Mostrando entradas con la etiqueta Personajes extranjeros destacados en el país. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Personajes extranjeros destacados en el país. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de septiembre de 2015

BELLERMAN EN MARACAY Y EL CASTAÑO

  Oldman Botello*

Image result for Ferdinand Bellerman

  (A Jeannette Gross Waldhof, su paisana de Hamburgo)    Ferdinand Bellerman fue un destacado pintor y naturalista alemán nacido en Erfust hace 201 años, el 14 de marzo de 1814 y falleció en Berlín el 11 de agosto de 1899, antes de morir el Siglo de las Luces; en 1842-1845 permaneció en Venezuela; dominaba hasta cierto punto el castellano y en su Diario venezolano, que publicó hace algunos años la Galería de Arte Nacional, describe esos momentos en el país que le permitió recorrer desde Oriente hasta Occidente y los Andes, así como parte de la Guayana y en esas vivencias están la veces que lo asaltaron, cuando les robaron a él y sus ayudantes su equipaje, el temor a encontrarse con los jaguares, cruzar ríos y pantanos y otras anécdotas que vierte con su particular manera directa de decir las cosas en el citado diario, además de dibujar y pintar paisajes, la flora y personajes populares de todo el país.
  Lo interesante es que Bellerman estuvo en Aragua y dejó pinturas y dibujos de Maracay, Turmero, San Mateo, La Victoria, El Consejo, Las Cocuizas, en el viejo camino de Caracas por la serranía arriba del Tuy, la Colonia Tovar, donde permaneció varias semanas compañando a Agustín Codazzi.
   Las referencias de Bellerman sobre Maracay reflejan al pequeño pueblo que entonces era, su vieja iglesia de campanario más corto y que fue elevado en 1919 luego de la muerte del coronel Alí Gómez y cuyo dibujo impresiona, ubicado el pintor para su trabajo en la actual calle Mariño, mirando al norte.
   Cuando arribó a Maracay provenía de Valencia y dice que para entrar al pueblo debía cruzarse un puente primoroso, que debió ser el puente sobre el río El Limón en Tapatapa o el puente sobre el río Güey. Era el 17 de febrero de 1844, a las tres de la tarde, en pleno carnaval por lo que uno de sus compañeros recibió su bautismo con agua. Subió al cerro de El Calvario para apreciar la ciudad y el lejano lago. Ciudad “muy placentera, ordenada y linda”, la piropea.  Partió al siguiente día hacia San Mateo, pasando por Turmero y el Samán de Güere.
    El 7 de marzo siguiente regresó a Maracay acompañado del señor Schael, cuñado del señor Vollmer, dueño de El Palmar, porque se mostraron interesados en subir hasta El Castaño y Ojo de Agua, al pie de la cuesta que sigue a Choroní. Al día siguiente emprendieron la subida y vio los saltos a los que llamaban ojo de agua (nombre que se perpetuó hasta los días que corren y hoy es un barrio cercano a Las Delicias), tiene palabras encomiásticas hacia la vegetación circundante, a los riachuelos que dan origen al río El Castaño, llamado en su curso medio río Maracay y que algunos desubicados llaman río Madre Vieja; dicho río Maracay es el que da nombre a la ciudad y al valle donde fue fundada en 1701.
    Del Ojo de Agua pasaron a la hacienda El Castaño, propiedad de la familia Michelena, a la que pertenecía el diplomático y hacendista don Santos Michelena. Dice que la hacienda “tiene grandes castaños que le dan sombra al café; los castaños, que crecieron silvestres originalmente tienen unas frondas extremadamente hermosas”. Desde la casa de la hacienda, Bellerman pudo observar a un rey zamuro, ave común en el parque nacional de hoy y que le llamó la atención por su vistoso plumaje en el cuello. Luego siguió cabalgando hasta otras haciendas cercanas a la montaña, seguramente la hacienda Palmarito, también de los Michelena, donde vio los inmensos cafetales y le llamó la atención al artista-naturalista que estaban sembradas las plantas en los lugares más escabrosos; presumía era muy difícil la recolección del fruto. Bajaron y siguieron hacia la cuesta en el camino de Choroní, gozándose con el paisaje circundante. Es una lástima que Bellerman no haya dibujado o pintado la zona que visitaba. De Maracay solo dejó la iglesia a la que nos referimos anteriormente.  
    Bellerman y sus acompalñantes regresaron a San Mateo donde permaneció varios días como huésped de Vollmer y dejó varios dibujos de San Mateo, del ingenio Bolívar, la casa de alto, personajes y hasta una pintura del lago a la distancia. Partió en 1845 a su país natal, Alemania pero dejó sus dibujos, pinturas y el interesante diario que contiene 356 páginas, traducidas del manustrito original propiedad del descendiente Peter Bellerman, por Helga Weisgarber  y Nora López.
                                                          oldmanbotello@hotmail.com
                                                       *Cronista del municipio Girardot (Aragua)

lunes, 8 de diciembre de 2014

Luis Daniel Beauperthuy reconocido como descubridor del vector de la fiebre amarilla

RECOPILADO POR LILIA CRUZ  *,**.
Mostrando Placa Beauperthuy 2.JPG

Beauperthuy publicó en mayo de 1854 en la Gaceta Oficial de Cumaná, los resultados de  observaciones realizadas durante la epidemia de fiebre amarilla ocurrida en 1853 en Cumaná  según las cuales concluía enfáticamente que dicha fiebre era provocada por "un virus vegeto-animal procedente de las materias en putrefacción, el cual era introducido en los cuerpos de la víctimas humanas, mediante los mosquitos o tipularios".
En 1856 escribió una misiva a su antiguo maestro Flourens donde le solicitaba que presentara ante la Academia de Ciencias de Paris la memoria que había realizado con sus observaciones acerca de la etiología, transmisión y terapéutica de la fiebre amarilla y del cólera. Esta memoria fue sometida a la consideración de una comisión de la Academia y reproducida en los Comptes Rengues y un resumen de la misma en L`Abeille Médicale. Sin embargo los miembros de la Academia no advirtieron que el novedoso acercamiento al problema de las fiebres mediante un origen de transmisión insectil, hasta el momento si precedentes, se trataba de un descubrimiento que solamente años más tarde sería reconocido cómo válido.
La idea de transmisión insectil de la fiebre amarilla propuesta en 1854 por Beauperthuy, solo llegó a ser una verdad científica cuando en 1900 la U.S. Yellow Fever Comisión en Cuba demostró experimentalmente que la fiebre amarilla es transmitida por el Aedes Aegypti y que el agente etiológico era un virus filterable.
En 1881 Carlos Finlay llegó a la conclusión de que la fiebre amarilla se transmitía de unas personas a otras mediante un zancudo, esto lo hizo son hacer referencia a la obras de Beauperthuy. En 1884 Luis Perna, médico cirujano del Centro Médico de Cienfuegos llevó a la comunidad médica de Cuba el planteamiento sobre la original idea al respecto que había propuesto Beauperthuy hacía treinta años y volvió al mismo comentario en 1896.
En 1907, Arístides Agramonte, un reconocido miembro de la comunidad médica de Estados Unidos e integrante de la U.S. Yellow Fever Comisión, le correspondió establecer el pionero aporte de Beauperthuy a la idea de la transmisión insectil de la enfermedad reclamando “el título de ‘abuelo’ de la teoría del mosquito en la fiebre amarilla”. En un informe publicado posteriormente en el Boston Medical Surgical Journal, Agramante indicó “tan lejos como en 1853 definitivamente vio el papel de los mosquitos en la propagación de la malaria y de la fiebre amarilla”. Igualmente el autor aclaró que “desde los artículos de Beauperthuy 1854-1870 ninguna mención se encuentra en la literatura médica, de la intervención de los insectos en la propagación de las enfermedades”.
En 1908 un editorial de The British Medical Journal explicaba porqué Beauperthuy no fue reconocido en su momento. Posteriormente, otras publicaciones francesas se hicieron eco del reconocimiento. En fechas recientes, compendios de la historia de medicina reconocen el original aporte de Beauperthuy.
 *
En el N° 8 de la rue des Francs Burgeois, en Paris, vivió Louis Daniel Beauperthuy en 1837, según la placa que está colocada en la planta alta de la edificación. Les anexo fotografías que tomé en septiembre de este año por sugerencia del Dr. Miguel Gonzalez Guerra.

Allí se le reconoce como el descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla en 1854.
1837 fue el año de su graduación de medico en la Universidad de Paris.
Beauperthuy vivió durante 29 años en Venezuela y su obra forma parte de la historia de la medicina en nuestro pais

Este mensaje surge con motivo de planteamientos realizados en la reunion del 3/12/2014 de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina a raíz de que el día internacional del medico que se celebra en los paises de habla hispana conmemora  la fecha de nacimiento de Carlos Finlay. Allí se planteó que en su lugar debería conmemorarse la fecha de nacimiento de Beauperthuy  (26 de agosto de 1807, en la Isla de Guadalupe).
 
**Información tomada de Wikipedia sobre el descubrimiento
 de Beauperthuy y los pasos que llevaron a su actual 
reconocimiento.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Un venezolano en la Segunda Guerra Mundial




"El último lancero", la historia de Ricardo Gluski
"El último lancero", la historia de Ricardo Gluski
Ricardo Gluski se despertó sobresaltado la madrugada del primero de septiembre de 1939. Un ruido atronador, cuya naturaleza no pudo precisar al principio, había interrumpido su descanso en forma abrupta. Miró el reloj y comprobó que eran las 4:45 minutos de la madrugada. Se levantó y corrió hacia la ventana desde donde vio a los stukas de la Lutwaffe que volaban muy bajo lanzando su carga mortífera sobre los aviones que se encontraban en la pista, destruyéndolos totalmente, al igual que varias de las edificaciones del Regimiento de Lanceros donde estaba asignado como teniente de la Caballería Polaca. Los cazas llegaron detrás de los bombarderos, ametrallando con precisión al personal de guardia y dejando tras de sí una larga estela de cadáveres y escombros.
La Segunda Guerra Mundial acababa de comenzar, aunque el teniente Gluski no lo percibiera así en ese momento. Un día después fue llamado por el general Zygmunt Podhoreski, comandante del Regimiento, quien le dio instrucciones de pasar la frontera alemana a través de Prusia oriental con el fin de efectuar un reconocimiento de las posiciones enemigas. Luego del saludo militar y de los necesarios consejos para un oficial bisoño le expresó:
—Teniente, acaba de ser escogido para una misión muy arriesgada. Confiamos en usted para lograr la información que necesitamos.
Gluski lo entendió y seleccionó a los hombres de más experiencia para que lo acompañaran, encaminándose hacia Gruningen, listo para entrar en acción ante el menor peligro. Era una noche de luna llena que facilitaba el acceso por el sendero que atravesaban, pero esmeró sus precauciones avanzando con mucha cautela para evitar que los alemanes los pudieran observar. Hacia las once de la noche alcanzó un campo de cultivo de papa, que conducía directamente hacia su meta y observó a un grupo de soldados enemigos acostados sobre el piso, totalmente uniformados y con sus armas al alcance de sus manos. No tuvo tiempo de ocultarse. El oficial de guardia se dio cuenta de su presencia y procedió a dar la voz de alerta lo que hizo que sus hombres se incorporaran con toda rapidez para entrar en combate. Gluski actuó entonces con gran rapidez y les lanzó una granada que causó una tremenda explosión, seguida de los gritos de dolor de los heridos. La situación era altamente complicada. No era posible llevar prisioneros y, por otra parte, en cualquier momento podían llegar refuerzos. Por lo tanto, dio la orden de retirarse de inmediato hacia el lugar donde estaban los caballos y mientras corrían las balas silbaban a su alrededor, hiriendo a uno de los soldados que lo acompañaba, pero a pesar de todo Gluski logró que la patrulla regresara a salvo.
Su comandante lo felicitó cuando escuchó el reporte que le presentó sobre las posiciones alemanas y le dijo que era de gran trascendencia para el Alto Mando Militar Polaco, ya que se pudo confirmar que las tropas enemigas habían ocupado la frontera prusiana. El resto del mes de septiembre Gluski y sus hombres combatieron valientemente contra las tropas del general alemán Hans Guderian, pero nada pudieron hacer contra sus bien adiestradas panzerdivisionen y la estrategia del blitzkrieg, a la que no estaban acostumbrados los polacos. La derrota fue total y el gobierno salió al exilio, por cuya razón Gluski tuvo que abandonar el país por la frontera de Lituania donde buscó el modo de llegar hasta Francia huyendo a través de los países bálticos y del antiguo territorio de los vikingos.
Mientras tanto los alemanes avanzaron por Bélgica e invadieron Francia destruyendo la fortificada Línea Maginot, lo que obligó a las tropas aliadas a huir masivamente hacia la Gran Bretaña embarcando las tropas por el puerto de Dunkerque. La huida fue bien ejecutada, a pesar de la inmensa presión que ejerció el ejército invasor. Los aliados lograron salvar la vida de más de doscientos mil hombres, que más tarde lucharon en la Batalla de Inglaterra, en la cual se inició el proceso de recuperación de la libertad. We shall never surrender fue el grito de guerra de Churchill y va  a ser también el  principio básico en el que se fundamentaron los soldados polacos para enfrentarse sin reservas contra los nazis en defensa de la soberanía de su pueblo. Al principio de la Guerra lucharon a caballo, lanza en ristre y con la ametralladora al hombro, pero en Inglaterra los entrenaron para luchar con armas modernas y los incorporaron a la división acorazada.
Gluski se alistó en el Escuadrón 305 como piloto de la Fuerza Aérea Polaca en el exilio, adscrito a la Royal Air Force. Durante su permanencia en Inglaterra sirvió con extraordinario valor, bajo el mando del general Hugh Dowding, con quien tuvo la satisfacción de participar en la ocupación de Alemania donde sintió la profunda alegría de saborear el triunfo de la libertad y de la justicia, así como del fin de la más terrible tiranía que haya sufrido la humanidad, pero muy pronto se enteró de los Acuerdos de Yalta, lo que colocó a su país natal bajo el mando de las huestes de Stalin.
Las múltiples acciones militares en las que participó sobre los cielos de Polonia, Francia, Italia, Inglaterra y Alemania le valieron el ascenso al rango de Capitán de Bombarderos de la Royal Air Force y la obtención de la presea Virtuti Militari por sus destacados servicios, pero a pesar del esfuerzo por acortar el tiempo de la guerra, el holocausto causó la muerte de cinco millones de polacos, incluyendo al padre y a uno de los hermanos de Gluski. Un ejemplo de lo acontecido puede ser apreciado en la estadística de la población judío-polaca que, para el inicio de la confrontación alcanzaba la cantidad de 3.500.000 personas, la cual se redujo a trescientos cincuenta luego de la hecatombe. No fue la única pesadilla del pueblo polaco: Treblinka, la esclavitud, el empobrecimiento, la pérdida de sus bienes, las masacres de Katin y de Varsovia, constituyeron horas de dolor y extrema penuria para la población. Sin embargo, Polonia tendría aún que esperar casi medio siglo para ver el nacimiento del grupo Solidaridad que, liderado por Lech Walesa, conduciría al pueblo polaco hacia la democracia y la libertad, lo que no fue posible recuperar en 1945.
Al finalizar la Guerra, Gluski tenía veintinueve años. Pensó en su futuro y comprendió que no podía volver a su país. Buscó entonces recomenzar su vida en otro lugar que le permitiera satisfacer sus sueños juveniles, para lo cual indagó sobre los países latinoamericanos y tomó la decisión de viajar a Venezuela, gracias al apoyo que le dio nuestro Consulado en Londres. Antes de salir para el destino final de su vida, averiguó todo lo que pudo sobre el lugar al cual se estaba dirigiendo. Así supo de su historia y de la posición del gobierno durante la guerra, en la que respaldó a los aliados después de Pearl Harbor. Con toda la información que recabó, no lo dudó más. Venezuela sería su nuevo país.
Viajó en barco, luego de obtener su nuevo pasaporte, en el cual le colocaron Ricardo para venezolanizar su nombre. En su nuevo país desarrolló estrategias, pero el campo de batalla era ahora de tipo civil. Concentró sus esfuerzos en conseguir trabajo, creó su propia empresa a la que llamó Candes y se casó con una linda muchacha de nombre Virginia Weilert, hija de un matrimonio norteamericano residenciado en Venezuela. En la obtención de una posición laboral lo ayudó el hecho de que dominaba cuatro idiomas a la perfección (polaco, inglés, francés y alemán) y a sus modestos conocimientos de ruso y español. Con Virginia, su esposa, levantó a sus hijos Andrés y Anita, lo que le permitió decir, en el atardecer de su vida, que se sentía satisfecho de sus logros.
Al final de su provechosa existencia escribió sus memorias, en las que sintetizó su trayecto vital, las cuales me sirvieron de base para escribir mi libro El último lancero, en el cual narro la vida de este hombre excepcional que luchó en cinco países, donde logró sobrevivir en muy duras circunstancias, aunque siempre decía que su mayor logro fue haber formado una familia en Venezuela. Su vida apasionante parece más bien una leyenda, un libro de aventuras donde el protagonista siempre se salva de una muerte segura y al final se casa con la muchacha de sus sueños. Vivió en un mundo convulsionado, en el que participó activamente, sorteando con imaginación y tino toda suerte de dificultades. El día 9 de diciembre del año 2004 se levantó muy temprano y dirigió su mirada hacia El Ávila, que se veía esplendoroso desde el balcón de su casa. Él amaba ese paisaje, que le recordaba las montañas de su lejana Polonia. La noche anterior había soñado con su hermano Eric, muerto en los primeros combates de la Segunda Guerra Mundial. Tal vez en ese momento final de su vida decidió ir a ayudarlo y murió con esa idea en su mente.



sábado, 13 de septiembre de 2014

HUMBOLDT EN AMÉRICA

Por Carlos Alarico Gómez


Alejandro de Humboldt -epónimo de la caraqueñísima universidad que con orgullo lleva su nombre- nació el 14 de septiembre de 1769 en Berlín y desde muy pequeño mostró su inquietud por el conocimiento directo del mundo que lo rodeaba. Estudió en la Escuela de Minas de Friberg y al graduarse trabajó en el departamento de Minas del Gobierno del Káiser, cargo que abandonó al morir su madre enel año 1776  ya que decidió superar su inmenso dolor llevando a cabo un proyecto de investigación científica en la América del Sur, lo que hizo en compañía del francés Aimé Bonpland 

Hacia América

En consecuencia, el 5 de junio de 1799 los dos jóvenes salieron de La Coruña  a bordo de la corbeta de guerra Pizarro y catorce días después hicieron escala en las islas Canarias  donde organizaron una expedición para subir al cráter del volcán Teide. Cumplida esa meta retomaron el rumbo hacia el Caribe, arribando a Cumaná el 16 de julio siguiente. Desde allí recorrieron la península de Araya, el valle de Caripe, la cueva del Guácharo y otros lugares del oriente venezolano, para luego partir hacia el puerto de La Guaira haciendo escala en Higuerote, donde Bonpland prefirió continuar su viaje por tierra. De su parte, Humboldt continuó rumbo a La Guaira emprendiendo el ascenso hacia Caracas por el Camino de Los Españoles. Allí se reencontró con Bonpland y juntos fueron recibidos por el gobernador y capitán general Manuel de Guevara y Vasconcelos, quien se ocupó de atenderlos.

Humboldt y Bonpland se dedicaron entonces a explorar la ciudad y el 2 de enero de 1800 ascendieron al cerro El Ávila  en compañía de Andrés Bello, con quien trabaron una grata amistad que se extendió por el tiempo. Luego visitaron Antímano y sus alrededores, siguiendo hacia los Valles del Tuy . Una vez completado ese periplo reanudaron su recorrido hacia Puerto Cabello, por una vía que les permitió conocer La Victoria, Maracay, Valencia, Las Tricheras y Puerto Cabello, donde decidieron descansar para recuperar sus fuerzas antes de seguir rumbo a los Llanos y Guayana, donde se quedaron extasiados con el Casiquiare, vía fluvial que comunica la cuenca del Orinoco con la del Amazonas. A través de ese río llegaron a San Fernando y luego visitaron San Carlos de Rio Negro para seguir hacia Angostura,Barcelona y Cumaná, donde terminaron su recorrido por el territorio de la Capitanía General de Venezuela. En esa expedición Humboldt y Bonpland se ocuparon del estudio de los recursos naturales de orden mineral, vegetal y animal, así como de la observación directa de los fenómenos físicos y de las costumbres de las diferentes etnias que integraban el territorio venezolano. Bonpland fue el encargado de recolectar las plantas, desconocidas en su mayor parte por la ciencia de la época. Fue el principal colaborador de Humboldt en la redacción de sus investigaciones posteriormente expuestas en su obra “Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente” (Monte Ávila, 1991, 2ª ed).

Segundo viaje

 En marzo de 1801 Humboldt y Bonpland regresaron a Sudamérica atracando en Cartagena de Indias, debido a una tormenta que obligó al capitán del barco a desviarse hacia ese puerto. En ese lugar entraron en contacto con el sabio José Ignacio de Pombo, quien les narró las investigaciones que estaba haciendo el sacerdote José Celestino Mutis en la "Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada" , lo que los motivó a cambiar sus planes originales y dirigirse a Bogotá. A la llegada de Humboldt a Cartagena fue atendido por el gobernador Anastasio de Zejudo, quien le escribió al virrey el 10 de abril de 1801 informándole que: “(Sic) …Rieux se me presentó ayér, y en vista delo q.e Vm. me dice le entregué su Pasaporte corriente, y saldrá luego p.a esa con el Prusiano Baron de Humboldt, á quién sin embargo de no habér órdenes aquí sobre el particular, le he permitido pase á presentarse á Vm., con respeto á la R.l orn [Real orden] que me manifestó, y por solo laqué le han permitido diferentes Gobernadores el uso desu comisión”.





                                  Santafé de Bogotá

La llegada de Humboldt a Bogotá fue exitosa, hasta el punto de que el arzobispo le envió su carroza y un séquito de más de sesenta personas montadas a caballo. El virrey Pedro de Mendinueta los invitó a su residencia campestre de Fucha, donde el padre José Celestino Mutis había mandado habilitar una casa para Humboldt cercana a la suya. El sacerdote resultó ser un científico de primer orden, que le reveló que el rey le pagaba diez mil duros anuales por la Expedición, lo que le había permitido elaborar cerca de tres mil dibujos. Humboldt se sintió feliz. Había ido a Santafé de Bogotá justamente con el propósito de comparar sus colecciones con las del padre y botánico Mutisy se mostró gratamente sorprendido de la excelencia del trabajo realizado por éste con la ayuda de sus herbolarios y pintores

Hacia el sur

Después de su productiva visita a la capital del Reino de la Nueva Granada, Humboldt cruzó el altiplano andino y llegó hasta Quito, sede de la Real Audiencia, donde fue recibido en 1802 por Juan Pío de Montúfar, marqués de Selva Alegre. Junto con él estaba su hijo Carlos, con quien el sabio alemán realizó varias ascensiones a los Andes ecuatorianos, entre ellos al Chimborazo, el nevado más alto del Ecuador. También subió al volcan Cayambe y recorrió la Sierra para recolectar plantas. Lo impresionaron sobremanera las ruinas incaicas, como el Castillo de Ingapirca en la provincia del Cañar. Realizó también una importante ascensión al volcán Pichincha, monte tutelar de Quito. En esa ocasión se alojó en la residencia palaciega de los marqueses de Selva Alegre e hizo amistad con el marqués de Maenza, quien lo atendió en su hacienda de La Ciénaga, en las cercanías del volcan Cotopaxi  y de la ciudad de Latacunga. Carlos de Montúfar llevó un diario del viaje durante todo el trayecto por América del Sur, México y Estados Unidos y viajó con Humboldt hasta París en donde se separaron debido a que el joven quiteño tenía previsto estudiar en España.



Viaje por Nueva España (México)

El 22 de marzo de 1803 Humboldt llegó a Acapulco, el puerto mexicano del Pacífico, desde donde viajó a Chilpancingo y Taxco hasta llegar a Ciudad de Mexico el 12 de abril. Humboldt logra descifrar el calendario azteca o Piedra del Sol que fue desenterrado en la Plaza Mayor y hace varias excursiones a las minas de Pachuca, Real del Monte, Morán y Guanaguato y a los alcantarillados de Huehuetoca y el 19 de septiembre de 1803 escala la cumbre del Jorullo en el estado de Michoacán. Sus relatos sobre este volcán se difunden rápidamente en Europa y atraen numerosos investigadores y turistas que deseaban experimentar lo descrito por Humboldt.
El Jorullo se convirtió entonces en el volcán más conocido entre los científicos.

El 20 de enero de 1804 el científico alemán fue a Veracruz para medir el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl. La medición de los volcanes era una evidente prioridad de su viaje, en particular el Pico de Orizabae, que tiene una gran importancia para los navegantes que se acercan a la costa mexicana. El 7 de marzo continuó hacia La Habana, adonde llegó el 19 de marzo de 1804. Las Antillas ocuparon un lugar especial en Humboldt, que las visualizó como una frontera entre las Américas y como un lazo de unión con Europa. Llegó a considerarlas como un microcosmos en el que los más disímiles fenómenos observados parecían sintetizarse y coexistir. Es considerado el "segundo descubridor" de la isla después de Colón.

Estados Unidos

Alejandro de Humboldt terminó este segundo viaje por América con una visita a Estados Unidos donde fue huésped del presidente Thomas Jefferson  al que le regaló su "Mapa de la Nueva España", que publicó posteriormente con el título "Ensayo Político de la Nueva España" (1811). En ese momento ya era considerado como un gran científico y su visita fue aprovechada por el presidente Jefferson para  sondear las ideas de su huésped acerca de los límites estadounidenses con relación a los ríos Sabina o Grande y un canal interoceánico y le ordenó al Secretario del Tesoro Albert Gallatin  hacer copias de los mapas y otros materiales del científico.

Regreso a Europa

En agosto de 1804 Humboldt regresó a París donde fue recibido por diez mil personas, que le dieron muestras de gran entusiasmo, permaneciendo en la capital de Francia hasta 1827. Humboldt y Bonpland publicaron varias obras de manera conjunta, la más importante de las cuales es el Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, escrita entre 1799-1804 y editada en París en 1807.

Uno de los hallazgos que reportan en su obra es el estudio sobre el vulcanismo y su relación con la evolución de la corteza terrestre, así como la diferencia de temperaturas del Océano Pacífico en determinadas épocas del año, especialmente las aguas frías que provienen desde el sur del continente americano en su desplazamiento hasta el norte, pasando por la costa peruana. A partir de entonces esa corriente oceánica comenzó a llamarse "Corriente Humboldt". Los aportes a la ciencia efectuados por Humboldt y Bonpland son numerosos: especies biológicas, elementos geográficos, parques y reservas naturales. Su obra bibliográfica es extensa. Humboldt es considerado el padre de la Geografía Moderna Universal y se le respeta como uno de los especialistas más importantes de todos los tiempos en el campo de la etnografía, antropología, física, asrtonomía, geografía, botánica y vulcanología. 

 Caracas, 7 de septiembre de 2014.

FUENTES CONSULTADAS

Humboldt, Alejandro/Bonpland, Aimé (1811/1941). Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. Caracas: Edic. Ministerio de Educación.

Petzold-Pernía, Hermann (1999). Semblanza sobre Alejandro de Humboldt. Caracas: Fundación Humboldt.
Wikipedia.org/Alexander_von_Humboldt (

martes, 6 de mayo de 2014

Inmigración canaria a Venezuela durante la República



Gerónimo Alberto Yerena Cabrera.


Octava Isla                           Archipielago Canario ocho islas)

La inmigración canaria a Venezuela, luego de fundada  la República por José Antonio Páez, se reinició desde la época del primer gobierno de Páez, el cual favoreció a los canarios a sabiendas de los eficientes trabajadores que eran, sobre todo en el campo venezolano, como ya lo habían demostrado en la colonia, los cuales en esa época constituyeron el grupo de avanzada en la agricultura de todo el país. Ésta se intensificó  en el gobierno de Guzmán Blanco, en sus tres períodos.
Venezuela fue el país que recibió más inmigrantes canarios en todo el mundo durante el siglo XIX, existe una infinidad de descendientes de esa notable inmigración en nuestro país durante esa época; fue seguida por Cuba, la emigración, durante ese siglo.

A principio del siglo XX hasta el año 1940, Cuba se volvió la primera nación que recibió más canarios seguida muy de cerca por Venezuela; pero, gracias a que Cuba cerró
la inmigración canaria, después de que se decretara la obligatoriedad de la preferencia a puestos de trabajo para los cubanos, volvió Venezuela a ser el segundo país de emigración canaria; aunque mantenía el primer lugar de mayor número de descendientes o nativos canarios de latinoamérica. Después de la Guerra Civil española y su desastrosa consecuencia, Venezuela fue nuevamente la primera alternativa para los isleños, acrecentándose una nueva oleada a partir del año 1952, la patria añorada de los canarios era nuestro país, !esto fue algo que no había tenido precedente en la historia de Canarias!
No hay estadística certera de la cantidad de emigrantes canarios, motivado  a que una proporción importante de ellos, antes de 1950, y algunos, después, fueron emigraciones ilegales; esto motivado, además de la situación económica y política, fue la idea fundamental de los isleños de no cumplir el servicio militar, y permanecer acá hasta cumplir los 36 años de edad, para quedar exentos del servicio militar. De ahí que hubo mucha inmigración joven en ese período, e incluso fueron ellos los que posteriormente se trajeron a sus familiares a nuestra patria en esa época.

El resultado fue que la gran mayoría no regresó, y los pocos que lo hicieron, cuando habían acumulado cierta fortuna, se llevaron además de su dinero, a muchas venezolanas y a sus hijos; además, a la arepa, la palabra mecate y sus diferentes acepciones refraneras, el joropo y otros bailes arraigados en Venezuela. Las orquestas canarias cosecharon bastante éxito animando a aquellos “venezolanos”, como llaman a los regresados, o a los que habían retornado con permiso provisional, como turistas o  a conocer a sus familiares lejanos, contagiando a los nativos de esta interesante experiencia.
Estos “venezolanos” constituyeron un circulo selecto, hasta el punto que se llegaron a organizar fiestas exclusivas para ellos. Además, como religiosos que son, la mayoría, también se llevaron a la Virgen de Coromoto.
Es por eso, y no a Cuba, que a Venezuela, aun no siendo una isla, la llaman  la “Octava isla”; mal llamada así, en forma ordinal, se le debía llamar la “Novena Isla”, motivado a que el Archipiélago Canario tiene ocho islas y no siete.
Bibliografía general
José Luis Concepción. Diccionario Enciclopédico de Canarias “Pueblo a Pueblo”.ACIC. Asociación Cultural de las Islas Canarias. La Laguna. Tenerife. Agosto, 1992.

Bandera venezolana

Bandera venezolana

Automóviles de los 40

Automóviles de los 40