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domingo, 18 de octubre de 2015

Dr. Carlos Sanda Pérez, eminente medico valenciano

Eumenes Fuguet Borregales
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Hospital Carlos Sanda. Guigue



Nace el 17 de agosto de 1869, hijo de José María Sanda Mariño y Doña Ana Teresa Pérez, a los once años, huérfano de padre, tuvo que realizar diferentes trabajos para colaborar con el sustento familiar. Pudo graduarse el 16 de agosto de 1894,  se especializó en obstetricia,  uno de sus distinguidos maestros, fue el doctor Luis Pérez Carreño, ejerció la docencia en la Universidad de Valencia, hoy Universidad de Carabobo. Trabajó en los hospitales de Caridad y de Beneficencia, y en el Asilo de Huérfanos. 
El Dr. Sanda, tuvo destacada participación, durante las epidemias que azotaron al país, y en este caso en su ciudad natal: Viruela en 1898, Peste Bubónica en 1908 y la Gripe Española en 1918. Realizó encomiable labor en beneficio de los humildes. Ocupó cargos en la Universidad de Valencia, fue el último Rector de la máxima Casa de Estudios, al momento del cierre, por disposición del presidente Cipriano Castro en 1908. Diputado por Carabobo ante el Congreso Nacional en 1936, casado con Matilde Gañango en octubre de 1907, con digna descendencia, una hembra y dos distinguidos médicos, el Dr. Sanda, ejerció la profesión durante cincuenta y seis años, falleció el 5 de diciembre de 1950. El Centro  de Salud de Guigue y una  avenida en Valencia, recuerdan su recto proceder, ejemplo y profesionalismo.
Churuguarero777@gmail.com



Historia y Tradición


domingo, 28 de junio de 2015

Casa del General Páez en Valencia


Eumenes Fuguet Borregales (*)
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El general en jefe José Antonio Páez, héroe de la batalla de Carabobo, tuvo una especial deferencia con Valencia a partir de su triunfante ingreso al lado del Libertador, luego de realizar el magno combate el 24 de junio de 1821, que le mereció el máximo ascenso en el mismo campo de batalla; adquiere en 1822 la residencia ubicada en la avenida Boyacá con calle Páez, a poca distancia de la Plaza Bolívar y de la Catedral; será la preferida de las tantas  residencias que logró poseer en Caracas, Maracay y Puerto Cabello. Entre 1822 y 1830  la vetusta edificación fue remodelada por parte de los mejores maestros de obras. Páez desarrolló numerosas actividades de índole artística, donde la sociedad valenciana acudía a escuchar sus interpretaciones como barítono y a su pareja sentimental Barbarita Nieves como soprano. “El Centauro” deleitaba a  los asiduos visitantes con el piano, violín inclusive con el violoncelo. En ocasiones presentaba obras de teatro donde algunos protagonistas fueron sus compañeros en la lucha emancipadora. Las tertulias que se realizaban con frecuencia en la residencia valenciana contaban con especial y nutrida asistencia. El conocido pintor Pedro Castillo (1790-1858), abuelo de Arturo Michelena, realiza en los pasillos nueve grandes murales de las acciones militares de alto valor histórico donde participó “el Taita”, que le describía al artista con lujo de detalles sus vivencias  épicas que lo inmortalizaron. La casona sirvió luego de cuartel de policía, donde el visitante podrá apreciar cerca del frondoso árbol de mango, un sótano utilizado como calabozo del organismo represivo en tiempos de Gómez; anteriormente estuvo destinado como depósito de alimentos; en ese lugar se exponen armas, lanzas, bayonetas, vajillas y utensilios del siglo XIX, también se observará un pequeño espacio cercano al sótano donde se  torturaba a los presidiarios, funesto lugar construido en tiempos de Gómez. Fallecido Páez en Nueva York el 6 de mayo de 1873, la casona quedó en manos de la viuda  Doña Dominga Ortíz, quien la vendió a Don José Arroyal. El 15 de mayo de 1908 el doctor Samuel Eugenio Niño, Presidente (Gobernador) del estado Carabobo por instrucciones del Gral. Gómez, compró la casona a la sucesión Arroyal por la cantidad de veinte mil bolívares, ordena los trabajos necesarios bajo la supervisión del ingeniero Francisco de Paula García, con la finalidad de tenerla lista para las festividades centenarias del 19 de abril de 1810, que una vez adelantados fue declarada Museo del estado. Al siguiente año el general José Antonio Dávila en reemplazo de Samuel Niño, continuó las labores de remodelación, designando como ingeniero inspector a Juan Antonio Michelena, padre del eximio pintor Arturo Michelena; más adelante tendrá como supervisor de los trabajos al gran artista valenciano Andrés Pérez Mujica, que al fallecer, la continuación de las obras fue encargada a la viuda experimentada escultora. Con motivo del sesquicentenario de la Gran batalla de Carabobo la Casa de Páez fue designada “Museo Histórico”, con diversos salones que denotan una época y un estilo, mencionamos: El salón Presidencial, Salón del piano, Salón de las Aguas, el Salón del Sol y de los Amigos, donde se indica la lista de los amigos del “León de Payara”, civiles y militares empezando por el Libertador; también se observan las pinturas que reflejan personajes de la mitología griega: Zeus (Padre de los Dioses), Venus Afrodita (amor y belleza), la Fragua de Vulcano.  La Casa de Páez dispone de una  importante y valiosa biblioteca denominada Dr. Francisco González Guinán. En la fachada leen algunas inscripciones tales como: “Mi amigo es  mi otro yo”, “Primero olvidarme a mí mismo que a mis amigos” y “sin virtudes non hay Patria” entre otros.  En  abril  de  1936 funcionó como Biblioteca del estado la antigua residencia fue utilizada como sede de la Escuela de Derecho “Miguel José Sanz”, de la escuela “Bellas Artes, Ballet y Música” e incluso de la circunscripción militar. Por decisión del Ejecutivo Nacional en 1960 se entregó en calidad de comodato a la Digna Sociedad Bolivariana de Venezuela- Carabobo; en dicha sede funciona igualmente la Sociedad de Amigos de Valencia. Don Luís Ovalles es el actual Curador, muy preocupado por más de treinta años por el mantenimiento y la difusión de lo que encierra esta histórica casona ubicada en el centro de la ciudad del Cabriales.
(*) Gral. de Bgda.                                                                               eumenes7@gmail.com
                                                                                                                     @eumenesfuguet

martes, 17 de febrero de 2015

Baile de la Hamaca, tradición porteña


Eumenes Fuguet Borregales
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En este año llega a la edición cuatrocientos cuarenta y cuatro,  el “Baile de la Hamaca”, tradición porteña, Patrimonio Cultural del estado Carabobo; de raíces afro caribeñas, procedente de Curazao,  incluida por primera vez  en el calendario escolar 2013-2014, Arraigada en el barrio San Millán, bajo la coordinación, preparación y ejecución del Grupo Folklórico San Millán; se realiza durante el lunes y martes de carnaval, simulando  dramatismo, durante un velatorio, donde un negro se da cuenta de la infidelidad de su mujer, precisamente con el difunto. A tal fin, se organiza el velorio, el recorrido del fallecido y su entierro. La Hamaca es preparada con retazos de tela y  monte, envueltos en una sábana, a la cual se le adhieren flores, es transportada  en un palo largo. Las mujeres visten faldas largas con llamativos colores, se colocan un pañuelo o cintas anchas en la cabeza y se pintan la cara. La danza se divide en tres episodios. Durante la media noche del  lunes de carnaval, se lleva a cabo el Velorio,  conocido como  el “Paseo o Paseillo”, con el bamboleo de la Hamaca. Los participantes tocan tambor, caracoles (guarura), charrascas y cachos, el desplazamiento, es precedido por los “mamarrachos”,  consumen bebidas espirituosas y café, aprovechan para charlar y echar cuentos. En la esquina de la Cruz, la Hamaca es colgada, le colocan velas a su alrededor. El grupo San Millán,  manifiesta su respeto a Don Viviano Pitre, curazoleño, ya fallecido, propulsor de este folklore y se comprometen a mantener la  tradición. Este episodio se realiza hasta las  cinco  de la mañana del martes. Los hamaqueros lucen camisas estampadas, rostros pintados y una especie de turbante. Antes del mediodía, llega corriendo a la multitud, una persona gritando: ¡Ya se murió! ¡Ya se murió!  Entonces  los sanmillaneros, tocan sus tambores, soplan sus cachos, y gritando, todos responden en coro: ¡Hay que enterrarla! ¡Hay que enterrarla!  Y es allí, el mediodía del martes, cuando comienza el "cortejo fúnebre", y es  lo que se conoce como el “Lloro del Muerto”. La Hamaca sale del barrio, a recorrer algunas calles. Las mujeres bailan  alrededor de ella;  simulan dramas, tal como el que ocurre, cuando uno de los hombres a garrotazos, hace caer La Hamaca donde cargan al  difunto, hecho que provoca una aparente crisis en las mujeres, quienes simulan llorar arrodilladas sobre su muerto. Esta reacción despierta celos en los hombres, quienes se enfrentan entre sí, con gran destreza, en una lucha a palos;  durante el simulacro de la pelea, donde no se maltratan, exteriorizan “Macho Yo”.  Las mujeres, invitan a  los hombres a bailar. A los no hamaqueros, no les está permitido llevar camisa, pueden participar pintados con colores vivos. La Hamaca hace un alto en la Planchita y un segundo descanso en el barrio Rancho Chico, donde la comunidad,  ofrece comidas y bebidas. A las seis de la tarde, La Hamaca  retorna a San Millán, sitio de salida, cuando  suben La Hamaca al techo de la residencia donde vivió Don Viviano;  la cubren  con aserrín, hasta el siguiente año.
Churuguarero777@gmail.com                                                                           @eumenesfuguet
Historia y Tradición

lunes, 7 de abril de 2014

NUESTRA DEUDA HISTÓRICA

Eumenes Fuguet Borregales (*)



Nuestro eximio escritor e historiador Don Arturo Uslar Pietri, por cierto de la descendencia del ilustre prócer Juan Uslar, nos dejó un axioma: “Vivir sin historia es como vivir sin memoria”. Es el estado Carabobo, el único en Venezuela en llevar nombre de batalla, precisamente la principal de las cuatrocientas noventa que se realizaron a partir de la declaración de la independencia. Importantes personajes y actividades merecen resaltarse para conocimiento de las presentes y futuras generaciones, Nuestro siempre precursor Francisco “libertad” Miranda, luego de ocupar Valencia el 13 de agosto de 1811, en la parte Noroeste de la Plaza Mayor de Valencia-hoy Plaza Bolívar, colocó por primera vez en combate terrestre la bandera nacional; acompañado del joven coronel Simón Bolívar, nuestro futuro “Libertador” y del capitán de dieciséis años Antonio José de Sucre, futuro “Gran Mariscal de Ayacucho”. Estamos en deuda colocar una gran asta y una placa que recuerde el hecho histórico que allí sucedió. La primera víctima de la independencia es el capitán Lorenzo Buroz, fallecido  el 12 de agosto de 1811, en el sector de El Morro-Valencia, cuando a las órdenes de Miranda realizaba las operaciones militares durante la ocupación de la ciudad. La casa donde Bolívar se alojó en Pto. Cabello durante siete días mientras trataba de retomar el fuerte San Felipe, desde el 30 de junio al 6 de julio de 1812, se encuentra con daños en su vieja estructura y ocupada. El sitio de Las Trincheras, se conoce más por las aguas termales que por el hecho histórico realizado el 3 de octubre de 1813, por ser el desquite ordenado por nuestro Libertador al mayor neogranadino Luciano D´Elhúyar por la muerte del prócer Atanasio Girardot en la batalla de Bárbula realizada el 30 de septiembre de ese año. Debería colocarse una Valla alusiva que refleje tan significativa acción militar. El coronel Ignacio Hernández, nacido en San Esteban, próximo a Puerto Cabello, por instrucciones del Gral. Juan José Flores también porteño, ocupó oficialmente en febrero de 1832 las islas Galápagos -Ecuador, donde leyó la proclama, izó la bandera tricolor y honró con una salva de fusilería. Una isla cercana llamada Sta. María, la bautizó “Floreana” en memoria de su coterráneo. Ecuador gracias a esa acción, limita con China, Japón y Rusia. En Mariara el 22 de julio de 1811, tuvieron su bautizo de fuego los jóvenes oficiales: coronel Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, debería colocarse una valla alusiva para conocimiento de nuestros paisanos. En Vigirima se realizó el combate de mayor duración durante la lucha emancipadora desde el 23 al 25 de noviembre de 1813; combate dirigido por nuestro Libertador; donde participaron por primera vez los jóvenes caraqueños, en esa población, debería colocarse una valla gigante para recordar esta acción. En Guacara nació el sacerdote Francisco de Ibarra (19-9-1726-19-9-1806), fue Rector de la Universidad de Caracas, Primer Obispo de Guayana y Primer Arzobispo de Venezuela. Los ilustres próceres Andrés (Edecán del Libertador) y Diego Ibarra, familiares del prelado nacieron en Guacara. En Valencia María Josefa Zabaleta, desarrolló valerosas actividades en beneficio de la independencia, verbigracia durante la defensa de la ciudad en marzo de 1814 a las órdenes del Gral. Urdaneta. En la Bat. de Carabobo combatieron veinticinco valerosas paisanas, dos fallecieron. Por resolución de las Naciones Unidas en 1944, en el mundo se conmemora el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo, por la muerte de más de cien mujeres empleadas de una textilera en EE.UU, a causa de ser encerradas  e incendiada el área de trabajo por el jefe de la empresa por no mejorarle su situación laboral. Colombia conmemora el 14 de noviembre el “Día de la Mujer Colombiana” en memoria de la heroína Policarpa  “La Pola” Salavarrieta, fusilada en Bogotá en noviembre de 1817 por órdenes del jefe realista Pablo Morillo. En nuestro país con tantas mujeres destacadas en: la lucha emancipadora, en las artes, letras, música, deporte y cultura, bien merecen que se declare el “Día de la Mujer Venezolana”. La Estatua de la Libertad instalada en 1895 en Valencia, centenario del Gral. Sucre, conocida como “La peregrina”, por estar colocada en varios sitios de la ciudad;  espera en un depósito de la Alcaldía para ser colocada en sitio un visible… “La historia pide que nosotros hagamos historia”.

(*) Gral. de Bgda.                                                           churuguarero777@gmail.com

@eumenesfuguet





Historia y Tradición


lunes, 24 de junio de 2013

Torbellino come hombres. (Batalla de Carabobo).


CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ*

Hoy se conmemora el 192 aniversario de la batalla que sella la Independencia 

"Un llanero, un pardo, un mantuano y un negro, protagonistas de la épica: el policlasismo, la integración de la sociedad en la lucha de independencia" 

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Cuadro de Tovar sobre la Batalla de Carabobo 

A partir del legendario Sun Tzu se sabe que si una batalla se gana militarmente, la guerra se gana en la política. Y no por el sarcasmo de Aquiles, -"en la guerra los jóvenes mueren y los viejos negocian"-, amargado porque el rey Agamenón le había secuestrado a Criseda. En el torbellino come hombres triunfa quien neutraliza fuerzas adversas, desarma alianzas enemigas y las reubica en sus filas. Es tan inmortal la frase de Von Clausewitz, como el retruécano con el que Mao voltea su sentido cuando escribe "la política es la prolongación de la guerra por otros medios". Y ésta se gana o se pierde por decisiones no militares. Carabobo es la batalla final que decide la Guerra de Independencia y la suerte de Latinoamérica. Y ocurre cuando Simón Bolívar supera los errores políticos desde 1810 y cuaja una estrategia de desarticular las fuerzas enemigas.

Toma la sartén bélica por el mango político, pone las condiciones a su favor y, para rematar, el 24 de junio mete a los realistas en una trampa táctica. Soublette ordena a Bermúdez tomar Caracas y así mantener contingentes realistas ocupados en escaramuzas de Antímano a Petare, como estuvieron desde el 13 de mayo hasta el 23 de junio, el día antes del destino final. Una brillante maniobra de distracción. Ese 23 de junio que Bermúdez derrotado huye hacia oriente, Bolívar ya tenía listas tres Divisiones con 6500 hombres en Tinaquillo para lanzar el zarpazo terminante. La batalla produjo pocas bajas patriotas en una hora que duró: "Nuestra pérdida no es sino dolorosa. Apenas doscientos muertos y heridos", exclamó Bolívar victorioso, exultante.

La nueva estrategia

Desde el empalagoso Eduardo Blanco hasta el casi administrativo Briceño Méndez han relatado incluso los más nimios aspectos de la batalla, para poder hoy analizar por qué, después de 11 años de sangre y derrotas, fracasos heroicos, experimentos criminales, al fin triunfa la Independencia. La llamada Primera República de 1811 (Bolívar hablaba de "etapas de la República") cae al embate de apenas 300 soldados de Monteverde, pero a los que apoyaba más de 70% de la población, pardos, negros e indios. Se inclinaban a los españoles que les habían tendido la mano y no a los blancos criollos que los mantenían en opresión y esclavitud. Luego la Segunda República de 1814 nace manchada por la Guerra a Muerte. Más de la mitad de las tropas realistas eran venezolanos que no desertaron pese el terror del Decreto. Y los espantosos excesos patriotas, lejos de ganarlos, los mantuvieron a distancia.

Cuando entran a Caracas en 1813 la más feroz resistencia es de los esclavos. Boves con su ejército de pardos derrota en La Puerta (1814) a Bolívar y Mariño. Se vengaban de la Ordenanza de Llanos, entre otras (1811) que sancionaba con azotes a cualquier llanero que no tuviera empleo en una finca. El asturiano les ofrecía tierras y sobre todo venganza, canales para su odio.

De enorme significación analítica, quiénes fueron los comandantes de las tres divisiones y otros dramas de Carabobo. El General José Antonio Páez (hoy llamado "traidor" por algún desquiciado) al mando de la Primera División, analfabeta, de valor legendario, caudillo de los llaneros semisalvajes que "montaban desnudos" según O'Leary, "vivían y morían como... quienes no les cupo otro destino que luchar contra los elementos y las fieras" (Páez).

Llaneros galopaban desnudos

La Segunda División en manos del General Manuel Cedeño. Pardo de sangre y uno de los hombres de mayor confianza del Libertador, como para encomendarle detener a Manuel Piar en vías de fusilarlo en Angostura. Al no poder entrar en liza con sus hombres, Cedeño se arrojó solo contra las filas enemigas y consiguió un tiro en la cabeza. Igual la muerte del jefe de la Tercera División, el Coronel Ambrosio Plaza, hijo de la más selecta oligarquía, que también se lanza íngrimo al combate y cae. Y una de las muertes más gloriosas, la de Pedro Camejo, Negro Primero cuya anécdota final no es necesario repetir. Un llanero, un pardo, un mantuano y un negro, protagonistas de la épica: el policlasismo, la integración de la sociedad en la lucha de independencia

¿Cómo sustrajeron la base popular plebeya a los realistas?¿Cómo arrebataron el pueblo para producir la alianza victoriosa? Había que vencer las resistencias de clase y de "raza". Bolívar se estrelló sistemáticamente mientras los patriotas execraron determinados grupos y privilegiaron el mantuanaje. Pero desde 1815 presiona el ingreso de pardos al ejército, a lo que ayudó la "españolización" de la guerra por Morillo con su expedición de 10.000 peninsulares. En 1819 en el Congreso de Angostura, se lanza contra... "La atroz e impía esclavitud que cubría con su negro manto la tierra de Venezuela".

Y factor decisivo fue la incorporación de Páez, cuyas huestes le dan un carácter plebeyo a la lucha, lo que Boves significó para los realistas. Es la Guerra de Liberación Nacional.
*
CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ |  ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
lunes 24 de junio de 2013.

@carlosraulher

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