jueves, 10 de julio de 2014

Negras Hipólita y Matea


Eumenes Fuguet Borregales (*)


 
 La colonización inició la utilización de los esclavos especialmente los negros en las diferentes áreas de la economía minera, agrícola y ganadera, como también en la servidumbre de las familias de los blancos criollos. Estas mujeres estaban encargadas de la cocina, limpieza de las residencias, de la crianza y primera educación de los niños que iban a constituir la clase dirigente. Los negros esclavos recibían el apellido de los amos para identificarlos y demostrar su capacidad económica, dada por la cantidad de esclavos que tenían a su cargo. Las negras portaban los domingos los cojines para comodidad de las mantuanas al arrodillarse durante el oficio religioso; los negros esperaban en la Plaza Mayor para seguirlos hasta las respectivas viviendas. La sociedad estaba estrictamente jerarquizada; en primer orden las autoridades civiles y eclesiásticas seguido de los blancos terratenientes, continuaban los pardos, luego los indios encomendados y sometidos y por último el negro en esclavitud. Doña María de la Concepción Palacios, al dar a luz el 24 de julio de 1783 en horas dela noche a Simón, su cuarto hijo, por lo delicada de salud no pudo amamantar al pequeño, actividad realizada durante los cinco primeros meses por una vecina llamada Inés Mancebo de Miyares, nacida en Santiago de Cuba, esposa de Fernando Miyares, oriundo de la misma ciudad, Gobernador de Barinas, fundador de San Fernando de Apure y capitán general de la provincia de Venezuela. Inés había dado a luz a Úrsula, futura esposa del general realista Ramón Correa. De la servidumbre de la familia Bolívar Palacios, dos de ellas, Hipólita y Matea de ascendencia africana, dejaron honda huella en el Libertador, marcada desde su niñez hasta sus últimos días: HIPOLITA, Nacida en San Mateo en 1763, por su contextura costó trescientos pesos, casada con Mateo también de la servidumbre de la familia Bolívar de la hacienda Santo Domingo de Macaire en Caucagua; una vez que dio a luz en San Mateo a Dionisio, fue llevada a Caracas para completar la lactancia del niño Simón y encargarse de sus primeros pasos; utilizaba pañales traídos de Holanda; La madre de Simón en el sentido del contacto, de la alimentación espiritual y de la formación fue indiscutiblemente la fiel negra Hipólita; Bolívar la consideraba su segunda madre y padre. En correspondencia dirigida desde Cuzco-Perú, el 10 de julio de 1825 a su hermana María Antonia le dice:”…Te mando una carta de mi madre Hipólita, para que le des todo lo que ella quiere, para que hagas por ella como si fuera tu madre, su leche ha alimentado mi vida”. Al regresar a Caracas triunfante en 1827, después de la Campaña del Perú, entre la gente que estaba en las calles saludando y dándole vítores al héroe, se encontraba Hipólita; Bolívar al verla desmontó y emocionado fue a abrazarla, quizás derramando lágrima de alegría al reconocerla. Su hijo Dionisio con el grado de sargento participó en la magna batalla de Carabobo. El Libertador había dado la libertad a sus esclavos en 1821. Fallece esta noble paisana en Caracas el 25 de junio de 1835. Sus restos fueron enterrados el 31 de julio de 1975 en el panteón de la Santísima Trinidad en la Catedral de Caracas, propiedad de la familia Bolívar. MATEA. Nacida en San Juan de Tiznados-Guárico- el 21 de septiembre de 1773, a los doce años es llevada a Caracas para encargarse como aya del niño Simón. Al morir Doña María de la Concepción, Matea se traslada a la residencia de María Antonia la hija mayor, casada con Pablo Clemente Francia Palacios. El joven Simón Bolívar se casa en Madrid en 1802 con María Teresa Rodríguez del Toro, al regresar a Caracas radica durante poco tiempo en casa de su hermana María Antonia, siendo diligentemente atendidos por Matea, quien los acompañará a la hacienda de San Mateo hasta la prematura muerte de María Teresa el 22 de enero de 1803 a causa de fiebre amarilla. Estará Matea en San Mateo con María Antonia el 25 de marzo de 1814, cuando el temible Boves rodeaba el sector, mientras José Tomás Morales avanzaba sobre la parte alta defendida tenazmente por el neogranadino Antonio Ricaurte, quien heroicamente tomó un tizón proporcionado por Petrona, esposa del mayordomo para volar el polvorín y evitar que cayera en manos del enemigo. La crisis vivida a causa de la guerra obliga a María Antonia a Juana y Matea trasladarse a Curazao, atendidas en una residencia conocida como “El Octagón”; de allí se dirigen a La Habana, para regresar a Venezuela en 1823; Matea atendía al Libertador cada vez que se movilizaba hacia Caracas, complaciéndolo con sus gustosos platos. A la muerte de María Antonia, Matea se muda para la casa de Valentina Clemente de Camacho, hija de María Antonia. La negra Matea sufrió mucho al conocer la muerte del Padre de la Patria en Santa Marta. Ya centenaria, tuvo la honra de ser llevada de manos del presidente Antonio Guzmán Blanco el 28 de octubre de 1876 a los actos realizados en el Panteón Nacional en ocasión de colocar los venerados restos del Libertador, ella colocaría una ofrenda floral acompañada de Valentina. Durante sus últimos días de vida terrenal pidió que le colocaran en su cuarto un retrato de Bolívar para contemplarlo; fallece el 29 de marzo de 1886 a los ciento doce años. Sus restos fueron colocados en el Panteón de la familia Bolívar en la Catedral de Caracas.
(*) Gral. de Bgda.                                                                                             eumenes7@gmail.com
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