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jueves, 7 de mayo de 2015

EL GENERAL PAEZ Y CUBA


Rafael Arteaga  R (*)
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“¡ Ojalá no termine la carrera de mi vida sin ver repetidas en los campos de Cuba las escenas que tuve la gloria de presenciar en las llanuras de mi patria ¡”
Así escribía en su Autobiografía (1) José Antonio Páez, refiriéndose al encargo que en sus manos había puesto el Libertador Simón Bolívar de comandar una expedición que contribuyera a libertar a Cuba del dominio español hacia 1827. Apremiado estaba ante la demora de iniciar tal misión, toda vez que las tropas que habían sido dispuestas para ese cometido (10.000 hombres de Infantería y 1000 de Caballería) tuvieron que contramarchar hacia Perú por la insurrección enemiga de la libertad peruana eruana.
Fueron Bolívar y Páez visionarios de la importancia de mantener una isla estratégicamente situada como era Cuba, libre del dominio español, toda vez que desde esta podían despacharse fuerzas militares con el empeño de recuperar las nuevas naciones independientes que habían surgido en Sur América como consecuencia de los procesos libertarios, entre ellos la Gran Colombia (2).
“yo no sé en este momento –escribía Páez- si todos los planes de Bolívar eran realizables… y que acogí su pensamiento con alegría y con aquel ciego entusiasmo con que me había acostumbrado a vencer siempre”. Y continuaba ese mismo entusiasmo diciendo: “ya me figuraba en el recinto del Morro (la fortaleza) dictando la Ley a un Capitán General de Castilla, como había tenido la fortuna de dictársela a Calzada, sucesor del valiente y caballeroso La Torre, dentro los muros de Puerto Cabello” (1).
México y Sur América toda veían con mucho interés la situación colonial de Cuba y tampoco esto escapaba al prócer llanero, lo cual le lleva a reunirse con jóvenes exiliados de gran talento y porvenir, a los cuales alentaba a formar Juntas Patrióticas y a buscar apoyo pecuniario en otros países para fomentar expediciones libertadoras.
Parecería premonitorio de tiempos actuales lo que preocupaba al General Páez  en aque-llos años en los que hablaba de un gobierno opresor. Así lo escribía en  su Auto-biografía: “ en cuanto a los cubanos, en medio de sus desgracias actuales, tengan un consuelo para la suerte futura que les ha de tocar como nación libre e independiente” Igualmente transcribió en varias páginas de su obra y en su afán de contribuir a difundir las ideas libertarias, la carta que un grupo de patriotas cubanos dirigió al Congreso de México y de la cual por considerarlo vigente leemos el siguiente fragmento “…las familias gimen en el silencio por la ausencia, destierro o prisión del hijo, del hermano, de un esposo, de un padre. El espionaje engendra la desconfianza y el terror en todas las clases de la sociedad. Este es el estado de un pueblo que reclama vuestra protección y amparo”
   Grandes y agradecidos próceres cubanos como Macedo y Martí, honraron a Páez con su amistad a lo largo de sus últimos años, así como otros muchos naturales de la isla, emigrados políticos que le amaron y respetaron en vida y quisieron tributarle en sus últimos momentos una prueba de amor y de ese respeto a que por tantos títulos era acreedor el anciano general venezolano. Y fue a un médico cubano, el Dr. Federico Gálvez al que tocó el honor de embalsamar gratuitamente el cadáver del General, muerto durante su exilio en Nueva York en 1873 a los 83 años de vida (3)
   En el discurso pronunciado por el gran José Martí con ocasión del traslado de sus restos a Venezuela, en 1888 estaban incluidas estas hermosas palabras:
“ Podrá un cubano olvidar que cuando tras dieciséis años de pelea, descansaba por fin la lanza de Páez, a una voz de Bolívar saltó la cuja dispuesto a cruzar el mar con el batallón de Junín, para caer en un puerto cubano, dar libres a los negros y coronar así su gloria de redentores…”
“Mientra haya Americanos tendrás Templos y mientras haya Cubanos tendrás hijos “(4)
  Bibliografía:
1) Páez J.A., Autobiografía: ed. Publicada por Petróleos de Venezuela ,1990 pag 365 a 373
2) Pérez Guzmán F.:Bolívar y la Independencia de Cuba, ed Letras Cubanas, La Habana  1988
3) Michelena Tomás: Resumen de la Vida Militar y Política del Ciudadano Esclarecido, General José Antonio Páez, Tipog. El Cojo 1890. Reeditada 1973 por Consejo Municipal de Caracas
4) Revista El Porvenir, Tomo 8, pag 219, edit Ciencias Sociales, La Habana  1975


 (*) Tataranieto  del General J.A. Páez








domingo, 26 de abril de 2015

HEMINGWAY: ENTRE LA T IERRA Y EL MAR

Rafael Arteaga Romero *
           
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  Fue en las vacaciones de la primavera  del año 2012. Mi esposa cumplía años  en ese entonces y de mutuo acuerdo escogimos irnos de viaje a algún lugar marino habida cuenta de nuestro gusto por lugares olorosos a yodo y sal y llenos de historias marineras. 
 Enrumbamos hacia los cayos de La Florida, específicamente a Key West o Cayo Hueso como también se le conoce buscando playas,  historias del gran océano y no se cuanto más
 Siendo el lugar de los Estados Unidos más cercano a la isla de Cuba, queríamos ver donde llegaron los primeros balseros, pioneros de la diáspora cubana. Nos atraía entrar a la casa donde vivió ese connotado escritor, periodista, cazador de fieras, pescador de alta mar y muchas cosas más llamado Ernest Hemingway.
 Una vez llegados a nuestro destino floridiano buscamos el número 907 de Whitestreet, situado a pocas cuadras del muelle principal, lugar de una hermosa mansión de arquitectura hispana y de dos pisos, construida en 1851.  Allí Hemingway y su esposa vivieron desde los años treinta y durante más de diez años, escribiendo en ella sus obras más importantes.
 Al pasear por sus amplios y arbolados jardines me di cuenta de la gran cantidad de gatos de varias razas que moraban en ellos, muchos  con una característica especial: sus patas, por una alteración genética tenían cinco y más dedos y su origen fue un gato regalado al escritor en los años 30, el cual poseía esa característica llamada polidactilia.
  Subiendo al segundo piso de la casa, pudimos observar una habitación que guardaba el escritorio y algunos libros, conservándose aún la máquina de escribir utilizada tantas veces.  Igualmente allí se atesoraban múltiples trofeos de caza mayor, representados por cabezas de animales disecadas colgando de las paredes como recuerdo de sus viajes a tierras africanas.
  Su afición por el mar lo lleva a vivir en Cuba durante mas de 20 años (1939-1960) entre La Habana y Finca Vigía , a unos 24 kilómetros de la capital, lugar donde escribió Rafael Arteaga Romero * obra que le valió el Premio Pulitzer en Mayo de 1952.  Acostumbraba salir de pesca en su muy cómodo yate “Pilar”, siendo ganador de varios concursos y uno de ellos celebrado en 1960 llevó su nombre: “Concurso de Pesca Hemingway”  en donde también participó Fidel Castro.
 El Bar Floridita y la Bodeguita del Medio atestiguan la fuerte tendencia al alcoholismo de Hemingway, particularmente El Floridita en donde existe una estatua suya al lado de la barra del bar como testigo mudo de sus permanentes visitas al mismo.
 Si las etapas de su vida dedicadas al mundo marino son interesantes, no menos son las vividas en tierras muy lejanas a su lugar natal, Idahoo, Estados Unidos. Hacia el año de 1914, al comenzar la Primera Guerra Mundial, se  alistó como tantos otros jóvenes en el ejército de su país, pero no fue aceptado como combatiente por tener un defecto visual y se le destinó al frente en Italia como conductor de ambulancias militares.
 Laborando como periodista en Nueva York para varios diarios fue enviado como corresponsal a cubrir las incidencias de la guerra civil española actividad que le permitió conocer la península ibérica y vivir sus costumbres. Su gusto por la España de entonces lo animó a viajar a ella varias veces acumulando amistades y grandes noches de farra y corridas de toros. De allí surge su obra “Muerte en la Tarde” , “Por quién doblan las Campanas” , “Adiós a las Armas” y otras más.
 La Segunda Guerra Mundial lo encuentra desarrollando su trabajo de corresponsal en Normandía y durante el desembarco de las tropas aliadas, demostró un gran valor al estar en los sitios de pleno combate, valor que fue posteriormente reconocido al concederle a posteriori la “Estrella de Bronce” del ejército americano.
 Al llegar la post guerra y hacia 1946 comenzó a escribir una trilogía tentativamente titulada “La Tierra, El Mar y El Aire”, la cual revelaba los tres ambientes en que siempre se movió, particularmente tierra y mar, que inspiraron el título de este artículo.
  Pero curiosamente en el aire también estuvo a punto de morir pues en uno de sus viajes por avión en el continente africano, el aparato sufrió un desperfecto cayendo a tierra, dejándolo gravemente herido y con importantes secuelas orgánicas. Tales secuelas y el deterioro físico sufrido contribuyeron a la gran depresión que mantuvo durante años. Algunos meses después le fue concedido el Premio Nobel de Literatura pero sus trastornos de salud no le permitieron viajar a Estocolmo para recibirlo.
  Su gran depresión lo lleva al suicidio el cual ocurre en l961 en su casa de habitación perdiendo así el mundo de las letras al prolífico autor de más de un centenar de relatos, una decena de novelas, cuatrocientos artículos y ensayos y hasta una obra de teatro.


*Médico pediatra  y escritor.                                                                                       

miércoles, 1 de abril de 2015

LAS QUESERAS DEL MEDIO



                           
RAFAEL  ARTEAGA ROMERO (*)

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         “Jamás se había visto un combate ni más desigual ni más glorioso para las armas de la República. El General Páez y sus compañeros  se han excedido a sí mismos haciendo mucho más de lo que debía esperarse de su valor e intrepidez”…”la proeza más extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones”
                    Boletín del Ejército Libertador, 3 de Abril de 1819 y Proclama de la misma fecha en Escritos del Libertador, Documentos 3663 y 3664, Tomo XVI

 La batalla de las Queseras del Medio (2 de Abril de 1819), constituye para los hombres de armas  un crisol de enseñanzas, pues permite demostrar la primera característica que debe poseer y poner en práctica un verdadero conductor de tropas la cual no es otra que la capacidad de poder ver y valorar el poder del enemigo, determinando los medios para vencerlo y luego concebir el plan o maniobra necesaria para vencerlo.
 De acuerdo a lo expresado por el historiador José Febres Guevara, gran estudioso de este hecho bélico, las Queseras del Medio no fue un hecho casual, sino un plan debidamente concebido por el General de División José Antonio Páez, quien sabedor de los problemas que afectaban a su ejército, pero a la vez gran conocedor  del medio ambiente llanero que lo rodeaba, decide enfrentar al todopoderoso español Pablo Morillo.
 Este gran militar ibérico, desesperado al ver que sus filas iban diezmando por los ataques continuos por parte del gran centauro llanero, decide lanzar un 2 de Abril,  un ataque con más de 1500 hombres para alcanzar y destruir las tropas de Páez. Ese dia los dos ejércitos se encontraban separados por el rio Arauca; Páez concibe la idea de sorprender a los realistas con un cuerpo de caballería, comandados por él y pide voluntarios: todos se ofrecen hasta sumar 154 hombres, excelentes lanceros y mejores jinetes.
Pasan el rio sin ser vistos y ya en la sabana arisca, se acerca al trote a las filas realistas. Morillo al distinguirlos a lo lejos, lanza su caballería con mas de 1000 hombres con el fin de envolver al poco más de un centenar de patriotas. Al acercarse unos a otros,  Páez y sus lanceros simulan huir al trote pero a su vez van acortando la carrera y disminuyendo la distancia que los separaban del enemigo. Don Eduardo Blanco escribió: “…Tres cuerpos de caballo apenas los separan. Los brazos se extienden, los sables se levantan, la sangre va a correr. Llegó el momento”…”Un grito agudo resuena de improviso dominando el estrépito. Grito que encierra una orden terrible. La de Páez: VUELVAN CARAJO …! Todos la oyen y la obedecen con la suprema rapidez del rayo”
 Morillo ve con terror como su caballería es arropada y destruida por aquellos hombres numéricamente inferiores pero superiores como soldados  y de inmediato su clarín toca a retirada.
Lo que allí paso “no tiene ejemplo en los fastos del heroísmo humano” apuntaba Blanco en su Venezuela Heroica.
   A LOS BRAVOS DEL EJERCITO DE APURE  Proclamo Simón Bolívar al premiar a esos 154 bravos con José Antonio Páez a la cabeza, con la CRUZ DE LOS LIBERTADORES.
                                                   CARACAS, 2 de Abril de 2014
                                                     A  195 de la epopeya
(*) Médico Pediatra

   

domingo, 8 de marzo de 2015

JOSÉ ANTONIO PÁEZ DIPLOMÁTICO


   Rafael Arteaga Romero *
      
                                                               
Mucho se ha escrito sobre diversas facetas que caracterizaron la vida de José Antonio Páez, pero pocas veces se ha hecho mención de las habilidades del mismo para desempeñar complejas y delicadas  funciones en el mundo diplomático.
Dejando atrás los años mozos, vividos para guerrear, se suscita un cambio radical en la mentalidad del General, convertido en un partidario férreo no de la lanza y la espada,  sino de la armonía y el entendimiento entre los militantes de las diversas tendencias políticas y también con aquellos países, con los que la naciente república por él fundada llevase relaciones a veces no muy armoniosas.  En este sentido y encarta enviada desde Nueva York a uno de sus más cercanos colaboradores, Pedro José Rojas, le ratifica su repudio a la guerra como instrumento para remediar los males de la patria. Había que, escribía Páez “cambiar las bases de la sociedad, mejorando su calidad, evitando gastar tanto dinero en ejércitos y crear pueblos industriosos con dedicación con dedicación al trabajo  y a otras costumbres de países civilizados”.
El año 1859, siendo Presidente de la República Manuel Felipe de Tovar, se presentó un serio problema diplomático debido a las pretensiones del Encargado de Negocios de España, Eduardo Romea, quien solicitó a Venezuela que aceptara indemnizar a un grupo de  70 ciudadanos españoles que alegaban haber padecido daños económicos secundarios a las acciones de guerra que ocurrían en el país. Al negarse nuestra república a tales pedimentos, Romea anuncia que las relaciones entre ambos naciones se romperían y decide abandonar el suelo patrio a bordo de la nave “Blasco de Garay” que conjuntamente con el buque de guerra “Habanero” habían ocupado el puerto de La Guaira con fines intimidatorios el 10 de septiembre de 1860.
El gobierno decide iniciar conversaciones directamente en Madrid con las autoridades locales y envía para ello con carácter de Ministro Plenipotenciario a Don Fermín Toro y al diplomático Don Mariano Palacios. Igualmente decide el Presidente Tovar, informar a los gobiernos de países amigos, las amenazas de las que ha sido objeto. Piensa designar a un funcionario especial para tratar el tema con los Estados Unidos. Sabedor de que “ninguna persona mejor que Páez había recibido en ese país demostraciones y señales de aprecio” no tarda en designarlo Ministro Plenipotenciario de Venezuela (14 Sept 1860) para realizar tales gestiones ante el gobierno del Presidente James Buchanan. Este recibe en Washington la Cartas Credenciales de Páez, quien  2 días después se entrevista con el Secretario de Estado Lewis Cass, al cual le solicita ayuda para que todo retorne a la senda pacífica de la que nunca debió salir. Ante los diligentes y buenos oficios del veterano prócer llanero, quien ya se expresaba en el  idioma inglés el propio Presidente Buchanan, diplomático de experiencia,  manifiesta rechazar todo intento de influencia europea en Hispanoamérica
Páez tuvo la habilidad de mostrar sus convincentes argumentos al entrevistarse también con el Ministro español en Washington, Gabriel García de Tessara, el cual prometió interceder ante el gobierno madrileño con tal los Estados Unidos no tomaran acciones en el caso planteado. La Cancillería venezolana a través de Páez, quiso dejar constancia de no haber pedido la mediación activa del país norteño sino solo sus buenos oficios, al igual que se les solicitó a  otros países.
Poco tiempo después de estas delicadas entrevistas, Páez se anota un triunfo como activista de la diplomacia, al aceptar España de abstenerse de todo acto hostil contra Venezuela, quedando esto plasmado en un tratado entre ambas naciones, rubricado el 12 de Agosto de 1861 en Santander.
El General había vivido una particular y singular experiencia, primera para el en esos avatares de la diplomacia internacional, abriéndole un escenario político y cultural novedoso y enriquecedor; tanto así que el Presidente venezolano Manuel Felipe de Tovar, “no solo resolvió mantener a Páez al frente de la embajada venezolana en Washington, sino que llevó con él activa correspondencia acerca de la situación anormal del país y le invitó particularmente a restituirse al seno de la patria…” (F. González Guinán, Hist. Contempor. de Vzla, tomo 7, 210).
Para Enero de 1861 y ante la buena evolución de las conversaciones en la capital ibérica, que hacían ya innecesaria la continuidad de Páez en la misión diplomática asignada al mismo, este decide presentar renuncia a su cargo ante la cancillería venezolana, regresando al país el 14 de marzo de 1861. Caracas toda le brindó una merecida bienvenida y entre banderas, cohetes, lindas damas en ventanas llenas de flores y calles engalanadas, la patria agradecía la defensa territorial que una vez más, cubría de gloria al prócer de siempre, el General en Jefe José Antonio Páez
                                                   Bibliografía consultada
1)-F. González Guinán, Historia Contemporánea de Venezuela, Tomo VII.- Edit. Edime, Ccs.
2)-Funcionarios diplomáticos de Vzla, tomo III,vol7. Archiv. Ministerio de Relaciones Exte
3)-Polanco Alcántara, T..-J.A.Páez Fundador de la República. Ediciones GE, 2000
(*)Médico,historiador y  tataranieto del prócer


Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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