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sábado, 26 de diciembre de 2015

La verdadera historia del Pan de Jamón

Miro Popic
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Muchos creen que el pan de jamón se ha comido toda la vida e​n​Venezuela y no es así.
Es más, aunque les duela a algunos Bolívar no comió pan de jamón. No pudo hacerlo porque en su época simplemente no existía.
Sobre el origen del pan de jamón existen muchas historias (la mayoría equivocadas debido a su carencia de rigor histórico e investigativo): desde su origen colonial y mestizo, hasta la de que fue el invento de un panadero italiano por allá en 1940 quien, en medio de una borrachera decembrina, le dio por confeccionar un cachito gigante.
Lo realmente cierto del origen del pan de jamón, es que no nació en la época colonial ni en el patio trasero de las casas de la época pues no existe registro histórico que lo avale.
No es entonces, una receta que se ha legado de generación en generación y que haya sufrido los cambios propios de su paso por el tiempo.
Es una creación de comienzos del Siglo XX, que poco a poco se fue transformando en una costumbre navideña hasta hacerse imprescindible cada diciembre.

Por si no lo saben, el pan de jamón es exclusivo de nuestro país, se inventó aquí, se come sólo aquí y lleva el sello de nuestra identidad.
Me pasé dos años investigando sobre su origen y al fin todo quedó plasmado en “El Libro del Pan de Jamón”, actualmente agotado, publicado hace casi 30 años y del que todavía estoy esperando los derechos de autor que nunca me pagaron.
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El pan con jamón, así lo llamaban al principio, se inventó en 1905 en la Panadería “Ramella”, que quedaba en la esquina de Gradillas y originalmente llevaba sólo jamón.
Se hacía con masa de pan sobado que se rellenaba con los restos del jamón de coleto que se planchaba luego de dejarlo remojando en una preparación que incluía vinos, clavos, piñas, canela, papelón, etc. Luego, las panaderías de la competencia, que eran muchas, imitaron esta creación y le fueron agregando pasas y aceitunas.
“Fue Ramella la que comenzó con el pan de jamón y luego siguieron las otras panaderías -me dijo don Luis Morales en 1982, cuando todavía era secretario de la Asociación de Industriales de Panadería, que él había fundado en 1955-. Este pan se hacía con jamón “Ferry”, que venía forrado en una capa que llamábamos “chapapote”. Después de los años 40 el pan de jamón comenzó a hacerse con jamón en lonja. Pero ya no era el mismo, ni la masa ni el relleno. Ahora todo es más industrial, tiene menos sabor, antes se hacía con verdadero arte”.
Otra panadería famosa era la “Solís” de F. Banchs & C.A., y algunos creen que fue allí donde se elaboró por primera vez y quien lo hizo fue el viejo Francisco Banchs, de origen catalán, llegado a Venezuela en 1890. Pero no es así. “Mi abuelo llegó de España en 1890 – me confesó su nieto, el Dr. Francisco Banchs- y era de profesión panadero, pero él no inventó el pan de jamón. Es más, en España no se conocía en esa época”.
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Panadería Solís
En la panadería de “Solís” comenzó a fabricarse a principios de siglo, pero no fuimos nosotros quienes lo inventamos, ya otra panadería lo había hecho antes, debe haber sido “Ramella”, como usted dice. Se hacía con jamón “Ferrys” y se picaba en cuadritos de un centímetro.
“Recuerdo muy bien porque yo era el encargado de cortarlo y pesarlo, yo era el pesador. Al pan de Bs. 1 se le ponían 30 gramos de jamón y 5 gramos de pasas, al de Bs. 2, 60 gramos de jamón y 10 gramos de pasas, y al de Bs.4, 120 gramos de jamón y 20 gramos de pasas. Eran panes por encargo”.


“Recuerdo que todos los 24 de diciembre, entre las 4 y las 7 de la noche, la panadería se llenaba de gente buscando el pan de jamón. Hubo un año que cayó un tremendo palo de agua y muchos panes se nos quedaron fríos”.
Normalmente las grandes recetas han nacido en las cocinas hogareñas y de allí han pasado a la cocina pública, a los restaurantes. Con el pan de jamón ocurre lo contrario. Desde sus orígenes fue un producto industrial que se transformó en tradición navideña.
La mayoría de la población se alimentaba con poco y solo en diciembre se daban el gusto de comer algo sabroso o de preparar las trabajosas hallacas.
El pan de jamón ha sufrido últimamente algunas alteraciones que van más allá de la receta original. Ciertas panaderías en vez de jamón de cerdo utilizan pavo, lo que es muy respetable en caso de aquellos que por cuestiones religiosas o prescripciones médicas, no pueden comer cochino.
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Otros preparan versiones con masa de hojaldre, rica en mantequilla y más quebradiza.
También algunos lo hacen vegetariano.He comido también panes rellenos con salmón ahumado, pero eso es ya otra cosa.
Para darle brillo, se pinta con huevo. Por mi parte, le pongo un melado de papelón cuando está dorándose en el horno. Le da ese toque dulzón que tanto nos gusta.
La primera prueba de que en Caracas existía el pan de jamón, la encontramos en el Nº 1826 del periódico “El Constitucional”, del 21 de diciembre de 1906, en un aviso a 3 columnas que dice: “Pan con jamón. Especialidades de la casa para los días de Pascuas, a 2, 4, 6, 8 reales, etc. Panadería de Sociedad Montaubán & C.A.”
No es sino a partir de los años ochenta, con la publicación de las primeras recetas en revistas y periódicos, que el pan de jamón comienza a hacerse en casa. En verdad no tenemos costumbre de preparar el pan en el hogar, salvo algunas familias andinas. Es más fácil adquirirlo en la panadería de la esquina.
Pero poco a poco esto ha ido cambiando y cada día son más los que se atreven a enharinarse las manos, entrarle de lleno a la cocina y hornearlo en casa justo el mismo día de la fiesta, para comerlo bien calentito, que sabe a gloria.
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Para Juan Carlos Bruzual:
“…el pan de jamón es el único pan venezolano que recorre la fibra social de nuestro país, es decir desde las clases más pudientes hasta las más desposeídas o menos favorecidas comen pan de jamón en navidad, unos más costosos otros más económicos, pero todos los venezolanos comemos este pan en navidad, y así como recorre de arriba hacia abajo y se devuelve de abajo hacia arriba la fibra social, también atraviesa geográficamente de norte a sur y de este a oeste nuestro hermoso país, ese hecho en si mismo convierte al pan de jamón en un identificador de nosotros los venezolanos como pueblo, culturalmente el pan de jamón nos une en torno a una patria, a una nación con la que nos identificamos y de la cual nos sentimos orgullosos…”.

lunes, 24 de agosto de 2015

El inventor de la harina precocida de maiz*


Arnaldo Montilla**


Un reconocimiento al verdadero inventor de la harina precocida de Maíz… Ing. Luís Alberto Caballero
Nació en Caracas el 12 de diciembre de 1903, hijo de Luís Caballero y Mercedes Mejías Paz Castillo. Hizo sus estudios de ingeniero Mecánico en Chile entre 1925 y 1929. Como había trabajado en la Escuela de Artes y Oficio de Chile, trae la idea a su regreso a Venezuela y fundó la Escuela de Artes y Oficios de la cual fue su Director. Estaba ubicada en las esquinas de Perico a San Lázaro en Caracas.
Entre los múltiples trabajos que realizó, fue Jefe del astillero de Puerto Cabello en el estado Carabobo y en Caracas se desempeñó como Jefe del Ferrocarril de San Rosa, en Quebrada Honda.
En el año 1937 funda en Caracas la Escuela Técnica Industrial de Venezuela, la que después se llamó como su fundador, Escuela Técnica Industrial “Luis Caballero Mejías”. Esta institución funcionaba dentro de los terrenos de la Universidad Central de Venezuela, en donde está actualmente la Escuela de Ciencias. Durante el gobierno del Dr. Rafael Caldera, esta institución fue eliminada y por este motivo desaparecieron todos los núcleos existentes en todo el territorio nacional. Esto fue considerado una gran pérdida ya que los egresados de esos institutos podían ingresar a la facultad de Ingeniería con equivalencias en muchas materias ya que la calidad de los profesores y las materias que se dictaban le permitían a los egresados este privilegio.
En su andar por los caminos de la creación, el Ing. Caballero logró crear la fórmula de la harina de maíz precocida y su método de fabricación. En sus inicios le dió al producto el nombre de “Harina Precocida La Arepera”. Dicho producto fue patentado bajo la marca “La Arepera” por el Ing. Luis Caballero Mejías, patente No. 5176 en el año 1954 bajo la Ley de Propiedad Industrial y Comercio ante el Ministerio de Fomento No. 271, Registro General No.5176 del 04/06/1954.
Ya con su invento en las manos, se dirigió a la arepera de Los Hermanos Álvarez que funcionaba en la Gran Avenida de Sabana Grande y le pidió a uno de los dueños que elaborara unas arepas con la harina precocida de su invención. Entre los comensales de ese establecimiento se encontraba el Dr. Lorenzo Mendoza, dueño de Industrias Polar, al cual le llamó la atención el producto y el sabor de la arepa, interesándose tanto que ofreció comprarle la fórmula. Si bien en ese momento no se hizo ninguna negociación, quedaron en contacto.
Al pasar el tiempo, Luís Alberto Caballero Mejías comenzó a sufrir de una enfermedad que ameritaba una operación quirúrgica y como no tenía dinero para realizársela, le recomendó a su esposa, la Sra. Patria Pereira Álvarez, que buscara al Dr. Mendoza y le vendiera la fórmula de La Harina Precocida “La Arepera”. Dicha venta se hizo por la cantidad de Bs 275.000,00
Luis Alberto Caballero Mejías, muere en Caracas el 12 de Octubre de 1959
Un poco mas de un año después, exactamente el 10 de diciembre de 1960, sale al mercado venezolano la conocida Harina P.A.N., producida por las Industrias Polar en la Planta Refinadora de Maíz Venezolano en los Valles de Aragua. Este producto es considerado como un éxito del desarrollo de la industria nacional ya que llegó a sustituir todos los utensilios utilizados para procesar el maíz y llevó la masificación de la arepa dentro de la sociedad venezolana. Hasta la aparición de la harina P.A.N. el proceso de hacer una arepa era muy difícil puesto que había que pilar el maíz, cocerlo, molerlo y después amasarlo para poder tener arepas para el desayuno. Con la harina precocida sólo basta agua y sal para obtener una arepa con el mismo sabor, aroma y textura de la arepa tradicional venezolana.
Con extractos de una entrevista realizada por Arnaldo Montilla al Sr. Alberto Aponte, hijo de Luís Alberto Caballero Mejías
*Tomado de:http://laguasacaca.com/index.php/2015/08/11/el-inventor-de-la-harina-precocida-de-maiz/?ckattempt=1
** Para Arnaldo Montilla autor del artículo  y para Luís Alberto Caballero Mejías, del editor del Blog Venezuela de Antaño
“Los hombres no nacen cuando sus madres los alumbran, sino cuando sus ideas comienzan a iluminar a la humanidad
 Don Simón Rodríguez
​. ​

martes, 28 de julio de 2015

Urupagua, la fruta amarga



Eumenes Fuguet Borregales

 
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 Iglesia de Cabure
 
Es  una de las frutas  más extrañas del mundo, de sabor amargo, en el mundo se  produce únicamente en la sierra falconiana, específicamente  en las cercanías de la población de Cabure,  municipio Petit, se le conocen propiedades curativas para la diabetes y  gastritis.  Se desarrolla en lugares de difícil acceso, es recogida con palos, para evitar picaduras de arañas, el tamaño de la fruta semeja un mamon, los encargados de la recolección son los urupagueros, que utilizan canastos elaborados con bejucos, una vez recogida la Urupagua, la dejan en el canasto una noche debajo de una cama, luego proceden a una cocción de unas veinticuatro horas, hasta que la  concha siempre dura, se torne negra. Se dice que es un árbol de la era Terciaria, cuando en realidad estamos en la Cuaternaria, En Cabure se realiza durante el mes de julio la Feria de la Urupagua. Los científicos no se explican, cómo este tipo de árbol, tenga como hábitat un solo lugar en el universo. Una canción escrita por Ramón Antonio González recuerda esta fruta rodeada de tradiciones, misterios y mitos, Comer Urupagua es la mejor excusa para beber un vaso de agua fría. Los falconianos exteriorizan Es más guapo que el que se comió la primera Urupagua, por cierto, fue el nombre de una novela escrita por Ibrahim López García para la T.V con el título de la Fruta Amarga.
Churuguarero777@gmail.com
Historia y Tradición

miércoles, 22 de julio de 2015

De panaderías y pastelerías

Por Arturo Almandoz Marte*


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1. Para cualquier venezolano es familiar el emblemático anuncio, bien sea diseñado en vistosos materiales plásticos o metálicos, frecuentemente realzado con neones, que proclama la presencia de una “panadería y pastelería”, desde la más local en la urbanización o el barrio, hasta las más grandes en corredores metropolitanos y centros comerciales. En esa conjunción de nombres se entrevera mucho de la historia del país urbanizado de prisa en el siglo XX, con su profusa inmigración mediterránea y su americanizado consumismo, plasmados en el sinfín de productos que el venezolano ha llegado a adquirir diariamente en las ciudades grandes; desde el pan y los embutidos, pasando por los diablitos y la malta, hasta las pilas y tarjetas telefónicas, muchos de esos productos están disponibles, desde la madrugada hasta la noche, en esa suerte de abasto modernizado o pequeño supermercado que, sobre todo la así llamada panadería, ha llegado a ser. De ese híbrido conviene distinguir las peculiares historias que, si se me permite jugar con mis recuerdos familiares y referencias urbanas, ambas razones comerciales han tenido.

Recuerdo que en mi infancia papá traía a casa, como tratándose de manjar evocador de sus tiempos mozos en la Caracas de López Contreras y Medina Angarita, el “pan francés” de Las Gradillas o de Ferrenquín; eran éstas panaderías tradicionales, con algo de bodegas o abastos, situadas en las esquinas homónimas que visitaba yo con mamá, hasta comienzos de los años setenta, en nuestras excursiones al centro o La Candelaria. Aunque seguramente enraizado en el prolongado francesismo de la Bella Época novecentista, me incomodaba ese gentilicio galo otorgado al pan estilo baguette o canilla, el cual no encontraba yo cónsono ni justo con los españoles y portugueses que, según lo que veía, regentaban esos tradicionales negocios, o los más modestos que aparecían en las urbanizaciones caraqueñas. Tampoco tenía mucho de francés el gallego que, con su casco metálico calado y sus guantes de cuero burdo, en una motocicleta como sacada de la Segunda Guerra Mundial, con luengo compartimiento lateral, repartía el pan mañana y tarde en lo alto de San Bernardino; debo reconocer empero que, acaso por aquel galicismo, a la postre recordaría al panadero en las blanquinegras películas sobre la ocupación nazi de París y el régimen de Vichy, las cuales viera yo en la cinemateca de plaza Morelos.

2. Con el campesino y el gallego, las denominaciones de los panes se me hicieron más justas y representativas en los años siguientes, mientras proliferaban modernas panaderías y pastelerías hacia más dinámicos distritos caraqueños, como aquella famosa Selva, con su inmenso y curveado letrero que remata todavía la avenida Libertador, en el cruce hacia Chacaíto; o las panaderías El Carmen y 900, cuya fama fue amasada con el ajetreo comercial y la bohemia intelectual de Sabana Grande. Eran a la sazón amplios negocios con mostradores que tempranamente exhibieron los originales cachitos de jamón y de queso, con sus combinaciones y variantes posteriores, hasta sus hojaldrados equivalentes, que adoptarían el patronímico de pastelito. Al menos desde los prósperos años de la Gran Venezuela, recuerdo que los estantes de esas panaderías se atiborraron de cuanto enlatado y paquete nos acostumbráramos a destapar, desde los productos de la familia Del Monte hasta la Kellog’s, mientras las neveras se poblaban de jugos y refrescos, de quesos y embutidos. No podía faltar, alrededor de la máquina Gaggia o de otras marcas, el café expedido en tazas de losa o vasos de plástico, según todas sus advocaciones venezolanas: el marroncito y el negrito, el con leche y el guayoyo; como ya lo ilustraran algunas novelas de Ramón Bravo y Francisco Massiani primero, de José Balza y Eduardo Liendo después, esos cafés rutinarios han completado el poblado bodegón de consumo, ligero y apresurado en apariencia, pero sustancioso y vernáculo en el fondo, que la panadería venezolana exhibe a diario.

El tipismo caraqueño de ese cuadro secular se me hizo más patente en los años que viví en España, cuando no pude encontrar, en las más bien raras panaderías madrileñas, como tampoco en los forns de Barcelona, el pan caliente para las comidas, al que los venezolanos estamos tan acostumbrados. Ni qué decir de mis años en Londres, cuando cansado del yugo del pan de sándwich, buscaba las barras de tipo gallego o francés, que sólo hallaba, como una fría y endurecida exquisitez, en el bread department de Harrods, en cuyo frente vivía; y ello sólo porque el lema de la mirífica tienda proclama, desde su inauguración en el Londres victoriano, poseer una remesa de cuanto bien se produce en el orbe. Por no haber vivido en Francia, no me atrevo a juzgar la famosa baguette con la que he visto pasar a tantos parisinos bajo el brazo, pero sospecho que no siempre está tan fresca como las barras venezolanas, si se me permite en este caso el chovinismo de campanario, del que suelo ser receloso.

3. En el mutante y desmemoriado paisaje comercial caraqueño, proclive siempre a la invasión por talleres mecánicos y estacionamientos, superados ahora por los buhoneros y los mototaxis, la auténtica pastelería siempre me ha parecido un nostálgico refugio de delicadeza y primores. Acaso ello se deba a las que frecuenté desde mi infancia en San Bernardino, donde primero destacó La Suiza, que además de la galletería y pasta seca, desplegaba en rutilantes vitrinas y neveras las tortas de pastillaje y crema, decoradas en tonos suaves y motivos infantiles; al igual que otras doñitas del vecindario, mamá las buscaba en las tardes de piñata, para presidir la mesa de postre, flanqueada por el quesillo y la gelatina, y ribeteada con coloridos faralaos de papel crepé. Después apareció la pastelería Garber, en la avenida Los Próceres, regentada por aquella elegante señora hebrea que, peinada siempre de peluquería y envuelta en collares de perlas, más parecía una aristócrata centroeuropea, como predicara Elisa Lerner de la encargada de la cercana fuente de soda del Centro Médico, también en la próspera judería que San Bernardino fuera hasta los años ochenta.

A diferencia de la torta seca de almendra y de los azucarados berlines rellenos con crema o mermelada; de las palmeras con canela y las caracolas con frutas confitadas, especialidades todas de la bollería y el hojaldre, más al estilo español, en que La Suiza destacaba no obstante su nombre, la Garber desplegaba una cremosa pastelería afrancesada, con esponjosos profiteroles y merengones de fresa o melocotón, los cuales resultaban novedosos y sofisticados, al menos para mi familia, acostumbrada a los almibarados dulces criollos y los ponqués de factura casera. Después de alguna torta ópera que mamá les obsequiara para un santo o cumpleaños, también mis tías venían desde La Florida a buscar encargos en la pastelería Garber, que aceptaba elaborar postres vieneses y bávaros, cuyo germanismo era disfrazado con denominaciones más neutrales. Y por sobre todas las ambrosías de aquel negocio que se me antojaba refinado salón, me engolosinaban las frutas de mazapán, rellenas con crema pastelera y trozos de chocolate, las cuales por años consumí a la salida del colegio, como para empeorar el acné que tanto asocio con la década de los setenta.

El que para mí fuera precursor estilo de la Garber lo encontré después en otras pastelerías de Caracas, como la Tívoli de Las Palmas, La Ducal de Sabana Grande y la Danubio de Campo Alegre, donde familias de la inmigración europea de posguerra cruzaron y enriquecieron las tradiciones francesa y vienesa con las dulcerías española, italiana y portuguesa. Mucho de la variedad de estos negocios recordé después en las mantequerías de Madrid, donde las emperifolladas regentas, con su pelo muy batido y sus uñas muy pintadas, comandaban el tren de empleadas tocadas de cofias, para ofrecer a la clientela una prodigiosa miríada del hojaldre y la bollería leonesas y el mazapán toledano. El recuerdo de la elegante dueña de la Garber me acompañó también en una visita, ya derribado el muro de Berlín, a un salón de té cercano a la puerta de Brandeburgo, que ofrecía pastelería francesa y vienesa no exenta de complacencia turística; esta vez envuelta no sólo en collares de perlas y camisero de seda, sino también en compases de operetas de Weber y de valses de los Strauss, la encargada sentada frente a la caja, extrañada quizás de mi mirada persistente, me actualizaba y completaba, como en un dejà-vu, la remembranza adolescente de la confitería de San Bernardino.

4. En la menguante vida pública de la Caracas roja y otras ciudades venezolanas, la panadería y pastelería se han acoplado con muchos locales que ahora también promocionan exquisiteces y delicatessen de variante ortografía; por sobre todo, ellas han devenido una familia de negocios que provee cotidiano refugio en la dinámica comercial de alcance zonal o metropolitano. Al ir a comprar el pan para las comidas, generalmente en la tardecita, me complace contemplar, sobre todo en las panaderías y pastelerías locales que hay en San Bernardino y tantas otras urbanizaciones, el incesante tráfago de cachitos y pastelitos, de cafés y jugos, de canillas y campesinos, con todas sus advocaciones lugareñas; es un ajetreo que los vecinos y habituales prolongan muchas veces en las mesas de las terrazas que, por fortuna reciente, varios negocios proveen frente a la fachada, como diminuta ágora para una concurrencia de todas las edades que van mudando a lo largo del día.

En vista de ese animado espectáculo diario, con el telón de fondo de los innúmeros productos que las panaderías y pastelerías ofrecen, se comprende mejor por qué, ahora que Venezuela ha devenido un país exportador de emigrantes, sobre todo profesionales de clase media, ese híbrido tan nuestro de la panadería y pastelería se ha convertido en un enclave venezolano en los países y ciudades receptores. Así ocurre desde la próspera España de la Unión Europea, hasta los pequeños pero pujantes vecinos centroamericanos como Costa Rica y Panamá, pasando por supuesto por Miami y otras ciudades norteamericanas, donde siempre hubo colonias criollas que ahora no hacen sino crecer, con venezolanos que buscan dónde comprar el pan caliente y tomarse un cafecito.
Tomado de:

domingo, 21 de junio de 2015

EL ORIGEN DEL TEQUEÑO ES CARAQUEÑO, DEL BARRIO CANARIO “EL TEQUE”

GERÓNIMO ALBERTO YERENA CABRERA*

LOS CANARIOS DEL TEQUE  Y LOS TEQUEÑOS.
"dura menos que una bandeja de tequeños..."  BARRIO  EL TEQUE.
PARROQUIA DE ALTAGRACIA Y ANTIGUAS QUEBRADAS CARAQUEÑAS AL NOROESTE DE LA CIUDAD.
SUCESOS DEL 11 DE JULIO DE 1811 EN EL BARRIO EL TEQUE
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tequenos-venezolanos

INTRODUCCIÓN
    El origen del famoso tequeño, se ha atribuido a la ciudad de los Teques, actual capital del Estado Miranda, desde el año 1928. Pasapalo vernáculo, pero no multisápido, por lo menos, el original, el cual es el que se ha mantenido hasta el presente para deleite de los venezolanos y extranjeros que han tenido la dicha de probarlo, por  caracterizar a este apetitoso, ahora pasapalo, precisamente por su sabor sencillo y agradable, lo que hace que al comerse el primero produzca una reacción inmediata e incontenible de seguir picando y una de sus propiedades más resaltante es que no empalaga y da una verdadera sensación de haber comido-de haberse quitado el hambre-; de allí el decir que: "dura menos que una bandeja de tequeños..."     Este origen, atribuido a la ciudad de Los Teques, es algo que se ha repetido, tal como es frecuente en los relatos "refritos" sobre crónica. Quizás se debe a que fue donde se popularizó, llevado por las familias pudientes caraqueñas, quienes acostumbraban a  pasar temporadas o tener una segunda residencia en esa ,otrora,agradable ciudad.
   Ha influido el error de atribuir el origen del Tequeño a esta ciudad el desconocimiento de la historia y el haber borrado los caraqueños de su memoria el  famoso Barrio El Teque, situado en la Parroquia de Altagracia, sitio donde realmente se originó la elaboración del famoso Tequeño.

LOS CANARIOS DEL TEQUE  Y LOS TEQUEÑOS
    Los canarios de este barrio fueron los primeros en Venezuela en elaborar el apetitoso plato, no precisamente como pasapalo, sino, como  una comida para el desayuno y la cena, tal como nosotros comemos las  arepas o las exquisitas empanadas. Su elaboración fue tal cual como ahora se hace: masa de trigo enrollada rellena de queso blanco y luego frita. Era lo que ahora llamamos, en materia culinaria, un resuelve para los habitantes marginales de ese barrio; los cuales no contaban, aparte de recursos económicos, la disponibilidad de ofertas en las pulperias o los mercados de la época. Otra causa que influyó fue la de caer el barrio en desgracia con  los acontecimientos iniciales de la independencia, sobre todo, con los mantuanos, quienes no recordaron que de cada diez españoles que pisaron nuestra patria siete u ocho eran canarios y fueron ellos los que desarrollarón la agricultura.
   Si revisamos, por ejemplo, quienes eran los que cultivaban las numerosas haciendas en el Valle de Caracas y hacían el duro trabajo en ellas; o el nombre de muchas esquinas caraqueñas, bien sea por el nombre propio del personaje, o el nombre de su negocio, tal como llevan varias esquinas el nombre de una pulperia de canarios, verán quienes con su sudor forjarón el florecimiento de la patria.
   Su comida se hizo famosa en los pobladores de los alrededores de la ciudad y luego de desaparecer el barrio, familias pobres de  Caracas lo siguieron elaborando. Más tarde fue  preparado por  familias más pudientes quienes la llevaron al ,entonces,pueblo de los Teques  y fueron las que la popularizaron; regresando a Caracas con su nombre original de Tequeños y confundieron su nombre con esta ciudad, por olvido o ignorancia, más que por asociación.
BARRIO  EL TEQUE, PARROQUIA DE ALTAGRACIA Y ANTIGUAS QUEBRADAS CARAQUEÑAS
    El barrio El Teque junto al barrio de la Trinidad constituyeron  dos de los barrios más antiguos de la ciudad de Caracas, los cuales existieron desde comienzos y mediados del siglo XVIII respectivamente.Es de notar que ambos estaban ubicados en lo que actualmente es la parroquia de Altagracia y ambos perdieron su denominación en el transcurso del siglo XIX.
    En cuanto al barrio El Teque, se denominó luego Sabana del Teque, la cual fue parte de la zona que ocupaba el antiguo barrio, más adelante se le dió el nombre a una esquina, posteriormente también desapareció esta esquina, sólo queda el recuerdo cuando se mencionan en la historia de las esquinas caraqueñas (1).
    Quizás la primera vez que se hace referencia por escrito de este barrio, fue cuando se nombran los linderos de la parroquia Nuestra Señora de Altagracia, separada como parroquia aparte de la Catedral en el año 1750, fecha en la cual el cantón o barrio quedó integrado a la parroquia. Estos datos aparecen registrados en la Matricula de la parroquia Altagracia. 1775. A. A. de C. Sección Parroquiales, Altagracia Caracas. Carpeta Nº 2 (2).

    La descripción de los límites de la parroquia de Altagracia donde se menciona por vez primera al barrio El Teque, es la siguiente:
“De Oriente a Poniente desde el río Catuche por la calle titulada de Cristo Crucificado, y plazuela de la misma parroquia a los Teques y campos correspondientes; y desde el Sur a Norte, desde la propia calle río arriba de Catuche al cerro La Guaira.”
    El barrio era una zona que abarcaba varias cuadras, compuestas de rancherías habitadas por una clase social de escasos recursos y limitado nivel educativo. La gran mayoría de los ranchos  estaban distanciados uno del otro, sobre todo al sur; estaban situados entre la quebrada de Quita Calzón y la quebrada de Los Padrones, actualmente embauladas totalmente sus trayectos; están ubicadas en  la zona más hacia el oeste de la parroquia de Altagracia. Esta zona al principio se llamó Cantón El Teque y luego, al ir reduciéndose su extensión por avance del urbanismo convencional, se denominó Barrio El Teque, tal como aparece en el plano de la ciudad del año 1810 (3), y, más preciso aún, en otra versión del plano de 1810 en conmemoración del centenario del 19 de abril, donde hacen una condensación de la Caracas de esa época hasta 1843, intervalo cuando Caracas no sufrió ninguna modificación en relación a su topografía urbanística (4).
   En los planos de 1810 y 1843, así como en el plano de 1801 elaborado por Francisco Depons, donde también figura el barrio, la quebrada de los Padrones aparece con el nombre de Quebrada de Leandro.  En el plano de 1897(5) se delimitan ambas quebradas, así como el resto de las quebradas caraqueñas para la época.
    Si estudiáramos un plano actual de la ciudad, el área estaría comprendida hasta mediados del siglo XIX, aproximadamente entre los siguientes límites:
Por el norte:
Hacia el este la actual esquina de Gobernador, por donde a media cuadra pasa la quebrada de los Padrones, y hacia el oeste a media cuadra de la esquina de Zapatero, sitio por donde baja la quebrada de Quita Calzón; a ese nivel la quebrada baja entre Zapatero y Cola de Pato.
Por el sur, se ampliaban sus límites entre la actual esquina de Bolero por el este, hasta ranchos dispersos cercanos a la esquina de Pagüita.
   Luego se pobló más la ciudad con construcciones de mejor calidad y el área de rancherías se fue reduciendo paulatinamente, ya en el Plano Topográfico de la Ciudad de Caracas levantado en 1875 por orden de Guzmán Blanco (6), desaparece el nombre del barrio; toda la zona de lo que para la época correspondía a la parroquia de Altagracia aparece con el nombre de sus actuales esquinas (aproximadamente 49 esquinas); pero, no así, desapareció del todo en el recuerdo de los caraqueños de esa época que allí existió ese barrio y aunque no de forma oficial se continúo llamando a esa zona El Teque; aunque sí, en el siglo XX se olvidó que allí nació el rico pasapalo; tal como sucede cuando se hace mención a La trilla la cual quedaba en la parte sur del El Teque, donde fue construida la mansión que es hoy el Palacio de Miraflores (7).
    Si revisamos El Plano de Caracas de 1890 elaborado por Pablo Díaz (8), observamos que la zona correspondiente al norte, entre las esquinas de Poleo y Buena Vista, nuevamente aparece destacada como El Teque, esto como recuerdo al viejo barrio casi desaparecido su nombre para la época (con un plano actual pueden constatar estas referencia sin dificultad).Aún a finales del siglo XIX los pocos ranchos que permanecían en sus alrededores, sobre todo en la parte oeste de la actual parroquia de Altagracia, se siguió llamando por costumbre El Teque, aunque la zona, en realidad, ya no correspondía a la original de los planos de 1810 a 1843.

SUCESOS EL 11 DE JULIO DE 1811 EN EL TEQUE
   José Nucete Sardi(9), con gran prudencia comenta lo que ocurrió en cuanto a el alzamiento y el fusilamiento de los canarios y cuida no entrar en detalles sobre el comportamiento y como fue la protesta:
" ...unos canarios se alzan en El teque; dias después son dominados y fusilados diez y seis"

    Enrique Bernardo Núñez, refiere que en la tarde del 11 de julio de 1811 aparecen en la sabana del Teque grupos armados con trabucos, pistolas y armas blancas. Se proponían tomar el cuartel de la Trinidad, que debía franquearles el cabo J. Roldán. Era la conspiración tramada contra el gobierno independiente por Juan Díaz Flores, José María Sánchez y fray Juan José García (10). Considero que esta versión del gran crónista de Caracas,lamentablemente, sin ninguna mala intención, es sesgada y es una consecuencia de la inquina en lo relatado por los mantuanos dominantes de la época.
    Carmen Clemente Travieso (11) en la descripción de la esquina de El Chorro también hace mención de una manera muy amena de este alzamiento de los canarios en El Teque; aunque igualmente sesgada, por el mismo motivo referido anteriormente.
    Don Lucas Manzano en su libro Crónicas de Antaño narra dos situaciones en relación al barrio El Teque:
La primera, en su artículo sobre El Puente Guanabano dice: “Los vagabundos de El Teque hacían suya la soledad imperante para desvalijar el viandante si era del sexo barbudo, o vejarlo, en no importa qué manera, si cubría su cuerpo con trajes vaporosos ” (12). El segundo acontecimiento, en su artículo Medio Siglo Atrás (13) -se refería al último cuarto del siglo XIX- comenta la graciosa y picaresca anécdota:
“ En las jerusalenes montada en escena en el teatro de corral situado en la Esquina de Pineda, don T. Rasgo, tuvo la osadía de distinguir su casa a renglón seguido de su patronímico con un 8 descomunal; allí se congregaban las compadrerías de El Teque y el Estado Vallenilla* para armar bululúes que comenzaban por una chirigota endilgada a la Magdalena, por su desproporción en el corpiño, y concluían con una tunda de garrote que ponía en tensión nerviosa la ciudad….”
   Es cierto que para la época narrada por Don Lucas Manzano, la situación con los habitantes del Teque era tal como la describe; pero el relato de lo sucedido el once de julio de 1811 en cuanto al modo en que estaban armados los canarios sí ha sido falseado.
  Otros cronistas respetados desmitifican esta última versión, refieren que es exagerado lo relatado en cuanto al armamento que llevaban los canarios; los cuales sólo estaban armados con palanganas y amuletos e iban haciendo un bullicio por sus calles. Condensando esta última versión cito a Urdaneta Ramón (14), quien desmitifica lo relatado por los mantuanos y sus seguidores,textualmente dice:
" 11 de julio 2011. En Caracas, en el pastoreño lugar sabanero El Teque, desde las tres de la tarde de ese día bajo la jefatura del caraqueño José María Sánchez, se alzan más de 60 isleños canarios contra el gobierno establecido y a favoe de Fernandeo VII, pero pronto se le domina a "pedradas", una vez detenidos se les fusila, sin pérdida de tiempo..."
 ¿A pedradas se le van a enfretar las milicias republicanas a canarios armados con trabucos, pistolas y armas blancas?
   Indudablemente había una animadversión por algunos personajes de esa época en contra de los canarios, tal como sucedio contra uno de los más notables ciudadanos de todas las épocas de nuestra nación: Don Francisco de Miranda. Hubo muchas rencillas sociales y raciales en el seno de la sociedad caraqueñas.Importante citar lo relatado por el historiador Augusto Mijares (15):
"...las divergencias que separaban a los grupos revolucionarios en aquellos días, y los que existían aun de persona a persona. Se sabe, por ejemplo, que los licenciados Miguel José Sanz y Antonio Nicolas Briceño eran enemigos de Bolívar por diferentes motivos... letrados como Roscio fueron enconados adversarios de Miranda..."
   Continúa Mijares:
" Ya veremos como una carta de Roscio a Bello, que comentaremos más adelante, cómo aquel Procér, a pesar de ser meztizo, se alarmaba o aparentaba alarmarse, por las "indiscretas murmuraciones de igualdad" que atribuía a Miranda y a los Ribas; en cuyo grupo incluye en otro párrafo, a Bolívar"

"No hay peor astilla que la del mismo palo"
QUEBRADAS CARAQUEÑAS
Estas quebradas mencionadas dejaron de figurar en los planos de Caracas a finales del siglo XIX; por una parte, al crecer la ciudad y la desforestación que la siguió, el caudal se fue reduciendo; y por otra, las quebradas en sí eran de un caudal pequeño, más aún en época de verano, y con la urbanización a su alrededor se transformaron al quedar embauladas, en simples conductos de drenajes; sólo queda como recuerdo las esquinas que llevan sus nombres: Esquina de Quitacalzón y esquina de Tinajitas; la quebrada de los Padrones, era de mayor caudal y está también embovedada, en muy pocos sitios se puede apreciar su lecho, desemboca en la quebrada de Caroata, cercana a la Esquina de Aserradero ( al sur del bloque tres del Silencio, casi coincide con la entrada del tunel de las torres del Centro Simón Bolívar).

*El Estado Vallenilla fue la denominación que se le dió a la zona actual de la parroquia La Pastora luego de terminada la Guerra Federal. Al designarse La Pastora como parroquia independiente de Altagracia dejó de usarse esta denominación.
 

1.- Gerónimo Alberto Yerena Cabrera. El Teque. Antiguo barrio de la Ciudad de Caracas. Blog Venezuela de Antaño. Caracas, 2 de agosto del 2009. http://venelib-antao.blogspot.com/.

2.- Lila Mago de Chopite. Caracas y su crecimiento Urbano. Publicación de la Unidad de Cultura y Publicaciones del Instituto Universitario Pedagógico de Caracas.1986. p 81.
3.- Plano de la ciudad de Santiago de León de Caracas. 1810. Editado por el diario El Universal, Colección Histórica Mapoteca IGVSB.
4.- Plano de la Ciudad Santiago de León de Caracas en el año de 1810. “según apuntaciones del ilustrísimo Señor Don Mariano Martín y planos de F. de Pons; A.J. Jesurun y otros, historiadores e ingenieros, desde 1771 hasta 1843; con fecha 19 de abril de 1910 y firmado por E. Mendoza Solar. Recuerdo del primer Centenario de la Independencia de Venezuela”. Publicado en el libro Atlas de Venezuela. Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables. Dirección de Cartografía Nacional. Segunda Edición.1979.
5.- Caracas Plano de la ciudad. Situación de las parroquias foráneas. Por R. Razetti. 1897. Editado por el diario El Universal, Colección Histórica Mapoteca IGVSB.
6.- Plano topográfico de la ciudad de Caracas. Capital de los Estados Unidos de Venezuela. Plano levantado por orden del Ilustre Americano Gral Antº Guzmán Blanco. 1875. Atlas de Venezuela. Editado por el Ministerio de Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables. Dirección de Cartografía Nacional. Segunda Edición. 1979. p 14.
7.- Graciela Schael Martínez. Estampas Caraqueñas. Ediciones del Concejo Municipal del Distrito Federal. 1975. P 169.
8.- Lila Mago de Chopite. Caracas y su crecimiento Urbano. Publicación de la Unidad de Cultura y Publicaciones del Instituto Universitario Pedagógico de Caracas.1986. El Plano de Caracas de 1890 elaborado por Pablo Díaz. p 225.
9.- José Nucete Sardi. La Ciudad y sus tiempos. Edición del Cuatricentenario de Caracas. p 35.
10.- Enrique Bernardo Núñez. La Ciudad de los Techos Rojos. Monte Avila Editores. 1998 .p 168.
11.- Carmen Clemente Travieso. Las esquinas de Caracas. Los libros del Nacional.2001.p 88
12.-Lucas Manzano. Crónicas de Caracas. Avila Gráfica, S.A-Impresores. Caracas 1951. P79.
13.- Ibidem.p 109.

(14).Urdaneta Ramón. Historia Culta de Venezuela. Fundur Editores. 2007. P 289.(15). Augusto Mijares. El Libertador. Tercera Edición. Comandancia de las Fuerzas Aéreas de Venezuela. Caracas. 1967. P184.

* yerena.geronimo@gmail.com

sábado, 6 de junio de 2015

LA VAJILLA DEL DR. JUAN PABLO ROJAS PAÚL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA



LIC. VÍCTOR M. MENDOZA CORONADO*             
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Juan Pablo Rojas Paúl tuvo un largo desempeño administrativo desde los años de 1850 justo en el siglo XIX hasta  los primeros de la siguiente centuria.  Ejerció la Presidencia de la República desde 1888 a 1890,  durante la etapa post-guzmancista, período conocido  “Liberalismo Amarillo”.        Fue un político miembro del Liberalismo Amarillo, Abogado, experto en temas fiscales.  Nació en Caracas el 26 de Noviembre de 1826.  Su fallecimiento se produjo en la capital  el 22 de Julio del año 1905. 
Los documentos que constituyen la materia de la Gestión Presidencial del Dr. Juan Pablo Rojal Paúl, indican que marcó la reacción definitiva contra el poder ejercido desde 1870 por el General Antonio guzmán Blanco reorientando así,  los destinos del Partido Liberal Amarrillo durante la última década del siglo  diecinueve (XIX).
Los historiadores que en Venezuela se han dedicado a resaltar la biografía de venezolanos notables, dan conocer entre líneas para así profundizar la vida y obra, donde las figuras se agigantan en ese mundo alucinante que se refleja en las escrituras fácil de entender.
En esta oportunidad haremos el comentario.  Académicamente se preparó en la ciudad de Valencia, donde curso su primaria y Secundaria.  Egresado de la Universidad Central de Venezuela donde adquirió el Título de Derecho.  Durante sus estudios él y un grupo de estudiantes más, constituyen la Academia Nacional de la Historia, corporación privada de breve duración de la cual es Presidente en 1849.  Se gradúa de Licenciado en Derecho Civil en 1852; ejecutando su carrera en  Caracas entre 1853 y 1854.
De esta manera,  podemos escribir que estamos ante un hombre que dejó plasmado su elegancia, prestancia y prudencia.  Ocupó distintos cargos dentro de la administración central de su época; llegando inclusive durante el Septenio guzmancista ser Presidente del Senado de la República 1887-1888, compartió la actividad política con su inclinación por las humanidades, especialmente la historia y la literatura.
Es importante destacar, que los Presidentes de Venezuela – en su época – no dejaban de innovar con estilos de ofrecer almuerzos y cenas de gala en honor de ilustres visitantes en su nivel jerárquico.  No obstante, el ceremonial de estilo marcaba siempre lo mejor para mandar a vestir la mesa presidencial con sus mejores manteles, cubertería y sobre todo usar la vajilla que representaba el poder presidencial y colocar los platos llano y tasa con su plato de porcelana francesa sin marca.
Juan Pablo Rojas Paúl, un aventajado alumno de la lengua y la cultura francesa en sus años de estudiante, puede intuirse como hombre que fue refinado cuyo gusto por la buena mesa seguramente fue exquisito, como hace suponer la delicada porcelana de su vajilla, ornamentada con abigarrado monograma.
Con Rojas Paúl, lo extraordinario, lo heroico, alcanza su más altas cimas… Los relatos bibliográficos de tan ilustre Jefe de Estado,  siguen siendo hoy obra de vanguardia, donde la vajilla de tan ilustre Presidente aun deja en el recuerdo de los venezolanos el poder de presentación del Protocolo Social y la Etiqueta.
Que así sea.

*Comunicador Social UCV
Presidente del  Centro Nacional de Ceremonia l y Protocolo  (CECOCEPRO) en Venezuela. 
Director de Protocolo de la  Organización Internacional de Ceremonial y Protocolo OICP y Miembro Principal de la Comisión de Deontología. Sede en la Ciudad de la Asunción República del Paraguay.

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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