sábado, 3 de agosto de 2013

Tacarigua III, el caballo de Juan Vicente Gómez.






Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
Don Gustavo J. Sanabria

Juan Vicente Gómez

José Gil Fortoul

Leoncio Martínez

La historia de este famoso caballo involucra a tres personajes distinguidos de la Caracas de finales del siglo XIX y comienzo del siglo XX, como son: Don Gustavo J. Sanabria, el general Juan Vicente Gómez y el escritor José Gil Fortoul; además al eminente humorista: Leoncio Martínez, el cual le da un toque final magistral a la anécdota.
Don Gustavo J. Sanabria, caraqueño, destacada figura en la sociedad capitalina, amante del hipismo, promotor y cofundador del “Jockey Club de Venezuela”, con sede en “Las Delicias” de Sabana Grande; donde se realizó, en este segundo hipódromo capitalino, la primera carrera  de caballo el día 1 de mayo de 1896. Cuando fue Gobernador de Caracas promovió la mudanza del hipódromo para el Paraiso. Fue destacada figura en el ámbito social, en el año 1905, cuando se fundó la Liga Venezolana Contra la Tuberculosis, y en la sección social fue su Primer Vicepresidente.
La relación de estos personajes con la historia que nos ocupa se basa en la narración que hace el famoso cronista José García de la Concha en su libro Reminiscencias, Vida y costumbres de la vieja Caracas.
La historia es la siguiente:
Comenta de la Concha que Don Gustavo Sanabria le regalo al general Gómez un precioso caballo de silla, alazano tostado, de bella lámina, llamado Tacarigua III. Resulta ser que al general se le metió en la cabeza que aquel caballo, aunque criollo, debía ser bueno para carreras y lo mandó al Hipódromo, y  lo podían correr con los “medias sangre”. Dice De la Concha que aquel caballo no podía ganar y siempre llegaba de último. Antonio Pimentel, íntimo amigo del “Benemérito” le apostaba dinero y lo molestaba, pero el General no cejaba y porfiaba. Quizás tenía nostalgia de su fiel mula Guitarra (nombre de la mula, según el profesor Carlos Alarico Gómez en su libro El Circulo Valenciano, pág 21) la cual lo acompaño en la invasión a Caracas con su compadre Cipriano Castro.
En aquellos días había llegado de Europa el doctor José Gil Fortoul. Hombre bastante excéntrico, llegó de gran “sportman”, de “moltieres” arrolladas a las piernas, de cachucha, con una pipa, una enorme flor blanca en el ojal, hablando aunque correctamente el castellano pero con un acento afrancesado.
Al General, al principio, le cayó en gracia, pero luego le molestaba un poco, a tal punto, que una tarde, cuando quiso el doctor subir al palco presidencial, la guardia no le dejó pasar. El doctor no dijo nada y fue a situarse debajo del palco. Ese día corría Tacarigua III y como de costumbre llegaba de último. El doctor Fortoul se enfurece, grita y patea: “Esa es una iniquidad”. “Ese caballo tiene condiciones, véanle los belfos, ese caballo está enterito”, y así continúo por el mismo estilo. Pero en el palco presidencial se desarrolla otra  escena: es Pimentel, que le ha ganado al General y lo acosa, pero el General para los oídos y oye lo que dice gil Fortoul, y le interpela entonces a Pimentel: “Anja, pero escuche lo que está diciendo el “Musiuito”, que ése sí sabe de esas cosas”. “Que va, compadre; a ése no lo hace correr ni el doctor aguita”.
El General manda a llamar al doctor Gil Fortoul, quien viene energúmeno y, sin saludar dice: “General, ésa es una canallada, ese animal tiene condiciones: véale los remos, ese caballo puede correr en Europa; ese animal está enterito, ni se le mueven los belfos. Ese caballo lo que no tiene es peón, ese caballo lo monto y le aseguro que gana la carrera. El General ordena que le entreguen el caballo al doctor, que al día siguiente a las seis de la mañana lo estaba “varillando”.
Llegó el día de la carrera, aparece el doctor con los colores nacionales montando al caballo. Las tribunas se venían abajo, todos gritaban: unos en pro y otros en contra.
Salió la carrera, yo no sé cómo se las arreglaría el doctor, porque salió de último y llegó con tres cuerpos adelante. Aquello fue el disloque; Gómez abrazo a Pimentel y se desquitaba. La gritería era infernal, había triunfado “Tacarigua III”.
Días después hubo cambio de Gabinete y fue nombrado el doctor José Gil Fortoul Ministro de Instrucción Pública.
El travieso de Leoncio Martínez publica entonces una caricatura en que está el doctor Gil Fortoul uniformado de jockey, con su pipa y su rosa en el ojal montando un caballo que parece una vaca, y abajo un versito:
“Pues  bien lo dijo don José,
cuyo  talento es un fallo:
Lo que no se encuentra a pie,
Hay que buscarlo a caballo”




Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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