sábado, 23 de marzo de 2013

El Cristo crucificado con cuatro clavos




Eumenes Fuguet Borregales (*)
El  6 de febrero de 1914 se efectuó en la Plaza del Cristo también conocida como Jerusalén, frente a la Plaza Lourdes de Maiquetía, la inauguración y bendición del milagroso Cristo de los Cuatro Clavos, uno de los pocos  con esta  característica que se encuentran en el mundo. El símbolo de la cruz existe desde aproximadamente ocho mil años, lo evidencian las investigaciones arqueológicas; la máxima pena en la antigüedad la constituía la crucifixión, utilizada en pueblos  tales como: Babilonia, Persia, Asiria,  Egipto y Cartagena o Nueva Cartago. El condenado es atado o clavado en una cruz de madera o entre árboles, es dejado allí horas o días hasta su muerte. Los griegos adoptaron esta forma de castigo, tomada  por los romanos. Después de conquistar Tiro, Alejandro de Macedonia ordena que crucifiquen  a dos mil personas. El emperador Publio Licinio Valeriano (200-260), crucificó a seis mil soldados prisioneros. Los romanos preferían utilizar los clavos de hierro de aproximadamente 13 a 18 centímetros de longitud y de 1 centímetro de ancho, ante que las sogas. Los artistas y conocedores de arte  han mantenido por muchos años, diferentes puntos de vista  en relación a la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo con tres o cuatro clavos. El pintor Francisco Pacheco, maestro y suegro del famoso pintor sevillano Diego Velázquez (1599-1660), de los máximos exponentes de la pintura española y universal,  en una carta fechada en 1620  defendió la pintura del Crucificado con cuatro clavos. Pacheco se basaba en  argumentaciones suministradas por Francisco de Rioja y el italiano Ángelo  Rocca, obispo de Tagasta, quien en 1609 había publicado un breve tratado sobre este aspecto, según las revelaciones que recibió Santa Brígida de Suecia (1302-1373) Patrona de Europa, su festividad es el 23 de julio. La Santa tuvo varias visiones, en ellas predecía hechos futuros  y  apariciones de santos. En una de esas visiones pudo ver la muerte y torturas que sufrió Cristo. Francisco Pacheco sostenía  la idea de la crucifixión con cuatro clavos, frente a la más extendida representación del Crucificado sujeto al madero con solo tres clavos, cruzado un pie sobre el otro. En el Museo del Prado de Madrid se encuentra un lienzo de un Cristo con cuatro clavos pintado por Velázquez en 1632, con dos clavos  para las manos y dos para los pies. Los artistas de estilo gótico representan a Cristo con tres clavos, haciendo que un pie esté sobre otro, lo que obliga a una pierna a doblarse en forma diferente a la otra. El pintor español  Francisco de Zurbarán (1598-1664), realizó en 1627 su Cristo en la cruz con cuatro clavos, en la creencia de que era imposible que los pies fueran atravesados únicamente por un clavo. Los pintores seguidores  del clasicismo eran partidarios de tres clavos, mientras que los del realismo de Velázquez son partidarios de cuatro. San Ambrosio, San Agustín y otros mencionan expresamente los cuatro clavos que se emplearon para crucificar a Jesús. La Iglesia consideraba que la discusión entre los 3 ó 4 clavos carecía de sentido.  Son escasos los cristos de cuatro clavos, entre ellos tenemos: el  Cristo de la Clemencia en  la Catedral de Sevilla  elaborado en 1603; basado en las revelaciones de Santa Brígida. El Cristo de cuatro clavos de Nuestra Señora  Guadalupe en Reynosa- México; la cruz mide entre 1.90 metros de ancho por 3.10 metros de alto, elaborado en una sola pieza de mármol de Carrara, es decir, el mismo material utilizado por Miguel Ángel Buonarroti en las obras que adornan la ciudad del Vaticano. El milagroso Cristo de cuatro clavos en la iglesia de Shapaja, departamento de San Martín, al este del Perú. En Venezuela son conocidos: el de la Iglesia San José en Caripito, que presenta a Cristo con cuatro clavos, uno en cada mano y pies, estos últimos están separados, y el de la iglesia Cristo de Maiquetía; El Padre  Santiago Machado tuvo la feliz idea de comprar un terreno frente a la Plaza Lourdes y mandar a fundir en Francia un Cristo crucificado en metal resistente a la intemperie y al salitre; la cruz fue hecha en Venezuela en tres piezas: la más larga se fijó sobre la gruta base, donde iba a ir el Santo Sepulcro, y los otros dos trozos, que eran los brazos de la Cruz, con el Cristo ya fijo. Muchos caraqueños bajaron el 6 de febrero de 1914 a La Guaira al acto de bendición de la sagrada imagen de nuestro redentor, utilizando el  ferrocarril Caracas - La Guaira; como invitados especiales asistieron: el Delegado Apostólico, Monseñor Carlos Pietrapaoli quien bendijo la obra, el Arzobispo de Caracas, Monseñor Juan Bautista Castro, autoridades civiles y religiosas, cofradías colaboradoras y numerosos fieles.
(*) Gral.deBgda.                                                                                            churuguarero77@gmai.com
@eumenesfuguet
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