viernes, 24 de agosto de 2012

GENERAL RAMÓN GUERRA, EL ESTRATEGA

Oldman Botello

    El 5 de octubre de 1841 nació en San Casimiro, el general Ramón Guerra Bonilla, hijo de sancasimireño de familias fundadoras del pueblo y una dama de San Rafael de Orituco. Hace 90 años falleció, el 3 de agosto de 1922, en Caracas, después de una vida de tranquilidad, primero y luego de sobresaltos. Fue más guerrero que político y esto último lo llevó a prisión en tiempos de Guzmán Blanco, de Cipriano Castro y de Juan Vicente Gómez y los tres fueron sus amigos personales. Lo que se ignora es si esas prisiones se justificaron o fueron producto de chismes y de gobernantes que los escuchaban.

  Ramón Guerra nació en humilde hogar, de padre vinculado al trabajo de la tierra en el sitio de Suata Arriba. Luego el joven Guerra se hizo comerciante con algunos rudimentos de escritura y de aritmética. Quienes han escrito sobre su persona han manifestado que habría sido su maestro el padre Pablo Zamora Fonseca, pero no creemos que mucho le haya enseñado este levita que era ignorantón como él solo.

   Nació en el credo conservador. Hombre apegado a la Iglesia como corresponde al bucólico lar de su nacimiento, pueblecito hermoso de Aragua arrebujado entre montañas y hoy pasto de la delincuencia. Así comenzó en la guerra, primero reclutado por un ejército que se metió al pueblo. Tomó el gustico por echar plomo y a poco lo vemos en asonadas de mayor aliento. Alcanzó el grado de coronel casi sin proponérselo. Combatió al liberalismo y su vida política y militar dio un vuelco cuando de conservador pasó al bando opuesto, el liberal, de la mano del general Joaquín Crespo que fue su mentor político en la nueva Causa. Fue en 1872 y en escuetas palabras, Crespo se lo informa al general Guzmán Blanco, quizá sin advertir  la importante adquisición para su partido y en lo personal la significación de un gran aliado. Así se lo dice Crespo a Guzmán el 21de marzo de 1872 desde Parapara: “Ramón Guerra se me presentó y ha tomado servicio en el Ejército”. Lacónico mensaje en una carta donde se trataban otros temas. Era un año de acechanzas para el Gobierno guzmancista, el mismo año de la sublevación de varios jefes en el centro del país, en el Guárico y especialmente el alzamiento del Chingo Olivo que llevó al ejército hasta las costas de Arauca donde pereció, rematadas sus huestes por las del general Crespo.

  Desde ese año 1872 el general Ramón Guerra se incorporó decididamente al nuevo orden de cosas. Con lealtad y disciplina. Se robusteció su fama como el gran estratega militar de los últimos treinta años del siglo XIX. Lo demostró al lado del general Crespo como su Jefe de Estado Mayor en la Revolución Legalista de 1892. El ejército estaba disciplinado y con su sequedad, Guerra imponía el orden, el respeto. El Murat venezolano, lo llamaron periódicos y libros luego del triunfo de esa incursión guerrera que dio al traste con el continuismo auspiciado por el Dr. Raimundo Andueza Palacio, “que se precipitó, como Heliogábalo, en la cloaca”, al decir de José María Vargas Vila. A lo largo de su dilatada carrera política fue desde jefe de guarniciones y ejércitos, presidente del Guárico hasta ministro de guerra y Marina dos o tres veces y en tiempos del general Gómez fue Presidente del Consejo de Gobierno, un grupo asesor del caudillo donde estaban reunidos los principales jefes del país y que el pueblo caraqueño comenzó a llamar a la chita callando “el potrero”. Fue su último cargo. En el interregno de la lucha y la política proseguía en sus tareas como hacendado en San Casimiro o cómodamente repantigado en su domicilio de Caracas, de Colón a Dr. Díaz, en el centro de la ciudad, casa marcada con el número 30. Allí rindió la jornada de la vida a los 80 años cumplidos. Casó en dos oportunidades, la primera con la sancasimireña doña  Emilia García Iriarte, que murió de cáncer y luego con la calaboceña  doña Rita García, con sucesión en ambos matrimonios.
   Ramón Guerra fue por todo respecto el símbolo de una Venezuela siglo XIX plena de caudillos grandes y pequeños, que a tiros dirimían sus disputas por linderos o tumbaban gobiernos a su antojo.
                                                             oldmanbotello@hotmail.com

1 comentario:

negro dijo...
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