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sábado, 29 de agosto de 2015

EL PRIMER AUTOCINE de Sur-America fue en Caracas-Venezuela, el año 1949.


Fachada


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¿SABÍAS QUE EL PRIMER AUTOCINE QUE EXISTIÓ EN SURAMERICA (CARACAS) FUE EL AUTOCINE LOS CHAGUARAMOS Y QUE SE CONSTRUYÓ EN 1949?
Ciertamente, en 1949 se construyó en la Avenida de La Colina de la Urbanización Los Chaguaramos, Caracas, el primer autocine de Suramérica, el Autocine Los Chaguaramos, lo cual causó sensación entre los jóvenes de aquella tranquila ciudad de entonces, porque el hecho de ver una película dentro de un automóvil, vestir deportivamente o como uno quisiera, conversar, comentar o estar en la intimidad, sin molestar al vecino o no ser molestado por nadie, fue una novedad muy agradable que se convirtió en moda. La nueva moda atrapó también a los adultos y de pronto la informalidad resultó muy confortable y ofrecía una alternativa al rigor social de tener que vestirse formalmente para ir al cine.
Ese primer autocine de la capital venezolana tenía una capacidad para 250 vehículos y una fuente de soda llamada El Cristal Room, que durante una década se convirtió en el sitio de moda de “La Sultana del Ávila.
En su tiempo, los autocines cumplieron su misión de entretenimiento y diversión para la que fueron creados, pues le ofrecían la oportunidad al ciudadano de pasar un rato agradable disfrutando o no de una película o, en otro caso, la posibilidad de airearse, disfrutar la noche y compartir, con la novia, la amante o con la esposa y los hijos un rato diferente; porque si bien es cierto que alojaron a parejas de enamorados, quienes los utilizaron como refugio de amor, también brindaron la comodidad para salir de casa en piyamas y ver una película cómodamente, disfrutando de una cerveza, fumando un cigarrillo o tal vez degustando algún aperitivo o de una sabrosa hamburguesa o un apetitoso perro caliente.
Tras desaparecer con el paso del tiempo debido a que las ciudades fueron creciendo, los terrenos escaseando y por ende, haciéndose cada día más costosos, el elevado precio de los terrenos los arrastró hasta su desaparición, pues la mayoría de esos terrenos donde funcionaban, eran alquilados.

Hoy, como sucedió en el país que los vio nacer, Estados Unidos, los autocines sólo son un grato recuerdo para la gente que los conoció y disfrutó, sobre todo, aquellos jóvenes que entraban escondidos en tantas maletas de autos que lograban traspasar la puerta y burlar al taquillero, para luego abandonar los carros y celebrar cada travesura. Igualmente, los padres desesperados que acudían a ellos para liberarse de la rutina, cargados con hijos que dormían cuidados y vigilados en el asiento posterior del automóvil. Y ni hablar de aquellos que disfrutaron de momentos tan románticos en sus autos que estacionaban en zonas alejadas, cuyas ventanas subían apenas llegaban al autocine para disfrutar con la complicidad de la noche ardientes momentos de pasión, tan ardientes que esos enamorados salían del autocine sin saber siquiera que película se había proyectado.
Como dato complementario vale la pena señalar que el primer autocine (drive-in theater) que funcionó en los Estados Unidos se construyó el 6 de junio de 1933 en Nueva Jersey.
Para la inauguración del Autocine Los Chaguaramos, la empresa Cines Unidos publicó en un aviso en la prensa venezolana que motivaba a la gente a disfrutar un espectáculo desde su propio carro, en un espacio para 250 autos, con altoparlante individual, rampla con mesas y cómodas sillas para 600 personas y una fuente soda de gran lujo, disponible aun con lluvia, aire puro y un gran ambiente de distinción. El aviso destacaba la novedad con la frase “por primera vez en Suramérica”, anunciando la proyección de estrenos de películas seleccionadas entre las mejores de la industria.

Año 1949. Aviso de prensa anunciando la inauguración del Autocine Los 

  Chaguaramos
 Foto de Humberto Zárraga.

domingo, 11 de marzo de 2012

El país habló con su cine

ÁNGEL RICARDO GÓMEZ*
El rompimiento
La Venus de nácar
Taboga
Don Leandro, el inefable
Juan de la calle
La balandra Isabel llegó esta tarde


"El cine sonoro estaba naciendo justo cuando el país comenzaba a hablar". La frase corresponde al crítico Rodolfo Izaguirre, al referirse a la llegada del sonido a la gran pantalla venezolana. De 1908 a 1935 la nación ha sido silenciada por la dictadura de Juan Vicente Gómez, quien sólo fue separado de la presidencia por la muerte.

El primer largometraje con sonido del cine venezolano es El rompimiento, basado en la obra homónima de Rafael Guinand, y dirigido por Antonio María Delgado en 1938, tres años después de la muerte del Benemérito.

Óscar Yanes escribe en su columna Así son las cosas, un texto titulado ¡Cuidado con la conga! (2007). "La Caracas de 1936 rompió definitivamente con el pasado. Los 27 años del gobierno gomero, de las costumbres gomeras y de los trajes gomeros para damas y caballeros y hasta la literatura gomera, se fueron para el otro mundo".

El periodista narra: "Después de muerto Gómez, se comenzaron a presentar en los teatros comedias atrevidas con las chicas medio vestidas como en New York y La Habana... La entrada más cara en cine o teatro no pasaba de cinco reales. Las mujeres iban al cine lujosamente vestidas y en el estreno de una película como Ramona, por ejemplo, los caballeros llevaban smoking y las damas traje largo".

Venezuela conocía el cine desde 1897, dos años después de la primera proyección de los Hermanos Lumiere en Francia. El 28 de enero de aquel año se estrenan en el Teatro Baralt de Maracaibo Especialista sacando muelas en el Gran Hotel Europa y Muchachas bañándose en la Laguna de Maracaibo, de Manuel Trujillo Durán, documentales en blanco negro y sin sonido.

"Gómez fue un cinéfilo. Él llegó a verse en las películas, en los noticieros oficiales, pero nunca se oyó", recuerda Izaguirre, quien agrega que un sobrino del Benemérito, Efraín Gómez, contó con el apoyo del entonces presidente para estudiar cine en Estados Unidos. A su regreso, a finales de los años 20, convence al tío de crear Laboratorios Nacionales y fundó una pequeña empresa para hacer sus películas", señala Rodolfo Izaguirre, haciendo alusión a uno de los primeros intentos de colocar sonido a una cinta: La Venus de nácar (1932) de Efraín Gómez.

Guillermo Barrios, arquitecto e historiador del cine, sostiene que el primer largo sonoro de Venezuela, El rompimiento (1938), fue filmado en Venezuela pero montado en Estados Unidos. "Fue una película exhibida en Broadway y todo, según reportes de prensa. Tuvo una banda de sonido óptico, es decir, con el audio impreso sobre la misma película. Hubo una expresión de sonido en Bajo el cielo de Caracas (1934) de José Ferrán, con un sistema llamado vitaphone que consistía en una banda sonora grabada aparte, en un disco, que se sincronizaba con la película".

Taboga es un corto musical que también incorporó el sonido para 1938. Dirigido por Rafael Rivero, es recordada porque allí participó la orquesta de moda, la Billo's Happy Boys.

Barrios, autor del libro Tramas Cruzadas. El rol de la ciudad en el cine venezolano (2009), señala que la producción de cine mudo, previa a 1938, fue vasta. En efecto, La Cinemateca Nacional, en la filmografía de 1897 a 1938, citada por Izaguirre, registra más de 350 títulos.

"Uno de los primeros largos de ficción del cine mudo venezolano fue Don Leandro, el inefable (1919), donde figura Lucas Manzano como director y actor. A la manera de Chaplin, muestra a un hombre que viene del campo a la ciudad. Es interesante porque muestra a Caracas como una metrópolis cuando en realidad no era así", comenta el arquitecto.

Sin embargo, el sonido llega al cine venezolano con once años de retraso; la primera película sonora de la historia fue El cantante de jazz de Alan Crosland, en 1927.

Rodolfo Izaguirre cree que el retraso respondió a la situación del país: "dominado por la dictadura, primitivo...". Barrios, por su parte, sostiene que a la industria del cine en Estados Unidos no le interesaba fomentar producciones en países que pudieran convertirse en virtuales competidores. La exhibición sí era importante. "Para 1948 había casi 60 salas en Caracas", apunta el arquitecto.

Tampoco se corresponde la tecnología de cine sonoro con una producción de calidad. Ambos consultados coinciden en mencionar a La balandra Isabel llegó esta tarde (1950), de Carlos Hugo Christensen, como el primer hito de una industria venezolana.

"A partir de los años 40 los equipos de Efraín Gómez pasan al Ministerio de Obras Públicas y surgen otros estudios. Rómulo Gallegos crea Ávila Films con la idea de filmar Doña Bárbara. Con éste firmó el guión de Juan de la calle (1941). Por esa misma época surgiría Bolívar Films, que se propuso ocho coproducciones con México, una de estas La balandra Isabel...", recuerda Izaguirre.

@argomezc
*EL UNIVERSAL
domingo 11 de marzo de 2012

Bandera venezolana

Bandera venezolana

Automóviles de los 40

Automóviles de los 40