lunes, 3 de mayo de 2010

Arzobispo Narciso Coll y Prat.

Eumenes Fuguet Borregales (*)
Prelado español nacido en la población de Cornella del Terri- Gerona en 1754; se conoce de su preparación en los doctorados canónicos y de leyes en la universidad de Cataluña, destacándose igualmente como docente de esas especialidades. En la ciudad de Barcelona le es reconocida su capacidad intelectual al ingresar en la Academia de Buenas Letras. En las iglesias de Barcelona y Gerona ejerció su apostolado y en forma colateral la docencia en historia y leyes. Sus superiores eclesiásticos lo proponen ante el Papa Pío VII para cumplir funciones en la provincia de Venezuela; Su Santidad emite las bulas en enero de 1808, recibiendo el visto bueno por parte del rey Fernando VII. Para el momento España estaba siendo invadida por las fuerzas de Napoleón Bonaparte, correspondiéndole al presbítero Coll participar en la Junta de Defensa activada para atender la contingencia bélica. Embarca en el puerto de Cádiz a finales de mayo de 1810; luego de realizar escala en las islas Canarias arriba a La Guaira en junio de ese año; desconocía al momento de su llegada los memorables acontecimientos del 19 de abril en Caracas y de la provincia venezolana.

Monseñor Coll es el segundo Arzobispo de Venezuela, sucesor del guacareño monseñor Francisco Ibarra (1726-1806). El 2 de marzo de 1811 en la casa del Conde de San Javier-hoy esquina del Conde, realiza la Santa Misa con motivo de la instalación del Primer Congreso venezolano, el cual declararía el 5 de julio de 1811 la independencia de hecho y de derecho. Monseñor Permaneció en la capitanía general de Venezuela seis años, sorteando en Caracas situaciones difíciles e incómodas, por cuanto en ocasiones la ciudad estaba en poder de los republicanos y en otras en manos realistas. Cada grupo antagónico le reprochaba al sacerdote cierta parcialidad, cuando en realidad estaba cumpliendo su apostolado en beneficio de todos los feligreses por igual, sin tomar en cuenta la posición política del momento histórico de transición que se vivía. Con el objeto de realizar una visita pastoral a San Juan de los Morros, a su paso por Valencia, consigue a la población preparando la defensa contra la inminente arremetida de unos tres mil soldados de las fuerzas de José Tomás Boves y José Ceballos, quienes sitian la ciudad desde el 29 de marzo al 4 de abril; ciudadela tenazmente defendida durante seis días por doscientos ochenta soldados al mando del general Rafael Urdaneta. Monseñor Coll con varios sacerdotes decidieron quedarse ayudando a la población proporcionando auxilios espirituales y limitado apoyo logístico disponible para el momento; varios prelados fallecieron en la heroica defensa. El Libertador a través de su secretario Rafael Mérida le había enviado a monseñor Coll el 23 de marzo desde el cuartel general de San Mateo la siguiente comunicación:

"El estado actual de la guerra y las asechanzas que sobre Valencia promueven los facciosos, hacen temer a Su Excelencia sufra algún asedio y le sería sobremanera sensible que Su Ilustrísima se viese envuelto en él.Los cuidados de Su Excelencia el Libertador, no calmarán mientras no sepa que vuestra Ilustrísima, ha abrazado uno de estos medios y puestose en marcha; ni el clamor de los habitantes de Caracas por su presencia, que tanto anhelan, cesará hasta que no lo vea en su seno. Lo comunico a Usted Ilustrísima, de orden de Su Excelencia el Libertador; y espero se sirva avisarme su resolución para participársela"

Dios guarde a Usted Ilustrísima muchos años.

En 1816 el general Morillo reporta a su comando en ultramar la actitud del ilustre prelado, siendo remitido a España en diciembre de 1816 acompañado de su secretario el caraqueño Tomás de Jesús Quintero, donde le correspondió rendir a las autoridades civiles y eclesiásticas en Sevilla un informe detallado de su actuación, que luego de ser estudiado recibió la aprobación y confianza, ordenándole trasladarse a Madrid con la autorización de regresar a Venezuela; traslado que presentó contratiempos, entre ellos el triunfo de los republicanos en Carabobo el 24 de junio de 1821. La salud de monseñor Coll se complica, falleciendo en Madrid el 28 de diciembre de 1822. A petición del arzobispo su secretario solicito a las autoridades eclesiásticas, el noble corazón para que los familiares lo trasladaran a Venezuela y ser enterrado en el Presbiterio de la Catedral de Caracas. Para el cargo de la arquidiócesis de Caracas a propuesta del Libertador fue designado el barinés monseñor Ramón Ignacio Méndez (1775-1839), máximo cargo eclesiástico que recibe el 11 de mayo de 1828.

(*) Gral. de Bgda
eumenes7@gmail.com


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