miércoles, 30 de septiembre de 2015

EL BOLERO EN EL ALMA VENEZOLANA

Por Carlos Alarico Gómez
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 El bolero está ligado a lo más profundo de la cultura ibero-caribeña. Comenzó a popularizarse en Venezuela a partir de la segunda década del siglo veinte, gracias a las voces de Andrés Cisneros, Juan del Ávila, Alberto González Lira y Ramón del Campo, pero su extensión a todos los confines del territorio nacional sólo fue posible gracias al impulso que el medio radial le dio en todo el país. 
Los primeros boleros tenían mensajes sumamente melodramáticos, como el llamado Boda Macabra (letra del padre Carlos Borges), en el cual Cisneros resaltaba el dolor por la novia muerta, a la cual adoraba tanto que la desentierra y la viste con flores para poder consumar la promesa de amor eterno que ambos se habían formulado:
 “Oye la historia que contome un día/el viejo enterrador de la comarca:/era una amante, a quien con saña impía/ su dulce novia le robó la Parca…/En una noche horrenda hizo pedazos/la losa de la tumba abandonada/cavó la tierra y se llevó en sus brazos/el rígido esqueleto de su amada…/Llevó la novia al tálamo mullido,/se tendió junto a ella enamorado/y para siempre se quedó dormido/al esqueleto rígido abrazado”.   
Otro bolero de corte funerario, denominado romanticismo necrófilo por el escritor Rubén Monasterios, fue Madreselvas, original del maestro Pedro Elías Gutiérrez:
 (En estas soledades que me recuerdan/los tristes juramentos que oí de ella/cubrirán mi sepulcro las madreselvas/que me dieron coronas para sus sienes/). Como se puede observar, la temática era siempre sobre la pérdida de la mujer amada, probablemente inspirada en el poema La amada muerta del bardo mexicano Amado Nervo, de mucha popularidad para entonces.
Sin duda, el bolero despertaba pasión y se posicionaba rápidamente en el alma del pueblo venezolano, sobre todo después de conocerse que la canción Flor del mexicano Guty Cárdenas, era una melodía inspirada en el poema homónimo de Pérez Bonalde (Flor se llamaba/ flor era ella/flor de los valles en una palma/ flor de los cielos en una estrella/ flor de mi vida, flor de mi alma), que dedicó a su hija ausente. Es ésta quizá una de las mayores fortalezas del nuevo estilo, ya que nace inspirada en el texto de grandes poetas, además de su carácter romántico, de amor sufrido o de amor feliz.
No se ha establecido con precisión el nacimiento del bolero, pero es bastante probable que haya surgido en la españolísima provincia de Andalucía, en la región de Málaga, que era el lugar preferido por los gitanos del siglo XVI. La mayoría de los investigadores han encontrado evidencias de que fue allí donde comenzaron a cantar sus voleros, que en idioma caló significa volar, lo que hacían acompañados de guitarras y palillos que luego llamaron castañuelas. Las raíces africanas del bolero son más difíciles de establecer, debido a que los esclavos fueron traídos a América desde diferentes lugares de esa extensa geografía, pero lo más probable es que su aporte al ritmo del bolero se haya originado en el Congo, de cuya cultura bantú hay muchas evidencias en la región barloventeña venezolana y en los alrededores de Santiago de Cuba. En América no existe duda de que la natalidad del bolero se produjo en Cuba, pero es bueno recordar que en los momentos iniciales de la Conquista, los españoles observaron con deleite que los aborígenes venezolanos bailaban una danza colectiva, mientras cantaban lo que llamaban el areíto. La música era acompañada por la guarura, el tambor y las maracas, en tanto que la bebida para el festejo la tomaban de la fermentación del maíz, lo que permite establecer que la música estaba ya inmersa en el alma de los aborígenes venezolanos, quienes la enriquecen con los estupendos aportes que llegan de España (1498) y de África (1527). 
La boleróloga Tania Ruiz precisa que el bolero fue traído a América vía La Habana por músicos hispanos que interpretaban canciones flamencas y que progresivamente las fueron mezclando con ritmos africanos y sonidos autóctonos a los que llamaron habaneras, que reforzaron más tarde con la incorporación de los trovadores o cantores, llamados así porque interpretaban sus propias creaciones. A su vez, Manuel Felipe Sierra sugiere en el prólogo que le hizo a la obra Boleroterapia (2003: P. 7), original de  Humberto Márquez, que el bolero nació en 1883, cuando Pepe Sánchez compuso Tristezas (Tristezas me dan tus quejas, mujer/profundo dolor que dudes de mi/no hay pena de amor que deje entrever/cuanto sufro y padezco por ti). La composición de este bolero la hizo Sánchez en   Santiago de Cuba, convirtiéndose en una especie de padre del bolero. De hecho, los más conspicuos representantes de la trova fueron los cubanos José (Pepe) Sánchez y Nicolás Camacho, que se ocuparon de difundir el bolero allende los mares, a través de Yucatán, México, donde sembraron la pasión por ese estilo musical debido a las numerosas giras artísticas que efectuaron a finales del siglo XIX.  Aldemaro Romero, por su parte,  afirma que el bolero tuvo sus orígenes en España durante el siglo XVI (Pacanins, 2006: Conversaciones con Aldemaro Romero, p. 26), pero al principio consistía en compases de contradanza, tocados en tiempo de 3x4, conocido en la historiografía musical como el bolero español. El crítico Rubén Monasterios asevera que luego incorporaron las cajas, que fueron tomadas de la tradición musical peruana y llevada a España en el siglo XVII.
No obstante, si bien es cierto que el bolero es de origen cubano, también lo es que su popularización a través de todo el Caribe y, más adelante, en toda América Latina, se debe a los mexicanos. De hecho, el sentimiento que inspiraba fue sembrado en el alma azteca cuando los compositores Guty Cárdenas (1905-1932) y Agustín Lara (1900-1970) comenzaron a escribir sus bellísimas composiciones, que fueron interpretadas por Juan Arvizu, Pedro Vargas, Alfonso Ortiz Tirado y Néstor Chayres, quienes convierten el bolero en un estilo que se va a afianzar en toda América Latina, hasta llegar a masificarse durante su edad de oro, que podría ubicarse entre 1925 y 1965, destacándose las voces melodiosas de Alfredo Sadel (Venezuela), Daniel Santos (Puerto Rico), Beny Moré y Olguita Guillot (Cuba), Armando Manzanero y Toña La Negra (México), Lucho Gatica (Chile), Leo Marini y Roberto Yanés (Argentina), Raúl Shaw Moreno (Bolivia) y Julio Jaramillo (Ecuador), extendiendo su influencia a otros continentes y culturas, gracias a las interpretaciones de Rocío Dúrcal (España), Edith Piaff (Francia) y Nat King Cole (Estados Unidos), entre otros que sería prolijo enumerar. Ese es el motivo por el cual Aldemaro Romero aseveraba que la música popular caribeña deriva del flamenco y del jazz, que son -en su opinión- los géneros fundamentales de nuestra musicología. Eloísa Gómez Delgado, restauradora y antiguo miembro de la Camerata Caracas, precisa que el bolero marca el tiempo en 4x4 y añade que es una canción binaria con frases de ocho compases, que forman períodos de dieciséis con su repetición. Es decir, se trata de una música lenta, acompasada, dotada de una letra de carácter romántico algunas veces escrita por grandes poetas, como Agustín Lara y María Luisa Escobar, que favorecen la relación sentimental de las parejas de enamorados. Espero haber contribuido en algo con esta nostalgia colectiva, que supongo surgió del bolerólogo Freddy Álvarez Yanez. Embajador de carrera y muy querido amigo.

lunes, 28 de septiembre de 2015

BELLERMAN EN MARACAY Y EL CASTAÑO

  Oldman Botello*

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  (A Jeannette Gross Waldhof, su paisana de Hamburgo)    Ferdinand Bellerman fue un destacado pintor y naturalista alemán nacido en Erfust hace 201 años, el 14 de marzo de 1814 y falleció en Berlín el 11 de agosto de 1899, antes de morir el Siglo de las Luces; en 1842-1845 permaneció en Venezuela; dominaba hasta cierto punto el castellano y en su Diario venezolano, que publicó hace algunos años la Galería de Arte Nacional, describe esos momentos en el país que le permitió recorrer desde Oriente hasta Occidente y los Andes, así como parte de la Guayana y en esas vivencias están la veces que lo asaltaron, cuando les robaron a él y sus ayudantes su equipaje, el temor a encontrarse con los jaguares, cruzar ríos y pantanos y otras anécdotas que vierte con su particular manera directa de decir las cosas en el citado diario, además de dibujar y pintar paisajes, la flora y personajes populares de todo el país.
  Lo interesante es que Bellerman estuvo en Aragua y dejó pinturas y dibujos de Maracay, Turmero, San Mateo, La Victoria, El Consejo, Las Cocuizas, en el viejo camino de Caracas por la serranía arriba del Tuy, la Colonia Tovar, donde permaneció varias semanas compañando a Agustín Codazzi.
   Las referencias de Bellerman sobre Maracay reflejan al pequeño pueblo que entonces era, su vieja iglesia de campanario más corto y que fue elevado en 1919 luego de la muerte del coronel Alí Gómez y cuyo dibujo impresiona, ubicado el pintor para su trabajo en la actual calle Mariño, mirando al norte.
   Cuando arribó a Maracay provenía de Valencia y dice que para entrar al pueblo debía cruzarse un puente primoroso, que debió ser el puente sobre el río El Limón en Tapatapa o el puente sobre el río Güey. Era el 17 de febrero de 1844, a las tres de la tarde, en pleno carnaval por lo que uno de sus compañeros recibió su bautismo con agua. Subió al cerro de El Calvario para apreciar la ciudad y el lejano lago. Ciudad “muy placentera, ordenada y linda”, la piropea.  Partió al siguiente día hacia San Mateo, pasando por Turmero y el Samán de Güere.
    El 7 de marzo siguiente regresó a Maracay acompañado del señor Schael, cuñado del señor Vollmer, dueño de El Palmar, porque se mostraron interesados en subir hasta El Castaño y Ojo de Agua, al pie de la cuesta que sigue a Choroní. Al día siguiente emprendieron la subida y vio los saltos a los que llamaban ojo de agua (nombre que se perpetuó hasta los días que corren y hoy es un barrio cercano a Las Delicias), tiene palabras encomiásticas hacia la vegetación circundante, a los riachuelos que dan origen al río El Castaño, llamado en su curso medio río Maracay y que algunos desubicados llaman río Madre Vieja; dicho río Maracay es el que da nombre a la ciudad y al valle donde fue fundada en 1701.
    Del Ojo de Agua pasaron a la hacienda El Castaño, propiedad de la familia Michelena, a la que pertenecía el diplomático y hacendista don Santos Michelena. Dice que la hacienda “tiene grandes castaños que le dan sombra al café; los castaños, que crecieron silvestres originalmente tienen unas frondas extremadamente hermosas”. Desde la casa de la hacienda, Bellerman pudo observar a un rey zamuro, ave común en el parque nacional de hoy y que le llamó la atención por su vistoso plumaje en el cuello. Luego siguió cabalgando hasta otras haciendas cercanas a la montaña, seguramente la hacienda Palmarito, también de los Michelena, donde vio los inmensos cafetales y le llamó la atención al artista-naturalista que estaban sembradas las plantas en los lugares más escabrosos; presumía era muy difícil la recolección del fruto. Bajaron y siguieron hacia la cuesta en el camino de Choroní, gozándose con el paisaje circundante. Es una lástima que Bellerman no haya dibujado o pintado la zona que visitaba. De Maracay solo dejó la iglesia a la que nos referimos anteriormente.  
    Bellerman y sus acompalñantes regresaron a San Mateo donde permaneció varios días como huésped de Vollmer y dejó varios dibujos de San Mateo, del ingenio Bolívar, la casa de alto, personajes y hasta una pintura del lago a la distancia. Partió en 1845 a su país natal, Alemania pero dejó sus dibujos, pinturas y el interesante diario que contiene 356 páginas, traducidas del manustrito original propiedad del descendiente Peter Bellerman, por Helga Weisgarber  y Nora López.
                                                          oldmanbotello@hotmail.com
                                                       *Cronista del municipio Girardot (Aragua)

domingo, 13 de septiembre de 2015

BOLÍVAR Y FANNY


Por Carlos Alarico Gómez, Ph.D.*
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    Una apreciada profesora me envía lo que a su criterio fue la última carta de amor que escribió Bolívar, la cual estaba dirigida a Fanny Aristeguieta de Villards -su prima en tercer grado- a quien conoció en la época en que vivió en Paris entre los años 1804-1806, después de perder a su amada María Teresa. Fanny era una mujer casada, pero no hay duda de que ambos se quisieron mucho. Ella misma se ocupó de revelarlo en una carta que le escribió a Bolívar el 6 de abril de 1826, en la cual  le dice: “He tenido y tengo la creencia de que Ud. me amó sinceramente”. En esa misiva la bella Fanny se quejaba de que le había enviado cinco cartas  a su amado infiel y solo le había respondido una. No sabía la joven francesa que en esa época su antiguo amor se encontraba embelesado en los brazos de otra mujer casada: Manuela Sáenz. En compensación, Bolívar le envió una foto suya a Fanny y su edecán Wilson se ofreció para visitarla en París “…si Su Excelencia lo juzga conveniente”. Sobre este caso existen valiosas pruebas documentadas, a lo que hay que añadir los comentarios de hombres como Simón Rodríguez y Alejandro de Humboldt, quienes estuvieron en la casa de Fanny en el tiempo en que Bolívar era su amante.
 De todo ello se infiere que ambos se amaron apasionadamente, pero un detenido análisis de la carta que supuestamente escribió Bolívar el 6 o el 16 de diciembre de 1830 no es más que el producto de la fértil imaginación de Luciano Mendible Camejo, brillante abogado apureño, presidente del estado Guárico durante el Gobierno de Cipriano Castro, quien tuvo que huir de Venezuela cuando Gómez dio el golpe de Estado el 19 de diciembre de 1908. Al enterarse de que el golpe había sido exitoso su reacción fue la de alzarse en armas al frente de una revolución a la que sus hombres llamaron “La Mendiblera”, pero al verse derrotado huyó a Colombia, fijando residencia en Barranquilla, una población muy cercana a Santa Marta. Su largo exilio lo ocupó con diferentes actividades, entre las cuales se dedicó preferentemente al periodismo, oficio que le permitió escribir muchos artículos de prensa en el diario El Comercio de Barranquilla, que era dirigido por Abel Santos Carbonel. Fue allí donde apareció publicada en 1925 la hermosa carta que supuestamente le habría escrito Bolívar a Fanny. Antes de analizar las razones por las cuales creo que es apócrifa, estimo conveniente que el lector repase su contenido:
                                                          “Santa Marta, 06 de diciembre de 1830.
Querida prima: Te extrañará que piense en ti al borde del sepulcro. Ha llegado mi última aurora. Tengo al frente el Mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma por grandes tempestades. A mi espalda se alza el macizo gigantesco de la Sierra con sus viejos picos coronados de nieve impoluta, como nuestros ensueños de 1805. Por sobre mí el cielo más bello de América, la más hermosa sinfonía de colores, el más hermoso derroche de luz. Y tú estás conmigo cuando todos me abandonan. Tú estás conmigo en los postreros latidos de la vida, en las últimas fulguraciones de la conciencia. ¡Adiós Fanny! Esta carta llena de signos vacilantes la escribe la misma que estrechó la tuya en las horas del amor, de la esperanza y de la fe. Esta es la letra que iluminó el relámpago de los cañones en Boyacá y en Carabobo, la que escribió el Decreto de Trujillo y el Mensaje al Congreso de Angostura. ¿No la reconoces, verdad? Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despiadado la realidad de este supremo instante. Si yo hubiera muerto sobre un campo de batalla, dando frente al enemigo, te dejaría mis glorias, la gloria que entreví a tu lado en los lampos de un sol de primavera. Muero miserable, proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis favores, víctima de inmenso dolor, preso de infinitas amarguras. Te dejo en recuerdo mis tristezas y las lágrimas que no llegaron a verter mis ojos. ¿No es digna de tu grandeza tal ofrenda? Estuviste a mi lado en el peligro, conmigo presidiste los Consejos de Gobierno, tuyos fueron mis triunfos y tuyos mis reveses, tuyos son también mi último pensamiento y mi pena postrimera. En las noches galantes en el Magdalena, vi desfilar mil veces la góndola de Byron por los canales de Venecia. En ella iban grandes bellezas y grandes hermosuras, pero no ibas tú, porque tú has flotado en mi alma montada sobre níveas castidades. A la hora de los grandes desengaños, a la hora de las íntimas congojas apareces ante mis ojos  moribundos con los hechizos de la juventud y de la fortuna. Me miras y en tus pupilas arde el fuego de los volcanes, me hablas y en tu voz escucho las dianas inmortales de Junín y Bomboná. ¿Recibiste los mensajes que te envié desde la cima del Chimborazo? Adiós Fanny, todo ha terminado. Juventud, ilusiones, sonrisas y alegría se hunden en la nada. Sólo quedas tú como visión seráfica señoreando el infinito, dominando la eternidad. Me tocó la misión del relámpago: rasgar un instante las tinieblas, fulgurar sobre el abismo y tornar a perderme en el vacío. Bolívar”.
            La carta es muy bella y revela dominio del idioma, además de una fértil imaginación, pero tiene los siguientes puntos débiles, que la hacen difícil de admitir como cierta, los cuales enumero a continuación:
1.- La carta dice que muere “…proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis favores”. En verdad no fue así. A Bolívar no lo había abandonado nadie. Él renunció a la Presidencia de Colombia por voluntad propia. Se encontraba muy enfermo y quería irse a Europa para recuperar su salud. Cuando se fue de Bogotá dejó en la Presidencia a su amigo Joaquín Mosquera, electo en el llamado Congreso Admirable que presidió Antonio José de Sucre. En septiembre fue sustituido por Rafael Urdaneta, quien tomó el poder por golpe de Estado para que Bolívar volviera, pero éste no aceptó. La noticia se la llevó al Libertador el general Mariano Montilla, quien era el gobernador de la provincia de Cartagena. Con él estuvieron en sus días finales los generales José Laurencio Silva, Pedro Briceño Méndez, Julián Infante, José Trinidad Portocarrero, Mariano Montilla y José María Carreño; los coroneles Belford Hinton Wilson, José de la Cruz Paredes y Joaquín de Mier; el comandante Juan Glen; los capitanes Andrés Ibarra y Lucas Meléndez; los tenientes José María Molina y Fernando Bolívar Tinoco; los doctores Manuel Pérez Recuero y Alejandro Próspero Reverend; su mayordomo José Palacios y Fernanda su cocinera. Todos ellos fueron fieles al Libertador durante su vida y después de su muerte. Todos eran personas de su plena confianza.
2.- En la carta se dice también que muere “…miserable…”, lo que tampoco es cierto. Bolívar no murió pobre: Sus bienes los administró María Antonia y hay mucha documentación sobre las Minas de Aroa, sus haciendas, sus casas de Caracas. Lo de la pobreza es un mito. Una persona pobre no viaja a Europa a curarse.   
3.- Las posibilidades físicas e intelectuales de que Bolívar haya podido escribir una carta así, en ese momento, solo puede ser considerada por la admiración que sentimos por él, pero hay una extensa documentación médica en el libro de Reverend que revela su estado de incapacidad. Tanto es así que cuando Bolívar llegó a Santa Marta el 1 de  diciembre fue bajado del barco “Manuel” en silla de ruedas, sufriendo de fuertes dolores estomacales y de dificultades respiratorias.
4.- El 6 de diciembre –que es la fecha de la carta- fue llevado de Santa Marta a la Hacienda San Pedro Alejandrino en una berlina propiedad de Joaquín de Mier. La información aparece en el Boletín N° 6 del médico Alejandro Próspero Reverend y fue insertada en el folleto titulado La última enfermedad, los últimos momentos y los funerales de Simón Bolívar, escrito por él y editado en París en 1866. 
5.- La otra fecha que aparece en la copia que le fue entregada a Vicente Lecuna es la del 16 de diciembre. Ese día el Libertador estaba inconsciente y al borde de la muerte. Su salud era tan delicada que seis días antes decidió confesarse con el obispo de Santa Marta, monseñor José María Estévez, recibiendo la extrema unción de manos del padre Hermenegildo Barranco, párroco de la población de Mamatoco, la más cercana a San Pedro. Ese mismo día firmó su testamento.
5.- Otro punto de menor cuantía -pero de necesaria consideración- es el hecho de que Fanny fue un amor de juventud, una aventura grata e interesante, similar a la que aparece en la vida de la mayoría de los hombres. En el caso específico de Bolívar hay que tomar en cuenta el gran amor que sintió por su esposa, a la que juró no contraer matrimonio de nuevo y le cumplió. Es bastante probable que después de María Teresa su gran amor haya sido Josefina Machado, una bella muchacha caraqueña que le colocó una corona de laureles cuando llegó victorioso a Caracas en agosto de 1813. Josefina lo acompañó en sus horas más difíciles (1813-1819) y viajó con él desde Haití en el barco con el que efectuó la primera expedición de Los Cayos (1816). Ella murió cerca de Achaguas en 1819 cuando se dirigía a Bogotá a reunirse con su amado, que para ese momento ya era el Libertador de la Nueva Granada.
5.- Fue una bella carta de amor es verdad, pero no la escribió Bolívar. Fue el producto de la fértil imaginación del poeta Mendible. Esta aseveración parte de dos hechos fundamentales: El primero es la investigación que a tal efecto ordenó en 1925 el Dr. Vicente Lecuna, presidente y principal accionista del Banco de Venezuela, tan pronto tuvo en sus manos la carta publicada por el diario El Comercio de Barranquilla. El resultado de las pruebas grafotécnicas que ordenó Lecuna le permitieron establecer que la carta era apócrifa. El segundo es la propia admisión de lo ocurrido que le hizo Mendible a Lecuna ante el Dr. Elías Pérez Sosa, que dio testimonio del hecho. Esa confesión se produjo durante una entrevista que sostuvieron cuando Mendible regresó a Venezuela en 1936, en la que dijo que él había escrito la carta para honrar  y recordar el alma de Bolívar.

Caracas, 25 de agosto de 2015
*Carlos Alarico Gómez es profesor universitario categoría titular, periodista y doctor en historia.  Realizó sus estudios superiores en Venezuela, Italia y Estados Unidos. En su tesis de licenciatura analizó los orígenes del periodismo en Miranda Periodista, habiendo logrado en su promoción la primera posición en su especialidad (UCAB-1977). La de maestría versó sobre El papel de los medios de comunicación en el bloqueo de Venezuela en 1902, lo que le permitió obtener mención de honor (Universidad de Wisconsin, USA). En su tesis doctoral disertó acerca del Proceso de Formación del Estado Democrático en Venezuela y se graduó cum-laude (UCAB, 2004), habiéndosele conferido el honor de solicitar los títulos correspondientes a la promoción 2004. Su labor profesional lo ha hecho acreedor a numerosos reconocimientos, tales como: Premio Municipal de Periodismo, Municipio Sucre (Mención Docencia e Investigación), 1990; Premio Municipal de Periodismo, Municipio Baruta (Mención Radio), 1991; Premio Iberoamericano de Periodismo, 1996. Ha sido condecorado con las órdenes Andrés Bello, Andrés Eloy Blanco, José Antonio Páez, Cacique Yare y Francisco de Miranda, entre otras. Es miembro  del Círculo de Escritores de Venezuela, del Colegio Nacional de Periodistas, del Colegio de Relacionistas, de la Sociedad Divulgadora de la Historia Militar, de la Biblioteca de Temas Tachirenses y del Club Médico Caracas. Es autor de más de 20 publicaciones.