miércoles, 8 de abril de 2009

Semana Santa en la colonia


Graciela Schael Martínez

Historia de la Palma Bendita, primeros templos, procesión del Nazareno y el Limonero del Señor, el Cristo de Burgos, la Semana Santa del Obispo y el nombre de las calles, el luto del altar y las imágenes, los pasos o visitas a las iglesias, los estrenos.*

La primera Semana Santa de la Caracas colonial-entonces modestísima aldea con sus chozas de paja y bahareque-tuvo lugar al año siguiente de la fundación de la ciudad.

Flores de los campos adornaron la pajiza ermita situada al noreste de la Plaza Mayor, dedicada al apóstol Santiago, bajo cuya advocación había sido fundada Caracas. También se vieron las silvestres flores en la ermita de San Sebastián (primera construcción religiosa en la ciudad de Caracas) *, un poco más al sur de la Plaza Mayor. Eran éstos los dos únicos dos templos que tenía Caracas. Junto al fervor y la fe de los encomenderos venidos de España se mostró el asombro de los indios ante las desconocidas preces y ceremonias conmemorativas de la pasión y muerte de Cristo. Indígena representación acompaño a los españoles en esos actos y dio su ofrenda de plantas de la montaña avileña, de su Guaraira-Repano.

Desde ella trajeron los indios la palma de cera (ceroxylon andícola) que desde entonces sería llamada palma bendita o palma de ramos.

Luciría en la ceremonia matutina del Domingo de Ramos en las manos de quienes acompañaron la procesión. Después, exornaría las ventanas de las pocas casas y no hubo choza con ventana que no luciera una palma. Presentes indígenas fueron también la pesgua (gaultería adorata), la angelonia (angelonia caracensis) y el maíz, tesoro de los aborígenes. La pesgua y las flores de angelonia cubrieron el rústico piso de los templos y perfumaron con su suave fragancia todos los días de la Semana Santa. Tiernas plantas de maíz se unieron a la manzanilla (camomilla),cultivadas en las huertas de legumbres, y primer aporte exótico del conquistador, para aparecer en la noche del Jueves Santo adornando el altar de los modernísimos templos. En ellos muy cerca de la naturaleza, muy cerca de Dios, se celebró grandiosa y sublime, la primera Semana Santa colonial.

Después, los conquistadores, fieles a la tradición española, conservarían en sus hogares, tras las puertas y ventanas, como protección, la crucecita de palma bendita que sería renovada en la próxima Semana Santa. Y en otros sitios, cuidadosamente envueltas, las flores de manzanilla en cuyas virtudes medicinales confiaban.

Seguiría creciendo lentamente la ciudad, diezmada de vez en cuando en sus habitantes por las peste o fiebres y sementeras vecinas por las plagas de langosta.

Fueron surgiendo nuevos templo. Hacia el norte a corta distancia de la ermita de San Sebastian (llamada de San Mauricio, luego que la de San Mauricio se quemo en el año 1579 y la imagen fue trasladada a la ermita de San Sebastian, donde actualmente se encuentra, corresponde en la actualidad a la Iglesia de Santa Capilla)*, la de San Mauricio (originalmente situada donde actualmente se encuentra el correo de Carmelitas)*.De España o de México vendrían imágenes religiosas: San Mauricio, San Jorge, Santiago, patrones militares de la ciudad

El templo de San Pablo y el Nazareno. **

El año tan remoto como el de mil quinientos ochenta se levantó el templo de San Pablo, el Ermitaño ((actualmente el teatro Municipal)*. Allí se veneraba su imagen; se rendía también culto a Nuestra Señora de la Copacabana. En mil seiscientos setenta y cuatro el Arzobispo de Caracas Fray Antonio González y Acuña, dispuso que el Miércoles Santo fuera perpetuamente dedicado al culto del Nazareno, cuya imagen, desde entonces, en tal día era llevada solemnemente en procesión por las calles. Y ocurrió que para mil seiscientos noventa y seis se desató una epidemia de fiebre amarilla. Fueron dieciséis meses consecutivos durante los cuales la ciudad vío desaparecer sus habitantes a causa del flagelo, siendo ineficaces para contrarrestarlo los recursos científicos de que entonces se disponía. Entristecidos, los caraqueños elevaron ruegos y súplicas a SantaRosalía de Palermo, abogada contra las pestes, y fundaron un templo dedicado a la santa, implorando su protección, pero como la epidemia asolaba la ciudad, decidieron acudir al Nazareno que se veneraba en el templo de San Pablo (actualmente venerado en la iglesia de Santa Teresa)*, considerado extraordinariamente milagroso.

Con la venia de las autoridades eclesiásticas y civiles, el Miercoles Santo sacaron en rogativas al Nazareno por las calles, que en su mayor parte carecían de pavimento, formándose en época de lluvia grandes lodazales que obstaculizaban el paso. Tal aconteció en esa oportunidad, viéndose obligada la procesión, al pasar por la esquina de Miracielos, a desviarse hacia un costado. Uno de los brazos de la cruz tropezó con el ramaje del limonero que asomaba sus dorados frutos por encima de la tapia del corral de una vivienda. Y ocurrió lo que bellamente relata Andrés Eloy Blanco:

“Sobre la frente del Mesías

hubo un rebote de verdor

Y entre sus rizos tembló el oro

amarillo de la sazón.

De lo profundo del cortejo

partió la flecha de una voz:

¡Milagro! Es bálsamo, cristianos,

el limonero del Señor”.

Y la muchedumbre tomó los

frutos “que el cielo enviaba Dios”.

“Y se curaron los pestosos

Bebiendo el ácido licor

Con agua clara de Catuche

Entre oración y oración”.

El Cristo de Burgos

Para mil setecientos cincuenta ya existían los templos de Altagracia y Candelaria, que el 25 de agosto del citado año, así como la iglesia de San Pablo, fueron erigidos en parroquia por Real Cédula expedida en el Buen Retiro. En esa época se habían instalado las jerarquías catedralicias en la antigua ermita de Santiago de León de Caracas, frente a la Plaza Mayor y se había dado a la iglesia mejor edificación. Tenía ya su torre de tres cuerpos.

Estaban, en general, bien construida las iglesias de la ciudad,, considerándose, no obstante a la de Altagracia como la de mejor realización. Desde tiempos remotos se veneraba en ella el Cristo de Burgos, réplica del que existe en España. Se contaban en la colom+nial ciudad sus milagros y se repetía la tradición de su aparición. Un esposo celoso que tenía casi cautiva su mujer, no le permitía recibir en su casa ninguna visita sin que él estuviera presente. Una noche de invierno, en una de sus breves ausencias, un anciano mendigo pidió albergue. Se le hizo pasar a una habitación abandonada, dándosele pan, huevos y una ánfora de vino. Al regresar el dueño de la casa fue informado de lo ocurrido. Protesto iracundo.

-Quiero que lo veas-dijo la esposa, y lo acompaño al sitio donde se encontraba el pordiosero. Al abrir la puerta, sólo hallaron en medio de un vivo resplandor, la imagen de Cristo Crucificado. El Cristo de Burgos se represente anciano. Al pie de la cruz el pan, los huevos y el vino.

Ante el Cristo de Burgos de Altagracia elevó sus preces durante siglos la Caracas colonial y piadosa. Hubo un tiempo en que tubo más devoto que el mismo Nazareno de San Pablo.

La Semana Santa del Obispo

En tiempos del Obispo Díez Madroñero en que se acababa de concluir la fábrica del templo de Candelaria y del templo y convento de la Merced, carecieron de nombres las calles de la ciudad, se las llamaban según los templos en su vecindad o se les daba popularmente el nombre de algún personaje notable que viviese cerca, o el de algún suceso importante ocurrido en ellas.

Decidió el Obispo Díez Madroñero bautizar las calles con nombres que evocaran la vida y pasión de Jesucristo, ello además de poner cada casa bajo la protección de un santo o patrón celestial. Elaboró un plano de la ciudad, que recibieron los Obispos para su realización. Ocurría esto entre mil setecientos sesenta y cinco y mil setecientos sesenta y seis. Desde entonces, y por unos cuantos años, La ciudad ofrecería con los nombres de sus calles permanente evocación de la vida y pasión de Cristo, la cual estuvo representada con los nombres de las calles de Oeste a Este: Prendimiento de Jesucristo, La Agonia, El Perdón, El Testamento, La Muerte y Calvario, E l Descendimiento, El Santo Sepulcro, La Resurrección, La Ascensión, El Juicio Final. (La calle de la Amargura es la única que actualmente conserva su nombre, situada al inicio de la Av San Martin)*

Los pasos

Por remota liturgia en la Semana Santa se vestían de luto no solamente el altar que se cubría con un velo negro, sino que desde el comienzo de la Cuaresma se colocaba un gran velo fúnebre entre el altar y el coro, se cubría con tela negra cada uno de las imágenes y se revestían de negro todos los altares, para así ocultar su esplendor en ese tiempo de luto y penitencia.

Era la Semana Santa la conmemoración de más importancia de todo el año. Seguíale el Jueves de Corpus.

Al alborear el siglo diecinueve tenía Caracas cinco parroquias eclesiásticas: Catedral, Santa Rosalía, San Pablo, Altagracia y La Candelaria (existía también como parroquia la de San Juan Bautista, la cual fue proclamada junto a la de Santa Rosalía en el año 1795)*, además de las iglesias llamadas ermitas por no ser parroquias: San Mauricio, La Trinidad, La Divina Pastora. Desde tiempos remotos existían el Convento y la Iglesia de San Francisco.

Aunque en todos los templos se celebraba con inmensa devoción la semana Santa, cada día correspondía de manera especial a una iglesia; se presentaban los pasos y se establecía una especie de cristiana emulación entre los distintos templos en cuanto a su más hermosa realización.

El Domingo de Ramos era el paso de Jesús en el Huerto en la ermita de la Trinidad. El lunes: Jesús en la Columna, en la Candelaria. El martes: Humildad y paciencia en catedral. El miércoles: Los Nazarenos de San Pablo y Santa Rosalía. El jueves, el Cristo de Burgos, en Altagracia y el Viernes Santo, la Soledad y el Santo Sepulcro en San Francisco.

Todos los caraqueños estrenaban topa en Semana Santa. Se dedicaban a visitar si no todos los pasos al menos cinco de ellos. Era lo tradicional, especialmente en el Jueves Santo. Se iba a pie a todas partes. Las calles se plenaban de gente entregada a piadosa romería. El Jueves y Viernes Santo no se trabajaba. Enmudecían todas las campanas de la ciudad. Eran día de abstinencia y penitencia.

En la primera mitad del siglo diecinueve cayó la Colonia y surgió la República, pero el viejo estilo de existencia, el espíritu colonial en hábitos, tradiciones y costumbres, habría de prolongarse. Durante muchísimos años la Semana Santa continuaría siendo como antaño, tiempo de procesiones en las calles.

Paso en los templos. Época de silencio, de devota tristeza, de oración, penitencia y ejercicio de virtudes.

Tomado del libro de Graciela Schael Martínez “Estampas Caraqueñas”, editado por el Concejo Municipal del Distrito Federal. Caracas 1975 primera edición.

*El índice temático inicial, así como las notas en asterisco no son originales de la autora, estas últimas se agregaron con el fin de orientar mejor al lector en cuanto a la ubicación actual de los templos.

**Ver artículo: El Culto al Nazareno de San Pablo. Tres Leyendas. En la sección Religión del Blog Venezuela de Antaño,viernes 23 de mayo del 2008.

*Gerónimo Alberto Yerena Cabrera.

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sábado, 21 de marzo de 2009

¿Desde cuándo se usa el calendario gregoriano en Venezuela? La "Era Cristiana"

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
El papa Gregorio XIII.
Astrónomo Cristóbal Clavio.
Sol Invencible “Hagia Fota”

En Venezuela la orden para que se comenzara a usar el calendario gregoriano en vez del calendario juliano, y se suprimiera los diez días según la bula papal “Inter gravissima”, se dictó el 14 de marzo de 1583.
Por medio de esta bula el día siguiente al martes 4 de octubre de 1582 fue el viernes 15 de octubre de ese mismo año. En la Provincia de Venezuela se instauró, a los cinco meses de haberse hecho efectivo en algunos de los países católicos de Europa. Sin embargo no fue así en otros países cristianos no católicos, tal como sucedió en Inglaterra y sus colonias donde el cambio se efectuó en 1752, casi dos siglos después; otros países como Rusia, China y Turquia lo hicieron en el siglo XX. De esta manera fuimos unos de los países que más pronto hicimos el cambio de fecha en el mundo.

El cambio del calendario juliano al calendario gregoriano está íntimamente ligado a la “Era Cristiana” y a la muerte de Nuestro Señor Jesucristo, he aquí la historia:

Dionisio El Menor o El Exiguo.
Astrónomo de origen escita y abad de un monasterio de Roma, era un gran amante del “Tiempo”, fue el quién calculó la fecha del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, y por mandato del papa romano Hormisdas, estableció que a partir de allí se contaran los años, así nació la ERA CRISTIANA.
Se dedicó a principios del siglo VI, entre otras cosas, a estudiar la fecha de la Pascua en referencia a las épocas pasadas, y a realizar nuevas tablas para el cálculo de las próximas Pascuas. Esto en relación con lo establecido en el I Concilio de Nicea celebrado en el año 325, cuando se determinó, con el fin de establecer una norma general, que la Pascua cristiana debía tener lugar el primer domingo después de la luna llena posterior al equinoccio de primavera, y se hizo coincidir con el 21 de marzo.
El estudio de Dionisio en cuanto a las tablas del cálculo de la Pascua, en si, era para evitar en lo posible el desfase de la fecha de Pascua con el equinoccio de primavera, lo cual venia ocurriendo motivado al error de cálculo del calendario juliano vigente para su época. Había un desfase de día y medio para esa época (el año del calendario juliano, igual que el egipcio, era de 365,25 días, el año solar exacto es de 365,2422, por lo cual, había una diferencia de 11 segundos, lo que originaba tres días demás en 400 años).
Las tablas compaginaban el calendario juliano, que era solar, con la fecha de la Pascua que es lunisolar. Dionisio no corrigió esto, motivado a que desconocía la duración exacta del año, sino que prorrogó la tabla de la Pascua”, entonces en uso, por 95 años más; por consiguiente el problema del desfase entre el equinoccio de primavera y la fecha del almanaque en el mes de marzo con la Pascua, continuaría.

El papa romano Hormisdas (514-523).
Motivado a la imprecisión que había para contar los años en esa época, los cuales se contaban según la conveniencia particular del mundo cristiano, unos a partir de la fecha de la mítica fundación de Roma “ab urbe condita” (753 a.C.) y referencia del inicio del calendario romano, y otros lo contaban partiendo de la era del emperador romano Diocleciano(el año 284 d.C.).
Usar dos fechas de referencias, producía confusión, y, éste conocedor de los estudios que realizaba Dionisio, le ordenó que calculara la fecha de nacimiento de Jesucristo y que a partir de ahí sería que se contarían los años.

Dionisio estableció el año en que supuestamente había nacido Jesucristo “ ab incartione Domino”, esta fecha la fijó a los 754 años de la fundación de Roma “ab urbe condita”, y, mantuvo como el día del nacimiento el 25 de diciembre, igual como lo había establecido el papa romano Julio I (280-352), quién tomó el día que se celebraba la fiesta pagana romana “Hagia Fota” (Sol invencible), como el nacimiento de Jesucristo.
Con toda probabilidad los cristianos influenciado por el emperador Constantino, escogieron el 25 de diciembre porque esa era la fecha de la gran fiesta pagana dedicada al Sol, antiguo culto celta.

En el solsticio de invierno el Sol se encuentra en el punto más meridional del planeta (21 de diciembre), y dada las condiciones climáticas en esa época la visualización del comienzo del cambio del curso del Sol hacia el norte, aparentemente se observaba el 25 de diciembre y de allí esta fecha. En el Imperio Romano se celebraba un culto solar en el seno de la religión de Mitra: la fiesta de la Luz y del Sol. Los emperadores romanos seguidores del culto de Mitra levantaron templos al "Sol invencible".
Recordemos la labor de San Pablo (El genio del cristianismo), de adecuar en algunos aspectos la Religión Cristiana con la cultura griega y romana y así penetrar con más facilidad al mundo reinante del Imperio Romano.
Dionisio carecía de la noción del cero como número (concepto que desde la India fue transmitido a los árabes, y sólo llego a Occidente varios siglos después), por tal motivo inició la historia del cristianismo el año uno “Anno Domine”, o sea el comienzo de la “era cristiana”; con Dionisio, el cristianismo se apropió de la era nacida y por venir “per saécula saeculórum”.
Dionisio, tuvo varios errores: uno de ellos fue por desconocer el número cero, y empezar la era con el año uno, y lo más importante para los cristianos, fue que se equivocó por 6 años de la fecha real del nacimiento de Jesucristo (el rey Herodes El Grande falleció el año 4 a.C.).

Beda El Venerable (673-735).
Doctor de la Iglesia e historiador inglés, también se ocupó del tema (tampoco conocía el cero como número), no fue él, como hacen referencia algunas publicaciones, sino Dionisio quien estableció la fecha “ab incartione Domino”.
Beda aportó sobre el tema, valiosa contribución: fue quien dividió la era cristiana, antes de Cristo (a.C.) y después de Cristo (d.C.). La difusión de la era cristiana comienza principalmente con la obra de Beda (De ratione Temporun) escrita en el año 725. Al principio la divulgación de esta división tuvo problemas por la invasión danesa, pero, luego se fue propagando hasta ser adoptada en Cataluña en el año 1180, en Aragón en 1350 y en Castilla en el 1383, y después se extendió por todo el Occidente cristiano.

Carlomagno.
En el año 802 promulga la –admonitio Generali- ordenando guardar el domingo como día de descanso en vez del sábado y la semana cristiana a partir de esa fecha terminará los domingos.

Ya resuelto el comienzo de la era cristiana, casi aceptada en todo el mundo occidental cristiano, salvo con renuencia en algunas regiones, quedaba aún el problema de establecer un calendario que fuera más exacto, y no hubiese el desfase del equinoccio de primavera con la fecha del calendario en relación a la Pascua.

El papa Gregorio XIII
Una comisión nombrada por el papa Gregorio XIII, y precedida por el astrónomo Cristóbal Clavio solucionó el problema: suprimió los diez días adicionales para la época, y modificó las reglas para el cómputo de los años bisiestos, a fin de ajustar el calendario al ciclo de las estaciones y crear un nuevo algoritmo para calcular la fecha de la Pascua. El papa Gregorio XIII, con la bula papal “Inter gravissima”, el 24 de febrero de 1578, anunció el cambio del calendario, el cual se hizo efectivo en 1582. En la actualidad el calendario gregoriano sirve de norma internacional para usos civiles.


e-mail:
yerena.geronimo@gmail.com

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http://venelib-antao.blogspot.com/


Bibliografía consultada.
Katty Solórzano. Se hizo seña. Premio planeta de historia 1998*.
Manuel Landaeta Rosales. Colección Landaeta Rosales, Sección Estudios Históricos, Tomo 53-I,folios 78-79
Diccionario Latino Español: Editorial Panapo de Venezuela, C.A.
Elias. Norbert: Sobre el tiempo, Mexico: Fondo de Cultura Económica, 1989.Gran Enciclopedia Espasa: Espasa Calpe,S.A. 2005.
Hawking, Stephen: Historia del tiempo, Caracas: Editorial Grijalbo, 1993.
Laboa Gallego, Juan María: Historia de los papas, Madrid: Editorial La Esfera de los libros, 2005
Lavallo Montalvo, Carlos: El hombre y el tiempo, Mexico: Grupo Noriega editores, 2006.
Liberty, Gene: Cómo y por qué del tiempo, Barcelona España: Editorial Molino, 1968.
Lippincott, Kristen: El tiempo a través del tiempo, Barcelona España: Editorial Grijalbo Mondadori, S.A., 2000. (Directora del Real Observatorio de Greenwich).
Marrero, Levi: La tierra y sus recursos, Caracas Venezuela: Editorial Cultural Venezolana, S.A, 1978.
Siliotti, Alberto: Moradas de la eternidad, Mexico: Thunder Bay P.R.E.S.S, 2002.
Jesús Otero. Geólogo venezolano.


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Diccionario Latino Español: Editorial Panapo de Venezuela, C.A.
Elias. Norbert: Sobre el tiempo, Mexico: Fondo de Cultura Económica, 1989.
Enciclopedia Wikipedia: Internet.
Gran Enciclopedia Espasa: Espasa Calpe,S.A. 2005.
Hawking, Stephen: Historia del tiempo, Caracas: Editorial Grijalbo, 1993.
Laboa Gallego, Juan María: Historia de los papas, Madrid: Editorial La Esfera de los libros, 2005
Lavallo Montalvo, Carlos: El hombre y el tiempo, Mexico: Grupo Noriega editores, 2006.
Liberty, Gene: Cómo y por qué del tiempo, Barcelona España: Editorial Molino, 1968.
Lippincott, Kristen: El tiempo a través del tiempo, Barcelona España: Editorial Grijalbo Mondadori, S.A., 2000. (Directora del Real Observatorio de Greenwich).
Marrero, Levi: La tierra y sus recursos, Caracas Venezuela: Editorial Cultural Venezolana, S.A, 1978.
Siliotti, Alberto: Moradas de la eternidad, Mexico: Thunder Bay P.R.E.S.S, 2002.
Solórzano, Katty: Se hizo seña, Caracas: Editorial Planeta Venezolana, S.A.,1998. (Premio Planeta de historia)

jueves, 12 de marzo de 2009

Caracas Metamorfosis,


Gran Premio del Jurado de 2008Culturas Madrid.

El Ministerio de Cultura de España ha entregado los premios 2008Culturas, un proyecto desarrollado íntegramente en Internet con motivo del Año Europeo del Diálogo Intercultural y creado con el objetivo de generar una plataforma que permita y facilite la comunicación, el intercambio de experiencias y el diálogo entre las distintas culturas. 2008Culturas.com ha estado formado por una Convocatoria de Premios y una Exposición, que incluye obras de artistas como Joanna Quinn, Jonathan Browning, Arnaldo Antunes, Dj Spooky & Talvin Singh, Santiago Sierra, Joan Fontcuberta, Antoni Abad, Mateo Maté, Lars Arrhenius o Donna Conlon.Los artistas que han obtenido el Gran Premio del jurado, dotado con 12.000 euros, han sido Fernando A. París y Marilyn Birchfield por Caracas Metamorfosis 2.0.0.8, una pieza de videoarte enmarcada en la sección Coordenadas.El jurado, formado por Carlota Álvarez Basso, Horacio Fernández, Mercedes Ortiz de Solórzano, Eugenio Ampudia, Bruno Galindo, María Rubín y Elena Vozmediano, ha otorgado 60.000 euros en premios entre las más de 2.000 piezas de fotografía, música, videoarte, net.art y cortometraje presentadas a concurso por artistas de más de 50 países como Alemania, Bélgica, Finlandia, Marruecos, Mozambique, Turquía, Indonesia, China, Italia, Colombia, Cuba, Chile o Ecuador.Otros premiadosEl certamen incluye el Premio Especial Instituciones y Servicios Penitenciarios de España, dotado con 2.000 euros y creado por la SECC, la Dirección General de Instituciones Penitenciarias y los Centros Penitenciarios del Departamento de Justicia de la Generalitat de Cataluña, que ha recaído en dos grupos de presos del Penal de El Dueso (Cantabria) y el Centro Penitenciario de Brians (Barcelona).

En total han sido vistos 125.000 trabajos exhibidos en la web.Los primeros premios dotados con 6.000 euros cada uno han sido concedidos por temáticas a:Desplazamientos: Sébastien Laudenbach por el cortometraje Morceau.Fronteras: Abraham Martínez Soriano por la serie fotográfica Estrategias de supervivencia.Lenguajes: Fernando Velázquez, Bruno Favaretto y Francisco Lapetina por la pieza de net.art Your Life Our Movie.Marcados: Andrey Fyodorov y Olga Kuznetzova por la obra musical Al borde de la eternidad.Video ganador:
Todas las obras participantes se pueden ver en:www.2008culturas.com

sábado, 28 de febrero de 2009

¡Flor se llamaba: flor era ella!

Juan Antonio Pérez Bonalde

(Caracas, Venezuela, 30 de enero de 1846 - La Guaira, 4 de octubre de 1892)

Poeta venezolano considerado por la crítica como el máximo exponente de la poesía lírica del país, del romanticismo y uno de los precursores del modernismo.
En 1879 contrae matrimonio con la norteamericana Amanda Schoonmaker, que le dará una hija, Flor, a pesar de no ser una pareja especialmente feliz, Pérez Bonalde se centrará en su hija. Es tanta la alegría que ese mismo año publica su segundo libro de poesías originales: Ritmos, conjunto de 35 poemas, en donde aparece El canto al Niágara una de sus más celebradas composiciones. En 1883 muere su hija Flor en forma inesperada. Conmovido por ese inmeso dolor escribe el poema Flor y además el poema Gloria in Excelsis.


Flor


Flor se llamaba: flor era ella,
flor de los valles en una palma,
flor de los cielos en una estrella,
flor de mi vida, flor de mi alma.

Era más suave que blando aroma;
era más pura que albor de luna,
y más amante que una paloma,
y más querida que la fortuna.

Eran sus ojos luz de mi idea;
su frente, lecho de mis amores;
sus besos eran dulzura hiblea,
y sus brazos, collar de flores.

Era al dormirse tarde serena;
al despertarse, rayo del alba;
cuando lloraba, limbo de pena,
y sus abrazos, collar de flores.

Era al dormirse tarde serena;
al despertarse, rayo del alba;
cuando lloraba, limbo de pena
cuando reía, cielo que salva.

Gloria in Excelsis


¡Ábrase el cielo!
¡Desgájese la gloria en rayos de oro
sobre mi frente..., y desdeñosa, altiva,
de su mal sin consuelo
al celestial tesoro
el alma mía cerrará su puerta;
que ni aquí ni allá arriba,
en la región abierta
de la infinita bóveda estrellada,
nada hay más grande, nada
más grande que el amor de mi hija viva,
¡más grande que el dolor de mi hija muerta!


J. A. Pérez Bonalde

viernes, 20 de febrero de 2009

El general y las leyes de la dialéctica



Simón Alberto Consalvi

La esposa del general estaba perdiendo la paciencia porque su marido se había puesto de un humor de perros. Con tal de que lo dejaran solo, resolvió que sus hijos se fueran al cine todas las noches y que su mujer gastara lo que quisiera en el casino.

El general andaba con un cuaderno para arriba y para abajo, escribía una y otra vez aquellos textos que copiaba con obstinación y trataba, finalmente, de memorizar para ver si de esa manera abría el túnel del entendimiento. ¡Nada! Se iba la luna, llegaba el sol, llovía y escampaba, y él dándole vueltas de adelante para atrás y de atrás para adelante a las páginas de aquel cuaderno ya sudado y maltrecho, cuya lectura lo confinaba a los asedios de la impaciencia.

La esposa del general hizo esfuerzos por entender la crisis de su marido. No le gustaba el juego, le molestaban las mujeres sin oficio que pululaban en el casino, pero era una manera de no estar en la casa y dejar solo al general. Trataba de persuadir a sus hijos y de persuadirse ella de que él tenía entre manos un complejo plan de defensa (o de ataque) estratégico, y comprendía que aquello debía ser de tal calibre que requería largas meditaciones y endemoniados cálculos.

La señora pensó que a su marido le asistía la razón. Nadie podría sospechar que estuviera descifrando crucigramas o consultando horóscopos, algo que hacía los domingos, pero sin misterio alguno y más bien en tono jocoso. No abría los periódicos para otra cosa, la verdad sea dicha, sabemos que abunda gente muy seria que se guía por los astros. Tampoco es un secreto que los militares frecuenten a los quirománticos o a esas señoras extrañas de turbante y colilla de cigarrillo en los labios que, con una simple lectura de las líneas de la mano, les predicen sus ascensos.

La prolongación de aquellos obstinados silencios, la creciente nerviosidad del general, el endemoniado humor que lo iba alejando de casi todo el mundo, hicieron que una tarde que se demoró en el ministerio la señora no resistiera la tentación y se atreviera a abrir el misterioso cuaderno. ¡Cuál no sería su sorpresa! Sorpresa y alegría al mismo tiempo; alegría porque quedaba descartada la sospecha de que (sin previo aviso) el marido partiera para esa "guerra asimétrica" de que ella tanto oía hablar sin entender un pito. La fiel señora no disimuló su sorpresa ni se cuidó de reír tan bulliciosamente que alarmó a los hijos y se vio en aprietos para ocultarles la razón del estrépito.
Vuelta la disimulada calma, discretamente se llevó el cuaderno a la alcoba y leyó: "Tratado de materialismo dialéctico para principiantes". Mucho le llamó la atención que el general copiara varias veces el mismo texto, como si quisiera aprendérselo de memoria, sin perder palabra. Leyó: "El materialismo dialéctico, cuya formulación se debe a Marx y Engels, se considera como la refutación filosófica al idealismo de Hegel, es decir, la crítica del idealismo y, como tal, referencia conceptual del materialismo histórico, que sería la expresión propiamente científica del pensamiento de Marx y Engels".
La señora reconoció que su marido tenía razón en andar tan de malas pulgas. Hasta la gramática era complicada. Pensó: ¡Cómo es posible que mi marido se quiebre la cabeza con estas extrañas filosofías! Dio vuelta a la página y leyó en la letra firme del marido: "Tengo que leer el Anti-Dühring". Aquello parecía una sentencia más que el registro de un deber. ¿Qué cosa era esa? Vio otra nota que decía: "Sábado, 5:00 pm. Cita con Marta". Aquí se alteró. ¡Carajo, una mujer! Avanzó en su curiosidad conyugal. En las páginas siguientes leyó: "Las leyes de la dialéctica.

1­Ley de la unidad y lucha de contrarios.

2­Ley de transición de la cantidad a la cualidad.

3­Ley de negación de la negación". -

-Imagino que esto no es un juego, pero si las cosas siguen por donde van, me voy a quedar sin marido y mi marido sin juicio. Tomó la resolución de confesarle que (sin ánimo malsano) había abierto el cuaderno y caído en la tentación de leer aquello que lo tenía de tan mal humor. Se armó de valor y le dijo: --Con que esas tenemos, hay por ahí una Marta. ¿De dónde has sacado meterte en este berenjenal dialéctico, tú que nunca abriste un libro y ahora quieres ser filósofo? El general se desconcertó. No supo cómo explicar el laberinto en que estaba, y apenas balbuceó: "Ella es mi profesora". Confuso, prometió: --Mejor pido la baja. Me pueden romper la cabeza, pero eso de "negación de la negación", me suena a mamadera de gallo.

¡Qué hago yo con tantos soles si no entiendo estas reglas de la dialéctica! --Leyes, no reglas ­corrigió la señora, encantada de rescatar al marido de los graves peligros a que lo había condenado el jefe de la revolución.

jueves, 12 de febrero de 2009

La adoración perpetua



Luis Ugalde

Jueves, 12 de febrero de 2009“

En realidad lo que quiere es que la República se identifique con él de tal forma que nadie pueda diferenciarlos. El pasado no existe. El presente y el porvenir están en él”.( Ramón Díaz Sánchez, de Guzmán Blanco)
Guzmán Blanco era inteligente, pero el poder les hace perder el sentido del ridículo y sentirse salvadores, únicos e imprescindibles. Lo mismo ayer que hoy. Ridículo lo que desde París escribía el “Ilustre Americano” a un “general” venezolano: “Como General en Jefe no tengo rival en América, ni aquí mismo en Europa. Estos Mariscales no me dan por la cintura en calidad de Jefe de un ejército”. El entorno servil, sin pudor le celebraba sus humos alucinantes a Guzmán y el pueblo, siempre ingenioso y burlón, llamaba “Adoración Perpetua” a esa corte de adulantes agachados cantando en coro sin fin el “amén, amén, amén”, que los creyentes reservaban para el Santísimo.
Chávez se presentó como novedoso salvador de nuestras lacras del pasado, y ahora muchos seguidores están perplejos al verlo retratado con caudillos, Páez, Monagas, Guzmán, Castro, Gómez, entre otros, que se creyeron insustituibles salvadores de la patria y terminaron mal.
El deseo de perpetuarse no es nada original; los caudillos y dictadores, con sus acólitos, sienten que el poder bien vale una guerra de perpetuación. Cuentan que nuestros caudillos reunidos en su delirio retaron al paludismo sobre quién era capaz de producir más muertes y miserias en Venezuela. Todavía discuten los historiadores quién fue el ganador de esa apuesta.
Cuando los gobernantes se enamoran del poder y sus áulicos adoran sus loqueras, pierden toda sensatez. José Tadeo Monagas a los 84 años salió a ensillar su caballo y limpiar su lanza porque la Patria requería su perpetuación en la presidencia. Poco antes lo había hecho Páez, contra su propia grandeza y méritos anteriores. También Somoza, Franco, Kim Il Sung, Ceaucescu, Stalin, Hitler, Mao, Pinochet, Castro, Trujillo, Duvalier, Mugabe, Stroersner… sintieron que debían perpetuarse para salvar a su país. Algunos de ellos, en su segunda parte, destrozaron lo bueno que pudieron haber hecho en la primera. No importa su ideología, la obsesión de su poder perpetuo se convierte en absoluto y tiraniza.
La necesidad compulsiva y la adicción al mando no es una enfermedad tropical, sino que se da en cualquier latitud en las alturas del poder. En todas las culturas y tiempos los reyes absolutos, faraones, incas y emperadores se consideraban únicos, “hijos de Dios” y reyes “por la gracia de Dios”.
La revolución democrática moderna consistió en quitarles la soberanía para transferirla al conjunto de la sociedad, que elije gobernantes temporales a su servicio, y pone contrapesados y controles constitucionales al poder individual.
Con la reelección indefinida se consagra el derecho a abusar del poder, a jugar fútbol siempre en campo propio, con su público incondicional, con árbitro sumiso, dándole al balón con pies y manos, mientras que los rivales sólo lo pueden hacer con el pie. No se trata de un peligro, sino de la regla universal del abuso del poder político con todo el peso del Estado. ¿No hemos visto cómo nuestro Presidente en campaña abusa de todos los poderes, dineros y medios, recurriendo al chantaje y a la amenaza para ganar? Si la reelección es perpetua el abuso será sin fin.
Jesús de Nazareth conocía el corazón humano y la tendencia de los gobernantes a atribuirse el lugar de Dios: “Saben que entre los paganos los que son tenidos por gobernantes dominan las naciones como si fueran sus dueños y los poderosos imponen su autoridad” (Marcos 10,42) “Entre ustedes no sea así”- nos dice-, sino sean servidores unos de otros.
La historia demuestra (como muy bien nos recuerda Bolívar en Angostura) que los gobernantes que se perpetúan en el poder se vuelven tiranos y que sus “adoradores perpetuos” no tienen la libertad ni la entereza moral para librarlos de su ego y de su borrachera de poder.
Todo Presidente necesita de instituciones, de poderes públicos y de colaboradores libres y honestos que le pongan límites razonables. A falta de ello, la resistencia ciudadana del país, apoyada en la Constitución, con su “No” le ayudará a gobernar mejor en los cuatro años que le quedan y le librará de pasar a la historia como sepulturero de la democracia.
fernandamujica@gmail.com
Todo sobre el columnista: Luis Ugalde de Venezuela Analitica

jueves, 5 de febrero de 2009

La Alborada y el dictador como tabú



Simón Alberto Consalvi

Ido Cipriano Castro para Europa y consumado el golpe de Estado que lo despojó del poder, hubo un paréntesis de suspensos que hizo creer a los venezolanos que, en efecto, había caído una dictadura pendenciera y que se iniciaría una era de buen gobierno. Entre quienes así pensaron estuvieron cinco escritores muy jóvenes que decidieron editar una revista digna del amanecer de los tiempos, y como si quisieran retratar el momento la llamaron La Alborada.
El 31 de enero de 1909, a 65 días apenas del viaje de Castro y 41 del golpe de Estado, Julio Planchart, Henrique Soublette, Julio Horacio Rosales, Salustio González Rincones y Rómulo Gallegos se lanzaron a la gran aventura. Un siglo después, vale la pena dar una mirada a aquel momento de falsas, muy falsas expectativas porque a Castro lo había sustituido un hombre sombrío que llegó para gobernar hasta cuando la muerte puso fin a su absolutismo.
El primer ejemplar trae dos notas editoriales. Una es "Nuestra intención" y la otra se titula, quizás con algún escándalo, "Castro no es el mal".
La infección ha sido general, dicen. No es fácil imaginar que un hombre acostumbrado a medrar a costa de todo se decida a pensar que no se trata de él sino del país, y que no se ha reaccionado (contra Castro) para enriquecerlo a él. Lo que haya que hacerse, o se hace ahora, o no se hará nunca, coinciden los jóvenes con una consigna puesta en boga.
En "Castro no es el mal" se ahonda en el diagnóstico.
Castro, dicen, nos conturba el ánimo y nos obsesiona su recuerdo. "En la prensa con sus epigramas y caricaturas, en los corrillos públicos, en lo más íntimo de las conversaciones familiares, siempre flota con la sutilidad de un íncubo en una mala pesadilla ese recuerdo de pasado bochornoso". Pero con todo, Castro no es sino un accidente en la vida de la nación venezolana. Lo expresan con claridad y advierten los riesgos: "Los hombres no son sino accidentes, el mal está en otra parte, hay que ahondar, excavar con la piqueta del estudio hasta encontrarlo; hallarlo sería el bien supremo; una vez hallado podría aplicársele remedio conveniente. Castro no es el mal en sí, sino la consecuencia.

Fue ineludible, fatal; alguien diría providencial. Mas bien sabemos que ya la Providencia no se mezcla en los destinos de un pueblo. La ley anda arreglándolo todo sin conciencia, ciegamente, pero de manera imprescindible.
(...) ¿Para qué maldecir tanto a un hombre? ¿Para qué maldecir el pasado, si el porvenir, hay que decirlo con toda sinceridad, es oscuro?".
Los escritores de La Alborada no sucumben ante los espejismos; en el horizonte vislumbran nubes que perturban el paisaje y consideran prudente pintarlas con sus propios colores. De que "Castro no es el mal" se encargará de confirmarlo Juan Vicente Gómez cuando termine la luna de miel de 1909-1913 y se afiance en el poder, y ya no habrá más "alboradas" hasta el 17 de diciembre de 1935.
Cuando La Alborada sale a la calle, un mes y tantos días después de la caída de Castro, los barcos de guerra que Gómez había pedido a Estados Unidos todavía están anclados en aguas venezolanas. Fue Gallegos quien tuvo la percepción de lo que significaban y de lo que perseguían aquellos barcos. El delirio anticastrista y también el temor frenético al desterrado quizás contribuyeron a que la mayoría silenciara el episodio. Gallegos escribió: "Harto se ha ponderado el peligro que para las jóvenes nacionalidades suramericanas representa en el Norte el afán conquistador del yanqui, siempre en acecho, atisbando la oportunidad para adueñarse de nuestro territorio en nombre de una protección que no necesitamos, mientras el patriotismo aconseje la muerte como remedio extremo y mucho se ha hablado también de la unión suramericana como único remedio capaz de conjurar el peligro común".
El año de luna de miel de Juan Vicente Gómez, 1909, pronto desnudó la realidad.
La Alborada apenas sobrevivió del 31 de enero al 28 de marzo, cuando fue clausurada por orden superior. Si no estoy errado, fue el debut de la larga censura que predominó en Venezuela hasta 1935. La clausura suscita interrogantes.

En los textos de los jóvenes escritores predominaba lo teórico, no pertenecían al mundo político que jugaba en el ajedrez de la transición, no abogaban por un puesto en el banquete, ¿por qué fue clausurada La Alborada, y clausurada con tanto apremio? ¿Acaso porque uno de ellos acariciara la idea de fundar un partido político, o porque se atrevieron temerariamente a afirmar que "Castro no era el mal? Ninguno de los cinco tenía vínculos con el caudillo derrocado, la revista lo condenaba, al tiempo que advertía, sí, los riegos de que la dictadura o el dictador apenas cambiaran de nombre. Eso fue exactamente lo que sucedió.

El peligro de no saber leer la historia



Germán Carrera DamasMiércoles, Escuela de Historia

Facultad de Humanidades y Educación Uiversidad Central de Venezuela
Leer Historia no sólo es un ejercicio provechoso para quienes lo practican; es también recomendable para quienes no lo hacen. Abundan las recomendaciones a favor de uno y otro caso. No sé si son comparablemente abundantes en sentido adverso, a uno o a ambos casos. Pero leer la historia no es una operación del conocimiento que deje de generar riesgos, e incluso de sembrar acechanzas, todos nada desdeñables.

Por esto último no ha faltado algún espíritu, entre travieso y malévolo, que aconseje ignorar la Historia, se la haya leído o no, porque dicen que puede indigestar el entendimiento, y hasta ofuscar espíritus débiles o desprevenidos.
Entre los riesgos y acechanzas quizás sean los más temibles los que se agazapan tras el precepto- conseja de que la Historia es maestra de la vida. Y quizás esto se deba a que quienes solicitan las enseñanzas de tal maestra ponen sus expectativas más en lo que deben o desean hacer, que en lo que deberían y quizás podrían evitar. Pero hay otros riesgos, entre los cuales ocupan lugar destacado el paralelismo y el continuismo. Crudamente dicho, el primero se manifiesta como un acceso inflacionario de la autoestima, es decir de la más peligrosa demostración del erróneo conocimiento de sí mismo.

Pero, lo que es peor, el continuismo puede manifestarse como la delirante pretensión de proseguir, adelantar y hasta perfeccionar la obra del personaje considerado ejemplar. ¡Si sabremos de esto último los venezolanos, hartos como estamos de los remedos de Simón Bolívar!

Pero todo lo dicho no compensa el riesgo-acechanza mayor; tanto por su condición de ser éste un híbrido de males de suyo temibles, como por su radical efecto deletéreo. Consiste en no dedicársele un poco de reflexión a una característica de la Historia de la que he venido tratando en mis textos más recientes, y esto último ha sido así porque esa caracterización ha resultado de la circunstancia que he expresado, con sospechosa modestia, como “estoy comenzando a comprender la Historia”.

He sostenido que la razón de la Historia no siempre es la razón de la Razón, y que la razón de la Razón está más cerca que la razón de la Historia del poco democrático sentido común, cuya conducta tramposa suele asomar cuando se le saca de su ámbito natural y se le compromete a revelar el sentido y alcance de la Historia.
La razón de la Historia rechaza toda suerte de violencia ejercida con el propósito de forzarla a tomar caminos, no importa hacia donde se pretenda que conduzcan. Si se trata sólo de inducirla a ese efecto, puede ser displicentemente tolerante, para consuelo de los oradores de circunstancia que tienen la fortuna de desplegar su destreza en este momento histórico en que estamos reunidos.

Pero esa misma historia es implacable al hacer llover su furia sobre quienes, ensoberbecidos, desatienden su dictado; y nada le importa que lo hagan por ignorancia, imprudencia o mero desatino. Cualquiera de estas últimas circunstancias será siempre agravante, nunca atenuante, de la falta cometida. Por eso es recomendable LEER la historia, es decir hacerlo con apego y respeto de su razón; no incurriendo en el delito de lesa Historia que consiste en pretender someterla al imperio del acomodaticio sentido común.
Es cierto que las raíces del sentido común no son superficiales; como tampoco lo son las de la Historia. Pero no parece que sea descabellado pensar que las raíces del sentido común con más sensibles a lo personal inmediato que las de la Historia. Ésta se ocupa de esclarecer tal diferencia, comenzando por inducirnos a comprender que nada conduce más a la obnubilación del seso que el empacho de Poder.

Soberanamente benévola, la Historia brinda el elixir preventivo: “Puede afirmarse que la incapacidad para advertir las primeras señales de peligro y conjurar la crisis liquidadora del sistema político que presiden por parte de quienes han ejercido un largo mandato, radica fundamentalmente en la falta de perspectiva histórica [¿de razón histórica?], antes que en la carencia de valor o audacia para afrontar las dificultades. Creadores y usufructuarios del régimen que se ha estabilizado, no advierten como a lo largo del tiempo aparecen y van creciendo y fortaleciéndose nuevas fuerzas sociales y económicas que piden sitio de participación en el ejercicio del poder”…

(Ramón J. Velásquez, “Proyección histórica de la obra d Rómulo Betancourt”.

Betancourt en la historia de Venezuela del Siglo XX. Caracas, Ediciones Centauro, 1980, p. 42.) Mensajes precedentes:

Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”.

2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”.

3º Mensaje histórico: “Recordar la democracia”.

4º Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”.

5º Mensaje histórico: “El ‘punto de quiebre’ ”.

6º Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”.

7º Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”.

8º Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes? O ¿hacia dónde llevan a Bolivia? 9º Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro.

10º Mensaje histórico: ¿La historia ha caído en manos de gente limitada e imaginativa?

11º Mensaje histórico: Las falsas salidas del temor.

12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela?

13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia.

14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia.

15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender.

16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera Damas.

17º Mensaje histórico: República liberal democrática vs República liberal autocrática.

18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos históricos y doctrinarios del militarismo venezolano.

19º Mensaje histórico: El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano.

20º Mensaje histórico: Demoler la República.

21º Mensaje histórico: La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas.

22º Mensaje histórico: Lo que no se puede dar ni quitar.

23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones para decir No.

24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar la historia.

25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela.

26º Mensaje histórico: La presencia activa de Rómulo Betancourt.

27º Mensaje histórico: Librarnos del Siglo XIX.

28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico.

29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”.

30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”.

31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”.

32º Mensaje histórico: "Las migraciones no controlables".

33º Mensaje histórico: “El 23-N el régimen militar chocará con el legado de Betancourt”.

34º Mensaje histórico: La Democracia: un asunto de los pueblos.

35º Mensaje histórico: “Mi voz de alerta: !La República está amenazada!

36º Mensaje histórico: …”nada pudre más a una nación“…

37º Mensaje histórico: “El conflictive porvenir de la República”. Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala de Cuervo, 2006.
german.carrera.damas@gmail.com

sábado, 17 de enero de 2009

Iconografía del Libertador Simón Bolívar

Jhonny Díaz

Para ver la presentación por favor haz lo siguiente:
1º.- Haz link aquí:

http://www.mediafire.com/download.php?gnbjrenmjno

2º.-Luego al abrirse la página y aparecer la etiqueta:

Click here to start download..

haz link sobre la etiqueta y luego de abrirse, haz link en abrir, de esta manera difrutarás de la presentación sobre La iconografía del Libertador Simón Bolívar.

Realizado con autorización de Jhonny Díaz, para toda latinoamérica.

viernes, 9 de enero de 2009

Los tranvias en Caracas (Primera parte)

Jhonny Díaz (JADA)
Presentación de fotos, comentarios e historia de los tranvias de Caracas

Dale click en este link:
http://www.mediafire.com/download.php?2lybmm4lzvc
Luego le das click donde dice:
Click here to start download.
Allí espera breves segundos y lo abres.

Que lo disfruten (JADA)

Bandera venezolana

Bandera venezolana

Automóviles de los 40

Automóviles de los 40