viernes, 5 de diciembre de 2008

Elías Pino Iturrieta // Veinticuatro horas de república




En el énfasis de unas agallas ha tomado cuerpo un proyecto de coronación
Hacia finales del siglo XIX, cuando el país experimentaba lo que parecía un derrumbe definitivo de sus ideales en medio de una ordalía de hombres de presa, el presidente Ignacio Andrade resumió la situación en una frase susceptible de mostrar la descomposición de toda una época: "Hemos vivido minutos de república".

Es una lástima que las palabras del atormentado mandatario no se hubieran limitado a la caracterización del tiempo de sus calamidades. Pese al agua que desde entonces ha circulado bajo los puentes y a los progresos del sistema político, ocurre ahora un fenómeno de retrogradación que nos conduce a episodios indicativos de una áspera pendiente que parecía superada por el avance de la convivencia civilizada. La convivencia civilizada cobró vida hasta expresarse en vicisitudes proverbiales durante el día electoral del pasado 23, cuando la ciudadanía acudió en orden a manifestar su voluntad. En la apacible jornada se condensaba una pericia en el manejo de los usos de la democracia, capaz de enorgullecer a cualquier colectividad del planeta.

Un episodio semejante se patentizó durante el siguiente día, cuando una parte del pueblo celebró sin alardes su victoria mientras otra soportaba la derrota sin estridencias. Lo parejo de los resultados no invitaba a la exaltación, como tampoco a derramar lágrimas de sangre, para que predominara un talante de contención a través del cual se sentía la satisfacción de las cosas bien hechas, el corolario de la madurez, el equilibrio de unos hombres capaces de acceder después de muchos sacrificios hacia una cumbre.

Aquello fue lo más parecido a las vivencias de "calma y cordura" aconsejadas en trances de incertidumbre por el presidente López Contreras, pero el gozo se fue al foso en un desgraciado santiamén. Chávez hizo una primera referencia ajustada a lo que había sucedido. No contuvo el verbo ante los eventos de la víspera, pero se limitó a comentarios relativamente prudentes que perderían la mesura al día siguiente. Modificó entonces en términos absolutos su apreciación de las elecciones, hasta extremos capaces de generar justificada alarma. Ahora no apreció filas organizadas de votantes, sino huestes dispuestas a ganar o a perder la batalla de Curamichate. En lugar de una masa de ciudadanos deseosa de exhibir las prendas de su civismo, topó con las tropas que marcharon a jugarse la vida por un caudillo en La Mata Carmelera.

Los electores dejaron de existir en su patético entendimiento de los hechos, para transfigurarse en lo más parecido a los realengos de Guanarito que estrenaron el plomo de la Guerra Federal. Un colosal trastocamiento cambió la concordia por la pugnacidad, la coherencia por las chamusquinas, los sufragios por sables afilados y amenazantes.

Dejó así de existir un capítulo de normalidad en la evolución de las instituciones, para que se inaugurase un clima de tensiones sin vínculos con lo que ocurrió de veras. Porque no se trató de un palabrerío vano, sino de un mensaje capaz de encontrar seguidores y de generar situaciones de ilegalidad y rapiña como las que sugería su discurso.

El traslado apresurado e irresponsable hacia la obediencia del poder central de dependencias adscritas a la administración estadal, la purga de archivos que los funcionarios salientes deben respetar escrupulosamente y aún el saqueo de las oficinas que deben ocupar los triunfadores que no gozan de su simpatía, se han repetido después de las arengas del Presidente. "Vamos con todo", fue la consigna de su partido durante la campaña electoral, pero ahora, luego de los partes de guerra, como que la han cambiado por otra más consonante con lo que viene pasando: "Nos vamos con todo", es decir, con escritorios, sillas, archivadores, escaparates, lámparas, piezas de ornato y hasta inodoros, si se ofrece la oportunidad.

Escenas propias de la revuelta Legalista, jugarretas parecidas a las de El Taita Crespo contra El Brujo Guerra, tropelías como las de El Agachado, cuando está a punto de terminar el 2008 mientras conjugan con deleite en Miraflores el verbo retroceder.

Sólo en las horas de oscurana que lamentaba Ignacio Andrade pudieron producirse situaciones semejantes de arbitrariedad y expoliación, de burla de las reglas mínimas del republicanismo y de la simple decencia. Ha sido como saltar, apenas en un par de jornadas, del imperio de los códigos al dominio de los gamonales, de la cohabitación moderna a una hacienda a cargo de un rudimentario caporal en cuyas agallas se discierne el destino de la sociedad.

En el énfasis de esas agallas ha tomado cuerpo un proyecto de coronación, pero carecerá de sustento si los venezolanos están satisfechos de no ser en la actualidad lo que fueron en sus peores épocas.


Ignacio Andrade

36º Presidente de Venezuela
Mandato 28 de febrero de 189820 de octubre de 1899
Precedido por
Joaquín Crespo
Sucedido por
Cipriano Castro
Nacimiento
31 de julio de 1839Mérida, Mérida, República de Venezuela
Fallecimiento
17 de febrero de 1925, Macuto, Estado Vargas.
Partido político
Partido Liberal
Cónyuge
Maria Isabel Sosa Saa
Profesión
Militar y político
Firma

Ignacio Andrade (Mérida, Estado Mérida, 31 de julio de 1839 - Macuto, Estado Vargas, 17 de febrero de 1925), fue un militar, político y Presidente constitucional de los Estados Unidos de Venezuela durante el periodo 1898-1899.
Pese a su extensa carrera política y su impecable educación, nunca llegó a obtener el liderazgo y preeminencia política de personajes como Joaquín Crespo y José Manuel Hernández, hecho éste que se evidenció en la cantidad de conjuras y movimientos insurreccionales que tuvo que afrontar en su rol de Presidente de la República (1898-1899). Fue su padre el general José Escolástico Andrade Pirela, zuliano de Los Puertos de Altagracia, miembro del Ejército Libertador presente en las batallas de Carabobo, Junín y Ayacucho; su madre, Juana Troconis, era merideña. El lugar y fecha de su nacimiento no se han podido precisar porque su fe de bautismo no ha sido localizada. Por tal motivo, en el fragor del proceso electoral de 1897 (en el que se buscaba el sucesor presidencial de Joaquín Crespo), se comentó con insistencia que Andrade había nacido en el Estado Zulia e incluso la Cancillería venezolana publicó una biografía suya en una revista española de 1897, afirmando que: «...nació en Maracaibo el 31 de julio de 1839...». Asimismo, sectores opositores a la candidatura de Ignacio Andrade llegaron a comentar que éste no podía aspirar a la presidencia de la República, por haber nacido en Colombia. Sin embargo, su partida de defunción, localizada en el Registro Principal de Caracas, señala que: «... según informaciones aportadas por su hijo José Andrade, de 35 años de edad, el general Andrade era natural de Mérida[. ..] y había fallecido a los 85 años de edad...»
Presidente del estado Falcón (1883-1885), contrajo matrimonio con María Isabel Sosa Saa (14.2.1885). Senador por el estado Falcón, que comprendía entonces los territorios actuales de Falcón y Zulia (1886), ejerció los cargos de gobernador del Distrito Federal (octubre 1892), ministro de Instrucción Pública (marzo 1893), diputado por el Gran Estado Miranda (abril 1893), ministro de Obras Públicas (junio 1893) y presidente del Gran Estado Miranda (1894-1897). Desempeñándose en este último cargo, fue propuesto como el candidato oficial del gobierno de Joaquín Crespo para las elecciones a realizarse el 1 de septiembre de 1897. De acuerdo con la Constitución de 1893 la votación fue directa y secreta. Andrade obtuvo 406.610 votos contra el favorito de la oposición, el general José Manuel Hernández, conocido como «el Mocho», quien sólo consiguió 2.203 en unos comicios tildados de fraudulentos. En consecuencia, el triunfo electoral de Andrade se produjo dentro de un clima político de crispación, el cual desembocó en el movimiento insurreccional liderado por el Mocho Hernández, conocido como La Revolución de Queipa. Durante el desarrollo de las acciones bélicas que comenzaron el 23 de febrero de 1898 y se extendieron hasta el 12 de junio del mismo año, se produjo un suceso inesperado que afectó de manera negativa a la correlación de fuerzas que rodeaban a Andrade, la muerte de Joaquín Crespo. En efecto, como consecuencia de la desaparición del escenario político de Crespo tras su deceso en la Mata Carmelera, el 16 de abril de 1898, una gran cantidad de caudillos vieron despejado el camino hacia el poder, incluyendo al propio general Ramón Guerra, quien en su cargo de Ministro de Guerra había capturado al Mocho Hernández, y luego se alzó en contra del gobierno de Ignacio Andrade. Aparte de los movimientos insurreccionales que tuvo que afrontar Andrade, durante su gestión administrativa se experimentaron dificultades económicas, la desconfianza de ciertos círculos políticos y una epidemia de viruela. Finalmente, Andrade fue derrocado el 19 de octubre de 1899 por Cipriano Castro y la Revolución Liberal Restauradora, la cual triunfó sin que las fuerzas gubernamentales hicieran un mayor esfuerzo por detenerlas. Una vez fuera del poder, Ignacio Andrade salió exiliado hacia Puerto Rico, donde escribió unas líneas acerca del movimiento que lo derrocó, tituladas ¿Porqué triunfó la Revolución Restauradora?, publicadas 30 años después de su muerte (1955).
Luego de ser amnistiado (19.11.1903), sirvió al régimen de Juan Vicente Gómez, quien paradójicamente había formado parte del movimiento revolucionario que lo expulsó del poder; desempeñándose como ministro de Relaciones Exteriores (1916-1917) y de Relaciones Interiores (1917-1922), en los gabinetes ejecutivos de Victorino Márquez Bustillos.

Cargos políticos [editar]
Presidente del estado Falcón (1883-1885)
Senador por el estado Falcón (1886)
Gobernador del Distrito Federal (1892)
Ministro de Instrucción Pública (1893)
Diputado por el Estado Miranda (1893)
Ministro de Obras Públicas (1893)
Presidente del Estado Miranda (1894-1897)
Ministro de Relaciones Exteriores (1916-1917)
Ministro de Relaciones Interiores (1917-1922).

1 comentario:

Lucas Blancon dijo...

NUEVO COLONIALISMO
La dependencia económica es el nuevo colonialismo, por la nueva monarquía u orden mundial, es decir, el orden financiero; basado en el préstamo, la deuda, las armas, la guerra y el monopolio y manipulación de todos estos negocios por un ente casi invisible: La Monarquía Mundial Financiera o LA CORPORACIÓN BRITANICA; aun EEUU es víctima de ella, desde su engañosa independencia en 1776. Siendo la primera emancipación de este tipo. Muchos de aquellos líderes “libertarios” fueron manipulados y engañados; pero hoy sus gobernantes a sabiendas de su servilismo, son hipócritas y más fieles a logias secretas supranacionales que a su propia nación; porque sus promociones, altos grados y respaldos, los alcanzan o reciben, por hacer actos muy vergonzosos, para después poder ser manejados fácilmente a punta de chantajes por sus tutelares corporativos.
Así es, hoy, igualmente en todo el mundo. El G20 actual o países más desarrollados, al igual que EEUU, también han sido víctimas y colonias desde hace más de 200 años de LA CORPORACIÓN BRITANICA y su pulpo bélico y bancario, que se enriquece con el “Gran Teatro o Engaño Mundial” que han impuesto entre las naciones, su propósito es instaurar el caos general, sacarle partido a esto y desmantelar el mundo para debilitarlo y finalmente gobernarlo. Para establecer un NUEVO ORDEN MUNDIAL. Esto se explica muy bien en LA CONSPIRACIÓN MUNDIAL DE LA MAFIA X, léalo gratuitamente en la web: www.lucasblancoacosta.com
Lucas Blanco Acosta

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