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jueves, 13 de febrero de 2014

2da revisión:Oración de la Candelaria. Devoción en Venezuela. La Graciosa,octava isla canaria. ¿Por qué se reza los viernes? Por qué la Virgen es negra



Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
 
Devoción en Venezuela
Una devoción tradicional en El Valle de Caracas y en toda Venezuela.
Caracas es la ciudad más antigua en Venezuela donde se venera la imagen de La Candelaria; ya desde 1708 contó con una iglesia dedicada a ella, hoy Parroquia de La Candelaria. La Candelaria es patrona de muchas ciudades de Venezuela, tales como Turmero, Valle de La Pascua, Cantaura; además de muchos pueblos como Las Salinas en el Estado Vargas; parroquias y caseríos; incluso dentro de una misma parroquia donde hay más de una iglesia, a veces La candelaria es patrona de una de ellas.
Luego de la Independencia desde el primer gobierno de Páez, creador de la República de Venezuela, se incentivó la inmigración especialmente de canarios, la cual se prolongó hasta comienzo de la nefasta Guerra Federal, luego de esto durante el gobierno de Guzmán se reactivo la inmigración, llegando a superar a la inmigración de todos los demás países latinoamericanos y desplazando a Cuba que hasta inicio del siglo XIX era una de las que más canarios tenía. Por tal motivo a Venezuela se le llamó: la octava isla.Algo que es incorrecto porque el archipielago canario está formado por ocho islas las cuales son en sentido oeste este y norte sur por:
La Palma,La Gomera,El Hierro,Tenerife,Gran Canaria,
Lanzarote,Fuerteventura y la Graciosa. 
 
La Graciosa,octava isla canaria
Esta octava Isla se encuentra al norte de Lanzarote,administrativamente pertenece al municipio de Teguise,Lanzarote.Tiene una superficie de 27 km cuadrados. Tiene dos montañas: Montaña Mojón y Las agujas, esta última de una altitud de 266 sobre el nivel del mar. Dos pueblos,Caleta del Sebo, que es la capital, y Pueblo Barba. Los habitantes se hacen llamar Los " Los hijos de la isla", y así se denominan, no, graciosos, como algunos se atreven a comentar.
 
Oración de la Candelaria.
En cuanto a la oración original de La Candelaria, traída por los descendientes de los “guanches”, no se sabe con precisión la fecha; pero se difundió en Caracas y en toda Venezuela en el siglo XIX. Existen diferentes variantes de la misma oración, tanto en Las Islas Canarias como en Latinoamérica.
Recuerden que la Virgen se le apareció al principe guanche antes que el archipielago fuera descubierto por vez primera por los portugueses, y fue un esclavo guanche- los guanches fueron todos esclavizados por los españoles- que fue llevado a España, quién se dió cuenta que era similar la imagen que originalmente había quedado en el archipielago, a las que pudo observar en la peninsula; y al regresar a las canarias informó a los nativos el hallazgo; por lo cual La Virgen de la Candelaria es autenticamente canaria, sin influencia española.
La oración más aceptada y adecuada a la original se supone que es la siguiente:

¡Oh! Virgen de la Candelaria, ya supimos que pariste y a todos nos recogiste.
Recógeme a mí Señora que soy alma pecadora, arca eres de los cielos, puerta de la Trinidad, donde se consagra el cáliz, y la hostia en el altar.

Pregunta cómo se llama, se llama el Niño Jesús, que está clavado en la Cruz. Quién la sabe y la reza, quién la oye y la aprende, el día del juicio final, sabrá lo que esta oración contiene, y quién esta oración rezare todos los viernes del año, sacará un ánima de pena y la suya de pecados, y por grandes que sean sus pecados, como arenas en el mar, luego de su arrepentimiento, todos serán perdonados, delante de su Majestad, Amén, Jesús.

Esta oración guanche originalmente se mantenía por tradición oral de familia en familia en las Islas Canarias, y preferentemente se debía aprender oyéndola y no escribirla; por lo menos, así era la costumbre en varios sectores del Archipiélago:
¡quién la oye y la aprende¡… y de esta manera se trasmitió a Hispanoamérica.

La devoción por la Candelaria en Hispanoamérica data prácticamente desde la llegada de los españoles. Esta oración realmente se desconoce desde cuándo se reza en Las Canarias y en los diferentes países latinoamericanos,por falta de documentación precisa; pero, luego de la emigración masiva de Isleños a América a mediados del siglo XIX, sobre todo a Venezuela, Cuba y Colombia la oración se difundió por toda Hispanoamérica.

Religiosamente todos los devotos rezaban la oración todos los viernes del año, sin excepción, tal como lo hacían en Las Canarias, y así transmitieron la costumbre a sus descendientes.

También es costumbre que ante un enfermo en agonía se le prenda la vela de la Candelaria, preferiblemente que haya sido bendita el dos de febrero; se dice que así el enfermo se mantiene iluminado espiritualmente y no le teme a la
“Obscuridad”…

Luego de esta oración se han editado varias oraciones en Roma, pero la auténtica oración guanche es la que hemos expuesto.

¿por qué la Virgen es negra? y ¿por qué se reza los viernes?

Por mandato de la religión judía, todo primogénito varón debe ser presentado al Templo a los cuarenta días de nacido, y la entrada se hacía caminando entre candelabros colocados a ambos lados, se supone que el resplandor de la “candela” dio esa tez morena a la Virgen, de allí la leyenda del por qué la Virgen de Candelaria es negra.
Recuerden que si el nacimiento de Jesús Nuestro Señor fue un día 24 de diciembre; cuarenta días después, el dos de febrero del siguiente año en esa época fue viernes, de ahí el porqué es el día viernes preferentemente es que se reza esta oración.

martes, 24 de diciembre de 2013

PATINATAS DE MISAS DE AGUINALDOS

JESUS ALFARO GARANTÓN 
A mi madre quien siempre disfrutaba de estos escritos


DICIEMBRE DE 1951- Los primeros días de Diciembre los grandes almacenes de Caracas colocaban en sus vitrinas las diferentes cajas de patines de ruedas, el regalo más preciado para todo muchacho caraqueño de la época. La oferta era tentadora, se apilaban altísimas columnas de cajas de cartón con su tesoro de ruedas de acero en su interior. Habían dos marcas de patines UNIÓN, que eran chimbos y sus ruedas se abrían por la banda de rodamiento en pocos días; la otra marca era los afamados WINCHESTER, que se ofrecían en tres categorías, Primera, el tope de la línea, los de Segunda y los menos agraciados de Tercera, desde luego que los más caros eran los de Primera. Cuando aparecía la primera vitrina ofreciendo patines, la noticia corría como pólvora entre los muchachos y corríamos anhelantes a ver esas maravillas. Nos agolpábamos ante las vidrieras de la juguetería y contemplábamos por largo tiempo tanta belleza, hasta que el dueño nos corría. Volvíamos a casa y comenzaba el tira y encoge entre nosotros y mamá hasta convencerla después de días de argumentaciones que debía comprarnos los ansiados patines. Siempre nos tocaban WINCHESTER Segunda porque éramos tres hermanos y el presupuesto familiar de la casa de un educador, siempre había que estarlo estirando. Solamente en una ocasión me tocó usar unos WINCHESTER Primera, cuando mi padrino en un raro gesto de magnanimidad me los regaló. Ese Diciembre mis hermanos mayores no me dirigieron la palabra.

Una vez con los patines en la mano comenzaba “la doma” de los artefactos, patinábamos por las aceras y calles vecinas, rompiendo así las hostilidades con los policías. La policía de esa Caracas no tenía mucho trabajo, acaso llevar preso a algún borrachito que escandalizaba y el resto del día se dedicaban a enamorar a las muchachas de servicio de nuestras casas. Mataban el  tiempo aterrorizando a los muchachos y nosotros respondíamos haciéndoles la vida imposible. El patinar por calles y aceras era una grave afrenta a la autoridad policial y esto despertaba el ansia de cacería de los uniformados. Esta era una guerra generacional, muchachos y policías eran enemigos irreconciliables. En una ocasión fuimos cercados por varios policías y fui pillado por el mismísimo Pablote, un negro grandísimo y el más temido policía del barrio, quien me llevó preso a la jefatura.

Los demás muchachos que escaparon a la persecución corrieron a mi casa a avisarle a mi abuela, quien tomó un paraguas y fue a rescatarme a la jefatura de policía. Al entrar fue directo contra Pablote y le asestó dos paraguazos por la cabeza, mientras preguntaba ¿Dónde está mi muchacho?  Inmediatamente me asió de la mano y nos marchamos, no sin antes detenerse en la puerta y soltar una última advertencia: “Si vuelves a tocarlo, te mato a palos”. Desde ese día Pablote comenzó a respetarme, evitaba encontrarse conmigo y si me veía a distancia, discretamente cruzaba a la acera de enfrente. La jerarquía que tenía yo entre mi grupo de amigos sufrió un cambio repentino, ya no era el más chiquito sino que era guapo y apoyado.

Las misas de aguinaldo se realizan desde el 15 de Diciembre hasta el 24, tiempo de adviento, la preparación para la Navidad y las patinatas eran su alegre acompañamiento. En verdad yo nunca fui a una misa de aguinaldo, pero no pelaba una patinata. Esos nueve días eran esperados como se espera hoy el mundial de futbol, nada los superaba. La cosa es que ese año de antes era larguísimo y ahora son corticos y se necesitan 4 años para emparejar la espera.

Intentaré describirles cómo eran las llamadas patinatas. El asunto comenzaba la noche anterior cuando escogíamos la ropa de abrigo que nos ayudara a soportar “el pacheco” de la madrugada y nos acostábamos temprano para aguantar el madrugonazo. Como a las dos de la mañana comenzaban a oírse el ruido de los patines y las risas de los primeros muchachos empatinados que iban llenando las calles y en poco tiempo nosotros nos sumábamos al tropel, dirigiéndonos  hacia Los Caobos, que era el centro de la verdadera diversión. En ese rumbo pasábamos por la Plaza Mohedano, donde Planchart y compañía vendía los lujosos Cadillacs y en sus cercanías estaba el exclusivo MAXIMS, un restaurant dancing de la alta sociedad y en cuyas puertas estaba siempre estacionado un coche tirado por caballo y donde permanecía en su puesto de auriga un viejo impertérrito y barrigón que todo el mundo conocía como Isidoro. En ese sitio se levanta hoy el Teatro Teresa Carreño.

La zona de patinaje oficial era la avenida principal del parque Los Caobos, que se extendía desde la plaza de los museos hasta la subida que terminaba en un puente de reciente construcción que atravesaba el rio Guaire y en ese año se extendía a una sección de autopista recién pavimentada que corría por unos 500 metros entre la orilla derecha del rio y el bosque hoy llamado Jardín Botánico. Estos fueron los primeros 500 metros de la autopista Francisco Fajardo, actual arteria vial de Caracas.

En Los Caobos se patinaba con libertad. Había los caribes que patinaban tipo profesional y los maletas que nos las pasábamos en el suelo y con las rodillas peladas. Las muchachas usaban pantalones y siempre iban en grupo y habían otras más tontas (o vivas) que usaban falditas y permitían que les “cogieran picones”, así se le decía el poder mirar la entrepierna y hasta distinguir el color de los “blumers” cuando se agachaban o se caían. Coger Picón debe ser una frase derivada del juego de béisbol, donde coger picón es atrapar la pelota después que esta rebota en el terreno y que se considera una jugada de fácil realización. Hoy no se dice coger picones y estas palabras han sido reemplazadas por otras de la jerga beisbolera “me la pusieron bombita”.

Cuando comenzaba a clarear, radio patrullas de la policía con su color negro que iba desde el capó por todo el techo y que todos los muchachos llamábamos “mapurites”, recorrían el sector y nos decían por megáfonos que la patinata había terminado. Era la hora de desayunar unas deliciosas arepitas dulces que freían unas señoras en sus improvisados tenderetes alrededor de los museos. Comenzaba el regreso a casa, esta vez con los patines en el hombro, porque la ciudad había despertado y el tráfico automotor había recuperado su derecho a las calles. En ese transitar íbamos recolectando las botellas de leche y panes que los madrugadores repartidores de las panaderías, habían dejado a las puertas de las casas. Esos panes y leche completaban nuestro desayuno. Nadie consideraba que esta sustracción era algo malo, las familias afectadas lo asumían como una contribución a las misas de aguinaldo o al menos eso creía yo.

Hoy esa Caracas permisiva está acabada; así como la cabilla y el cemento cambió sus estructuras, también creció en población y se hizo esta inhóspita ciudad de la actualidad. Quien piense ir a patinar una de estas noches a Los Caobos, le recomendaría consultarlo previamente con mi amigo y obligado lector de estos artículos Ignacio Taboada, quien seguramente le encasquetará una camisa de fuerza bajo el diagnóstico de Psicosis con Graves Tendencias Suicidas y le prescribirá un cuarto de kilo de Valium tres veces al día.

No todo tiempo pasado fue mejor, ni hoy las maravillas tecnológicas nos llevan al éxtasis, solamente hay que saber aprovechar y disfrutar cada uno de los días que Dios nos ha regalado en esta tierra. ¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

lunes, 25 de abril de 2011

La tragedia del Miércoles Santo en Caracas en los años 1902 y 1952.

Gerónimo Yerena Cabrera
En el culto del Nazareno de San Pablo, en la Basílica de Santa Teresa de nuestra ciudad capital, se recuerda, principalmente, la tragedia ocurrida el miércoles santo, de fecha 9 de abril de 1952. En muchas oportunidades se ha comentado que el único incidente conocido desde que el Nazareno de San Pablo es venerado fue ese miércoles santo; el miércoles santo del año 1902, cincuenta años atrás, ocurrió una tragedia similar, pero de menor proporciones que la del año 1952.

El pueblo caraqueño a principio del siglo XX, recordaba con temor el terremoto ocurrido a las 4.42 am del día 29 de octubre de 1900, llamado de San Simón, más aún, por el hecho de haberse producido un nuevo terremoto en la mañana de ese día. En esa oportunidad se derrumbaron alrededor de 20 casas, y hubo 21 muerto y más de 50 heridos. Esto mantenía a la población con ánimo exaltado, por tal motivo llegada la Semana Santa de 1902, el miércoles santo, los caraqueños se volcaron a hacerle rogativas al Nazareno de San Pablo.
La Basílica de Santa Teresa estaba llena; cuando se celebraba la Misa Mayor, a las 9 am, de repente se escuchó un grito: “¡misericordia, temblor!”. Al parecer fue un cuadro que rodó y calló de la pared, una persona nerviosa lo confundió con un temblor; de inmediato cundió el pánico, que provocó súbitamente un tumulto, todos quisieron salir al mismo tiempo, y un minuto más tarde no quedo nadie en el templo, salvo unos cuantos heridos; no se ha precisado con exactitud el número de muertos, sí es que en verdad los hubo.

Comenta José García de La Concha en su ameno libro Reminiscencias Vida y costumbres de la vieja Caracas, lo siguiente: “En la iglesia sólo quedo el altozano alfombrado de paraguas y sombrillas, faldas y zapatos, carrieles y andaluzas e infinidad de cosas. Muchos años más tarde encontraba a una señora con la oreja partida y nos decía: Mijito, eso fue cuando el zaperoco de Santa Teresa”

Tragedia el 9 de abril de 1952, día Miércoles Santo, en Santa Teresa.

Desde la madrugada de ese día la Basílica de Santa Teresa estaba atiborrada de fieles, algunas puertas estaban clausuradas por reparaciones; Monseñor Hortensio Carrillo inició los sagrados oficios, y de repente, cerca del amanecer, se oyó una voz: “¡Fuego!”; acto seguido se desbordaron en pánico los asistentes, todos trataron, en forma brusca y desordenada, de salir por donde pudieran; con el agravante de la confusión creada por los obstáculos en algunas de las salidas. Inesperadamente la multitud milagrosamente se detuvo y comenzó a salir en forma ordena. En la tragedia hubo 49 muertos, entre ellos, 24 menores de edad, y cientos de heridos.
Este recuerdo perdura aún tristemente en todos los caraqueños de esa época, y con sus diferentes versiones se lo siguen transmitendo a sus descendiente.

yerena.geronimo@gmail.com

lunes, 28 de junio de 2010

El Teque. Antiguo barrio de la Ciudad de Caracas. Segunda revisión.

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera.
Esquina de Quitacalzón. Esquina de Tinajitas. Estado Vallenilla. Tequeños como pasapalos. Quebradas de Altagracia.

El barrio El Teque junto al barrio de la Trinidad constituyeron dos de los barrios más antiguos de la ciudad de Caracas, los cuales existieron desde comienzos y mediados del siglo XVIII respectivamente.
Es de notar que ambos estaban ubicados en lo que actualmente es la parroquia de Altagracia y ambos perdieron su denominación en el transcurso del siglo XIX.

En cuanto al barrio El Teque, se denominó luego Sabana del Teque, la cual fue parte de la zona que ocupaba el antiguo barrio, más adelante se le dió el nombre a una esquina, posteriormente también desapareció esta esquina, sólo queda el recuerdo cuando se mencionan en la historia de las esquinas caraqueñas.

Quizás la primera vez que se hace referencia por escrito de este barrio, fue cuando se nombran los linderos de la parroquia Nuestra Señora de Altagracia, separada como parroquia aparte de la Catedral en el año 1750, fecha en la cual el cantón o barrio quedó integrado a la parroquia. Estos datos aparecen registrados en la Matricula de la parroquia Altagracia. 1775. A. A. de C. Sección Parroquiales, Altagracia Caracas. Carpeta Nº 2. (1).

La descripción de los límites de la parroquia es la siguiente:
“De Oriente a Poniente desde el río Catuche por la calle titulada de Cristo Crucificado, y plazuela de la misma parroquia a los Teques y campos correspondientes; y desde el Sur a Norte, desde la propia calle río arriba de Catuche al cerro La Guaira.”

Era una zona que abarcaba varias cuadras, compuestas de rancherías habitadas por una clase social de escasos recursos y limitado nivel educativo. La gran mayoría de los ranchos estaban distanciados uno del otro, sobre todo al sur; estaban situados entre la quebrada de Quita Calzón y la quebrada de Los Padrones, lo que actualmente es hoy la zona más hacia el oeste de la parroquia de Altagracia.

Esta zona al principio se llamó Cantón El Teque y luego, al ir reduciéndose su extensión por avance del urbanismo convencional, se denominó Barrio El Teque, tal como aparece en el plano de la ciudad del año 1810 (2), y, más preciso aún, en otra versión del plano de 1810 en conmemoración del centenario del 19 de abril, donde hacen una condensación de la Caracas de esa época hasta 1843, intervalo cuando Caracas no sufrió ninguna modificación en relación a su topografía urbanística (3). En los planos de 1810 y 1843, así como en el plano de 1801 elaborado por Francisco Depons, donde también figura el barrio, la quebrada de los Padrones aparece con el nombre de Quebrada de Leandro (4). En el plano de 1897(5) se delimitan ambas quebradas, así como el resto de las quebradas caraqueñas para la época.

Si estudiáramos un plano actual de la ciudad, el área estaría comprendida hasta mediados del siglo XIX, aproximadamente entre los siguientes límites:
Por el norte:
Hacia el este la actual esquina de Gobernador, por donde a media cuadra pasa la quebrada de los Padrones, y hacia el oeste a media cuadra de la esquina de Zapatero, sitio por donde baja la quebrada de Quita Calzón; a ese nivel la quebrada baja entre Zapatero y Cola de Pato.

Por el sur, se ampliaban sus límites entre la actual esquina de Bolero por el este, hasta ranchos dispersos cercanos a la esquina de Pagüita.

Luego se pobló más la ciudad con construcciones de mejor calidad y el área de rancherías se fue reduciendo paulatinamente, ya en el Plano Topográfico de la Ciudad de Caracas levantado en 1875 por orden de Guzmán Blanco (6), desaparece el nombre del barrio; toda la zona de lo que para la época correspondía a la parroquia de Altagracia aparece con el nombre de sus actuales esquinas (aproximadamente 49 esquinas); pero, no así, desapareció en el recuerdo de los caraqueños que allí existió ese barrio y aunque no de forma oficial se continúo llamando a esa zona El Teque; tal como sucede cuando se hace mención a La trilla la cual quedaba en la parte sur del El Teque, donde fue construida la mansión que es hoy el Palacio de Miraflores (7).

Si revisamos El Plano de Caracas de 1890 elaborado por Pablo Díaz (8), observamos que la zona correspondiente al norte, entre las esquinas de Poleo y Buena Vista, nuevamente aparece destacada como El Teque, esto como recuerdo al viejo barrio casi desaparecido su nombre para la época.

Aún a finales del siglo XIX los pocos ranchos que permanecían en sus alrededores, sobre todo en la parte oeste de la actual parroquia de Altagracia, se siguió llamando por costumbre El Teque, aunque la zona, en realidad, ya no correspondía a la original de los planos de 1810 a 1843.

Este barrio tuvo relevancia en la época de la declaración de la Independencia; luego del 17 de agosto de 1811, fecha de la firma del Acta de la Independencia por los diputados de la Asamblea, unos canarios que habitaban en el Cantón El Teque se alzaron; días después son dominados y fusilados diez y seis de ellos (9).

Enrique Bernardo Núñez, refiere que en la tarde del 11 de julio de 1811 aparecen en la sabana del Teque grupos armados con trabucos, pistolas y armas blancas. Se proponían tomar el cuartel de la Trinidad, que debía franquearles el cabo J. Roldán. Era la conspiración tramada contra el gobierno independiente por Juan Díaz Flores, José María Sanchez y fray Juan José Garcia (10).

Carmen Clemente Travieso (11) en la descripción de la esquina de El Chorro también hace mención de una manera muy amena de este alzamiento de los canarios en El Teque.

Don Lucas Manzano en su libro Crónicas de Antaño narra dos situaciones en relación al barrio El Teque; la primera, en su artículo sobre El Puente Guanabano dice: “Los vagabundos de El Teque hacían suya la soledad imperante para desvalijar el viandante si era del sexo barbudo, o vejarlo, en no importa qué manera, si cubría su cuerpo con trajes vaporosos ” (12); la segunda, en su artículo Medio Siglo Atrás (13) -se refería al último cuarto del siglo XIX- comenta la graciosa y picaresca anécdota: “ En las jerusalenes montada en escena en el teatro de corral situado en la Esquina de Pineda, don T. Rasgo, tuvo la osadía de distinguir su casa a renglón seguido de su patronímico con un 8 descomunal; allí se congregaban las compadrerías de El Teque y el Estado Vallenilla* para
armar bululúes que comenzaban por una chirigota endilgada a la Magdalena, por su desproporción en el corpiño, y concluían con una tunda de garrote que ponía en tensión nerviosa la ciudad….”

Estas quebradas mencionadas dejaron de figurar en los planos de Caracas a finales del siglo XIX; por una parte al crecer la ciudad y la desforestación que la siguió, el caudal se fue reduciendo y por otra, las quebradas en sí eran de un caudal pequeño, más aún en época de verano, y con la urbanización a su alrededor se transformaron, al quedar embauladas, en simples conductos de drenajes; sólo queda como recuerdo las esquinas que llevan sus nombres: Esquina de Quitacalzón y esquina de Tinajitas; la quebrada de los Padrones, era de mayor caudal y está también embovedada, en muy pocos sitios se puede apreciar su lecho, desemboca en la quebrada de Caroata, cercana a la Esquina de Aserradero.(14).
Se comenta con insistencia que los famosos pasapalos criollos llamados Tequeños tienen su origen en este barrio y no en la ciudad de Los Teques.

*El Estado Vallenilla fue la denominación que se le dió a la zona actual de la parroquia La Pastora luego de terminada la Guerra Federal. Al designarse La Pastora como parroquia independiente de Altagracia dejó de usarse esta denominación.

Bibliografía y planos
(1).- Lila Mago de Chopite. Caracas y su crecimiento Urbano. Publicación de la Unidad de Cultura y Publicaciones del Instituto Universitario Pedagógico de Caracas.1986. p 81.
(2).- Plano de la ciudad de Santiago de León de Caracas. 1810. Editado por el diario El Universal, Colección Histórica Mapoteca IGVSB.
(3).- Plano de la Ciudad Santiago de León de Caracas en el año de 1810. “según apuntaciones del ilustrísimo Señor Don Mariano Martín y planos de F. de Pons; A.J. Jesurun y otros, historiadores e ingenieros, desde 1771 hasta 1843; con fecha 19 de abril de 1910 y firmado por E. Mendoza Solar. Recuerdo del primer Centenario de la Independencia de Venezuela”. Publicado en el libro Atlas de Venezuela. Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables. Dirección de Cartografía Nacional. Segunda Edición.1979.
(4).- Gerónimo Alberto Yerena Cabrera. Historia de las quebradas del Valle de Caracas. 2007.
(5).- Caracas Plano de la ciudad. Situación de las parroquias foráneas. Por R. Razetti. 1897. Editado por el diario El Universal, Colección Histórica Mapoteca IGVSB.
(6).- Plano topográfico de la ciudad de Caracas. Capital de los Estados Unidos de Venezuela. Plano levantado por orden del Ilustre Americano Gral Antº Guzmán Blanco. 1875. Atlas de Venezuela. Editado por el Ministerio de Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables. Dirección de Cartografía Nacional. Segunda Edición. 1979. p 14.
(7).- Graciela Schael Martínez. Estampas Caraqueñas. Ediciones del Concejo Municipal del Distrito Federal. 1975. P 169.

(8).- Lila Mago de Chopite. Caracas y su crecimiento Urbano. Publicación de la Unidad de Cultura y Publicaciones del Instituto Universitario Pedagógico de Caracas.1986. El Plano de Caracas de 1890 elaborado por Pablo Díaz. p 225.
(9).- José Nucete Sardi. La Ciudad y sus tiempos. Edición del Cuatricentenario de Caracas. p 35.
(10).- Enrique Bernardo Núñez. La Ciudad de los Techos Rojos. Monte Avila Editores. 1998 .p 168.
(11).- Carmen Clemente Travieso. Las esquinas de Caracas. Los libros del Nacional.2001.p 88

(12).-Lucas Manzano. Crónicas de Caracas. Avila Gráfica, S.A-Impresores. Caracas 1951. P79.
(13).- Ibidem.p 109.
(14).- Gerónimo Alberto Yerena Cabrera. Historia de las quebradas del Valle de Caracas. 2007.
Nota: La primera publicación fue el 2 de agosto del 2009.
yerena.geronimo@gmail.com

sábado, 13 de febrero de 2010

Carnaval en Caracas. Evolución desde la Colonia hasta el siglo XX.

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera.
En el siglo XVII, ya la ciudad de Caracas en función de Capital de lo que más tarde fuera la Capitanía General de Venezuela disfrutaba de las costumbres carnavalescas. Esto fue evolucionando conjuntamente con los cambios de las autoridades, fundamentalmente la de Gobernadores y Obispos. En el siglo XVII y mediados del XVIII ya se jugaba con agua, negro humo, almagre, huevos, se embadurnaban con harina, azúcar o pinturas; y aprovechaban los jóvenes, y algunos no muy jóvenes, para dar riendas sueltas a los impulsos propios de la liberación de sus hormonas. Esto ocurría, según la zona y estratos sociales, desde la forma más inocente hasta la más bárbaras posibles. Estas costumbres desde la Colonia hasta el siglo XX, se fueron alternando “sus modalidades” entre la diversión, la molestia y el abuso, en diferentes épocas, según las circunstancias y los Gobiernos de turnos.

Narra Don Arístides Rojas (1), que en la época del Obispo Diez Madroñero, en el siglo XVIII (1757-1769) cuando Caracas era una ciudad en que prácticamente no existía diversión alguna y con ansia esperaban el Carnaval para festejarlo; el Obispo, el cual ya había impuesto una series de modificaciones de índole religiosas en las costumbres y en la nomenclatura de la ciudad, decreto la prohibición de los juegos de carnaval y estableció el rezo del rosario todos los días de carnaval. Al morir el Obispo, el rezo del rosario fue desapareciendo en el carnaval y volvieron nuevamente las viejas costumbres, para beneplácito de la gran mayoría de sus habitantes.

Ya en el siglo XIX, los tres primeros tercios, había el carnaval invadido nuevamente la ciudad con todas sus modalidades, llegando al extremo en la segunda mitad del siglo, que pocas casas y edificaciones se salvaran de manchas de pinturas que se iban acumulando de cada carnaval, dando un aspecto grotesco.

Graciela Schael Martínez(2), en su artículo: Primer carnaval organizado, narra en forma genérica las mismas costumbres hasta la fecha del centenario del nacimiento del Libertador, cuando el general Antonio Guzmán Blanco, había insinuado la conveniencia y su deseo de ver sustituido el bárbaro juego “que echaba por tierra todo miramiento culto y de respeto, por diversiones dignas de una ciudad civilizada”.
Como por encanto, al amanecer del domingo se vieron flotar en las ventanas gran número de banderas. En lugar del agua e inmundicias como en años anteriores, caía sobre el transeúnte una lluvia de flores, dulces y perfumes. Máscaras de aspecto que recorría toda la escala de lo grotesco paseaban la ciudad.

Sin embargo el juego con agua el martes de carnaval no fue desterrado completamente; cuenta Lucas Manzano (3), que un General muy mandón él, ante una situación que se había presentado en la Calle Real de La Candelaria, donde mojaron a la tropa, fue el mismo a poner el orden y al llegar al sitio, bellas damas lo bajaron del caballo y le dieron un baño completo; este sonriendo y celebrando el atrevimiento de las muchachas dio la orden de alejarse y que las chicas siguieran con su juego.

Don José García De la Concha (4), contemporáneo de Don Lucas Manzano y quien fue testigo presencial de la celebración del carnaval a principios del siglo XX, cuenta que era una fiesta donde se podía apreciar claramente el grado de cultura y de ingenio de un pueblo, y Caracas en esto se iba superando y continuaba celebrando el carnaval de una manera decente y elegante. En la ciudad con suficiente antelación se formaba la junta directiva, y de su seno se elegía un presidente y se formaban juntas subalternas para las parroquias. Se organizaban los desfiles compuestos por carrozas, coches y faetones; estos salían el sábado por la tarde del Capitolio prestos a la batalla de serpentinas, flores, confetis y caramelos; subían al Principal, doblaban hacia la Torre y tomaban la Calle Real de La Candelaria. Las dos primeras cuadras no representaban resistencia, pero de la Marrón para abajo la cosa era seria, desde allí comenzaba la guerra de papelillos y serpentinas; al llegar a la esquina de la Romualda se detenían para compartir el jolgorio en el gran templete situado alrededor de esa esquina; luego continuaban hasta la Cruz de la Candelaria ,bajaban a Miguelacho, desde allí se devolvían pasando por el templete de Socarras y cruzaban a Salvador de León (recuerden que la esquina de Socarras esta al sur de Romualda, situadas ambas en lo que hoy es la Avenida Fuerzas Armadas). De Salvador de León bajaban siete cuadras hasta Peláez; en la época de Castro se hizo famoso en esa esquina el templete del Gobernador Tello Méndez, según narra De la Concha. De las Peláez seguían al oeste, posiblemente hasta la esquina de Monzón y de allí subían directo hasta el Principal donde terminaba el desfile ese día. La fiesta se prolongaba hasta el Martes de Carnaval, tanto en el colectivo como en las residencias particulares.

Sin embargo a comienzo del segundo cuarto de siglo XX en los carnavales de 1928 fue diferente a todos los anteriores; comenta Guillermo Meneses (5), que con motivo de la elección de la Reina de los Estudiantes: “Beatriz Peña se llama y es preciosa como tienen que ser las Reinas de entusiasmo y juventud”; Pio Tamayo, un personaje que se incorpora por entonces a las conversaciones y a los espectáculos moderno y rebelde en su descuidada altanería, en homenaje a la Reina dijo las siguientes palabras: “ Una Reina, pero sucede que, (¡cómo se cuaja la ira en el corazón de algunos gobernantes!) un moscardón de rebeldía se ha juntado a la algazara de los estudiantes”; Antonio Arráiz, quien andaba en la misma línea de Pio Tamayo comentó que esas palabras fueron candentemente sospechosas; sumado a esto los estudiantes en camiones adornados de colorines con un distintivo que no puede confundirse con disfraz alguno gritan:
¡Ajá,ajá!
Mariquita ya se va
¡Ejé, ejé!
Mariquita ya se fue…
Los festejos del reinado de Beatriz terminan con el arresto de todos los estudiantes y sus compinches que participaron en la celebración, además de Pio Tamayo y Antonio Arráiz. Estos fueron los famosos carnavales de La Semana del Estudiante en el 28.

Luego a finales de los años 40 y en los 50, el carnaval se traslado a los clubes privados. Juan J Valverde M (6) y Marisa Vannini (7), comentan que comenzaron a celebrarse en el Casablanca Tennis Club ( hoy La Hermandad Gallega); el Club Paraiso (después Las Fuente); el Centro Asturiano; el Star Light del Hotel Madrid, situado en la esquina de Cipreses; el Monumental, debajo del puente 9 de Diciembre en el Paraiso; el Hotel Avila y el Hotel Tamanaco.

En el puente 9 de diciembre se veían a los curiosos observando desde las barandas a las personas bailando en el Monumental, incluso en fechas distintas al carnaval.
Los templetes volvieron a alegrar el carnaval, estaban bajo el control de la Gobernación del Distrito Federal y las diferentes Juntas Parroquiales. Como estaba prohibido el consumo de alcohol, la gente se sentía más estimulada a asistir y confiada en la conducta de todos los asistentes a los templetes. Muy populares y famosos fueron los de San Juan, La Pastora y el de San José, pero también los hubo en otras parroquias y barrios caraqueños.

Luego de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, los festejos se limitaron nuevamente a los clubes, colegios y residencias particulares. Para el año 1961 se reactivó el carnaval en la UCV y hubo más entusiasmo ese año; aunque a nivel popular colectivo el carnaval nunca más volvió a ser lo que era antes.

En Caracas a decir verdad, en carnaval a igual que en Semana Santa, sus habitantes en su gran mayoría lo que hace es viajar al interior y el jolgorio lo forman fuera de la ciudad…
¿Usted quiere estar en una ciudad tranquila?: quédese en Caracas en carnaval y no se arrepentirá…

Bibliografía revisada.
1º.- Arístides Rojas. Crónica de Caracas. Fundarte. Colección Rescate.1994.p49.
2.- Graciela Schael Martínez . Estampas Caraqueñas. Concejo Municipal del Distrito Federal. 1975. El primer carnaval organizado.p 109.
3º- Cuadernos de Lucas Manzanos.
4.- José Garcia de la Concha. Reminiscencias Vida y costumbres de la vieja Caracas. Ernesto Armitano, Editor. El carnaval de Caracas. p146.
5º.-Guillermo Meneses. El Libro de Caracas. Fundarte.1995.p145.
6º.-Juan J.Verde M. Caracas del Recuerdo a La Nostalgia.Impregraf C.A. 1997.p51.
7º.- Marisa Vannini. Arrivederci Caracas. Libros del Nacional. Nº 53. P122.

yerena.geronimo@gmail.com

martes, 2 de febrero de 2010

Oración de la Candelaria. Devoción en Venezuela. ¿por qué se reza los viernes? ¿por qué la Virgen Negra?

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
Una devoción tradicional en El Valle de Caracas y en toda Venezuela.
Caracas es la ciudad más antigua en Venezuela donde se venera la imagen de La Candelaria; ya desde 1708 contó con una iglesia dedicada a ella, hoy Parroquia de La Candelaria. La Candelaria es patrona de muchas ciudades de Venezuela, tales como Turmero, Valle de La Pascua, Cantaura; además de muchos pueblos como Las Salinas en el Estado Vargas; parroquias y caseríos; incluso dentro de una misma parroquia donde hay más de una iglesia, a veces La candelaria es patrona de una de ellas.
Luego de la Independencia desde el primer gobierno de Páez, creador de la República de Venezuela, se incentivó la inmigración especialmente de canarios, la cual se prolongó hasta comienzo de la nefasta Guerra Federal, luego de esto durante el gobierno de Guzmán se reactivo la inmigración, llegando a superar a la inmigración de todos los demás países latinoamericanos y desplazando a Cuba que hasta inicio del siglo XIX era una de las que más canarios tenía. Por tal motivo a Venezuela se le llamó: la octava isla.
En cuanto a la oración original de La Candelaria, traída por los descendientes de los “guanches”, no se sabe con precisión la fecha; pero se difundió en Caracas y en toda Venezuela en el siglo XIX. Existen diferentes variantes de la misma oración, tanto en Las Islas Canarias como en Latinoamérica, pero la más aceptada y adecuada a la original se supone que es la siguiente:

¡Oh! Virgen de la Candelaria, ya supimos que pariste y a todos nos recogiste.
Recógeme a mí Señora que soy alma pecadora, arca eres de los cielos, puerta de la Trinidad, donde se consagra el cáliz, y la hostia en el altar.

Pregunta cómo se llama, se llama el Niño Jesús, que está clavado en la Cruz. Quién la sabe y la reza, quién la oye y la aprende, el día del juicio final, sabrá lo que esta oración contiene, y quién esta oración rezare todos los viernes del año, sacará un ánima de pena y la suya de pecados, y por grandes que sean sus pecados, como arenas en el mar, luego de su arrepentimiento, todos serán perdonados, delante de su Majestad, Amén, Jesús.

Esta oración guanche originalmente se mantenía por tradición oral de familia en familia en las Islas Canarias, y preferentemente se debía aprender oyéndola y no escribirla; por lo menos, así era la costumbre en varios sectores del Archipiélago: ¡quién la oye y la prende¡… y de esta manera se trasmitió a Hispanoamérica.

La devoción por la Candelaria en Hispanoamérica data prácticamente desde la llegada de los españoles. Esta oración se desconoce desde cuándo se reza en Las Canarias y en los diferentes países latinoamericanos; pero, luego de la emigración masiva de Isleños a América a mediados del siglo XIX, sobre todo a Venezuela, Cuba y Colombia la oración se difundió por toda Hispanoamérica.

Religiosamente todos los devotos rezaban la oración todos los viernes del año, sin excepción, tal como lo hacían en Las Canarias, y así transmitieron la costumbre a sus descendientes.

También es costumbre que ante un enfermo en agonía se le prenda la vela de la Candelaria, preferiblemente que haya sido bendita el dos de febrero; se dice que así el enfermo se mantiene iluminado espiritualmente y no le teme a la
“Obscuridad”…

Luego de esta oración se han editado varias oraciones en Roma, pero la autentica oración guanche es la que hemos expuesto.

¿por qué la Virgen es negra? y ¿por qué se reza los viernes?

Por mandato de la religión judía, todo primogénito varón debe ser presentado al Templo a los cuarenta días de nacido, y la entrada se hacía caminando entre candelabros colocados a ambos lados, se supone que el resplandor de la “candela” dio esa tez morena a la Virgen, de allí la leyenda del por qué la Virgen de Candelaria es negra.
Recuerden que si el nacimiento de Jesús Nuestro Señor fue un día 24 de diciembre; cuarenta días después, el dos de febrero del siguiente año en esa época fue viernes, de ahí el porqué es el día viernes preferentemente es que se reza esta oración.

lunes, 25 de enero de 2010

Llegó Pacheco

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
Una de las tantas frases típicas caraqueñas es ésta. Desde el siglo XIX
esta expresión en el Valle de Caracas, predice que pronto comenzará el frío. Generalmente a finales de noviembre y principio de diciembre es cuando más se usaba, pero realmente es a finales de enero y la primera semana de febrero cuando más hace frío en nuestra ciudad, por lo menos desde mediados del siglo XX.
Para dilucidar quién era ese personaje que había logrado relacionar su nombre con la entrada del frío decembrino, Leoncio Martínez en su semanario humorístico Fantoches se le ocurrió hacer una encuesta con el propósito de encontrar el origen de ese nombre.
Leoncio seleccionó el relato que para él tenía más validez y credibilidad. Se comentaba de un veterano cultivador de flores de Galipan de nombre Antonio Pacheco, el cual al comenzar el frío bajaba regularmente desde el Avila a la capital, con un arreo de burros cargados de hermosísimas flores, para embellecer la ciudad, acompañado siempre de una copla que lo anunciaba en el camino, y así
alegrar el espíritu festivo del caraqueño.
Pacheco, representaba en ese entonces a la naturaleza, que forzaba con sus espontáneas floraciones a abandonar su refugio, para volcar en la ciudad aquel amoroso mensajes de flores de Galipan; fue y sigue siendo el representante de una tradición que aún perdura en nuestra ciudad.
Aquiles Nazca encontró en la tradición de Pacheco y su bajada del Avila una fuente para muchos de sus trabajos literarios, de los cuales el más divulgado es: “Qué hubo Pacheco”.
Cuando en Caracas hace frío una gran mayoría decimos: Hace Pacheco o llegó Pacheco, según la época.
Gerónimo Alberto Yerena Cabrera.
Yerena.geronimo@gmail.com

Bibliografía revisada.
Juan J. Verde M. Caracas del Recuerdo a la Nostalgia.Tradiciones de mes de diciembre. Producción editorial: Impregraf C.A. Caracas, febrero de 1997. p 49.
Graciela Schael Martínez. Estampas Caraqueñas. Caracas de Fin de Siglo. 1975. p 39.
Aquiles Nazca. Humor y Amor. Que hubo Pacheco.1971. p 431.

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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