domingo, 17 de enero de 2016

EL TETANO INFANTIL EN VENEZUELA Dr PASTOR OROPEZA. 1937

Doctor Pastor Oropeza*

EL TÉTANOS INFANTIL EN VENEZUELA (1937)


 

Folleto escrito por el Dr Pastor Oropeza. Publicaciones del Ministerio de Sanidad y Asitencia Social. Impreso en Tipografía Americana, Caracas, 1937. “Se designa en Venezuela con el nombre de mocezuelo al Tétanos Infantil o mejor dicho, al tétanos del recién nacido. Con el advenimiento de la era pasteuriana en la medicina en la medicina, se ha modificado totalmente el concepto sobre esta enfermedad. Sin hipérbole puede decirse que la bacteriología ha dado toda su luz sobre esta enfermedad infecciosa, en su etiología, patogenia y tratamiento. .. La puerta de entrada de la infección tetánica en el niño recién nacido la constituye el cordón umbilical el cordón umbilical o la herida consecutiva a su eliminación.


Si esta sección no se realiza con las condiciones de limpieza requeridas y si después las curas del cordón – hasta su caída definitiva, más o menos 7o día - , no se practican con la asepsia suficiente, el bacilo de Nicolalier, agente etimológico que existe en todas partes sembrará la herida” (Texto tomado del documento) Contenido parcial: Diagrama de las variaciones anuales de las cifras absolutas y del los coeficientes por mil nacimientos de la mortalidad por tétanos infantil acorrida en la república durante los años 1922 a 1936.-- Cura umbilical.-- Registro de comadronas.-- El médico de sanidad.-- Servicio nacional de puericultura.-- Curso para las comadronas rurales.-- Instrucciones para las comadronas.-- Cosas importantes que una comadrona no debe hacer.-- Síntomas peligrosos para la madre después del parto.-- Estados peligrosos del bebe.-- Preparación para la asistencia obstétrica domiciliaria.-- Preparación del material aseptico.-- Atención de los intestinos durante el parto.-- Sistema que hay que seguir en la lactancia del bebé durante los primeros días de nacido.

Folleto: Cota: V- 43 C116. Libros raros.

viernes, 15 de enero de 2016

Los once hijos del Gral. Rafael Urdaneta



Eumenes Fuguet Borregales (*)
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María Dolores  Vargas, nació en Bogotá en 1800, hija del  prócer  Ignacio Vargas y  de Ignacia París Ricaurte, tía del inmolado paladín, Antonio Ricaurte. Luego de la magistral campaña de la Nueva Granada y del triunfo en Boyacá el 7 de agosto de 1819, cuando Bolívar llega a Bogotá,  el  10 de agosto, María Dolores al frente de veinte damas, tuvo el honor de colocarle al Libertador, una corona de laureles  y pronunciar el discurso de agradecimiento. El 31 de agosto de 1822, el  general Rafael  Urdaneta, denominado  por Bolívar “El Brillante”,  y “el más sereno y constante oficial del Ejército”, contrajo matrimonio con María Dolores, en la Catedral de Bogotá”, allá nació en 1823, Rafael Guillermo, futuro general de la Federación, quien falleció combatiendo en Barbacoas, en el estado Aragua, cuya población es capital del municipio Urdaneta, en honor a este hijo del ilustre prócer zuliano.
 Luciano, nació en Maracaibo en 1825, ingeniero  y arquitecto, realizo estudios en la Academia de Matemáticas de Caracas, dirigida por Cagigal, igualmente capacitación en puentes en Francia; regresa a Venezuela como docente, construyó el Palacio Federal, sede actual de la Asamblea Nacional, el acueducto de El Calvario, Baños en Macuto, Teatro Juárez de Barquisimeto, junto con Luis Muñoz Tébar, proyecto no ejecutado de la Biblioteca Nacional de Caracas, y un puente colgante sobre el rio Guaire.  Rafael y Luciano acompañaban a su padre al momento de fallecer en Paris el 23 de agosto de 1845, recibieron la orden de devolver el dinero de la comisión que no se utilizaría, el presidente Soublette, dispuso darle becas en Francia para estudios universitarios.
En 1826, nace en Maracaibo Octaviano. En Bogotá nace en 1829, Amenodoro, escritor. En la misma ciudad en 1830, nace Adolfo. En Curazao la familia, soportó dignamente, durante quince meses, la precaria situación económica; teniendo que vender con sus dos hijos mayores, periódicos y peinetas elaboradas por Doña María Dolores, allí nació Rosa Margarita en 1831. A finales de 1831, se instalan cerca de Puerto Cumarebo, en  el hato Turupìa, donde nacieron Susana y María Dolores. Mudados a Caracas nacieron, Eleazar en 1839, general, quien comando varias acciones del ejército federal en occidente y centro del país. Neptalí en 1841, militar y Rodolfo en 1843. El Congreso venezolano le asignó  a Doña María Dolores, una merecida pensión, la historia y tradición, registran que, cuando el presidente Antonio Guzmán Blanco, inauguraba  en Caracas el ecuestre del Libertador en la Plaza Bolívar, el 7 de noviembre de 1874, al ver a Doña Dolores, la buscó y tomándola del brazo, ante los asistentes expresó: “Sin la presencia de esta dama faltaría el calor que ha de dársele a este acto de justicia”.  Esta digna matrona, que con esmero atendió a su esposo, inválido a causa de las fatigas de la guerra, y levantar a su numerosa descendencia, falleció en Caracas el 22 de octubre de 1878; sus restos reposan en el Cementerio General del Sur.

       Historia y Tradición

Churuguarero777@gmail.com

domingo, 10 de enero de 2016

La Belle Epoque convivió con la modernidad*




FOTOS WEB Y REMOVEDORES GRACIAS A ALBERTO VELOZ


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Una ciudad en constante destrucción, que ha abandonado para siempre los elementos fundamentales para ser recordada, bien sea en arquitectura, paisajismo, costumbres, lugares, es una ciudad sin recuerdos, donde sus habitantes pierden el rumbo sin saber porqué, lo que hace que la memoria, lo poco o mucho que pueda conseguirse en archivos, libros, testimonios, fotos o videos tome importancia capital para reconstruir las vivencias de sus ciudadanos “ese algo” de lo que alguna vez se tuvo o fuimosUno de los lugares de Caracas que conserva parte de su época de gloria es Colinas de Bello Monte.
Ubicada en las faldas de esos montes sureños, plenos de calles, senderos y trochas que conforman un verdadero vericueto para los no conocedores de la zona y que a veces me evocan algunas vías de Roma debido a sus empinadas colinas. Flanqueada al norte por el río Guaire, esta urbanización albergó excelentes restaurantes que se recuerdan por su buena comida, decoración, ambiente y tradición. 

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El más lujoso y emblemático de ellos indudablemente fue La Belle Époque, en pleno corazón de “Colinas” (a secas, como cariñosa y popularmente se le llama). En la mitad de la avenida Leonardo da Vinci, justo detrás de “Sears”, para la época los 50 la tienda por departamentos más grande del país, se encontraba este reducto de cocina francesa que abrió René Derremic el 21 de junio de 1957 y luego adquirió José Prats en sociedad con Antonio Hermida.
Cocina tradicional francesa, siempre con alguna especialidad del día donde a veces presentaban carnes de alta cacería, como recuerdo haber probado un civet de ciervo y hasta una lapa, que constituía un secreto que solo se revelaba ante los clientes más íntimos del local.
El menú era bastante extenso donde no faltaban el entrecot Café de París con sus inseparables papas fritas o las crepes de queso. Figuraban también las escalopinas de pavo, el pato en salsa de morillas, tournedos perigourdine, suprema de pollo, langostinos al whisky o el filet de mero a las finas hierbas. De postre el soufflé Grand Manier o las crepes suzzete que flameaban delante de los comensales, espectáculo que a mí me hacía delirar.
La decoración honraba su nombre al evocar la “Belle Époque” parisina. Un pasillo central con una balaustrada de arabescos en hierro forjado negro, separaba la barra del comedor cuyas mesas ostentaban candelabros con velas rojas, color que se repetía en el tapizado; tenue iluminación que provenía de discretas lámparas de globo daban una atmósfera cálida donde se respiraba elegancia y un ambiente chic, amén de la fiel clientela con vestuario que hoy sería de gala: los caballeros de corbata y ellas engalanadas, preparadas para la conquista o la seducción.

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No hay que olvidar que era el sitio preferido para celebrar los aniversarios de bodas o las pedidas de mano. Es decir un atavío acorde a un restaurante que se precie de buena atención y esmerada comida.
Un acordeonista amenizaba las noches con melodías al estilo de la chanson française. A ese bello comedor francés le llegó la estocada final cuando se convirtió en un bar de música alternativa, con bandas de jazz y rock, ambiente enrarecido por la nicotina, clientela variopinta en la mayor mescolanza que se recuerde de sitios de esta categoría en Caracas, donde la verdadera rumba comenzaba pasadas las 2:00 de la madrugada.
Hasta el fallecido cantante Gustavo Cerati se dejó caer por allí en una noche de farra. En la avenida Garcilazo, otro sitio francés se disputaba los comensales venidos de toda la ciudad.

La Cigogne y su emblema “Cuisine et vins de France” marcaba diferencia por tener un estilo más cercano al bistró parisino: paredes de madera, manteles a cuadros rojos y blancos, lámparas de pantallas decoradas con etiquetas de vinos, botellas de champaña con cientos de velas cuyas mechas ardían las noches románticas, el resultado, la esperma derretida que les daba un toque envejecido.

La impepinable sopa de cebolla no faltaba en el menú de La Cigogne, así como los escargots con mantequilla de ajo. Se comía una exquisita trucha rellena, sole meuniere, chateaubriand bearnaise, espárragos en salsa holandesa; para los iniciados estaba el pato salvaje y lapin persillade.
En este acogedor sitio, de agradable ambiente francés, ahora funciona un restaurante español llamado Los Cántaros y da fe de ello las vasijas de barro colocadas a manera de descuido en su muro.


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En la avenida Beethoven estaba Costa Vasca, otro de los famosos que conforman el trío de desaparecidos de “Colinas”. Un pequeño y angosto restaurante, donde era preciso llegar temprano porque solo disponían de nueve mesas, cuyas paredes decoradas con redes, timones y remos le daban el toque marino.
Una atención más que personalizada, brindaban sus dueños José Izaguirre, su esposa Asunción Galdona y su socio José “Pepe” Díaz, al igual que los atentísimos mesoneros.

Nunca olvidaré las popietas de mero y el lenguado 

alchampagne. 

Siempre trataba de pedir otro plato, pero nunca lo lograba 

porque su exquisitez hacía que repitiera mi orden sin temor

al aburrimiento. 
A eso se llama buena cocina. Ambos manjares eran acompañados de arroz blanco que luego ahogaba en el resto de la salsa. La merluza a la vasca y los pimientos del piquillo rellenos eran otros de los favoritos. De entrada la sopa de ajo y para finalizar el brazo gitano. Luego de muchísimos años se mudaron a un local enfrente por poco tiempo y actualmente funciona en La Castellana. Lógicamente el ambiente acogedor y casi familiar de la calle Beethoven no se repite.
Como en otras ocasiones fui último comensal del antiguo Costa Vasca y para callar la pena de la despedida, como si fuese un desamor, ingerí suficiente vino que disfrutaba sin temor al qué dirán de algún seudo sommelier.
Pero no podría finalizar esta crónica de lugares desaparecidos de “Colinas” sin mencionar otros sitios, que aunque todavía están en la palestra han perdido la fama de la que gozaron en la segunda mitad del siglo XX, pero marcaron pauta en la vida gastronómica de la zona y de toda Caracas, como es el primer restaurante chino de la ciudad: El Palmar donde los caraqueños se iniciaron en el legendario pato pekinés -servido en tres tiempos- por flacos y ágiles mesoneros de rasgos orientales: lascas sobre crépes de harina de arroz; fino y claro caldo de la cocción y finalmente la carne en tiritas acompañada de delicados vegetales salteados.


Restaurante chino, comida china, Caracas, El Palmar, Pato Pekinés
El Palmar con más de 60 años en el mismo lugar, plaza Lincoln de la avenida Leonardo da Vinci, y administrado por la misma familia Moy Hung, es punto de referencia en Colinas de Bello Monte, su fachada de pagoda en verde y rojo es todo un símbolo de la zona.
Rancho Tranquilino fue el primer restaurante de carnes donde me llevaron mis padres. Como una novedad quedó grabada en mi memoria la sensación de comer sobre tablas de madera con cuchillos de sierra para el mejor corte de las carnes.
Siempre relacioné el nombre con los de Tranquilino y Esmeralda, una pareja de actores cómicos argentinos que llegaron a Venezuela en la época perezjimenista y mi asociación era lógica porque ellos fueron los fundadores de este local que ha cambiado un poco su fachada y ya cumple más de seis décadas también en el mismo lugar, la avenida Leonardo da Vinci casi al límite con Los Chaguaramos.
Otros locales como El Manchego, Crema Paraíso y Pastelería Sabrina siguen dando la pelea.

La modernidad en Colinas.

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La modernidad de los años 50 está representada en una arquitectura audaz que desafía la gravedad de las laderas abruptas del terreno. Buen ejemplo de ello son el Club Táchira, obra del arquitecto Fruto Vivas, con su techo conocido popularmente como “la cachucha de Pérez Jiménez”.
La Concha Acústica, iniciativa de Inocente Palacios, interpretada por Julio Volante quien aprovechó al máximo la topografía y el eco de las dos pequeñas colinas que la circundan y en la calle Suapure la futurista y dinámica Villa Monzeglio, del arquitecto Nigra Montini, conocida también como quinta Olary, que de solo verla causa vértigo por su ubicación y atrevido diseño.
Desde la Autopista del Este se contemplaba la panorámica de Colinas de Bello Monte donde se distinguían los vistosos y luminosos avisos como el emblema de Mercedes Benz en azul y plata; las letras cursivas de Savoy sobre el edificio Pigalle; Sears en verde intenso; las tres palabras que se sucedían: Mira… admira… Admiral!; el rojo brillante de cauchos Firestone y el elegante reloj de Tele Norma.
  1. Colinas está unida con su medio homónima y muy plana Bello Monte por muy pocos puentes, pero el que más se recuerda son las dos estructuras semicirculares a la altura de Sears, actual Ciudad Banesco, bautizadas por el pueblo como “las nalgas de Rómulo”.


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*TOMADO DE:http://elestimulo.com/bienmesabe/la-belle-epoque-convivio-con-la-modernidad/

viernes, 8 de enero de 2016

FECHAS MEMORABLES DE LA PATRIA

                                                                                                                         Oldman Botello*

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  En el 2016 que comienza, nos adelantamos a una serie de fechas dignas de conmemorarse por el sentido de Patria que llevan aparejadas.

     El 31 de enero de 1924 fallece en Barcelona, España, en el hospital de la Santa Cruz, a los 39 años, el escritor, periodista y poeta Rafael Bolívar Coronado, autor de la letra de Alma Llanera; hace cien años, el 19 de enero de 1916 ganó su primero y tal vez el único concurso literario, el auspiciado por La Revista, publicación caraqueña y a los que denominó Juegos Florales; fue con el cuento El nido de los azulejos, de ambiente campesino, el paisaje de la Sierra del Sur, Santa Rosa, al sur de Villa de Cura y con un jurado de primera: José Gil Fortoul, el ácido crítico Jesús Semprún y el no menos ácido José María Herrera Irigoyen, director de El Cojo Ilustrado. Hace cien años también, el 18 de junio de 1916 partió el destacado intelectual villacurano al encuentro con España, donde habría de morir en 1924. Se nos pasó por alto el año pasado escribir sobre los cien años del reporterismo, tal como lo conocemos hoy: un periodista y un reportero gráfico al lado para entrevistas o cubrir sucesos. Lo comenzaron dos personas, Bolívar Coronado y Luis Alejandro Aguilar Lameda, descendiente del prócer caroreño residenciado en Villa de Cura León Lameda y este a su vez ascendiente del abogado y diplomático Andrés Aguilar Mawdsley; luego escribiremos in extenso sobre el particular.

  El 6 de julio se conmemorará el bicentenario del arribo de Simón Bolívar y otros dirigentes patriotas a Ocumare de la Costa, donde el Libertador suscribiría el Decreto de liberación de la esclavitud en Venezuela, comenzando por los suyos. No tendría efecto la medida hasta 1854 durante el gobierno del general José Gregorio Monagas. Después pasarían a Choroní y Chuao, donde reclutaron a siete niños afrodescendientes que se ofrecieron para acompañarlos en la guerra. Lo negativo de esta llegada al litoral de Aragua, pronto hará doscientos años, fue la derrota del ejército del inepto general Soublette por Morales, el bochinche a bordo del barco por el Libertador con su novia Pepita Machado, que retrasó la salida. Pepita era bella mujer, ascendiente de los próceres del Partido Comunista de Venezuela Gustavo y Eduardo Machado; y la pérdida de elementos de guerra que habían desembarcado porque nadie avisó que los realistas venían descendiendo desde la montaña por los lados de San Joaquín y Aguacatal. Los patriotas fueron sorprendidos por la dilación en reembarcarse con premura.

    También serán los 200 años del combate de Onoto entre las tropas del coronel Mac Gregor y las del feroz realista canario Juan Nepomuceno Quero, el 18 de julio de 1816. Onoto es el sector pedregoso y abrupto donde hoy se encuentra la urbanización El Castaño y el caserío Palmarito. El año pasado se realizó un sencillo acto por el Concejo de Girardot en recuerdo de los 199 años del suceso donde salió victorioso Mac Gregor, que continuó en directo hacia el Llano guariqueño luego de tramontar la serranía del Pao de Zárate para salir a la tierra “mortificada de horizontes”, donde volvió a cubrirse de gloria en el sector donde después se fundaría el pueblo de El Socorro, en el hato del mismo nombre y a orillas del río Quebrada Honda o “la jonda quebrá”, como decía en su ingleñol Mac Gregor. 

   En mayo se dará comienzo al año tricentenario de la fundación de Villa de Cura que se celebrará el próximo julio de 1717. Fue su fundador el teniente general don Juan de Bolívar y Villegas, abuelo paterno del Libertador.

  Finalmente, en septiembre de este año se conmemorarán los 170 aniversarios de la insurrección campesina y antiesclavista del general Ezequiel Zamora en 1846 y que tuvo como primer escenario a Villa de Cura, en el valle del Tucutunemo (combatió en Los Bagres y El Chorro), en la Sierra del Sur de Villa de Cura, San Francisco y San José de Tiznados y en Laguna de Piedra, asentamiento campesino muy poblado y próxima parroquia, adscrita a San José de Tiznados.
    Sugerimos y presumimos que el Ejecutivo del estado y las respectivas Alcaldías de Girardot, Ocumare, Mariño y Zamora procederán a celebrar dignamente estas efemérides vinculadas a pueblos del estado Aragua, porque no solo La Victoria y San Mateo tienen qué celebrar en la historia nacional.

                            oldmanbotello@hotmail.com
                        *Cronista del municipio Girardot

domingo, 3 de enero de 2016

Una Celebración Olvidada / Historias de los hospitales en Caracas

 
Dr. Daniel J. Sánchez Silva*
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Hospital Vargas 1900
Este primero de enero del 2016 se cumpli
​ó​
125 años de la inauguración del Hospital Vargas en la ciudad de Caracas. Fue aquel jueves 01 de enero de 1891 cuando Caracas se vistió de fiesta por el acontecimiento más importante que ocurriría. La población subió hasta las faldas del Ávila pues el nuevo hospital sería inaugurado. Una cantidad inusitada de pobladores, curiosos, aduladores, académicos y políticos se aglomeraron en torno a la nueva edificación, entre escombros que aún quedaban de la construcción. A las 10:15 minutos de la mañana el Presidente de la Republica el Abogado Dr. Raimundo Andueza Palacios inaugur
​ó​
oficialmente el primer hospital de la modernidad en Venezuela, entrando así nuestro país a una nueva etapa en la historia de la medicina. El discurso de orden estuvo a cargo del Dr. Calixto Gonzales quien exaltó el logro de  haberse construido el hospital agradeciéndoles a dos presidentes civiles y abogados como Juan pablo Rojas Paul y Raimundo Andueza Palacios y celebró que el epónimo fuera el del padre de la medicina venezolana “José María Vargas”. Aunque su nombre oficial es Hospital Vargas.
 
Hace 25 años en enero de 1991 se cumplieron 100 años de la inauguración del hospital Vargas. Aquello fue un gran acontecimiento, se publicaron libros, se dictaron discursos de orden en las academias, las universidades y en el congreso de la república. Fue decretado el Vargas como monumento nacional y se hicieron una cantidad de promesas en donde se reformaría la infraestructura y se ampliaría para darle mejor capacidad, aun esperamos por el cumplimiento de las mismas.
 
Hoy 5 cuartos de siglo después, ha pasado desapercibido el cumpleaños de nuestro Hospital. Entre la tristeza, la desidia y el abandono estamos sobreviviendo a duras penas. Los que hemos optado por no abandonarlo, padecemos los duros golpes que da la indolencia de la autoridades oficiales al no proveer de insumos, no mejorar la infraestructura y no realizar ningún esfuerzo por combatir la inseguridad.
 
Quizás no podemos vivir de recuerdos, sin embargo es significativo recordar lo importante que ha sido el Vargas para la historia de Venezuela. En las grandes epidemias que asolaron a nuestro país como la gripe española de 1918 fue el Vargas el hospital que respondió a la población. Durante la mayoría de las revoluciones y montoneras de finales del siglo XIX y en el siglo XX los heridos eran atendidos en nuestro hospital. Y no olvidemos en el siglo XXI el 11 de abril del 2002, la mayor parte de los heridos de la avenida Baralt y de Miraflores fueron atendidos en nuestro hospital hasta alta horas de la madrugada del 12 de abril. Jamás el hospital en 125 años le ha preguntado a los heridos de que tendencia política es para poder ser atendido. Nosotros atendemos personas enfermas sin distinción de sexo, raza o condición económica o social.
 
Me siento en deuda con los grades maestros y directores de nuestro hospital como Pablo acosta Ortiz, el Mago del bisturí y príncipe de la cirugía; José Gregorio Hernández fundador de la medicina experimental en Venezuela o Luis Razetti quien fuera un gran cirujano y académico e impulsor
​d​
e la modernidad en la medicina venezolana. Todos ellos trabajaron en el Vargas, dieron su vida por el hospital y ahora su hospital agoniza ante la desidia e inclemencia de las autoridades oficiales.
 
Dentro de pocos días cumpliré 20 años de servicio en el hospital y en el año 1996 el 23 de enero cuando ingrese a él, aun se hablaba de lo que había sido la celebración de los 100 años, y de alguna manera me emocionaba saber que yo estaría presente para los 125 años. Que gran tristeza siento que después de 5 cuartos de siglo nuestro gran hospital se encuentre en el olvido. Recuerdo yo
​,​
que cuando entre a este centro de salud, los directores de hospital siempre eran profesores de la universidad con el más grande rango académico de manera tal que siempre los veíamos rodeados de bachilleres preguntándoles alguna duda médica. Hoy en día nuestros directores son foráneos los cuales no conocen ni la realidad ni la historia del hospital, son nombrados a dedo y desconocemos sus credenciales académica y por lo general andan rodeados de escoltas y/o guardaespaldas lo que los hace aún más lejanos.
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Que paso? Que hicimos mal? Porque hemos tratado tan mal al nosocomio que durante 125 años le ha dado tanto a Venezuela. Para concluir este más que un artículo, un lamento. Debo decir que la patria algún día nos reclamara nuestros actos y el no haber sabido defenderla a ella y a nuestras instituciones.
 
Que Dios Bendiga a Nuestro Hospital en sus 125 años, a nuestros pacientes y a nuestra patria.
*Dr. Daniel J. Sánchez Silva
Jefe del Servicio de Anestesiología Hospital Vargas
Profesor de Historia de la Medicina Escuela Vargas UCV


Hospital Vargas año1900

sábado, 26 de diciembre de 2015

La verdadera historia del Pan de Jamón

Miro Popic
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Muchos creen que el pan de jamón se ha comido toda la vida e​n​Venezuela y no es así.​
Es más, aunque les duela a algunos Bolívar no comió pan de jamón. No pudo hacerlo porque en su época simplemente no existía.
Sobre el origen del pan de jamón existen muchas historias (la mayoría equivocadas debido a su carencia de rigor histórico e investigativo): desde su origen colonial y mestizo, hasta la de que fue el invento de un panadero italiano por allá en 1940 quien, en medio de una borrachera decembrina, le dio por confeccionar un cachito gigante.
Lo realmente cierto del origen del pan de jamón, es que no nació en la época colonial ni en el patio trasero de las casas de la época pues no existe registro histórico que lo avale.
No es entonces, una receta que se ha legado de generación en generación y que haya sufrido los cambios propios de su paso por el tiempo.
Es una creación de comienzos del Siglo XX, que poco a poco se fue transformando en una costumbre navideña hasta hacerse imprescindible cada diciembre.

Por si no lo saben, el pan de jamón es exclusivo de nuestro país, se inventó aquí, se come sólo aquí y lleva el sello de nuestra identidad.
Me pasé dos años investigando sobre su origen y al fin todo quedó plasmado en “El Libro del Pan de Jamón”, actualmente agotado, publicado hace casi 30 años y del que todavía estoy esperando los derechos de autor que nunca me pagaron.
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El pan con jamón, así lo llamaban al principio, se inventó en 1905 en la Panadería “Ramella”, que quedaba en la esquina de Gradillas y originalmente llevaba sólo jamón.
Se hacía con masa de pan sobado que se rellenaba con los restos del jamón de coleto que se planchaba luego de dejarlo remojando en una preparación que incluía vinos, clavos, piñas, canela, papelón, etc. Luego, las panaderías de la competencia, que eran muchas, imitaron esta creación y le fueron agregando pasas y aceitunas.
“Fue Ramella la que comenzó con el pan de jamón y luego siguieron las otras panaderías -me dijo don Luis Morales en 1982, cuando todavía era secretario de la Asociación de Industriales de Panadería, que él había fundado en 1955-. Este pan se hacía con jamón “Ferry”, que venía forrado en una capa que llamábamos “chapapote”. Después de los años 40 el pan de jamón comenzó a hacerse con jamón en lonja. Pero ya no era el mismo, ni la masa ni el relleno. Ahora todo es más industrial, tiene menos sabor, antes se hacía con verdadero arte”.
Otra panadería famosa era la “Solís” de F. Banchs & C.A., y algunos creen que fue allí donde se elaboró por primera vez y quien lo hizo fue el viejo Francisco Banchs, de origen catalán, llegado a Venezuela en 1890. Pero no es así. “Mi abuelo llegó de España en 1890 – me confesó su nieto, el Dr. Francisco Banchs- y era de profesión panadero, pero él no inventó el pan de jamón. Es más, en España no se conocía en esa época”.
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Panadería Solís
En la panadería de “Solís” comenzó a fabricarse a principios de siglo, pero no fuimos nosotros quienes lo inventamos, ya otra panadería lo había hecho antes, debe haber sido “Ramella”, como usted dice. Se hacía con jamón “Ferrys” y se picaba en cuadritos de un centímetro.
“Recuerdo muy bien porque yo era el encargado de cortarlo y pesarlo, yo era el pesador. Al pan de Bs. 1 se le ponían 30 gramos de jamón y 5 gramos de pasas, al de Bs. 2, 60 gramos de jamón y 10 gramos de pasas, y al de Bs.4, 120 gramos de jamón y 20 gramos de pasas. Eran panes por encargo”.


“Recuerdo que todos los 24 de diciembre, entre las 4 y las 7 de la noche, la panadería se llenaba de gente buscando el pan de jamón. Hubo un año que cayó un tremendo palo de agua y muchos panes se nos quedaron fríos”.
Normalmente las grandes recetas han nacido en las cocinas hogareñas y de allí han pasado a la cocina pública, a los restaurantes. Con el pan de jamón ocurre lo contrario. Desde sus orígenes fue un producto industrial que se transformó en tradición navideña.
La mayoría de la población se alimentaba con poco y solo en diciembre se daban el gusto de comer algo sabroso o de preparar las trabajosas hallacas.
El pan de jamón ha sufrido últimamente algunas alteraciones que van más allá de la receta original. Ciertas panaderías en vez de jamón de cerdo utilizan pavo, lo que es muy respetable en caso de aquellos que por cuestiones religiosas o prescripciones médicas, no pueden comer cochino.
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Otros preparan versiones con masa de hojaldre, rica en mantequilla y más quebradiza.
También algunos lo hacen vegetariano.He comido también panes rellenos con salmón ahumado, pero eso es ya otra cosa.
Para darle brillo, se pinta con huevo. Por mi parte, le pongo un melado de papelón cuando está dorándose en el horno. Le da ese toque dulzón que tanto nos gusta.
La primera prueba de que en Caracas existía el pan de jamón, la encontramos en el Nº 1826 del periódico “El Constitucional”, del 21 de diciembre de 1906, en un aviso a 3 columnas que dice: “Pan con jamón. Especialidades de la casa para los días de Pascuas, a 2, 4, 6, 8 reales, etc. Panadería de Sociedad Montaubán & C.A.”
No es sino a partir de los años ochenta, con la publicación de las primeras recetas en revistas y periódicos, que el pan de jamón comienza a hacerse en casa. En verdad no tenemos costumbre de preparar el pan en el hogar, salvo algunas familias andinas. Es más fácil adquirirlo en la panadería de la esquina.
Pero poco a poco esto ha ido cambiando y cada día son más los que se atreven a enharinarse las manos, entrarle de lleno a la cocina y hornearlo en casa justo el mismo día de la fiesta, para comerlo bien calentito, que sabe a gloria.
https://saladeinfo.files.wordpress.com/2013/12/be5ae-1350232811_446306684_1-fotos-de-rico-pan-de-jamon-caseros-por-encargos.jpg?w=946&h=348

Para Juan Carlos Bruzual:
“…el pan de jamón es el único pan venezolano que recorre la fibra social de nuestro país, es decir desde las clases más pudientes hasta las más desposeídas o menos favorecidas comen pan de jamón en navidad, unos más costosos otros más económicos, pero todos los venezolanos comemos este pan en navidad, y así como recorre de arriba hacia abajo y se devuelve de abajo hacia arriba la fibra social, también atraviesa geográficamente de norte a sur y de este a oeste nuestro hermoso país, ese hecho en si mismo convierte al pan de jamón en un identificador de nosotros los venezolanos como pueblo, culturalmente el pan de jamón nos une en torno a una patria, a una nación con la que nos identificamos y de la cual nos sentimos orgullosos…”.

Bandera venezolana

Bandera venezolana

Automóviles de los 40

Automóviles de los 40