viernes, 3 de febrero de 2012

Las espadas de Miranda, Bolívar y Sucre

Eumenes Fuguet Borregales (*)

La espada es un arma blanca, larga, recta, aguda y cortante,
representaba la victoria; al final del combate se entregaba
como símbolo de derrota; la espada es sinónimo de libertad y
fuerza. Regalarla era un gesto de afecto y muestra de honor
para quien la recibe, además un gesto de paz para quien la
regala.
El 12 de marzo de 1806, el presidente de Haití,
Alejandro Petión, le regaló a Miranda, en el puerto de Jacmel,
su espada que utilizó para la independencia, conocida como "La
Espada Libertadora". Miranda al recibirla y levantarla, dijo:
"Juro ser fiel y leal al pueblo libre de Suramérica,
independiente de España".

Ese memorable día izó la bandera de la redención. Inició el 24
de marzo su expedición rumbo a Venezuela. Los españoles
estaban informados de sus movimientos y en Ocumare de la
Costa, capturaron el 28 de abril a los navíos Bee y Bachus;
Miranda con mejor suerte, pudo dirigirse a Trinidad en el
Leander, para reaprovisionarse y dirigirse a La Vela de Coro,
adonde llegó el 3 de agosto de 1806. En esas cálidas arenas y
luego en el fortín San Pedro colocó la bandera; al siguiente
día llegó a Coro, pero los habitantes habían huido por
instrucciones de las autoridades españolas. A pesar de haber
dejado la semilla de la libertad, se retiró hacia Trinidad
para seguir a Inglaterra. Mediante una nota a Petión, devolvió
la espada.
Diez años después, Bolívar se encontraba el 21 de
diciembre de 1816 en Jacmel, donde Petión le ofreció apoyo
para una segunda expedición y le entregó "La Espada
Libertadora", la cual empuñó durante nueve años y acompañó en
las campañas de la Nueva Granada, Venezuela, Ecuador y Perú.
En 1825, el Libertador se la obsequió al valeroso general
Jacinto Lara, quien a su vez la regaló a oficiales amigos.
Actualmente se encuentra en el Museo Nacional de Historia de
Lima.

Ecuador le regaló una espada de oro a Sucre por el triunfo en
Pichincha, que luego regaló en enero de 1826 a su hermano
Jerónimo. Muchas espadas recibieron nuestros próceres, ellos
las regalaban a sus amigos militares y civiles. Las más
famosas y conocidas de ellas son las que le donó el Perú a
Bolívar y Sucre, al cumplirse un año de la magistral batalla
de Ayacucho. Más que espadas para la lucha son verdaderas
obras de arte, fabricadas en Lima por el orfebre Chungapoma,
bajo la supervisión del Intendente Cayetano Freire. La vaina
de la espada del Libertador es de oro macizo de 18 quilates.

La guarnición tiene un busto del Libertador en oro macizo,
coronado con gorro frigio de 155 piedras preciosas y una
corona de laurel compuesta de diamantes. El total de
brillantes es de 1.380, 8 rubíes y 7 esmeraldas, las hojas de
acero son del estilo damasco.

La espada del general en jefe
Antonio José de Sucre lleva 118 brillantes, 8 rubíes y 7
esmeraldas. El Ministro de Guerra del Perú las llevó hasta el
Potosí; a Bolívar se la entregaron el 25 de noviembre, él
mismo se la entregó a Sucre el 9 de diciembre, fecha
aniversaria de Ayacucho.

La espada de Bolívar pasó a manos de su hermana Juana. En
1890, el presidente Rojas Paúl la adquirió por 120.000
bolívares para exhibirla en el Museo Bolivariano de Caracas. A
partir de 1974, se encuentra en las bóvedas del Banco Central
de Venezuela. Sucre llevaba su espada en el momento del
asesinato en su viaje terrestre de Bogotá hacia Quito el 3 de
junio de 1830 en Berruecos, los asesinos se la llevaron, más
adelante sólo apareció la hoja, lamentablemente no han
aparecido ni la vaina ni los broches, todo de oro macizo.
Refiriéndose a esta arma, Bolívar expresó en su Última
Proclama dictada el 10 de diciembre de 1830 en San Pedro
Alejandrino: "... Los ministros del santuario dirigiendo sus
oraciones al cielo; y los militares empleando su espada en
defender las garantías sociales". Sucre, en el mensaje de
despedida al Congreso de Bolivia, el cual se leyó el 2 de
agosto de 1828, dijo: "En el retiro de mi vida, veré mis
cicatrices, y nunca me arrepentiré de llevarlas, cuando me
recuerden que para formar a Bolivia, preferí el imperio de las
leyes, a ser el tirano o el verdugo, que llevará siempre una
espada pendiente sobre la cabeza de los ciudadanos".

(*) General de Brigada

Diario El Carabobeño

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