domingo, 14 de septiembre de 2014

Un venezolano en la Segunda Guerra Mundial




"El último lancero", la historia de Ricardo Gluski
"El último lancero", la historia de Ricardo Gluski
Ricardo Gluski se despertó sobresaltado la madrugada del primero de septiembre de 1939. Un ruido atronador, cuya naturaleza no pudo precisar al principio, había interrumpido su descanso en forma abrupta. Miró el reloj y comprobó que eran las 4:45 minutos de la madrugada. Se levantó y corrió hacia la ventana desde donde vio a los stukas de la Lutwaffe que volaban muy bajo lanzando su carga mortífera sobre los aviones que se encontraban en la pista, destruyéndolos totalmente, al igual que varias de las edificaciones del Regimiento de Lanceros donde estaba asignado como teniente de la Caballería Polaca. Los cazas llegaron detrás de los bombarderos, ametrallando con precisión al personal de guardia y dejando tras de sí una larga estela de cadáveres y escombros.
La Segunda Guerra Mundial acababa de comenzar, aunque el teniente Gluski no lo percibiera así en ese momento. Un día después fue llamado por el general Zygmunt Podhoreski, comandante del Regimiento, quien le dio instrucciones de pasar la frontera alemana a través de Prusia oriental con el fin de efectuar un reconocimiento de las posiciones enemigas. Luego del saludo militar y de los necesarios consejos para un oficial bisoño le expresó:
—Teniente, acaba de ser escogido para una misión muy arriesgada. Confiamos en usted para lograr la información que necesitamos.
Gluski lo entendió y seleccionó a los hombres de más experiencia para que lo acompañaran, encaminándose hacia Gruningen, listo para entrar en acción ante el menor peligro. Era una noche de luna llena que facilitaba el acceso por el sendero que atravesaban, pero esmeró sus precauciones avanzando con mucha cautela para evitar que los alemanes los pudieran observar. Hacia las once de la noche alcanzó un campo de cultivo de papa, que conducía directamente hacia su meta y observó a un grupo de soldados enemigos acostados sobre el piso, totalmente uniformados y con sus armas al alcance de sus manos. No tuvo tiempo de ocultarse. El oficial de guardia se dio cuenta de su presencia y procedió a dar la voz de alerta lo que hizo que sus hombres se incorporaran con toda rapidez para entrar en combate. Gluski actuó entonces con gran rapidez y les lanzó una granada que causó una tremenda explosión, seguida de los gritos de dolor de los heridos. La situación era altamente complicada. No era posible llevar prisioneros y, por otra parte, en cualquier momento podían llegar refuerzos. Por lo tanto, dio la orden de retirarse de inmediato hacia el lugar donde estaban los caballos y mientras corrían las balas silbaban a su alrededor, hiriendo a uno de los soldados que lo acompañaba, pero a pesar de todo Gluski logró que la patrulla regresara a salvo.
Su comandante lo felicitó cuando escuchó el reporte que le presentó sobre las posiciones alemanas y le dijo que era de gran trascendencia para el Alto Mando Militar Polaco, ya que se pudo confirmar que las tropas enemigas habían ocupado la frontera prusiana. El resto del mes de septiembre Gluski y sus hombres combatieron valientemente contra las tropas del general alemán Hans Guderian, pero nada pudieron hacer contra sus bien adiestradas panzerdivisionen y la estrategia del blitzkrieg, a la que no estaban acostumbrados los polacos. La derrota fue total y el gobierno salió al exilio, por cuya razón Gluski tuvo que abandonar el país por la frontera de Lituania donde buscó el modo de llegar hasta Francia huyendo a través de los países bálticos y del antiguo territorio de los vikingos.
Mientras tanto los alemanes avanzaron por Bélgica e invadieron Francia destruyendo la fortificada Línea Maginot, lo que obligó a las tropas aliadas a huir masivamente hacia la Gran Bretaña embarcando las tropas por el puerto de Dunkerque. La huida fue bien ejecutada, a pesar de la inmensa presión que ejerció el ejército invasor. Los aliados lograron salvar la vida de más de doscientos mil hombres, que más tarde lucharon en la Batalla de Inglaterra, en la cual se inició el proceso de recuperación de la libertad. We shall never surrender fue el grito de guerra de Churchill y va  a ser también el  principio básico en el que se fundamentaron los soldados polacos para enfrentarse sin reservas contra los nazis en defensa de la soberanía de su pueblo. Al principio de la Guerra lucharon a caballo, lanza en ristre y con la ametralladora al hombro, pero en Inglaterra los entrenaron para luchar con armas modernas y los incorporaron a la división acorazada.
Gluski se alistó en el Escuadrón 305 como piloto de la Fuerza Aérea Polaca en el exilio, adscrito a la Royal Air Force. Durante su permanencia en Inglaterra sirvió con extraordinario valor, bajo el mando del general Hugh Dowding, con quien tuvo la satisfacción de participar en la ocupación de Alemania donde sintió la profunda alegría de saborear el triunfo de la libertad y de la justicia, así como del fin de la más terrible tiranía que haya sufrido la humanidad, pero muy pronto se enteró de los Acuerdos de Yalta, lo que colocó a su país natal bajo el mando de las huestes de Stalin.
Las múltiples acciones militares en las que participó sobre los cielos de Polonia, Francia, Italia, Inglaterra y Alemania le valieron el ascenso al rango de Capitán de Bombarderos de la Royal Air Force y la obtención de la presea Virtuti Militari por sus destacados servicios, pero a pesar del esfuerzo por acortar el tiempo de la guerra, el holocausto causó la muerte de cinco millones de polacos, incluyendo al padre y a uno de los hermanos de Gluski. Un ejemplo de lo acontecido puede ser apreciado en la estadística de la población judío-polaca que, para el inicio de la confrontación alcanzaba la cantidad de 3.500.000 personas, la cual se redujo a trescientos cincuenta luego de la hecatombe. No fue la única pesadilla del pueblo polaco: Treblinka, la esclavitud, el empobrecimiento, la pérdida de sus bienes, las masacres de Katin y de Varsovia, constituyeron horas de dolor y extrema penuria para la población. Sin embargo, Polonia tendría aún que esperar casi medio siglo para ver el nacimiento del grupo Solidaridad que, liderado por Lech Walesa, conduciría al pueblo polaco hacia la democracia y la libertad, lo que no fue posible recuperar en 1945.
Al finalizar la Guerra, Gluski tenía veintinueve años. Pensó en su futuro y comprendió que no podía volver a su país. Buscó entonces recomenzar su vida en otro lugar que le permitiera satisfacer sus sueños juveniles, para lo cual indagó sobre los países latinoamericanos y tomó la decisión de viajar a Venezuela, gracias al apoyo que le dio nuestro Consulado en Londres. Antes de salir para el destino final de su vida, averiguó todo lo que pudo sobre el lugar al cual se estaba dirigiendo. Así supo de su historia y de la posición del gobierno durante la guerra, en la que respaldó a los aliados después de Pearl Harbor. Con toda la información que recabó, no lo dudó más. Venezuela sería su nuevo país.
Viajó en barco, luego de obtener su nuevo pasaporte, en el cual le colocaron Ricardo para venezolanizar su nombre. En su nuevo país desarrolló estrategias, pero el campo de batalla era ahora de tipo civil. Concentró sus esfuerzos en conseguir trabajo, creó su propia empresa a la que llamó Candes y se casó con una linda muchacha de nombre Virginia Weilert, hija de un matrimonio norteamericano residenciado en Venezuela. En la obtención de una posición laboral lo ayudó el hecho de que dominaba cuatro idiomas a la perfección (polaco, inglés, francés y alemán) y a sus modestos conocimientos de ruso y español. Con Virginia, su esposa, levantó a sus hijos Andrés y Anita, lo que le permitió decir, en el atardecer de su vida, que se sentía satisfecho de sus logros.
Al final de su provechosa existencia escribió sus memorias, en las que sintetizó su trayecto vital, las cuales me sirvieron de base para escribir mi libro El último lancero, en el cual narro la vida de este hombre excepcional que luchó en cinco países, donde logró sobrevivir en muy duras circunstancias, aunque siempre decía que su mayor logro fue haber formado una familia en Venezuela. Su vida apasionante parece más bien una leyenda, un libro de aventuras donde el protagonista siempre se salva de una muerte segura y al final se casa con la muchacha de sus sueños. Vivió en un mundo convulsionado, en el que participó activamente, sorteando con imaginación y tino toda suerte de dificultades. El día 9 de diciembre del año 2004 se levantó muy temprano y dirigió su mirada hacia El Ávila, que se veía esplendoroso desde el balcón de su casa. Él amaba ese paisaje, que le recordaba las montañas de su lejana Polonia. La noche anterior había soñado con su hermano Eric, muerto en los primeros combates de la Segunda Guerra Mundial. Tal vez en ese momento final de su vida decidió ir a ayudarlo y murió con esa idea en su mente.



sábado, 13 de septiembre de 2014

HUMBOLDT EN AMÉRICA

Por Carlos Alarico Gómez


Alejandro de Humboldt -epónimo de la caraqueñísima universidad que con orgullo lleva su nombre- nació el 14 de septiembre de 1769 en Berlín y desde muy pequeño mostró su inquietud por el conocimiento directo del mundo que lo rodeaba. Estudió en la Escuela de Minas de Friberg y al graduarse trabajó en el departamento de Minas del Gobierno del Káiser, cargo que abandonó al morir su madre enel año 1776  ya que decidió superar su inmenso dolor llevando a cabo un proyecto de investigación científica en la América del Sur, lo que hizo en compañía del francés Aimé Bonpland 

Hacia América

En consecuencia, el 5 de junio de 1799 los dos jóvenes salieron de La Coruña  a bordo de la corbeta de guerra Pizarro y catorce días después hicieron escala en las islas Canarias  donde organizaron una expedición para subir al cráter del volcán Teide. Cumplida esa meta retomaron el rumbo hacia el Caribe, arribando a Cumaná el 16 de julio siguiente. Desde allí recorrieron la península de Araya, el valle de Caripe, la cueva del Guácharo y otros lugares del oriente venezolano, para luego partir hacia el puerto de La Guaira haciendo escala en Higuerote, donde Bonpland prefirió continuar su viaje por tierra. De su parte, Humboldt continuó rumbo a La Guaira emprendiendo el ascenso hacia Caracas por el Camino de Los Españoles. Allí se reencontró con Bonpland y juntos fueron recibidos por el gobernador y capitán general Manuel de Guevara y Vasconcelos, quien se ocupó de atenderlos.

Humboldt y Bonpland se dedicaron entonces a explorar la ciudad y el 2 de enero de 1800 ascendieron al cerro El Ávila  en compañía de Andrés Bello, con quien trabaron una grata amistad que se extendió por el tiempo. Luego visitaron Antímano y sus alrededores, siguiendo hacia los Valles del Tuy . Una vez completado ese periplo reanudaron su recorrido hacia Puerto Cabello, por una vía que les permitió conocer La Victoria, Maracay, Valencia, Las Tricheras y Puerto Cabello, donde decidieron descansar para recuperar sus fuerzas antes de seguir rumbo a los Llanos y Guayana, donde se quedaron extasiados con el Casiquiare, vía fluvial que comunica la cuenca del Orinoco con la del Amazonas. A través de ese río llegaron a San Fernando y luego visitaron San Carlos de Rio Negro para seguir hacia Angostura,Barcelona y Cumaná, donde terminaron su recorrido por el territorio de la Capitanía General de Venezuela. En esa expedición Humboldt y Bonpland se ocuparon del estudio de los recursos naturales de orden mineral, vegetal y animal, así como de la observación directa de los fenómenos físicos y de las costumbres de las diferentes etnias que integraban el territorio venezolano. Bonpland fue el encargado de recolectar las plantas, desconocidas en su mayor parte por la ciencia de la época. Fue el principal colaborador de Humboldt en la redacción de sus investigaciones posteriormente expuestas en su obra “Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente” (Monte Ávila, 1991, 2ª ed).

Segundo viaje

 En marzo de 1801 Humboldt y Bonpland regresaron a Sudamérica atracando en Cartagena de Indias, debido a una tormenta que obligó al capitán del barco a desviarse hacia ese puerto. En ese lugar entraron en contacto con el sabio José Ignacio de Pombo, quien les narró las investigaciones que estaba haciendo el sacerdote José Celestino Mutis en la "Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada" , lo que los motivó a cambiar sus planes originales y dirigirse a Bogotá. A la llegada de Humboldt a Cartagena fue atendido por el gobernador Anastasio de Zejudo, quien le escribió al virrey el 10 de abril de 1801 informándole que: “(Sic) …Rieux se me presentó ayér, y en vista delo q.e Vm. me dice le entregué su Pasaporte corriente, y saldrá luego p.a esa con el Prusiano Baron de Humboldt, á quién sin embargo de no habér órdenes aquí sobre el particular, le he permitido pase á presentarse á Vm., con respeto á la R.l orn [Real orden] que me manifestó, y por solo laqué le han permitido diferentes Gobernadores el uso desu comisión”.





                                  Santafé de Bogotá

La llegada de Humboldt a Bogotá fue exitosa, hasta el punto de que el arzobispo le envió su carroza y un séquito de más de sesenta personas montadas a caballo. El virrey Pedro de Mendinueta los invitó a su residencia campestre de Fucha, donde el padre José Celestino Mutis había mandado habilitar una casa para Humboldt cercana a la suya. El sacerdote resultó ser un científico de primer orden, que le reveló que el rey le pagaba diez mil duros anuales por la Expedición, lo que le había permitido elaborar cerca de tres mil dibujos. Humboldt se sintió feliz. Había ido a Santafé de Bogotá justamente con el propósito de comparar sus colecciones con las del padre y botánico Mutisy se mostró gratamente sorprendido de la excelencia del trabajo realizado por éste con la ayuda de sus herbolarios y pintores

Hacia el sur

Después de su productiva visita a la capital del Reino de la Nueva Granada, Humboldt cruzó el altiplano andino y llegó hasta Quito, sede de la Real Audiencia, donde fue recibido en 1802 por Juan Pío de Montúfar, marqués de Selva Alegre. Junto con él estaba su hijo Carlos, con quien el sabio alemán realizó varias ascensiones a los Andes ecuatorianos, entre ellos al Chimborazo, el nevado más alto del Ecuador. También subió al volcan Cayambe y recorrió la Sierra para recolectar plantas. Lo impresionaron sobremanera las ruinas incaicas, como el Castillo de Ingapirca en la provincia del Cañar. Realizó también una importante ascensión al volcán Pichincha, monte tutelar de Quito. En esa ocasión se alojó en la residencia palaciega de los marqueses de Selva Alegre e hizo amistad con el marqués de Maenza, quien lo atendió en su hacienda de La Ciénaga, en las cercanías del volcan Cotopaxi  y de la ciudad de Latacunga. Carlos de Montúfar llevó un diario del viaje durante todo el trayecto por América del Sur, México y Estados Unidos y viajó con Humboldt hasta París en donde se separaron debido a que el joven quiteño tenía previsto estudiar en España.



Viaje por Nueva España (México)

El 22 de marzo de 1803 Humboldt llegó a Acapulco, el puerto mexicano del Pacífico, desde donde viajó a Chilpancingo y Taxco hasta llegar a Ciudad de Mexico el 12 de abril. Humboldt logra descifrar el calendario azteca o Piedra del Sol que fue desenterrado en la Plaza Mayor y hace varias excursiones a las minas de Pachuca, Real del Monte, Morán y Guanaguato y a los alcantarillados de Huehuetoca y el 19 de septiembre de 1803 escala la cumbre del Jorullo en el estado de Michoacán. Sus relatos sobre este volcán se difunden rápidamente en Europa y atraen numerosos investigadores y turistas que deseaban experimentar lo descrito por Humboldt.
El Jorullo se convirtió entonces en el volcán más conocido entre los científicos.

El 20 de enero de 1804 el científico alemán fue a Veracruz para medir el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl. La medición de los volcanes era una evidente prioridad de su viaje, en particular el Pico de Orizabae, que tiene una gran importancia para los navegantes que se acercan a la costa mexicana. El 7 de marzo continuó hacia La Habana, adonde llegó el 19 de marzo de 1804. Las Antillas ocuparon un lugar especial en Humboldt, que las visualizó como una frontera entre las Américas y como un lazo de unión con Europa. Llegó a considerarlas como un microcosmos en el que los más disímiles fenómenos observados parecían sintetizarse y coexistir. Es considerado el "segundo descubridor" de la isla después de Colón.

Estados Unidos

Alejandro de Humboldt terminó este segundo viaje por América con una visita a Estados Unidos donde fue huésped del presidente Thomas Jefferson  al que le regaló su "Mapa de la Nueva España", que publicó posteriormente con el título "Ensayo Político de la Nueva España" (1811). En ese momento ya era considerado como un gran científico y su visita fue aprovechada por el presidente Jefferson para  sondear las ideas de su huésped acerca de los límites estadounidenses con relación a los ríos Sabina o Grande y un canal interoceánico y le ordenó al Secretario del Tesoro Albert Gallatin  hacer copias de los mapas y otros materiales del científico.

Regreso a Europa

En agosto de 1804 Humboldt regresó a París donde fue recibido por diez mil personas, que le dieron muestras de gran entusiasmo, permaneciendo en la capital de Francia hasta 1827. Humboldt y Bonpland publicaron varias obras de manera conjunta, la más importante de las cuales es el Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, escrita entre 1799-1804 y editada en París en 1807.

Uno de los hallazgos que reportan en su obra es el estudio sobre el vulcanismo y su relación con la evolución de la corteza terrestre, así como la diferencia de temperaturas del Océano Pacífico en determinadas épocas del año, especialmente las aguas frías que provienen desde el sur del continente americano en su desplazamiento hasta el norte, pasando por la costa peruana. A partir de entonces esa corriente oceánica comenzó a llamarse "Corriente Humboldt". Los aportes a la ciencia efectuados por Humboldt y Bonpland son numerosos: especies biológicas, elementos geográficos, parques y reservas naturales. Su obra bibliográfica es extensa. Humboldt es considerado el padre de la Geografía Moderna Universal y se le respeta como uno de los especialistas más importantes de todos los tiempos en el campo de la etnografía, antropología, física, asrtonomía, geografía, botánica y vulcanología. 

 Caracas, 7 de septiembre de 2014.

FUENTES CONSULTADAS

Humboldt, Alejandro/Bonpland, Aimé (1811/1941). Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. Caracas: Edic. Ministerio de Educación.

Petzold-Pernía, Hermann (1999). Semblanza sobre Alejandro de Humboldt. Caracas: Fundación Humboldt.
Wikipedia.org/Alexander_von_Humboldt (

martes, 9 de septiembre de 2014

Las primeras tres esquinas caraqueñas del siglo XVI, denominadas por “voz popular”.



Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
Introducción
El hacer un estudio historiográfico del nombre de las primeras esquinas caraqueñas, que aún existen con sus mismos nombres, en sus treinta y seis años de haberse fundado la ciudad (1567-1603); y antes de que se hubiesen publicados planos, oficiales o no, donde se utilicen la denominación de “esquinas”,  es una tarea muy ardua; sobre todo, que aun existiendo una gran cantidad de publicaciones, tanto de historiadores como de excelentes cronistas, en ninguna de éstas se precisa cuales fueron, ordenadamente y bien documentadas, por lo menos, la primeras tres esquinas caraqueñas.
 Sí citan los cronistas desde el siglo XIX, lo que consideran las primeras esquinas, generalmente, citan dos y algunos tres, pero sin coincidir sus opiniones, usualmente, y nunca lo hacen en forma ordenada.
Sólo se mencionan la primera, la cual coincide con la mayoría de las publicaciones, aunque no siempre; así como tampoco, se especifican las que le siguieron hasta finales del siglo XVI.
 Esto se debe a que no hay documentación oficial al respecto, en el Archivos General de la Nación; aclarando que el nombre de todas las esquinas en la colonia siempre fueron por voz popular y luego oficializadas su mención en planos de la municipalidad o en particulares.
Sólo fue en el siglo XVIII que el obispo Diego Antonio Díez Madroñero (1756 - 1769) quien se dedicó a ponerle nombres a las esquinas y a las calles según su única discreción y antojo; utilizando nombres de santos; vírgenes; situaciones relacionadas con la pasión, muerte y crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo; u otras nomenclaturas relacionadas con acontecimientos religiosos. Actualmente  persiste el nombre de una docena de las esquinas denominadas por él.
Luego de la independencia, los militares que se creían los dueños absolutos del país, o que en realidad lo eran, hicieron lo mismo que el obispo Madroñero, sobre todo en las calles caraqueñas; la permanencia de estos nombres corrieron la misma suerte que la del obispo, con la diferencia que de estos último no quedo ni el recuerdo, sólo lo mencionan algunos cronistas cuando se refieren a sucesos de la época. A todo esto, se le sumo luego la nefasta Guerra Federal, y el gobierno resultante después de este acontecimiento, o el que luego quedo perteneciente a ellos mismos, que fueron los que se aprovecharon de este hecho; se tomaron la libertad de cambiar nombres de esquinas y puentes según sus “hazañas”; o ponerles nombres “heroicos” según su criterio, para resaltar sus grandes acciones, a las construcciones que realizaron en la segunda mitad del Siglo XIX; también quedan el nombre de algunas esquinas y puentes de esa época con sus nombres federalistas….
 Por lo tanto, en este ensayo, exclusivamente, se ha mencionado los nombres de las esquinas que aún se conservan originales desde la colonia, y que a fines práctico es lo que le interesa al lector. Se omite nombres casuales, de personajes, que el pueblo les dió a una que otra esquina y que corrieron con la misma suerte del olvido, y que sólo puede ser de interes a algunos historiadores o cronistas, al publicar un trabajo de investigación donde sea pertinente y necesario nombrarlos. Igualmente no todas las esquinas tuvieron nombres, y a las que sí se les dio, no necesariamente el personaje vivía en la propia esquina.
En el ordenamiento de las mismas se ha utilizado en este ensayo la lógica, en la cronología de los acontecimientos en general sucedidos desde la fundación de la ciudad hasta el año 1603, fecha cuando aparecen por vez primera el nombre de cuatro esquinas en un plano oficial y en éste, aunque ya se conocían las esquinas que mencionamos, no aparecen en ese plano, ni en ningún otro anterior a él; a menos que hayan sido diagramados muchos años después, o siglos, por investigadores que se hayan dedicado a esta línea de estudios, pero esos, aunque tenga un valor como merito particular de quien lo hace, no constituyen una documentación historiográfica de referencia.
Se citan las bibliografías numeradas, que relatan datos concretos, los cuales ayudan a deducir el ordenamiento de las esquinas; así como bibliografías donde su información coincide con la mayoría de las publicaciones revisadas hasta el presente, y estén más relacionadas con el contexto del ensayo; y principalmente, que sean accesibles a todos los  lectores, sí desearan verificar o ampliar algún punto de su interes.
 La denominación de esquinas utilizadas en la nomenclatura caraqueña se inició prácticamente con la fundación de Santiago de León de Caracas. Las primeras referencias de las direcciones caraqueñas fueron por “voz popular”, y se utilizó para ello la mención de construcciones civiles y de las iglesias o sus plazas, las cuales fueron construidas todas ellas en esquinas hasta el siglo XVI. También, luego a partir del siglo XVII, se utilizó por el pueblo, sitios referenciales de una diversidad de construcciones civiles y militares, así como nombres de familias o personajes, árboles o acontecimientos, que en esa época fueron relevantes y quedaron en la memoria de todos los caraqueños
En el plano elaborado por acuerdo del Cabildo del 23 de febrero de 1591, con el objeto de empedrar “las quatro calles derechas”, basado  sobre el primer plano conocido en Caracas, que acompañó la relación del gobernador don Juan de Pimentel, el año de 1578 (1); no aparece oficialmente el nombre de ninguna esquina, aunque ya por voz popular se nombraban tres de las primeras seis esquinas caraqueñas antes de esa fecha; este plano, sólo nombran cuatro calles centrales en sentido este-oeste.
 Fue en el plano  elaborado, igualmente por el acuerdo del Cabildo de fecha 14 de julio de 1603, con el mismo objeto de empedrar “las tres largas calles desta ciudad que corren de norte a sur”, donde aparece por vez primera la denominación oficial de las primeras cuatro esquinas (2); y llama la atención que no aparecen mencionadas ninguna de las tres primeras esquinas caraqueñas por tradición oral, aunque las esquinas mencionadas allí, por supuesto, fueron por voz popular, solamente que la oficializaron.
En dicho croquis también se utilizó el plano de 1578, pero le agregaron solamente la manzana en el ángulo suroeste del cuadrilátero, o sea al sur de la actual esquina de la Gorda-Mercaderes, sitio donde se había construido la Iglesia de San Pablo. En este plano de 1603, no se menciona el nombre de ninguna calle, ni las que empedraron de norte a sur, ni las que habían empedrado anteriormente, en el año de 1591, de este a oeste.
Rafael Valery S (3) comenta, sic: "La costumbre de dar nombre a las esquinas se originó porque por mucho tiempo nuestras calles no tuvieron nombre oficial, sino que fueron identificadas por sus moradores, y éstos, claro está, habitaban tan sólo una esquina o, cuando más una cuadra, y nunca la calle entera".
Es importante tener en conocimiento que en estos planos de 1591 y 1603, ya existían en la ciudad más manzanas en tablero de damas (4), tal como se indicó en las Ordenanzas Reales de las Leyes de India, pero no aparecen dibujadas en los planos.
Este razonamiento se basa en que sí tomamos en cuenta que para el año 1580, según el primer censo español, contaba la ciudad con 2000 habitantes (5), y el cuadrilátero tenía 24 manzanas, en las cuales en esa época constaba con 96 solares, lógicamente no se ubicaban el total de esa población.
Ya para comienzo del siglo XVII, cuando aún se usaba el plano elaborado por Diego de Henares en 1578, había una poblamiento alrededor del cuadrilátero histórico, en parte hacia el norte y hacia el sur; pero, principalmente hacia el oeste ubicado en las riberas del rio Caroata y del rio o Quebrada Leandro, llamada también Los Padrones, la cual desemboca en el Caroata, exactamente en la actual esquina de Aserradero, a diez metros aproximadamente al sur del ángulo  sureste de esta esquina. Esto no fue plasmado en ningún plano de esa época (siglo XVI), según se pudo revisar.
Los blancos pobres (peninsulares, criollos o canarios) no construían sus casas dentro del cuadrilátero histórico, sino en los alrededores (6)

Las tres primeras esquinas caraqueñas que aún existen con su mismo nombre.

Esquina de Las Gradillas

 
La zona del cuadrilátero histórico, así como gran parte del sitio escogido para la fundación de la ciudad, tal como lo señala Duran (7), no era plana, había una pendiente en sentido norte sur que es proporcional a la que va del cerro El Ávila al rio El Guaire. Desde el inicio de la fundación de la ciudad, Diego de Lozada había dado la  orden a Diego de Henares que aplanara la zona correspondiente a donde se destinaría la Plaza Mayor y sus alrededores. Esto dio por resultado que la Plaza Mayor en su lado norte tuviera un desnivel inferior importante; al contrario del lado sur, el cual en su ángulo suroeste sí quedo casi a nivel, pero el ángulo sureste de la plaza quedó más alto que el nivel de la calle trazada en sentido este-oeste (hoy calle EO 2). Por no haber acceso a la plaza por la parte norte, que no la hubo sino a partir del siglo XIX, fue en este último ángulo-sureste-  donde se construyó la primera gradilla, lo más probable con escalones apuntalados con madera. Esto por lógica, como ya se mencionó al principio, sí tomamos en cuenta que la única entrada a la plaza sería en su ángulo suroeste y era necesario abrir otro acceso.
 Según Carmen Clemente Travieso (8), desde el año de 1572, se comenzó a llamar esta esquina “Las Gradillas”, lo que la hace la primera esquina por voz popular; lo mismo opina Santiago Key Ayala (9) en cuanto a la fecha.
Al parecer, Diego de Henares, quien fue uno de los 136 hombres que formaron parte en la fundación de la ciudad, y que era, quizás, el más ilustrado de todos ellos (10), jamás pensó que estaba trazando el plano y la nivelación de la plaza que sería luego la capital de toda la Provincia.
Comenta Caremis (11): “La Plaza Mayor, en nada sobrepasa a una de sus manzanas, y no se cumplió lo ordenado por las Leyes de India: que la plaza fuese un cuadrado prolongado, y que por lo menos tenga de largo una vez y medio de su ancho”. Lo mismo refiere el historiador Francisco Perdomo Terrero, sobre el trazado de la plaza (12).
Cita Caremis (13), que, en su visita a Caracas en 1760, el historiador Isidoro  Romero y Ceballos, relata sobre el piso de la plaza: “La plaza tiene el piso más bajo que la dicha santa iglesia una tres vara”; publicado en su libro “Recuerdos de la Caracas, 1760”.
En el ángulo suroeste de la esquina actualmente ocupado por el Palacio Arzobispal, refiere el historiador Francisco Perdomo Terrero (14), que el Cabildo Eclesiástico dispone en 1661 la compra de la casa al Deán don Bartolomé Escoto, pero tuvo que venderla al encomendero don Luis de Bolívar-abuelo del Libertador- para pagar las dos campana mayores que se habían instalado en la torre de la Catedral. Con motivo del nombramiento como Obispo del prelado don Diego de Baños y Sotomayor, cuyo traslado a Caracas desde Santa Marta se efectuó el 12 de agosto de 1684; el Cabildo Eclesiástico acordó adquirir nuevamente el inmueble que había sido vendido a Luis de Bolívar.
En el ángulo sureste de la esquina en el siglo XVIII, estuvo la “Casa del Vínculo” o el “Vínculo Aristiguieta”, originalmente propiedad del capitán don Martín Jerez de Aristeguieta y Lobera, casado con la tía paterna del Libertador, doña Luisa de Bolívar y Ponte; luego pasó a su hijo el presbítero Juan Félix Jerez y Aristiguieta (15). En esta casa fue que Simón Bolívar, durante varias estadías, pasó más años de su vida desde que vivió en Caracas. La casa, con algunas modificaciones, se mantuvo hasta la primera mitad del siglo XX
En el ángulo noreste de la esquina, en la colonia, en el siglo XVIII, hasta finales del siglo XIX, estuvo el Cementerio de la Catedral; por lo menos, estaba desde la época del Obispo Mariano Martí (1770 - 1792), según plano de 1810. (16), (17).


Es importante destacar que hay tres gradillas en la hoy Plaza Bolívar de Caracas. La primera que es la que le dió el nombre a la esquina; la segunda, situada en el ángulo noreste de la plaza, en la esquina de La Torre, la cual, aún a mediado del siglo XIX no se había construido, como lo podemos apreciar en un dibujo de Ramón Irazábal en el año de 1845, donde aún permanecía la casa que sirvió de armería en la colonia y que estaba situada exactamente frente a la Catedral en el ángulo noreste de la Plaza Mayor (18). La tercera,  y posiblemente coincidió con la construcción de la anterior, fue en el ángulo noroeste de la plaza, en la actual esquina de Principal, data después del año 1865, cuando Antonio Guzmán Blanco dió la orden de demoler las arcadas de la Plaza Mayor, y en esa oportunidad se demolió El Cuartelito y también la casa de la antigua armería (19).
En el ángulo noroeste de la plaza donde se encuentra esta última gradilla es el sitio donde estaba edificado el Cuartelito que alojaba a la Guardia Principal, ubicado dentro de la propia plaza, el cual fue construido en el año de 1761 y fue el que le dio el nombre a la esquina. Fueron los soldados de esta fortificación los que omitieron el saludo al Capitán General Emparan (20).


La esquina de Caja de Agua. 

La toma de agua para la población debió de haber sido, necesariamente, primordial en la fundación de la ciudad;  y el sitio que se escogió y que persistió durante muchos años durante la colonia, fue en la quebrada de Catuche; el punto fue en la parte norte del cuadrilátero, dos cuadras arriba de la actual esquina de Altagracia, que para entonces era donde el lecho de la quebrada estaba en una posición más alta y a la vez más asequible para tal fin; quizás al principio pondrían cañas y luego construyeron acequias con la pronta ubicación de una caja de agua. La caja quedaba exactamente en la línea de la calle que corre de sur a norte desde la esquina de Altagracia, con la denominación desde 1875 NS4 o N4. Esta caja coincidió con la distribución topográfica de tablero de damas, la cual estaba pautada para la época. Así pues, aunque inicialmente, sólo había en el trayecto viviendas, y aún no era una esquina donde fue construída, el pueblo le dió el nombre de “Esquina de Caja de Agua”  como referencia. Lo que hizo que esta esquina fuera la segunda esquina caraqueña  por voz popular, cuando ya antes, aunque difícil de precisar con exactitud la fecha, se había usado esta denominación de esquina para las gradillas de la Plaza Mayor. Luego del crecimiento de la ciudad y el poblamiento de la zona, al continuarse la construcción de manzanas en tablero, la esquina al sur de la antigua caja se denominó con su nombre (21; 22; 23; 24; 25; 26; 27; 28; 29).
Este sitio fue muy importante en la Caracas del siglo XVI, fue entre1575 y 1576, que se abrió el primer camino “a la mar” (30); el cual fue llamado luego el trayecto de la esquina de Caja de Agua a Mercaderes: Calle La Mar.
Por allí era paso obligatorio para enrumbarse a la puerta de Caracas, se doblaba a la izquierda unos pocos metros antes de la caja, exactamente donde actualmente está la esquina del Cuño y se seguía por la vereda que actualmente corresponde al Callejón Machillanda, el cual llega hasta la actual esquina de Guanabano, desde este sitio se continuaba el camino por  la ribera oeste del Caroata por el Callejón de San Andrés hasta el sitio que llamaban Desbarrancado ,actualmente convertido en esquina del mismo nombre (31), y la denominación se debió a que por allí el Catuche corre muy profundo (32).
Este era el único paso en esa época para dirigirse a la Guaira. Lucas Manzano refiere, que además era peligroso, no sólo por lo profundo, sino por los habitantes que había en los alrededores (33)); luego se continuaba en sentido noroeste pasando frente al solar donde luego construyeron la iglesia de la Pastora y continuaban hacia la Puerta de Caracas, una de las primeros cinco sitios denominados Alcabala en la antigua ciudad.
Luego de la construcción del puente la Trinidad (1775) y Carlos III (1782), se dejo de usar esta vía y con el tiempo se llamó a la parte sur de esta calle: Calle Comercio y por último Calle de Mercaderes, quedando como recuerdo la esquina de Mercaderes (34). Refiere Enrique Bernardo Núñez (35), sic: “La esquina de Caja de Agua comenzó a llamarse de Machillanda, a partir de 1845, cuando fabricó allí su casa el maestro de obras Félix Machillanda. A la postre, conservo el de Caja de Agua. Subsiste, en cambio, el Callejón Machillanda”. En este caso, afortunadamente, se respeto la tradición.
 
Esquina de San Francisco.

Sí examinamos bien el primer plano de Caracas del año 1578, nos daremos cuenta que una de las pocas manzanas que aparecen con construcciones, es donde está ubicada la iglesia de San Francisco, pero ocupando toda la manzana (36). El Ayuntamiento en esa época, cuando llegó a Caracas el Gobernador Juan de Pimentel, acompañado de varios padres franciscanos, le cedió toda la manzana para la fundación de un convento; sólo existía en la esquina la iglesia, la cual era muy rudimentaria. Aunque en el plano de 1578, estaba  dibujado  el convento y la iglesia ocupando toda la manzana,  ocuparon realmente al inicio una pequeña zona al norte de la misma; la iglesia se ubicó, desde el principio, en el ángulo suroeste de la actual esquina, y fue construída en el año de 1575. Estos documentos fueron encontrados en el Archivo de Indias, de Sevilla y publicados en el Boletín del Centro de Estudios Americanistas de Sevilla, en 1919. El Padre Fray Alonso Vidal fue el que construyó la primera iglesia en 1575,  y no en 1577, tal como aparece en algunos textos  y artículos relacionados (37).
Esta iglesia fue una construcción emblemática para le época, sobre todo para los blancos acomodados, como lo siguió siendo hasta el siglo XIX; es lógico pensar que fue un punto de referencia importante y como tal se señaló el sitio como: esquina de San Francisco. Ésta fue, sin lugar a dudas, la tercera esquina denominada por “voz popular” que aún conserva su nombre. Es una de las esquinas e iglesia caraqueñas que por ser tan importante para los caraqueños, goza de más publicaciones.

 

Bibliografía numerada.

1.- Rafael Valery S. La Nomenclatura Caraqueña. Capítulo Las calles. Ernesto Armitano Editor. Caracas 1978.p.87

2.- Ibidem.p.88.

3.- Ibidem.p.86.

4.- Gasparini, Graziano: Caracas, la ciudad colonial y guzmáncista, Ernesto Armitano (editor), Gráficas Armitano, Caracas, 1978. p. 24-25.

5.- Manuel Landaeta Rosales. Gran recopilación geográfica, estadística e histórica de Venezuela, Caracas, 1963, Tomo I. p. 137.

6.- Ermila Troconis. Caracas. Colección Ciudades de Iberoamérica. Editorial Grijalbo, S.A, 1993. P.65-66.

7.- Guillermo Durand González, Antonio González Antías. Caracas en 25 escenas. República Bolivariana de Venezuela. Alcaldía de Caracas. Fondo Editorial Fundarte.2002.p.15, 23,37.

8.- Carmen Clemente Travieso. Las esquinas de Caracas. Los Libros de El Nacional. 2002. p.48.

9.- Key Ayala, Santiago. Los nombres de las esquinas de Caracas. Caracas. Imprenta Bolívar, 1926.

10.-Hno Nectario María. Fundación de la Cultura Urbana. Caracas 204.p.225.

11- Carlos Eduardo Misle” Caremis”. Plaza Bolívar Corazón de la Patria. Litografía Tecnocolor, San Martin, Caracas. Venezuela, junio 1999.p.41.

12.- Francisco Perdomo Terrero, Miguel Gil Núñez. Monumentos Históricos del Distrito Federal. Homenaje al Bicentenario de Simón Bolívar. Edición Venalum.1983. p.143.

13.- Carlos Eduardo Misle” Caremis”. Plaza Bolívar Corazón de la Patria. Litografía Tecnocolor, San Martin, Caracas. Venezuela, junio 1999.p.45.

14.- Francisco Perdomo Terrero, Miguel Gil Núñez. Monumentos Históricos del Distrito Federal. Homenaje al Bicentenario de Simón Bolívar. Edición Venalum.1983.p.71.

15.-Enrique Bernardo Núñez. La ciudad de los techos rojos. Monte Ávila Editores. Primera edición en M.A.1988.p.126.

16.- Plano de la Ciudad Santiago de León de Caracas en el año de 1810. “según apuntaciones del ilustrísimo Señor Don Mariano Martín  y planos de F. de Pons; A.J. Jesurun y otros, historiadores e ingenieros, desde 1771 hasta 1843; con fecha 19 de abril de 1910, y firmado por E. Mendoza Solar. Recuerdo del primer Centenario de la Independencia de Venezuela”. Publicado en el libro Atlas de Venezuela. Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables. Dirección de Cartografía Nacional.
-Mariano Martí (1770 - 1792)-

17.-  Sola Ricardo, Irma de. Contribución al estudio de los planos de Caracas. Ediciones del Cuatricentenario.1967. Plano N° 9.p. 56.

18.-Juan Ernesto Montenegro, William Niño Araque,  Élida Salazar. De las Casa Reales al Palacio de Gobernación, Gobierno del Distrito Federal. Editorial Arte. Dibujo superior.p.32.
19.- Gerónimo Alberto Yerena Cabrera. Esquina de Las Gradillas, primera esquina caraqueña. Blog Venezuela de Antaño, martes, 14 de agosto de 2012.
20.- Juan Ernesto Montenegro, William Niño Araque,  Élida Salazar. De las Casa Reales al Palacio de Gobernación, El Cuartelito Principal. Gobierno del Distrito Federal. Editorial Arte. p.25.
21.- Sola Ricardo, Irma de. Contribución al estudio de los planos de Caracas. Ediciones del Cuatricentenario.1967.
22.- Primer Plano de Santiago de León de Caracas 1578. Ediciones del diario El Universal Colección Mapoteca IGVSB.
23.-En el “Exacto Plano de la ciudad de Caracas” del año 1772. Editado por el diario El Universal, Colección Histórica Mapoteca IGVSB.
24.- Plano de Nuestra Señora Mariana de Caracas y los límites parroquiales para 1766. Plano basado sobre el levantado o supervisado en 1772 por el coronel Don Juan Vicente Bolívar y Ponte. Diagramación actualizada y corregida en el libro de  Rafael Valery S. Las calles de Caracas. La Nomenclatura Caraqueña. 1978.
25.-Plano de la ciudad de Santiago de León de Caracas. 1810. Editado por el diario El Universal, Colección Histórica Mapoteca IGVSB.
 26.-Plano topográfico de la ciudad de Caracas de 1843.​Ediciones del diario El Universal Colección Mapoteca IGVSB.
27.- Plano Topográfico de la Ciudad de Caracas, capital de Los Estados Unidos de Venezuela, del ilustre americano Gral Antonio Guzmán Blanco.1875. Atlas de Venezuela. Dirección de Cartografía Nacional. Segunda Edición. 1978.
 28.-Plano de la ciudad. Situación de las parroquias foráneas. Por R. Razetti. 1897. Editado por el diario El Universal, Colección Histórica Mapoteca IGVSB.
29.-Plano de Caracas. Por Ricardo Razetti.1929. Editado por el diario El Universal, Colección Histórica Mapoteca IGVSB.
30.- Ermila Troconis. Caracas. Colección Ciudades de Iberoamérica. Editorial Grijalbo, S.A, 1993.p.58.

31.- Gerónimo Alberto Yerena Cabrera. La esquina de Caja de Agua, esquina El Cuño y el Callejón Machillanda. Blog Venezuela de Antaño, domingo, 26 de diciembre de 2010.

32.- Rafael Valery S. La Nomenclatura Caraqueña. Capítulo Las esquinas. Ernesto Armitano Editor. Caracas 1978.p.167.

33.- Lucas Manzano. Crónicas de Antaño. Ávila Gráfica, S.A. Caracas.1951.

34.-Enrique Bernardo Núñez. La ciudad de los techos rojos. Monte Ávila Editores. Primera edición en M.A.1988.p.152, 157,175, 234.

35.- Ibidem. p.231.
36.- Sola Ricardo, Irma de. Contribución al estudio de los planos de Caracas. Ediciones del Cuatricentenario.1967. Plano de 1578. N| 1. P.33-36.

37.- Ernesto Otaduy S.I. Iglesias de la antigua Caracas. Imprenta Municipal de Caracas. 1974. p.26.


 

 


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