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sábado, 31 de mayo de 2014

LUSINCHI Y EL GOLFO DE VENEZUELA

Leandro Area Pereira*
 

(A la memoria del Coronel Alberto Contramaestre Torres)

Recurrido y recurrente es el tema de la valiente postura del recién fallecido Presidente Jaime Lusinchi frente a la atrevida decisión belicista del gobierno de Colombia de invadir territorio marítimo de Venezuela en agosto de 1987. Próximos a cumplir 27 años de esa afrenta volvemos a ella con motivo de la muerte de quien administró los destinos y desatinos del país entre 1984 y 1989,  y también porque los pueblos necesitados de recordar victorias la más de las veces militares para dar respiro al presente casi siempre ingrato y excesivo, se inventan muletas para atravesar la pesada realidad.

El apetito de Colombia por invadir territorio venezolano ha sido histórico, permanente y persistente, y constituye una política de Estado desde los tiempos en que en 1830 nos separamos de aquel sueño imposible que fue el de la Gran Colombia. Aún tibio el cadáver de Bolívar, los afanes colombianos de expansión territorial se disparan y comienza una historia, aún sin terminar, latente, que se expresa en tres fechas terribles para nuestra integridad territorial, a saber: el Laudo Español de 1891, el Laudo Suizo de 1922, y el Tratado de Límites entre Venezuela y Colombia de 1941.

Aunque con algunos escarceos en 1952, con los que se pretendía desconocer los legítimos derechos del país sobre el Archipiélago de Los Monjes, no es en verdad sino en la década de los 60 cuando reaparecen, aunque ahora marinas y sub-marinas, las ambiciones expansivas del hermano país, de agallas puestas en el Golfo de Venezuela, símbolo vital de nuestra identidad. A todas éstas las grandes potencias han puesto de moda el nuevo Derecho del Mar y se ha maximizado la importancia geo-estratégica del petróleo.

En esas circunstancias, y ya durante el gobierno de Leoni se produce un escándalo denunciado en el Congreso venezolano alrededor de los contratos otorgados por el Gobierno colombiano en áreas que Venezuela considera como propias, a empresas norteamericanas vinculadas al tema petrolero. Estas imprecisiones a la larga explican las posteriores conversaciones de Roma durante el gobierno de Caldera y las de Caraballeda en el gobierno de Luis Herrera, e incluso las derivadas de los Acuerdos de San Pedro Alejandrino en 1989, todas sin ningún resultado específico más allá de la frustración colombiana.

Virgilio Barco gana las elecciones en 1986 y nombra Canciller al Coronel Julio Londoño Paredes, quien ya había ejercido funciones en la Dirección de Fronteras durante el gobierno del Presidente López Michelsen. En Venezuela mientras tanto gobierna desde 1984, Jaime Lusinchi. Todo normal dentro de lo acostumbrado, hasta que en mayo de 1987 llega a la Cancillería venezolana una “sorpresiva” comunicación en la que se solicita, sin motivo aparente alguno, la reconstitución de una Comisión de Conciliación prevista en el Tratado de No Agresión, Conciliación, Arbitraje y Arreglo Judicial suscrito por ambos países en el lejano 1939, con lo cual se intentan dos cosas sin decirlo: romper con el mecanismo establecido por las partes de la negociación directa y además, desconocer el carácter vital, de independencia e integridad territorial que implicaría la intervención de tal Comisión en lo atinente al Golfo de Venezuela.
Simón Alberto Consalvi, Canciller venezolano, responde a Londoño el 6 de agosto: “…el Gobierno de Venezuela no puede ignorar que, aunque la Nota de Vuestra Excelencia no se refiere expresamente a ninguna cuestión pendiente entre ambos países, sin embargo la prensa colombiana ha vinculado tal iniciativa a la supuesta intención de su gobierno de someter a la Comisión de conciliación el tema de la delimitación de áreas marinas y submarinas entre nuestros dos países…”
Colombia da un nuevo paso y provoca un estado de tensión militar en áreas donde, según la versión colombiana, no están claros los límites. Venezuela envía una Nota de Protesta en la que argumenta que el buque de guerra se encontraba  “en aguas interiores de Venezuela” y “al sur de la línea de prolongación de la frontera terrestre”. Londoño por su parte responde  alegando que ningún país puede establecer unilateralmente las fronteras marítimas entre dos Estados. La crisis se alarga entre dimes y diretes y el conflicto crece peligrosamente. En Miraflores ya se ha tomado la decisión de abrir fuego.

A estas alturas de su aventura, el gobierno colombiano entiende que el juego del “brinkmanship” ha terminado y se sabe que todo ha concluido cuando el Presidente Barco lo anuncia desde Bogotá en cadena de radio a las 11.45 de la noche del  día 17 de agosto. La crisis interna en Colombia seguía en pie y si lo de la incursión de la Corbeta ARC Caldas en nuestra más sensible pertenencia, el Golfo,  tenía la intención de distraer a la opinión pública en otros menesteres, el tiro les había salido por la culata.

Aquí en Venezuela habla el Presidente Lusinchi el 18 de agosto, en horas de la noche. Ya las corbetas colombianas han dejado el lugar. Es un discurso bien pensado y discutido, mejor escrito, y leído con suprema convicción a la nación. Claro, firme, prudente y hasta diría que histórico si observamos su vigencia ya que dicta la pauta central de los que vendrían a ser los principios que se siguieron a partir de 1989, ya las aguas calmadas, en las relaciones entre Colombia y Venezuela, y que aún permanecen vigentes: conversaciones respetuosas, directas y globales, sin presión ni plazo fijo.

 Además, tal vez como nunca antes presidente alguno, gozó del respaldo unánime de todo el país: partidos, medios de comunicación, gremios, personalidades y pueblo todo. Las Fuerzas Armadas hicieron lo que se debía hacer, principalmente nuestra Armada, por lo que nos sentimos, durante tanto tiempo, orgullosos, representados y defendidos. La presión internacional hizo su tarea al entender que estábamos a punto de un conflicto armado impensado. Jaime Lusinchi será recordado para bien por esa gesta: evitó un desastre defendiendo los principios fundamentales de nuestra nacionalidad. Un héroe civil sin ambición de guerra.


leandro.area@gmail.com http://leandroareaopina.blogspot.com/

martes, 2 de octubre de 2012

El nombre del libro de Platón es:

Marco Acuña

Πολιτεία = Politeia (raíz πόλις "polis", de donde "Política") sería el equivalente del latín CIVITAS, de donde surge "civismo". Es decir que el título es La Política y no La República.
El subtítulo de la obra de Platón es Περί δικαίου (Peri dikeiu), es decir, "Sobre lo justo".

Curiosamente la palabra
ρεπούμπλικα (república) en griego (el término es actual), designa a un tipo de sombrero similar al panamá, pero antiguo. Procede del italiano y puede derivar del grito "república" que
se daba en momentos de revolución antimonárquica en la Grecia moderna.

Lo mando como un grito de rabia contra los malos traductores y las malas traducciones,
utilizadas para confundir y esclavizar en pos de propósitos siempre mezquinos.

El término "República" es latino y romano. Quiere decir "cosa pública".
Identifica una forma de funcionar el gobierno y de administrar la cosa pública (Tri-partición funcional),
es decir que es un adjetivo calificativo de cualquiera de las Formas de Gobierno puras o buenas,
según la clasificación de Aristóteles: Monarquía/Aristocracia/
Democracia. Pero también podría existir
en forma defectuosa, deteriorada, corrupta, en las Formas de Gobierno impuras o malas: Tiranía/
Oligarquía/Oxlocracia.

Esto, a su vez, no tiene nada que ver con las Formas de Estado, que explican la relación que existe
entre la historia, la geografía y la antropología, con el Poder: distribución del poder en un territorio.

 
maguiacuve@hotmail.com

viernes, 4 de mayo de 2012

Viajando por el recuerdo de El Calvario. Magali Rodríguez López.

En estos momentos de angustia muchos venezolanos hemos encontrado cierto consuelo en la escritura. En una narración escrita por mí, se me apareció como un relámpago el paseo El Calvario. En mi relato mencionaba el fenómeno psicológico del dejà vu o lo “ya vivido”, estado que se refiere al hecho de experimentar un suceso en un momento determinado y tener la sensación de que éste es una vivencia ya acontecida de manera idéntica en la vida de esa persona. Cerré así: “Recuerdo mis paseos de niña a El Calvario, donde éramos libres y corríamos por las veredas con total seguridad. Hoy pienso que ese nombre también se corresponde con una premonición, con lo ya visto en la historia del cristianismo…el símbolo de un espacio físico que anticiparía la inmolación de personas que solo querían rescatar esa sensación de libertad, que marchaban unidas como pandillas de niños solidarios en una aventura por la búsqueda de la determinación de sus propias vidas”. Realmente solo tengo en mi memoria dos imágenes en blanco y negro de ese espacio. En una estoy subiendo las escalinatas que se inician en El Silencio y siento que mis piernas hacen un gran esfuerzo para trepar la altura de los tramos. En otra, corro con los brazos abiertos con una sensación de inmensa independencia. A pesar de estos recuerdos, asocio este parque con una aparición; lo veo como un fantasma maléfico que siempre regresa a asustarnos y que permanece vigilante, oteando hacia las desmesuras del poder que se ejerce desde el Palacio de Miraflores. En mayo leí una reseña del diario El Nacional con el titulo de Desentierran la memoria urbana de Caracas, así que decidí conjurarlo. Contacté al Instituto de Patrimonio Cultural y llegué hasta su sede en la Villa Santa Inés en Caño Amarillo, indagando sobre las personas encargadas del proyecto de remodelación. La Villa, situada en una calle que conserva el silencio y las dimensiones estrechas de su construcción original, es una casa colonial de una planta. Fue edificada en 1883 para la residencia de Joaquín Crespo y su esposa Doña Jacinta. Atravesando un pequeño jardín fui recibida en el atrio por un portero quien me preguntó sobre las intenciones de mi visita. Le contesté que estaba interesada en la historia de la zona y me remitió a la biblioteca. Traspasando el umbral y caminando sobre los hermosos diseños romboidales de mosaico, llegué al área que ha debido ser el vestíbulo y las salas de la casa. Pasé al patio que tiene a ambos lados las habitaciones y una fuente de piedra en su centro. Recordé que el nombre de batalla de Santa Inés fue utilizado por Chávez como icono para incentivar a sus seguidores a movilizarse para obtener la victoria en alguno de los tantos procesos electorales que se han convertido en nuestro único entretenimiento seguro. Él se refería a Ezequiel Zamora pero la casa perteneció a Crespo y me di cuenta de que empezaba a perderme en los vericuetos de la historia. La biblioteca ocupa una de las habitaciones situada al lado izquierdo del patio. Me presenté a la jefa del Centro de Documentación y me proporcionó libros alusivos al período que me interesaba. Se negó a concederme una entrevista porque, para hablar del proyecto de recuperación, debía hacerlo directamente con los responsables, a quienes les avisaría sobre mi presencia. Al sentarme y empezar a hojear la bibliografía, un hombre que leía en uno de los mesones, se paró frente a mí y me dijo que podía proporcionarme los datos pues era de la zona y había vivido allí toda su vida. Alto, delgado, de 58 años, vestido con pantalón de caqui y camisa a cuadros empezó a hablarme sobre su niñez en Monte Piedad y la ruta que sube al paseo. Me explicó que es un camino estrecho y zigzagueante denominado calle de La Amargura, que va por detrás de los bloques de El Silencio y que, al llegar a El Calvario, puedo ver el primer estanque construido para llevar agua a Caracas desde Macarao. Quería darme su versión sobre los inconvenientes que se oponen al actual proceso revolucionario mientras señalaba, con su dedo en la sien que, el principal obstáculo, se encuentra en la cabeza de la gente. Se ofreció a enseñarme detalladamente cómo debía enmendarse dicho obstáculo pero yo, ya obstinada de su verborrea, le dije que quizás en otra oportunidad porque en ese momento no tenía tiempo. La segunda persona que se me acercó fue una arquitecto que trabaja en el proyecto. Me informó que no podía concederme entrevistas dado que anteriormente había sido reprendida por su jefe superior por haberlo hecho. El argumento fue que no aceptaban relacionarse con personas ajenas al Instituto pues estas podían estar vinculadas con el periodismo venezolano y pasaban información para la campaña permanente de tergiversación de datos que son utilizados en la prensa nacional en contra del proceso. Me ceñí a las referencias arquitectónicas y me explicó que El Calvario era inicialmente el sitio de vigilancia para el valle de Caracas ante el temor de ataques hacia la sede del gobierno colonial español. En 1874 el presidente Antonio Guzmán Blanco lo convirtió en un parque y antes fue un cementerio. Las excavaciones que se están haciendo actualmente tienen como finalidad despejar la duda sobre si el lugar estuvo habitado alguna vez. Luego llegó una antropóloga, quien me repitió la prohibición de suministrar información y me dijo que debía esperar por el jefe del proyecto, pues solo él podía hablar al respecto. Estuve a punto de levantarme y mandar El Calvario al cipote porque realmente me sentí, por primera vez en mi vida profesional, como una intrusa indeseada ante un muro inexpugnable, y me molestó el hecho de que graduados universitarios aceptaran la imposición de la censura en el desempeño de sus funciones. Por otro lado, me di cuenta de que el hombre que deseaba conversar conmigo se había marchado y que había perdido al único informante que tenía interés y experiencia acumulada que deseaba compartir. Cuando decidí despedirme llegó el antropólogo jefe, quien resultó haber sido mi alumno en la UCV. Rememoramos su etapa de estudiante, lo cual ocasionó un cambio rotundo en la interacción conmigo de las personas que estaban en la biblioteca. El Instituto de Patrimonio Cultural presentó ante las autoridades de Fundabarrios y Fundacomún, representantes locales y la comunidad, el Plan de Transformación Integral del Hábitat para El Calvario. Éste tiene como objetivo enlazar los esfuerzos de ocho organismos públicos y los habitantes del núcleo de desarrollo endógeno que abarca trece comunidades para conformar “El Eje Turístico El Calvario”, que incluirá la Ruta de las Carretas para que los visitantes se paseen por sus jardines. El área está ubicada entre el cerro El Calvario y la Quebrada de Caroata de las parroquias 23 de Enero y Catedral. Tiene un alto valor patrimonial, debido a la existencia de una estructura urbana del siglo XIX. Las edificaciones con declaratoria de Monumento Histórico Nacional son: La Villa Santa Inés y su Arco inconcluso, el Arco de la Federación, el Cuartel Cipriano Castro, Palacio de Miraflores y los bloques de El Silencio. El comité encargado de concebir las acciones está integrado por un representante de cada una de las instituciones, los Comités de Tierra Urbanos, Bloque de Infraestructura Los Lanceros R.L y la cooperativa Las Tres Raíces: Simón Bolívar, Ezequiel Zamora y Simón Rodríguez. Hurgando en los libros de historia averiguo que el primer caudillo social en Venezuela se encarna, a partir de 1846, en la figura de Ezequiel Zamora, quien convoca a hacer la guerra a los godos a favor de los pobres. Antonio Guzmán Blanco, hijo del fundador del partido Liberal y emparentado con Simón Bolívar, había viajado por Europa y Estados Unidos. Cuando se desata la Guerra Federal en 1859, encabezada por Juan Crisóstomo Falcón, Zamora se transforma en el organizador del ejército. Guzmán se alineó al lado de Falcón y Zamora. El 10 de diciembre del mismo año se desarrolló la batalla de Santa Inés y derrotaron al ejército centralista. El 10 de enero de 1860, Zamora recibe un disparo en la cabeza que le ocasiona la muerte a los 42 años de edad. En 1870, Guzmán encabeza una nueva revolución y es elegido presidente en 1873, lo que le garantiza su hegemonía en el poder durante 20 años. Joaquín Crespo ejerció como su Ministro de Guerra y Marina entre 1886 y 1888. Siempre bajo su ala, fue nombrado Presidente de la República en 1884 estando al mando durante dos años para entregarle nuevamente el gobierno a Guzmán. Es premiado con el título de “Héroe del Deber Cumplido”, en honor a su lealtad. Esta lealtad parece haberlo durado muy poco porque en 1888 participa en la revuelta antiguzmancista y en 1892 encabezó la Revolución Legalista y asumió el poder por un lapso de seis años. Posteriormente encontró la muerte a manos de un francotirador apostado en un árbol. Entonces, el asunto de los nombres parece ser explicado por esta relación: Guzmán utilizó la Guerra Federal para delinear su carrera política luego de traicionar a Falcón y Zamora; ésta se ve despejada con la oportuna “muerte accidental” de Zamora cuyo única gloria queda en el nombre de la Villa y en su resurrección heroica como una de las raíces de la revolución contemporánea. Crespo se inicia en su ruta hacia la presidencia por sus vínculos con Guzmán, para morir en idéntica forma, cuando se olvidó del “deber cumplido”. En Venezuela hubo doce revoluciones en el siglo XIX que se cierran a partir de la modernización urbanística de Caracas que hoy está en proceso de restauración. En el XX, el general Juan Vicente Gómez nos tranquiliza durante veinte y siete años y luego, apenas tuvimos una revolucioncita de dos años llamada Revolución de Octubre, que depone al Presidente general Isaías Medina Angarita en 1945. A pesar de la brevedad de su gobierno, limpió la zona aledaña a El Calvario iniciando la construcción de El Silencio. Después de algunos desvaríos democráticos, el general Marcos Pérez Jiménez nos calma porque, con la consolidación de su dictadura, no nos dejaba inventar revoluciones. El 1 de Enero de 1958 El Calvario inicia su papel protagónico transformándose en el fantasma que nos acompaña en las luchas por el poder. Ese día, mientras los aviones de la Fuerza Área Venezolana sobrevolaban Miraflores, se ubicaron en su colina tiradores del ejército y opositores civiles a la dictadura de Pérez Jiménez. La misión era servir de frente de retaguardia para cerrar la retirada de los adeptos al régimen. El 25 de enero de 1959, El Calvario contempló en la urbanización El Silencio, la gigantesca manifestación de marxistas que aclamaban al héroe de la revolución cubana Fidel Castro. Ahora sonríe con malicia porque nos volvió a dar la picazón heroica y tenemos una nueva revolución, o sea la número trece, que se llama Revolución Bolivariana. En ésta vuelve a aparecer el barbudo cubano como inspirador y piensa en la estupidez humana de repetir los mismos errores sin ni siquiera darse cuenta. El fantasma de El Calvario ha retomado su labor original de vigilante de las inmediaciones del Palacio de Miraflores. Tuvo su momento cumbre en abril del 2002, cuando observó que un grupo de los manifestantes que se dirigían a la sede del gobierno a solicitar la renuncia del teniente coronel, tomó el atajo de El Silencio para llegar allá. Se estremeció de placer al escuchar los disparos que los dispersaban para ver a continuidad cómo las personas intentaban salvar sus vidas trepando por sus escalinatas olvidadas y denigradas por más de 50 años. Contempla la estatua erigida en Puente Llaguno como homenaje a la hazaña de la masacre que inició el fin a las marchas opositoras y el Palacio en donde no solo gobierna sino que mora el Presidente, hasta que se cumpla el lapso mínimo de treinta años que se ha impuesto como período de su régimen. Recuerda que Chávez inició su trayectoria hacia el poder a la sombra del samán de Güere el 17 de diciembre de 1983. Sintiéndose la reencarnación de Bolívar, escogió la fecha de la muerte del Libertador para hacer con su grupo de conspiradores del Ejército, el juramento solemne de no dar descanso a sus brazos, ni reposo a sus almas hasta no ver rotas las cadenas de la opresión. En memoria a Zamora, repitió como final del pacto su proclama: Tierra y hombres libres, elección popular, horror a la oligarquía, patria o muerte. Piensa que, al Presidente, se le olvidó que en esa misma fecha, 17 de diciembre, murió Gómez y con la sabiduría que le da el formar parte del más allá y tener el don de la inmortalidad, sabe que, si de reencarnaciones se trata, igual podía ser el espíritu del “taita” el que está en Miraflores. Tomando el estrecho camino que sube serpenteando hacia el paseo me llego en carro hasta allá. Me ubico en la glorieta al lado de la estatua de Bolívar. Con la copia de un plano de Caracas en mis manos y la ayuda de uno de los obreros de las excavaciones, visualizo la avenida Oeste, el Palacio Presidencial y las cuadras de Llaguno, Bolero y Miraflores. De repente noto un extraño silencio. Me asusto y dándome cuenta que ya no están los obreros ni los guardias, veo a mi lado a un hombre alto, de frente despejada y barba poblada. Está vestido con un uniforme militar rojo y negro en el cual resaltan las charreteras y la espada ceñida a su cintura. Se dirige a mí y me cuenta que por aquí cerca estuvo también la estatua de Guzmán que fue derribada cuando su derrocamiento. Me invita a caminar y nos paramos al lado de las excavaciones. Igual que el señor a quien conocí en la biblioteca, me ofrece su versión de la historia. Manifiesta que no se necesita ser muy “estudiado” para darse cuenta de que sobre la tierra venezolana lo que camina es el pasado vestido con los mismos uniformes militares de siempre. Se percata de que, aunque inventen grados militares y le agreguen soles a las charreteras, éstos no pueden disfrazar a los “chácharos” de montoneras que no atinan a despegarse de la tierra o cobijarse bajo los árboles para encontrar la muerte o, por ahora, el poder. Paseamos por las veredas y nos sentamos en una banca. Frunce el ceño, encorva su espalda y se queda mirando las lajas de piedra en una actitud que me parece melancólica. Le pregunto qué le entristece. Responde que recuerda la fuerza de Guzmán para transformar la ciudad tumbando las arquerías de los mercados para alzar, en 1881, el imponente teatro al cual le puso su nombre y que añora el reloj de sol que estuvo en San Jacinto desde 1803 hasta 1951 marcando el entonces tiempo lento de Caracas. Se levanta, se para frente a mí y adoptando una pose marcial posa su mano en la espada. Opina que no entiende por qué harán retroceder el afán modernizador de su creador al encaramar a los turistas en carretas para pasearlos por sus veredas y me increpa para que le dé una explicación. No sé qué contestarle y me le quedo viendo mientras se desvanece. Sola, empiezo a darme cuenta de que mi angustia obsesiva con este parque se relaciona con el interminable calvario político de mi país que difícilmente nos dejará en paz. Magali Rodríguez López. Julio 2006.

lunes, 18 de julio de 2011

"Carta de Rómulo Betancourt a A. J. Blanco Monasterio, del 5 de agosto de 1949"

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera*

"... Y la verdad es que nosotros no podemos pensar, en estos momentos precisos, en organizar una acción violenta que venga de los cuarteles a la calle, porque la inmensa mayoría de los oficiales afectos a las ideas democráticas han sido dados de baja, o no tienen mando de tropas, o están en la cárcel o el destierro, o traicionados por el tirano. Si no es posible organizar una acción de este tipo,(…), no nos queda como posible sino la acción popular de masas, constante, valiente, perseverante. Esa acción debe ser conducida hacia una encrucijada en que ya no sea tolerable por el país la existencia de un régimen de usurpación, y la cólera popular se exprese en forma tan avasallante que ya no puedan detenerla las bayonetas...".

Rómulo Betancourt

* La información sobre los datos de la publicación de la carta me fue suministrada gentilmente por el historiador Germán Carreras Damas.
"Carta de Rómulo Betancourt a A. J. Blanco Monasterio, del 5 de agosto de 1949". Rómulo Betancourt, Antología política. Volumen V, p. 142. Fundación Rómulo Betancourt.
Atentamente, G.C.D.

viernes, 13 de mayo de 2011

¡Se rindió Medina!

OSCAR YANES
Por aquellos días toda Venezuela estaba preocupada por la lucha libre...

Al recibir la llamada de Julio César Vargas, el Mayor Delgado Chalbaud abrazó al capitán Mario Vargas:

- ¡Mario, ganamos! ¡Medina se rindió! ¡Avisa a todos los compañeros!-. Carlos Delgado Chalbaud corrió para su habitación en donde estaban presos López Contreras, Arturo Uslar y Mario Briceño.

¡Señores! dijo al entrar. ¡Se rindió el General Medina! Dentro de poco estará aquí con ustedes. López Contreras no perdió su natural aplomo. Con su acostumbrada calma y en tono paternal, le puso la mano en el hombro a Delgado Chalbaud para decirle:

-Carlos, no cometan el error de entregar la dirección política del país a ningún grupo o partido como Acción Democrática, lleno de odios personales y si se ven obligados a utilizar a algunos de sus dirigentes, deben ser controlados por hombres independientes, moderados y responsables como Oscar Machado Zuloaga, Carlos Morales, Cristóbal Mendoza, Néstor Luis Pérez y José Rafael Pocaterra. No les menciono a otros hombres eminentes porque muchos de ellos simpatizan con el gobierno de Medina y otros se consideran adictos a mi orientación política.

Delgado Chalbaud escuchó en silencio y luego dijo: -Muchas gracias por su consejo, mi general.

A las cuatro y media de la tarde llegó el general Medina a la Escuela Militar. Los oficiales rebeldes lo recibieron en la puerta principal y le rindieron honores militares. Pérez Jiménez caminaba a su lado.

-No cometan el error de entregar el gobierno a ningún partido político. Hagan un gobierno militar y convoquen a elecciones inmediatamente- le dijo a Delgado Chalbaud, Julio César Vargas y Pérez Jiménez.

Parece que Medina vio que los conspiradores no habían salido de la sorpresa que les causó la rendición del gobierno. Entonces se escuchó su voz:

-Algún día, la conciencia de Venezuela dirá que Isaías Medina, puesto en la disyuntiva de sacrificar su persona o ensangrentar su tierra, no vaciló en sacrificar su persona.

Por aquellos días toda Venezuela estaba preocupada por la lucha libre. Teatro donde no todo esta arreglado, sino combinado. Si usted no responde a la llave que le aplican, con la combinación correspondiente, puede salir con la columna vertebral fracturada.

El eje de la lucha esta entre el bien y el mal. El bueno, lucha limpio y el malo trata de liquidarlo apelando a las acciones sucias.

El bueno tiene que sufrir para que el público se indigne ante su paciencia y su negativa de utilizar trucos sucios, es decir, el bueno rechaza ser malo para subsistir. El perverso disfruta golpeando y pateando al bondadoso, lo que crea indignación colectiva, hasta que el bueno reacciona y centenares de personas olvidan la compostura y piden al ídolo que saque al villano del ring, que lo arrastre, que lo mate...

El objetivo de la lucha es poner de espalda al adversario y se utilizan de "llaves" con los nombres más divertidos: "el candado", "la urna", "el trineo", "el cangrejo". Cada luchador tiene su llave favorita.

EL UNIVERSAL
Así son las cosas.
ayanes@cantv.net

domingo, 5 de septiembre de 2010

18 de agosto de 1863, famoso "Decreto de Garantías"

Eumenes Fuguet Borregales (*)
Juan Crisóstomo Falcón.
" El Gran ciudadano"
"El Magnánimo"

A pesar de las objeciones por parte de algunos asesores y ministros del despacho, el general en jefe Juan Crisóstomo Falcón (1820-1870), Presidente de la República, emite el 18 de agosto de 1863 su famoso "Decreto de las Garantías"; materializado a raíz de un importante escrito presentado el 25 de marzo de 1863, por un distinguido grupo de valencianos integrantes de diferentes organizaciones políticas, económicas, sociales, culturales y filantrópicas, presididos por el doctor Francisco Esteban Caballero; todos ellos preocupados por la vigencia de la pena capital como una forma de suprimir los delitos en el país. El Decreto lo preparó Guillermo Tell Villegas ministro del Interior. Deseaba el presidente Falcón la extinción de los odios políticos y consolidar la ansiada paz. El Decreto fue sancionado en los siguientes términos:

Considerando. Que triunfante la revolución (federal) deben elevarse a canon los principios democráticos proclamados por ella y conquistados por la civilización a fin de que los venezolanos entren en el pleno goce de sus derechos políticos e individuales. Decreta:

Artículo 1ro. Se garantiza a los venezolanos:

1ro. La vida: queda en consecuencia abolida la pena de muerte y derogadas las leyes que la imponen.
2do. La propiedad, no podrá pues su dueño despojado de ella.
3ro. La inviolabilidad del hogar doméstico, sólo para evitar la perpetración de un delito.
4to. El secreto de los papeles y correspondencia.
5to. La libre expresión del pensamiento de la palabra y por escrito.
6to. La libertad de instrucción.
7mo. El derecho de sufragio.
8vo. El libre derecho de asociación pacifica y sin armas.
9no. El derecho de petición y de alcanzar resolución.
10mo. La libertad natural.
11. La libertad personal (libre transito).
12. La libertad de toda industria lícita.
13. La igualdad ante la ley.
14. La seguridad Individual, y en consecuencia:

1ro. Ninguno podrá ser juzgado sino por leyes preexistentes y nunca por comisiones especiales, sino por sus jueces territoriales o los del lugar donde se cometa el delito. 2do. Ni ser preso por deuda que no provenga de delito o fraude.
3ro. Ni preso o arrestado por autoridad competente en los lugares conocidos por cárceles, y sin la previa información escrita de haberse cometido un delito que merezca pena corporal y fundados indicios de ser autor.
4to. Ni privado de comunicación por ningún pretexto.
5to. No continuar por mas tiempo en la cárcel después de destruidos los cargos.
6to. No negarle las comodidades compatibles con su seguridad.
7mo. Ni sentenciado antes de haber sido citado, oído, y convencido.
8vo. Ni ser extrañado de su suelo natal, quedan por tanto abolidos la confinación y el destierro.

Artículo 2do.
Abolida para siempre la esclavitud en Venezuela; todo esclavo que pise el territorio será considerado como libre y la República lo acoge bajo su protección.

Artículo 3ro. Los lugares que se nombran Bajo Seco y la Rotunda, escogidos como tormento de los hombres libres, no podrán servir en lo sucesivo para lugares de prisión.

Artículo 4to.
Los funcionarios que no cumplan el presente Decreto, pierden su autoridad y será tratado como traidor a la Patria.

Artículo 5to.
El presente Decreto regirá hasta que la Asamblea Constituyente expida el pacto fundamental de los Estados.

Artículo 6to.
Los Secretarios del Despacho firmarán este Decreto, quedando encargados el de Interior, Justicia y Relaciones Exteriores en su ejecución y comunicación a quienes corresponda.

Firmado Gral. Juan Crisóstomo Falcón.

El presente Decreto convierte a Venezuela entre los primeros países del mundo en abolir oficialmente la pena de muerte. La Asamblea Constituyente le concede el 24 de diciembre de 1863 los títulos de "Gran Ciudadano" y de "Mariscal de los Ejércitos de Venezuela". El escritor francés Víctor Hugo (1802-1855) diría: "Felicito a Venezuela por tener en su historia a un ciudadano como Falcón".

El Mariscal Falcón, conocido como "el magnánimo" encontrándose en la población de Agua Clara ubicada en la sierra coriana, expresó el 11 de julio de 1861: "No soy jefe de esta revolución por ambición mía, ni por ser general, tampoco por la voluntad de esta o aquella fracción, menos aún por la complicidad de intereses personales; no es por ninguna causa del pasado, es por una causa que está mas bien en el porvenir, causa que todos tienen esculpida en la conciencia, y que nadie de buena fe se atreverá de poner en duda, y ya que los pueblos me han elevado a presidir la cruzada de su libertad, yo creo pagarles tanta confianza, abrigando la ambición del desprendimiento".

(*)Gral.de Bgda.
eumenes7@gmail.com

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