domingo, 8 de marzo de 2015

JOSÉ ANTONIO PÁEZ DIPLOMÁTICO


   Rafael Arteaga Romero *
      
                                                               
Mucho se ha escrito sobre diversas facetas que caracterizaron la vida de José Antonio Páez, pero pocas veces se ha hecho mención de las habilidades del mismo para desempeñar complejas y delicadas  funciones en el mundo diplomático.
Dejando atrás los años mozos, vividos para guerrear, se suscita un cambio radical en la mentalidad del General, convertido en un partidario férreo no de la lanza y la espada,  sino de la armonía y el entendimiento entre los militantes de las diversas tendencias políticas y también con aquellos países, con los que la naciente república por él fundada llevase relaciones a veces no muy armoniosas.  En este sentido y encarta enviada desde Nueva York a uno de sus más cercanos colaboradores, Pedro José Rojas, le ratifica su repudio a la guerra como instrumento para remediar los males de la patria. Había que, escribía Páez “cambiar las bases de la sociedad, mejorando su calidad, evitando gastar tanto dinero en ejércitos y crear pueblos industriosos con dedicación con dedicación al trabajo  y a otras costumbres de países civilizados”.
El año 1859, siendo Presidente de la República Manuel Felipe de Tovar, se presentó un serio problema diplomático debido a las pretensiones del Encargado de Negocios de España, Eduardo Romea, quien solicitó a Venezuela que aceptara indemnizar a un grupo de  70 ciudadanos españoles que alegaban haber padecido daños económicos secundarios a las acciones de guerra que ocurrían en el país. Al negarse nuestra república a tales pedimentos, Romea anuncia que las relaciones entre ambos naciones se romperían y decide abandonar el suelo patrio a bordo de la nave “Blasco de Garay” que conjuntamente con el buque de guerra “Habanero” habían ocupado el puerto de La Guaira con fines intimidatorios el 10 de septiembre de 1860.
El gobierno decide iniciar conversaciones directamente en Madrid con las autoridades locales y envía para ello con carácter de Ministro Plenipotenciario a Don Fermín Toro y al diplomático Don Mariano Palacios. Igualmente decide el Presidente Tovar, informar a los gobiernos de países amigos, las amenazas de las que ha sido objeto. Piensa designar a un funcionario especial para tratar el tema con los Estados Unidos. Sabedor de que “ninguna persona mejor que Páez había recibido en ese país demostraciones y señales de aprecio” no tarda en designarlo Ministro Plenipotenciario de Venezuela (14 Sept 1860) para realizar tales gestiones ante el gobierno del Presidente James Buchanan. Este recibe en Washington la Cartas Credenciales de Páez, quien  2 días después se entrevista con el Secretario de Estado Lewis Cass, al cual le solicita ayuda para que todo retorne a la senda pacífica de la que nunca debió salir. Ante los diligentes y buenos oficios del veterano prócer llanero, quien ya se expresaba en el  idioma inglés el propio Presidente Buchanan, diplomático de experiencia,  manifiesta rechazar todo intento de influencia europea en Hispanoamérica
Páez tuvo la habilidad de mostrar sus convincentes argumentos al entrevistarse también con el Ministro español en Washington, Gabriel García de Tessara, el cual prometió interceder ante el gobierno madrileño con tal los Estados Unidos no tomaran acciones en el caso planteado. La Cancillería venezolana a través de Páez, quiso dejar constancia de no haber pedido la mediación activa del país norteño sino solo sus buenos oficios, al igual que se les solicitó a  otros países.
Poco tiempo después de estas delicadas entrevistas, Páez se anota un triunfo como activista de la diplomacia, al aceptar España de abstenerse de todo acto hostil contra Venezuela, quedando esto plasmado en un tratado entre ambas naciones, rubricado el 12 de Agosto de 1861 en Santander.
El General había vivido una particular y singular experiencia, primera para el en esos avatares de la diplomacia internacional, abriéndole un escenario político y cultural novedoso y enriquecedor; tanto así que el Presidente venezolano Manuel Felipe de Tovar, “no solo resolvió mantener a Páez al frente de la embajada venezolana en Washington, sino que llevó con él activa correspondencia acerca de la situación anormal del país y le invitó particularmente a restituirse al seno de la patria…” (F. González Guinán, Hist. Contempor. de Vzla, tomo 7, 210).
Para Enero de 1861 y ante la buena evolución de las conversaciones en la capital ibérica, que hacían ya innecesaria la continuidad de Páez en la misión diplomática asignada al mismo, este decide presentar renuncia a su cargo ante la cancillería venezolana, regresando al país el 14 de marzo de 1861. Caracas toda le brindó una merecida bienvenida y entre banderas, cohetes, lindas damas en ventanas llenas de flores y calles engalanadas, la patria agradecía la defensa territorial que una vez más, cubría de gloria al prócer de siempre, el General en Jefe José Antonio Páez
                                                   Bibliografía consultada
1)-F. González Guinán, Historia Contemporánea de Venezuela, Tomo VII.- Edit. Edime, Ccs.
2)-Funcionarios diplomáticos de Vzla, tomo III,vol7. Archiv. Ministerio de Relaciones Exte
3)-Polanco Alcántara, T..-J.A.Páez Fundador de la República. Ediciones GE, 2000
(*)Médico,historiador y  tataranieto del prócer


Bandera venezolana

Bandera venezolana

Automóviles de los 40

Automóviles de los 40