martes, 12 de marzo de 2013

Gral. en jefe Rafael Urdaneta Faría, “El Brillante”



Eumenes Fuguet Borregales (*)
 
El general Rafael Urdaneta no descubre en toda su carrera un instante de vacilación, ni una sombra de deslealtad; la palabra abnegación simboliza sus virtudes. Su amistad con Bolívar llegó más allá de la muerte; fallecido el Libertador, Urdaneta aceptó la persecución, el destierro y la pobreza con dignidad. Nace el 24 de octubre de 1788 en Maracaibo, hijo de Don Miguel Gerónimo Urdaneta Troconis y Doña Alejandrina Faría Oberto, realiza estudios en Caracas y Maracaibo. En 1804 es enviado a Bogotá bajo la tutela de  su tío Martín, quien ocupaba un alto cargo en las rentas del virreinato, el joven Rafael trabaja en esa dependencia hasta 1810, cuando llega el eco del 19 de abril caraqueño, alistándose como teniente del batallón Patriotas de Cundinamarca. Recibe su bautizo de fuego en Palace el 25 de marzo de 1811, su actuación le merece el ascenso a capitán el 12 de octubre de 1811. Combate en San Gil, Charalá y Venta Quemada; es ascendido a teniente coronel y le asignan el 5to btn. De la Unión. Conoce al futuro Libertador en la población de San Cayetano a orillas del río Zulia el 27 de febrero de 1813, allí le expresa con el desprendimiento que lo caracteriza: “Mi general, si con dos hombres basta para emancipar la Patria, pronto estoy para acompañarlo”. Luego de triunfar en Cúcuta, Bolívar lo denomina “El Brillante” y asciende a coronel; iniciando el 14 de mayo la Campaña Admirable que llegará exitosa a Caracas el 6 de agosto. Ascendido a general de brigada el 18 de octubre con las instrucciones de dirigir operaciones hacia el occidente; concluida la batalla de Araure el 5 de diciembre el Libertador lo cataloga: “El más constante y sereno oficial del ejército”. Urdaneta recibe la orden: “Defenderéis a Valencia hasta morir”, con 280 soldados defiende la ciudadela ante la embestida de más de tres mil realistas. Cuando le exigían la rendición  contestaba: “La boca de mis cañones llevarán la respuesta”; Orden espartana digna de quien la enviaba, y de quien al cumplirla, escribiría una de las  páginas más gloriosas de nuestra historia. Es de los triunfadores en la primera Batalla de Carabobo realizada el 28 de mayo de 1814; al conocer la derrota  en La Puerta emprende desde San Carlos su famosa “Retirada” hasta Pamplona. Recibe el despacho de general de división el 5 de enero de 1815; combate a las órdenes de Páez en los llanos apureños. En febrero de 1819 espera en Margarita los refuerzos llegados de Europa, encargándose de la organización y utilización en Barcelona y Cumaná. Fue factor importante en la liberación de Maracaibo materializada el 28 de enero de 1821, actividad que origina la suspensión del Armisticio acordado en Trujillo a finales de noviembre de 1820. Cumpliendo la concentración estratégica previa a la batalla de Carabobo, Urdaneta sale de Maracaibo el 30 de abril, libera a Coro el 11 de mayo. En su desplazamiento hacia Barquisimeto enferma en Carora, dejando el mando al coronel Antonio Rangel. Bolívar lo asciende a Gral. en Jefe el 17 de julio y lo envía a la Nueva Granada donde ocupa altos cargos en la administración pública y en el Congreso. A raíz del atentado contra el Libertador el 28 de septiembre de 1828, es designado Juez de la causa. A la muerte del Libertador suscribe una conmovedora Proclama que llama a la unión de los pueblos. Sale desterrado a Curazao donde vive 18 meses en la más completa miseria; Llega a Coro  en diciembre de 1832, dedicándose a la agricultura y cría cerca de Cumarebo. Elegido Senador por Coro en 1837, un año después es nombrado Secretario de Guerra y Marina. A la llegada de los restos del Libertador en diciembre de 1842, comanda la parada de honores y funda la Gran Sociedad Boliviana, designada Sociedad Bolivariana de Venezuela el 23 de marzo de 1938. Urdaneta es enviado a España en misión diplomática en 1845, en Londres le recomiendan una operación de Talla en la vejiga, prefirió continuar la comisión y  fallece en París el 23 de marzo de ese año, no sin antes ordenarles a sus hijos Rafael y Luciano devolver el dinero no utilizado, fue su última lección de honestidad. Su testamento: “Dejo una viuda y once hijos en la más completa miseria”. Hemos sido injustos no darle su nombre al Edo. Zulia, lo lleva de un río que no nace en Venezuela; la naturaleza  generosa, colocó una “U” gigante de Urdaneta al sur del lago.
(*) Gral. de Bgda.                                                                      churuguarero77@gmail.com
                                                                                                                  @eumenesfuguet   
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