martes, 29 de mayo de 2012

Las casas muertas y el paludismo


 Daniel José Sanchez SilvA

Una de las novelas mas importantes del escritor venezolano Miguel otero Silva es “Casas Muertas”. La novela transcurre en un pueblito de los llanos venezolanos llamado Ortiz. Era la época de los años 30 y gobernaba con una mano férrea el General Juan Vicente Gómez. Podemos ver quizás en esta novela, además de rasgos autobiográficos del autor, no olvidemos que perteneció a la generación del “28”, un retrato de la Venezuela rural de aquella época. Un país que se debatía entre la tradición y la modernidad, entre estudiantes con la fiebre de libertad y aquellos conservadores y aduladores que preferían que los sucesos no cambiaran.

Ortiz es un pueblo que muere, muere de fiebres, muere de desidia, muere porque sus hijos se van a buscar nuevos rumbos fuera de su terruño. Para los años treinta, el paludismo era la tercera causa de muerte en Venezuela, superada solamente por la tuberculosis y la gastroenteritis. El autor de esta estupenda novela nos describe como poco a poco los habitantes van muriendo de paludismo hasta quedar aquel pueblo desolado. La protagonista, Carmen Rosa, luego de enterrar a su amado victima del paludismo, se refugia en su jardín, en sus pensamientos y en sus recuerdos.
A través de este personaje miguel otero silva nos describe un pueblo venezolano pujante, vivo, lleno de alegría el cual poco a poco va muriendo. Vamos a ver la genialidad del autor al sumergirnos en la disyuntiva de un pueblo que se niega a morir  para salvar sus recuerdos y la entrada irremediable de la modernidad en Venezuela. Modernidad la cual se alcanzara el 17 de diciembre de 1935 con la muerte de Gómez y la entrada de Venezuela en el siglo XX.
El paludismo fue una plaga que azotó a nuestro país durante muchos años y el autor lo recordara en su novela. Fue tan importante esta epidemia que marco al pueblo venezolano que no solo en sus novelas sino en todos los recuerdos de la época veremos la influencia del paludismo. Asimismo otra novela del autor llamada “Fiebre” el protagonista muere de fiebre probablemente palúdica, sin embargo es la fiebre de libertad que quiere representar Miguel Otero Silva en esta otra novela, inspirada también en la época gomecista.
Guardando la distancia: Casas Muertas podría asemejarse al Decamerón de Giovanni Boccaccio en donde un grupo de 10 jóvenes huyendo de la peste bubónica, se refugian en un lugar seguro y comienzan a relatar cuentos mientras se va la “Peste Negra”. Sin embargo Miguel Otero Silva, nos pintara un país rural, en plena dictadura gomecista que va muriendo de paludismo pero que no es ajeno a la fiebre de libertad que ya se habia expandido en Venezuela. Finalmente con la llegada de Arnoldo Gabaldon al ministerio de sanidad, se implementaron las medidas pertinentes para erradicar la malaria. Sin embargo aunque la malaria fue controlada en esa época, la fiebre de libertad no ha sido sacada del corazón de todos los venezolanos.





viernes, 25 de mayo de 2012

Doctor en medicina Felipe Tamariz, tercer protomédico de Venezuela

Eumenes Fuguet Borregales (*)
Ilustre médico a quien le corresponde el mérito de ser el tercer protomédico de Venezuela y el segundo profesional de la medicina nacido en el país, considerando al doctor y docente Lorenzo Campíns y Ballester (1726-1785), nacido en Palmas de Mallorca, islas Canarias, fundador de los estudios de medicina, el primero, y el porteño José Francisco Molina Sierra (1753-1788), segundo en la formación de los futuros galenos; ambos fueron profesores de Tamariz, quien nace en Caracas en 1759, sus padres naturales de Puerto Rico le permitieron una adecuada formación académica en la Universidad de Caracas, de donde egresa como Bachiller en Filosofía en 1784; luego bachiller en medicina en 1785, culminando en 1788 la licenciatura y el doctorado en medicina. Ejerció la docencia en la Real y Pontificia Universidad de Caracas, alternando con la atención a los pacientes en los hospitales, en el Seminario, en el Convento de los Franciscanos y en el Hospital Militar todos ubicados en Caracas.
 
Tomando experiencias extranjeras implementó mejoras en la formación de los futuros médicos, los cuales tenían que tomar notas de las clases por no existir en Venezuela imprenta, ni mucho menos material bibliográfico proveniente de las naciones europeas. El Dr. Tamariz participó activamente en la lucha contra el paludismo, que tantas muertes causó a la población civil y a los soldados republicanos cuando sitiaban las posiciones realistas, verbigracia Puerto Cabello, rodeado con resultados fallidos en tres oportunidades, debido a las bajas que a causa del paludismo fueron mayores que las causadas en combate. 
 
El Dr. Felipe Tamariz, fue un acérrimo enemigo de los yerbateros y brujos que utilizaban otros procedimientos para producir la sanación. Recibe en Caracas en 1804 la famosa expedición sanitaria ordenada por el rey Carlos IV, salida de La Coruña en el navío militar “María Pita” el 30 de septiembre de 1803, con la finalidad de vacunar contra la viruela a la población infantil ubicada en los territorios de la América Española y Filipinas. Real expedición humanitaria presidida por el médico barcelonés Francisco Javier Balmis (1753-1812), que al llegar a Puerto Cabello continuó hacia Cuba, México y las Filipinas; dejando encargado en Venezuela al doctor José Salvany (1777-1810), valiosa actividad realizada en Caracas, Margarita, Cumaná, y Maracaibo; continuaría hacia Cartagena, Bogotá, Quito, Chile, Perú y el Alto Perú-Bolivia, donde fallece en Cochabamba a causa de los males adquiridos en la noble travesía. 
 
El doctor Tamariz coordinó con sus alumnos lo referente a la distribución del material y la aplicación de la vacuna descubierta en 1796 por el doctor inglés Edward Jenner (1749-1823), médico rural que extraía de las ubres de la vacas una costra o pústula, útil para formar un virus que previene la viruela, de allí proviene la denominación de la palabra “vacuna”.
 
El niño Luis Blanco, nacido el 25 de junio de 1802, fue el primer vacunado en Venezuela en 1804. Esta experiencia sanitaria promovió al Dr. Tamariz escribir con colaboración del presbítero José Ignacio Moreno y el médico José Joaquín Hernández, cuarto protomédico, la obra: “Memoria sobre el modo de extinguir pronta y eficazmente el contagio de la viruela natural en la capital y demás lugares de la provincia”. En Caracas pudieron vacunar dos mil niños y en la provincia de Venezuela un total de veinticinco mil; Don Andrés Bello recuerda esta actividad sanitaria con su obra “Oda a la Vacuna”.
 
A la llegada a La Guaira de Francisco de Miranda el 10 de diciembre de 1810, Tamariz se afilia en la Sociedad Patriótica con un grupo de jóvenes de avanzada, participando en las actividades que propiciaban la emancipación del régimen realista; sufrió de persecuciones y amenazas. Sale en la Emigración a Oriente el 7 de julio de 1814, atendiendo a los caraqueños que en número de veinte mil huían de Boves; de cada tres personas, una pudo llegar a Barcelona o Cumaná. Nuestro destacado biografiado fallece en Barcelona a manos de los seguidores del temible asturiano en 1814. Por iniciativa del médico guariqueño Julio de Armas, la Biblioteca de la Academia Nacional de Medicina lleva el nombre del Dr. Felipe Tamariz.
 
Historia y Tradición
(*) Gral. de Bgda www.el-carabobeno.com
eumenes7@gmail.com

domingo, 20 de mayo de 2012

ELOY TARAZONA .

Oldman Botello
El pueblo venezolano crea leyendas. Les da pábulo y el tiempo las va transformando y re-creando. Así ocurre con el coronel Eloy Tarazona, fiel edecán del general Juan Vicente Gómez, sobre el cual hay diversidad de leyendas: era colombiano, era indio, probaba los bocados del general antes de tomarlos, andaba con él como perro faldero, sabía acerca de un supuesto tesoro enterrado por el caudillo tachirense “en morocotas” y cuyos enterradores fueron ultimados para silenciarlos. Nada de esto es cierto.

   El coronel Eloy Tarazona Cáceres era venezolano, nacido en 1881 en la hacienda Bramón, jurisdiccion de Rubio, estado Táchira y desde hace más de sesenta años sede de un Instituto Pedagógico Rural. Sus padres fueron gente humilde, agricultores cafetaleros de la misma zona, don Joaquín Tarazona y doña Francisca Cáceres, seguramente alguno de ellos de origen colombiano. En la frontera no se sabe cuándo se es de aquí o de alla. Lo cierto es que Eloy, muy joven entró a trabajar al servicio del general Eustoquio Gómez en sus comercios y haciendas en San Antonio del Táchira. Así los sorprendió en mayo de 1899 la llamada Revolución Liberal Restauradora y Eloy anduvo en combates hasta alcanzar el grado de coronel. En 1902, durante el sitio de La Victoria por las tropas de la titulada Reviolución Libertadora, auspiciada por compañías transnacionales en apátrida comunión con el banquero carabobeño Manuel Antonio Matos y los caudillos regionales del país, Eloy Tarazona pasó al servicio del general Juan Vicente Gómez con quien anduvo desde entonces. Vistió uniforme porque era militar.

   Su tarea como edecán del caudillo era no solo acompañarlo discretamente situado a sus espaldas junto con el jefe de ellos, el general Julio Anselmo Santander, sino que le quitaba y ponía las altas botas, especialmente cuando ya la vejez hacía mella en el organismo del general Gómez. Nada de probar la comida, mucho menos dormir a la puerta para vigilar quién osara interrumnpir el sueño del hombre fuerte. Hace cuarenta años nos comentaba don Ramón Martínez Ruíz, yerno del general Gómez, que él se reía cuando veía publicadas tantas mentiras y sandeces. “Eloy lo que deseaba era que terminara su guardia como edecán para salir para su parcela en Turmero o al aserradero El Pájaro (calle Boyacá con Vargas en Maracay) donde tenía participación. Su residencia particular estaba situada en la calle Bolívar, casi frente a la actual Catedral, a menos de cincuenta metros de la casa de su Jefe. Allí lo hicieron prisionero el 16 de diciembre de 1935 en la madrugada por orden de López Contreras, porque estaba conspirando junto con don Eustoquio Gómez. (¿un supuesto indio lerdo, ignaro, iba a formar parte de conspiraciones?), le decomisaron armas y dinero en efectivo y condujeron preso al cuartel Páez, donde lo vio el coronel Tomás Pérez Tenreiro, que fue académico de la historia y amigo nuestro; lo escribió en su libro Relatos de mi andar viajero.

   El 6 de febrero de 1936, muerto ya el general Gómez, Tarazona contrajo matrimonio civil con la joven trujillana de 18 años (él de 54) Rosa Oldmedillo. Al ser detenido nuevamente Tarazona y expulsado del país a poco, la Olmedillo se unió con el jefe de la policía de Maracay, Pedro Estrada, más adelante terrible director de la tenebrosa Seguridad Nacional, cuerpo policial de la dictadura perezjimenista. Con ella, Estrada tuvo a Rosita, Pedro, Nelson y Guillermo Estrada Olmedillo, residentes en Caracas. Tarazona dejó hijos naturales, se estiman unos veinte en Maracay y Caracas: Josefa Inés Tarazona Santana, casada en Maracay en 1928 con el cucuteño Agustino Casadiego y doña Olga de Olivares, que vivió muchos años en Palmarito, al este de El Castaño, en Maracay.

  El coronel Eloy Tarazona, fiel al general Gómez hasta su muerte, murió preso en la cárcel de El Obispo, en Caracas, en 1952, casi enajenado pidiendo más espaguettis, como nos lo recordaba el fallecido cronista de Puerto Cabello, don Miguel Elías Dao, preso político y Tarazona por mentir al general Pérez Jiménez que también andaba detrás del supuesto tesoro. El tesoro de Gómez en Maracay fueron las 500 casas que dejó y de las cuales disfruta varias el municipio, el estado y la nación; así como los terrenos del hospital militar, Casa de la Moneda, facultades de Agronomía y Veterinaria, El Limón, Caña de Azúcar y un largo etcétera.
 

jueves, 17 de mayo de 2012

El Hospital de San Pablo. SERIES: HOSPITALES MILITARES EN CARACAS 1/ 10 Cnel. (Ej) Dr.Arturo López Ramírez*


 Introducción
“El problema de la hospitalización militar en Caracas, se hunde en la noche del pasado colonial. El doctor Zúñiga Cisneros, gran médico historiador venezolano no duda en aseverar "que el Hospital  es la base y el resultado, al mismo tiempo, de la ética social y del progreso de la medicina". Intentaremos hacer un esbozo, tarea nada fácil, de la historia de los hospitales militares que funcionaron en Caracas desde su fundación”.

“La historia de los hospitales militares como instituciones de salud  se remonta a los tiempos de la antigua Roma, seguramente mucho antes,  donde existió un tipo de hospital general, llamado Valetudinarium para el cuidado de militares, gladiadores y esclavos, como bien lo señala el mismo Zúñiga Cisneros.  En Venezuela  es lógico pensar que existieron varios Hospitales de campaña de carácter muy temporal, cerca de las poblaciones donde se efectuaban batallas o sitios, incluida por supuesto Caracas, de los cuales no hemos encontrado referencias   bibliográficas.
Es lógico pensar que casi todos los hospitales generales que funcionaron en Venezuela, en los siglos XVIII y XIX admitían militares en las salas ocupadas por los demás enfermos o bien disponían de servicios especiales para aquéllos, debido al clima de confrontación que existía en el país.  En Caracas, por supuesto la historia de los mismos se inicia luego de su fundación”.  

En un principio, en Venezuela,  no existieron hospitales puramente militares, sino lo mas frecuente era que  en los hospitales existentes se dispusieran un número determinado de camas para pacientes castrenses.


El Hospital de San Pablo. Primer Hospital construido en la ciudad de Santiago de León de Caracas. Conocido en algunas épocas como Hospital Real y de allí la confusión con el denominado Hospital de los Reyes.
 Sobre éste primer hospital y la confusión con el llamado Hospital de los Reyes, Archila aclara lo siguiente (capitulo  X p.144):  El Gobernador y Capitán General don Diego Osorio, emprendió la edificación del "Hospiral delos Reies", posiblemente en los primeros años de su gobierno(1589-1597), posiblemente en 1590, cuando el procurador don Simón Bolívar fue a Madrid, y entre sus puntos figuraba el de el hospital. Luego de explicaciones y referencias de Archila, concluye que el "Hospital de los Reies" no fue concluido; en realidad se construyo uno nuevo: el de San Pablo.
El Hospital de San Pablo se construyo a principio del siglo XVII (1604) y fue, al principio como una enfermeria, al lado del Templo de San Pablo
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De una "cuasi enfermería" paso a ser un hospital de 92 camas para hombres, 52 se destinaban para los elementos de tropa del Batallón de Veteranos de Caracas. Desde 1751, siendo Gobernador y Capitán General Felipe Ricardos, el referido hospital contó con una sala para enfermos castrenses y posteriormente se habilitó con igual fin la mitad del edificio, con 5 dependencias sujetas a reglamento especial, fechado el 6 de julio de 1768, una de cuyas cláusulas “establecía descontar a los oficiales  diez reales de su sueldo para ayudar al sostenimiento del instituto. Para los sargentos se estipulaba en 2 reales la cama-día,  real y cuartillo para el tambor, los granaderos y los cabos 1ro. y 2do., y 1 real para los soldados”.
“Sirvieron como médicos de este hospital militar -el primero, en orden cronológico, en la Venezuela colonial- los doctores Lorenzo Campins y Ballester -el ilustre mallorquino fundador, en 1763, de los estudios médicos en el país y en 1777 organizador y titular del Protomedicato, fundado por Cédula Real-; José Francisco Molina, natural de Puerto Cabello y primer médico graduado en Venezuela; Felipe Tamariz, el caraqueño mártir, que pagó con su vida, en 1814, su devoción por la causa emancipadora; Pedro Juan Barceló, coterráneo de Campins; el Lcdo. José Luis Cabrera, el fogoso canario incorporado a las filas patriotas, firmante del Acta del 5 de Julio de 1811 como Diputado por Guanarito; el doctor José Domingo Díaz, furibundo realista, antítesis de su paisano el Libertador, además de galeno, escritor y periodista, autor de "Recuerdos sobre la rebelión de Caracas" y de notables monografías médicas y Redactor de la famosa "Gaceta de Caracas"; José Justo Aranda, cirujano cumanés de prolongada actuación en los hospitales capitalinos y miembro -con Tamariz, Díaz y otros- de la célebre Junta Central de Vacunación, en 1804; y no está demás citar también a los cirujanos romancistas Vicente Carrillo -un mulato titulado por José Francisco Molina, durante su gestión como Protomédico- y José María Gallegos -de los pardos criollos- "el más instruido y diestro entre los cirujanos de aquella época en esta ciudad" -según criterio del doctor José María Vargas y quien "fue de los promotores y actores del gesto del 19 de abril, figurando con Villarreal y Salias como representantes del gremio médico en tan magna efemérides", como afirma nuestro máximo historiador-médico desaparecido, el doctor Plácido Daniel Rodríguez Rivero”. 
* El doctor Luis Arturo López Ramírez es un eminente Neumonólogo y Cirujano Torácico. Trabajó en el Complejo Hospitalario "Doctor José Ignacio Baldo" El Algodonal desde el día de su graduación. Fue cofundador del Servicio de Neumonología y Cirugía Torácica del HCFFAA "Dr Carlos Arvelo". Entre muchos escritos, está este trabajo sobre los Hospitales Militares en Caracas el cual está dividido en diez entregas.

miércoles, 16 de mayo de 2012

En Valencia surgió la celebración del Día de la Madre en Venezuela / Eumenes Fuguet Borregales (*)



Mayo como mes de la orquídea, propicia la celebración de la flor más grande, hermosa  y amorosa que es la madre, homenaje y recuerdo que debe  ser tomado en cuenta  todos los días del año, por la significación de dar la vida, la crianza,  la atención en las buenas y en las malas, y el amor como ser especial. El origen del día de las madres se remonta a la antigua Grecia cuando se le rendían honores a Rhea, la madre de los dioses Júpiter, Neptuno y Plutón. En el siglo XVII  en Inglaterra tenía lugar un acontecimiento similar que honraba a la Virgen y se denominaba “Domingo de las Madres”. En enero de 1921 por feliz iniciativa  del doctor en medicina Jesús María Arcay Smith,  nacido en la población de La Victoria en 1882, residenciado en Valencia, como presidente de la organización “Caridad y Concordia”,  organizó y realizó en su residencia el 24 de mayo de 1921, la celebración por primera vez en Venezuela del "Día de las tres madres"; la proposición del Dr. Arcay tuvo amplia acogida por parte del Ilustre Concejo Legislativo valenciano, aprobando el 20 de julio de 1921, la celebración del “Día de las tres Madres” el cuarto domingo del mes mayo de cada año.  Al  conocerse esta decisión en otras regiones organismos similares la recibieron con el voto favorable de sus integrantes para decretar el  merecido festejo,  que en número de ochenta y dos concejos municipales siguieron la idea que Valencia inició.  El  4 de febrero de 1922, la sociedad presidida por el Dr. Smith convoco a concurso para la letra del himno;  el primer premio es obtenido por el doctor Luis Bouquet y la composición musical  estuvo a cargo de afamado maestro Pedro Elías Gutiérrez, autor de la música del “Alma Llanera”. Algunos diputados del Congreso Nacional consideraron la designación del Día de la Madre en Venezuela, aspecto oficializado en 1924, con la denominación de "el día de las tres madres". Celebración  que es  tomada en cuenta y aplicada por México y Chile. La iniciativa del doctor Arcay Smith se manifiesta nuevamente con la  construcción de “El Parque de las Tres Madres”, obra elaborada en mármol en Italia por la firma Roversi; integrada por la Virgen María como Madre de Dios, la Madre Patria, identificada por una bandera, y la Madre Humana, que es la madre del hombre, inaugurada el 20 de septiembre de 1925, monumento ubicado inicialmente entre el Teatro Municipal y el antiguo edificio de la Universidad de Carabobo, donde funcionó la Facultad de Derecho; sería trasladada al Hospital Central cerca del Pabellón de los  Niños;  actualmente se encuentra en el sector aledaño al hospital de  la Cruz Roja del estado Carabobo. La primera referencia a la celebración contemporánea del día de las madres fue en los Estados Unidos, cuando en 1914 el Congreso decreta la fiesta nacional, a celebrarse anualmente el segundo domingo de mayo. El moderno Día de la Madre fue motivado por la poetisa y activista norteamericana Julia Ward Howe (1819-1910), en 1870, originalmente como un día de madres por la paz, convirtiéndose luego  en un día para que cada familia honrase a su progenitora, Ella exclamó en su proclama: "¡Levántense, mujeres de hoy! ¡Levántense todas las que tienen corazones, sin importar que su bautismo haya sido de agua o lágrimas”. En gran parte de los países la fecha de celebración se ubica en mayo, posiblemente por estar dedicado a la Virgen María, madre de Jesucristo. Y dentro de este mes la fecha que más países tienen en común es el segundo domingo de mayo, fecha compartida por países como: Estados Unidos, Canadá, Cuba, Ecuador, Puerto Rico, Perú, Colombia, Chile, Uruguay, Alemania, Austria, Italia, China, Japón,  Australia y Venezuela entre otros. También lo festejan en mayo, pero el primer domingo: España, Portugal, Hungría y Sudáfrica. El día 10 de ese mes, lo hacen Bahamas, Bahrein, Guatemala, la India, Malasia, El Salvador, Omán, Pakistán, México, Arabia Saudita, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Singapur. En Inglaterra, es el cuarto domingo de Cuaresma, y en Francia el último domingo de mayo. En Argentina, es el tercer domingo de octubre, quizás por hallarse en el hemisferio sur y estar su primavera entre los meses de septiembre y diciembre. Justamente el día de la primavera fue el elegido por el Líbano.  En Europa y Medio Oriente celebran el Día de la Madre el 21 de Marzo, primer día de la primavera. En Panamá se celebra  el 8 de diciembre el Día de la Inmaculada Concepción.
Historia y Tradición
(*) Gral. de Bgda.                                                                                              eumenes7@gmail.com
                                                                                                                                        @eumenesfuguet

sábado, 12 de mayo de 2012

JOSE ANTONIO PAEZ INMORTAL / Rafael Arteaga Romero


El 6 de Mayo se conmemoró 139 años de la desaparición física del Fundador de la República de Venezuela General en Jefe José Antonio Páez. Según la prensa americana de la época murió en su domicilio de N. York, modesta casa de la calle 20, número 24, a consecuencia de una neumonía por enfriamiento brusco en cabalgata por Parque Central. Tenía 83 años. Sus funerales fueron sencillos y humildes para un hombre que fue la figura central en nuestra guerra de independencia.
Aunque desaparecido físicamente, su imagen y pasión venezolanista sigue siendo inmortal en estos tiempos a pesar de los arteros ataques injustos y falsos que con inusitada frecuencia provienen de las más altas posiciones del poder ejecutivo.
Durante su mandato presidencial fue el gran promotor de los llamados Códigos de Páez, a saber: Códigos Civil, Penal y de Comercio, además de los Códigos de Procedimiento Civil y Criminal. Y es sabido que el General durante sus periodos presidenciales  fue un gran civilista, y despojándose de su glorioso uniforme militar vistió el traje civil y supo imponer el imperio de las leyes ante las armas. Por ello afirmo que su pensamiento y acción deberían mantenerse en la actualidad como una contribución inmortal a la paz y justicia de los pueblos. Con razón, los más agudos analistas de nuestra realidad social, no le han regateado a Páez el calificativo de “verdadero hombre de Estado” entre ellos Gil Fortoul, Vallenilla Lanz, Augusto Mijares y José Martí. Según expresó su adversario Antonio L. Guzmán “la época de Páez fue la época de la prensa libre”. Y continuaba diciendo “ los periódicos de Venezuela en esa época son dignos de la Nación más libre y civilizada de la tierra. Aquella era la verdadera República, la fundada por José Antonio Páez, INMORTAL hoy por hoy.
                                                          Dr. Rafael Arteaga Romero
                                                             Radar25@gmail.com
                                                                   CI 1.889792



miércoles, 9 de mayo de 2012

PÁEZ Y LA FORMACIÓN DEL ESTADO VENEZOLANO Parte I: PÁEZ: EL ORIGEN DE UN MITO

Profesor Carlos Alarico Goméz
PÁEZ Y LA FORMACIÓN DEL ESTADO VENEZOLANO
Este ensayo es obra del profesor Carlos Alarico Gómez, Ph. D en historia y magister en periodismo. Para facilitar su lectura y comprensión, será presentada en cuatro entregas. NOTA: El autor regalará su biografía “Páez” a las 20 primeras personas que envíen su opinión sobre este ensayo. 
Correo del profesor Carlos Alarico Gómez:  diplarca43@gmail.com

Parte I: PÁEZ: EL ORIGEN DE UN MITO
José Antonio Páez nació el 13 de junio de 1790 en Curpa, una pequeña aldea llanera adyacente al riachuelo del mismo nombre, en el hoy estado Portuguesa. Fue el séptimo hijo de Juan Victorio Páez y de María Violante Herrera, antecedido por José Francisco, José de los Santos, Ramón, Ubalda, María del Rosario (Mayota) y Ana María. Cerró el ciclo su hermana Luisa. Han pasado 222 años y ya no quedan vestigios de la hermosa locación de Curpa, que hoy es un suburbio urbano de Acarigua, pero el nombre del niño José Antonio siempre lo recuerdan con orgullo.
Allí vivió sus primeros años, hasta que en 1798 don Juan Victorio fue designado funcionario del estanco de tabaco en Guanare por cuyo motivo se mudó a esa ciudad, aunque pronto se dio cuenta de que sus ocupaciones lo obligaban a viajar con mucha frecuencia. Por lo tanto dejó a su familia bajo la protección de su cuñado Bernardo Fernández, que poseía una bodega en Guama, muy cerca de San Felipe -lugar de donde era nativo- en donde José Antonio comenzó a trabajar a los ocho años de edad. Su educación no fue descuidada. Su madre lo inscribió en la escuela dirigida por la maestra Gregoria Díaz, aunque en 1805 interrumpió sus estudios para irse a trabajar a San Felipe en el almacén de su tío Domingo Páez.
 Su vida transcurría tranquila, hasta que un día su madre le pidió que fuera a Cabudare –cerca de Barquisimeto- a entregar unos documentos y buscar un dinero que le enviaría el abogado Domingo Perera. Era el año 1807. Después de cumplir con la encomienda regresó a Guama, pero se detuvo en Yaritagua a comer algo y cuando fue a pagar la cuenta se hizo visible la gruesa cantidad de dinero que llevaba consigo. Al marcharse fue seguido por cuatro bandoleros que intentaron despojarlo de su dinero en el sitio denominado Sabana de Piedra –en la falda de la montaña de Mayurupí- donde el joven Páez  demostró rapidez y valentía, venciendo a sus asaltantes y matando a uno de ellos (Gómez: José Antonio  Páez, pp. 6-7). 
Al regresar a su casa en Guama varios familiares le aconsejaron que se escondiera por un tiempo, ya que la banda a la que se enfrentó era muy poderosa y seguramente lo buscarían para matarlo. Por lo tanto, el joven Páez abandonó el hogar y tomó camino hacia Barinas donde consiguió trabajo como peón en el hato “La Calzada”, propiedad de Manuel Antonio Pulido. La faena era dura y le pagaban tres pesos al mes. Su capataz era Manuelote, un esclavo de confianza de don  Manuel que trataba con mucha rudeza al personal que tenía asignado. Aquel ambiente requería empezar la faena a las cuatro de la mañana y luego de un café salían a efectuar el trabajo de ordeñar, herrar y apacentar el ganado, para luego tomar un frugal desayuno. El resto del día lo dedicaban a sembrar yuca o recoger la cosecha. Fue un duro aprendizaje para Páez, que asimiló la vida del campo con todo su rigor. Solo disponía de un pequeño catre y de la comida. Carecía de todo tipo de comodidades. Para sobrevivir  en aquel ambiente hostil se requería de mucha  disciplina, destreza y coraje, que Páez fue adquiriendo. Día a día tenía que enfrentarse a situaciones inesperadas y a veces desconocidas. Tormentas, animales salvajes, garrapatas, bandoleros, el mal humor de Manuelote. El enfrentar tantos peligros e incomodidades lo fue dotando de una voluntad férrea, de un carácter indómito, de una fortaleza física poco común y, sobre todo, de una gran habilidad para tomar decisiones en situaciones de extrema incertidumbre.
El joven peón fue superando la dura prueba a que lo sometía el destino y en forma progresiva se fue destacando en su trabajo, lo que fue observado por don Manuel, quien decidió destinarlo al hato “El Pagüey” para aprovechar los conocimientos que Páez adquirió en la bodega de San Felipe. En su nuevo destino fue entrenado en el negocio de ganado y a llevar las cuentas, lo que le permitió un salario mejor y la posibilidad de ahorrar. Es en esa época cuando conoce a una bella joven de nombre Dominga Ortiz, natural de Canaguá, a quien le ofrece matrimonio. La boda se lleva a efecto en Barinas el 1 de junio de 1809. Un año más tarde tiene su primer hijo legítimo, al que le da el nombre de Manuel Antonio, en agradecimiento a su patrón. El año anterior había tenido amores con María Ricaurte, una joven vecina del Casanare, con quien tuvo un hijo en Achaguas al que bautizó con el nombre Ramón, que fue criado por su esposa Dominga como si fuera su hijo.
Páez –de apenas veinte años de edad- se sentía realizado. Tenía esposa, hijos, casa, un trabajo edificante y una vida por delante, pero de pronto se presentaron los sucesos del 19 de abril de 1810 en Caracas, lo que cambiaría su vida por completo. En sus conversaciones con don Manuel se enteró de los sucesos acaecidos desde finales del siglo anterior, tales como la libertad alcanzada por Estados Unidos en 1776, la revolución Francesa en 1789, la invasión de Miranda en 1806, la invasión de Napoleón a España en 1808 y la conspiración de los mantuanos venezolanos en 1808, que configuraron una situación de gran complejidad que trajo como consecuencia el golpe de Estado ocurrido en Caracas el 19 de abril de 1810.
Primera República
Como consecuencia se creó una Junta de Gobierno a la que se dio el nombre de “Junta defensora de los derechos de Fernando VII”, la cual tuvo que buscar voluntarios para reforzar la tropa y Páez actuó bajo las órdenes de Manuel Antonio Pulido. Es la misma época en la que Francisco Rodríguez del Toro trata de efectuar la toma de Coro, provincia que se mantenía leal al Consejo de Regencia, al igual que Maracaibo y Guayana. Para someterla reunió un ejército de cuatro mil hombres, pero fue derrotado en Coro por el brigadier José de Ceballos el  28 de noviembre de 1810 (Gómez, ibídem, p. 8).  
 Mientras esas cosas ocurrían en el norte de Venezuela, Páez permanecía atento a las instrucciones de Pulido, quien se incorporó a la lucha por la República de Venezuela, cuya acta de independencia se firmó el 5 de julio de 1811, lo que provocó la reacción de Ceballos, que dio órdenes a Domingo de Monteverde para que reconquistara la antigua Capitanía General y los venezolanos, como es lógico, toman medidas para defenderse y designan a Francisco de Miranda jefe del ejército, con poderes dictatoriales, dada la emergencia. Entretanto, Páez es mandado a llamar por el general español Antonio Tíscar para ofrecerle el grado de capitán, pero como no quería servirle al rey decidió huir hacia Pedraza, donde se encontró con Pulido que lo ascendió al grado de sargento primero en 1812.
Lamentablemente el coronel Simón Bolívar perdió el castillo de Puerto Cabello, que estaba bajo su responsabilidad, lo que causó un grave problema a Miranda que se vio obligado a capitular en San Mateo, con lo cual se concreta la pérdida de la Primera República. Cono consecuencia, Domingo Monteverde entra victorioso en Caracas, Miranda es apresado y Bolívar sale al exilio.
A pesar de la derrota Páez prosigue la lucha bajo el mando de Pulido, mientras Bolívar organiza la campaña con la que retomará el control de Venezuela, la cual inicia en mayo de 1813. En el largo camino hacia Caracas José Félix Ribas libera a Barinas como consecuencia de la batalla de Niquitao contra Antonio Tíscar, efectuada el 2 de julio de 1813. Para celebrar el suceso Ribas se reúne con Pulido y Páez en la ciudad llanera.
Segunda República
Después de muchos triunfos y algunos reveses Bolívar entra victorioso en la capital el 6 de agosto de 1813, dando nacimiento a la Segunda República, la cual dirigió con el título de Jefe Supremo. El 14 de octubre la Municipalidad de Caracas le confirió el título de Libertador en la Iglesia de San Francisco y, al recibirlo, expresó emocionado: “El título de Libertador es más glorioso y satisfactorio para mí que el cetro de todos los imperios de la tierra”.  
Un mes más tarde Páez derrota al comandante Miguel Marcelino en la batalla de Matas Guerrereñas el 27 de noviembre de 1813, lo que le vale el ascenso al grado de capitán. En la campaña lo acompaña su mujer, que actúa como enfermera ocupándose de atender a los soldados heridos. Sin embargo, no todo es victoria. Páez es hecho prisionero en Barinas y sometido a un juicio sumario por un tribunal de guerra que preside el comandante Antonio Puig, quien lo condena a muerte. El tribunal fijó el día 6 de diciembre de 1813 para la ejecución, pero hubo la feliz coincidencia que el día anterior Bolívar había vencido a los realistas en Araure -población muy cercana a Barinas- y por esa razón la noticia llegó muy rápido al campamento de Puig. Esa misma noche se escuchó un disparo, lo que motivo que el oficial de guardia expresara en alta voz:
-¡Alto!, ¿quién vive?
Y desde el fondo del patio, en una noche particularmente sombría, alguien respondió:
-La América libre. Somos soldados de la muerte
La misteriosa respuesta fue seguida de un disparo y de un fuerte movimiento de tropa al otro lado del río Santo Domingo, que se percibió con toda claridad en el campamento español y ese hecho causó honda preocupación en Puig, quien pensó que las tropas de Bolívar habían llegado antes de lo previsto y como no estaba preparado para enfrentarlo dio órdenes a su ejército para partir de inmediato hacia San Fernando de Apure (Polanco, p. 43).
Puig nunca sabría la verdad. Lo que aconteció fue que Dominga Ortiz había organizado una estratagema con el comandante Ramón García de Sena para liberar a su marido y fue este oficial el que disparó el fusil que hizo alborotar a las garzas, formando una algarabía tan grande que parecían caballos galopando. Esa fue la razón de que cuando el oficial español formuló su pregunta uno de los hombres que la acompañaba respondió de la manera convenida para crear temor en las tropas españolas, en lo que tuvieron éxito, salvando de este modo la vida de Páez.
La feliz coincidencia del triunfo de Bolívar en Araure y el atrevimiento de doña Dominga influyeron en la rápida retirada de Puig, dando origen a la leyenda de que fueron las ánimas del purgatorio las que vinieron en su protección. El mismo Páez contribuyó a popularizarla usando siempre en su pecho un escapulario con la imagen de la Virgen del Carmen que, según la tradición, va todos los sábados  a conducir las almas en pena al Paraíso. La leyenda dio nacimiento a una copla llanera que reza así:

“CANTE, CANTE COMPAÑERO,
NO LE TENGA MIEDO A NAIDEN,
QUE EN LA COPA DEL SOMBRERO
LLEVO A LA VIRGEN DEL CARMEN.

A pesar de todo, no sería fácil conquistar la Independencia. Bolívar y sus hombres comenzaron a sufrir reveses que muy pronto los colocarían en una situación peligrosa. La “Guerra a Muerte” estaba en su apogeo desde junio de 1813. Páez seguía la lucha en los llanos bajo las órdenes de García de Sena y a principios de 1814 se enfrentó a las tropas  españolas en Guasdualito  y Canaguá. Sin embargo, el adversario seguía firme en sus propósitos y el 12 de enero fue sitiada Barinas nuevamente por Remigio Ramos y Antonio Puig, por cuyo motivo García de Sena decidió abandonar la plaza a pesar de la firme oposición de Páez, pero al llegar a Las Piedras dejó en libertad de acción a su caballería. Ante esta situación Páez tomó rumbo a Mérida en compañía de Luciano Blasco, José María Olivera y Andrés Elorza, pero  al llegar a esa ciudad se encontró con el hecho de que Juan Antonio Paredes -gobernador de Mérida- estaba siendo atacado por los españoles, que ya habían tomado Bailadores y Lagunillas.
La situación era tan compleja que el gobernador le pidió a Páez que se sumara al ejército a su mando como agregado del capitán Antonio Rangel y sin dudarlo Páez marchó junto con él hasta Estanques, donde obligó a los realistas a emprender la retirada, pero a pesar de esa victoria Rangel abandonó el lugar desatendiendo los consejos de Páez, lo que es aprovechado por el enemigo para encaminarse de nuevo hacia Bailadores por una cuesta que obligaba a los soldados a cabalgar en fila y al observar esa situación Páez les gritó:
-¡Viva la patria!
La fuerte voz de Páez causó confusión entre los realistas, lo que aprovechó para atacarlos por la retaguardia sembrando el terror entre ellos. Sin embargo, un fornido gigante llamado José María Sánchez se enfrentó a Páez y ambos lucharon a muerte cuerpo a cuerpo hasta que “El Catire” logró vencerlo, permitiendo que las tropas patriotas pudieran entrar a Bailadores, donde tuvo la satisfacción de recibir el respaldo de una división al mando de Gregory Mac Gregor, que venía proveniente de la Nueva Granada.
Páez permaneció en esa región hasta mediados de 1814, cuando se produjo la pérdida de la Segunda República, de lo que se enteró a través  del general Rafael Urdaneta que iba en retirada hacia el Casanare. Por él supo que Boves derrotó a Bolívar, quien se vio obligado a huir hacia el oriente del país en compañía de la mayor parte del pueblo de Caracas.
Luego de la marcha de Urdaneta hacia la Nueva Granada Páez puso en práctica un plan para apoderarse de los llanos de Apure, territorio que estaba controlado por los hombres de Boves. En consecuencia reunió a su familia y con sus hombres de confianza tomó el camino hacia San Fernando. En poco tiempo armó un ejército de más de mil hombres y emprendió la conquista de Apure el 10 de octubre de 1814, al lado de Francisco Olmedilla. A mediados de diciembre recibió información de que Bolívar había salido del país y al poco tiempo le llegó la noticia de la muerte de Boves en los campos de Urica el 5 de diciembre.
Su guerra particular por el control del Apure se vio favorecida por la muerte del caudillo asturiano y el 29 de enero de 1815  se enfrentó en Guasdualito con el comandante Manuel Pacheco Briceño, cuyo resultado dejó ver claramente quién sería el sustituto de Boves en los llanos. Su dominio fue progresivo y estaba claro que su victoria sería total. Los realistas fueron aniquilados y su comandante hecho prisionero. Tan pronto “El Catire” se apoderó del Apure intensificó su labor de reclutamiento, sin preguntarle a sus nuevos soldados a quién habían servido antes. Esa actitud le permitió adquirir la confianza y el afecto de sus hombres, quienes al verlo actuar en los campos de batalla le cobraron admiración por su valor y por el ejemplo que les daba, especialmente por la forma cordial como los trataba.
El 31 de diciembre de 1815 dirige la batalla de Chire contra el ejército del español Sebastián de La Calzada, al que vence de manera contundente. Pocos días después –el 13 de enero de 1816- derrota al comandante Miguel Guerrero en el Arauca, el 2 de febrero triunfa de nuevo en Palmarito y el 16 de ese mismo mes se enfrenta en Mata de La Miel a un ejército de 1.600 realistas comandados por el coronel Francisco López y vence, a pesar de que solo disponía de una tropa de 300 hombres. Entre los numerosos prisioneros que captura se encontraba Manuelote, su antiguo capataz del hato de “La Calzada”, a quien invita a su mesa y le da la libertad.
No hay poder humano que se le resista y sus sucesivas victorias comienzan a crearle una leyenda, al punto de que los hombres que antes peleaban bajo las órdenes de Boves estaban ahora a su lado y lo llaman “Taita”, al igual que a aquel. Manuelote es uno de ellos, que regresa por su propia voluntad al campamento de Páez para luchar a su lado en búsqueda de la libertad para su país. El 2 de mayo participa en el ataque contra el general Miguel de La Torre en Camoruco, contribuyendo con su esfuerzo a que le destruya la caballería del jefe español y lo obligue a huir.
El 13 de junio Páez celebra su cumpleaños derrotando de nuevo a Francisco López en el Paso del Frío y lo vence de nuevo. Sus triunfos no se detienen. El 8 de octubre vence por tercera vez a Francisco López en El Yagual donde Páez utiliza 700 hombres y López 2.300. En esa batalla toma numerosos prisioneros, entre los cuales está Pedro Camejo, el famoso “Negro Primero”, quien le dice:
-Mi general: fui realista, pero estoy arrepentido. Quiero ponerme a sus órdenes para servirle a la patria.
 Y así fue. El 14 de octubre de 1816 Camejo acompañó a su nuevo jefe a la toma de Achaguas y después de ocupar esa población participó en la batalla de Lagunilla de Palital, donde Páez venció a Salvador Gorrín en diciembre de ese año. Días más tarde venció al general español Sebastián de La Calzada en Mucuritas el 28 de enero de 1817, en un enfrentamiento que va a sellar su fama. Fue una batalla importante para la causa patriota por varias razones. En primer lugar marcó el inicio del fin del ejército del mariscal de campo Pablo Morillo, un oficial que había luchado en Europa contra las tropas de Napoleón Bonaparte, quien después de Mucurita le escribió al rey explicándole las causas de su derrota: “Catorce cargas consecutivas sobre mis cansados batallones me hicieron ver que aquellos hombres no eran una gavilla de cobardes poco numerosa, como me habían informado, sino tropas organizadas que podían competir con las mejores de Su Majestad”.
Los preparativos de la batalla duraron varios días. Páez formó un ejército de mil hombres en tres columnas bajo el comando de Ramón Nonato Pérez, Rafael Rosales y José de la Cruz Carrillo. El caudillo venezolano tomó la previsión de colocar a sus hombres  en la misma dirección del viento, en tanto que el brigadier Miguel de La Torre unió sus fuerzas a las de Sebastián de la Calzada, con lo que alcanzó un  total de 3.000 infantes y 1.700 jinetes, pero aún así perdió ante un ejército mucho más pequeño.
Sus continuas victorias llegaron a conocimiento de Bolívar, que se encontraba en Angostura, lo que lo movió a pasar el río Orinoco para ir a conocerlo y reunirse  con él en Cañafístola. Una vez puestos de acuerdo, el llanero acepta el mando de Bolívar y a su lado se  enfrenta a Morillo el 11 de febrero de 1818 en la batalla de Calabozo, con buenos resultados para las armas patriotas; pero el 16 de marzo la suerte les es adversa y reciben un serio revés en la batalla de El Semen -cerca de La Puerta-, lo que hace acreedor a Morillo del título de Marqués de la Puerta, pero no se arredran y diez días después presentan batalla en Ortiz al general Miguel de La Torre.