lunes, 24 de junio de 2013

Carabobo inmortal


Eumenes Fuguet Borregales*
Carabobo es una página de oro escrita con la tinta del sacrificio, honor y heroísmo; en voz aruaca significa quebrada de  mucha agua. Evocamos el 24 de junio, la magistral   Campaña de Carabobo y  rendimos  tributo a quienes derramaron su sangre no perdida por el logro de un objetivo común; campaña  propia del genio de nuestro Libertador Simón Bolívar, quien tuvo que recorrer 65.000 kilómetros para liberar casi cinco millones de kilómetros cuadrados, convertidos en un manojo de seis naciones libres.
ANTECEDENTES.
Juramento de Monte Sacro el 15 de agosto de 1805, cuando en presencia de su maestro Simón Rodríguez, desde la colina romana, lanza a los cuatro vientos su juramento de no descansar su brazo y su alma hasta  ver libre  a Venezuela  de las cadenas que oprimían por voluntad del gobierno español.
Primera batalla de Carabobo realizada el 28 de mayo de 1814 en  la misma llanura, escenario del combate decisivo. En esta oportunidad las fuerzas del Libertador estaban ubicadas de espalda a Valencia.
Liberación de Guayana en 1817, que permitió la navegación por el río Orinoco, la logística que ofrecía las misiones del Caroní y las comunicaciones con la Nueva Granada y el exterior.
Campaña de la Nueva Granada en 1819 la cual culmina después de atravesar el páramo de Pisba con  el triunfo en Boyacá el 7 de agosto.
La Revolución en Cádiz de los comandante Rafael Riego y Antonio Quiroga el 1ro de enero de 1820, la cual no permitió el envío de 20.000 soldados para reforzar al disminuido ejército de Morillo llegado en abril de 1815.
Los Tratados de Trujillo en noviembre de 1820, que permitieron  la suspensión de las hostilidades por seis meses y  la humanización de la guerra gracias a la participación del general sucre, el prócer más puro de la independencia americana.
El pronunciamiento de Maracaibo el 28 de enero de 1821 lograda por voluntad popular, entendida  por el general realista Miguel de La Torre como una violación a los Tratados de Trujillo.
CONCENTRACIÓN DEL EJÉRCITO LIBERTADOR.
Bolívar y De La Torre acuerdan iniciar las operaciones militares el 28 de abril
Según las instrucciones impartidas por el Libertador, se requería concentrar el ejército considerando la ubicación y el avance de las fuerzas ubicadas en casi todo el territorio venezolano; inicialmente se dispuso en Mijagual, luego en Guanare y por último  San Carlos, a donde llegó procedente de Barinas el 2 de junio.
Gral. Urdaneta, salió de Maracaibo  el 28 de abril, libera Coro el 11 de mayo, sigue a Carora; por enfermedad  entrega  las tropas al coronel Antonio Rangel, quien llega el 19 de junio a San Carlos luego de recorrer 590 kms.
Gral. José Antonio Páez salió el 10 de mayo de Achaguas, no sin antes rezar en la capilla y ofrecer un Nazareno si triunfaba en la batalla que iban a dar; avanzó al frente de 1.000 infantes y  1.500 jinetes, movilizaba dos mil caballos de reserva y cuatro mil reses para alimentar a sus soldados; recorrió 610 kms,  la caballería llegó a San Carlos el 7 de junio, la infantería lo hace el día 11. (en 1835 colocó el milagroso cristo de Achaguas)
 Gral. Juan Bautista Arismendi, con 400 soldados se dirige  desde Margarita hasta Curiepe donde se incorporará al ejército de Bermúdez.
Gral. José Francisco Bermúdez. Conocido como José Fco. Pueblo, inicia su avance desde el río Unare el 28 de abril para abrir operaciones de distracción en Caracas, en su maniobra conocida como “Diversión”, llegó hasta La Victoria; obligó al general realista Morales salir de la población de Calabozo con mil soldados a combatirlo; estrategia que permitió que estos efectivos no estuvieran en Carabobo y despejaran el camino para el avance de Páez. 
Coronel Cruz Carrillo, salió de Trujillo con mil quinientos soldados hacia Barquisimeto, allá  se le une el coronel Juan de los Reyes Vargas, seguirá a San Felipe, informando ser la vanguardia  del ejército, lo que motivó que dos días  antes de la  gran batalla, el jefe realista De La Torre enviara de urgencia al coronel Juan Tello con dos batallones que tampoco estarían presente en la batalla decisiva.
El  15 de junio  en San Carlos, el Libertador organizó al Ejército en tres divisiones, la Primera al mando de Páez, la Segunda al mando de Gral. Manuel Cedeño y la Tercera a las órdenes del coronel Ambrosio Plaza, para un total de 4.000 infantes y 2.300 de caballería. El ejército realista lo integraron un total de 4.279 soldados al mando del general Miguel de La Torre y Pando.
AVANCE DE LAS FUERZAS
Bolívar salió con su ejército desde San Carlos rumbo a la gloria el 20 de junio; en la vanguardia se desplazaba  el Gral. José Laurencio Silva, despejando la ruta de avance. El 23 en la llanura de Taguanes  pasa revista a las tropas; se encuentran uniformadas por primera vez luego de once años de lucha, gracias a febril actividad de las costureras de Guanare; ellas con sus incansables manos “enhebraron los hilos de la libertad”; concluye su arenga. “¡Soldados, mañana seréis invitos en Carabobo!  .
El Ejército realista se instala en la llanura de Carabobo dando la espalda a Valencia, cubriendo  defensivamente las rutas hacia San Carlos  y  El Pao; colocó a sus fuerzas en forma escalonada con las dos únicas  piezas de artillería al frente; de manera que era difícil ejecutar un ataque frontal. El día 24 de junio en horas de la mañana  Bolívar instalado en el cerro de Buena vista, utilizando un catalejos, observa el dispositivo enemigo; con la información recibida de  algunos baqueanos, ordena que éstos indiquen la ruta a la división de Páez para ejecutar una operación de desbordamiento a través de la colina El Chaparral.
LA OPERACIÓN OFENSIVA INICIADA A LAS ONCE DE LA MAÑANA.
Utilizando macheteros Páez avanza por la Pica de la Mona hasta la retaguardia de los realistas enfrentándose al batallón Burgos de la caballería del general Morales, segundo del Gral. De La Torre;  el Bravos de Apure al presentar bajas es relevado por el batallón Cazadores británicos al mando del intrépido coronel inglés Thomás Ilderton Ferriar, con su famosa orden “rodilla en tierra”, a cargo del corneta John Hill;  obliga al Burgos a retroceder, que en su auxilio llegan los batallones realistas Barbastro y Holtalrich. Para completar la valerosa actividad del Cazadores Británicos acude el batallón Tiradores.
 El mariscal de La Torre ordenó a otras unidades  ejecutar maniobras de ataque, pero algunas se rindieron y  otras escaparon del campo de batalla. El comando realista en completa derrota protegido por el valeroso  batallón Valencey al mando del denodado coronel Tomás García, se movilizaron hasta llegar  al castillo  San Felipe de Puerto Cabello.
En la persecución del Valencey mueren los  oficiales Manuel Cedeño denominado por Bolívar  “el bravo de los bravos de Colombia”; igualmente Ambrosio Plaza no sin antes exclamar: “muero en este campo de victoria, en el punto más avanzado adonde no  llegó Páez”; la camisa  del capitán Ángel Bravo  recibió catorce lanzazos sin que fuese  herido, dijo Bolívar: “merece un uniforme de oro”. Páez en plena acción sufrió un ataque de epilepsia, es salvado por el comandante realista, el venezolano Antonio Martínez, quien lo envió a sus filas con el Tte. republicano Alejandro Salazar (alias  Guadalupe).  Conocido es el episodio de la muerte del Tte. Pedro Camejo “El Negro Primero”, imaginado por el eximio escritor de Venezuela Heroica, Eduardo Blanco.
Los tenientes Rafael Mendoza y Vicente Piedrahita, encargados de la ingrata tarea de enterrar a los fallecidos en combate, consiguieron dos valerosas mujeres uniformadas y con el pelo recogido, de las 25 que pelearon en el magno combate que duró una hora a partir de las once de la mañana; los niños de Tocuyito y Tinaquillo ayudaron a enterrar los cadáveres. En el campo de batalla muere el perro  Nevado  regalado en Mérida a Bolívar en mayo de 1813, a su paso en la Campaña Admirable. Los realistas perdieron en la batalla entre muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos: 122 oficiales y 2786 soldados; las pérdidas republicanas según el parte oficial  apenas eran de 200 muertos  y heridos. El Libertador desde Valencia envía el parte de guerra al Presidente del Congreso el 25 de junio, inicia su mensaje: “Ayer se ha  confirmado con una espléndida victoria,  el nacimiento político de la República”.
 El general Santiago Mariño se queda en Valencia, el coronel Antonio Rangel es enviado a sitiar a los realistas en Puerto Cabello.  Bolívar y Páez se dirigen a Caracas adonde llegan el 29 de junio, recibidos por el entusiasmo de los caraqueños agradecidos. En Carabobo lucharon venezolanos de todas las clases sociales y de todas las regiones, hombro a hombro con más de trescientos voluntarios de diversos países. Tiene razón el Libertador cuando dijo en el manifiesto de Carúpano el 7 de septiembre de 1814: “Dios concede la victoria a la constancia”.
CONCLUSIONES.
 Después de la batalla de Carabobo, hasta lograr la salida definitiva del ejército español con la Toma de Puerto Cabello el 8 de noviembre, se realizaron unas sesenta acciones militares, Es Carabobo un mensaje permanente de sacrificio, unión fraternidad y optimismo por un mundo mejor.  El 24 de junio de 1939, el “Poeta del Pueblo”, Andrés Eloy Blanco en su elocuente discurso ante el Congreso, denominó a Carabobo como: “El domicilio histórico del Ejército venezolano y el presidente de la república el general Eleazar López Contreras designó 24 de junio: “Día del Ejército Venezolano”.
Al sentirnos orgullosos de nuestro glorioso pasado, es preciso completar la tarea por ellos iniciada, mediante el estudio y el trabajo creador, sin egoísmos ni discriminaciones en beneficio del desarrollo del país. Tenemos la deuda histórica de colocar en la inmortal sabana de Carabobo los monumentos de: La heroína venezolana, “Mujer hecha Patria”, del Niño Héroe “Semillero de Esperanzas”, del sacerdote Anónimo, “verdadero patriota con sotana” y del abnegado médico, como un acto de elevada justicia, a quienes participaron denodadamente  y se sacrificaron, para dejarnos una patria libre y soberana. Razón tiene el pensador ginebrino Juan Jacobo Rousseau: “La libertad es un alimento suculento, pero de difícil digestión”.
 No volvamos la mirada al pasado solo para extasiarnos en su grandeza y significado, sino para que sirva para reflexionar las jornadas del presente y futuro… 


*Gral. de Bgda.Vice Pdte. de la Academia de Historia del Edo. Carabobo Asesor  de la Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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