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domingo, 24 de marzo de 2013

Costumbres y tradiciones de Semana Santa en Venezuela.* (2° revisión)

Gerónimo Yerena Cabrera.


Las cruces de palma bendita.
 ¡Más buscado que palito de romero!
El juego o la apuesta de quebrar cocos.
La quema de Judas.
Las pencas de sábilas
Los estrenos


Ha variado bastante las costumbres desde la colonia hasta nuestros días, sin embargo, aún se conservan en pueblos y ciudades del interior del país muchas de ellas; incluso en los barrios caraqueños aún podemos observar la quema de Juda, la cual es tradicional en el barrio del Cementerio, en la Avenida Los Carmenes, por una familia ( los Olaiza) que lleva más de 60 años manteniendo la tradición.


En los templos católicos se efectúa la ceremonia de la bendición de las palmas el Domingo de Ramos, costumbre que data en Caracas desde su fundación. Tuvo lugar en los dos primeros templos que se fundaron en la ciudad: el de San Sebastián, donde se efectuó la primera misa, y el de San Mauricio; posteriormente, continuó en la capilla del convento de San Francisco y en la Catedral, para realizarse luego en todas las iglesias de la capital y del país.

Se dice, que esta ceremonia causó gran asombro a los indios que tuvieron la oportunidad de presenciarla, y fueron ellos, acompañados de los conquistadores, quienes trajeron la palma bendita o palma de ramos desde el Avila, las cuales lucirían en las manos de quienes acompañaban la procesión.
En algunas ciudades y poblaciones venezolanas elaboran pequeñas cruces que colocan tras la puerta y ventanas, hoy día no es infrecuente quienes acostumbran llevarla, incluso, dentro del carro, colgada del retrovisor. En algunos poblados, aún tienen la costumbre de colocarlas es sitios estratégicos para alejar los rayos durante las tempestades, y a veces queman cruces de palma bendita, o se las hace flotar en el agua de un recipiente que se saca a la intemperie, con el fin de apaciguar la ira de Dios y se calme la tormenta.

Otra costumbre, es dividir la palma en tiras y hacer en ellas treinta y tres nudos, rezando un credo por cada uno de ellos; con esto, por cada credo se alcanza durante el año un favor divino.

En otras zonas acostumbran a recoger plantas de sábila, para colocarlas detrás de la puerta de entrada, como augurio de buena suerte, o también para quemarlas junto con las cruces de palma bendita, para alejar los rayos.

Los estrenos: otra costumbre muy arraigada en la Semana Mayor, en muchas ciudades y pueblos, era y sigue siéndolo, es estrenar ropa y reservar sus mejores trajes para lucirlo en esa oportunidad, quizás es una manera de alabar al Señor.

¡Más buscado que palito de romero!
Expresión muy criolla, utilizada en el argot nuestro, tiene su origen en lo siguiente: los Viernes Santos, se acostumbraba a salir al campo o a los alrededores de los pueblos a buscar siete palitos de romero, los cuales atados juntos tenían la propiedad, a igual que la palma y la sábila, de alejar los rayos y centellas.

Comidas tradicionales en la Semana Mayor.
En las grandes capitales esta costumbre ha desaparecido, pero aún se conserva en algunos lugares del interior. El arroz con leche o con coco, es prácticamente un plato que se come en toda Venezuela actualmente; igual que el juego de quebrar cocos, donde en oportunidades, se presta para hacer apuestas, a veces importantes. En la zona costera se prepara el famoso sancocho de pescado, con su peculiar modalidad en cada región, como es el caso en Guayana con su sancocho de zapoara. En la zona oriental y en los Llanos, es típico el pastel de morrocoy o los preparados con tortuga; y en occidente, sobre todo en Falcón, no pueden faltar los platos preparados con iguana.

La quema de Judas.
Una tradición que aún no se ha perdido es ésta, la cual se celebra el Domingo de Resurrección, consiste en la construcción de un muñeco de tamaño humano, elaborado con ropa vieja. Para el momento de la quema se leía a los asistentes el Testamento de Judas, el cual, generalmente, consistía en críticas a las autoridades locales, al gobierno de turno, o a hechos recientes ocurridos con personajes que afectaban, de una u otra manera, a la región o a la nación. Al legado que Judas hacía de sus pertenencias, estaba adobado con toda clase de picardía, doble intención, chistes y burlas, según el caso lo ameritase, para diversión del público.

yerena.geronimo@gmail.com

viernes, 15 de marzo de 2013

Guarapo: Bebida tradicional venezolana. Esquina del Chorro



Gerónimo Alberto Yerena Cabrera*
Entre fuerte y dulce como el guarapo

Guaraperías o guaraperas

Guarapo caraqueño

Esquina del Chorro

Reencuentro de dos lanzoreteños en Caracas

José García de la Concha. Costumbrista caraqueño
“cerveza del pobre” 


Introducción

El siguiente trabajo se  refiere exclusivamente al guarapo elaborado de la caña de azúcar o del papelón. Se hace énfasis, principalmente, al sabroso guarapo preparado en la ciudad de Caracas y sus diversas historias en relación al mismo. Comentamos la expresión: “Entre fuerte y dulce como el guarapo”  usada en toda Venezuela, la cual define el estado en que uno se encuentra, y, que significa en línea general, entre bien y mal. Esta ha sido usada desde hace mucho tiempo, quizás, desde el principio de la colonia cuando se comenzó a preparar el sabroso y popular guarapo. Se le atribuye el uso del refrán a muchas regiones, tanto en el medio rural como en el urbano; pero muy probablemente se inició el dicho en áreas urbanas del norte del país, que fue donde se instalaron los primeros trapiches  y se inició los primeros sembradíos de caña de azúcar. Posiblemente los padres franciscanos en el año de 1521 fueron los primeros en iniciar la siembra de caña en el oriente del país.

En América se conoció la “miel de azúcar”  en el primer viaje de Cristóbal  Colón, según las  anotaciones en el Diario del Primer Viaje de fecha 16 de octubre, cuando relata que a los indios le mandaba a dar miel de azúcar cuando estaban en las naves. En la isla de Santo Domingo se plantaron y cosecharon los primeros cañaverales, y en 1515 se  había construido en esa isla el primer trapiche en América. De allí fue que pasó a nuestro país.

Los cañaverales se extendieron en nuestro territorio principalmente por Aragua, Lara, Yaracuy, y además de algunas regiones de Oriente; hubo sembradíos tempranamente en el Valle de Caracas y Petare, hasta Guarenas y Guatire hacia el año de 1578.


Guaraperías o guaraperas. Guarapo caraqueño. “Entre fuerte y dulce como el guarapo”





Las guaraperías, que se conozca, funcionaron en Caracas por lo menos desde el siglo XVII, e incluso a principios del siglo XVIII eran revisadas con el fin de que no se elaboraran guarapos muy fuerte. Ya se conocía y usaba en esa época la denominación de guarapos fuerte y dulce. En Caracas, comenta José García de la Concha, no había un lugar donde no se vendiera guarapos. En las pulperías, botiquines y hasta en establecimientos especiales que se llamaban “guaraperas” que, además, eran fruterías. Bebida refrescante, digestiva: Era la cerveza del pobre. 


El guarapo desde el inicio de su elaboración en Venezuela se preparó en varias modalidades, desde el zumo de la caña  triturada y exprimida mecánicamente, la cual aún observamos los carros de guaraperos en los barrios de Caracas; el guarapo preparado con la melaza de la caña y el tradicional guarapo hecho con papelón rayado al cual se le agrega, generalmente, limón o/y concha de piña. De esta última preparación se obtenían las diversas modalidades del guarapo, desde el fresco, entre fuerte y dulce, hasta el fuerte.


Con el guarapo fuerte, comenta J.M. García de la Torre en su libro “Mosaico venezolano” lo siguiente:

“Una variante muy sabrosa es el “guarapo enfuertado”, que se obtiene dejando fermentar simplemente el guarapo original, pero este enfuertamiento se mantiene por poco tiempo, porque superada la fermentación, los gases que se desprenden arrebatan el dulce sabor y la fuerza a la mezcla que queda convertida en un líquido verdoso y aguachinado, apenas sin olor ni sabor alguno”.  

El atribuirle a nuestros queridos llanos venezolanos de que, allí sea originario  el refrán “entre fuerte y dulce como el guarapo” en nuestro país, es quizás por la costumbre que aún ha perdurado en esa zona y por la sencillez de sus pobladores, como también por el desconocimiento de su historia. En las zonas costeras, así como en la Capital, y en zonas aledañas, fue donde primero hubo siembras de caña de azúcar y se instalaron trapiches ; existió guaraperías tanto del zumo de la caña, como las elaboradas con papelón, mucho antes que en las zonas llaneras, y ya se decía el refrán antes que en el llano venezolano. En Caracas, este decir fue frecuente, en todos los estamentos, hasta mediados del siglo pasado, y persistió casi hasta finales del siglo -quizás más de un caraqueño actual no tiene idea de lo que fue su ciudad, y, a lo mejor, ni le interesa -. (¿!)


Esquina del Chorro.

Nada más propicio al hablar del guarapo es mencionar la historia de la esquina del Chorro. De la guarapería que existió a finales del siglo XVIII y principio del siglo XIX, fue que nació el nombre de la esquina. Francisco Tosta García, en su libro Costumbres caraqueñas (1883),  refiere: “ que son las andanzas de los hermanos Juan y Agustín Pérez las que le dan el nombre a esta esquina. Juan y medio y Agustinillo, como eran conocidos en la Caracas de 1812, eran canarios y realistas. El primero era el encargado de encender los faroles públicos, y se contaba entre los personajes que intentaba derrocar cualquier gobierno patriótico que tomara el poder. Agustín, por su parte, tenía fama de ser el rey de los “guaraperos”, se decía que preparaba la mejor bebida de piña y papelón de la ciudad. Su negocio de guarapo fuerte o “entre fuerte y dulce”, al gusto del cliente, se encontraba en el ángulo suroeste de la esquina del mercado de la Plaza de Armas, contaba con un sistema de despacho único. Había diseñado un aparato o envase giratorio, con una llave hacia la calle y un cántaro colgante, que estaba sujeto a una cadena. Agustín podía despachar a sus clientes sin abrir la puerta, con tan sólo soltar la llave al momento de escuchar el sonido que hacía el centavo al caer en una alcancía. Como aparentemente el jugo salía solo y brotaba como un chorro, la esquina tomó ese nombre”.
La esquina del Chorro se encuentra en la Avenida Universidad (O/E 4), entre Traposos a Coliseo, a tres esquinas hacia el este de la esquina de San Francisco y dos esquinas al oeste de la esquina del Corazón de Jesús a partir de la Avenida Fuerzas Armadas. La casa se encontraba en el ángulo sur-oeste de esta esquina, no en la Plaza de Armas.

Reencuentro de dos lanzaroteños en Caracas.
El escritor, poeta, periodista y costumbrista lanzaroteño Isaac Viera y Viera(1858-1941)   en su libro Costumbres canarias. 1916, en las narraciones que hace sobre su estadía en nuestro país (mediado de los setenta del siglo XIX hasta 1882) relata lo siguiente sucedido a dos paisanos, de los cuales uno había asimilado la jerga caraqueña:

“Un lanzaroteño, que no tiene sino un mes de estar en Caracas, se tropieza una noche en el teatro con un compañero de la infancia, y de buenas a primeras, dándole un apretón de manos» le suelta la siguiente andanada de dicharachos criollos, que dejan patitieso al compatriota, el cual hace unas cuantas horas que pisa tierra venezolana:

—Socio, aquí hay que andar con “ojo de garza” “porque pescuezo no retoña.

—¿Y tú, cómo te  hallas?

Entre fuerte y dulce como el guarapo.

El interpelante abrió desmesuradamente los ojos, diciendo:

—Si no me hablas de otro modo, me quedo en ayunas.

—Quería manifestarte que me va entre bien y mal pasar.

—Comprendido.



Esto define claramente el significado del refrán, y lo popularizado que estaba en nuestra capital, quizás cuna del refrán en nuestro país.



José García de la Concha (1893-1975)

Uno de los mejores y amenos costumbrista caraqueños que nuestra Capital ha tenido, narra interesantes datos sobre el guarapo y su elaboración en nuestra ciudad, en su libro Reminiscencias. Vida y costumbres de la vieja Caracas.

Comenta J.G.de la Concha  lo siguiente:

“En la jarra o barril, en agua pura, se metía el papelón a derretir; luego se le agregaban las conchas de piña y unos canutos de de caña de azúcar pelados y partidos en trocitos; después con una paleta se meneaba bien y se dejaba reposar. Si se consumía el mismo día, se llamaba “guarapo fresco”. Si se dejaba para el día siguiente, estaba “entre fuerte y dulce”, y pasado los tres días, que ya comenzaba su fermentación, entonces era que se llamaba “guarapo fuerte”, muy gustable por cierto entre los caminantes”.


Lo más importante de todo actualmente es, que aún en Caracas, sobre todo en los barrios, se puede continuar tomando la deliciosa “cerveza del pobre” como dijo García de la Concha.  
*yerena.geronimo@gmail.com

miércoles, 14 de julio de 2010

A llorar pá el Valle / 2º revisión

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera

Palabras caraqueñas
Parroquia El Valle. Caracas
Fray Antonio González de Acuña (Obispado entre: 1670 - 1682)
Fraile capuchino Gregorio de Ibis (1654-1694)


Dentro de las numerosas frases y palabras que casi a diario repetimos en el “argot” de los venezolanos, algunas de ellas, se originaron en el valle de Caracas, y una de las más antiguas y más usada es ésta.

Refiere Lucas Manzano, que la frase se originó a partir de diciembre de 1675, cuando por una broma del obispo don Fray Antonio González de Acuña, de gratísima memoria por su hombría de bien, éste sin intención aviesa hizo célebre la frase de "a llorar a El Valle".
Era por entonces catequista de los indios tumuses, que poblaban El Valle de la Pascua, el fraile capuchino Gregorio de Ibis (1654-1694), el cual vino a principios de 1674, a predicar los evangelios en Caracas. Le asignaron a fray Gregorio, la zona de El Valle para que ejerciese su apostolado, cuyo pueblo evangelizó. Entre muchas cosas buenas que hizo el padre Gregorio, fue organizar con los indios el baile de la “Llora” y los llamó los Diablitos de El Valle de la Pascua", como se llamó en esa época lo que actualmente es la parroquia de El Valle. El baile consistía en un rito de un grupo de indios que bailaban alrededor de una fogata cantando una melodía bastante “llorosa” y de ahí su nombre.

Cierta mañana, cuando el prior del Convento de San Francisco visitaba al Obispo, con el propósito de invitarlo a una solemnidad, halló al padre Ibis, quién con idéntico fin solicitaba del Prelado su Pastoral visita a El Valle, con el propósito de que bautizase los indígenas tornados a la civilización. Como le hablase el Padre Ibis reiteradamente del baile de "La Llora" que harían en honor suyo los Diablitos de El Valle, el Prelado exclamó: dirigiéndose al prior de San Francisco – Hermano: aplace usted lo suyo para más lueguito, porque ahora vamos "a llorar a El Valle"…
Desde entonces hasta nuestros días se hizo popular la frase repetida por todos cuando para calmar un anhelo, o enrumbar un extraviado lo mandamos con armas o sin ellas "a llorar pa'l Valle".

El fraile Gregorio, el año de 1694, fue enviado por los capuchinos a Maracaibo, con el objeto de evangelizar a los indios de la sierra de Perija. Luego de llegar, con dos frailes más, al valle donde se encontraban la tribu de los coyamos; por sorteo, le correspondió dirigirse a las tierras de los aratomos, tribu más agresiva, y allí fue martirizado barbaramente.

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
yerena.geronimo@gmail.com

martes, 2 de febrero de 2010

Oración de la Candelaria. Devoción en Venezuela. ¿por qué se reza los viernes? ¿por qué la Virgen Negra?

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
Una devoción tradicional en El Valle de Caracas y en toda Venezuela.
Caracas es la ciudad más antigua en Venezuela donde se venera la imagen de La Candelaria; ya desde 1708 contó con una iglesia dedicada a ella, hoy Parroquia de La Candelaria. La Candelaria es patrona de muchas ciudades de Venezuela, tales como Turmero, Valle de La Pascua, Cantaura; además de muchos pueblos como Las Salinas en el Estado Vargas; parroquias y caseríos; incluso dentro de una misma parroquia donde hay más de una iglesia, a veces La candelaria es patrona de una de ellas.
Luego de la Independencia desde el primer gobierno de Páez, creador de la República de Venezuela, se incentivó la inmigración especialmente de canarios, la cual se prolongó hasta comienzo de la nefasta Guerra Federal, luego de esto durante el gobierno de Guzmán se reactivo la inmigración, llegando a superar a la inmigración de todos los demás países latinoamericanos y desplazando a Cuba que hasta inicio del siglo XIX era una de las que más canarios tenía. Por tal motivo a Venezuela se le llamó: la octava isla.
En cuanto a la oración original de La Candelaria, traída por los descendientes de los “guanches”, no se sabe con precisión la fecha; pero se difundió en Caracas y en toda Venezuela en el siglo XIX. Existen diferentes variantes de la misma oración, tanto en Las Islas Canarias como en Latinoamérica, pero la más aceptada y adecuada a la original se supone que es la siguiente:

¡Oh! Virgen de la Candelaria, ya supimos que pariste y a todos nos recogiste.
Recógeme a mí Señora que soy alma pecadora, arca eres de los cielos, puerta de la Trinidad, donde se consagra el cáliz, y la hostia en el altar.

Pregunta cómo se llama, se llama el Niño Jesús, que está clavado en la Cruz. Quién la sabe y la reza, quién la oye y la aprende, el día del juicio final, sabrá lo que esta oración contiene, y quién esta oración rezare todos los viernes del año, sacará un ánima de pena y la suya de pecados, y por grandes que sean sus pecados, como arenas en el mar, luego de su arrepentimiento, todos serán perdonados, delante de su Majestad, Amén, Jesús.

Esta oración guanche originalmente se mantenía por tradición oral de familia en familia en las Islas Canarias, y preferentemente se debía aprender oyéndola y no escribirla; por lo menos, así era la costumbre en varios sectores del Archipiélago: ¡quién la oye y la prende¡… y de esta manera se trasmitió a Hispanoamérica.

La devoción por la Candelaria en Hispanoamérica data prácticamente desde la llegada de los españoles. Esta oración se desconoce desde cuándo se reza en Las Canarias y en los diferentes países latinoamericanos; pero, luego de la emigración masiva de Isleños a América a mediados del siglo XIX, sobre todo a Venezuela, Cuba y Colombia la oración se difundió por toda Hispanoamérica.

Religiosamente todos los devotos rezaban la oración todos los viernes del año, sin excepción, tal como lo hacían en Las Canarias, y así transmitieron la costumbre a sus descendientes.

También es costumbre que ante un enfermo en agonía se le prenda la vela de la Candelaria, preferiblemente que haya sido bendita el dos de febrero; se dice que así el enfermo se mantiene iluminado espiritualmente y no le teme a la
“Obscuridad”…

Luego de esta oración se han editado varias oraciones en Roma, pero la autentica oración guanche es la que hemos expuesto.

¿por qué la Virgen es negra? y ¿por qué se reza los viernes?

Por mandato de la religión judía, todo primogénito varón debe ser presentado al Templo a los cuarenta días de nacido, y la entrada se hacía caminando entre candelabros colocados a ambos lados, se supone que el resplandor de la “candela” dio esa tez morena a la Virgen, de allí la leyenda del por qué la Virgen de Candelaria es negra.
Recuerden que si el nacimiento de Jesús Nuestro Señor fue un día 24 de diciembre; cuarenta días después, el dos de febrero del siguiente año en esa época fue viernes, de ahí el porqué es el día viernes preferentemente es que se reza esta oración.

lunes, 25 de enero de 2010

Llegó Pacheco

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
Una de las tantas frases típicas caraqueñas es ésta. Desde el siglo XIX
esta expresión en el Valle de Caracas, predice que pronto comenzará el frío. Generalmente a finales de noviembre y principio de diciembre es cuando más se usaba, pero realmente es a finales de enero y la primera semana de febrero cuando más hace frío en nuestra ciudad, por lo menos desde mediados del siglo XX.
Para dilucidar quién era ese personaje que había logrado relacionar su nombre con la entrada del frío decembrino, Leoncio Martínez en su semanario humorístico Fantoches se le ocurrió hacer una encuesta con el propósito de encontrar el origen de ese nombre.
Leoncio seleccionó el relato que para él tenía más validez y credibilidad. Se comentaba de un veterano cultivador de flores de Galipan de nombre Antonio Pacheco, el cual al comenzar el frío bajaba regularmente desde el Avila a la capital, con un arreo de burros cargados de hermosísimas flores, para embellecer la ciudad, acompañado siempre de una copla que lo anunciaba en el camino, y así
alegrar el espíritu festivo del caraqueño.
Pacheco, representaba en ese entonces a la naturaleza, que forzaba con sus espontáneas floraciones a abandonar su refugio, para volcar en la ciudad aquel amoroso mensajes de flores de Galipan; fue y sigue siendo el representante de una tradición que aún perdura en nuestra ciudad.
Aquiles Nazca encontró en la tradición de Pacheco y su bajada del Avila una fuente para muchos de sus trabajos literarios, de los cuales el más divulgado es: “Qué hubo Pacheco”.
Cuando en Caracas hace frío una gran mayoría decimos: Hace Pacheco o llegó Pacheco, según la época.
Gerónimo Alberto Yerena Cabrera.
Yerena.geronimo@gmail.com

Bibliografía revisada.
Juan J. Verde M. Caracas del Recuerdo a la Nostalgia.Tradiciones de mes de diciembre. Producción editorial: Impregraf C.A. Caracas, febrero de 1997. p 49.
Graciela Schael Martínez. Estampas Caraqueñas. Caracas de Fin de Siglo. 1975. p 39.
Aquiles Nazca. Humor y Amor. Que hubo Pacheco.1971. p 431.

martes, 17 de junio de 2008

¡No, si así es!

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera

“No, si así es…repítemelo otra vez
“No, si así es…por la radio se oye y por la televisión se ve…y no te lo cuento porque es censura B.”
¿Así es la cosa nene?
¡Como nié!

Comenta Angel Rosenblat (1902-1984) en su libro Buenas y Malas Palabras Tomo I, lo siguiente:
Hay expresiones de trayectorias fulgurante y efímera, que tienen sin embargo interés para comprender la vida de la lengua.
Un día se ponen de moda, y entonces se ponen de moda hasta la saciedad y la exasperación.
Por lo común son como briznas de paja en el viento, y desaparecen sin dejar rastro. Otras veces duran más, se transforman y echan raíces. De pronto es la múcura que hace estragos. O Lalo, que pasa misteriosamente por todas partes. Hemos conocido la época de los “colmos” y del “qué le dijo”. Las grandes comunidades necesitan un tema común que las unifique, y en nuestros pobres tiempos, a falta de un ideal colectivo que infunda inspiración y grandes hazañas, cunde el cinco y seis o circula un estribillo.
Ayer era “No puedo con ella”. ¡No, si así es! está hoy de turno.
* El autor se refiere a la época de finales de la década de los setenta.

Veamos las circunstancias en que se usa. La discusión se está poniendo violenta. Uno de los protagonista extrema los argumentos y hasta los adjetivos, y quiere imponer su lógica aplastante. El contrincante, agotado, abandona el campo:
¡ No, si así es! Es decir, tiene usted razón, pero la verdad es que no la tiene.
Es cerrar la discusión sin dar el brazo a torcer.
Cuentan – el cuento, como casi todos los cuentos, es viejísimo y tiene infinitas variantes- que un famoso personaje se estaba afeitando en la peluquería de la Plaza Bolívar. Entró un amigo y le dijo: “En la esquina de la Gorda un carro acaba de atropellar a tu mujer.” El hombre salió disparado, sin ponerse la chaqueta, con la cara medio enjabonada,, y corrió hasta la esquina en cuestión. Allí se detuvo, y al ver que todo estaba en orden, se acordó que era soltero y no tenía mujer. Más filosóficamente contesto otro, cuando le hicieron la misma broma: “¡No, si así es!”.

Hay en la expresión cierta sorna, cierta incredulidad, que es como una armadura frente a la temible “mamadera de gallo”. Y aun la hemos oído en otras circunstancias. En un autobús que sale del Silencio sobrecargado de pasajeros y pasajeras, se produce una tentativa poco afortunada de aproximación. La mujer, acalorada, increpa: “¡Váyase de aquí, grosero; me está rascabucheando!” El caballero (¿caballero?) se pone de pie, inclina la cabeza respetuoso y dice: “¡ No, si así es!” El público sonríe y está con él. Si se hubiera sentido abochornado, todos lo habrían despreciado.

La verdad es que se dice a cada paso, en las circunstancias más variadas. Y hasta se amplía: “No, si así es…repítemelo otra vez”, “No, si así es…por la radio se oye y por la televisión se ve…y no te lo cuento porque es censura B.” Y últimamente: “No si así es que es”.
La expresión surgio probablemente de otras análogas más estables: Así es que es, Así es como es, Así es la cosa, o se transforma de manera burlona: ¿Así es la cosa nene?
El habla popular suele llamar estas expresiones, impropiamente, refranes. Y una serie de ellas han estado de moda o circulan todavía, para denotar la incertidumbre, la duda, el escepticismo irónico o benévolo: “¡Cómo va a ser!”; “yo te aviso”; “Mañana a esta misma hora”; “¡Dos veces!” que se acompaña con el ademán de los dedos. Y muchas otras más.
El rechazo, y el rechazo burlón, tiene en todas partes una rica fraseología, en constante renovación. El venezolano usa el ¡Como nié!

Un refran verdadero como una golondrina no hace verano puede seguirse paso a paso a través de dos mil quinientos años, hasta Aristóteles, por lo menos. En cambio, casi todos estos presuntos “refranes” están ya olvidado, como en cruel castigo de la fortuna que alcanzaron. La gloria puede ser pasajera, y el favor popular es tornadizo. Ninguno de ellos es extraordinariamente fino, pero de toda clase de monedas se compone el tesoro de la expresión colectiva.

Fuente: BUENAS Y MALAS PALABRAS en el castellano de Venezuela.
6º edición. Colección de bolsillo EDIME. Madrid. Tomo I. 1982.

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