sábado, 11 de enero de 2014

POR TI PREGUNTO EL VIEJO

                                              

VICENTE E.GUERRERO B

                                               
         Con  paso lento, agobiado por el calor y un cielo que se  tornaba rojizo en esta tarde de septiembre, como muchas otras tardes,  iba  al lugar obligado del encuentro para la tertulia citadina,  que se fue haciendo costumbre,  como el cafecito  que el cuerpo pedía para poner fin al cansancio del día. 
          Olor a café y  pan recién hecho  indicaron que había llegado, la puerta se abrió, atrapado por la frescura del salón, entré  tratando de ubicar a los amigos. “Por ti pregunto el viejo”    expreso la jovencita de la caja con la sonrisa de blancos dientes, bellos ojos negros brillando en su tez canela.
            Nadie  de los contertulios  cotidianos se encontraba, me senté en una de las mesas vacías, pedí el café, abrí mi carpeta de apuntes, repase el articulo para la columna de opinión  y  me preguntaba sobre “ el viejo”, ese personaje que aparecía  con las primeras sombras de la tarde y raras veces integraba el grupo.  Lo veíamos solo,  con la miraba puesta en el pocillo donde lentamente su contenido disminuía a medida que sorbo a sorbo lo disfrutaba.
        Perdí la noción del tiempo  atrapado por la lectura del artículo que debía entregar en la redacción.  Volví a la realidad cuando el ruido de la silla y su voz, como siempre, suave, respetuosa y cálida,   dijo:  “…buenas tardes, puedo molestarlo, será un momento, un momento para compartir el amargo y contarle algo que  por dentro siento que me esta apretando y   no puedo evitar que salga…”.  Respondí  con la curiosidad del periodista “ … con gusto compartiré con usted   la historia que corroe sus entrañas…” , y allí nomas las palabras surgieron como cascadas   y se derramaron sobre la mesa: 
        ….. Recorría hace tiempo las calles de esta  ciudad  de los tres puentes,  en   tardes soleadas , hasta que los arreboles indicaban  el inicio de la noche, me acompañaba el trinar de  pájaros y los miles  sonidos de la calle, voces, ronronear de motores, cantos, algún acorde musical de alguien afinando tal vez el instrumento. Disfrutaban todos mis sentidos, el olor de flores, de las cocinas donde  manos hacendosas preparaban le cena, el dulce olor de las frutas que se adherían al paladar, y en  cada paso, sobre la dura tierra , el pavimento o las veredas de ladrillo, sorteaba bandadas de niños que regresaban a sus casas con la alegría de vivir, parejas de jóvenes tomados de la mano soñando despiertos, ancianos de lentos movimientos  que respondían  el saludo afectuoso de otros  caminantes y  el aire fresco de los verdes cerros inundando los pulmones. Ciudad de sempiterna primavera, donde a cada hora  disfrutábamos  los cambios de colores de la exultante vegetación,  el aroma  de multicolores flores que nos invadía se pegaba a la piel  mientras  una brisa suave que acariciaba   el cuerpo…”. 
              De golpe nos inundo el silencio,   nos quedamos mirándonos  sin decir nada, paso un tiempo que me pareció muy largo  y continuó,  como degustando las palabras,  con el último sorbo del café, y como  saliendo de los mas profundo del alma broto  la pregunta “..¿Que nos paso…? “.
        Se ahondo mas el silencio, bajó la cabeza, entrecerró los ojos, como un manto nos envolvió la tristeza,  respondiéndose a si mismo continuo… “Hoy hago el mismo camino y siento una soledad que me ahoga, despareció toda esa gente y el paisaje es gris …..”.
            Una pausa en el relato que irrespetuosamente, por pura curiosidad  lo quebré con “ …¿Qué paso ..?.
          Note  que le costaba continuar, se  le anudaban las palabras en la garganta para decirme, para llorar la respuesta:
    “ … en las  calles de este Barquisimeto de gente tranquila y amante de la tertulia, el canto, la alegría de compartir el fin de una jornada, nos inundo el miedo…., el miedo descendió con la oscuridad de la noche y en la tarde  a medida que las sombras crecen,  crece también la soledad y el silencio y otra vez,  como  en otras ciudades inundadas por el miedo, por la guerra, por la muerte, por el terror que  yo viví en otras lejanas tierras, hubo un tiempo que   llegue a pensar que era  solo un sueño,   pero hoy sentí el fantasma del miedo pisando mis talones, inundando mis zapatos, trepando por mi piernas…..”
          Apartó la silla, se levanto y se dirigió hacia la noche que como un manto cubría la calle.
       Quede con mi soledad a cuestas,  en el periódico que de casualidad llevaba como para no olvidar lo que tenia que cumplir,  surgieron ante mis ojos  las páginas rojas de las absurdas muertes de tantos jóvenes, de tanta gente que golpeó mis sentidos. “¿Por qué tanta muerte?. ¿para que tanta muerte?, ¿que nos impulsa hacia la fractura de la vida, nos estarán robando la humanidad?
        Que nos  empuja hacia esa danza de la muerte, nos estaremos dejando amedrentar  para cooperar en un festín diabólico.
          Hay preguntas que desde hace milenios nunca cambiaron, la búsqueda de una  respuesta continúa,  recordé el final del Bíblico poema de JOB “las velas están apagadas, las estrellas han desaparecido del firmamento, enciende el carbón del corazón…  y veremos luego…”
   
       Trate llamarlo pero el “viejo” se perdió en la oscuridad. Lo tragó la noche   
            Decía Harold Kushner en el libro que de casualidad  llevaba  “… el mundo es un lugar frio e injusto  en el cuál todo lo que consideraron precioso ha desaparecido. Pero en lugar de dejarse vencer por este mundo y esta vida injusta, en lugar de mirar hacia atrás, a las iglesias y a la naturaleza, pretendiendo obtener respuestas, hay que buscar dentro de uno la propia capacidad de amar. Enciende el carbón del corazón  porque esa pizca de luz y calor será capaz de sostenernos….”
          *VICENTE E.GUERRERO B
          Email: vgbernabey@gmail.com


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