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viernes, 11 de diciembre de 2015

Dr. Pablo Acosta Ortiz, “el príncipe del bisturí”




Eumenes Fuguet Borregales (*)
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Así es reconocido este galeno barquisimetano, de los primeros en realizar intervenciones quirúrgicas en nuestro país, nacido el 21 de Marzo de 1864, hijo del jurista Pablo Acosta y Benigna Ortiz; en 1885 recibe en la Ilustre Universidad Central de Venezuela el título de Doctor en Medicina y Cirugía. Se traslada a Mérida donde ejerce la profesión por poco tiempo. Viaja a Paris en 1887 completando su preparación con honores en noviembre de 1892, al presentar la tesis doctoral: “El tratamiento quirúrgico de los aneurismas del tronco Braquio cefálico y del cayado de la aorta”; investigación que recibió grandes elogios de los exigentes profesores, se tiene aún como bibliografía en varios países. Ese año regresa al país; en Barquisimeto conjuntamente con el Dr. Antonio María Pineda, convierten el Hospital La Caridad en un centro de estudio y práctica de la medicina en la región.
 Ejerce la docencia en la Cátedra de Anatomía  de la U.C.V durante dos años;  funda por propia iniciativa la Cátedra de Clínica Quirúrgica en 1895, allí aplica los últimos conocimientos adquiridos en Francia, que impulsa la preparación de los futuros cirujanos que tanta falta hacían. Su preparación y habilidad como cirujano en el Hospital Vargas de Caracas desde 1890 hasta 1900, lo perfila junto a Luís Razetti, entre los mejores galenos de una época cuando se realizaban pocas intervenciones quirúrgicas. Sus alumnos expresaban: “maneja el bisturí como un gran artista”. Entre 1893 y 1895, es redactor de la sección “Cirugía” de la Gaceta Médica de Caracas, es cofundador en 1893 y presidente  al año siguiente de la Sociedad de Médicos y Cirujanos de Caracas.
Designado jefe de Servicios de Cirugía del hospital Vargas en 1895. Junto al Dr. Santos Dominici, es de los fundadores de Instituto Pasteur de Caracas el 1ro de abril de 1895, ubicado  entre las esquinas de Cruz Verde a Velázquez de la parroquia Santa Teresa; antigua  casa del escritor Cecilio Acosta, tío del Dr. Acosta Ortiz. Fue el primer instituto de investigación científica que funcionó como tal, pues contaba con: docencia, investigación y producción de vacunas para la comunidad; allí produjeron las vacunas contra la difteria, la rabia y la viruela.
El Dr. Acosta es designado Diputado por los estados Bermúdez en 1897 y Barcelona en 1899; ejerció en tres oportunidades la dirección del hospital Vargas entre 1899 y 1907, además de ser miembro en 1899 y vicepresidente en 1904 de la Junta Administradora de los Hospitales Civiles del Distrito Federal. Es cofundador del Colegio de Médicos de Venezuela y presidente de su comisión preparatoria en 1902. Miembro fundador de la Academia Nacional de Medicina en 1904, correspondiéndole el Sillón XXII. Contrae matrimonio en Caracas el 14 de Marzo de 1906, con María Tresselt, procrean a Pablo y Mery.
El Dr. Acosta es designado  Presidente de la Comisión de Higiene Pública Nacional, Vicerrector de la U.C.V en 1908. Senador por el estado Lara en 1910; nombrado Presidente de la Academia Nacional de Medicina durante el período 1912-1914. Escribe en 1911: “Lecciones de clínica quirúrgica”, con prólogo de su profesor francés, el eminente médico cardio vascular Le Dentu. Escribió en base a su experiencia  numerosos artículos sobre temas científicos y literarios. Sus valiosos servicios médicos y docentes son recompensados con diversos reconocimientos, entre ellos: la Medalla de Instrucción Pública y Medalla Las Palmas de la Academia de la República Francesa. El Dr. Acosta viaja a Paris donde muere de una bronconeumonía el 13  de Febrero de 1914 a la edad de cincuenta años. En su honor varios institutos llevan su nombre: una clínica, una escuela y un comedor escolar en Barquisimeto. En Caracas un liceo lleva su nombre, así como también en San Fernando de Apure el principal hospital; el Decanato de Ciencias de la Salud  de la Universidad Centro-Occidental  Lisandro Alvarado de Barquisimeto. Bronces que eternizan su memoria se encuentran en una plaza de Barquisimeto, en el Hospital Vargas de Caracas y en el Salón de la Fama del International College of Surgeons (cirujanos) de Chicago. Diferentes galenos expresaron su alto concepto de nuestro biografiado, entre ellos: Luís Razetti, Placido Rodríguez Rivero Ex Rector de la U.C.V y Ramón Ignacio Méndez Llamozas.
Historia y Tradición
(*) Gral. de Bgda.                                                                       churuguarero77@gmail.com
@eumenesfuguet


sábado, 11 de enero de 2014

POR TI PREGUNTO EL VIEJO

                                              

VICENTE E.GUERRERO B

                                               
         Con  paso lento, agobiado por el calor y un cielo que se  tornaba rojizo en esta tarde de septiembre, como muchas otras tardes,  iba  al lugar obligado del encuentro para la tertulia citadina,  que se fue haciendo costumbre,  como el cafecito  que el cuerpo pedía para poner fin al cansancio del día. 
          Olor a café y  pan recién hecho  indicaron que había llegado, la puerta se abrió, atrapado por la frescura del salón, entré  tratando de ubicar a los amigos. “Por ti pregunto el viejo”    expreso la jovencita de la caja con la sonrisa de blancos dientes, bellos ojos negros brillando en su tez canela.
            Nadie  de los contertulios  cotidianos se encontraba, me senté en una de las mesas vacías, pedí el café, abrí mi carpeta de apuntes, repase el articulo para la columna de opinión  y  me preguntaba sobre “ el viejo”, ese personaje que aparecía  con las primeras sombras de la tarde y raras veces integraba el grupo.  Lo veíamos solo,  con la miraba puesta en el pocillo donde lentamente su contenido disminuía a medida que sorbo a sorbo lo disfrutaba.
        Perdí la noción del tiempo  atrapado por la lectura del artículo que debía entregar en la redacción.  Volví a la realidad cuando el ruido de la silla y su voz, como siempre, suave, respetuosa y cálida,   dijo:  “…buenas tardes, puedo molestarlo, será un momento, un momento para compartir el amargo y contarle algo que  por dentro siento que me esta apretando y   no puedo evitar que salga…”.  Respondí  con la curiosidad del periodista “ … con gusto compartiré con usted   la historia que corroe sus entrañas…” , y allí nomas las palabras surgieron como cascadas   y se derramaron sobre la mesa: 
      “  ….. Recorría hace tiempo las calles de esta  ciudad  de los tres puentes,  en   tardes soleadas , hasta que los arreboles indicaban  el inicio de la noche, me acompañaba el trinar de  pájaros y los miles  sonidos de la calle, voces, ronronear de motores, cantos, algún acorde musical de alguien afinando tal vez el instrumento. Disfrutaban todos mis sentidos, el olor de flores, de las cocinas donde  manos hacendosas preparaban le cena, el dulce olor de las frutas que se adherían al paladar, y en  cada paso, sobre la dura tierra , el pavimento o las veredas de ladrillo, sorteaba bandadas de niños que regresaban a sus casas con la alegría de vivir, parejas de jóvenes tomados de la mano soñando despiertos, ancianos de lentos movimientos  que respondían  el saludo afectuoso de otros  caminantes y  el aire fresco de los verdes cerros inundando los pulmones. Ciudad de sempiterna primavera, donde a cada hora  disfrutábamos  los cambios de colores de la exultante vegetación,  el aroma  de multicolores flores que nos invadía se pegaba a la piel  mientras  una brisa suave que acariciaba   el cuerpo…”. 
              De golpe nos inundo el silencio,   nos quedamos mirándonos  sin decir nada, paso un tiempo que me pareció muy largo  y continuó,  como degustando las palabras,  con el último sorbo del café, y como  saliendo de los mas profundo del alma broto  la pregunta “..¿Que nos paso…? “.
        Se ahondo mas el silencio, bajó la cabeza, entrecerró los ojos, como un manto nos envolvió la tristeza,  respondiéndose a si mismo continuo… “Hoy hago el mismo camino y siento una soledad que me ahoga, despareció toda esa gente y el paisaje es gris …..”.
            Una pausa en el relato que irrespetuosamente, por pura curiosidad  lo quebré con “ …¿Qué paso ..?.
          Note  que le costaba continuar, se  le anudaban las palabras en la garganta para decirme, para llorar la respuesta:
    “ … en las  calles de este Barquisimeto de gente tranquila y amante de la tertulia, el canto, la alegría de compartir el fin de una jornada, nos inundo el miedo…., el miedo descendió con la oscuridad de la noche y en la tarde  a medida que las sombras crecen,  crece también la soledad y el silencio y otra vez,  como  en otras ciudades inundadas por el miedo, por la guerra, por la muerte, por el terror que  yo viví en otras lejanas tierras, hubo un tiempo que   llegue a pensar que era  solo un sueño,   pero hoy sentí el fantasma del miedo pisando mis talones, inundando mis zapatos, trepando por mi piernas…..”
          Apartó la silla, se levanto y se dirigió hacia la noche que como un manto cubría la calle.
       Quede con mi soledad a cuestas,  en el periódico que de casualidad llevaba como para no olvidar lo que tenia que cumplir,  surgieron ante mis ojos  las páginas rojas de las absurdas muertes de tantos jóvenes, de tanta gente que golpeó mis sentidos. “¿Por qué tanta muerte?. ¿para que tanta muerte?, ¿que nos impulsa hacia la fractura de la vida, nos estarán robando la humanidad?
        Que nos  empuja hacia esa danza de la muerte, nos estaremos dejando amedrentar  para cooperar en un festín diabólico.
          Hay preguntas que desde hace milenios nunca cambiaron, la búsqueda de una  respuesta continúa,  recordé el final del Bíblico poema de JOB “las velas están apagadas, las estrellas han desaparecido del firmamento, enciende el carbón del corazón…  y veremos luego…”
   
       Trate llamarlo pero el “viejo” se perdió en la oscuridad. Lo tragó la noche   
            Decía Harold Kushner en el libro que de casualidad  llevaba  “… el mundo es un lugar frio e injusto  en el cuál todo lo que consideraron precioso ha desaparecido. Pero en lugar de dejarse vencer por este mundo y esta vida injusta, en lugar de mirar hacia atrás, a las iglesias y a la naturaleza, pretendiendo obtener respuestas, hay que buscar dentro de uno la propia capacidad de amar. Enciende el carbón del corazón  porque esa pizca de luz y calor será capaz de sostenernos….”
          *VICENTE E.GUERRERO B
          Email: vgbernabey@gmail.com


viernes, 25 de octubre de 2013

Dr. Pastor Oropeza Riera, eminente galeno larense




Eumenes Fuguet Borregales (*)
 El estado Lara se ufana de tener entre sus hijos al doctor Pastor Oropeza, quien vio la luz primera en Carora el 12 de octubre de 1901, hijo de Lisímaco Oropeza y Sofía Riera; egresa bachiller en Filosofía y Letras en el Colegio Federal de la ciudad natal en 1916. Tuvo una positiva influencia de su tío el insigne doctor caroreño Ramón Pompilio Oropeza (1860-1937). En Caracas ingresa en la Universidad Central de Venezuela en 1918, culminando la  la formación universitaria, es designado monitor de la cátedra de Clínica Médica, preparador de la Cátedra de Anatomía Descriptiva y preparador de los pabellones de Cirugía en el Hospital Vargas. Egresa doctor en Ciencias Médicas en 1924. Entre sus insignes profesores mencionamos a: Luis Razetti, Francisco Rísquez, José Gregorio Hernández, José Izquierdo, Enrique Tejera, entre otros. Este joven estudiante había estado preso en 1921, por apoyar las acciones contra el régimen de Gómez. Al año de graduado y  luego de realizar pasantía en Villa de Cura y Tocorón, regresa a Carora ejerciendo en el hospital San Antonio de Padua por más de diez años. Siempre preocupado por la salud de los más necesitados, Pastor Oropeza atendía sin recibir nada a cambio; su presencia como profesional y don humanitario era requerida en los estados Falcón, Zulia y Trujillo. Viaja a la universidad de Paris en 1926, donde obtiene el título de Médico Colonial en La Sorbona, con especialización en Pediatría. Por orden de Eustoquio Gómez, en Barquisimeto es encarcelado nuevamente en 1930. Una vez liberado contrajo matrimonio con la caroreña Egilda Herrera Gutiérrez con quien procreará cuatro hijos. Vuelve a Paris en 1934 al "Hospital des Enfants Malades" ampliando sus conocimientos en el área de la medicina infantil. Publicó en 1935  “El Niño", valiosa recopilación de las diferentes conferencias que dictaba. A partir de 1936 el distinguido médico valenciano Enrique Tejera (1889-1980), Ministro de Sanidad, le asignó responsabilidades en el Despacho. Oropeza es enviado a Cuba y Puerto Rico para conocer los programas de salud en el área materno-infantil implantados de acuerdo con la experiencia desarrollada en los Estados Unidos de Norte América. A su regreso auspició la creación de la División Materno-Infantil del MSAS, de la cual fue nombrado jefe en 1936; redactó el decreto de creación del Consejo Venezolano del Niño, hoy Instituto Nacional del Menor. Ejerció en el Hospital Municipal de Niños de Caracas en 1937, luego transformado en hospital de Niños J.M. de los Ríos; en el Instituto Nacional de Puericultura en 1937; de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría, por mencionar algunas iniciativas del brillante médico. Impartió Puericultura, Dietética y Pediatría en varias instituciones como la escuela de Artes y Oficios de Mujeres y la escuela de Enfermeras entre 1936 y 1941. Crea la Cátedra de Puericultura y Pediatría en la UCV, de la que fue Profesor Ordinario a partir de Febrero de 1942. Derrocado el presidente Medina el 18 de octubre de 1945, el Dr.  Oropeza se dedicó al ejercicio de su profesión y a la docencia, es fundador y director de los archivos venezolanos de Puericultura y Pediatría. Elegido presidente de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría durante el período 1947-49; designado Decano de la Facultad de Medicina de la U.C. V. en 1948. Participó activamente en la formación de médicos pediatras. Al no estar de acuerdo con el gobierno del Gral. Marcos Pérez Jiménez en 1953, fue destituido junto con otros profesores y detenido a principios de 1958 por pocos días. El Dr. Pastor Oropeza publicó unas cien obras entre libros, folletos, artículos y ponencias, dedicadas en su mayoría al área infantil protección infantil; su brillante labor ha sido reconocida a nivel nacional como internacional, en designaciones como Miembro Honorario de Sociedades Médicas y objeto de diversas preseas. Perteneció a la Academia Nacional de Medicina Sillón VIII, recibió el Doctorado Honoris Causa de la Ilustre Universidad de los Andes. Instalaciones hospitalarias llevan su nombre, entre ellas en Carora y en Barquisimeto. En 1964 fue creado el "Premio Nacional Pastor Oropeza”. Proclamado "Padre de la Pediatría Nacional" en 1983; el ministerio de  Sanidad, fue instituyó la “Medalla de la Salud Pastor Oropeza" en 1988. Fallece esta gloria nacional de la medicina el 7 de septiembre de 1991.
(*) Gral. de Bgda.                                                                  churuguarero77@gmail.com
@eumenesfuguet

 Historia y Tradición

viernes, 4 de octubre de 2013

Dr. Antonio María Pineda, brillante médico larense




Eumenes Fuguet Borregales (*)

 
En la crepuscular ciudad de Barquisimeto, ve la luz primera de la vida  el 27 de septiembre de 1850, Antonio María Pineda, destacado médico, investigador, docente, filántropo, escritor e inventor de aparatos facilitadores de la actividad quirúrgica. Al culminar  los estudios elementales y medios en la ciudad natal, se traslada a Caracas en 1876, a formarse como médico en la Universidad Central de Venezuela, presenta  la tesis “La hemorragia en la operación de la talla perineal en el hombre”,  luego en Paris ingresa en la Facultad de Medicina logrando una excelente preparación en tan importante profesión. Al retornar a Barquisimeto desarrolla las especialidades de obstetricia y cirugía. Es importante acotar que realiza el 24 de mayo de 1893, la primera craneotomía realizada en el país, su coterráneo Pablo Acosta Ortiz, denominado “el príncipe del bisturí”, practicó igual operación al mes siguiente.  Pineda Inventa una espátula para disensiones en 1906, utilizada en operaciones de fibroma uterino y  de  extracción de cuerpos extraños vesicales. Como médico general realizaba operaciones quirúrgicas en casi todas las partes del cuerpo humano, incluyendo ojos y garganta. Inventa el tecno-neurótomo ocular  que permite  evitar heridas durante la intervención del nervio óptico, trabajo presentado en el Congreso Internacional de Oftalmología realizado en Washington en 1922.
Otro de sus inventos es el Soplete Cauterino para el tratamiento de úlceras y la Sonda  Ideal, utilizada en pacientes con problemas urinarios. Practicó por vez primera en el país la tiroidectomía y la omentopexia u operación de Talma. La mesa operatoria que utilizaba, era de  madera plegable, muy novedosa para la época. Cuando no se conseguía las sondas de caucho, utilizaba  en forma muy positiva el pecíolo de las hojas de lechosa.
Adelantó técnicas relacionadas con: la tiroidectomía, la histerectomía, la resección de maxilar, la desarticulación de hombro, el labio leporino, la ovariotomía y las ligaduras de  arteria femoral. Fabricó un termómetro eléctrico conocido en su momento como “termómetro ideal Pineda”. De sus experiencias escribió gran cantidad de artículos publicados en el Boletín del Hospital de la Caridad, cuya venta era destinada en la construcción y funcionamiento del centro hospitalario, con la finalidad de mejorar la capacidad hospitalaria casi inexistente en la “ciudad de los crepúsculos”; el Dr. Pineda estuvo al frente del Hospital de la Caridad unos cincuenta años, aportando conocimientos y experiencias a los futuros proporcionadores de salud de la región. 
El edificio del hospital de la Caridad levantado  por iniciativa del Doctor Antonio María Pineda, con recursos de la comunidad y del estado, basado en el proyecto del ingeniero Alemán Justo Rosemberg, fue inaugurado el 8 de Mayo de 1918. En 1922 se comienza a levantar la capilla San Miguel, terminada dos años después en mayo de 1939, el Concejo Municipal le cambia el nombre del Hospital de la Caridad por el de Hospital Antonio María Pineda.
Este brillante galeno, llevó a Barquisimeto el primer aparato de rayos X. En 1954 el Hospital Antonio María Pineda se traslada a un moderno edificio construido en la Avenida Vargas, se utilizó la vieja edificación como sede al cuartel para el Batallón de Infantería Manuel Piar.
 A través de las damas barquisimetanas, mediante rifas y bazares se fue levantando sin prisa, pero sin pausa su gran obra hospitalaria, con un equipamiento acorde con la época. El Dr. Pineda creó varias bibliotecas y sociedades científicas. Designado director del Colegio Federal de la Primera Categoría y Rector del Colegio Nacional de Varones. Entre sus principales escritos científicos mencionamos: “Por la historia de la medicina en el Zulia”, “La epilepsia del Libertador”, “La determinación del sexo” y “Aclaratoria acerca de las craneotomías en Venezuela entre otras.
La Academia Nacional de Medicina lo recibe como Miembro Correspondiente en 1934; aparte de destacarse como inventor en su área científica, también inventó en 1917, un procedimiento para hacer refractarios piezas fabricadas con arcillas de la región larense. Este esclarecido médico fallece en el Barquisimeto de sus afanes el 5 de octubre de 1941. El Hospital Central Universitario de Barquisimeto, honra llevar su  esclarecido  nombre, al igual que algunas instituciones públicas y privadas, igualmente se otorga un Premio Científico con su nombre en el estado Lara.
(*) Gral. de Bgda.                                                                                           churuguarero77@gmail.com
@eumenesfuguet

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