viernes, 6 de febrero de 2015

HISTORIAS IRREVERENTES DE LAS CALLES DE SABANA GRANDE. SEGUNDA PARTE

JESUS ALFARO GARANTON
 


 

LAS CAMINADORAS fueron clase aparte, esas son las duras de este negocio, incontrolables, inestables y problemáticas, son más peligrosas que chavistas contando votos, comenzaron en la Casanova, fueron correteadas hasta la Libertador y hoy languidecen en las cercanías de La Florida donde increíblemente ejercen su labor en horas diurnas, por aquello de la inseguridad y viéndolas se palpa de cerca los estragos de la devaluación porque parecen vacas cerreras que son "ojerosas y garrapatosas". 

Años atrás tuve que ir a la clínica, donde una persona que había sufrido un accidente requería de mis servicios, era la época en que la Avenida Libertador se convertía en el centro del comercio de la carne humana. Apenas caía la noche, las famosas caminadoras de la Libertador desplegaban  todos sus encantos para la atracción de posibles clientes, la oscuridad permitía que muchos travestis se colaran entre ellas, la pasarela colocada estratégicamente frente a la clínica, servía de magnifico vía de escape en caso de persecuciones policiales y por eso estas trabajadoras nocturnas habían elegido ese sitio para su labor. Ese día una vez cumplida mi función médica salí en búsqueda de mi carro y me encontré ante un pandemónium de gritos, carreras y rolos de policías que revoloteaban sobre mi cabeza amenazadoramente. Quedé estático, no sabía qué hacer, pronto comprendí que me encontraba en medio de una redada policial, intenté escapar cuando siento que un policía corpulento me agarra del brazo y trataba de ponerme las esposas, quedé sorprendido y no tuve tiempo de reaccionar, ya me veía en la cárcel cuando un salvador grito de los muchachos guardianes de la clínica intervinieron e hicieron saber a  los policías que yo era médico y no tenía nada que ver en aquel despelote. No dejaba de reírme y los agentes de la seguridad pública no se explicaban tal conducta, porque yo solo pensaba en la cara que pondría mi mujer cuando la llamara para que fuera en mi rescate a una  comisaría donde yo estaría rodeado de mujeres pintarrajadas y de otras no tan hembras con voz gruesa y cañones en la barba. Explicarle a mi esposa que había salido a cumplir con mi deber de médico y terminar preso en una redada de caminadoras hubiera sido harto difícil.



 

Sabana Grande comenzó a mermar con la aparición del CENTRO COMERCIAL CHACAITO, fue el primer centro comercial de la ciudad, un cambio radical en la oferta de mercancías y también en el ambiente farandulero. El Drugstore, una gringada mas donde ofrecían hot dogs gigantes y unas enormes lisas cerveceras, pero en el sótano se abrieron dos tesoros para los amantes de la vida nocturna, la discoteca Eva y el Scotch Pub y en la esquina opuesta la jai caraqueña inventó el exclusivo Le Club, un lugar súper sifrino donde había que sacar un carnet y firmar un libro de asistencia para entrar, luego del trámite burocrático y traspasada la puerta había que fruncir un poco la nariz para estar en la onda. Poco tiempo  después mudaron hacia la salida a la Solano el HIPOCAMPO, donde Renato Salani y el clarinete de su hermano Giulio nos hacían bailar las románticas canciones del festival de San Remo, fue la época de Il Mondo, de las canciones de Nicola di Bari y del inolvidable Volare de Doménico Modugno,” Nel blu dipinto di blu…”

EVA, fue la gran discoteca, sencillamente espectacular y la manejaba un francés Jacques Delsol, allí se bailaba la música disco en contorsiones que tenían mucho que ver con el estado físico de la personas era el sitio in de Caracas, allí había que ir para ver y para ser visto, si no ibas  a la Eva no estabas en nada, era un ambiente ruidoso y apretujado. El Scotch Pub, era por contrario, un lugar discreto y tranquilo donde Pat Obrien tocó el piano como nunca, lo recuerdo como una versión moderna y en  technicolor de la película " Casablanca", donde Humprey Bogart soltó su inolvidable "Play it again, Sam".

En una noche en el Eva, me encontré con un señor que intentaba hacer cabriolas con una muchacha a quien triplicaba en edad, pero ella lo doblaba en estatura, era ese tipo de chama que siempre quiso ser Miss pero no llego a clasificar para el concurso y quedan errantes en las pistas  hasta que consiguen un resuelve. El vejete era un conocido hombre de negocios que había hecho mucho dinero y se hacía sentir en todas partes exhibiéndose con muchachas jóvenes que eran su pasatiempo. Me topé con el señor en el baño y me sorprendió cuando le veía mirarse ante un espejo y con la boca abierta examinaba detenidamente su lengua, la movía de lado a lado, la subía y la bajaba, la proyectaba hacia adelante, sus movimientos eran como los de una cobra dispuesta a atacar y cuando terminó esa rutina de ejercicios lingüísticos, exclamó ! Aquí hay hombre para rato! El viejito era muy atildado y después de arreglarse la corbata sacó un frasco de Agua de Colonia Jean Marie Farina, se la restregó en la cara y me dijo: mira mijo, cuando salgas con una carajita  usa este perfume, porque las hace recordar a su abuelito y se ponen flojitas. Dicho esto, pasándose la mano por su pelo engominado salió al ruedo con su lengua en ristre listo para terminar la faena con la grandulona.



Echo de menos DON LUIS, el mejor bar que he visto en Caracas, estaba situado en Chacaíto, un poquito antes del edificio Easo y tenía su apartado especial de estacionamiento, era un sitio casi secreto, rodeado de vidrios gruesos y negros que impedían cualquier visión indiscreta, no le abrían a nadie que no fuera conocido y creo que instalaron la primera cámara de vigilancia que llego al país, uno se paraba en la puerta y esperaba el rechinar de la cerradura que permitía el  acceso. En su interior, que discreto lujo, una acogedora penumbra, unas mullidas poltronas de cuero negro y un inolvidable sonido surgido de las teclas de un piano Steinway de media cola, acariciadas por las manos mágicas del maestro Filippo. La  barra tallada en noble caoba te recibía en calma y unas palabras, casi un susurro te recibían dándote la bienvenida el magistral Renato, rey indiscutible de los cocteles y la fina atención. Eran casi parte de la decoración del local tres personajes que se daban cita  y con mucha frecuencia en la esquina más iluminada de la barra, un italiano muy bien trajeado con una pajarita casi siempre desabrochada, cordial y dado a repartir rondas de tragos a los presentes, era el exitoso constructor de Playa Grande, el viejo Tani y sus amigotes y financistas Alfredo Stelling y el Dr. Miguel Pérez Carreño. En Don Louis se servían los mejores tragos usando vasos de cristal, solo se servían dos tipos de pasa palos, asado negro cortado en pequeños trocitos y carpaccio con bizcotelas, eso sí, mínimas raciones. El sitio era para tomar uno o acaso dos tragos acompañados de la maravillosa música de Il Maestro Filippo. Que falta nos hace hoy un Don Louis, clase y elegancia a todo dar.

Si de barras oscuras  hablamos hay que mencionar un rinconcito en la Avenida Libertador con música de los 50 y 60, boleritos pegajosos de Lucho Gatica y Carmen Delia Depiní, magnifico  lugar para entonarse y decidir llevarle una serenata a la compañera de universidad a quien le "estábamos echando los perros" ¿les suena RECORDAR ES VIVIR? José Luis Pimentel fue su dueño, luego fue mi alumno y hoy es un renombrado galeno



El BULEVAR de Sabana Grande era otra cosa, ese era el centro del medio de la mitad, Sergio Dahbar en un artículo publicado esta semana en El Nacional lo define muy bien “En los años setenta Sabana Grande era una fiesta que no se apagaba nunca. Las librerías Uno, Cruz del Sur y Suma, formaban un triángulo ineludible que atraían a la bohemia nacional e internacional como un imán. Se colgaba carne cruda en una galería y se esperaba recibir reconocimiento de la crítica. La tertulia era hasta altas horas de la noche, se bebía licor como cosaco, para en la madrugada buscar cobijo en una cama ajena que ofrecía afecto y horas menguadas de sueño” Que maravilla en pocas frases condensó todo. La exposición aludida fue utilizando carne cruda y se llamó Necrofilia, fue una exposición provocadora de la gente de izquierda,en una galería llamada El Techo de la Ballena, se esperaba la llegada de la Digepol para clausurarla, pero fue la Sanidad quien la cerró debido a la putrefacción inaguantable del local. Esos artistas despistados eran algo inocentes.

En una ocasión caminaba por Sabana Grande con una amiga y nos topamos con un colombiano peludo y con una camisa al estilo de Daniel Santos, con el cual intercambiamos algunas palabras, a mí me pareció algo trivial, de haberlo sabido entonces me le hubiese guindado del cuello y me hubiese tomado un selfie para el recuerdo, porque años después supe que le había dado la mano al fenomenal GABO, UN DESCONOCIDO MAS, quien pasado los años se convertiría en Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, orgullo  de todo latinoamericano.



En la década de los setenta, Londres marcaba el ritmo de los grandes cambios, los Beatles nos obligaron no solo a oír su música, sino nos enseñaron a vestir pantalones de bota ancha y a dar preponderancia al pelo largo y bigotes. La capital británica se había convertido en la Meca de todo contestatario y era el destino de músicos, poetas, pintores, era el centro de la vida licenciosa. Las minorías de costumbres sexuales equivocadas no fueron la excepción y todo metrosexual,  gay o simple marico sentía la atracción de la City como destino final de sus aventuras. Cuando regresaban de su periplo londinense, volvían con un posgrado y hasta un PHD en mariconerías, se soltaban el moño  y pareciera que habían comprado la cerrajería de abrir los clóset. En ese entonces nos reuníamos semanalmente con un grupo de amigos alrededor de la barra de La Cibeles y nos tomábamos toda la cerveza que pudiéramos consumir mientras disfrutábamos de nuestra conversación. Uno de los asiduos era objeto de bromas por lo delicado y fino de sus intervenciones, el resto lo calificaba de gay, pero yo le tenía un especial aprecio y siempre objetaba a su favor que la delicadeza en el trato era porque había quedado huérfano desde niño y había sido criado por un trio de tías solteronas. Pero el asunto se puso color de hormigas cuando anunció su inminente viaje a Londres. Dos años después lo vi en el Gran Café mientras reía alborozado  y agarrado de manos con un catire altote que no hablaba español, me lo presentó como SU TARZÁN. Este cuento de hados no terminó bien porque poco tiempo después al catire se lo llevó por delante una gandola de 18 ruedas y mi amigo cayó en una depresión melancólica que lo condujo a una muerte temprana con una infección rebelde a tratamiento y que luego llamarían Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA).



Anécdotas de putas hay mil, pero vamos a dejarlas hasta aquí en beneficio de la moral y las buenas costumbres. Quiero dejar constancia que escribo para todo tipo de público y cuando termino un artículo se lo leo a Maribel, quien se transforma en la primera censora, es decir tengo mi Vitelio Reyes particular.



Sabana Grande ha recibido la agresión en sus entrañas cuando la perforaron para el paso del Metro, ha sufrido la gélida reconstrucción ordenada por PDVSA, ahora es un caminadero de gente presurosa que no dedica ni una mirada a las nubes, donde desaparecieron sus bellos locales para dar paso a unos cajones uniformes, donde se limitan a vender zapatos hechos en serie en lejanas fábricas chinas, sus calles fueron cubiertas con un absurdo e irregular piso de adoquines que imposibilita el caminar a alguna desprevenida dama que intente cruzarla en tacones altos y son la amenaza permanente para las rodillas de cualquier niño que ose correr en sus espacios.

 Sabana Grande ha cambiado mucho, pero apuesto por las nuevas generaciones que se encargaran de darle un nuevo matiz, seguirá siendo el corazón palpitante de la ciudad que se irá adaptando a todos los cambios por venir, es esa la razón de ser del centro  de toda urbe moderna, basta con leer crónicas como esta para seguir dando empuje en la creación de nuevas experiencias, de empezar a tejer los recuerdos del mañana. Hasta aquí mis remembranzas, adiós Sabana Grande de mis amores, Sabana Grande de mis sueños, bienvenido el futuro, porque la seguiré viviendo y bebiendo, enredándome  en sus aventuras.

  
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Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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