sábado, 23 de mayo de 2015

APUNTES PARA LA GENEALOGÍA DEL GRAL. CIPRIANO CASTRO

  Por Oldman Botello
                                                     
                           
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        En 1856 se efectuó el matrimonio de don José del Carmen Castro, hijo de Melecio Contreras y Bernarda Castro y fallecido en 1915 y doña Pelagia Ruíz Becerra, ambos campesinos de Capacho Viejo, estado Táchira, residentes en Las Lomas o Lomas Altas, frente a Capacho, valle estrecho por medio. Las dos únicas fotos que se conocen de don Carmelito y que datan de principios del siglo XX presentan a un hombre corpulento, de enmarañada y larga barba  bíblica. 
                                         

                                                                    


        

          
De la unión Castro-Ruíz nacieron:
I)                  Celestino Castro Ruíz, nació en Capacho el 9 de abril de 1856 y murió exiliado en Cúcuta el 30 de agosto de 1924, meses antes de su hermano Cipriano; casó con doña Teresa Cárdenas Zambrano. Fue su hija doña Ana María Castro Cárdenas. En enero de 1922 doña Ana María estaba residenciada en Santurce, Puerto Rico mientras los padres se hallaban en Cúcuta exiliados. Don Celestino era enemigo personal irreconciliable del general Gómez desde que debió entregarle bajo protesta ante su hermano don Cipriano, la presidencia del estado Táchira en 1900.
II)               Nieves Castro Ruíz, que tomó estado con el general Evaristo Parra. Doña Nieves tenía cierta instrucción a juzgar por la letra y la buena ortografía en su correspondencia. Aprendió inglés mientras vivió en Puerto Rico. Con descendencia: Numa Pompilio Parra Castro, nacido en 1886; Caracciolo, Enriqueta, Vicente, Nicolás y otro varón Parra Castro.
III)            Laurencia (llamada Laura), casada con don Hilario Lázaro, con sucesión varias hijas
IV)           José Cipriano (Cipriano) Castro Ruíz, nació en Las Lomas el 12 de octubre de 1858, fue su padrino de bautizo don Antonio Depablos. Murió en Santurce, Puerto Rico, donde se hallaba residenciado, el 5 de diciembre de 1924. Sus restos fueron trasladados  en la década del setenta del siglo XX a un panteón que le fue construido en Capacho  y el 14 de febrero de 2003 al Panteón Nacional. El periodista español Eduardo Zamacois tuvo la oportunidad de entrevistarlo en Puerto Rico en 1920, y de lo que vio fijó la figura del defenestrado presidente venezolano: “… de color cobrizo  (…) las piernas descarnadas, menudos los pies, el tórax angosto, las manos nerviosas, amarillas y extraordinariamente locuaces. El cuello demasiado ancho, quizás, de su camisa, exagera la delgadez avellanada  del pescuezo. Lo más interesante de su figura es la cabeza macrocéfala y calva, en la que el rostro, de mejillas flacas y alargado por una barbilla rucia, parece aplastado, devorado por el frontal alto, imperioso y enorme. Lleva los escasos cabellos, casi blancos, cortados al rape. Las orejas son grandes, los ojos, negros y terriblemente vivaces; la boca, de labios gruesos , dura, amarga, despreciativa y sensual”. (cit.p.Amado, Anselmo. Gente del Táchira (II): 44-45) El general Castro tomó estado con doña Zoila Rosa Martínez, nacida en San José de Cúcuta el 24 de mayo de 1868, y fueron sus padrinos Narciso del Prado y Rosa Navarro (Libro 15 de bautismos. Cúcuta, folio 74) Falleció en Caracas en octubre de 1952. Supuestamente hija del general Juan MacPherson en doña Dolores Martínez. Casaron en Capacho Nuevo (hoy Independencia), el 11 de octubre de 1886; ofició la ceremonia el presbítero Fernando Contreras (tío del Gral. Eleazar López Contreras) y fueron testigos Francisco Pérez y doña Nieves Castro Ruíz, hermana del novio. Sin sucesión en el matrimonio. Fueron hijos naturales de don Cipriano Castro, que se conozca, el ingeniero Cipriano Domínguez, de Caracas, autor del Centro Simón Bolívar y el ingeniero Cipriano Jiménez Macías, de Valencia. (1)
V)              Clotilde, casada con el Dr. Antonio Quintero Rojas. Con descendencia
VI)           Josefa (llamada Josefita y Chepita). Casada con el general Simón Bello, tachirense.  Vivía en Puerto Rico mientras el esposo estuvo preso durante ocho años y cinco meses. (2) A él lo liberaron y ella continuó en Borinquen. El general Bello debió pedir autorización al general Gómez el 2 de febrero de 1925 (ya él tenía cinco años libre, desde diciembre de 1921)  para que regresara doña Josefita: “Después de saludarlo mui atentamente, vengo de nuevo a exigirle me conceda el permiso de traer a Josefita al país; como Ud. comprenderá , ya ella i yo estamos viejos i enfermos, i es nuestro deseo mui natural de reunirnos en nuestros últimos años; espero de su bondad este favor i me conteste favorablemente por lo que le quedaré eternamente agradecido”. (Archivo O. Botello) Doña Josefita solo pudo venir al país mucho después. En junio de 1922 parecía que todo estaba listo para el regreso y Bello pedía permiso al general para traer sus muebles y su ropa, pero no se concretó nada a juzgar por esta carta de 1925.
VII)        Florinda Castro Ruiz (nombrada Flora y Flor), nació en Capacho en 1854; tomó estado con Alberto Cárdenas y fueron padres de Elenita Cárdenas Castro, que residía en Cúcuta en 1921.
VIII)     Consuelo Castro Ruíz, fue casada con el general Jesús Velasco Bustamante, emparentado con el general Juan Vicente Gómez y hermano del general Rafael María Velasco Bustamante, que fue gobernador de Caracas y ministro; hijo de don Ángel Ignacio Velasco Casique y María de la Cruz Bustamante. Ambos eran originalmente educadores en el Táchira antes de ingresar a la Revolución Liberal Restauradora en 1899. Hijas: Delia, Amanda y Elba Velasco Castro. Las hijas vivían en 1921 en San Cristóbal. En 1922 permanecían solteras. Delia era pianista y muy díscola; su hermana Amanda sufría la ausencia de Puerto Rico, donde se acostumbró a vivir; padecía de episodios de depresión y llanto. Creemos que de una de estas damas desciende el destacado diplomático y ex-Canciller, ya fallecido, José Alberto Zambrano Velasco, de tendencia socialcristiana.
  Don Carmelito Castro, al enviudar de doña Pelagia Ruíz en 1873 casó con doña Gumersinda Moros, de Capacho, hija adoptiva de don Jesús Moros, quien la registró con su apellido. Su padre biológico fue Nicolás González, capachero también, quien no le quiso dar su apellido. Los Moros eran posiblemente colombianos de ancestros  barineses, que huyeron al vecino país durante la guerra federal. El matrimonio Castro-Moros se efectuó el 11 de febrero de 1874  y dejaron a Capacho para residenciarse en el vecindario La Victoria, al pie de la montaña de Los Indios. Fueron testigos del segundo matrimonio don Segundo Ramón Sayago y doña Julia Pacheco. (Libro de Matr. 1874, folio ilegible; Moros Manzo, 2009: 37). La novia era hermana del general Eulogio Moros, que fue uno de los sesenta hombres que cruzó el río Táchira el 23 de mayo de 1899 al comienzo de la Revolución Liberal Restauradora. Tuvo cargos militares en el castrismo y en el gomecismo. Después pasó a encargado del hato La Candelaria, que perteneció al general Castro, su cuñado y luego, desde 1914 al general Gómez por una transacción entre este y la Nación, representada por el Procurador General. (Botello, 2013) Fue su larga sucesión:
IX)           Trino Castro Moros
X)              Román Castro Moros
XI)           Carmelo Castro Moros (1875-1957). Con rango de general. Casó con doña María Cristina Pellicer y fueron sus hijos: Cipriano y Carmelo Castro Pellicer, casado este último con doña Lourdes Acosta, con sucesión Carmelo Castro Acosta, que nació en 1954
XII)        Hortensia Castro Moros, casada y con sucesión
XIII)     Benjamín Castro Moros
XIV)    José Antonio Castro Moros
XV)       María Mercedes (nombrada Mercedes) Castro Moros
XVI)    Miguel Ángel Castro Moros. Tenía jerarquía de general
XVII) Ramón Castro Moros
XVIII)         Rafael Castro Moros
XIX)    José Manuel Castro Moros
XX)       Víctor Manuel Castro Moros
XXI)    Judith Castro Moros
Veintiún hijos en los dos matrimonios engendró don Carmelito Castro. Fueron hermanos  de don Carmelito, don José Antonio Castro y don Florentino Pernía.



NOTAS:
(1)  A don Cipriano lo perdió su vida disoluta. Un ejemplo de ello es una carta que envía el 29 de noviembre de 1905 desde un lugar denominado La Montaña, seguramente en el Táchira, una persona que dice llamarse Natalio Hernández, amigo de juventud, quien se duele de una fallida visita del general Castro a su tierra natal y que habría dejado a su amigo y a todos “con los ojos claros y sin vista”  cuando esperaba […] la presencia de mi querido Cabito en Pedernales” y le pregunta a don Cipriano con toda confianza: “¿Qué haremos ahora? Sobre todo con las diez hermosas damas, conquistadas para el parrandeo en El Roble y Los Guayos, entre ellas una……de chupe y déjeme el cabo.
¿Ya no danzaremos con ellas?
El Gral. Castro era objeto de un seguimiento por los cónsules venezolanos en las ciudades por donde pasaba. Y no solo los cónsules, había espontáneos que metían baza para recibir después su paga. El 25 de noviembre de 1916 escribe desde San Juan de Puerto Rico el supuesto abogado y notario Cay Coll Cuchi al general Gómez, informándole: “Como usted sabe, desde hace algún tiempo llegó a San Juan Cipriano Castro. Hizo ostentación de que venía a pasar unos cuantos meses de descanso en nuestro excelente clima; pero la festinación que puso en llevar a su lado a casi todos los reporters de San Juan para que dijeran en los periódicos que por ahora no pensaba en la política de Venezuela, era lo suficiente para desconfiar de sus propósitos anunciados, aun cuando no supiéramos ninguno de sus antecedentes”. Le comunica que hasta ahora había invertido 1.200 dólares en su trabajo de investigación con la ayuda de un grupo de espías a su servicio. Si el general Gómez seguía interesado en la pesquisa le solicitaba 1.000 dólares mensuales que pedían los espías. El 9 de noviembre de 1916, el cónsul en Puerto España, Luis Felipe Calvani informa al general Gómez: “Alguien que es amigo de Carmelo Castro me dijo que éste le había informado confidencialmente  que se hacen gestiones en el sentido de que a don Cipriano le cedan un parque que hay en Haití oculto, el cual fue introducido clandestinamente por ciertos jefes haitianos cuando sus dificultades con los Estados Unidos y con el propósito de resistir a los americanos. No sé qué hay de cierto en esto. Trataré de indagar […] Dicho Carmelo continúa enemistado con don Cipriano y hablando horrores de él, y hace poco me mandó a decir que como su hermano no quiere pagarle el dinero que él gastó en Barbados para salvar el parque y pagar los dos primeros años de depósito, está dispuesto a vendérselo a Ud. barato. Él está en Cúcuta”. (AOB)  El 16 de octubre de 1917, el mismo cónsul Calvani escribe al general Gómez manifestándole que el gobierno trinitario notificó al general Castro que debía salir de esa isla y él estaba haciendo esfuerzos para conseguir que lo dejaran viviendo en Trinidad. Escribió al gobernador asegurando que su actitud  era pacífica y prometía no mezclarse en los asuntos políticos de Venezuela; antes había estado cerca de tres años residiendo en la isla sin haber dado el más leve motivo  para que se le juzgase como conspirador. El gobernador respondió que esperaba instrucciones del ministerio de Colonias inglés para proceder en consecuencia, pero que procediera a preparar su equipaje con calma. Castro aseguró se iría a Tenerife que era “la tierra donde mejor lo habían tratado”. En conversaciones con algunos amigos informó privadamente que era partidario de los aliados en la I Guerra Mundial y que al terminar ésta “vendrá la guerra civil en Venezuela, y que nuestro pueblo lo aclamará a él, porque ya se ha dado cuenta de lo que él vale y significa y lo que ha perdido con su separación del poder”.  (AOB)  El general Castro siempre tuvo esos arranques de megalomanía. Siendo Presidente, conversando con el general Gómez y don Antonio Pimentel en las escaleras de Miraflores, dijo “¡los ojos del mundo están fijados en mí!” y el indiscreto de don Antonio Pimentel lo atajó y replicó: “No, general. No esté creyendo eso. A usted le dan una patada por el culo y lo bajan de estas escaleras”, de lo cual se rieron todos y antes de que el general Castro dijera algo contra Pimentel, el general Gómez se lo llevó del brazo al interior del Palacio, recordando a un personaje del Táchira que mucho los hacía reír con sus salidas.  La anécdota fue relatada por el propio Pimentel a don Florencio Gómez quien la contó al autor de esta genealogía.
   Doña Zoila Martínez de Castro fue una honorable mujer que sufrió con estoicismo las faltas de su libidinoso esposo. A pesar de ello –al igual que doña Dominga Ortiz de Páez- lo defendió. Ella escribió a Antonio Reyes cuando este publicó su libro sobre “Presidentas” de Venezuela en 1949: “Tengo que decirle que ni yo fui tan buena  como Ud. asegura ni Cipriano tan nefasto como lo describe”. Se cuenta que siendo primera dama del país y el general Gómez vicepresidente, le escribió una nota a este último donde le decía lacónicamente: “Compadre, venga para que me cape un gato”, como en los viejos tiempos del campo tachirense o de Bella Vista en Cúcuta. Años más tarde cuando regresó doña Zoila al país surgió un comentario quejumbroso de ella y el general Gómez, Presidente de la República, sacó de su guerrera en un encuentro que tuvieron en Las Delicias, Maracay, el papelito que tenía guardado tanto tiempo y le replicó mostrándole la nota: “Comadre, yo era el vicepresidente de la República” y tenía razón. El general Gómez siempre estimó a su comadre Zoila, madrina de bautismo de José Vicente Gómez Bello. En el país cada vez que  visitaba al Presidente le entregaba un sobre con dinero y tenía una pensión suficiente, aparte de lo depositado en bancos por la venta de sus propiedades, la mayoría de las cuales fueron adquiridas por el general Gómez.  No estaba mal doña Zoila en el exilio. Una carta del 27 de enero de 1922, de Ana María Castro Cárdenas para don Celestino Castro le informa que doña Zoila estaba en Nueva York en compañía de Ana Feliza (¿?) y “que se divierten y gozan mucho”. Se habían ido desde agosto de 1921 y no tenían fecha de regreso. En la misma carta le comunica a don Celestino que su tío Cipriano “está bien de salud, pero un poco neurasténico, que ese mal es casi general” y le añade que su tío Simón Bello está en libertad. En una carta anterior, del 4 de enero le dice a su tío Celestino: “Tengo esperanzas de verlo pronto, pues parece que Dios va [a] hacernos un gran milagro y según últimas noticias bastante frescas, al cochinito ese gordo le llegó al fin su sábado”. Se refería indudablemente al general Gómez. Esa noticia corrió como pólvora porque a mediados de 1921 el general sufrió un grave ataque de uremia que lo puso a las puertas de la tumba pero se recuperó y de allí las esperanzas de la joven Ana María. Aún restaban al mandatario trece años de vida.
   Doña Zoila escribió una nota desde  Guaynabo, Puerto Rico, el 28 de julio de 1930 donde le recuerda el nombramiento de un cónsul, aparentemente aceptado de antemano por el general Gómez y que podría ser el de Trinidad, que necesitaba un cambio. También le recuerda un terreno cuya compra sugirió al general Gómez y propiedad de don Santiago Ibarra; con el dinero percibido, este último le cancelaría a doña Zoila unos dólares que le debía. (AOB)
(2) El general tachirense Simón  Bello estaba preso desde 1913 cuando fue capturado en una invasión antigomecista por tierras falconianas mediante una trampa que le montó el Gobierno del estado y en la cual participó el ejército. Entre ellos figuró el periodista y escritor villacurano Rafael Bolívar Coronado (1884-1924), al servicio del régimen. Escribió en sus Memorias de un semibárbaro que en el camarote del barco donde venía Simón Bello no encontraron armas sino unas botellas de buen brandy y unas cajas de condones. Así lo retrata Bolívar Coronado: “Hombrecito como de cincuenta años, obeso, de una vulgarísima obesidad; estatura bajita, afeitado el bigote, corto el pelo al rape, con blusa y pantalón amarillo…y tratando de asumir una actitud marcial”. (Botello, 1993: 51) Fue liberado en diciembre de 1921. Su cuñada Florinda Castro da cuenta el 5 de enero de 1922 a su hermana Consuelo  cómo fue la reacción de todos cuando se supo la libertad de don Simón en Puerto Rico: “…ustedes no tienen idea de cómo fue ese momento de locura, lloros y ahogazones, pues a Josefita le dio un mal que no respiraba” (AOB)  Ana María Castro Cárdenas le dice a su tío Celestino, que permanecía en Cúcuta que su tío Simón Bello “ha salido muy enfermo y gracias salió vivo”. (AOB)

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