viernes, 31 de octubre de 2014

Templanza y valor indiscutibles de la heroína venezolana parte (I) y (II).



Eumenes Fuguet Borregales (*)

Parte(I)
Mujer hecha Patria
                                                                          
En cada espacio del tiempo histórico venezolano, iniciado con el descubrimiento de nuestra patria, en 1498, y en diferentes épocas, la mujer venezolana se ha caracterizado por su activa, abnegada y valerosa participación, coadyuvando con su solidaridad lograr los nobles objetivos de la emancipación. En momentos de plena dificultad, numerosas paisanas brindaron guarda y cobija a los combatientes de luchas e ideas, que, por ser fieles a causas justas, eran perseguidos sin tregua; otras sirvieron de mensajeras, transitando sitios inhóspitos y vigilados por fuerzas enemigas; unas atendían a los heridos en pleno campo de batalla. Quienes conocían de manualidades, contribuían con la costura de ropas y uniformes, otras preparaban comida. Quienes demostraban guáramo, tomaban un arma y peleaban en primera fila, hombro a hombro con los soldados, regando con su sangre no perdida los Caminos de la Redención; muchas avanzaban como troperas en la retaguardia, para realizar funciones logísticas. La Historia y Tradición, recoge la información de tantas compatriotas de todas las clases sociales y de todas las regiones, quienes, como madres, esposas o amantes, dejaron honda huella de sacrificio y pasión por la Libertad, con sentido de Patria en sus nobles corazones. La Princesa Judibana, primera heroína venezolana. Hija del Cacique Manaure y vivía en Paraguaná, casada con  Hurehurebo; ellos, defendiendo sus tierras, fueron atacados y heridos salvajemente, por los conquistadores. Judibana perdió una pierna y ambos fueron trasladados en calidad de esclavos hasta la isla de Santo Domingo; la efectiva y bondadosa acción de Juan de Ampíes permitió la liberación y regreso al terruño de estos aborígenes, donde fueron bautizados y casados por la Iglesia, con los nombres de, Fernán y Juana; este sería uno de los primeros matrimonios realizados en Venezuela. 

                                    
Josefa Joaquina Sánchez, esposa del protomártir José María España, quien junto a Manuel Gual, ayudó en su afán emancipador junto a Manuel Gual. Doña Josefa, conocida como "La Bordadora", confeccionó, la Bandera emancipadora de Gual y España. Al ser develado el movimiento, Josefa, fue encarcelada durante ocho años, los cuales pasó con dignidad. Sus hijos, los cadetes José María y Prudencio, enarbolaron en la Plaza Mayor de Caracas el 14 de julio de 1811, la Bandera tricolor recién diseñada por el precursor Francisco Miranda, sitio por cierto, donde fue ajusticiado su padre once años atrás, no sin antes decir: “No pasará mucho tiempo sin que mis cenizas sean honradas”. María Isabel Gómez, curazoleña, madre del general Manuel Piar, trabajaba en La Guaira como comadrona, muy amiga de doña Josefa Joaquina, participó, en el movimiento de Gual y España en 1799. Ella los alertó sobre la orden de detención; por tal motivo, fue encarcelada en La Guaira y desterrada hacia Curazao. Gual y España se alojaron en su casa en Curazao. Su hijo, el general en jefe Manuel Piar, fue el Libertador de Guayana, en 1817. María del Carmen Ramírez de Briceño. Digna tachirense, vivía entre San Cristóbal y Cúcuta; su esposo, tenía varias propiedades, que fueron confiscadas. María es de las primeras en informar a los vecinos de ambas ciudades, el movimiento del 19 de abril de 1810. En 1819, es detenida como prisionera y enviada a Bailadores; el Libertador, al conocer la noticia, movilizó un batallón para rescatarla. Las residencias de doña María, sirvieron de alojamiento a Bolívar, y  la  de Cúcuta, sirvió de hospedaje, en donde murió en 1821 el distinguido doctor Juan Germán Roscio; en otra  de ellas, realizaron reuniones del Soberano Congreso, reunido en esa ciudad fronteriza por órdenes del Libertador. Batallón de Mujeres de San Carlos, el 25 de abril de 1812, lucharon las mujeres de todas las clases sociales de San Carlos utilizando palos, machetes, sables y algunas armas, al mando del comandante Miguel Carabaño, contra las huestes de Domingo Monteverde; los republicanos perdieron por la deserción de un escuadrón de caballería, cuando Monteverde se retiraba. El Libertador desde su cuartel general de Trujillo, el 22 de junio de 1813, exalta la valentía de estas heroicas  mujeres  de San Carlos, quienes lucharon con valor y sacrificio.
AGRADECIMIENTO. Al publicar este artículo número 500, en el prestigioso diario El Carabobeño, quiero dar testimonio de profundo agradecimiento, a sus directivos y a los consecuentes lectores, quienes, con sus generosos conceptos, convertidos en estímulos, me han permitido llevar a cabo la labor investigativa y divulgadora; es un compromiso en aras de internalizar nuestra identidad nacional.


                                   Parte (II)
                      Mujer hecha Patria

Ana María Campos. Nacida en los Puertos de Altagracia, en todo momento participaba en beneficio de la emancipación; asistía en Maracaibo a las reuniones secretas para organizar la defensa contra el general realista Francisco Tomás Morales, quien, después de la Batalla de Carabobo, se trasladó a Puerto Cabello y luego a Maracaibo. Es famosa su frase de: "Si Morales no capitula, monda" (muere). Al ser capturada, la castigaron públicamente, paseándola por Maracaibo montada semidesnuda en un burro, llevando latigazos como escarmiento, para que retirara lo dicho; Ana María soportó estoicamente el castigo, sin doblegarse. Luisa Cáceres de Arismendi. Abnegada caraqueña, que sintió a principios de 1814 el dolor por la muerte de su padre y hermano por órdenes del sanguinario Francisco Rosette, en Ocumare del Tuy. Ella salió con su familia en julio de 1814 en la Emigración de Oriente, en cuyo trayecto, cual verdadero calvario, perecieron cuatro tías; de Cumaná pasa con su madre y un hermano a Margarita, donde contrae matrimonio con el ilustre prócer Juan Bautista Arismendi; las fuerzas del general Pablo Morillo la capturan y trasladan al Castillo de Santa Rosa, donde pierde la Criatura que esperaba al nacer. Cada vez que la interrogaban, contestaba: "Jamás lograréis de mí que le aconseje (a su esposo) faltar a sus deberes". Sin disminuir su moral y temple. Pasó por las cárceles de Caracas, de La Guaira y de Cádiz, allí contestaría: "No renuncio jamás a mis deberes". Los restos de esta digna heroína, se encuentran en el Panteón Nacional. Es la primera paisana en ingresar al Augusto Recinto y único matrimonio, que allí se encuentra, allí también  reposan, los venerados restos de la famosa escritora, Teresa de la Parra, de la excelsa pianista Teresa Carreño y simbólicamente,  los de la  heroína Josefa Camejo. Micaela Longa. Joven aristocrática caraqueña, en 1816, fue detenida por las autoridades españolas, acusada de rebelde y colaboradora de los republicanos, sufrió las penurias de un año de cárcel, por el delito, de "brindar por Bolívar, una botella de licor". Teresa Heredia. Representante de la juventud de Ospino, mujer de gran perseverancia y lealtad, huérfana desde niña. En una ocasión, fue encarcelada, por seis meses, sufriendo torturas físicas y morales. En otra oportunidad, es denunciada por subversiva, y condenada al destierro en Norteamérica. 
                             Monografias.com
Josefa Camejo. Paraguanera, sobrina del ilustre sacerdote monseñor Mariano Talavera y Garcés, denominado por Bolívar "El mejor Orador de América". Desde 1810, Josefa, se incorpora al movimiento revolucionario, participó en 1820 y 1821 como mensajera entre Maracaibo y Coro, a las órdenes del general Rafael Urdaneta. En ocasiones se vestía de pordiosera para despistar a los realistas. Con la valerosa toma de Paraguaná el 3 de mayo de 1821, inicia la liberación de Coro, concluida por Urdaneta, el 11 de mayo, de ese memorable año. Las Costureras de Guanare. La primera vez, que el Ejército Libertador usó uniforme, fue en la gloriosa Batalla de Carabobo, gracias a la actividad desplegada por las insomnes mujeres de Guanare, que enhebraban los hilos de la libertad, para coser mil uniformes, con telas color azul, la chaqueta,  y blanco el pantalón, el cual lucirían orgullosos, en la formación de parada el 23 de junio, en la sabana de Tinaquillo, Bolívar los arengó, con sus proféticas palabras: ¡Mañana seréis invictos en Carabobo! Campaña de Carabobo. Durante la concentración estratégica hacia San Carlos, previa, a la batalla decisiva de Carabobo, las unidades de combate llevaban mujeres, que realizaban funciones logísticas, y atención a los heridos. En San Carlos, acudieron doscientas mujeres, de diferentes estratos sociales y de todas las regiones, compenetradas en un solo objetivo, la independencia. Estas  heroínas, se conocen  en Venezuela, se conocen como "Troperas", en Colombia, como "Las Juanas" y en México como "Las Adelitas". Las heroínas de Carabobo. En la memorable sabana, de Carabobo, designada por el Poeta del Pueblo, Andrés Eloy Blanco "domicilio histórico del Ejército venezolano", después de la batalla se ordenó a los tenientes Rafael Mendoza y Vicente Piedrahita, que recogieran los cadáveres para su entierro o quema. Al realizar su ingrata labor, encontraron a dos mujeres con uniforme puesto y cabello recogido; eran dos heroínas desconocidas, de las veinticinco, que pelearon en la magna batalla.
Gral. de Bgda.                                                                            Churuguarero777@gmail.com
@eumenesfuguet


 


(*) Gral de Bgda.                                                                                       

Historia y Tradición

viernes, 24 de octubre de 2014

EL GENERAL PAULINO CAMERO. PERSONAJE POLÉMICO

Por Oldman Botello*
                                                                                                                 
       Rito Paulino Camero Redondo era su nombre. La cédula de extranjería obtenida en Cúcuta cuando el exilio en 1940 expresa que había nacido en San Antonio del Táchira el 22 de junio de 1872, que medía 1,54 de alto, trigueño, ojos castaño claro. Tres cosas lo metieron en la historia: su participación en la Revolución Liberal Restauradora en mayo de 1899 en los primeros contingentes anexados al cruzar la frontera colombo-venezolana; la dirección de la Penitenciaría General del Centro (léase castillo Libertador de Puerto Cabello) y el poema Pesadilla con tambor, escrito en ese recinto carcelario por Andrés Eloy Blanco y donde se cita a Camero junto con otros jerarcas del régimen, civiles y militares.
    Paulino Camero –como se le llamaba comúnmente- tal como se dijo formó parte de los primeros contingentes que se agregaron a las huestes del general Cipriano Castro cuando invadió al Táchira desde Colombia y se vino hasta Caracas entre mayo y octubre de 1899. Camero probó ser recio para el plomo y estuvo en la campaña hasta su término, a pesar de que cuando le ponían en 1931 en el castillo de Puerto Cabello los grillos setentones al general Juan Pablo Peñaloza, éste lo quiso descalificar ante los demás diciendo que era malo para la guerra y bueno para asaltar un corral. Pero Camero llegó a general. Fue hombre de confianza del régimen.
    Después del triunfo de la Restauradora Camero ocupó cargos públicos menores. En 1908 se desempeñaba como jefe civil de Choroní, lo cual quiere decir que el general Gómez quería tenerlo cerca. Lo distinguía. En 1924 tomó posesión de la presidencia del estado Portuguesa en reemplazo del general Gregorio Cedeño y en julio del año siguiente le entregó el despacho al general trujillano José Garbi Galli. Es muy poco lo que se puede hacer en algo más de un año al frente de la gestión administrativa y con magros recursos. Seguramente fue una hábil maniobra política del general Gómez con algún resultado. Sabía mover sus piezas Por allí andaba merodeando con ganas de alzarse el general José Rafael Gabaldón hasta que lo puso por obra en 1929 desde su hacienda Santocristo, en Biscucuy.
    Hacia 1928 o 29 se le designa director de la Penitenciaría General del Centro como se llamaba oficialmente al castillo de San Felipe Neri o Libertador, en Puerto Cabello. Allí le corresponderá la ingrata tarea de recibir a mucha gente importante, entre otros a Andrés Eloy Blanco, Jóvito Villalba, Alberto Ravell, los generales Juan Pablo Peñaloza y Rafael María Carabaño. Podemos decir en su descargo que no era de malos sentimientos. Tal vez le disgustaba colocar sesentones y setentones en los tobillos de tantos venezolanos, pero la orden de Maracay era inexorable, colocar los grillos a quien el gobierno conviniera. Andrés Eloy se quejó después en un artículo de prensa de la comida: “...aquella bazofia que Camero echaba de comer a los presos, aquellas arvejas, aquellos quinchonchos que llegaban en latas de gasolina, eran perdigonadas que daban en el blanco...”. En una carta de Jóvito Villalba a Joaquín Gabaldón Márquez entra en contradicción pues a pesar de que lo llama “siniestro General Camero” explica más adelante que la familia de Andrés Eloy Blanco había conseguido permiso con él para introducir una victrola al castillo, música clásica al lado de fox-trots, tangos y música popular, al igual que libros de toda naturaleza hasta tal punto que los universitarios, entre ellos Andrés Eloy, instalaron una escuela de enseñanza desde alfabetización hasta contabilidad, política y economía. Sobre él escribiría su poema el bardo cumanés, Pesadilla con tambor, en una de cuyas estrofas se lée: “Camero. Ranero. Cepo ballestero. Rodríguez Rivero”. Rodríguez Rivero era el Rector de la UCV, tío del fallecido presidente Caldera y quien era amigo del régimen. AEB lo grabaría en un disco con su clásica voz cascada durante el exilio en México. A la muerte del general Gómez, Camero se exilió voluntariamente en Trinidad ayudado por su hijo Reyes Camero Pico, que era edecán del general López Contreras. Aprendió inglés perfectamente. Luego se radicó en Cúcuta hasta 1941 cuando regresó al país ayudado por el general Isaías Medina Angarita que lo pasó a retiro y le asignó una pensión. Camero se radicó en Guayabita, cerca de Turmero, donde ejercía la agricultura  y su familia lo visitaba con frecuencia. Fueron sus hijos radicados en Aragua, en Maracay, los habidos de su unión con la coriana Rita del Carmen Lugo, nacidos en Barrera y Tocuyito: Bertha Olimpia, Juana Josefa, Belén María y Ana Gertrudis, que fue esposa de don Chuchú Rausseo Pereney. Afectado por la diabetes murió en  la Clínica Maracay el 21 de diciembre de 1943 a los 75 años. El general Medina Angarita vino a su entierro. Se recuerda que cuando regresó al país nadie osó molestarlo. No las debía, a pesar de haber sido carcelero de tantos que ocupaban cargos en el gobierno o estaban cerca de él, o en la gruesa oposición contra López.
                                        oldmanbotello@hotmail.com
*Cronista del municipio Girardot

domingo, 19 de octubre de 2014

GINECOCRACIA

JESUS ALFARO GARANTÓN

 1527-circa 75 Governor-in-absentia Aldonza de Villalobos Manrique, Isla de Margarita (Venezuela/Spanish Possession) 

Curucuteando en libros de historia sobre la importancia de Margarita en la conformación del territorio nacional, me encontré con la preminencia de la mujer en llevar las riendas de decisiones cruciales que conformaron la Venezuela actual. La primera señal del poderío femenino está representada por la Cacica Isabel, dueña y señora del pueblo guaiquerí y madre del primer héroe mestizo Francisco Fajardo, quien en el devenir histórico se constituyó en el fundador del hato San Francisco, la primera población de conquistadores en el valle del Guaire, adelantándose por varios años a Diego de Lozada. La primera gobernación de Margarita fue asignada a Marcelo de Villalobos y  por su repentina muerte dejó como heredera a su hija Aldonza Manrique y ella fue única  gobernadora nombrada durante el imperio español y manejó con mano de hierro todo el territorio insular por casi 100 años, se distinguió por su decidido apoyo a la mujer margariteña.

No es de extrañar que la familia margariteña de hoy gire alrededor del fogón de las “maítas” y sean ellas, entre empanadas y pescado frito las ductoras de la vida familiar. El matriarcado margariteño siempre ha sido intenso y no hay indicios de cambios inmediatos.

Los párrafos anteriores pueden definir el matriarcado, pero esta crónica se titula Ginecocracia y ya veremos el por qué. Matriarcado se define como el gobierno maternal y Ginecocracia correspondería al ejercicio del poder basado en el encanto femenino.

En la misma historia de Margarita hay un capítulo llamado “las Rojas” y no es en referencia a un color sino a la importancia de un apellido que llevaban unas margariteñas que se distinguieron por su belleza e inteligencia y que dieron pie a la ginecocracia nacional.

Ana Rojas, fue el pilar fundamental de esta zaga, vivió en Margarita en los tiempos de las bellaquerías del tirano Aguirre y se distinguía por tener “el más dulce y bello rostro de mujer alguna”, según crónicas de la época y otro piropo fue “la hembra más grañida y hermosa que pariera La Margarita”. Estaba casada con un viejo VALETUDINARIO, así aparece escrito en todos los documentos, para mi suena como oxidado, lagañoso y hediondo a formol. Ana Rojas, fue muerta junto con su esposo por Lope de Aguirre al descubrirse que trataba de envenenarlo en medio de lisonjas. La sobrevivieron tres hijas, herederas de la belleza y encanto de su madre. A tanto llegó la importancia de su belleza que un vate enloquecido por el amor y por demás monje llamado Juan de Castellanos, escribió: “Ana, portento de gracia y donaire, Francisca, como una Diana: resplandor y lumbre clara, Beatriz, tenía cuanto bueno se junte”

Estas niñas no se quedaron exhibiendo sus adornos, sino como premonitorias Miss Venezuela, decidieron sacar provecho de sus atributos y se casaron con la flor y nata de la naciente Caracas. Ana casó con Alonso Diaz Moreno, uno de los hombres más rico de la provincia, Beatriz con Francisco Infante futuro alcalde de la ciudad y Beatriz con Garci Gonzales de Silva, jefe militar y el verdadero conquistador de Caracas. Las bellas Rojas, le pusieron así la mano al coroto, manejaban la banca, la política y el ejército, el sueño de cualquier gobernante. Hicieron sentir su poder y todo pasaba por sus manos antes de la toma de cualquier decisión. La prole de la Rojas fue extensa y poderosa, dieron pie a los llamados por Herrera Luque “veinte somos los Amos del Valle” y en referente genealógico en linea directa y séptima generación, después de muchos años nació un caraqueño bautizado con el nombre de Simón Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. Según estudios genealógicos esta prole de las Rojas a través de los tiempos sigue teniendo preminencia en la banca, la política y el poder en la Venezuela de hoy. Esta es la REAL GINECOCRACIA, la verdadera influencia del encanto femenino en el ejercicio del poder.

La historia universal está llena de ejemplos del poder de mujeres y se han perdido hasta imperios por la fuerza del amor. En nuestra historia republicana  son conocidas algunas cuitas de alcobas presidenciales. Al precursor Don Francisco de Miranda se le ha achacado la posesión de un pequeño cofre donde guardaba algunos pelos como recuerdos de un amor ausente. José Antonio Páez, exhibió a su amante en saraos oficiales y esta Barbarita Nieves, no dejó pasar la oportunidad de hacer sentir su poder en las erogaciones monetarias del momento. Guzmán Blanco, quien otorgó a su mujer Doña Ana Teresa Ibarra, el manejo de la economía y ella en retribución, ni corta ni perezosa lo convirtió en poco tiempo en uno de los hombres más ricos del mundo, haciéndole tener más de 300 casas de su propiedad. Joaquín Crespo, siguió el ejemplo de su predecesor y delegó la economía en Doña Jacinta Parejo, su esposa, quien sin ningún escrúpulo lo convirtió en multimillonario, como sería la cosa que cuentan que el  mismo Guzmán sorprendido ante el nuevo riquismo de Crespo exclamó: “carajo compadre, yo le dije que podía hacer unos cuantos realitos, pero no tantos”. Otra presidencia donde se ejerció la ginecocracia fue en el periodo de Raimundo Andueza Palacios quien intentó aumentar su periodo presidencial a requerimientos de su esposa Isabel González, la cual deseaba terminar su casita familiar con ayuda de la economía nacional, esta mansión es la sede actual del colegio San José de Tárbes en El Paraiso. Cipriano Castro, un maníaco sexual que llevó al país al colapso económico. Juan Vicente Gómez, quien se salvó de estas tragedias por su convicción de no amanecer con ninguna mujer porque a su buen decir y entender “oler las ventosidades mañaneras de las mujeres es lo que debilita a los hombres”.

En la historia contemporánea los casos de Blanca Ibañez y Cecilia Matos son de conocimiento público y hasta uniformes del ejército sirvieron de vestimenta para el fraude. De la Venezuela del desastre es difícil opinar por aquello que hasta lo que escribes en twitter te incrimina, pero basta recordar que alguien por estar más ocupado en la destrucción de un país, se le olvidaron las mujeres  y la compañera de su sucesor dejó impresa en la memoria de la Asamblea Nacional que el apellido Flores era el más común en la nómina de empleados.

La vieja conseja dice “más hala un vello pubiano que una yunta de bueyes” y este gallito inquisidor así lo ratifica. ¡¡Que viva la Ginecocracia, caracha!

viernes, 17 de octubre de 2014

Doctor Víctor Raúl Soto y la Bilharzia

Eumenes Fuguet Borregales (*)

Miraca



Poco se conoce o se ha divulgado sobre los aportes científicos del distinguido galeno paraguanero Víctor Raúl Soto, nacido en Miraca el 10 de marzo de 1882, hijo de Nicolás Soto y Edelmira Delgado. Inicia estudios en Baraived y Pueblo Nuevo; a los diez años, es enviado a Curazao, donde aprende: inglés, francés y el papiamento holandés.
Culmina el 17 de julio de 1900, el bachillerato en filosofía con sobresalientes calificaciones en el conocido Colegio Federal de Coro dirigido por el conocido profesor Luís Espelozín.
Soto estudia medicina en la Ilustre Universidad Central de Venezuela; durante el quinto año, logra por concurso, el internado en el Hospital Vargas, tutelado por el Dr. barquisimetano Pablo Acosta Ortiz, (1864-1914), “el príncipe del bisturí”, considerado el mejor cirujano de la  época; es de acotar que un busto de Ortiz se encuentra en el Salón de la Fama del Colegio Internacional de Cirujanos de Chicago. 
El director del laboratorio recién instalado, era el trujillano Rafael Rangel. Al bachiller Soto le correspondió investigar sobre las diarreas y disenterías que llegaban a ese centro hospitalario, Rangel era su orientador.
Agosto de 1905, significó el comienzo de su proyección en la ciencia médica nacional, al descubrir el parásito Shistosoma Manzoni, agente productor de la Bilharzia, desarrollada principalmente en los estados Aragua, Miranda, Carabobo, Vargas y norte de Guárico. Investigación denominada “Naturaleza de la Disentería en Caracas”, dedicada a su maestro  el Dr. Ortiz, que le sirvió para recibir el título de Doctor en Ciencias Médicas el 16 de noviembre de 1906, de manos del Dr. Jesús Muñoz Tébar, trabajo que mereció su publicación por sus valiosos aportes científicos.
A finales de año se traslada al pueblo natal acompañado del Rafael Rangel, allí se dedican  a investigar sobre una enfermedad que diezmaba a la población caprina, conocida como “el grito del chivo”. Continuaron a Maracaibo y los andes. Soto ejerció en Betijoque, sitio de nacimiento de Rangel. Se traslada en 1907 a estudiar bacteriología y cirugía en el afamado Instituto Luís Pasteur, preparación continuada en Nueva York. Regresa en 1908, dedicado a su profesión en Paraguaná y Coro hasta 1914.
No atendió las invitaciones de ejercer en Caracas con el Dr. Ortiz, por estar pendiente de la salud de su padre. Trabajó en el Servicio de Cirugía en el hospital de Coro, en forma paralela atendió un laboratorio  de su propiedad de los primeros en la región caquetia. Atendía con esmero y sin cobrar a los de pocos recursos.  Realizó docencia  de Biología, Zoología y  Francés en el Colegio Federal.
Motivaba a sus alumnos a realizar excursiones en la búsqueda de especies animales y vegetales, que una vez estudiadas y clasificadas, las donaban al museo del instituto. Soto fue Vice Rector y luego Rector del mencionado centro educativo. Era miembro de la Academia Nacional de Medicina; gracias a sus investigaciones edita: “Apuntes para la Geografía Médica del estado Falcón”, “Notas sobre la disentería en Coro”, “Fauna Médica del estado Falcón”. Poseía una extraordinaria habilidad para realizar actos quirúrgicos con  ambas manos. Muy solicitado como obstetra; catalogado por compañeros y amigos como: “modesto y virtuoso hombre de ciencias”.
Los problemas renales le mermaban la salud y su operatividad profesional. Fallece nuestro ilustre biografiado en Coro el 3 de marzo de 1935, contaba cincuenta y tres años de edad; estaba residenciado en la calle Zamora frente a la colonial Casa de la Ventanas de Hierro. Un busto en Miraca y una Unidad Educativa en Punto Fijo, eternizan la memoria de este paisano benefactor, dedicado a las ciencias, investigación, docencia y divulgación.
(*) Gral. De Bgda.                                                         Churuguarero777@gmail.com
@eumenesfuguet

Historia y Tradición

miércoles, 15 de octubre de 2014

EL ESTRENO DE ALMA LLANERA

        Por Oldman Botello*
   
                               
fotos del archivo personal del cronista Oldman Botello                                                                                                 

 El repentino y pasajero ataque de enajenación -o enfermedad de los nervios- de Pedro Manuel Quero, esposo de Dolores Catalina Bolívar Coronado permitió felizmente que Rafaelito Bolívar Coronado, periodista, escritor y poeta, hermano de aquélla, subiera hasta la sierra del sur de Villa de Cura (entonces era parte de su territorio y hasta 1917; hoy es de Carabobo), hasta la hacienda Bella Vista, en Santa Rosa, propiedad de don Adolfo Díaz, un hacendado canario amigo de la familia, donde Quero pasaba unos días buscando la mejoría de su salud. Corría la semana santa de 1914 cuando Bolívar Coronado llegó a la montaña villacurana y montó en cólera cuando vio a su hermana en estado -tal vez de Rafael Alejandro, el séptimo de sus nueve hijos- y debió sortear el penoso viaje a Santa Rosa, camino de recuas que serpeaba por la falda de la serranía, a lomo de mula y con muy peligrosos pasos. "¡Pedro Manuel está loco, pero más loca estás tú!", le reprochó airado a su hermana.
    Superado el arranque de ira que conmovió aquel viernes santo a la comunidad por las insolencias y maldiciones que expresaba aquella boca del mayor de los hijos de Rafael Bolívar y Emilia Coronado de Bolívar, todo volvió a la tranquilidad. En la tarde de ese viernes santo de 1914, por marzo, Rafaelito Bolívar comenzó a escribir allá arriba una pieza, una zarzuela a la que tituló Alma Llanera, una obra de género chico español ambientada en el campo venezolano y que incluía varias coplas y un joropo, letra suya. Cuando cayó la noche, debió solicitar los servicio de la niña Fulgencia izaguirre Quero, sobrina de Pedro Manuel, quien los acompañaba. Tenía 13 años y a élla debemos el relato de lo ocurrido ese día. Fulgencia ayudó a aquel "parto" y coincidencialmente fue partera toda su vida en Villa de Cura. Tomó una lamparita de carburo y se mantuvo a petición de Rafaelito -así lo llamaban familiarmente- a su lado mientras escribía. En cierto momento, ya entrada la noche, exclamó: "¡Ya lo tengo catira; terminé Alma llanera!". Catira porque Fulgencia era blanca y de ojos verdes, como todos los Quero (¿no le han gviosto los ojos a la profesora Mercedes Quero de Dezzio?). Concluida su pasantía en la sierra de Santa Rosa, donde obtuvo información ambiental y cultural, volvió a Caracas y estableció contacto con el compositor y director de la Banda Marcial, Pedro Elías Gutiérrez, le mostró la letra y quedó convenido en componer la música del joropo.
     Si la música no tenía el aire natural de un joropo, no había duda que sonaba sabroso y el rítmo era muy pegajoso. Poco a poco se fue hilvanando la presentación. Se programó el sábado 19 de septiembre de 1914, aprovechando la presencia en Venezuela de la compañía española de zarzuela de  Manolo Puértolas, donde descollaban las cantantes Matilde Rueda y la cómica Lola Arellano; al elenco europeo se incorporarían Jesús Izquierdo y Rafael Guinán, grandes humoristas venezolanos de grata recordación. Pero faltaba alguien que bailara muy bien el joropo y así recordó Rafael Bolívar Coronado al negrito Mamerto, sirviente en la casa de la familia villacurana Rojas-Tejada y fue "la guinda del pastel". Era un negrito faramallero, bebedor de aguardiente y con mucha chispa, a quien hubo de convencer primero para trasladarlo a Caracas, de alpargatas y liquiliqui.     El sábado, como estaba previsto se montó la obra en el viejo teatro Caracas, inaugurado en 1854, destruido por un incendio en 1919. Rafael Bolívar Coronado, en mitad del espectáculo, se escabulló del teatro pensando que sería un fracaso. Calculó mal. Fue un clamoroso triunfo. Pero cuando el público pidió su presencia, Rafaelito estaba lejos, en algún botiquín del centro de la capital, esperando los cuentos de los espectadores y sus amigos los periodistas. El joropo fue el gran triunfador, en letra y música y Matilde Rueda "se botó" cantando. Tuvo que hacer un bis de la pieza. A élla dedicó Bolívar Coronado Alma Llanera cuando se publicó la pieza en libro.
    El crítico del diario El Universal dijo: "es de lo bueno que se ha escrito en el género, con pequeñas salvedades, muy disculpables en un debut de autor". La obra se repitió en el teatro Municipal el 28 de diciembre siguiente y luego en Valencia, Puerto Cabello y Barquisimeto. El jueves 31 de diciembre de 1914 fue la primera ejecución pública del joropo en la plaza Bolívar de Caracas y así siguió en triunfo hasta hoy cuando cumple 90 años de su composición literaria y musical. Pedro Elías Gutiérrez comenzó a cobrar sus derechos de autor al grabarse la pieza a fines de los treinta; los familiares de Bolívar Coronado sólo en 1967 cuando hubo un llamado público de la AVAC, a través de su presidenta María Luisa Escobar, para que se presentaran. Rafael Bolívar Coronado había muerto en Barcelona, sin descendencia aparentemente, en Barcelona de España, en el hospital de la Santa Cruz (hoy sede de la Biblioteca Provincial de Cataluña), el 31 de enero de 1924, a los 39 años de edad. Sus restos, al no ser reclamados, se perdieron al finalizar el tiempo específico en la Ciudad Condal. Orgullo de Villa de Cura y de Aragua.              
                             
  * Cronista del Municipio Girardot