domingo, 6 de octubre de 2013

Petróleo Crudo y su jaula

Así son las cosas


Oscar Yanes
 
El 1 de octubre de 1945, en las primeras horas de la tarde, el general Medina recibió una llamada telefónica en su despacho de Miraflores. Se escuchó decir al Presidente:
-íQué broma! íPobre hombre! Vamos a tratar de ayudar a la viuda... Luego colgó y le dijo a Pedro Sotillo, secretario de la Presidencia:
-Mataron a Petróleo Crudo, Pedro... Hicimos todo para ayudarlo, pero ese negrito era una vaina.
Cruz Crescenio Mejía, alias "Petróleo Crudo", era el rey de los ladrones venezolanos. Desde 1928 había ganado sitio privilegiado en la última página de todos los diarios del país.
Cuando los estudiantes se alzaron en 1928, Petróleo comenzó a robar mangos y cambures por la plaza del mercado de San Jacinto. Un día le quitó diez bolívares a un arriero, cerca de La Atarraya, y lo mandaron para la carretera de La Piña. Como Gómez decía que "cárcel no es hotel", los presos trabajaban desde las seis de la mañana hasta las cinco de la tarde. Un día Petróleo le dijo a "Mano de Seda", otro hampón: "esta vaina es pa' mí" y logró escapar. Tres meses después lo capturaron y lo metieron en La Rotunda. Después de la muerte de Gómez lo soltaron.
El 12 de octubre de 1936 lo agarraron robando una joyería y lo mandaron a la isla del Burro. Tenía muy pocos días allí cuando se hizo el enfermo y se lanzó al agua. Tres embarcaciones recorrieron el lago sin poder encontrarlo.
Pensaron que se había ahogado, pero no. Días después lo apresaron en Barquisimeto y lo devolvieron a la isla. La primera pregunta que le hicieron las autoridades fue si había tardado mucho para llegar a la orilla, a lo que sonriendo respondió: "íVeintidós horas, mi capitán, porque había una tempestad del carajo!".
Dos meses más tarde Petróleo se escapó de la isla por segunda vez y lo capturaron siete meses después. Contó que la segunda fuga había sido más fácil. Decían que Petróleo tenía pacto con el diablo. En el mundo del hamponato lo llamaban "el rey de las fugas".
En el primer año de gobierno de Medina el Ministerio del Interior le consultó a Federico Landaeta, uno de los primeros jefes de investigación del régimen de López Contreras y quien tuvo que perseguir a Petróleo en 1937, qué podían hacer con el rey de las fugas.
-Meterlo en una jaula gigante, en lugar de un calabozo.
El Gobierno siguió el consejo. Entonces Petróleo cambió. Vivía todo el día leyendo en su jaula.
-íAdiós, Petróleo!- le gritaban los presos cuando iban al trabajo.
-íAdiós, hermanos! Pórtense bien. La violencia sólo engendra la violencia.
El periodista Julio Navarro se hizo pasar por un ladrón para que lo mandaran a la isla del Burro y así poder entrevistar a Petróleo. La jaula lo transformó. Diez y quince horas leyendo todos los días. Aquí triunfó la tesis de Luis Alberto Machado. Petróleo solo leía las obras fundamentales de los mejores juristas del mundo. Con seudónimo comenzó a escribir en La Esfera y El Universal sobre la reforma del Código Penal. El presidente Medina y el ministro Tulio Chiossone se interesaron por Cruz Mejías. Fue entonces cuando comenzó la historia más interesante de Petróleo Crudo: los dos canarios y la bondad de un gran presidente de la República.
Así son las cosas.

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