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lunes, 2 de julio de 2012

Premoniciones de terremotos en Caracas. Dos fechas y tres versiones.


Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
Introducción
La historia y la crónica es una disciplina que exige mucha dedicación y sacrificio, sobre todo, en la revisión de la bibliografía sobre un determinado tema; no pocas veces encontramos  diferencias y confusiones en fechas, personajes y sucesos. Esto es lo que ocurrió con los terremotos del año 1641 y 1766 en la ciudad de Caracas. No sólo en numerosas publicaciones en  la red y artículos en periódicos sino en textos de eminentes cronistas que han caído en este error y ha sido la causa de estas confusiones. La intención del presente trabajo es aclarar los sucesos de premonición de los terremotos en ambas fechas y la ubicación del personaje Saturnino.
 
Terremoto del día de San Bernabé, 11 de junio de 1641.
Esta premonición fue la primera y más importante ocurrida en Caracas. Quizás luego de la publicación en el siglo antepasado del cronista Don Arístides Rojas (1), donde confunde lo sucedido ese año de 1641 y  la premonición de Saturnino, con el terremoto de 1766.  Don Arístides ubica a Saturnino erróneamente en el suceso ocurrido en 1766, aunque relata los hechos en forma muy  amena; esto produjo que otros cronistas de renombre como Don Lucas Manzano (2) incurriera en lo mismo, y desde allí en muchas publicaciones sobre los terremotos se repitiera el error.
Entre otros autores, Enrique Bernardo Núñez (3) sí señala  la fecha correcta del terremoto de San Bernabé, así como también la historiadora  Ermila Troconis, quien relata el suceso del popular Saturnino en la fecha correcta (4).

Los hechos (5):
Vivía en Caracas, en aquella época, un loco pacífico y locuaz llamado Saturnino, a quien nadie ofendía por su carácter humilde y benévolo.
Desde muchos días antes del de San Bernabé, Saturnino recitaba por todas las calles el siguiente estribillo:

Qué triste está la ciudad
Perdida ya de su fe,
Pero destruida será
El día de San Bernabé.

Y ya en la víspera del 21 de octubre decía:

Téngolo ya de decir,
Yo no sé lo que será,
Mañana es San Bernabé,
Quien viviere lo verá.

Y echándose a cuestas una pesada piedra, subió la colina del Calvario, diciendo a cuantos encontraba que al raso iba a pasar la noche,
porque al día siguiente Caracas debía bailar como un trompo.
Rióse la población tanto de la profecía como del profeta, al cual debía después solicitar e interrogar.
Serían las cuatro y veinte minutos de la mañana de 21 de octubre de 1766, cuando la población de Caracas despierta  aterrorizada al súbito
estremecimiento que hace bambolear los edificios de la capital.
Al acto lánzanse los habitantes a la calle, y los gritos de -"Misericordia Señor"- se escuchan por todas partes. Nadie sabe qué hacer ni a donde ir, y todo inspira temor por largo tiempo, cuando al despertar la aurora se sabe que ningún edificio notable había caído, aunque casi amenazaban ruina sobre todos los templos. Dilatada fue el área de este sacudimiento que causó estragos en la región oriental de
Venezuela...
Al amanecer del 21, el loco Saturnino estaba ya en Caracas sano y salvo, después de haber pasado la noche al pie de un árbol en la colina del Calvario. Jamás este pobre se vio tan rodeado de la muchedumbre y hasta de la gente de criterio, que quería saber del loco lo que éste ignoraba y había dicho inconscientemente. Pero Saturnino se limitó a contestar, a cuantos curiosos le interrogaban, con una frase:

-¿No se lo dije yo, que algo grande iba a suceder?
Obraba así, como si fuera el hombre más cuerdo.

Terremoto del día de Santa Ursula, 21 de octubre de 1766.

Este terremoto ocurrió a las 4.30 am. Fue de proporciones tremendas. Los movimientos sísmicos continuaron por una hora. Cayeron al suelo más de la cuarta parte de las casas de Caracas y algunos templos. Pero no hubo muertos (7).
 Existen dos versiones muy parecidas en cuanto  a la premonición de este terremoto.

La primera versión (8).
Refiere que en la tarde de ese día , al ir a cerrar el sacerdote la puerta de la ermita de Nuestra Señora de las Mercedes, se le acercó una anciana y le imploró  que hiciera trasladar la imagen de la Virgen en procesión para la Catedral, porque esa noche iba a ocurrir un terremoto.
Se negaba el sacerdote a darle crédito y desde luego a complacer esa petición; cuando le argumentaba al respecto, la viejita se esfumó ante sus ojos  en un instante, sin dejar rastro. Muy impresionado relató lo ocurrido a sus superiores, quienes se resistían a creerlo. Insistió y rogó tanto que al fin se efectuó la procesión para la Catedral. Allí durante toda la noche se estuvo velando la imagen.
A las 4.20 minutos de la madrugada ocurrió el terremoto, a pesar de los grandes estragos que causó, no  había perecido ningún habitante. El Ayuntamiento de la época considero este hecho como un milagro y designó como abogada de los terremotos a la Virgen de las Mercedes.

La segunda versión
Relata Arístides Rojas (9) lo siguiente:
En los días que precedieron al gran temblor de Caracas del 21 de octubre de 1766, el padre Bello había escrito al Obispo, quien a la sazón hacía la visita pastoral de los valles de Aragua, que ordenase la traída de la Virgen de las Mercedes a la Catedral, pues abrigaba presentimientos de que algo debía suceder para el día de Santa Úrsula. Si el venerable anciano expuso al prelado las razones de sus presentimientos, es cosa que ignoramos, mas es lo cierto que el Obispo ordenó la visita de la Virgen de las Mercedes a la Catedral, donde fue recibida por grande concurrencia, como protectora de la ciudad, sin que nadie sospechara el objeto de aquella disposición...
Así que el presentimiento del padre Bello se cumplió, el desarrollo siguiente fue igual a la de la primera versión. Independientemente de cuál de las dos versiones haya sido la verdadera, lo que sí es cierto es que se predijo el terremoto.
yerena.geronimo@gmail.com
Referencias bibliográficas
1.- Arístides Rojas. Crónica de Caracas. La abogada de los terremotos. Fundarte. Alcaldía de Caracas. Caracas, 1994p 38-39.
2.- Lucas Manzano. Caracas de mil y pico. La Pastora del Padre Olegario. Editorial Cultura. Caracas.1946. p 144-145.
3.-Enrique Bernardo Núñez. La ciudad de los techos rojos. Monte Avila Editores. 1988. P 141.
4.-Ermila Troconis. Caracas. Grijalbo. 1993. p 77.
6.- Arístides Rojas. Crónica de Caracas. La abogada de los terremotos. Fundarte. Alcaldía de Caracas. Caracas, 1994p -39.
7.-Padre Ernesto Otaduy. Iglesia de la antigua Caracas. Imprenta Municipal de Caracas.1974. p 103.
8.- Graciela Schael Martínez, Estampas Caraqueñas. Concejo Municipal del Diatrito Federal.1975. p 236.
9.- Arístides Rojas. Crónica de Caracas. La abogada de los terremotos. Fundarte. Alcaldía de Caracas. Caracas, 1994p 38-39





martes, 3 de abril de 2012

La tragedia del Miércoles Santo en Caracas en los años 1902 y 1952.

Gerónimo Yerena Cabrera
En el culto del Nazareno de San Pablo, en la Basílica de Santa Teresa de nuestra ciudad capital, se recuerda, principalmente, la tragedia ocurrida el miércoles santo, de fecha 9 de abril de 1952. En muchas oportunidades se ha comentado que el único incidente conocido desde que el Nazareno de San Pablo es venerado fue ese miércoles santo, pero está muy bien documentado en algunos textos sobre crónica de Caracas, el terremoto ocurrido el miércoles santo del año 1902.

En efecto: cincuenta años atrás, ocurrió una tragedia similar, pero de menor proporciones que la del año 1952. El pueblo caraqueño a principio del siglo XX, recordaba con temor el terremoto ocurrido a las 4.42 am del día 29 de octubre de 1900, llamado de San Simón,quizás por haber sido el día anterior, el 28 de octubre el día de San Simón y lo relacionarón con este santo. En esa oportunidad se derrumbaron alrededor de 20 casas, y hubo 21 muerto y más de 50 heridos.

Esto mantenía a la población con ánimo exaltado, por tal motivo llegada la Semana Santa de 1902, el miércoles santo, los caraqueños se volcaron a hacerle rogativas al Nazareno de San Pablo. La Basílica de Santa Teresa estaba llena; cuando se celebraba la Misa Mayor, a las 9 am, de repente se escuchó un grito: “¡misericordia, temblor!”. Al parecer fue un cuadro que rodó y calló de la pared, una persona nerviosa lo confundió con un temblor; de inmediato cundió el pánico, que provocó súbitamente un tumulto, todos quisieron salir al mismo tiempo, y un minuto más tarde no quedo nadie en el templo, salvo unos cuantos heridos; no se ha precisado con exactitud el número de muertos, sí es que en verdad los hubo.

Comenta José García de La Concha en su ameno libro Reminiscencias Vida y costumbres de la vieja Caracas, lo siguiente: “En la iglesia sólo quedo el altozano alfombrado de paraguas y sombrillas, faldas y zapatos, carrieles y andaluzas e infinidad de cosas. Muchos años más tarde encontraba a una señora con la oreja partida y nos decía: Mijito, eso fue cuando el zaperoco de Santa Teresa”

Tragedia el 9 de abril de 1952, día Miércoles Santo, en Santa Teresa.

Desde la madrugada de ese día la Basílica de Santa Teresa estaba atiborrada de fieles, algunas puertas estaban clausuradas por reparaciones; Monseñor Hortensio Carrillo inició los sagrados oficios, y de repente, cerca del amanecer, se oyó una voz: “¡Fuego!”; acto seguido se desbordaron en pánico los asistentes, todos trataron, en forma brusca y desordenada, de salir por donde pudieran; con el agravante de la confusión creada por los obstáculos en algunas de las salidas. Inesperadamente la multitud milagrosamente se detuvo y comenzó a salir en forma ordena. En la tragedia hubo 49 muertos, entre ellos, 24 menores de edad, y cientos de heridos.

Este recuerdo perdura aún tristemente en todos los caraqueños de esa época, y con sus diferentes versiones se lo siguen transmitendo a sus descendiente.

yerena.geronimo@gmail.com

domingo, 12 de junio de 2011

Iglesia de las Mercedes. Callejón de la Merced. Esquina de las Mercedes. Esquina de Luneta.

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
Virgen de las Mercedes Patrona de los terremotos. Caracas: 1766 y 1900.
Primera imagen de la Virgen en llegar al Nuevo Mundo.
Callejón de la Merced.
Esquina de las Mercedes.
Esquina de Luneta.
Terremotos en Caracas, año 1766 y de 1900.


La historia del convento de la Merced data de la época del gobernador Ruy Fernández de Fuenmayor (1637 – 1644), el cual en el año 1638 patrocinó la fábrica del primer convento de la Virgen de las Mercedes y desde esa fecha la Virgen quedó como patrona de la ciudad de Caracas; reconocida por voto y juramento de ambos cabildos. Con el Gobernador vinieron de Santo Domingo los primeros mercedarios, capellanes suyos: fray Juan de Espinosa y fray Baltasar Jaque. Su llegada a Caracas coincidió con la traslación de la Catedral de Coro a Caracas.
El primer establecimiento, hospedería y oratorio, se fundó en casa de tejas donadas por el maestro de campo Juan Domingo Vásquez de Rojas. La casa estaba ubicada una cuadra más abajo hacia el oriente, de donde hoy está fundada la Divina Pastora, aproximadamente en la actual esquina de Amadores. Luego de esto, el gobernador Ruy Fernández se desposó con la hija del maestro de campo una mañana de noviembre de 1640.
La creación de este convento y la instalación de los mercedarios en nuestra Capital fue bastante accidentada, debido a que luego de la muerte del obispo Juan López Agurto de la Mata (1634 - 1637), quedó en la Iglesia de Santiago, el Licenciado Bartolomé de Navas Bacerra; pero, el cabildo eclesiástico se oponía a la fundación del nuevo convento “por la pobreza de la tierra y la escasez de diezmos”, a pesar del apoyo para tan loable obra de Ruy Fernández y del procurador de la ciudad, Gabriel Navarro Campos. Cuando llegó el nuevo Obispo: fray Mauro de Tovar (1639 - 1653), lejos de apoyar a la congregación hizo todo lo contrario, por su disputa irracional con el Gobernador y sobre todo por su carácter atrabiliario. Incluso los mercedarios después de haber terminado el mandato del gobernador Ruy Fernández en el año de 1644, tuvieron que regresar a Santo Domingo por las impertinencias de fray Mauro, volvieron a nuestro país luego de que el Obispo fuera trasladado a su nuevo obispado de Chiapas en 1653.

Se recuerda que la Virgen de la Merced, fue la primera imagen de la Virgen María que llegó al Nuevo Mundo, traída en el primer viaje de Colón; desde ahí, su gran admiración en la isla de Santo Domingo. A su llegada a América vino con la advocación de: “Virgen de la Misericordia de los Cautivos" o “Redentora de los cautivos”, la cual se remonta desde la aprobación en 1235 por el Papa Gregorio IX, como orden militar bajo el patrocinio de la "Virgen de la Misericordia de los Cautivos". Los frailes mercedarios tomaron su hábito blanco de las vestiduras que llevaba la Virgen en el momento de su aparición. Lograron liberar a miles de cristianos prisioneros. La devoción a Nuestra Señora de la Merced se extendió muy pronto por Cataluña, por toda España, Italia, Francia y, luego, en el Nuevo Mundo.
Desde el año 1631 la Virgen figuraba como abogada de los arboles de cacao en el valle de la ciudad. Luego del terremoto de San Bernabé, el 11 de junio de 1641, cuando quedó completamente destruido el convento, se trasladó en el año de 1681 al sitio que actualmente ocupa la iglesia, en un solar donado por el capitán Andrés de Pino, dos cuadras más abajo del antiguo convento; así nació el Callejón de la Merced; actualmente dejo de ser callejón y es hoy la cuadra entre las esquinas de Mercedes a Luneta.

Callejón de la Merced y esquina de las Mercedes.
Luego de la donación del solar por parte del capitán Andrés de Pino a los padres mercedarios, se comenzó a denominar el callejón que se iniciaba en esa esquina con ese nombre; el cual lo transforma en uno de los callejones más antiguo de la ciudad. Posteriormente a la esquina se le denominó: Esquina de las Mercedes.

Esquina de Luneta.
En el año de 1677, bajo el gobierno de los alcaldes gobernadores Pedro Ruiz de Arguinzones y Nuño Rodríguez de Freytes, con motivo de proteger al casco de la ciudad, se da comienzo a la construcción de lo que llamarón la “Fortaleza”. El sitio exacto, los límites, y la forma de esta construcción fue muy controvertida; hubo discrepancia entre las diferentes autoridades, los constructores y las autoridades eclesiásticas. Finalmente se inicio en la parte norte del Callejón de la Merced, donde coincidían dos muros que se cortaban formando un ángulo saliente. De allí deriva el nombre de Luneta, del francés “lunette”, nombre como se designaba este tipo de construcción. Como consecuencia de la diatriba que persistió luego del inició de la obra, se suspendió el proyecto y se demolió los muros, pero la esquina se continuó llamando Luneta, tal como el pueblo se había acostumbrado; esto lo convierte en una de las esquinas más antiguas que aún conservan su nombre original.
En esta esquina tenía su casa Juan Pedro López (1724-1787), hijo de padres canarios, y abuelo materno de Don Andrés Bello; a pesar de haber vivido ahí, la esquina que antiguamente se llamó “esquina de Juan Pedro López”, fue la esquina de Tienda Honda. López falleció en esta misma ciudad en 1787 y fue enterrado en la iglesia del convento de la Merced. En esa casa donde nació uno de los hombres más ilustre de Venezuela, recibió sus primeras clases de gramática y de latín, por los padres mercedarios.

Terremoto de 1766.
El terremoto del 21 de octubre de 1766, conocido como el terremoto de Santa Úrsula, fue un acontecimiento que influyó de una manera notoria en la devoción de todos los caraqueños hacia la Virgen de las Mercedes. A partir de esa fecha, se suma en Caracas la veneración a la Merced, como Patrona de los Terremotos; además de las ya conocidas advocaciones.
Se ha escrito diferentes versiones sobre lo acontecido en esa fecha del terremoto de 1766, con relación a la Virgen de la Merced; sobre todo, que para ese momento, la imagen se encontraba en la iglesia de la Catedral y no en su iglesia; pero, lo más importante fue el reconocimiento por parte del pueblo caraqueño a su antigua patrona, que a pesar de los estragos ocasionados por el violento sismo, especialmente en los templos, no había perecido ningún habitante. El Cabildo reconociendo en este hecho la protección de la Patrona, elegida un siglo antes como abogada del cacao, convocó otro cabildo abierto el 27 de ese mes, donde fue confirmado por todos, el voto de hace 100 años, y renovadas las promesas y ofrendas por la nueva generación. El Cabildo resolvió grabar, en una plancha de plata, la siguiente inscripción:
“A nuestra Salvadora, el 21 de octubre de 1776”. A partir de ahí se venera como Patrona de los Terremotos, y, desplazo, como tal en Caracas, a Nuestra Señora del Rosario.
En el año de 1892, el templo de Nuestra Señora de las Mercedes, fue entregado a los Padres Capuchinos, llegados a nuestro país a petición del Gobierno Nacional, con el fin de establecer las antiguas misiones.

Terremoto de 1900

La bella escultura en mármol blanco que actualmente se encuentra en el atrio del templo, ofrenda de los católicos a la patrona de Caracas como Patrona de los terremotos, se encontraba antiguamente en el sitio donde ahora se halla el monumento del Licenciado Agustín Aveledo. Esta estatua fue inaugurada a las doce de la noche del 31 de diciembre de mil novecientos, último día del siglo XIX y el primer instante del nuevo siglo. Fue colocada en el centro de la plaza, al este de la iglesia.
Este monumento recuerda a los caraqueños su devoción a la virgen como patrona de los terremotos, el cual data desde la colonia, y, que nuevamente, luego de 134 años después, volvemos a agradecerle. Bajo el antiguo pedestal se guardaron varios documentos además del acta inaugural y en la base del monumento se lee: “Los católicos de Caracas agradecidos a la Santísima Virgen de la Merced”. En ésta se hace mención del terremoto ocurrido a las cuatro horas y cuarenta y tres minutos del amanecer del 29 de octubre de mil novecientos; señala además, los daños ocurridos en Caracas ese día, incluso a otros templos de la ciudad.
Todo el día 29 estuvo temblando con intermitencias; esto obligó a las familias de Caracas hacer barracas en las plazas y en lugares abiertos y a vivir en comunidad ricos y pobres como buenos hermanos. El sacudimiento de las siete de la noche fue el más fuerte, que ya muchos creían en el fin del mundo.
Los capuchinos de las Mercedes sacaron a Nuestra Señora en procesión, y como se calmaran desde ese instante los sacudimientos sísmicos, llovieron las rogativas y se le ratificó una vez más a Nuestra Señera de las Mercedes el título de Abogada de los Terremotos. Por una merced singular, no se sabe si por milagro o prodigio, este Santo templo de la Merced y la casa misión de los frailes menores capuchinos de San Francisco, situada en el mismo lugar, no sufrieron ningún daño.

yerena.geronimo@gmail.com

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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