sábado, 16 de abril de 2011

La peste del beso

OSCAR YANES*
Se supo bajo cuerda que el Gobierno había ordenado a los periódicos no hablar de la peste y que más bien se debía decir que no había nada. El Nuevo Diario, vocero gomecista anunció que "ahora andan alarmados con la aparición de una dolencia extraña: la gripe española. Y hacen proceder de la madre Patria una nueva enfermedad, como el Valdepeñas, los chorizos de Extremadura, el queso Manchego, o las angulas de Bilbao, a ese catarro que nos fastidia con frecuencia y que recibe los nombres más pintorescos, y lo hacen arbitrariamente proceder de España, le están dando el nombre de "El Beso de la Raza". Lo llaman también "la peste del besuqueo".

José Pagés, dueño de la confitería La Francia, contó que José Rafael Pocaterra y El Jobo Pimentel habían pasado un gran susto, pues publicaron en la revista Pitorreos, un cuento de Edgard Allan Poe llamado "La Peste Roja" y en cuanto lo vio Don Juancho, el gobernador, se indignó:

-Esto lo hacen para echar vaina y decir que hay peste! Me hacen preso a ese hombre!- comentó Juancho, y el prefecto, general Carvallo, mandó de inmediato al espía Frías para el periódico.

El policía llegó a la redacción y encarándose con El Jobo, le dijo:

-¡Llame a ese Edgardo Poe, porque va preso!

-Él salió- respondió "el Jobo" muy serio.

-Entonces los ruedo a todos para La Rotunda-. Cuando le aclararon a Frías que se trataba de un escritor norteamericano quien tenía 60 años de muerto, se quedó viendo a los periodistas y les dijo:

-Con que se metieron a mamadores de gallo, ah, ya se lo voy a decir a mi General Juancho, pa 've si también le gusta el chiste...

Un viejito, quien estaba escuchando la retreta de Pedro Elías Gutiérrez, en la Plaza Bolívar, se levantó de la silla para aplaudir y se cayó muerto.

Los muchachos que venían de El Valle con grandes petacas llenas de cachapas, ahora vendían limones. La gente bebía limonadas y sancochaban el limón y se daban unciones por el cuello y el pecho.

El Gobierno no pudo impedir -contó el Dr. Salvador Córdoba, en el Hospital Vargas-- que se publicará en los periódicos la convocatoria de la Sociedad Médica de Caracas para hablar sobre la epidemia.

-La otra noche, en el Metropolitano, no se podía ver la película Los Dos Pilletes, porque todo mundo estaba tosiendo -comentaban en la esquina de Gradillas.

La gente ya no hablaba de La Sortija Fatal, la mejor serie de Pearl White, sino del Jarabe de Ambrozoin, indicado contra el Beso de la Raza, o El Bojote, como también bautizaron a la peste. Las boticas duplicaron su cuerpo de empleados para atender al público que acudía en demanda de medicamentos.

Los médicos prohibieron los amapuches, los besos y los abrazos. Los novios, cargaban su frasquito de agua oxigenada y se mojaban los labios con un algodoncito, antes de besarse.

-¡Mucho cuidado!- gritaban las madres, cuando veían que las muchachas guardaban su frasquito en el carriel.

* Publicado en la columna Así son las cosas.EL UNIVERSAL
viernes 15 de abril de 2011


ayanes@cantv.net

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