líneas acerca del movimiento que lo derrocó, tituladas ¿Porqué triunfó la Revolución Restauradora?, publicadas 30 años después de su muerte (1955).
Luego de ser amnistiado (19.11.1903), sirvió al régimen de Juan Vicente Gómez, quien paradójicamente había formado parte del movimiento revolucionario que lo expulsó del poder; desempeñándose como ministro de Relaciones Exteriores (1916-1917) y de Relaciones Interiores (1917-1922), en los gabinetes ejecutivos de Victorino Márquez Bustillos.

Cargos políticos [editar]
Presidente del estado Falcón (1883-1885)
Senador por el estado Falcón (1886)
Gobernador del Distrito Federal (1892)
Ministro de Instrucción Pública (1893)
Diputado por el Estado Miranda (1893)
Ministro de Obras Públicas (1893)
Presidente del Estado Miranda (1894-1897)
Ministro de Relaciones Exteriores (1916-1917)
Ministro de Relaciones Interiores (1917-1922).

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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