domingo, 31 de marzo de 2013

Pedro Grases y el «Bochinche»


Por: Carlos Maldonado-Bourgoin
¡Bochinche, periquera y alboroto!, ¿quién no asocia estas palabras, junta a otras que designan más o menos lo mismo, al temperamento y al carácter propio hispanoamericano?

Así lo hicimos al recordar los venezolanismos y a don Pedro Grases, en programa de radio.

El maestro Pedro Grases dedicó parte de su obra a lo que el mismo llamó: “Escarceos de léxico, gramática y lenguaje”. El erudito catalán-venezolano rescató para la gente del común y en especial para los jóvenes muchísimos venezolanismos, relegados al texto erudito y al diccionario especializado.

Muy celebrado fue el trabajo de Pedro Grases titulado La idea de «Alboroto» en Castellano. Nota sobre dos vocablos «Bululú» y «Mitote». Publicado por vez primera en el Boletín del Instituto Caro y Cuervo, Tomo VI, Nº 3, Bogotá, septiembre-diciembre de 1950.

Grases allí entró de pleno a la idea de «Alboroto» en español. Estudió cuándo aparecen y cómo llegan palabras como «Bululú»,… «Bochinche», «Brollo», «Bronca», «Bullaranga», «Cómica», «Desespero», «Folla», «Follón», «Follita» y «Fullona». También ilustró sobre «Galleta», «Guachafita», «Merequetén», «Periquera», «Rochela», «Sampablera», «Samplegorio», entre otras.

En el Vol. 13 de Obras de Pedro Grases, Editorial Seix-Barral, el autor reeditó otros interesantísimos trabajos suyos como: Fórmulas de tratamientos en Venezuela en la época de la Independencia, La nomenclatura de bailes y canciones hispanoamericanas, «Galerón» de Tierra Firme, «Locha», nombre de fracción monetaria en Venezuela, Liberal, El castellano en América, y… Acerca del grupo ZC en la conjunción castellana y otros temas.

A finales de los cincuenta, en colaboración con Libardo Hoyos Cardona, Pedro Grases hizo una sección de Venezolanismos para el Diccionario Escolar de la Lengua Española, publicado por Editorial Stella, Colección La Salle, en Bogotá, publicación que se agotó y tuvo varias ediciones. Allí encontramos expresiones muy venezolanas que son parte de nuestra identidad.

El americanismo «Bochinche» es sinónimo de “alboroto, asonada o desorden”. Con profunda psicología y desencanto, el Generalísimo Francisco de Miranda tachó a sus compatriotas en 1812 diciendo: “¡Bochinche, bochinche, bochinche esta gente no saber hacer sino bochinche…!”. Pero esta palabra, de largo tiempo de uso, sólo fue registrada como palabra en el Diccionario académico en 1884.

En el habla coloquial tradicional venezolana otra palabra de uso muy común es «Periquera». Tan sonora y colorida palabra fue registrada por don Lisandro Alvarado en su Glosario del bajo español en Venezuela, y se refiere a “reunión de pericos, y por analogía, conjunto de personas charladoras; algarabía, alboroto”.

Mucho más genérico es el uso de la palabra «Alboroto». Viene del latín volutare, agitar, cruzado con alborozar. De tal modo que, Alborotar es el vocerío o estrépito causado por una o varias personas. Quiere decir también, inquietar, alterar, conmover y perturbar.
* * *
Valga recordar a nuestra gente joven, que Pedro Grases fue un profesor y humanista catalán, venido a Venezuela en 1937 como consecuencia de la Guerra Civil española.

Don Pedro –como todos le llamábamos con afecto, respeto y gratitud- se hizo en Caracas maestro de varias generaciones de estudiantes en el liceo y en universidades, e hizo un trabajo de investigación y documentación sobre temas venezolanos, obra a la que don Arturo Uslar Pietri no vaciló en calificar de “faraónica”. En todas las bibliotecas del mundo las referencias de Grases son básicas y fundamentales. La Obra de Pedro Grases abarca de los siglos XVIII al XX. Sin su obra es difícil, por no decir imposible, estudiar realmente a Venezuela, nuestros próceres civiles y militares, grandes momentos de nuestra historia como la Independencia y vida republicanas, Grases también dio orden a los archivos del Libertador, Sucre y otros.

Pedro Grases, a su vez, fue el principal responsable de darle a nuestro Andrés Bello dimensión universal, como el más grande humanista de nuestro continente y libertador intelectual de Hispanoamérica.

Al final de su vida Pedro Grases fue preguntado acerca de qué le hizo quedarse en Venezuela. Y el contestó: – Encontré un país que ríe y llora como nosotros –. (Un catalán con alma hispanoamericana).

miércoles, 27 de marzo de 2013

Semana Santa,procesiones en Caracas.



Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
Viacrusis de los padres dominicos.
Esquina de San Jacinto
Convento e Iglesia de San Jacinto
Calle de la Amargura
¡Me llevas por la calle de la Amargura!
El Calvario: estaciones e iglesias
El primer Calvario
Procesión de San Mauricio

Las procesiones en la ciudad de Caracas, se iniciaron desde la época de su fundación; fue el evento más importante de la Caracas colonial. La procesión de los padres dominicos  por su devoción al viacrucis, junto con la del Nazareno de San Pablo, los días  Miércoles  Santos, fueron las más importantes de la ciudad.
La de los dominicos de la Iglesia de San Jacinto fue, quizás, la más emblemática por varias causas: primero, por ser la que recorría el trayecto más largo de todas; segundo, porque era la que caracterizaba mejor el viacrucis; tercero, era la única que atravesaba al  Calvario y su recorrido era en circunvalación.
Los dominicos, cada año, el viernes de Concilio cumplían con la costumbre de sacar la procesión de Jesús de Nazareno. Bajaba desde la iglesia de San Jacinto, la cual dio el nombre a la esquina; desde allí se dirigían hacia el sur por la Avenida N1-S1 “Calle de la Huida a Egipto” , según nomenclatura impuesta por el Obispo Díez Madroñero (1714-1769), por decreto del 3 de enero de 1766, a todas las calles de Caracas; le puso nombres  relacionados con episodios de la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo; esa época coincidió  con la construcción en la colina del Calvario de la Ermita (1765),  bajo la advocación de Jesús de Nazareno y Nuestra Señora de Valbarena.  La ermita corría a cargo de los religiosos del Convento de San Jacinto de donde partía la procesión a la devoción del viacrucis.
 Llegaba hasta la esquina de Cruz Verde, luego cruzaban a la derecha y continuaban por la Calle del Descendimiento (E8-O8), pasaba por el frente del Oratorio de San Felipe de Neri, donde actualmente se encuentra el Templo de Santa Teresa; continuaba por la misma calle y pasaba luego frente al Templo de San Pablo, actualmente el sitio donde está edificado  el Teatro Municipal; seguían por la (E8-O8) hasta la calle de Nuestra Señora de la Amargura. Antes de la construcción del Silencio y luego de la Avenida San Martín, a  la calle de la Amargura se llegaba en línea recta desde la esquina de Cruz Verde, luego de esto  la entrada a la calle se desplazó hacia el sur, y el acceso se hace por al callejón Peníchez, donde está ubicado el Centro del IVSS.
Hasta el inicio de la subida por la Calle de la Amargura, llevábamos nueve cuadras caminando, a pleno Sol y a paso de procesión; a partir  de este punto nos esperaba un trayecto que era el más largo y más empinado dentro del Calvario, sumado a lo estéril del camino, tal como lo describieron los cronistas de la época, se imaginarán el esfuerzo y sacrificio de los feligreses, cuando aún estaban a mitad de camino. De ahí la famosa expresión caraqueña.
¡Me llevas por la calle de la Amargura!
Seguro que más de un caraqueño  ha oído decir en su casa a sus padres, abuelos u otros familiares, cuando alguien hacía una travesura o le hacía pasar un rato desagradable o angustioso, este dicho.
Al subir a la colina se llegaba a la ermita y allí realizaban una corta parada y  se visitaban las primeras estaciones. La ermita estaba situada donde Guzmán Blanco colocó su estatua del “Manganzón” y  el estanque, cuando construyó el Paseo Independencia  en 1873 y derribó la ermita. La actual Capilla de Lourdes en el Calvario situada cerca del sitio de la anterior ermita, más hacia el norte, la inauguró Joaquín Crespo el 27 de abril de 1885.
Seguimos con la caminata: luego de la parada en la ermita y visitadas las estaciones, se bajaba por una trocha hacia los lados del Carota, donde se encontraban algunas estaciones más, hasta llegar adonde hoy está la esquina de Caño Amarillo; buscando la Calle del Perdón, la cual corresponde actualmente a la Avenida (E2-O2), que es la que pasa por el sur de la actual Plaza Bolívar,  y terminaban en la misma calle en la iglesia de San Jacinto. Este último trayecto de Caño Amarillo a la Esquina de San Jacinto, son seis cuadras más; por lo tanto para los caraqueños era una demostración de Fe y de Penitencia realizar este largo  recorrido.

El primer Calvario. Procesión de San Mauricio
El primer Calvario fue fundado por Juan Cataneo Bohórquez obispo de Caracas (1612-1618).  En ese mismo sitio en lo alto de la colina se colocaron tres cruces en el centro, y las estaciones señaladas con cruces  para la celebración del  viacrucis. Después de haber desaparecido las cruces (una de ellas- de las tres- se conserva en el museo bolivariano), el viacrucis quedó abandonado por mucho tiempo. Luego hacia el año de 1765 se construyó la ermita ya mencionada.
Las primeras procesiones al Calvario fueron hacia el año 1625, salían de la iglesia de San Mauricio (hoy Santa Capilla), desde allí seguían por la Calle  de la Sangre de Cristos (O1-E1), actual Avenida Urdaneta, hasta la esquina de Llaguno, allí doblaban a la izquierda  hacia la Calle del Dulce Nombre de Jesús (N6-S6), dirigiéndose hacia el sur (esta calle se llamó desde principio de la Colonia: Camino de la Mar, actualmente  Avenida Baralt. Llegaban a los alrededores de Caño Amarillo  y subían al Calvario por el mismo camino que posteriormente bajaban los dominicos. Allí visitaban las estaciones (las cruces colocadas desde el principio de la subida hasta lo más alto de la colina) y luego se devolvían por el mismo sitio  hacia San Mauricio. Esta procesión fue la que tuvo el segundo trayecto más largo en la Colonia, y la primera en realizarse al Calvario.
La procesión más corta fue la de San Francisco los Viernes Santos, salía de la iglesia llegaba a la esquina de la Bolsa y se devolvía.





Iglesia del convento de los padres dominicos dedicada a San Jacinto. 1592 (1592-1597). Luego se comenzó a construir la Nueva iglesia entre los años 1600 a 1614 cuando fue terminada.
El convento fue clausurado en el año de 1837 y la edificación fue derribada en 1881 y la iglesia fue demolida en el año 1874- 21 de abril-
Oratorio de San Felipe de Neri 1771.
El primer Calvario  y la Ermita del Calvario
en una colina más hacia el poniente del Calvario; construída, bajo la advocación de Jesús de Nazareno y Ntra Señora de Valbarena. Corría a cargo de los religiosos del Convento de San Jacinto de donde partía la procesión a la devoción del viacrucis.

Derrumbada en el gobierno de Guzmán para la construcción del Paseo Independencia, inaugurado en 1873. En ese sitio se construyo un estanque y se coloco la estatua del “Manganzón”
La Capilla de Lourdes en el Calvario situada cerca de la anterior ermita, más hacia el norte, la inaugura Joaquín Crespo el 27 de abril de 1885.

El culto al Nazareno, constituye la tradición emblemática caraqueña en la Semana Santa. Desde la colonia fue la principal procesión, en todas las iglesias había una imagen del Nazareno, pero la del Nazareno de San Pablo, junto a la de San Jacinto fueron las más venerada.

domingo, 24 de marzo de 2013

Costumbres y tradiciones de Semana Santa en Venezuela.* (2° revisión)

Gerónimo Yerena Cabrera.


Las cruces de palma bendita.
 ¡Más buscado que palito de romero!
El juego o la apuesta de quebrar cocos.
La quema de Judas.
Las pencas de sábilas
Los estrenos


Ha variado bastante las costumbres desde la colonia hasta nuestros días, sin embargo, aún se conservan en pueblos y ciudades del interior del país muchas de ellas; incluso en los barrios caraqueños aún podemos observar la quema de Juda, la cual es tradicional en el barrio del Cementerio, en la Avenida Los Carmenes, por una familia ( los Olaiza) que lleva más de 60 años manteniendo la tradición.


En los templos católicos se efectúa la ceremonia de la bendición de las palmas el Domingo de Ramos, costumbre que data en Caracas desde su fundación. Tuvo lugar en los dos primeros templos que se fundaron en la ciudad: el de San Sebastián, donde se efectuó la primera misa, y el de San Mauricio; posteriormente, continuó en la capilla del convento de San Francisco y en la Catedral, para realizarse luego en todas las iglesias de la capital y del país.

Se dice, que esta ceremonia causó gran asombro a los indios que tuvieron la oportunidad de presenciarla, y fueron ellos, acompañados de los conquistadores, quienes trajeron la palma bendita o palma de ramos desde el Avila, las cuales lucirían en las manos de quienes acompañaban la procesión.
En algunas ciudades y poblaciones venezolanas elaboran pequeñas cruces que colocan tras la puerta y ventanas, hoy día no es infrecuente quienes acostumbran llevarla, incluso, dentro del carro, colgada del retrovisor. En algunos poblados, aún tienen la costumbre de colocarlas es sitios estratégicos para alejar los rayos durante las tempestades, y a veces queman cruces de palma bendita, o se las hace flotar en el agua de un recipiente que se saca a la intemperie, con el fin de apaciguar la ira de Dios y se calme la tormenta.

Otra costumbre, es dividir la palma en tiras y hacer en ellas treinta y tres nudos, rezando un credo por cada uno de ellos; con esto, por cada credo se alcanza durante el año un favor divino.

En otras zonas acostumbran a recoger plantas de sábila, para colocarlas detrás de la puerta de entrada, como augurio de buena suerte, o también para quemarlas junto con las cruces de palma bendita, para alejar los rayos.

Los estrenos: otra costumbre muy arraigada en la Semana Mayor, en muchas ciudades y pueblos, era y sigue siéndolo, es estrenar ropa y reservar sus mejores trajes para lucirlo en esa oportunidad, quizás es una manera de alabar al Señor.

¡Más buscado que palito de romero!
Expresión muy criolla, utilizada en el argot nuestro, tiene su origen en lo siguiente: los Viernes Santos, se acostumbraba a salir al campo o a los alrededores de los pueblos a buscar siete palitos de romero, los cuales atados juntos tenían la propiedad, a igual que la palma y la sábila, de alejar los rayos y centellas.

Comidas tradicionales en la Semana Mayor.
En las grandes capitales esta costumbre ha desaparecido, pero aún se conserva en algunos lugares del interior. El arroz con leche o con coco, es prácticamente un plato que se come en toda Venezuela actualmente; igual que el juego de quebrar cocos, donde en oportunidades, se presta para hacer apuestas, a veces importantes. En la zona costera se prepara el famoso sancocho de pescado, con su peculiar modalidad en cada región, como es el caso en Guayana con su sancocho de zapoara. En la zona oriental y en los Llanos, es típico el pastel de morrocoy o los preparados con tortuga; y en occidente, sobre todo en Falcón, no pueden faltar los platos preparados con iguana.

La quema de Judas.
Una tradición que aún no se ha perdido es ésta, la cual se celebra el Domingo de Resurrección, consiste en la construcción de un muñeco de tamaño humano, elaborado con ropa vieja. Para el momento de la quema se leía a los asistentes el Testamento de Judas, el cual, generalmente, consistía en críticas a las autoridades locales, al gobierno de turno, o a hechos recientes ocurridos con personajes que afectaban, de una u otra manera, a la región o a la nación. Al legado que Judas hacía de sus pertenencias, estaba adobado con toda clase de picardía, doble intención, chistes y burlas, según el caso lo ameritase, para diversión del público.

yerena.geronimo@gmail.com

sábado, 23 de marzo de 2013

El Cristo crucificado con cuatro clavos




Eumenes Fuguet Borregales (*)
El  6 de febrero de 1914 se efectuó en la Plaza del Cristo también conocida como Jerusalén, frente a la Plaza Lourdes de Maiquetía, la inauguración y bendición del milagroso Cristo de los Cuatro Clavos, uno de los pocos  con esta  característica que se encuentran en el mundo. El símbolo de la cruz existe desde aproximadamente ocho mil años, lo evidencian las investigaciones arqueológicas; la máxima pena en la antigüedad la constituía la crucifixión, utilizada en pueblos  tales como: Babilonia, Persia, Asiria,  Egipto y Cartagena o Nueva Cartago. El condenado es atado o clavado en una cruz de madera o entre árboles, es dejado allí horas o días hasta su muerte. Los griegos adoptaron esta forma de castigo, tomada  por los romanos. Después de conquistar Tiro, Alejandro de Macedonia ordena que crucifiquen  a dos mil personas. El emperador Publio Licinio Valeriano (200-260), crucificó a seis mil soldados prisioneros. Los romanos preferían utilizar los clavos de hierro de aproximadamente 13 a 18 centímetros de longitud y de 1 centímetro de ancho, ante que las sogas. Los artistas y conocedores de arte  han mantenido por muchos años, diferentes puntos de vista  en relación a la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo con tres o cuatro clavos. El pintor Francisco Pacheco, maestro y suegro del famoso pintor sevillano Diego Velázquez (1599-1660), de los máximos exponentes de la pintura española y universal,  en una carta fechada en 1620  defendió la pintura del Crucificado con cuatro clavos. Pacheco se basaba en  argumentaciones suministradas por Francisco de Rioja y el italiano Ángelo  Rocca, obispo de Tagasta, quien en 1609 había publicado un breve tratado sobre este aspecto, según las revelaciones que recibió Santa Brígida de Suecia (1302-1373) Patrona de Europa, su festividad es el 23 de julio. La Santa tuvo varias visiones, en ellas predecía hechos futuros  y  apariciones de santos. En una de esas visiones pudo ver la muerte y torturas que sufrió Cristo. Francisco Pacheco sostenía  la idea de la crucifixión con cuatro clavos, frente a la más extendida representación del Crucificado sujeto al madero con solo tres clavos, cruzado un pie sobre el otro. En el Museo del Prado de Madrid se encuentra un lienzo de un Cristo con cuatro clavos pintado por Velázquez en 1632, con dos clavos  para las manos y dos para los pies. Los artistas de estilo gótico representan a Cristo con tres clavos, haciendo que un pie esté sobre otro, lo que obliga a una pierna a doblarse en forma diferente a la otra. El pintor español  Francisco de Zurbarán (1598-1664), realizó en 1627 su Cristo en la cruz con cuatro clavos, en la creencia de que era imposible que los pies fueran atravesados únicamente por un clavo. Los pintores seguidores  del clasicismo eran partidarios de tres clavos, mientras que los del realismo de Velázquez son partidarios de cuatro. San Ambrosio, San Agustín y otros mencionan expresamente los cuatro clavos que se emplearon para crucificar a Jesús. La Iglesia consideraba que la discusión entre los 3 ó 4 clavos carecía de sentido.  Son escasos los cristos de cuatro clavos, entre ellos tenemos: el  Cristo de la Clemencia en  la Catedral de Sevilla  elaborado en 1603; basado en las revelaciones de Santa Brígida. El Cristo de cuatro clavos de Nuestra Señora  Guadalupe en Reynosa- México; la cruz mide entre 1.90 metros de ancho por 3.10 metros de alto, elaborado en una sola pieza de mármol de Carrara, es decir, el mismo material utilizado por Miguel Ángel Buonarroti en las obras que adornan la ciudad del Vaticano. El milagroso Cristo de cuatro clavos en la iglesia de Shapaja, departamento de San Martín, al este del Perú. En Venezuela son conocidos: el de la Iglesia San José en Caripito, que presenta a Cristo con cuatro clavos, uno en cada mano y pies, estos últimos están separados, y el de la iglesia Cristo de Maiquetía; El Padre  Santiago Machado tuvo la feliz idea de comprar un terreno frente a la Plaza Lourdes y mandar a fundir en Francia un Cristo crucificado en metal resistente a la intemperie y al salitre; la cruz fue hecha en Venezuela en tres piezas: la más larga se fijó sobre la gruta base, donde iba a ir el Santo Sepulcro, y los otros dos trozos, que eran los brazos de la Cruz, con el Cristo ya fijo. Muchos caraqueños bajaron el 6 de febrero de 1914 a La Guaira al acto de bendición de la sagrada imagen de nuestro redentor, utilizando el  ferrocarril Caracas - La Guaira; como invitados especiales asistieron: el Delegado Apostólico, Monseñor Carlos Pietrapaoli quien bendijo la obra, el Arzobispo de Caracas, Monseñor Juan Bautista Castro, autoridades civiles y religiosas, cofradías colaboradoras y numerosos fieles.
(*) Gral.deBgda.                                                                                            churuguarero77@gmai.com
@eumenesfuguet
 Historia y Tradición

jueves, 21 de marzo de 2013

DE QUÉ MURIERON LOS PRESIDENTES Y EXPRESIDENTES DE VENEZUELA En el siglo XX y en el XXI

Oldman Botello

En el siglo XX hubo catorce presidentes de Venezuela y en lo que va del siglo XXI uno solo; una investigación nos revela de qué enfermedad o padecimiento fallecieron esos hombres que gobernaron al país en ambas centurias.
    El primer presidente venezolano en el siglo XX fue el general Cipriano Castro, tachirense, quien murió exiliado en Puerto Rico el 3 de diciembre de 1924, día de su patrona Santa Bárbara. La causa conocida fue la secuela de su vida disipada que lo llevó a operarse en Alemania con el afamado Dr. James Adolph Israel que cobró 50.000 marcos por la intervención más 10.000 por la hospitalización. Fue operado de fístula vesico-intestinal, una rareza como padecimiento orgánico y lo llevó a sufrir fiebres constantes y presentar en algunos momentos huevos de áscaris en la orina (neumaturia) y constantes infecciones en los ganglios inguinales; arrojaba gases por el meato urinario y él mismo explicaba: “Me peo por el pito”.
   El general Juan Vicente Gómez, que gobernó 27 años al país, falleció en Maracay a los 77 años, el 17 de diciembre de 1935, por un adenoma prostático con trastornos de la micción y diabetes mellitus acaecida ocho meses antes de su muerte; para aliviarla era necesario aplicar grandes dosis de insulina. Esta situación corría pareja con su negativa a operarse de la próstata y el incumplimiento de las medicaciones específicas para su enfermedad.
   El presidente provisional (permaneció en el cargo siete años, desde 1914 a 1921) el abogado Victorino Márquez Bustillos sufrió en diciembre de 1940 un accidente cerebrovascular con hemiplegia izquierda como consecuencia de esta afección , aunque conservaba la lucidez. En 1941 sufrió una neumonía derivada de un episodio de gripe que lo llevó a la tumba el 10 de enero de ese año.

    El Dr. Juan Bautista Pérez, presidente electo por el Congreso en 1928 en reemplazo del general Gómez, murió como consecuencia de un infartto el 7 de mayo de 1952 a los 83 años.
    El general en jefe Eleazar López Contreras murió a avanzada edad el 2 de enero de 1973 por una broconeumonía secundaria a infección respiratoria alta e insuficiencia cardíaca secundaria con cardiopatía izquémica. Entró en coma el 31 de diciembre de 1972 y murió el 2 de enero siguiente faltando pocos meses para cumplir los 90 años.
   El general Isaías Medina Angarita sufrió una trombosis de la arteria cerebral media el 8 de mayo de 1952 cuando se hallaba exiliado en Nueva York después de su derrocamiento en 1945. Entró en coma pero logró recuperarse aunque con hemiplegia izquierda. Ese mismo año, el gobierno dictatorial de Pérez Jiménez permitió su regreso al país en un avión fletado por los amigos del expresidente. En 1953 se le diagnosticó hiperglicemia y luego un infarto al miocardio falleciendo en la mañana del 15 de septiembre del propio año.
  El expresidente Rómulo Gallegos, también de avanzada edad, pues nació en 1884, presentó en 1961 un cuadro cardiovascular, diagnosticándose insuficiencia coronaria, la cual se agravó por haber presentado con anterioridad una accidente cardiovasculas quedando como secuela una hemiplegia izquierda. En febrero de 1966 padece edema agudo del pulmón. El 25 de enero de 1969, paresia o parálisis derecha y aforia progresiva y se llegó a un cuadro broncopulmonar. El 4 de abril de 1969 se diagnostica una labilidad vascular sin lograr su estabilización. A las 10 de la noche de ese día entró en estado de coma y murió a las 2:20 de la madrugada del 5 de abril.
   El polémico expresidente Rómulo Betancourt se encontraba en Nueva York con su esposa, la calaboceña René Hartmann Viso, cuando presentó un ACV masivo que le ocasionó la muerte el 28 de septiembre de 1981. Betancourt había manifestado a su esposa que si le llegara a ocurrir un grave percance de salud, no lo tuvieran con aparatos y vida artificial, por lo que doña Renée ordenó a los médicos desconectarlo cuando se diagnosticó el ataque cerebral masivo. Ella lo comprendió así porque también era médico.
    Raúl Leoni gobernó desde 1964 a 1969. La causa de su muerte, también en Nueva York el 5 de julio de 1972, fue una carcinomatosis generalizada; presentó cavidad abdominal purulenta y perforación de un divertículo en sigmoides, cuadro de ictericia que provocó un coma hepático y la muerte por bronconeumonía.
 El Dr. Rafael Caldera murió en Caracas el 24 de diciembre de 2009 como consecuencia del mal de Parkinson que venía sufriendo, con una lenta agonía. Tenía 93 años de edad.
   El abogado y periodista socialcristiano Luís Herrera Campins falleció en Caracas el 9 de noviembre de 2011 por complicaciones de una aneurisma  abdominal. Había nacido en Acarigua, estado Portuguesa, en mayo de 1925, a los 86 años no cumplidos.
  El presidente de la Junta Militar de Gobierno desde 1949, comandante Carlos Delgado Chalbaud murió instantáneamente como consecuencia de haber recibido cinco tiros en un atentado en el este de Caracas el 13 de noviembre de 1950. Uno lo recibió en la cara, otro en el cráneo, otro en el pecho y dos en las piernas.
   El general de división Marcos Pérez Jiménez murió octogenario en Madrid como consecuencia de un derrame cerebral el 7 de febrero de 1999 que lo postró en cama y un paro respiratorio en diciembre de  2002 que provocó su deceso en su suntuosa mansión en la exclusiva urbanización La Moraleja, en las afueras de la capital española, donde tenía hasta refugio antiatómico.
   Desconocemos la causa de la muerte del Dr. José Gil Fortoul, presidente provisional en 1910-1912, que falleció en Caracas en 1942, bastante anciano; del Dr. Edgar Sanabria Arcia, presidente de la Junta de Gobierno (1958-1959) y del contralmirante Wolfgang Larrazábal Ugueto, presidente de la Junta Militar de Gobierno a la caída de Pérez Jiménez. Falleció nonagenario, pues había nacido en 1911 y se graduó de oficial de la Armada en la Escuela Militar y Naval de Maracay en 1932.
  El presidente teniente coronel Hugo Chávez fallece el 5 de marzo de 2013, a los 58 años de edad (había nacido en Sabaneta, Barinas, en 1954) por cáncer, cuya naturaleza específica no fue dada a conocer sino como un tumor maligno, con afectación de próstata y huesos e insuficiencia respiratoria.
FUENTES:

BOTELLO, Oldman (1981) Maracay. Noticias del viejo valle. Caracas: Avilarte-Catalá Editores
Diccionario de Historia de Venezuela (1997) Caracas: Fundación Polar. Vol.

LABARTA, Diego. (1936) Así fue.  Caracas: spi.

Revista de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina. Mesa redonda Enfermedad y muerte de los presidentes de Venezuela. Segunda Parte. 3-4 de abril de 1981.

Información oral: Don Florencio Gómez Núñez de Cáceres (+); Dr. Lucas Manuel Moreno (Villa de Cura) Dr. Carlos Alarico Gómez (Caracas), Inocencio Adames Aponte (Villa de Cura)

viernes, 15 de marzo de 2013

Guarapo: Bebida tradicional venezolana. Esquina del Chorro



Gerónimo Alberto Yerena Cabrera*
Entre fuerte y dulce como el guarapo

Guaraperías o guaraperas

Guarapo caraqueño

Esquina del Chorro

Reencuentro de dos lanzoreteños en Caracas

José García de la Concha. Costumbrista caraqueño
“cerveza del pobre” 


Introducción

El siguiente trabajo se  refiere exclusivamente al guarapo elaborado de la caña de azúcar o del papelón. Se hace énfasis, principalmente, al sabroso guarapo preparado en la ciudad de Caracas y sus diversas historias en relación al mismo. Comentamos la expresión: “Entre fuerte y dulce como el guarapo”  usada en toda Venezuela, la cual define el estado en que uno se encuentra, y, que significa en línea general, entre bien y mal. Esta ha sido usada desde hace mucho tiempo, quizás, desde el principio de la colonia cuando se comenzó a preparar el sabroso y popular guarapo. Se le atribuye el uso del refrán a muchas regiones, tanto en el medio rural como en el urbano; pero muy probablemente se inició el dicho en áreas urbanas del norte del país, que fue donde se instalaron los primeros trapiches  y se inició los primeros sembradíos de caña de azúcar. Posiblemente los padres franciscanos en el año de 1521 fueron los primeros en iniciar la siembra de caña en el oriente del país.

En América se conoció la “miel de azúcar”  en el primer viaje de Cristóbal  Colón, según las  anotaciones en el Diario del Primer Viaje de fecha 16 de octubre, cuando relata que a los indios le mandaba a dar miel de azúcar cuando estaban en las naves. En la isla de Santo Domingo se plantaron y cosecharon los primeros cañaverales, y en 1515 se  había construido en esa isla el primer trapiche en América. De allí fue que pasó a nuestro país.

Los cañaverales se extendieron en nuestro territorio principalmente por Aragua, Lara, Yaracuy, y además de algunas regiones de Oriente; hubo sembradíos tempranamente en el Valle de Caracas y Petare, hasta Guarenas y Guatire hacia el año de 1578.


Guaraperías o guaraperas. Guarapo caraqueño. “Entre fuerte y dulce como el guarapo”





Las guaraperías, que se conozca, funcionaron en Caracas por lo menos desde el siglo XVII, e incluso a principios del siglo XVIII eran revisadas con el fin de que no se elaboraran guarapos muy fuerte. Ya se conocía y usaba en esa época la denominación de guarapos fuerte y dulce. En Caracas, comenta José García de la Concha, no había un lugar donde no se vendiera guarapos. En las pulperías, botiquines y hasta en establecimientos especiales que se llamaban “guaraperas” que, además, eran fruterías. Bebida refrescante, digestiva: Era la cerveza del pobre. 


El guarapo desde el inicio de su elaboración en Venezuela se preparó en varias modalidades, desde el zumo de la caña  triturada y exprimida mecánicamente, la cual aún observamos los carros de guaraperos en los barrios de Caracas; el guarapo preparado con la melaza de la caña y el tradicional guarapo hecho con papelón rayado al cual se le agrega, generalmente, limón o/y concha de piña. De esta última preparación se obtenían las diversas modalidades del guarapo, desde el fresco, entre fuerte y dulce, hasta el fuerte.


Con el guarapo fuerte, comenta J.M. García de la Torre en su libro “Mosaico venezolano” lo siguiente:

“Una variante muy sabrosa es el “guarapo enfuertado”, que se obtiene dejando fermentar simplemente el guarapo original, pero este enfuertamiento se mantiene por poco tiempo, porque superada la fermentación, los gases que se desprenden arrebatan el dulce sabor y la fuerza a la mezcla que queda convertida en un líquido verdoso y aguachinado, apenas sin olor ni sabor alguno”.  

El atribuirle a nuestros queridos llanos venezolanos de que, allí sea originario  el refrán “entre fuerte y dulce como el guarapo” en nuestro país, es quizás por la costumbre que aún ha perdurado en esa zona y por la sencillez de sus pobladores, como también por el desconocimiento de su historia. En las zonas costeras, así como en la Capital, y en zonas aledañas, fue donde primero hubo siembras de caña de azúcar y se instalaron trapiches ; existió guaraperías tanto del zumo de la caña, como las elaboradas con papelón, mucho antes que en las zonas llaneras, y ya se decía el refrán antes que en el llano venezolano. En Caracas, este decir fue frecuente, en todos los estamentos, hasta mediados del siglo pasado, y persistió casi hasta finales del siglo -quizás más de un caraqueño actual no tiene idea de lo que fue su ciudad, y, a lo mejor, ni le interesa -. (¿!)


Esquina del Chorro.

Nada más propicio al hablar del guarapo es mencionar la historia de la esquina del Chorro. De la guarapería que existió a finales del siglo XVIII y principio del siglo XIX, fue que nació el nombre de la esquina. Francisco Tosta García, en su libro Costumbres caraqueñas (1883),  refiere: “ que son las andanzas de los hermanos Juan y Agustín Pérez las que le dan el nombre a esta esquina. Juan y medio y Agustinillo, como eran conocidos en la Caracas de 1812, eran canarios y realistas. El primero era el encargado de encender los faroles públicos, y se contaba entre los personajes que intentaba derrocar cualquier gobierno patriótico que tomara el poder. Agustín, por su parte, tenía fama de ser el rey de los “guaraperos”, se decía que preparaba la mejor bebida de piña y papelón de la ciudad. Su negocio de guarapo fuerte o “entre fuerte y dulce”, al gusto del cliente, se encontraba en el ángulo suroeste de la esquina del mercado de la Plaza de Armas, contaba con un sistema de despacho único. Había diseñado un aparato o envase giratorio, con una llave hacia la calle y un cántaro colgante, que estaba sujeto a una cadena. Agustín podía despachar a sus clientes sin abrir la puerta, con tan sólo soltar la llave al momento de escuchar el sonido que hacía el centavo al caer en una alcancía. Como aparentemente el jugo salía solo y brotaba como un chorro, la esquina tomó ese nombre”.
La esquina del Chorro se encuentra en la Avenida Universidad (O/E 4), entre Traposos a Coliseo, a tres esquinas hacia el este de la esquina de San Francisco y dos esquinas al oeste de la esquina del Corazón de Jesús a partir de la Avenida Fuerzas Armadas. La casa se encontraba en el ángulo sur-oeste de esta esquina, no en la Plaza de Armas.

Reencuentro de dos lanzaroteños en Caracas.
El escritor, poeta, periodista y costumbrista lanzaroteño Isaac Viera y Viera(1858-1941)   en su libro Costumbres canarias. 1916, en las narraciones que hace sobre su estadía en nuestro país (mediado de los setenta del siglo XIX hasta 1882) relata lo siguiente sucedido a dos paisanos, de los cuales uno había asimilado la jerga caraqueña:

“Un lanzaroteño, que no tiene sino un mes de estar en Caracas, se tropieza una noche en el teatro con un compañero de la infancia, y de buenas a primeras, dándole un apretón de manos» le suelta la siguiente andanada de dicharachos criollos, que dejan patitieso al compatriota, el cual hace unas cuantas horas que pisa tierra venezolana:

—Socio, aquí hay que andar con “ojo de garza” “porque pescuezo no retoña.

—¿Y tú, cómo te  hallas?

Entre fuerte y dulce como el guarapo.

El interpelante abrió desmesuradamente los ojos, diciendo:

—Si no me hablas de otro modo, me quedo en ayunas.

—Quería manifestarte que me va entre bien y mal pasar.

—Comprendido.



Esto define claramente el significado del refrán, y lo popularizado que estaba en nuestra capital, quizás cuna del refrán en nuestro país.



José García de la Concha (1893-1975)

Uno de los mejores y amenos costumbrista caraqueños que nuestra Capital ha tenido, narra interesantes datos sobre el guarapo y su elaboración en nuestra ciudad, en su libro Reminiscencias. Vida y costumbres de la vieja Caracas.

Comenta J.G.de la Concha  lo siguiente:

“En la jarra o barril, en agua pura, se metía el papelón a derretir; luego se le agregaban las conchas de piña y unos canutos de de caña de azúcar pelados y partidos en trocitos; después con una paleta se meneaba bien y se dejaba reposar. Si se consumía el mismo día, se llamaba “guarapo fresco”. Si se dejaba para el día siguiente, estaba “entre fuerte y dulce”, y pasado los tres días, que ya comenzaba su fermentación, entonces era que se llamaba “guarapo fuerte”, muy gustable por cierto entre los caminantes”.


Lo más importante de todo actualmente es, que aún en Caracas, sobre todo en los barrios, se puede continuar tomando la deliciosa “cerveza del pobre” como dijo García de la Concha.  
*yerena.geronimo@gmail.com