sábado, 26 de julio de 2008

Elías Pino Iturrieta // Para un boceto oportuno de Bolívar


Un tratamiento serio del héroe debe también ocuparse de su entendimiento de la autoridad Bolívar siempre es oportuno en Venezuela, diría el común de los ciudadanos que acuden a su presencia buscando el remiendo de su capote, pero no se trata ahora de verlo como pontífice de la actualidad sino sólo de tratar de ubicarlo con algún equilibrio frente a las referencias huecas e irresponsables, que hacen Chávez y el chavismo sobre cómo atendió los retos de su época el grande hombre. Como estamos conmemorando un nuevo aniversario del nacimiento del Libertador, pueden calzar en el ambiente las letras que vienen de seguidas.

Un primer aspecto del boceto debe detenerse en la procedencias social del héroe: era criatura robusta de la aristocracia provincial, rasgo que habitualmente se señala sin pensar en lo que significó de veras en su tiempo.

En una figura del mantuanaje que desarrolla su actividad cuando comienza el siglo XIX se resumen un conjunto de valores propios de una ortodoxia de cuño hispánico, cuya carga no se puede eliminar como si se tratara de un cambio de camisa.

Los mantuanos de la época ejercen autoridad sobre las castas y las esclavitudes por mandato de Dios, así como administran los asuntos comarcales por convenio antiguo con la Corona. De allí el manejo de influencias y bienes materiales a los que tienen derecho exclusivo y excluyente; y el fomento de una noción de superioridad que los hace, no sólo distantes sino también inaccesibles frente a las vivencias del pueblo.

El héroe nace en una de esas cunas de oro en las cuales se aclimata el estamento más encumbrado y pretencioso de entonces. No sólo da sus primeros pasos entre la gente principal, así entendida, sino que también se forma hasta la juventud sin nexos de interés con los dependientes. Estamos frente a una manera usual de entender el ambiente que no puede traspasar un individuo partiendo de la sola fuerza de su voluntad, ni el más atrevido de los blancos criollos, a menos que sea víctima de la insania. La procedencia no significa petrificación, en el caso del grande hombre, sino evolución hacia formas de republicanismo cuya implantación se pretende a duras penas.

El mantuano pasa a ser otra cosa, para mirar con ojos condescendientes al pueblo y para fundar una administración en la cual deja de lado las distinciones del mundo colonial y los privilegios de su clase, sin expresar una metamorfosis que lo haga irreconocible en relación con el hombre que fue hasta entonces.

Entiende ahora de manera diversa la sensibilidad popular y trata de incorporarla a su repertorio de soluciones, pero parte de una posición de desconfianza hacia la aptitud de quienes deben ejercer la ciudadanía bajo su mando. No los ve como compañeros confiables para un viaje hacia la modernidad, sino apenas como discípulos a quienes debe enseñar las virtudes republicanas que sólo se podrán establecer cuando los párvulos aprendan de quien se proclama como maestro de virtudes cívicas en Venezuela y en Colombia.

En el camino transcurrido por documentos de su autoría, que comienzan en Jamaica para desembocar en Angostura, abundan las evidencias de la mudanza trabajosa que fue capaz de hacer sin traspasar la trama de la mentalidad en la cual se formó. Un tratamiento serio del héroe debe también ocuparse de su entendimiento de la autoridad y de cómo la ejerció o la quiso ejercer sin trabas casi hasta el final de sus días.

Revestido en el manto de unas constituciones de las que fue hábil redactor, no estimó cabalmente aspectos esenciales del ideario liberal, como la alternabilidad en el ejercicio de los cargos públicos, o la beligerancia de los grupos de oposición sin los cuales era imposible la puesta en marcha de una sociabilidad como la que proclamaban los papeles de la Independencia. En los confines que estableció para la creación de una convivencia distinta de la colonial prevaleció la confianza hacia élites letradas y el exagerado encomio de unos hombres de armas que al final le dieron la espalda, pero a quienes mimó como hijos predilectos. ¿Fallas o pecados de un individuo que persigue el poder a todo trance? Apenas peculiaridades dominantes de quien sólo podía llegar hasta la meta marcada por las necesidades de un entorno convulsionado, por la diversidad de los territorios que quiso dominar y por una sociedad conducida a la ruina debido a una guerra en la cual las consideraciones humanitarias sólo se asomaron en las postrimerías.

Faltan mayores elementos para entender al grande hombre, pero ahora se intentó un boceto cuya pretensión se limita a llamar la atención sobre cómo lo han convertido sus sacristanes de la actualidad en una engañifa al servicio de intereses inconfesables. No sé si el boceto sirva a estas alturas de la manipulación chavista, pero queda para el juicio de los desocupados lectores.

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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