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miércoles, 24 de febrero de 2016

UN CAFECITO, PLISS

JESUS ALFARO GARANTÓN

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“Así es la vida ya usted ve, un cigarrito y un café” eso lo dice el coro de una conocida canción del incomparable grupo GUACO, que no necesita presentación para demostrar su calor marabino y esa melodía se me vino a la memoria cuando me senté a saborear un café cayendo en cuenta que el café es la única bebida que se puede degustar en solitario y no es mal visto. Haga la prueba, siéntese solo en la barra de un bar y pida algún trago, inmediatamente sentirá varias miradas que  se cruzaran con las suyas con un gesto de conmiseración, sus vecinos ocasionales  pensarán para sus adentros “tremendo despecho mi  hermano”. Si por casualidad pide un té o una tacita de leche caliente ya los pensamientos de sus compañeros de barra cambiarán a “humm, ….a este tipo como que se le moja la canoa”. Pero si usted pide un café, no hay problema porque esa infusión si es aceptable para ser consumida a cualquiera hora y en cualquier lugar. Es como si el café tuviera un pasaporte que diera inmunidad diplomática, con el agravante que es aceptado sin visa en cualquier país del mundo.
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Pues sí, ya sentado frente a mí café le di rienda suelta a la imaginación y comprendí que el café tiene su magia intrínseca, el café comparte con usted  la soledad y le brinda compañía, generalmente es servido a una alta temperatura y hay que esperar algo de tiempo para que el líquido se enfríe, es una dulce espera para que tengamos unos minutos para la íntima reflexión. Es increíble, pero a veces esa espera por el tonificador marroncito es el único momento en el día en que usted tiene tiempo para reencontrarse  consigo mismo. Ese negrito o marrón se convierte en una especie de psiquiatra de bolsillo, usted le cuenta sus preocupaciones y él calla y se enfría.
El café debe tomarse en taza y su presentación es clave en la degustación del preparado.  Una  taza con un asa adecuada que permita su agarre con seguridad aumenta el placer de la bebida, si el maquinista de la cafetera le dedica tiempo a adornar con diferentes tonos la espuma sobrenadante del ansiado marroncito ya ese café sube a la dignidad de sublimación.
El café es originario de la zona nororiental del continente africano, específicamente de Etiopía y cuenta la leyenda que un pastor de cabras llamado Kaldi fue el ingenuo descubridor de los efectos del rojo fruto del cafeto, cuando observó el comportamiento alocado de su rebaño después de comer las mencionadas semillas  que crecían en un matorral, sus cabras brincaban y danzaban sin cesar después de la ingesta de esas semillas. Sorprendido por la conducta de sus animales decidió llevar los frutos a un anciano sabio de su pueblo que los rechazó por ser amargos y los tiró al fuego, el aroma que se desprendió de los frutos fue tan delicioso que Kaldi los retiró del fuego, los sumergió en agua para crear, involuntariamente, la primera taza de café. De allí el café se derramó por los países árabes y se regó hasta la Europa del siglo XVI.
El café es introducido en América en el siglo XVII, principalmente en Brasil y desde allí se cuela a Venezuela por la frontera del estado Bolívar. El café se hizo un cultivo tradicional en todos los rincones de la patria. En Caracas, la siembra del café se aposentó principalmente en la Hacienda Blandín en los terrenos que hoy destina el Caracas Country Club para la práctica del golf. Mas las mejores tierras para el cultivo del café se consiguen en la serranía andina y los cafetales se adueñaron de  esa zona ya a finales del siglo 18. Nuestro país fue un gran productor de café, Venezuela llegó a ser exportador de un excelente café hasta que llegó el barbarazo y ¡¡ zuás, también se lo llevó!!. Hoy el venezolano hace colas para conseguir un medio kilito de café bachaqueado. Son las delicias que nos deja el socialismo del siglo XXI.  
El café es llamado la bebida intelectual, porque estimula y aclara las ideas y hace más viva la imaginación. Este efecto estimulante de la bebida se basa en su contenido de cafeína que actúa avivando la actividad cerebral. Laboratorios de investigación han aislado un componente genético en el ADN de los grandes tomadores de café y lo identificaron como el componente SLC6A4 que está estrechamente ligado a la serotonina, sustancia que interviene en la generación de placer a nivel cerebral. Los pobres humanos que carecen de esta famosa SLC6A4, no lograrán jamás el gustazo de experimentar las bondades de un buen café.
Los expertos en degustación del café han llegado a la conclusión que hay dos tipos de café que destacan como mejores del mundo por lo sutil de sus sabores y su delicado aroma, esto ha hecho que sus precios se hayan ido por los cielos, hablamos del BLUE MOUNTAIN JAMAICA, que como su nombre lo indica es originario de las montañas azules de Jamaica, donde su producción es muy limitada y hace que su comercialización sea muy disputada y permita subir sus precios donde solo los más escogidos puedan ser los que se deleiten con sus tesoros ocultos. El otro café que disputa la corona de mejor del mundo es el KOPI LUWAK, originario de Indonesia y es literalmente designado como “un café de mierda”.  No se ofendan con este apelativo pero este café debe su exquisitez a la extraña manera de desarrollar todo su potencial gustativo al formar  parte de los desechos fecales de la civeta, una especie de mapurite de las islas filipinas. Si los granos del Kopi son recolectados directamente de las ramas del cafeto, el café resultante no pasa de ser de una categoría regular, pero si este grano es comido por la civeta y se espera que sean medio digeridos por su mucosa intestinal encontraremos el santo grial de los degustadores del café. La producción del Kopi Luwak es mínima y los salarios de los recolectores de “la merd de mapurit” son bastante elevados, lo que encarece el producto. Tuve la oportunidad de degustar el Blue Mountain hace 4 meses, en El Corte Inglés de Preciados Madrid y en realidad mi recuerdo se reduce a que me tuve que bajar de la mula con 9 Euros por media tacita de un buen negrito. L´infusion de merd, se las dejo a los cubanos que son expertos en ese tipo degustación.
Italia, país no productor de café se ha hecho la cuna del disfrute de esta bebida y eso reafirma a los italianos en el Top Ten de los hedonistas del siglo XXI. Las mejores máquinas de preparar café se producen en Milán. Hasta se ha creado una nueva profesión, el barista, que es la persona que se especializa en preparar y servir las mejores infusiones de café. Ya en Venezuela hay escuelas para la formación de baristas. 
Disfrutar de un buen café tiene su ritual. Según los conocedores, un buen espresso tiene una espuma de color dorado avellana de al menos 3 milímetros de espesor y permanece en la superficie de la taza por al menos 30 segundos después de agregarle una cucharadita de azúcar. Preparar un buen espresso es puro arte. No sólo se requiere tener una máquina de calidad, sino también la destreza y conocimientos del barista, el artista a cargo de la preparación del café. Definitivamente, saborear ese espresso aromático y grueso,  es estar un paso más cerca de la felicidad. Caramba!!! si seguimos en esta onda estoy a punto de abandonar la computadora y salir a tomarme un marroncito bien resuelto.
El venezolano es difícil de entender, nadie como él para buscar alternativas ante las dificultades, elegir un buen café es casi como la definición de nuestra personalidad y la mejor prueba de ello es que cuando varios amigos se encuentran para compartir un buen café, cada uno hará su petición distintiva. La publicación Esnobismo Gourmet, publicó en 2012 las 11 maneras de degustar un café venezolano. Así como Francia se da el lujo de tener más tipos de queso que días del año, nosotros los criollos nos permitimos de pedir hasta 11 variantes de cafés y aquí va su listado:
1-. CAFÉ CERRERO, servido con gran concentración de café y sin ningún endulzante, especialmente requerido para combatir el ratón.
2-. CAFÉ NEGRO o NEGRO CORTO, algo menos concentrado pero endulzado, bueno para el despertar matutino.
3-. ENVENENADO o CARAJILLO, adicionado con ron o brandy, utilizado  en reuniones de hombres.
4-. GUAYOYO, ya es un café mas aguado y no requiere tanta azúcar como el negrito.
5-. GUARAPO, es un guayoyo endulzado con papelón.
6-. MARRÓN, ya conlleva un agregado, la leche y su cantidad establece variantes. No debe confundirse con el capuccino italiano, porque el marrón no lleva espuma.
7-. MARRÓN CLARO, la proporción de leche llega a ser del 70% de la mezcla.
8-. MARRÓN OSCURO, la proporción se invierte, un 70% es café.
9-. CAFÉ CON LECHE, el clásico desayuno, hasta un 80 % es leche
10-. TETERO, es leche con un pequeño toque de café.
11-. CORTADO, café negro con un pequeño rasguño de leche que corta su superficie.  
Si a esto le añadimos las últimas indicaciones de la temperatura deseada, tales como ”el mío bien caliente” o “que me queme los dedos” y el indescifrable “ni tan frio, ni calientísimo, más bien tibiezón” allí llegamos a la cima de los epicúreos. La variante en la preparación y la degustación del café se hace infinita. Admitamos que nuestra cultura cafetera tiene prosapia porque tener tantas escogencias solo se admite en un país donde el café es el centro de mesa donde se tejen las amistades
Hace unos años escribí unas líneas donde me sorprendía por el costo de un café en la barra, en esa ocasión me parecía increíble que yo pagara por un marroncito la misma cantidad que pagué por la adquisición de mi primer carro después de graduarme de médico, para ese entonces el café costaba 17.50 bolívares fuertes, unos 17.500 bolívares de plata que fue el costo del flamante automóvil deportivo que compré. Hoy, dos años después el mismo café y en el mismo sitio cuesta 200 bolívares fuertes, 200.000 bolívares de plata, lo que costaba un buen penthouse en el año 1965. Después de leer este último párrafo y sacando cuentas de lo que es enfrentar una hiperinflación del 700 %, mis manos comenzaron a temblar y decidí  pedir UN CAFECITO, PLISS, para recobrar mi sindéresis, para estimular la esperanza y no pediré el cigarrito porque afortunadamente nunca fumé.

domingo, 11 de octubre de 2015

BREVÍSIMA HISTORIA DEL PETRÓLEO VENEZOLANO

JESÚS ALFARO GARANTÓN


José Toro Hardy, experto petrolero, escribió un artículo recientemente titulado "El petróleo, para bien o para mal", donde relata la incidencia que ha tenido el petróleo en la historia de nuestro país en los últimos 100 años y su enfoque fue tan innovador que pensé que iba a tener gran repercusión, pero no ha sido así. La correlación que establece entre los vaivenes del precio petrolero y la política venezolana la hace ver tan estrecha que pudiera darse el caso que la ruptura de una burbuja del aceite mineral en las bodegas de un súper tanquero pueda ser el desencadenante de un golpe militar planeado en Fuerte Tiuna.
Veamos las enormes coincidencias o mejor dicho las consecuencias del petróleo en nuestra política vernácula. En 1912 un joven aristócrata británico, llamado Winston Churchill, desempeñaba  el cargo de Lord del Almirantazgo , algo así como el cargo que tuvo en la revolución venezolana  la contralmirante Meléndez, quien pocos días atrás se distinguió por la frase " si amanecen para bachaquear es porque les gusta hacer colas" en clara comparación con María Antonieta y su recordado "a falta de panes, buenas son las tortas", lastima que la pobre María Antonieta perdiera su cabecita poco después. Pero no perdamos nosotros nuestro relato. Churchill en ese año ordenó cambiar todas las calderas de los barcos ingleses que eran dependientes del carbón por el novedoso uso del petróleo. Así comenzó una alocada avidez por ese combustible y los mercados del mundo se soltaron en búsqueda del oro negro. Al año siguiente en un oscuro matorral situado en la costa oriental del lago de Maracaibo, en un país que ni soñaba en el desarrollo industrial, ocurría el reventón del Zumaque. Se denomina reventón al manar espontáneo de un pozo ante la presión que ejercen los gases sobre su contenido, ese hallazgo lo realizó la compañía  Caribean Petroleum Co. filial de la Shell y Mene Grande y lo nombró  MG1 o Pozo Zumaque por hallarse en los terrenos de una hacienda que llevaba ese nombre. Allí comienza nuestra historia petrolera. En un país eminentemente agrícola, mandado por un rústico hacendado tachirense comienza a fluir el encanto de las libras esterlinas y el bello tintinear de los dólares de plata. Esos primeros sacos de dinero dieron permanencia a 20 años más de mandato gomecista.
A la muerte de Gómez en  1936, ya los vientos de guerra levantados por el nazismo alemán impregnan a Europa y la importancia de nuevas fuentes energéticas se hacen imprescindibles. Los campos petroleros de Venezuela toman cada vez más importancia y nuestro país es mimado por las grandes potencias como fuente segura del combustible de la maquinaria de guerra, Toro Hardy, dice en su artículo que un 60 % de los motores de buques, aviones y tanques aliados fueron alimentados durante la segunda querrá mundial con petróleo venezolano. Nuestro país, alejado de ese torbellino y estrenando su condición de nuevo rico vivió unos plácidos años cuarenta. Betancourt implantó el régimen de fifty-fifty, donde se picaba la cochina con las compañías petroleras.
La post guerra se vio signada por un enorme desarrollo industrial y el petróleo creció en importancia produciendo enormes beneficios para las compañías que comercializaban su uso y mucho dinero abarrotaron nuestras arcas nacionales. Unos militares decidieron que ese dinero debía ser administrados por ellos y dieron un golpe de estado, haciéndose de las riendas del poder y así tuvimos una bonanza económica como nunca antes vista que abarcó los años 50 bajo la férrea conducción de la mano militar, la dictadura de Perez Jimenez. El petróleo podía ser usado a discreción por las compañías petroleras con tal que dejaran algún dinerito para obras públicas y llenar los bolsillos de los trísoleados de turno.
Las cuatro ultimas décadas del siglo XX estuvieron marcadas por la inestabilidad de los productores de petróleo en el medio oriente y el precio del petróleo fue marcado por las dinastías sauditas que se conformaban con vivir en grandes burbujas solo soñadas en las mil y una noches con pequeñas variantes como la de Ferraris de oro puro o aviones 747 con piscinas de mármol para su uso personal. El precio del petróleo llego a los 7 dólares el barril. Mientras tanto, Venezuela vivió su sueño de democracia, gobiernos elegidos libremente con alternancia cada 5 años. Carlos Andrés nacionalizó el petróleo y PDVSA manejó toda esa catarata de millones de dólares, demasiada tentación.
Amaneció el siglo XXI y en el Medio Oriente ya comenzaron a hacerse sentir gobiernos hostiles a la política norteamericana, ya los príncipes sauditas tenían relevo, unos pata en el suelo como Gadafi y Hussein se hicieron de gobiernos en tierras productoras de petróleo y también exigían su tajada. La respuesta fue contundente, las "naciones desarrolladas" decidieron probar su arsenal bélico  y los helicópteros Tomahaw que lanzaban unos cohetes que tumban al enemigo como pelotazo de bowling. Esta inestabilidad del mercado llevó el precio del petróleo a cifras inimaginables, 120 dólares el barril. ¿Y en Venezuela que?, pues la lógica respuesta del gendarme necesario, pero en este caso con un grupo de militares resentidos y de poca monta. SE MONTÓ EL CHAVISMO, que con billetes e  irresponsabilidad hizo las delicias de un loco botarata repartidor de nuestras riquezas.
Pienso que el Imperio jugó mal esta partida y el juego se les fue momentáneamente de las manos, pero "el comandante mandó a parar", sí el Darth Vader imperial, el propio comandante Obama le dio puerta franca a una cosa que se llama FRACKING, que es algo como una bomba atómica pero en chiquito para los precios del petróleo y hoy el barril ronda los 40 dólares con ganas de bajar más, ya veníamos mal y parió la abuela, le debemos a los chinos hasta la manera de respirar. Qué desgracia. Esto es incompatible con el chavismo, un revoltillo de militarismo populista basado en la rebatiña del dinero fácil y no es que les falte el líder es que "sin rial no hay lopa". Ni con trampas, ni inventando guerras con los vecinos, ni con la Tibisay contando los votos, el madurismo puede ganar. Así que hay que prepararse para trabajar.
Se preguntarán cómo termina este cuento y el mismo Toro Hardy cierra con broche de oro su artículo con una frase propia de los cuentos de terror, EL PETRÓLEO LOS TRAJO Y EL PETRÓLEO SE LOS LLEVARA.


jueves, 27 de agosto de 2015

LUISITO. Caracas: Pequeñas Historias.

JESUS ALFARO GARANTÓN


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Recientemente mi amigo Rubén Monasterio escribió un artículo donde menciona el hernialismo como base fundamental de la vagancia o dicho en hermosas palabras italianas IL DOLCE FARE NIENTE. Esa lectura sacó de mis gastadas neuronas una vieja anécdota que ya había olvidado y que dejó una gran preocupación en mi mente de niño, siempre pensé que la Hernia era una gravísima enfermedad, hasta que mis estudios de medicina develaron el tremendo error y ya verán por qué.
De mis recuerdos de la niñez siempre salta en primer plano los sancochos domingueros en casa de unos familiares de mi mamá. Cuando era muy pequeño yo temblaba ante la palabra sancocho, porque eso implicaba servir de “punching ball” de una cofradía  de viejas solteronas que no escatimaban besos ni apurruños, ni pellizquitos en los cachetes para con este tierno servidor y siempre acompañado de las palabras “que bello está el nené”. Con el tiempo fui creciendo y disminuyeron a Dios las gracias los arrumacos; pero no así el bochinche que significaban los benditos sancochos. Era una familia de mujeres muy hacendosas y sus escasos recursos los compensaban vendiendo tortas, planchando camisas de cuello duro y hasta vendiendo el coro de lamentos en los velorios de los ricos solitarios. La bondad de esas señoras era proverbial y su sentido de la solidaridad era encomiable.
La puesta en escena de estos pantagruélicos condumios se desarrollaban en una casa de San Agustín del Norte, muy cerquita al stadium del Cervecería Caracas, donde vivían “mis tías”. La parentela era muy numerosa y  todas eran mujeres excepto un esperpento llamado Luisito, el hombre que significaba la perpetuación del apellido. La familia estaba conformada por  10 hermanas, enormes ellas y gordas también ellas, dos se habían casado y parieron como 5 hijas cada una y todo ese pantaletero giraba en torno de una adusta madre reproductora llamada desde luego Mamaíta. Tenían una costumbre de hablar muy alto y en tonos muy agudos y además lo hacían todas a la vez, el entrar en esa casa cuando estaban todas reunidas la sensación era lo más parecido a una gallera, pero con tonalidad femenina. Luisito permanecía inmune al zaperoco y guardaba siempre  parsimonioso silencio.
Los sancochos domingueros de las gordigrandes eran de novela. Comenzaban desde el día anterior, cuando escogían las gallinas a ser “beneficiadas” para darle sentido al caldo. Las desplumaban y las troceaban como era su  costumbre, desde luego esa ceremonia era acompañada de un ponche crema preparado en casa. La verdadera fiesta comenzaba muy temprano el domingo cuando tres de mis “tias” salían al mercado libre a comprar las legumbres y demás aditamentos para la preparación de la famosa sopa. Las que se quedaban en casa daban escobazos en el patio para despejar las ramas y hojas secas caídas durante la noche. Luisito a todas estas callaba y observaba.
Cuando colocaban la gigantesca olla en el fogón iba vacía y luego le iban agregando el agua, hacerlo de otra manera era imposible porque su peso era excesivo. Todas aquellas mujeres eran excelentes cocineras y cuando el agua comenzaba a hervir, empezaba el importantísimo debate sobre los condimentos y demás ingredientes que terminarían dando gusto al caldo, estas discusiones iban tomando volumen hasta llegar a los gritos que terminaban súbitamente cuando la matrona, aposentada en su sillón, emitía con voz de trueno las reglas a tener en cuenta para la preparación de “su sancocho”, esto era palabra de Dios, no admitía discusión alguna. Luisito asentía con la cabeza, reforzando las palabras de su madre, pero sin emitir sonido alguno.
Al mediodía era la llegada de los invitados y ya los primeros hervores de la olla esparcían un delicioso olor en toda la casa. A la vieja la sentaban en un sillón en medio de la sala y tomaba posesión de todo aquel bochinche, no se movía y parecía que le salieran raíces desde sus pies que la anclaban al piso de mosaico, mas esto no impedía que controlara toda la situación soltando órdenes a distancia. Los invitados eran agasajados con bebidas mientras la paila de sancocho llegaba a su punto. Luisito saludaba a todo el mundo con un lacónico HOLA.
Llegado el momento de servir la comida comenzaba el gran jaleo, de la enorme paila salían cucharones de hirviente caldo que se vertían en los platos rebozando hasta su orilla. La familia hacía honor a su tamaño y su gordura y daban cuenta de varios platos de caldo cada una. Luisito comía y callaba. Ya en los postres y el café, caía sobre todos los presentes una modorra que obligaba a la despedida para lograr una siesta reparadora de la opípara comilona. Luisito otra vez abría la boca para decir ADIOS.
Este Luisito siempre me pareció misterioso, era feo cual gárgola de Notre Dame, pero sus hermanas no escatimaban esfuerzos en rendirle honores a su belleza, siempre vestía camisas muy bien planchadas y pichirriaba decir palabras al máximo, yo le calculaba que su léxico alcanzaba unas 20 acepciones. Poseía un especial don de la anonimia, nadie le tomaba en cuenta, no “olía ni jedía” y se mimetizaba cual camaleón con los muebles de su casa. Nunca una vida fue más inútil. Las hermanas solteronas se vanagloriaban diciendo que su hermano permanecía casto y puro como el día en que nació ya que ninguna mujer era lo suficientemente adecuada para tanta perfección. Luisito permanecía en su casa y salía muy poco, en sus sesenta y tantos años de vida NUNCA TRABAJÓ. En una ocasión pregunté a sus hermanas por qué ese desapego al trabajo y la contestación en unísono coro fue: ¡¡¡POBRECITO, EL ESTÁ HERNIAO!!!

martes, 21 de julio de 2015

LA CANDIDATURA DEL MOCHO VACHIO

JESUS ALFARO GARANTÓN
  
El mundo estuvo estático hasta que en 1610 un astrónomo italiano, nacido en Pisa y de nombre Galileo Galilei, lo puso a andar diciendo su famosa frase "Eppur si muove", desde ese día el mundo gira y gira en el espacio infinito, con amores que comienzan, con amores que terminan como dice la famosa canción de Jhonny Fontana IL MONDO. El mundo y la vida dan vueltas y muchas veces pasan por la misma esquina, lo que hay que estar es mosca para darse cuenta que esa vuelta ya había pasado por la esquina donde estábamos parados.
Esta remembranza la hago porque esta semana pasada sucedió algo que me hizo retroceder varias décadas. Llego a mi consultorio un antiguo paciente a quien había operado en los años 80 y requería de mis cuidados, a pesar de que habían pasados muchos años el paciente se mantenía fiel a mis capacidades quirúrgicas.
Esta historia es  necesaria relatarla desde el principio. Conocí a un personaje muy singular en condiciones muy especiales, yo era un joven cirujano plástico que trabajaba en el Hospital Pérez Carreño cuando mi presencia fue requerida en los quirófanos de emergencia para que interviniera en una operación de amputación de una pierna. Se trataba de un joven que había recibido varias heridas por armas de fuego en un enfrentamiento con la policía.  Me uní al grupo de cirujanos vasculares periféricos y traumatólogos que intentaron salvar la extremidad de un muchacho y decidieron ya incapacitados en que había que efectuar una amputación. Esta decisión es una derrota para todo el equipo quirúrgico, pero hay casos en que no queda otra alternativa. La intervención se realizó sin contratiempos y nos fuimos a dormir. Al día siguiente apareció el amputado en una de las camas de mi servicio quirúrgico. Allí comenzó una extraña relación médico-paciente, la afinidad de Gervasio González con su médico pana, el cirujano que le había salvado la vida, según palabras del paciente.  El muchacho estuvo algunas semanas hospitalizado y durante ese periodo me contó  mucho de su vida que no era más que una historia de amor y dolor como el de las telenovelas, salvo que en este caso era total realidad. Era la historia de miles de venezolanos que la vida los llevo por los destinos de la maldad, la razón era haber nacido en unos de los miles de ranchos que coronan nuestra ciudad capital. Fue el quinto hijo de una madre soltera que ya tenía 4 vástagos de padres distintos, ninguno de esos “hechores” se sintió responsable de velar por el bienestar de su hijo, de modo tal que los muchachos crecieron dando tumbos del timbo al tambo. Gervasio se hizo hombre a los 10 años, cuando mató a un policía en un atraco a la panadería. Allí comenzó su carrera delincuencial, su primer hijo le nació a los 14 y a los 17 ya tenía una moto y era conocido como EL CHAMO VACHIO, vivía con su jeva de 15 que estaba en su sexto mes de gestación, era especialista en robar joyerías del este de la ciudad y las joyas que sustraía las llevaba a un apartamento del 23, donde una señora que tenía un horno de fundición en su propia casa las convertía en pequeños lingotes de oro en cosa de minutos, así desaparecía rápidamente cualquiera evidencia. Eso me decía el chamo y yo asombrado lo oía en silencio. Yo intentaba buscarle la lengua y él me desmadejaba el rollo de su vida. Pasaron los días y el muchacho mejoró y fue dado de alta. Salió Gervasio contento y dando saltitos en su única pierna, listo para abrazarse nuevamente con la vida.
Meses después, estando en Margarita lo encontré en la piscina del Hotel Bellavista en Porlamar, cuando me mandó una ronda de cocteles de Piña Colada. Sorprendido me acerqué a él y en broma le pregunté si pensaba tirar algún atraquito en la isla y rápidamente me contestó: "nada de eso dóctor, yo estoy de vacaciones, además la jeva y la niñita se respetan". Me despedí no sin antes oír esta frase: “tranquilo mi galeno, que yo soy su pana, cualquier rollo yo se lo desenrrollo”. Pasaron los años y le perdí la senda a Gervasio.
El mundo siguió girando y girando, cuando el mes pasado y repentinamente el destino me puso al frente otra vez al famoso Vachio, entró a mi consultorio cargado en hombros de amigos porque tenía una fea herida en el muñón de su pierna mocha, su razonamiento era muy claro, si yo le había salvado la pierna, yo debía volver a salvarla en esta ocasión. Otra vez en quirófano volví a rotarle un colgajo muscular con singular éxito y en los días posteriores de su recuperación volvieron a aparecer las interesantes tertulias medico/paciente, en este caso cuentos de Jesús/Vachio, me contó haber perdido facultades y con la pérdida de su pierna también le cambiaron el nombre por la de EL MOCHO VACHIO, ahora ya pintando canas pasaba sus días  en los alrededores de la Plaza de La India, en La Vega, donde formaba parte de las milicias bolivarianas y se ganaba su sustento matraqueando a las mujeres que hacían horas de cola para comprar productos regulados en los Abastos Bicentenarios de la redoma.
Cansado de la rutina el mocho pensaba en un futuro mejor mientras libaba una botella de ron en una mesa de amigos, cuando llegó a la conclusión que el dinero estaba en la política. Si, LA POLITICA, ellos fieles militantes del proceso servían de carne de cañón mientras las grandes tajadas se las repartían los pesados, los que hablaban por micrófonos y tenían guarda espaldas. Eso estaba listo, había que montar un comando de campaña con los malandros que le acompañaban, conseguir un micrófono y ofrecer alguna prebenda, lo demás era darle a la sin hueso y puro bla blá. Quedaba un pequeño problema, ¿Cómo harían para reunir a la gente? La solución vino pronto, uno de los presentes manejaba un camión de PDVAL y todos los lunes lo llenaba de pollos congelados para distribuirlo en los Mercales. Dijo suave, basta con “desviar” la ruta del camión, llevarlo a un cruce de calles en La Vega arriba y ofrecer los pollos brasileños a precios solidarios en medio de la calle, eso sí a nombre del MOCHO VACHIO, PRECANDIDATO A LA ASAMBLEA NACIONAL y así comenzó la vida política de mi paciente.
El día del acto proselitista, el plan se llevó a efecto con la precisión de un reloj, pararon el camión cava en el cruce más importante, resonó el equipo de sonido que pidieron prestado y se desplegaron dos pancartas hechas con una sábana rota donde se leía EL MOCHO VACHIO P´A LA ASAMBLEA y la otra UH, AH EL MOCHO NO SE VA. Las mujeres acostumbradas a las colas, pronto comenzaron a arremolinarse alrededor del camión y comenzó la rebatiña. El mocho se montó en el techo de la cava y revoloteaba una bandera nacional y la multitud rugía: ¡¡Mocho, Mocho, Mocho!! Todo estaba saliendo como lo habían planeado, pero la alegría dura poco en la casa del pobre. El pollo se estaba acabando y la cola de coléricas mujeres empezó a agitarse, así comenzó el desastre. Tanta espera y con ese solazo en las sienes para nada, eso era una estafa, comenzaron los gritos y las amenazas, el Mocho intentaba hablar, pero nadie oía, una señora que había agarrado su pollo se dio cuenta que este destilaba un líquido nauseabundo y el color de su carne era entre verde y morado, los pollos nacidos en Sao Paulo y sacrificados hace 8 meses, reclamaban su sagrado derecho a podrirse en paz. La señora furiosa lanzó su pollo cual proyectil misilístico contra el candidato con tan buena puntería que le dio en medio del pecho e hizo que perdiera la verticalidad y se viniera estrepitosamente al suelo, esa fue la razón de la herida en el muñón de la pierna de mi paciente. El Mocho y sus amigos se refugiaron en la cabina del camión y bajo la premisa de “pescuezo no retoña” enfilaron el vehículo calle abajo y desaparecieron a gran velocidad. El Mocho vio por el retrovisor que las pancartas fueron incendiadas y lo último que leyó fue P´A LA ASAMBLEA. Ese fue el final de la carrera política de Gervasio.
Cuando terminó su narración, vi que unas lágrimas corrieron por las mejillas del Vachio y abrazándolo le dije cual Quijote errante: MAL ESTAN LAS COSAS SANCHO CUANDO VEAIS A LOS CIERVOS CORRER TRAS LOS PERROS.

domingo, 7 de junio de 2015

FEDERICO EL POETA. UNA CRONICA DE AMORES IMPOSIBLES

JESUS ALFARO GARANTÓN*
                     
   
El romanticismo es una corriente filosófica nacida en el siglo XVIII, como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la ilustración y el clasicismo, confiriendo prioridad a los sentimientos. Este movimiento se esparció en todos los ámbitos de la cultura. En la música se hizo muy manifiesta su influencia y se hizo patente en la ópera, liderizado por el genio de Richard Wagner.
Wagner, compositor alemán, fue la estrella en su momento y eso permitió el mecenazgo de parte de las grandes fortunas del momento. El músico famoso por sus composiciones operáticas, fue además gran picaflor en las cortes europeas, es conocida su aventura romántica con la esposa de uno de sus benefactores, quien le había dado acogida en su casa. El músico mantuvo un amor imposible con Matilde Wessendoch, dama de alta alcurnia, casada con el banquero Otto Wessendoch, quien desembolsaba grandes cantidades de dinero para satisfacer los caprichos del artista. No se sabe si hubo alguna cercanía entre el músico y la dama pero Wagner se enamoró perdidamente sin ser correspondido. Escribió en honor a Matilde los Wessendoch Lieder y luego creó la ópera Tristán e Isolda, donde pone en escena el sufrimiento de un amor no correspondido, su biografía con fondo musical. Matilde nunca quiso asistir a la ópera y solo después de la muerte del músico, se permitió ir a una representación y a la salida comento lacónicamente "Isolda soy yo".
Salvador Dalí, gran aficionado a la música wagneriana, fabricó su propio martirio de amor y estableció una barrera que le separara de su amada Gala, le compró un castillo en Pújol, localidad cercana a su casa en Figueras y le propuso una condición, que él solo la visitaría si ella lo invitaba por escrito. Una locura más de ese genio de las artes, que recreó su propio personaje de Tristán.
Gala era la esposa del poeta Paul Eluard, quien una vez invito a Dalí a su casa, cuando el pintor tocó la puerta, Gala fue a abrirla personalmente, el pintor quedó tan impactado con su presencia que inmediatamente le ofreció matrimonio y esa misma noche ella abandonó su lecho conyugal para entregarse al genio y a su locura. Me pregunto: ¿como habrá quedado el poeta Paul Eluard? Cosas del romanticismo. Esta misma escena de repetirse en Caricuao o en el 23 de Enero, tendría un desenlace algo diferente, seguramente alguien amanecería con un mosquero en la boca. ¿Será cosa del cambio climático? O simplemente obedece a nuestro ardor tropical?
Todo esto me lo enseñó mi amigo el poeta Federico y bien que le quedaba el nombre, porque era bien "federico", ciertamente,  su principal característica física era la fealdad, pero tenía un alma hermosa como pocas. Era sumamente delgado, pequeño de estatura, de hombros enjutos y con unos lentes que hacían ver sus pupilas como espirales, si se quitaba los lentes tenía que tantear para caminar, era una miopía caminante o un caminante sin rumbo. Su pasión por la literatura lo llevaron a devorar miles de libros y acumulaba ese conocimiento en una memoria prodigiosa. Fue mi compañero en el bachillerato y nos unió una gran amistad a pesar de ser polos opuestos o mejor dicho quizás polos complementarios. En literatura yo era un ignaro, pero en sociabilidad yo era un maestro, cosa que adolecía mi amigo el poeta. Yo repetía lo aprendido con el poeta en las rondas de amigos y ganaba fama de sabio y Federico se pegaba a mí para vencer su timidez y lograr colearse en las fiestas de las quinceañeras. Fue una buena simbiosis, cada uno se nutría del otro.
Federico era muy callado y hasta huraño, pero tenía una virtud, siempre se enamoraba de la más bella y creo que esa fue su desgracia. No podía ver a una muchacha linda sin caer irremediablemente enamorado a sus pies, claro está, todas le dijeron que no y esa fue la llama de su desamor. Su gran amor fue CACHI, la bella del colegio, una rubia hermosa, despampanante, de tamaño standard para el Miss Venezuela y la bandida siempre alimentaba la pasión del Fede pero sin dejar que le llegara a la primera base. Como era de esperar la CACHI se empató con el chévere del curso, ese que se las sabia todas, flojo y vago, con un copete peinado con Glostora. Su irresponsabilidad se hizo patente cuando nuestra amiga salió en estado y el chico huyó para la Florida. Federico se ofreció para remendar el capote y fue rechazado de inmediato. Como sufrió mi amigo, derramó lágrimas de sangre. Nuestra atribulada compañera se retiró de los estudios y se dedicó a ser madre soltera, sus años por venir no fueron los mejores.
Para ese entonces Federico ya estaba al borde del colapso, inventó un amor imposible alrededor de la CACHI que lo llevaron al desvarío. Desesperado abandonó el país y se fue más allá de más nunca, para intentar poner una barrera de distancia a su pasión amorosa, dio con sus huesos a Nueva York donde se hunde en los más disímiles trabajos hasta lograr al fin un puesto de camarero en una línea de cruceros de lujo y logra así transformar su ostracismo en un exilio dorado. Federico perdió todo contacto con su tierra natal. El poeta se perdió en el tiempo.

Veinte años después una llamada telefónica imprevista, solo dice: Jesús, es el vate y rompió a llorar, otra vez mi poeta caía en crisis existencial. Después de tanto tiempo aun quiere volver a ver a su amada imposible. Hice vanos esfuerzos por disuadirlo, han pasado muchos años y el tiempo no solo deja su huella en la piel, sino que es capaz de modificar las mentes.
La CACHI, ya no es la delicada rubiecita de nuestro tiempo de estudiantes, sino que sus malas experiencias la convirtieron en una especie de imagen de la mala suerte, ahora tiene 4 hijos y enviudó el año pasado, perdió la sonrisa y compartir más de un saludo con ella, nos lleva a lamentar por la desgracia del sino que le toca vivir a algunas personas o en pensar que también hay gente que se labra su propio barranco.
Fede se vino contra viento y marea y a pesar de mis advertencias el Dante logró conseguir una entrevista con su Beatriz, ya la Cachi no era la CACHI, se había transformado en la CACHA-lote, no menos de 40kilos de exceso se habían repartido en la cintura, las posaderas y lo que una vez fueron sus desafiantes lolas, hoy convertidas en pequeñas trompas de elefante que caían desde sus pechos hasta el ombligo.
Volví a ver a Federico varios días después, lo encontré en una cama oxidada del Hospital de Pariata. Alguien de buen corazón había encontrado mi numero entre las pertenecías del herido y me hizo una llamada telefónica. Fede tenía un enorme vendaje en la cabeza y los párpados hinchados con un color morado verdoso. Nadie sabía que había pasado, solamente había el reporte de una patrulla policial que había encontrado a una persona inconsciente tirada en las arenas de la playa La Zorra, con una tremenda herida en la cabeza y la trasladaron al hospital de emergencia. Federico tenía una palidez cadavérica y permanecía más callado que nunca, creo que se avergonzaba de verse en ese estado. Decidí llevarlo a mi casa, pensando que con el cariño y las sopitas mágicas de Maribel mi poeta lograría la recuperación. Aprovechó la soledad de la subida por la autopista para descargar todas sus emociones reprimidas, lloró hasta que se cansó y me dijo que no se permitiría que nadie más lo vieran flaquear. Me contó el desencanto de su reencuentro con el amor perdido, que esa revisión del pasado no fue más que una enorme equivocación, que la Cacha no era la CACHI con la que había soñado, que en definitiva su remisión del pasado fue una terrible tragedia. Cuando se separó de la antigua amada, estaba demasiado turbado, quiso buscar las estrellas y se fue a una playa de Catia la Mar donde 30 años atrás había caminado en una noche de luna llena, agarrado de la mano de su imposible CACHI. Quería volver a sentir la emoción del pasado y buscaba infructuosamente el brillo de lo astros, ahora opacado por las nubes de humo que soltaban las chimeneas de Tacoa, cuando de repente sintió un enorme ruido y las estrellas todas se hicieron presentes, pero eran enormes y brillantes y cambiaban de tamaño vertiginosamente, sintió un agudo dolor en la cabeza y perdió el conocimiento. Despertó cuando una enfermera le decía "tranquilo Bobby, tranquilo, que te ha subido la bilirrubina ". Al pobre Fede lo habían atracado y le dieron un estacazo en la cabeza para quitarle el reloj, el celular y unos pocos bolivaritos que llevaba en el bolsillo. Lo demás fue solo historia.
Fue un acierto llevarme a Federico a la casa, los chupes y las sopitas de cebolla acompañadas de un buen vino y la grata conversación de sobremesa, surtieron su efecto y mi amigo se recuperó sin evidentes secuelas, de recuerdo le quedó una cicatriz en la cabeza que taparía con su abundante pelo, pero las heridas del alma estaban allí, en lo más profundo de su ser y estaban al rojo vivo.
El día que Federico decidió partir lo acompañé hasta Maiquetía, iba muy callado, solo respondía con sis o nos y decidí dejarlo quieto absorto en sus pensamientos. Cuando llegó el momento del embarque se despidió de mí con un abrazo que parecía no querer soltar mi cuerpo, no dijo ni una palabra, lo vi alejarse y su figura se tornó borrosa por la marejada de lágrimas que llenaron mis ojos. Nunca más he sabido del poeta, no sé si vive, lo pienso siempre huyendo de su destino cortando las olas en su crucero de lujo y fumando un cigarrillo en las noches de luna, siempre pensando en esas mujeres bellas e imposibles, en esas reinas que enamoran con su risa.
El poeta, romántico empedernido me enseñó algo muy claro, el amor no está en las feromonas ni el Viagra, el amor se siente en un pequeño brinquito del corazón, eso que los cardiólogos llaman "una arritmia del suspiro".
*Promoción de médicos Doctor Luis Plaza Izquierdo. 
9 de agosto 1965

viernes, 6 de febrero de 2015

HISTORIAS IRREVERENTES DE LAS CALLES DE SABANA GRANDE. SEGUNDA PARTE

JESUS ALFARO GARANTON
 


 

LAS CAMINADORAS fueron clase aparte, esas son las duras de este negocio, incontrolables, inestables y problemáticas, son más peligrosas que chavistas contando votos, comenzaron en la Casanova, fueron correteadas hasta la Libertador y hoy languidecen en las cercanías de La Florida donde increíblemente ejercen su labor en horas diurnas, por aquello de la inseguridad y viéndolas se palpa de cerca los estragos de la devaluación porque parecen vacas cerreras que son "ojerosas y garrapatosas". 

Años atrás tuve que ir a la clínica, donde una persona que había sufrido un accidente requería de mis servicios, era la época en que la Avenida Libertador se convertía en el centro del comercio de la carne humana. Apenas caía la noche, las famosas caminadoras de la Libertador desplegaban  todos sus encantos para la atracción de posibles clientes, la oscuridad permitía que muchos travestis se colaran entre ellas, la pasarela colocada estratégicamente frente a la clínica, servía de magnifico vía de escape en caso de persecuciones policiales y por eso estas trabajadoras nocturnas habían elegido ese sitio para su labor. Ese día una vez cumplida mi función médica salí en búsqueda de mi carro y me encontré ante un pandemónium de gritos, carreras y rolos de policías que revoloteaban sobre mi cabeza amenazadoramente. Quedé estático, no sabía qué hacer, pronto comprendí que me encontraba en medio de una redada policial, intenté escapar cuando siento que un policía corpulento me agarra del brazo y trataba de ponerme las esposas, quedé sorprendido y no tuve tiempo de reaccionar, ya me veía en la cárcel cuando un salvador grito de los muchachos guardianes de la clínica intervinieron e hicieron saber a  los policías que yo era médico y no tenía nada que ver en aquel despelote. No dejaba de reírme y los agentes de la seguridad pública no se explicaban tal conducta, porque yo solo pensaba en la cara que pondría mi mujer cuando la llamara para que fuera en mi rescate a una  comisaría donde yo estaría rodeado de mujeres pintarrajadas y de otras no tan hembras con voz gruesa y cañones en la barba. Explicarle a mi esposa que había salido a cumplir con mi deber de médico y terminar preso en una redada de caminadoras hubiera sido harto difícil.



 

Sabana Grande comenzó a mermar con la aparición del CENTRO COMERCIAL CHACAITO, fue el primer centro comercial de la ciudad, un cambio radical en la oferta de mercancías y también en el ambiente farandulero. El Drugstore, una gringada mas donde ofrecían hot dogs gigantes y unas enormes lisas cerveceras, pero en el sótano se abrieron dos tesoros para los amantes de la vida nocturna, la discoteca Eva y el Scotch Pub y en la esquina opuesta la jai caraqueña inventó el exclusivo Le Club, un lugar súper sifrino donde había que sacar un carnet y firmar un libro de asistencia para entrar, luego del trámite burocrático y traspasada la puerta había que fruncir un poco la nariz para estar en la onda. Poco tiempo  después mudaron hacia la salida a la Solano el HIPOCAMPO, donde Renato Salani y el clarinete de su hermano Giulio nos hacían bailar las románticas canciones del festival de San Remo, fue la época de Il Mondo, de las canciones de Nicola di Bari y del inolvidable Volare de Doménico Modugno,” Nel blu dipinto di blu…”

EVA, fue la gran discoteca, sencillamente espectacular y la manejaba un francés Jacques Delsol, allí se bailaba la música disco en contorsiones que tenían mucho que ver con el estado físico de la personas era el sitio in de Caracas, allí había que ir para ver y para ser visto, si no ibas  a la Eva no estabas en nada, era un ambiente ruidoso y apretujado. El Scotch Pub, era por contrario, un lugar discreto y tranquilo donde Pat Obrien tocó el piano como nunca, lo recuerdo como una versión moderna y en  technicolor de la película " Casablanca", donde Humprey Bogart soltó su inolvidable "Play it again, Sam".

En una noche en el Eva, me encontré con un señor que intentaba hacer cabriolas con una muchacha a quien triplicaba en edad, pero ella lo doblaba en estatura, era ese tipo de chama que siempre quiso ser Miss pero no llego a clasificar para el concurso y quedan errantes en las pistas  hasta que consiguen un resuelve. El vejete era un conocido hombre de negocios que había hecho mucho dinero y se hacía sentir en todas partes exhibiéndose con muchachas jóvenes que eran su pasatiempo. Me topé con el señor en el baño y me sorprendió cuando le veía mirarse ante un espejo y con la boca abierta examinaba detenidamente su lengua, la movía de lado a lado, la subía y la bajaba, la proyectaba hacia adelante, sus movimientos eran como los de una cobra dispuesta a atacar y cuando terminó esa rutina de ejercicios lingüísticos, exclamó ! Aquí hay hombre para rato! El viejito era muy atildado y después de arreglarse la corbata sacó un frasco de Agua de Colonia Jean Marie Farina, se la restregó en la cara y me dijo: mira mijo, cuando salgas con una carajita  usa este perfume, porque las hace recordar a su abuelito y se ponen flojitas. Dicho esto, pasándose la mano por su pelo engominado salió al ruedo con su lengua en ristre listo para terminar la faena con la grandulona.



Echo de menos DON LUIS, el mejor bar que he visto en Caracas, estaba situado en Chacaíto, un poquito antes del edificio Easo y tenía su apartado especial de estacionamiento, era un sitio casi secreto, rodeado de vidrios gruesos y negros que impedían cualquier visión indiscreta, no le abrían a nadie que no fuera conocido y creo que instalaron la primera cámara de vigilancia que llego al país, uno se paraba en la puerta y esperaba el rechinar de la cerradura que permitía el  acceso. En su interior, que discreto lujo, una acogedora penumbra, unas mullidas poltronas de cuero negro y un inolvidable sonido surgido de las teclas de un piano Steinway de media cola, acariciadas por las manos mágicas del maestro Filippo. La  barra tallada en noble caoba te recibía en calma y unas palabras, casi un susurro te recibían dándote la bienvenida el magistral Renato, rey indiscutible de los cocteles y la fina atención. Eran casi parte de la decoración del local tres personajes que se daban cita  y con mucha frecuencia en la esquina más iluminada de la barra, un italiano muy bien trajeado con una pajarita casi siempre desabrochada, cordial y dado a repartir rondas de tragos a los presentes, era el exitoso constructor de Playa Grande, el viejo Tani y sus amigotes y financistas Alfredo Stelling y el Dr. Miguel Pérez Carreño. En Don Louis se servían los mejores tragos usando vasos de cristal, solo se servían dos tipos de pasa palos, asado negro cortado en pequeños trocitos y carpaccio con bizcotelas, eso sí, mínimas raciones. El sitio era para tomar uno o acaso dos tragos acompañados de la maravillosa música de Il Maestro Filippo. Que falta nos hace hoy un Don Louis, clase y elegancia a todo dar.

Si de barras oscuras  hablamos hay que mencionar un rinconcito en la Avenida Libertador con música de los 50 y 60, boleritos pegajosos de Lucho Gatica y Carmen Delia Depiní, magnifico  lugar para entonarse y decidir llevarle una serenata a la compañera de universidad a quien le "estábamos echando los perros" ¿les suena RECORDAR ES VIVIR? José Luis Pimentel fue su dueño, luego fue mi alumno y hoy es un renombrado galeno



El BULEVAR de Sabana Grande era otra cosa, ese era el centro del medio de la mitad, Sergio Dahbar en un artículo publicado esta semana en El Nacional lo define muy bien “En los años setenta Sabana Grande era una fiesta que no se apagaba nunca. Las librerías Uno, Cruz del Sur y Suma, formaban un triángulo ineludible que atraían a la bohemia nacional e internacional como un imán. Se colgaba carne cruda en una galería y se esperaba recibir reconocimiento de la crítica. La tertulia era hasta altas horas de la noche, se bebía licor como cosaco, para en la madrugada buscar cobijo en una cama ajena que ofrecía afecto y horas menguadas de sueño” Que maravilla en pocas frases condensó todo. La exposición aludida fue utilizando carne cruda y se llamó Necrofilia, fue una exposición provocadora de la gente de izquierda,en una galería llamada El Techo de la Ballena, se esperaba la llegada de la Digepol para clausurarla, pero fue la Sanidad quien la cerró debido a la putrefacción inaguantable del local. Esos artistas despistados eran algo inocentes.

En una ocasión caminaba por Sabana Grande con una amiga y nos topamos con un colombiano peludo y con una camisa al estilo de Daniel Santos, con el cual intercambiamos algunas palabras, a mí me pareció algo trivial, de haberlo sabido entonces me le hubiese guindado del cuello y me hubiese tomado un selfie para el recuerdo, porque años después supe que le había dado la mano al fenomenal GABO, UN DESCONOCIDO MAS, quien pasado los años se convertiría en Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, orgullo  de todo latinoamericano.



En la década de los setenta, Londres marcaba el ritmo de los grandes cambios, los Beatles nos obligaron no solo a oír su música, sino nos enseñaron a vestir pantalones de bota ancha y a dar preponderancia al pelo largo y bigotes. La capital británica se había convertido en la Meca de todo contestatario y era el destino de músicos, poetas, pintores, era el centro de la vida licenciosa. Las minorías de costumbres sexuales equivocadas no fueron la excepción y todo metrosexual,  gay o simple marico sentía la atracción de la City como destino final de sus aventuras. Cuando regresaban de su periplo londinense, volvían con un posgrado y hasta un PHD en mariconerías, se soltaban el moño  y pareciera que habían comprado la cerrajería de abrir los clóset. En ese entonces nos reuníamos semanalmente con un grupo de amigos alrededor de la barra de La Cibeles y nos tomábamos toda la cerveza que pudiéramos consumir mientras disfrutábamos de nuestra conversación. Uno de los asiduos era objeto de bromas por lo delicado y fino de sus intervenciones, el resto lo calificaba de gay, pero yo le tenía un especial aprecio y siempre objetaba a su favor que la delicadeza en el trato era porque había quedado huérfano desde niño y había sido criado por un trio de tías solteronas. Pero el asunto se puso color de hormigas cuando anunció su inminente viaje a Londres. Dos años después lo vi en el Gran Café mientras reía alborozado  y agarrado de manos con un catire altote que no hablaba español, me lo presentó como SU TARZÁN. Este cuento de hados no terminó bien porque poco tiempo después al catire se lo llevó por delante una gandola de 18 ruedas y mi amigo cayó en una depresión melancólica que lo condujo a una muerte temprana con una infección rebelde a tratamiento y que luego llamarían Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA).



Anécdotas de putas hay mil, pero vamos a dejarlas hasta aquí en beneficio de la moral y las buenas costumbres. Quiero dejar constancia que escribo para todo tipo de público y cuando termino un artículo se lo leo a Maribel, quien se transforma en la primera censora, es decir tengo mi Vitelio Reyes particular.



Sabana Grande ha recibido la agresión en sus entrañas cuando la perforaron para el paso del Metro, ha sufrido la gélida reconstrucción ordenada por PDVSA, ahora es un caminadero de gente presurosa que no dedica ni una mirada a las nubes, donde desaparecieron sus bellos locales para dar paso a unos cajones uniformes, donde se limitan a vender zapatos hechos en serie en lejanas fábricas chinas, sus calles fueron cubiertas con un absurdo e irregular piso de adoquines que imposibilita el caminar a alguna desprevenida dama que intente cruzarla en tacones altos y son la amenaza permanente para las rodillas de cualquier niño que ose correr en sus espacios.

 Sabana Grande ha cambiado mucho, pero apuesto por las nuevas generaciones que se encargaran de darle un nuevo matiz, seguirá siendo el corazón palpitante de la ciudad que se irá adaptando a todos los cambios por venir, es esa la razón de ser del centro  de toda urbe moderna, basta con leer crónicas como esta para seguir dando empuje en la creación de nuevas experiencias, de empezar a tejer los recuerdos del mañana. Hasta aquí mis remembranzas, adiós Sabana Grande de mis amores, Sabana Grande de mis sueños, bienvenido el futuro, porque la seguiré viviendo y bebiendo, enredándome  en sus aventuras.

  
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Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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